13
Una dulce niebla
- ¡La beso! – exclamó Horo-Horo - ¿Quién en su sano juicio besa a su peor enemiga?
- Eso sólo es una prueba más de que Hao no está en su sano juicio – señaló Manta.
Yoh escuchaba a sus amigos comentar el beso entre Hao e Yohri que acababan de atestiguar hace algunos minutos. En ese momento, se encontraban en el interior del avión, el cual sobrevolaba el inmenso desierto donde se hallaba la Aldea Apache. La discusión comenzó exactamente en el momento en que la puerta del avión fue cerrada, y es que era imposible quedarse callado después de tal espectáculo. Incluso a él le sorprendió mucho. Sin embargo, lo más seguro era que Hao tuviera una razón para haber besado a Yohri.
- Sólo fue un beso, no veo cuál es el problema – habló Hao cómodamente recostado en el Espíritu de Fuego, quien servía de transporte para él, Opacho, el Trío e Irone.
- ¡Es tu enemiga! – indicó Irone – Además, me provocaste dolor de cabeza con eso.
- Uno no se besa con el enemigo – añadió Mati.
Irone, Mati y Kanna, pero en especial la primera, no paraban de atacar a Hao con preguntas de por qué se le ocurrió besar a Yohri. Opacho, demasiado pequeño como para entender el problema por completo, se entretenía con las nubes que pasaban al lado del Espíritu de Fuego. Mientras tanto, ella tenía toda su concentración en mantenerse tranquila e indiferente, como siempre. Mas, era una tarea muy difícil, sobre todo porque la imagen de Hao e Yohri besándose permanecía en su mente sin dejar de atormentarla. Le dolía y sumado a eso, sentía celos. ¿Por qué el señor Hao besó a Yohri? ¿Por qué besó a su peor enemiga y a ella, que le servía fielmente desde hacía años, no le prestaba atención? ¿Por qué?
- Son insoportables – murmuró Anna harta de escuchar lo mismo. Yoh, al lado de ella, sonrió. Sabía que lo siguiente era una escena de Anna furiosa aventando a sus amigos por la puerta de emergencia del avión.
- Si quieres tirarlos del avión, apoyo la moción – dijo Len sentado en frente de ellos. Lyserg, sentado al lado de él, levantó la mirada preocupado del libro que estaba leyendo.
- Si los tiro, no tendré quien me sirva en Londres – señaló Anna. Gotas de sudor aparecieron en las cabezas de Yoh y Lyserg.
Observó la espectacular escena frente a ella. No cualquiera tenía la oportunidad de ver a los Grandes Espíritus tan cerca; eso era un privilegio del que gozaban muy pocos. Pero, eso no cambiaba lo que sentía en ese momento. Era una mezcla de sentimientos que no la dejaban respirar con tranquilidad: tristeza, miedo, nervios. Se sentía como una pequeña niña abandonada a su suerte y desprotegida. Un ruido a su lado llamó su atención, mas no lo suficiente para que volteara. En cuestión de minutos, alguien se sentó a su lado en la inmensa escalinata que conducía al Territorio Sagrado. Decidió voltear con el fin de encarar a su acompañante. Se trataba de un hombre, sin embargo, su rostro estaba oculto en las tinieblas. Lo único que podía ver era su sonrisa, una sonrisa dulce muy familiar.
- ¿Qué tienes? – preguntó el hombre.
- Nada – mintió ella al regresar su mirada al frente.
- Nunca has sido buena para mentir – señaló el hombre al tiempo que la envolvía en un abrazo. No pudo evitar sentirse bien entre sus brazos. Se acurrucó en su pecho, mientras la paz llenaba cada parte de su cuerpo - No te preocupes – habló el hombre con suavidad – Te prometo que nunca te dejaré sola. Siempre estaré a tu lado para protegerte.
- Irone – escuchó que una voz lejana la llamaba – Irone, despierta. Ya llegamos.
Irone abrió los ojos lentamente encontrándose con Hao, quien le regresó una mirada divertida.
- Eso sí fue rápido – comentó Irone mientras se incorporaba y daba un vistazo a su alrededor. Estaban en las afueras de Londres, único lugar donde el Espíritu de Fuego podía aterrizar sin crear revuelo entre los habitantes de la ciudad.
- Cierto chino acaba de perder una apuesta – añadió Hao con maldad.
- Debería hacerlo su esclavo – propuso Mati. El Opacho y el Trío de la Flor ya se encontraban en el suelo.
- Lo pensaré, aunque eso no suena nada mal – dijo Hao bajando del Espíritu de Fuego. Irone rodó los ojos y siguió a Hao. Una vez abajo, el Espíritu de Fuego desapareció – Los llevaré a la casa y después iré al aeropuerto. Quiero estar ahí para ver la cara de Len cuando baje del avión.
El cambio de movimiento del avión lo hizo despertar. Le sorprendió ver a la gran mayoría dormidos. Se asomó por la ventanilla del avión. En ese momento, sobrevolaban una ciudad, la cual suponía debía ser Londres.
- Chicos, creo que ya llegamos – anunció Yoh con un tono de voz fuerte con el fin de que el resto de sus amigos lo escuchara.
- ¿En serio? – saltó Pilika en su asiento. La peliazul de acercó a la ventanilla, lastimando a su hermano en el proceso.
- No es tan grande como uno esperaría – señaló Anna en el oído de Yoh. Yoh miró de reojo. La sacerdotisa estaba muy cerca de él, viendo hacia la ventanilla.
- Oye, Lyserg, ¿esa es Londres? – preguntó Horo-Horo sobándose su costado izquierdo.
- Si – asintió Lyserg.
El avión aterrizó en el Aeropuerto Heathrow de Londres en menos de diez minutos. Todos debían admitir que pocas veces en su vida habían visto tantas personas reunidas en un solo lugar, las cuales caminaban de un lado al otro con gran prisa. Sin embargo, no tuvieron mucho tiempo para ver el lugar ni pasar a las tiendas, como Pilika y Jun querían, ya que Anna prácticamente arrastró a todos hacia la salida con una velocidad sorprendente. Cuál fue su sorpresa al toparse con Hao afuera del aeropuerto, recargado en uno de los dos coches de la familia Tao que los esperaban para llevarlos a la casa de Lyserg.
- Bienvenidos – saludó Hao con cierto tono de maldad en la voz.
- Creo que alguien perdió una apuesta – se burló Horo-Horo antes de ser golpeado por la cuchilla de Len.
- Bien, ¿qué quieres, Asakura? – apresuró Len.
- No lo sé, aún lo estoy pensando – respondió Hao – Te informaré cuando lo haya decidido – Len rodó los ojos y se acercó al coche principal. El resto siguió su ejemplo – Supongo que se quedarán en la casa de Lyserg.
- ¿Ya no es el "soldadito X"? – preguntó Yoh mientras llevaba su equipaje y el de Anna a la cajuela del primer coche.
- ¿No lo sabías? Lyserg rompió relaciones con los Soldaditos X – señaló Hao.
- ¡¿Qué? – exclamaron todos. Acto seguido, todas las miradas se posaron sobre Lyserg.
- Parece que Irone te cuenta todo – indicó Lyserg con cierta molestia – Si, rompí relaciones con la doncella Jeanne - Una ola de aplausos y felicitaciones de parte de Manta, Horo-Horo, Riu, Chocolove y Pilika no se hizo esperar. Lyserg entrecerró los ojos – No es para tanto.
- Según tú – habló Horo-Horo – Ahora ya no tenemos que preocuparnos por ser atrapados y casi asesinados como la última vez.
- Si, nos quedaremos en casa de Lyserg – asintió Yoh mientras el resto seguía molestando a Lyserg - ¿Y ustedes?
- Tenemos nuestra propia base aquí – respondió Hao.
- Cierto, ya me lo habías contado – dijo Yoh con una mano en la cabeza.
- Bueno, suerte al instalarse – se despidió Hao – Nos vemos luego.
Y acto seguido, Hao desapareció en un llamarada de fuego, hecho que llamó la atención de algunos transeúntes. El viaje a la casa de Lyserg fue rápido y pronto se hallaron enfrente de una hermosa casa, cuya fachada era de color verde claro; la puerta principal era doble y de madera, al igual que los marcos de las grandes ventanas que la flanqueaban. Al entrar, un amplio vestíbulo les dio la bienvenida. Las paredes estaban pintadas de un tenue color azul. A su izquierda y derecha había una puerta doble y enfrente de ellos una escalera doble, cuyo barandal era también de madera.
- Tu casa es genial, Lyserg – habló Horo-Horo.
- Es porque durante los seis meses que tuvimos de descanso la reconstruí – expuso Lyserg – De no haberlo hecho créeme que dirías lo contrario.
- ¿Y si hay habitaciones suficientes? – inquirió Pilika.
- Si compartimos, no creo que haya ningún problema – intervino Riu.
- Hay habitaciones suficientes – señaló Lyserg – La casa es muy grande y estoy seguro de que cada quien podrá tener su cuarto individual.
- ¿Y por qué no nos das un recorrido? – propuso Manta.
- Apoyó la idea – saltó Horo-Horo – Yo propongo la cocina primero – todos lo miraron con una gota de sudor en la cabeza.
- Bien, síganme – pidió Lyserg dirigiéndose a la puerta de la izquierda. El resto lo siguió y la mayoría se sorprendió al entrar en el gran comedor. Las paredes estaban pintadas del mismo tono que el vestíbulo y en ellas se podían observar algunas pinturas. La mesa colocada al centro del cuarto era alargada y tenía veinte sillas a su alrededor, todas ellas igualmente de madera finamente tallada – Éste es el comedor – Lyserg siguió su camino hacia una pequeña puerta ubicada al fondo del cuarto, siendo seguido por sus amigos – Ésta es la cocina – La habitación mencionada tenía la mitad del tamaño del comedor, un pisó blanco y liso; una estufa muy grande, al igual que el refrigerador, ambos de color plateado colocados en la pared de enfrente, y una pequeña mesita, también de madera, al centro; la pared a su izquierda estaba repleta de alacenas y a la derecha había otra puerta – Esa puerta lleva al cuarto de lavado.
- Muy bien, ahora hagamos una pequeña escala – dijo Horo-Horo a punto de lanzarse al refrigerador.
- Temo decirte que no hay comida – informó Lyserg desilusionando a Horo-Horo.
- Tú no tienes fondo – comentó Len saliendo de la cocina. Todos caminaron hasta el vestíbulo y esta vez atravesaron la otra puerta doble, llegando a una gran sala de estar. Un grupo de sillones rodeaban una pequeña mesita de café al fondo y cerca de la puerta otra mesa dominaba el lugar. Las paredes una vez más tenían el mismo tenue azul en ellas y una que otra obra de arte. Finalmente, cerca de los sillones, una chimenea y arriba de ella lo que parecía ser un escudo.
- Ésta es la sala – dijo Lyserg – y la escalera del vestíbulo los lleva al siguiente piso, donde están los cuartos. Si tienen alguna duda, pueden preguntar.
- ¿Y esa puerta? – preguntó Chocolove señalando una puerta a su izquierda, al fondo de la habitación. Instantáneamente, la sonrisa en la cara de Lyserg desapareció.
- Era el despacho de mi papá – indicó Lyserg. Todos bajaron la mirada un tanto incómodos.
- Muy bien, me parece un lugar digno para vivir – habló Anna rompiendo el incómodo silencio – Muéstrame el mejor cuarto de la casa.
- Espera un minuto, ¿por qué te tienes que quedar tú con el mejor cuarto de la casa? – saltó Horo-Horo. La siguiente escena fue Horo-Horo estrellado en la pared más cercana.
- Con mucho gusto, Anna – aceptó Lyserg con cierto miedo.
Después que Anna diera su visto bueno a su cuarto y le ordenara a Yoh instalarse en el más cercano, el resto pudo elegir sus cuartos. Lyserg debía admitir que con la presencia de sus amigos, la casa perdía esa aura tétrica y prácticamente asfixiante. No le agradaba mucho la idea de estar ahí. Tras la muerte de sus padres, no había puesto un pie en esa casa hasta hace algunos meses, cuando decidió que lo mejor sería reconstruirla y vivir en ella, tratar de tener una vida normal y tranquila. Por supuesto, en ese tiempo él creía muerto a Hao. Oyó el timbre de la casa y, como era el más cercano, se acercó a ella y la abrió.
- Hola – saludó Irone con una inmensa sonrisa en el rostro – Sólo vine a ver cómo estaban.
- Bien, los chicos están arreglando sus cosas en este momento – informó Lyserg con una sonrisa - ¿Y ustedes?
- Llegamos hace horas, así que en este momento todos están durmiendo – respondió Irone mirando hacia el horizonte, donde el sol comenzaba a ocultarse.
- ¿Quieres pasar? – invitó Lyserg. Irone dio un paso atrás. Lyserg se extrañó ante ese movimiento.
- No, te digo que sólo vine a ver cómo están – negó Irone mientras sacaba un papel de uno de los bolsillos de su abrigo – y quería darle esto a Yoh, para que vaya a nuestra casa cuando quiera ver a Hao.
- Está arriba en este momento – dijo Lyserg haciéndose a un lado para dejar pasar a la chica.
- Eh… bueno… entonces dáselo tú, ¿podrías? – dijo Irone ofreciéndole el papel a Lyserg.
- ¿Te sucede algo? – preguntó Lyserg.
- No – negó Irone – Creo que el sueño me afecta, debería ir a dormirme.
- Está bien – aceptó Lyserg no muy convencido, mientras tomaba el papel de la mano de Irone – Yo se lo daré a Yoh.
- Gracias – agradeció Irone antes de abrazar al chico. Lyserg, tomado por sorpresa, tardó un poco en regresarle el abrazo – Nos vemos mañana – se despidió Irone al separarse – No hagas planes, porque yo ya los hice. Hasta mañana – y acto seguido se alejó de la casa con paso rápido. Lyserg la siguió con la mirada hasta perderla de vista.
Sus ojos estaban clavados sobre la sorprendente torre enfrente de ella. No era el tamaño, era el reloj en ella lo que llamaba su atención. Jamás había visto un reloj tan grande en toda su vida. Miró a ambos lados. Nadie. Regresó su mirada al frente y ahí se quedó, hipnotizada por el constante movimiento de las manecillas del reloj. Las dos manecillas se unieron en el número doce y un sonido de campanadas comenzó a resonar por todo el lugar. Se emocionó aún más. Jamás había escuchado un reloj tocar sus campanas. Bajó su mirada una vez más y repitió su acción de voltear a ambos lados, aún nadie. Volvió a ver el inmenso reloj, sin intensión de quitar su mirada de él.
- ¿Por qué te emociona algo tan tonto? – inquirió una voz a su izquierda. Volteó. Sentado a su lado estaba un niño, podría decirse que de su edad. Lo inspeccionó de arriba a abajo. Iba vestido con una capa blanca, un pantalón rojo muy grande y con muchos colguijes, zapatos rojos muy extraños y aretes de gran tamaño.
- ¿Y por qué no te emociona a ti? – regresó la pregunta Irone. El niño la miró con superioridad.
- No cabe duda de que los humanos son unos idiotas – comentó el niño poniéndose de pie, para después alejarse del lugar. Irone regresó su mirada al reloj, acto con el que quedo una vez más hipnotizada por el reloj.
- ¿Por qué te emociona algo tan tonto? – inquirió una voz a su izquierda.
- ¿Y por qué no te emociona a ti? – regresó la pregunta Irone.
- Hay cosas mejores en este mundo – respondió Hao acomodándose en la banca donde hace nueve años ambos se conocieron - ¿Y qué tal la casa de Lyserg?
- No entré – respondió Irone.
- Es mejor que no lo hagas y si lo haces, asegúrate de darme tu medallón antes – señaló Hao.
- Me pregunto en qué demonios estaban pensando los Grandes Espíritus – expresó Irone con su mirada fija en las manecillas del Big Ben.
- Todas sus decisiones tienen una razón – indicó Hao en tono burlón. Irone fingió una risa, tras la cual ambos se quedaron en silencio mirando el reloj.
- Tuve un sueño muy extraño – mencionó Irone – Estaba vestida como un apache, viendo a los Grandes Espíritus. Me sentía muy mal, sola, abandonada, triste. Y entonces, apareció un hombre, me abrazó y me aseguró que él siempre me protegería.
- ¿Quién era el hombre? – preguntó Hao extrañado.
- No tengo idea, no pude ver su cara – respondió Irone.
- Sólo fue un sueño, no le tomes tanta importancia – minimizó Hao poniéndose de pie – Vamos a casa.
Irone echó un último vistazo al reloj, para después caminar al lado de Hao en dirección a su casa.
- Nuca respondes mi pregunta – observó Hao.
- Porque es un reloj gigante – declaró Irone con una divertida sonrisa en su boca.
- Hay cosas mejores en este mundo – repitió Hao.
Tal y como lo dijo el día anterior, Irone tenía planeado gastar ese día en un recorrido turístico por la capital de Inglaterra. Todos, excepto Yoh, quien fue incapaz de conseguir el permiso de Anna, y Anna, quien se negó rotundamente, aceptaron recorrer la ciudad junto con Irone, Mati, Kanna y Opacho.
- Le hubieras dicho que entrenarías doble mañana – señaló Hao. Los gemelos Asakura corrían en un parque seleccionado por Anna.
- Lo hice, pero Anna simplemente dijo no – puntualizó Yoh con cara de cansancio – y como está enojada preferí dejar el tema en paz.
- ¿Y por qué está enojada? – inquirió Hao. Yoh se encogió de brazos. Sabía porque Anna estaba enojada, sin embargo, no podía decírselo a Hao como si nada. Anna odiaba los lugares llenos de gente y, sin lugar a dudas, Londres estaba entre sus lugares menos favoritos del mundo gracias a eso.
- ¿Y tú por qué no fuiste? – preguntó Yoh.
- Conozco esta ciudad de memoria, un recorrido sería pérdida de tiempo – expuso Hao.
Recargada en el borde de la fuente, miraba el agua caer. Nunca había visto una fuente tan grande. En su casa había una fuente que abarcaba una gran parte del inmenso jardín, sin embargo, sus antepasados la clausuraron generaciones atrás. Ya sólo quedaba el vestigio de un pasado, un pasado del cual tenía prohibido preguntar. Miraba caer el agua con emoción.
- Eres la humana más simple del mundo – señaló una voz a su lado. Giró para ver al mismo niño del día anterior parado a su lado.
- Y tú eres el shaman más antipático del mundo – indicó Irone. El niño la miró de reojo.
- ¿Nadiri? – inquirió el niño.
- Mi mamá dice que cualquier shaman que no sepa distinguir a un Nadiri es digno de ir al infierno – expuso Irone encarando al niño.
- Una digna Nadiri, sin duda alguna – murmuró el niño.
- Mi nombre es Irone – se presentó ofreciéndole su mano al niño. Éste la miró con desdén.
- Irone Nadiri – dijo el niño regresando su mirada al frente sin estrechar la mano de Irone. La niña no le tomó mucha importancia, estaba acostumbrada a ese tipo de trato - ¿Por qué una simple humana fue elegida por la Doncella de Hierro?
- No, la elegida es mi hermana – corrigió Irone. El niño la volteó a ver – Lo único que yo puedo hacer es ver espíritus.
- Debes ser la vergüenza de la familia Nadiri – puntualizó el chico.
- Si, mi mamá dice que soy la desgracia más grande de la familia en 500 años – apoyó Irone como si nada. El niño la miró extrañado. Esa chica tendría unos seis años y manejaba el desprecio de su madre muy bien.
- Entonces, ¿por qué te llamas Irone? – preguntó el chico dejándola de ver – Ese nombre está destinado a los elegidos por la Doncella de Hierro.
- ¿En serio? No lo sabía – dijo Irone – Supongo que sólo es una coincidencia. Si me acercó a la Doncella de Hierro, seguro terminaré muerta.
Estuvieron en silencio durante un rato, mirando el agua caer en la fuente.
- Hao Asakura – se presentó el niño. Irone lo volteó a ver, sin embargo, el muchacho había desaparecido.
- Es increíble – comentó una voz a su lado. Giró su cabeza para ver a Lyserg, quien miraba con igual emoción una de las fuentes de la Plaza de Trafalgar. Sonrió. Él si entendía lo impresionante que era la fuente.
- Yo pienso lo mismo – apoyó Irone tomando el brazo de Lyserg.
- Aquí conocí a Irone – mencionó Hao. Yoh y él se encontraban en una banca del parque disfrutando de un helado.
- Si, algo nos contó Irone – expuso Yoh.
- Era tan diferente en ese tiempo – señaló Hao.
- Yo también la recuerdo – apoyó Yoh – A decir verdad, Irone ha cambiado mucho.
- Si, ahora sonríe – añadió Hao – Cuando la conocí siempre tenía una mueca en la cara.
- Siempre he tenido una duda – comenzó Yoh - ¿Por qué te acercaste a ella?
- No lo sé – admitió Hao – Un día la vi sola, sentada en una banca y no pude evitar acercarme. Después la encontré en otros lugares donde platicamos y nos conocimos mejor y de la nada me salió prometerle que la rescataría de su casa.
- ¿Y por qué te tardaste tres años en cumplir tu promesa? – preguntó Yoh.
- En esa época no era tan fuerte, tuve que entrenar hasta tener un poder mil veces mayor al de los Nadiri – explicó Hao – No es lo mismo enfrentarte a una familia ancestral de shamanes que al resto de las personas que he asesinado.
- Ya veo – dijo Yoh.
Los días transcurrieron con gran rapidez. Mientras la gran mayoría de los habitantes de la casa de Lyserg pasaba sus días enteros entrenando, Manta, Fausto y el resto de las chicas (excepto Anna, quien se negaba a salir de la casa) disfrutaban de las tiendas y centros turísticos de Londres.
- Hay algo que me encanta de esta ciudad – dijo Irone rompiendo el silencio. La chica caminaba junto con Lyserg por el parque cercano al Big Ben. Realmente había sido un reto para Irone sacar a Lyserg de la casa y sólo lo consiguió gracias a que el muchacho acabó con su entrenamiento temprano.
- ¿Qué? – preguntó Lyserg mirando al horizonte, donde el sol comenzaba a ocultarse.
- La niebla – respondió Irone con sus ojos clavados en el manto de niebla que los cubría. Lyserg sonrió ante eso. A él no le gustaba la niebla, porque le recordaba al humo y el humo instantáneamente le recordaba a cierto shaman. Irone tomó del brazo a Lyserg y lo jaló hasta una banca en donde lo sentó y después se sentó a su lado – Mira el reloj.
Lyserg siguió la indicación de Irone sin muchas ganas. También odiaba el Big Ben, ya que le hacía recordar a su padre y el último juego entre ellos.
- Me encanta verlo – confesó Irone – La primera vez que estuve aquí, me pasaba horas viéndolo, mientras la maestra Kino, Jeanne y Anna entrenaban o visitaban shamanes. Es realmente increíble.
Lyserg quitó su mirada del gigantesco reloj y posó su mirada en Irone. La chica parecía un ángel. Su cabello blanco resplandecía con el color de la recién llegada luna y ese resplandor se transportaba a su blanca piel. Sus ojos rojos figuraban dos estrellas más del firmamento y la hermosa sonrisa en sus labios lo dejaba sin aliento. Había pasado una semana desde que se dio cuenta de sus verdaderos sentimientos hacia Irone y lo único que no paraba de preguntarse era que haría ahora con eso. ¿Le diría qué la amaba? ¿Se lo guardaría? Irone dejó de ver el Big Ben y volteó a ver a Lyserg, topándose con los ojos verdes del radiestesista sobre ella. Ambos se quedaron viendo un largo rato, sin que absolutamente nada los distrajera. Y de repente, sin poder controlarse más, dejando a un lado su sentido común, Lyserg se acercó a Irone y unió sus labios con los de la chica. Irone, quien no se esperaba eso, tardó en responder al beso. Ninguno de los dos jamás podría explicar lo que en ese momento sintieron. Estuvieron unidos hasta que ningún de los dos pudo contener más la respiración y una vez separados, ambos cayeron en cuenta de lo que acababa de ocurrir, en especial Irone, la cual se puso en pie de inmediato y salió corriendo del lugar sin voltear atrás. El peliverde se recargó en la banca con la mirada en el cielo.
- Estúpido – se murmuró Lyserg así mismo.
- Eso es lo que provocan los inventos humanos – comentó Hao desde la mesa circular del comedor. Sus ojos miraban con decepción a Mati y Kanna, ambas con su atención perdida enfrente de la televisión – Comen tu cerebro.
Él, Opacho y Mari estaban sentados a la mesa del comedor, un cuarto conectado a la sala de estar. La sala poseía un gran sillón pegado a una de las paredes, donde Mati y Kanna se encontraban sentadas, una mesa de café, cuya cubierta era de vidrio, y una gran tele, comprada a petición de las chicas de la casa. En ese momento la atención de los tres fue llamada por el sonido de la puerta de la casa siendo cerrada. Los tres voltearon a ver a la puerta de la habitación en espera de ver entrar a Irone, sin embargo, lo único que vieron fue una silueta pasar rápidamente por el pasillo. Hao se acomodó en su asiento y regresó su mirada a las chicas frente el televisor.
- ¿No vas a ir? – inquirió Opacho.
- Si fuera algo grave, Irone habría venido directamente aquí – señaló Hao y con una mueca de disgusto añadió – Tengo que desaparecer esa cosa.
Entró a su cuarto y cerró la puerta tras de ella con seguro. Su cuarto era uno de los más grandes de la casa. Las paredes estaban pintadas de color lavanda, su cama era de gran tamaño con cobijas y almohadas de diferentes tonalidades de azul. Al fondo, un gran closet de madera dominaba la habitación. Se acercó a su cama y se dejó caer sobre ella. Su mente repetía una y otra vez la escena vivida hace unos minutos.
- Esto no debió pasar – murmuró Irone antes de sumergir su cara entre sus almohadas.
- Soy un estúpido – se decía una vez más Lyserg al entrar en su cuarto. Se alegraba de que sus amigos estuvieran cenando, pues así pudo evitar cualquier pregunta incómoda. De todos los cuartos de la casa, el suyo era el más desierto de todos. Cuando llegó para arreglar la casa, sacó todas sus cosas y sólo dejó la cama, el closet y un pequeño escritorio. Se sentó en el suelo, con su espalda recarga en la puerta. Morphin tomó asiento sobre su rodilla izquierda - ¿Qué hago, Morphin?
Un sonido lo sacó de sus preocupaciones. Lyserg miró en dirección al escritorio, se puso de pie y caminó a él. Sobre el escritorio sonaba el Oráculo Virtual. Lyserg lo tomó entre sus manos, oprimió una de los botones y un mensaje apareció en la pantalla.
- "A todos los participantes del Torneo entre Shamanes se les recuerda que mañana se cumple el plazo de una semana para el inició de la siguiente etapa del torneo. Aquellos shamanes que deseen continuar en el Torneo deberán presentarse en el barrio de Greenwich a las cinco en punto de la mañana. Todo shaman que no esté presente será descalificado" – leyó Lyserg. Miró un pequeño reloj colocado sobre la mesa. A penas eran las ocho de la noche.
Mientras Opacho, Mati y Kanna disfrutaban de ver a los shamanes que iban llegando al lugar de la cita, ella no podía hacer otra cosa que pensar en su situación.
- Tenía planeado esperar hasta que quisieras contarme, pero la verdad me muero de aburrimiento en este momento, así que habla – dijo Hao sentado a su lado en el suelo. Ambos estaban enfrente de una gran fogata hecha por Hao, a pesar de los múltiples letreros que prohibían a las mismas.
- Me besó… y yo lo besé – declaró Irone con nerviosismo.
- Eso es muy vago – señaló Hao.
- Lyserg me besó y yo lo besé – rectificó Irone. Hao abrió los ojos en sorpresa. Se esperaba que pasara algo así, mas no tan pronto.
- ¿Y? – preguntó Hao sin entender porque tanto problema con el tema.
- Y no debió suceder – indicó Irone.
- Déjame entender – comenzó Hao – Los dos se quieren y por eso el beso nunca debió pasar.
- Por favor, Hao, tú sabes a que me refiero – saltó Irone exaltada. Hao rodó los ojos.
- Y por eso no entiendo cual es el gran problema – habló Hao – Te acercaste a él y te hiciste su amiga consciente de eso. ¿Cuál es la diferencia ahora?
- Hay una gran diferencia entre ser amigos o algo más – puntualizó Irone – Yo no puedo ser "algo más" con Lyserg.
- Él no sabe nada y nunca lo sabrá – señaló Hao.
- Pero yo si – clarificó Irone – Y con que yo lo sepa es suficiente.
- Bueno, si tú lo dices – concluyó Hao – Ahora piensa en algo bueno para decirle.
- ¿Y tú qué crees que hacía antes de que me interrumpieras? – explotó Irone.
- Pues espero que se te haya ocurrido algo bueno – soltó Hao.
- Irone – la llamó una voz atrás de los dos. Irone volteó temerosa. Atrás de ellos estaban Yoh, Manta, Len, Horo-Horo, Chocolove, Riu y Lyserg, el cual miraba a Irone fijamente - ¿Podemos hablar? – Irone pensó en cualquier forma posible para escapar de dicha situación, sin embargo, huir no solucionaría el problema.
- Claro – aceptó Irone poniéndose de pie. Acto seguido, ambos muchachos se alejaron del grupo.
- ¿Sucedió algo? – preguntó Yoh.
- Nada importante – respondió Hao moviéndose de su lugar con la finalidad de tener a Lyserg e Irone al alcance de su vista.
- Quería disculparme – inició Lyserg con sus ojos fijos en los de Irone – No debí besarte, fue un atrevimiento de mi parte.
- No te preocupes, no fue gran cosa – minimizó Irone con una pequeña sonrisa.
- Para mí sí lo fue – expresó Lyserg. Pensó durante horas las palabras que estaba a punto de decir y realmente tenía la esperanza de que no fueran contraproducentes – Te amo, Irone – la chica abrió los ojos con sorpresa – Me tardé mucho tiempo en darme cuenta, sin embargo, estoy seguro de eso.
- Lyserg – dijo Irone.
- No me preguntes cómo pasó porque no tengo idea – continuó Lyserg – Lo único que sé es que a tu lado me siento la persona más feliz de este planeta; a tu lado se me olvida el dolor y el rencor – disminuyó la distancia entre los dos y colocó sus manos sobre sus hombros – Irone, me enseñaste que en esta vida existe algo más que el dolor, el odio, la venganza y, por irónico que parezca, eres lo único que me hace olvidar por completo a Hao – posó su mano derecha en la mejilla de Irone y la acarició – No espero que tú sientas lo mismo, me conformó con sólo ser tu amigo. Por eso quiero prometerte que nunca más volveré a besarte, aunque desee hacerlo con toda mi alma.
- Viendo las cosas de ese modo – habló Irone – sólo hay una forma de solucionar todo esto.
- ¿Cuál? – inquirió Lyserg temiendo lo peor.
- Hacer una pregunta – respondió Irone - ¿Quieres ser mi novio, Lyserg? – Lyserg sonrió ante la pregunta.
- Me encantaría – expresó Lyserg.
Y acto seguido, se besaron, sellando con eso el inicio de una relación de futuro incierto. Lo que si era un hecho es que la escena no sólo causó sorpresa y comentarios entre sus amigos, quienes habían visto todo lo ocurrido, también provocó celos en cierta muchacha de cabello blanco y ojos rojos, que llegaba al lugar acompañada de sus inseparables Soldados X, y suspicacia en otra chica de cabello morado y ojos parecidos a los de una serpiente.
Muy bien, aquí está otro capitulo más. Me disculpo por la tardanza y prometó actualizar más rápido. Quiero agradecer a Clauditaw Asakura Potter, a Patrick A'Sakura, a warrior-fire, a Seyram Asakura, a Sakura23165, a Q.C18 y a xdaniielaahx por sus comentarios, este capitulo espara ustedes.
Adiós ;)
