Finalmente hemos llegado al final de la serie...con ustedes el último capi: Shion.
Sí, dejé a Shion para este capi a propósito, ya tenía la idea en mi cabeza y, aunque no salió del todo como hubiera querido, me agradó el resultado.
Advertencias del capi: Exceso de azúcar y dramatismo, con un tanto de sentimentalismo. Leve dosis de yaoi, un poco disfrazado.
El amor es fe.
Míralos. Es sorprendente que después de tanto tiempo por fin el Santuario haya recobrado la paz, esa paz que cada uno buscó restaurar con todas sus fuerzas. Esa paz que significó sacrificios, batallas, lágrimas y sangre; pero que finalmente ha valido la pena. Y ahora, ahora se puede respirar tranquilidad en el ambiente; una tranquilidad que se vuelve cómplice de sus risas y sus juegos, mientras toman los lugares que realmente les corresponden y se permiten, por primera vez, ser eso que siempre han querido ser: simplemente humanos.
Y yo los veo, los veo sonreír, platicando amenamente mientras realizan actividades tan cotidianas como comer todos juntos, sentados en la hierba. Los veo y no puedo evitar sentir algo cálido y reconfortante en mi interior, entendiendo completamente que somos algo más que simple compañeros, algo más que amigos. No, somos una familia.
Los lazos que nos unen son tan fuertes, tan estrechos, tan únicos, que me resulta sumamente difícil imaginar a uno de ellos sin los otros. Porque las historias se han escrito juntas y están tan entrelazadas que no son doce (catorce si te cuento a ti y a mi), sino una sola; tan llena de matices y de diferencias que es, justamente, esta variedad la que la hace tan especial.
Los veo, conviviendo como debieron haber hecho años atrás; y me pregunto qué cosas les deparará el destino. Me pregunto si habrá más pruebas que superar, más retos o más problemas; pero supongo que podría pensar en eso en otro momento. Por ahora me conformo con escuchar la risa estridente de Milo, ver a Aldebarán jugando con Kiki, o reír al presenciar una pelea típica entre Saga y Kanon.
Recuerdo cuando apenas eran unos niños y parecían tener el mundo a sus pies...a pesar de la gran carga que ya tenían a cuestas. Esa que, quizás, pudimos haber evitado de otra manera, pero que sería la que determinaría el camino de cada uno. Recuerdo todavía las caricias protectoras que Aioros le destinaba a su hermano pequeño, recuerdo también las largas horas de entrenamiento que Shura se exigía a sí mismo, y Camus, siempre frío pero con un dejo de calidez en su mirada, imposible de apagar.
Cierro los ojos y respiro hondo, pensando en las noches que tu yo compartimos en completa complicidad, compartiendo un mismo sentimiento. Justo como ellos lo hacen ahora mismo, un sentimiento tan puro e inevitable que se vuelve una brisa fresca y renovadora. Una ilusión. Una esperanza.
Esa esperanza que, recién descubierta, los invita a intentar sencillamente ser felices. Atrás quedaron ya las sombras, mientras las pesadillas se convierten en imágenes poco nítidas que el tiempo se encargará de borrar. Poco a poco las sonrisas dan paso a risas mucho más sinceras y abiertas, olvidando los fantasmas y creando la base para aquello que viene: el futuro.
Ahora, que entiendo que nuestro tiempo se acaba, los miro detenidamente y puedo casi reconocer en cada uno el niño que solía ser. El frágil y tímido Afrodita cuidando de sus rosas más que de su vida. Mü, esforzándose siempre para conseguir una palabra de reconocimiento, por hacer las cosas bien. Deathmask, mucho más transparente de lo que aparenta ser. Los veo y veo a esos niños, dispuestos a intentar todo; a crear nuevas experiencias, nuevas historias.
Y, de pronto comprendo que todo irá bien. Ahora que la noche llega para nosotros y es tiempo de descansar, siempre a tu lado, puedo hacerlo tranquilo porque sé que podrán hacerse cargo. Porque, sin importar lo que venga o las dificultades que se les presenten, sabrán resolverlas...juntos. Como una familia. Mi familia.
En estos instantes, que el sol se mete mientras las estrellas comienzan a brillar, puedo tomarte de la mano y sonreír, sabiendo que, a final de cuentas, no lo he hecho tan mal. No, no les he fallado. Y mucho menos ellos a mí, al contrario, no podría estar más orgulloso; porque ya no son esos niños pequeños que dejé...ya son todos unos hombres.
Hombres admirables, fuertes, valientes y decididos. Cada uno diferente, pero compartiendo esos mismos ideales que son los que les dan fuerzas y les permiten seguir. Compartiendo los mismos motivos, aunque parezcan disfrazados; aunque tengan diferente rostro, diferente nombre, diferente connotación. Porque, cada uno a su manera, ha conocido eso que nos da vida: el amor.
Ese amor que es fidelidad y entrega. Que da libertad para volar y soñar; que da inocencia para permitir creer en él. Ese amor que es pasión y cala hasta los huesos. Que es incondicionalidad, siempre dispuesto a estar ahí; que se convierte en necesidad y da valentía. Que es perdón, cuando se requiere recomenzar, y es esperanza, para dibujar una sonrisa aún en los peores momentos. Ese amor que es ambivalente, que cambia y muta, y se hace más fuerte; sacando lo mejor de cada quien. Ese amor que surge así, tan natural.
Aún recuerdo los temores del joven Shaka cuando, llorando en su templo, temía por la humanidad, al entender su sufrimiento. En ese instante, debo admitir que yo temí por la agonía de cada uno de ellos. Pues bien, ahora he dejado mis propios miedos atrás.
Y, sonriendo, puedo decir que todo estará bien; aún sin saber lo que vendrá, ni como lo afrontarán, sé que todo irá bien. Porque, al final, el amor es fe.
o.o.o.o.o
Bien, ahora sólo me queda darles las gracias. Gracias a todos los que leyeron, a los que dejaron reviews y a los que inspiraron cada capi...
Espero que éste, el último, haya llenado sus expectativas.
Ya saben, se aceptan comentarios, sugerencias y jitomates. Sólo dejen un review.
Gracias por leer! =)
Saludos.
