Sepan disculpar la tardanza, he estado ocupada por mis estudios y cosas personales nnU ¡Disfruten el capi!

Disclaimer: saben que todo lo relacionado con el mundo de Sonic no me pertenece, sino a sus respectivos dueños (SEGA, Sonic Team, TMS, etc.)

U.L.F.

Capítulo 14: El ataque

Habían pasado casi dos semanas y la condición de Shadow había empeorado mucho más que la vez anterior: Gerald no cabía en sí de los nervios y el estrés, pues iba y venía de la base de G.U.N. para ayudar al militar Abraham, encargado de la futura intromisión a la base del joven Robotnik.

El erizo negro estaba casi inmóvil en su cama desde hacía unos días. Su cuerpo estaba casi cubierto de manchas y Gerald no tenía posibilidad alguna de ayudarlo, pues comprendió que el cambio de fragmento de esmeralda no lo solucionaba. Intuyó que era un problema interno, algo en el flujo de sus líquidos vitales semejantes a la sangre. Pudo intuirlo, pero necesitaría bastante tiempo para encontrar la cura. Y si algo Gerald no tenía, era el tiempo.

María se la pasaba día y noche con él, pues apenas podía hablar y mantenerse lúcido. Le pedía disculpas reiteradamente por preocuparla y, en ocasiones, venía Sonic, Tails o Knuckles a visitarlo para ver su estado. La muchacha hacía lo que podía en ayudarlo: de momentos tenía fiebre, otras veces dolor de cabeza, y algunas veces un malestar corporal que lo obligaba a estar postrado ahí, sin hacer nada. Y le pedía disculpas a ella. Y María contestaba, sonriente, con un "no te preocupes" y lo cuidaba.

Lo cierto es que Shadow maldecía a la murciélago del demonio, pues sospechaba que ella era la responsable: no sabía qué rayos le había puesto, no sabía qué le había hecho realmente, porque no lo recordaba bien, pero la injuriaba en su mente y deseaba que le pasase la desgracia más grande que fuera capaz la tierra de darle. A veces, cuando oía a María dormir y su mente divagaba sola, se le escapaba algún insulto. Una vez, la chica, despierta, lo oyó y se preocupó. Empezó a preguntarle por qué injurió a alguien, sin embargo, el erizo no le contestó y se llenó de vergüenza: ¿cómo comentarle a ella lo que le había pasado con ese engendro de murciélago? ¡No podía! ¡No debía decirle semejante impureza ante ella!

Y, de todas formas, se sentía morir con el paso de las horas…

El día para infiltrarse a la base de Eggman llegó: aquélla mañana, Gerald fue a ver a Shadow para decirle.

—Hoy es el día… —le dijo con su semblante triste—. No he podido ayudarte y eso me atosiga…

—Gerald… —empezó el erizo, débilmente—. Ve con tu militar y destruyan a ése tipo que se hace llamar nieto tuyo —tosió: la condición de él era muy deplorable. Su creador estaba nervioso, muy apesadumbrado—. Y, si es posible, dime cómo fue el final —volvió a toser—, de esa murciélago —y añadió unas palabras más con respecto a ella, cuyo tono sorprendió un poco al profesor, quien se levantó y sonrió a medias. Le puso una mano en su cabeza.

—Así será —afirmó—. Haré que lo pague, por ti —ambos asintieron—. Vendrán en un rato Sonic, Tails, Knuckles y Amy, les dije que vinieran por protección —Shadow se extrañó—. ¿No creerás que dejaré esta casa sola, contigo y María, no? Los padres de ella no vuelven hasta la noche y no hay ninguna sirvienta hoy: es su día libre. No dejaré que nada malo les pase —el de ojos rojos chasqueó la lengua.

—No me agrada que me protejan tantas personas —comentó: después de todo, Shadow era un tipo que no gustaba que mucha gente se le acercara. Sólo era amigable con su familia.

En ése momento, aparecieron los otros U.L.F. en la puerta: María fue a abrir y se sorprendió de verlos a todos. Amy, la eriza de Frances, llevaba un pastel gigante entre sus manos, con una amigable sonrisa. La humana los hizo pasar. En eso, descendía Gerald.

—Gracias por visitar a Shadow —dijo, tratando de sonar despreocupado. Se dirigió a su nieta—. María, no sé si esta noche volveré… Tengo un asunto muy importante en G.U.N. y no sé cuándo regresaré. Cualquier cosa, llámame, ¿sí? —Y se acercó para darle un beso y un abrazo—. Te quiero, mi tierna niña, eres mi tesoro —y ella, correspondió fraternalmente al abrazo de su abuelo: ¿qué estaba pasando?—. Cuídalo a Shadow, por favor —y, despidiéndose de todos, se fue.

La muchacha estaba perpleja y algo le preocupaba: ¿qué ocurría? Algo no estaba andando bien…

— ¿Dónde puedo dejar el pastel, María? —preguntó Amy.

—V-ven —indicó la rubia y las dos fueron a la cocina, donde la eriza dejó el pastel en la nevera—.Amy, ¿ocurre algo malo? —la de ojos verdes la miraba.

—No lo sé —respondió—. Tu abuelo nos llamó ayer para que te ayudáramos a cuidar a Shadow —esa respuesta no la satisfizo: había algo raro…—. Creo que más tarde vendrán Frances, Danny y Chris a pasar por aquí, ellos también estaban extrañados.

—Ya los siento, Rouge —murmuraba un científico mientras observaba sus pantallas—. Detecto un movimiento a muchos kilómetros de aquí —y sonreía—. Cuando se infiltren, mandaré mis "muñecos" a hacerles frente. Y tú…

—Me divertiré —se limitó a decir la murciélago, cruzada de brazos—. Está casi en su etapa final, ¿no? —y el humano asintió—. ¿De verdad lo necesita, ya "muerto"?

—Por supuesto —respondió y se puso de pie para estirarse—. En su estado vegetal, podré hacer todo lo que necesito. Y, de paso, tal vez traumatizar a un viejo pariente —y se reía con gracia. Se detuvo y la miró seria a su murciélago—. Rouge, avisa a los robots que se preparen en cada cuarto de la base: desde el subsuelo hasta la terraza, que se distribuyan y aniquilen todo objeto hostil, ¿está claro? —ella se fue volando—. Ay, abuelito, no sabes cómo ansío verte…. ¡Pronto, Shadow, perecerá! ¡Será mío y te destruiré! —hablaba solo, como era costumbre. Y soltó esa fea risa que tenía.

Estaban María, Sonic y Amy junto con Shadow. Este último no parecía muy animado acerca de que tanta gente fuera a verlo.

—Pero Amy te hizo un pastel —comentó la humana a su pequeño "hermanito", sonriendo, y tratando de ocultar su preocupación—. Se veía delicioso, debes enseñarme a hacerlos.

— ¡Claro! ¡Seguro que a Shadow le encantará! —acotó Sonic, haciendo sonrojar al erizo que estaba en la cama. El otro erizo azul sonrió divertido—. ¿Knuckles y Tails siguen en el laboratorio? Qué aburridos son… —las otras dos chicas sólo sonrieron. María se levantó diciendo que haría algo para almorzar. Amy la acompañó. Sonic y Shadow quedaron en la habitación—. Oye, ¿tú sabes qué te ocurre, no? —pero no contestó el otro—. ¡Hombre, qué callado! ¡Estamos todos preocupados por ti! —rezongó—. Gerald nos llamó y nos pidió que viniéramos, ¿por qué?

No tenía intenciones de decirle la verdad a aquél. Simplemente, no tenía ganas. Además, ¿para qué?

—No molestes —fue lo único que dijo Shadow, indiferente. A Sonic le reventaba esa actitud altanera.

— ¿Acaso vendrán fuerzas ajenas a atacarte o qué? —y lo miró, seriamente—. Y, además, ¿por qué enfermaste así? Nosotros no nos enfermamos.

—No te importa

Ni de broma le iba a mencionar lo de Rouge. Sonic se puso de pie.

—Eres horrible —dijo—. No sé cómo te soporta María, está preocupadísima por ti. ¿Ella lo sabe?

— ¿Sobre qué?

— ¡Sobre tu enfermedad, tonto! —inquirió Sonic. El erizo negro negó—. ¿Y tú? ¿Lo sabes? —aquél semblante sin sentimiento y aquél rostro que no se movió, que quedó petrificado, le hizo presentir que sí sabía—. ¡Vamos! ¿Qué es secreto entre Gerald y tú? ¿Qué rayos ocurre aquí? —Shadow suspiró, con fastidio: lo exasperaba aquél erizo.

—No tengo por qué contártelo todo. Simplemente —tosió—, te diré que Gerald piensa que puede llegar a ocurrir algo malo y cree… que los necesito por si llega a pasar algo inesperado —Sonic siguió preguntándole más, pero el otro no le respondía.

Poco después, se las habían ingeniado para que todos almorzaran junto con Shadow. A cada momento, María no dejaba de mirar a su pequeño erizo, preocupada: la seguía invadiendo aquélla extraña sensación de malestar. Amy se encargó de lavar los platos y los otros tres U.L.F. fueron al laboratorio: Tails le insistía a Sonic que tenía que ver algo fantástico. Resoplando, fueron hasta allí.

María puso su mano encima de la de Shadow. El, lo miró muy tiernamente.

—Lamento… que tengo que preocuparte tanto —pero la humana negó con la cabeza.

¿Estaría vivo para el fin del día?, esa pregunta taladró la cabeza del erizo, de pronto, y, con la poca fuerza que le quedaba, apretó fuerte su mano con la de ella. Y, de repente, la abrazó con fuerza. María estaba sorprendida.

— ¡María…! —empezó él y ella lo oyó toser en su oído: cada vez, su tos se hacía grave y fea, haciéndola preocupar más. El erizo sintió que ella correspondía gentilmente a su abrazo—. ¡María…! —volvió a repetir y, sin que él lo pudiese contener, salieron unas gruesas lágrimas de sus ojos que mojaron los hombros descubiertos de la chica, pues llevaba una remera sin mangas.

— ¿Shadow, qué tienes? —dijo preocupada.

—Nada, sólo que… —empezó, pero fue interrumpido por otro toser. Se aferró a ella más fuertemente, sin quererla soltar—. María, yo… ¡No sabes cuánto te quiero! —logró decir, antes de que le agarrara un ataque de tos que lo tumbó en la cama.

Ella, preocupadísima, le hizo beber mucha agua: había un vaso con ella cerca y el erizo lo bebió y agradeció. Cuando María dejó el vaso en la mesita de luz, le acarició el rostro muy tiernamente, mientras sus ojos celestes se aguaban y la pregunta de "¿qué está pasando?" se intensificaba cada vez más.

—Yo también… —dijo con los ojos húmedos y la voz algo quebrada—. Yo también te quiero, mi Shadow… —él, postrado ahí, apoyó la mano suya encima de la de ella.

Amy tocó la puerta, y María la invitó a pasar. Se sentó junto a la humana.

— ¿Cómo te sientes? —le preguntó la eriza.

—Regular —respondió él. Amy resopló.

Poco después, aparecieron Frances, Danny y Chris, pues Helen tenía médico. Querían ver cómo estaba Shadow y en qué podían ayudar.

—Gerald, ya es hora —dijo un militar de mucha edad, con su pelo canoso y sus ojos bicolores: uno celeste y otro castaño. El profesor asintió y Abraham dio las órdenes para que sus soldados empezaran la emboscada: desde un monitor, ambos hombres mayores podían ver cómo se movían sutilmente entre arbustos y se separaban para ingresar por distintos rincones de la base, pues sólo estaban a unos metros.

Lo que no sabían, era que Ivo estaba al tanto de todo: lo subestimaban. Cuando vio que empezaban a moverse por los alrededores de su base, mandó la orden para que sus "muñecos", como les decía a sus robots, se prepararan para eliminar a todo objeto hostil.

Y la batalla empezó: los soldados se defendían con armas y vehículos blindados de la más alta tecnología que podían tener, mientras los robots de Eggman atacaban, incansablemente, a todas las unidades de la G.U.N.

Pero Eggman tampoco debía subestimarlos: los soldados tenía un fuerte armamento y daban batalla contra esos "bichos" metálicos. Sin embargo, la diferencia era abismal e Ivo estaba tranquilo viendo al batalla por los monitores.

— ¡Pobres ilusos! —Comentaba mientras reía a carcajadas—. ¿Vencer a mis "muñecos"? ¡Ábrase visto!

Y, entonces, enlazó una señal de vídeo para que se comunicara con la base central de G.U.N.

— ¿Qué rayos…? —Exclamó Abraham, poniéndose de pie, de golpe—. ¡Sargento! ¿Qué se supone qué es esa frecuencia?

— ¡Alguien intenta comunicarse! —respondió un tipo de casi cuarenta años.

—Dígame la ubicación —y el sargento empezó a rastrear las latitudes exactas de dónde provenían: cuál no fue su sorpresa al ver que provenían de la base de Eggman y le avisó a su Comandante, quien palideció y miró a Gerald—. ¿Querrá… hablarnos?

—Déjalo —musitó, serio, el profesor y Abraham dio la orden para aceptar aquélla frecuencia y la comunicación: en seguida se vio la cara de Ivo.

Gerald no lo reconoció: estaba mucho más obeso, más adulto y más loco. Vestía raro y el impacto que le provocó al verlo, luego de tantos años, agitó su pobre corazón: después de todo, era su nieto…

—Ivo… —empezó Gerald, incorporándose.

—Ya he dejado atrás ese horrible nombre —empezó el del gran bigote castaño, sonriendo maquiavélicamente—, abuelo. —Cuando lo dijo, un escalofrío le recorrió la piel al anciano—. Sus saldados se entretienen muy bien con mis muñecos, pero perecerán —dijo sin mucha importancia: Abraham estaba con los puños cerrados, impotente.

— ¡Ivo, basta! ¿Qué te pasa? ¡Estás provocando una guerrilla sin sentido!

— ¡Cierra la boca! —gritó el joven Robotnik, serio—. ¡No descansaré hasta verte hundido, Gerald! —y el anciano profesor se dio cuenta de aquél hombre no era su nieto: era un tipo malvado, carcomido por su propia oscuridad, que había matado y aniquilado al Ivo que conocía. Se entristeció—. ¡Me haré lugar aquí, destruyendo todo, y haré que mi propio ejército de U.L.F.s se apodere de ésta ciudad y luego del mundo! —aquélla idea descabellada heló la sangre de todos: ¿una conquista mundial? ¿Estaba loco?—. ¡Sólo así seré recordado! —y se reía—. ¡Ya no seré una sombra, como antes, Gerald! ¡Todo el mundo hablará de mí!

— ¡Nunca fuiste una sombra! —le gritó Gerald, nervioso: no sabía qué decirle, su garganta era una laguna viviente.

— ¡Que te calles! —Volvió a decir, Ivo—. ¡Aprovecharé a Shadow y haré un gran ejército para destruir todo y reconstruirlo a mi manera!

Espera, ¿qué? ¿Shadow? ¿Qué tenía que ver él en esto?

— ¿Qué demonios tiene Shadow que ver?

—Ah, te pusiste pálido —comentó irónico, mientras jugaba con su bigote—. ¿Que qué tiene que ver? Pues mucho: tu "amado" Shadow me sirve como base para crear a miles U.L.F. como él: fuerte, resistente y lleno de maldad —no tenía crédito lo que los ancianos oídos de Gerald oían—. He creado a una U.L.F. mejor que Shadow, pero no me sirve que sea murciélago, ¡haré miles de copias de Shadow, los dotaré de miles de armas y lo destruirán todo! ¡Las dotes de mi U.L.F irá a las copias invencibles!

Gerald se dejó caer en una silla: ¿entonces él era el responsable de la condición de Shadow?

—Qué… ¿qué quieres hacer… con un Shadow moribundo? —musitó casi sin voz: vio reír a su nieto.

— ¡Bah, muerto me sirve mejor! —Respondió Ivo—. Será cuestión de horas hasta que Shadow no responda sus síntomas vitales —en cualquier momento, a Gerald le daba un paro en el corazón.

— ¡¿Por qué lo quieres matar?! —se había puesto de pie, fuera de sí: los operadores coordinaban a sus soldados por radios mientras esos dos hablaban—. ¡¿Por qué le hiciste esto a Shadow?! ¡Tú también lo creaste, conmigo, Ivo! —Abraham vio que le empezaban a correr las lágrimas de los ojos.

—Quiero verte a ti destrozado: si te quito a Shadow, ya no serás "genial" —lo dijo tan fríamente que casi se desmaya Gerald—. He creado una manera de hacer para que un U.L.F. muera, al fin, ¿no es fantástico? ¡Dejarán de ser "la forma de vida perfecta" sólo cuando yo lo ordene! ¡Sólo aharán lo que yo les diga! Les agrego aquella sustancia y, ¡pum! ¡Adiós U.L.F.! —y se reía a carcajadas.

Durante toda la risa, Gerald no sabía qué decirle: estaba tan pálido que Abraham tuvo que sostenerlo por los hombros para que no se cayera.

—Maldito… —susurraba—. ¡Ojalá te todo te salga mal! ¡Todo! —le vociferó a su nieto, fuera de sí.

—Sí, sí, claro —decía Eggman—. En fin, ya es suficiente por hoy, ¡Rouge, ve por Shadow! —vieron en la pantalla que algo salió volando a toda velocidad y la comunicación se cortó: Gerald, desesperado le dijo a Abraham que lo llevara hasta un teléfono, ¡debía advertirle a María!

La tarde había llegado: Frances, Chris y Danny estaban en la sala de estar, conversando, mientras María preparaba la merienda y cortaba trozos de pastel. Tails estaba en el laboratorio, junto a Knuckles, y, en el patio, Sonic intentaba zafarse de Amy. Shadow reposaba tranquilo, en su habitación.

Para cuando María terminaba de cortar el pastel, una fuerte correntada de viento, proveniente de la sala de estar, hizo cerrar muy fuerte la puerta de la cocina. Asustada por el portazo, se acercó a la puerta para abrirla.

— ¿Conque tú eres la famosa María, eh? Al fin te veo bien, Shadow tiene un muy buen ojo

La nombrada se asustó y se detuvo en seco: su corazón se paró y se volteó lentamente: ¿quién era esa murciélago? ¡Su abuelo nunca la había creado!

Y la línea de teléfono de la casa de Gerald no andaba: claro, Rouge había cortado las líneas telefónicas antes de que Amy y Sonic salieron afuera y la vieran.

— ¿Quién eres tú? —le preguntó la humana, asustada: definitivamente, las cosas no andaban bien.

—Sólo para que lo recuerdes: Rouge, Rouge the bat, muñeca —y, flotando, se acercó a María.

Ella dio un grito y luego cayó al suelo, noqueada. Por el golpe, emanaba sangre de su cabeza.

Ahora, al erizo.

OoOoOo

:3 ¿Y? ¿Qué les pareció? ¿Va bien? ¡Espero no dejarlos con mucho suspenso! ¡Ojalá les haya gustado este capítulo!

Nos leemos!