DISCLAIMER: Todos los personajes pertenecen a Stephenie Meyer.

¿ DIFERENTES ?

CAPITULO 14

Las siguientes tres semanas tuvieron la misma tónica, con la excepción de que Edward trabajaba bastante menos y pasamos casi cada noche juntos, en mi departamento o en el suyo.

Los fines de semana nos instalábamos en mi departamento, si Angela no estaba, o en el suyo.

Salíamos con sus amigos y un sábado Angela y Ben aceptaron la invitación y nos acompañaron a Twilight a un mini concierto que dio Eclipse, y cómo no, quedaron encantados.

Desde entonces el grupo de seis se convirtió casi en uno de ocho. Y por primera vez en mi vida, yo creía que podía encajar con alguien más además de mis amigos de Filadelfia.

Ese domingo Angela no estaba en casa cuando Edward volvió con comida china para cenar, después de haber tenido que ir a su departamento a buscar ropa para el día siguiente.

- Hola, nena – susurró con voz ronca cuando abrí.

Aún después de más de un mes, sentía cómo me mojaba cada vez que me llamaba nena, y a sabiendas, el muy cabrón lo hacía a menudo.

- Hola, nene – respondí burlona haciéndole reír.

- Comida china – dijo enseñándome las cajas antes de ir juntos a la cocina para servir los platos.

- ¿Vino? – ofrecí abriendo la nevera.

- ¿Tienes cerveza?

Saqué dos botellines de cerveza y cogí dos posavasos. Desde que estaba con Edward mi gusto por la cerveza había aumentado.

- Está por comenzar – dije yendo hasta el salón donde en HBO estaban por emitir el capítulo de Los Soprano.

Nos sentamos en el sofá con nuestras respectivas cajas de comida y la devoramos ensimismados en el capítulo durante la hora siguiente.

- Ja, me encanta Tony – reí cuando aparecieron los créditos.

- Lo que es mío no puedes regalármelo – citó Edward a Tony Soprano tirando de mí para dejarme recostada en su torso.

Me senté a horcajadas sobre él acariciando su pecho y sintiendo en mis manos la dureza de sus pectorales.

- ¿Y eso qué significa?

- ¿Tú qué crees? – sonrió poniendo sus manos sobre mis pechos e imitando mis movimientos mientras sonreía divertido.

- ¿Ves por aquí algo que sea tuyo?

- Tal vez no lo vea pero lo estoy sintiendo – replicó sugerente alzando levemente sus caderas para restregar su sexo contra el mío.

- Puedes tomarlo cuando quieras – ofrecí volcándome en sus labios para besarle frenética.

Las manos de Edward se colaron bajo mi camiseta para alcanzar mis pechos, pero mi teléfono nos interrumpió cuando finalmente sus dedos habían llegado al borde de mi sujetador.

Gimió en mi boca y su gemido se confundió con el mío.

Tras cuatro timbrazos la llamada fue desviada al buzón de voz, pero poco después el teléfono volvió a sonar y tuve que contestar.

Jane.

Qué agradable sorpresa, pensé irónica.

Me bajé del regazo de Edward y contesté al móvil. Fue excitante ver a mi chico apretando levemente su erección a través de la tela de sus vaqueros, mientras la amoldaba incómodo.

- Jane – saludé a mi hermana

- ¿Por qué no contestabas? – preguntó con su habitual amabilidad.

Edward se estiró para coger sus cigarrillos de la mesa y encendió dos en un solo gesto.

Me entregó uno antes de recostarse en el sofá, con un brazo sobre el respaldo. Lo confieso, había caído en su vicio.

Enredaba sus dedos en un mechón de mi cabello mientras me observaba fumando despreocupado.

Di una calada a mi cigarrillo antes de contestar a la impertinente de mi hermana menor.

- Estaba ocupada.

- ¿Haciendo qué? – preguntó irritándome y decidí hacerla callar.

- Follando – contesté con desinterés y vi la sonrisa divertida de Edward.

- ¿Qué? – gritó ultrajada – Dios, qué basta te has vuelto.

- ¿Para qué me llamas, Jane?

- El jueves comienza la semana de la moda – me anunció

- ¿Ah, sí?

- ¿No lo sabes? ¿Vives en Nueva York y no sabes que empieza la semana de la moda?

- No, no lo sabía. ¿Y qué hay con eso?

- El primer desfile al que quiero asistir es a primera hora de la tarde así que cogeré el primer tren por la mañana – me informó haciéndome estremecer.

Una semana con mi hermana en casa sería una pesadilla.

- ¿Vas a venir esta semana?

- Sí, y me quedaré toda la semana así que tal vez puedas buscar algún plan interesante para el fin de semana.

- ¿Pretendes que te saque a pasear el fin de semana?

- Dicho así parece que te molestara.

- ¿Qué pasa con el instituto?

- Pareces mi madre.

- ¿Vas a saltarte las clases una semana?

- Sí, mamá me dijo que sí.

- ¿Qué dijo papá?

- Él no se mete en esas cosas – dijo y supe que mi padre no estaba de acuerdo.

- Ya. Lo imagino – aseguré dando una calada a mi cigarrillo.

- Bueno, cuando tenga el horario del tren te llamaré para que vayas a recogerme.

- ¡Que vaya a recogerte! – exclamé – Tu sueñas, cariño. Coge un taxi. Yo tengo que trabajar y tengo clases, no tengo tiempo de ir a recogerte.

- Oh, por Dios, ¿qué clase de hermana eres?

- De las que trabajan y tienen obligaciones.

- Oh, por Dios – dijo despectiva – Eres un muermazo. De acuerdo, no me recojas, ya me las arreglaré. Estaré allí el jueves. – espetó antes de cortar la llamada

Solté el teléfono sobre el sofá y dejé caer mi cabeza sobre el respaldo mientras acababa mi cigarrillo.

- ¿Malas noticias, nena?

- Las peores. Mi hermana Jane vendrá el jueves y se quedará una semana aquí.

- Tu hermana – dijo en reconocimiento – Con la que no te llevas muy bien.

- Exacto. Dios, será un coñazo – me quejé volteando la cara para mirarle

- Será sólo una semana.

- Cuando la conozcas una semana te parecerá un siglo.

- ¿Vas a presentármela? – preguntó con sorpresa

- Sí, ¿no quieres conocerla?

- Yo sí, – aseguró – pero no pensé que quisieras que ella me conociera a mí.

- ¿Por qué no? Es verdad que es guapísima, pero confío en que no te guste más que yo.

Rió acercándose a mí y me rodeó con sus brazos.

- Nena, no creo que exista alguien en el mundo que pueda gustarme más que tú – aseveró

- Eso espero.

- Pero una vez me dijiste que si tu hermana supiera que sales con alguien como yo, te haría la vida imposible.

- En la escala de las personas cuya opinión me importa, mi hermana está por debajo del chico que toca el acordeón en la estación de la 125 street.

- Hey, ese tío es bueno. Su opinión debería importarte – replicó burlón

- Y lo hace, ya te dije, me importa más su opinión que la de mi hermana.

No pudo evitar reír y tiró de mí para volver a sentarme en su regazo.

Hicimos el amor en el sofá y nos olvidamos de mi hermana y su inminente visita.

Cuando salí del baño después de prepararme para dormir, Edward estaba ya en mi cama hojeando los papeles que había encontrado sobre mi mesita de noche.

Me miró arqueando una ceja divertido. Llevaba solamente la camiseta de los Eagles que algunas veces utilizaba para dormir y unas braguitas, pero cada vez que me acostaba con esa camiseta él se encargaba de quitármela diciendo que no dormiría abrazado a los rivales de sus adorados Giants.

Ni bien me colé bajo las mantas tiró de mi camiseta y riendo me la quité dejándola caer al suelo.

- ¿Qué son estos programas? – dijo enseñándome los papeles que tenía entre las manos

- Son los programas de unas asignaturas nuevas – expliqué

- ¿Arte y pintura? – preguntó escéptico

- Sí. En realidad necesito créditos extra, y debo elegir entre una de estas materias, – expliqué enseñándole los títulos de los papeles – Arte y pintura, Derecho civil internacional y Estadística descriptiva.

- ¿Tienes que elegir una de éstas?

- Sí. Había algunas más pero ni me las planteé. Algo sobre Biología no sé qué y Psicología no sé cuánto

- ¿Y cuál vas a elegir?

- No tengo idea. Supongo que Derecho o Estadística podrían servirme más, pero estoy tan estresada con las actuales que creí que podía elegir Arte para desconectar un poco. No sé, cuando era niña me gustaba dibujar.

- Historia del arte, Fundamentos de pintura, Procesos de la pintura – leyó algunos de los puntos del programa – Producción artística, Arte procesual, Introducción al color, suena interesante.

- ¿Tú crees?

- Completamente. ¿Cuál es tu duda?

- ¿Y si soy un desastre? – confesé mi temor recostándome en su pecho

Dejó los papeles sobre la mesita y me rodeó con sus brazos.

- ¿Y si eres Monet?

- No sé por qué pero siempre me imagino que mis obras serán más del tipo de Munch.

- Hey, a mí me gusta Munch, El grito es muy buena.

- Sí – acepté – Pero la mayoría me resultan angustiosas.

- ¿Y crees que tus pinturas angustien? – rió

- Tal vez lo hagan.

- Bueno, peor sería si no transmitiesen ninguna emoción.

- Ya – concedí

- ¿Cuál es tu miedo, nena? Son sólo créditos, cariño. Si no te gusta simplemente puedes obtener tus créditos y el próximo semestre cambias de opción.

- Creo que temo más que me guste demasiado.

- ¿Temes elegir una asignatura que te guste? – preguntó incrédulo

- Un poco.

- Explícame eso.

- ¿Y si me gusta más que las finanzas? – gemí

- Entiendo – dijo comprensivo

Estuvimos en silencio durante lo que me pareció demasiado tiempo.

- Peor sería que te gustara más y nunca lo supieras – sentenció antes de estirar su mano para apagar la luz.


Antes que nada perdón por no haber podido publicar el lunes ni hoy más temprano, pero he tenido unos cuantos problemas con el ordenador.

Bienvenidos/as a los/las nuevos/as lectores/as.

Gracias por los reviews, alertas, favoritos y gracias por leer!

Adelanto:

- Y, hermanita, ¿no vas a presentarme? – dijo con la vista fija en mi novio

Sentí ganas de abofetearla por la mirada lasciva con la que desnudaba a mi chico, pero también sentí placer al pensar que ese chico por el que mi hermana babeaba estaba conmigo.

Otra vez.

- Desde luego – dije acercándome a Edward que nos miraba sosteniendo aún las cajas de pizza – Edward, ella es mi hermanita Jane Swan – expliqué resaltando el diminutivo para que se diera cuenta de que aún era una cría – Jane, él es Edward Cullen.

- Encantada, Edward Cullen – dijo estirando su mano y poniendo su mejor mirada seductora.

Gilipollas.

- Un placer conocerte – respondió él estrechando su mano.

- Y dime, Edward Cullen, ¿qué relación tienes con mi hermana?

- Es mi novio – dije antes de que Edward se viera obligado a contestar.

Besitos y nos leemos!