La mayor parte de estos personajes han sido creados para nuestro disfrute por Charlaine Harris, alguno, menor, ha sido sacado del fanfic del sr. Ball, y hay por ahí uno que es sólo mío.
Bueno, ya va siendo hora de complicar las cosas.
14.
Pam llegó a la media hora de haberse ido Sookie. Me abrazó por la espalda y me dio un beso donde sus labios llegaban, entre los omóplatos.
_ ¿Todo bien? -murmuró contra mí.
_ Sí...
_ Me alegro..., pero no quiero que lo olvides – se soltó y se puso a mi lado-, ella ya no puede decírtelo pero para eso estoy yo, para decirte que siempre te querremos.
_ No te pongas emocional, Pam – intenté reírme apartando el nudo de mi garganta-, ese es mi terreno.
_ No te salgas por la tangente, Northman. Ni aunque me eches de tu lado vas a conseguir mantenerme lejos.
_ Nunca te echaría de mi lado, Pam.
_ Lo intentaste hace unos meses desapareciendo.
_ Eso fue distinto, necesitaba irme de allí... No tenía pensado sacarte de mi vida, te llamé, ¿no te acuerdas?
_ Sí, y todavía no sé cómo lo hiciste para que no pudiese rastrear las llamadas.
_ Bueno, tengo mis métodos, no puedo desvelar mis fuentes... – me reí.
_ Lo que sea, pero cuando tengas tu nueva vida junto con tu camarera, no te voy a dejar olvidar que mi hermana y yo te quisimos antes.
_ ¿Crees que lo haría? ¿Crees que una mañana me voy a levantar y voy a olvidar los últimos dieciseis años de mi vida? ¿Crees que voy a olvidar a la mujer con la que viví catorce años? Como si fuese posible...
_ No lo sé, tengo miedo de que seas tan feliz que nosotras sólo seamos un mal recuerdo.
_ Entonces lo que tendría que olvidar sería el último año, no los anteriores, Pam.
_ Eric... - dudó un instante y eso me puso tenso, Pam no dudaba, nunca-. ¿Qué le has contado a Sookie?
_ Nada.
_ ¿Y por qué cree que Ana te fue infiel?
Recordé lo que había pasado entre los dos una hora antes y me preocupé por lo que le había dado a entender.
_ No he reaccionado muy bien a una broma..., ha sido muy estúpido por mi parte.
_ Ten cuidado, Eric...
El reloj del horno nos sobresaltó y aligeró algo la tensión entre los dos. Fue a ver qué había en el horno y sonrió.
_ Me alegra que las quieras impresionar, querido, pero nos vamos a poner morados de comida. Cuando me vaya de aquí no voy a entrar en mi ropa...
_ ¿Te parece mucho?
_ ¿Para alimentar a cuantos? - me quitó la cuchara de la mano y fue a remover la masa que hacía-. Ve y te duchas, te hace falta, esa combinación de fluidos... – arrugó el gesto y negó con la cabeza-, y no queremos que Adele descubra lo que le hiciste a su nietecita anoche...
Para cuando salí de la ducha y bajé, Sookie y Adele ya habían llegado y Pam las estaba agasajando con un vino y los toast Skagen que había terminado de hacer ella. Fui hasta ellas para saludarlas. Adele me recibió con una sonrisa cómplice y una ceja levantada, así que supuse que no le extrañaría si saludaba a su nietecita, como la había llamado Pam, con un beso en los labios. No lo hizo, soltó una risita mientras Sookie se sonrojaba y Pam..., bueno, con ella iba a tener que hablar después. Me fui a terminar de preparar las cosas en la parte trasera del jardín y ellas me siguieron. Pam sacó un sillón de mimbre que había encontrado en el sótano el día anterior y se lo ofreció a Adele. Se sentaron mientras yo terminaba de arreglarlo todo, mirándome ir y venir. En unos minutos todo estaba listo, una bonita mesa con comida deliciosa, un buen vino y unas flores para poder disfrutar de la compañía de tres mujeres estupendas.
_ ¡Dios mío, Eric! - se rió Adele-, eres mejor cocinero que yo. Esto está buenísimo.
_ No seas exagerada – respondí orgulloso de haberla impresionado-, sólo son recetas típicas de mi país que me enseñó a hacer mi abuela.
_ No seas modesto, Northman – intervino Pam y por su tono me temí lo peor-, ya sabías que eres muy bueno, no es la primera vez que te lo han dicho...
La miré sin entenderla, ¿por qué me lo estaba poniendo difícil? Ella era la primera que siempre me había animado a seguir. ¿Tan difícil era que pudiese tener una comida en paz?
_ Pamela – la miré intentando frenarla-, es evidente que no es la primera vez que cocino. Lo que quiere decir – miré a Adele y a Sookie- es que en nuestra casa, yo era quien cocinaba – me volví hacia Pam otra vez-. ¿Podría hablar contigo un segundo en la cocina, querida?
_ No hace falta, Eric, lo siento – murmuró arrepentida-. Sólo me está costando un poco aceptar algunas cosas, no es que no las quiera para tí, que sabes que nada me haría más feliz, pero...
_ Eric, era su hermana, no seas duro – Adele me cogió la mano-, le tiene que costar verte con Sookie – sonrió a su nieta que enrojeció y Adele soltó una carcajada-. Ah, sí, bueno, te creerás que no sé donde has pasado la noche, señorita.
_ ¡Abuela! - Sookie se llevó la mano a la boca mientras la miraba con espanto.
_ Hija, por Dios, no seas remilgada. Espero que hayáis sido responsables y hayáis puesto medidas para evitar males mayores – la mirada de Sookie era un poema y Pam acabó por soltar la risa que estaba aguantando.
_ Bueno, me está costando, pero me va a encantar pertenecer a esta familia. Gracias, Eric, has encontrado a gente que está más loca que nosotros.
_ Va a ser estupendo – Adele la cogió de la mano sonriendo-, ya lo verás.
Sí, éramos perfectos los unos para los otros. Conseguimos seguir con la comida sin mayores incidentes. Bueno, puse la mano en el muslo de Sookie por debajo de la mesa y se le cayó la copa de vino. No era mi intención hacer que se sobresaltara, pero su reacción me espoleó y me animó a seguir con la diversión un poco más. Adele nos contaba como era la zona en la época que ella y su marido se instalaron, sesenta años atrás, en la que había sido la granja familiar durante generaciones. Mi mano, que ya se asía firmemente sobre la parte superior de su muslo, empezó a deslizarse entre sus piernas. Sookie dio un respingo y Pam me miró desaprobando mi conducta. Me parecía mal, después de un año me apetecía jugar de nuevo. Vale que Sookie no estaba acostumbrada a mis juegos y estaba Adele, pero tampoco era para que Pam me mirara así. Aparté la mano como un niño enfurruñado e intenté concentrarme en el relato de Adele.
Estábamos tomando el postre cuando el sonido de unos coches en la entrada de la propiedad llegó hasta nosotros. Oí llamar a la puerta y gritar mi nombre. Grité a mis visitantes que estaba en la parte de atrás y en unos instantes, dos agentes de policía acompañados por otro hombre aparecieron en nuestro pequeño oasis.
_ ¡Jason! - exclamó Adele-, ¿nos estabas buscando?
_ Abuela... - balbució el más joven de los agentes-, ¿qué hacéis aquí?
_ ¿Tú qué crees, querido? Comer con Eric y Pam – hizo un gesto con una sonrisa condescendiente, indicando a su nieto lo estúpido de su pregunta.
_ Señora Stackhouse – el hombre alto que les acompañaba se acercó a la mesa y le dio la mano-, Sookie – sonrió a mi Sookie de una manera que no me gustó y luego se volvió a mirarme-. Señor Northman, soy el agente Alcide Herveaux, del FBI, quisiera hacerle algunas preguntas.
_ ¿Algunas preguntas? – se alarmó Pam. El agente Herveaux la miró inquisitivo y ella le mantuvo la mirada.
_ Disculpe, señora, ¿usted es...?
_ Pamela Ravenscroft, la hermana del señor Northman.
_ Sólo queremos hacerle algunas preguntas al señor Northman en relación con una desaparición que ha tenido lugar cerca de esta propiedad.
_ Oh, sí, Amy – dijo Sookie de repente- ¿No se sabe nada de ella aún?
_ No.
_ Pero todos conocemos a Amy, hijo – dijo Adele con pesar y miró a su nieto-. No sería la primera vez que se va de picos pardos y desaparece unos días, ¿verdad, Jason?
_ Abuela, esta vez es diferente...
_ No veo en qué es diferente a cuando estabais juntos y se fue a Monroe con aquel camionero que paró a comer en Merlotte's – le recordó Sookie.
_ Hay indicios de que esta vez no ha sido así, señora Stackhouse – dijo el otro agente que hasta ahora se había mantenido en un segundo plano.
_ Andy Bellefleur, ¿qué es eso de indicios? Tú también has pasado por ahí, que menudas semanas le hiciste pasar a tu abuela – le recriminó Adele y se encogió como un niño al que se le reprendía.
Los dos agentes de la oficina del sheriff se miraban los pies no tenía muy claro si avergonzados por Adele o por su relación con la desaparecida. Herveaux parecía estar perdiendo la paciencia con los dos agentes e intentó volver a retomar la conversación.
_ Sí, bueno, ya sabemos que la señorita Burley es muy... popular y que tiene costumbres algo peculiares, pero es la posible víctima aquí – se volvió otra vez hacia mí-, así que, si no le importa, señor Northman, necesitaríamos hacerle unas preguntas.
_ Claro – me levanté serio. Ya sabía por donde iba aquello.
_ Si no le importa, podríamos ir a la comisaría, estaríamos más cómodos.
_ Pero – se levantó Sookie-, si sólo le vas a hacer unas preguntas ¿por qué no hacerlo aquí?
El agente Herveaux clavó su mirada en la mía con expresión severa. Intenté no apartarle la mirada, no tenía nada que ocultar, pero me volví hacia Sookie y le sonreí.
_ No pasa nada, Sookie, esto tiene su procedimiento, estoy seguro de que hay que hacerlo así.
_ Pero... - intentó decir algo pero la silencié con un beso.
_ Volveré para cenar – murmuré en su boca, más para tranquilizarme a mí mismo que por convicción. Pam me miraba asustada y se levantó para seguirme-. Pam... – intenté detenerla.
_ Ni lo intentes, Northman, necesitas un abogado para que no pisoteen tus derechos y resulta que yo lo soy. Qué casualidad – miró a Herveaux con dureza-. Cuando quiera, agente.
Nos disponíamos a irnos cuando Sookie se abrazó a mi cintura y se empinó para besarme.
_ Ni se te ocurra venir tarde, recuerda que tenemos una cita.
_ No tienen suficientes agentes en este pueblo y sus alrededores para retenerme y hacer que me la pierda – me reí bajito en su cuello.
Me soltó y nos fuimos. Lo último que vi fue a Sookie y a Adele abrazadas, preocupadas por lo que me pudiese pasar. No tenían ni idea...
