Resumen: John no reconoce al hombre en el espejo… Ese no podía ser él, simplemente no era él.
Serie: Sherlock BBC.
Pareja: John-Sherlock.
Clasificación: Humor-Romance-Amistad.
Advertencia: -
Capítulos: 14/15.
Palabras: 2.175 (Decimocuarto capítulo).
Notas: Fic escrito para el reto15 días 'Tentaciones' del foro I am SHER locked.
Fecha: 30/01/2014.
Beta Reader:
Disclaimer: Todo lo referente a Sherlock Holmes pertenece a Sir Arthur Conan Doyle.
Dos libras de más…
Arroz.
Las mañanas estaban comenzando a ser más frescas. John estaba teniendo más problemas al levantarse, por que justamente, no podía hacerlo. No era su herida en el hombro, ni otra vieja cicatriz molestando por el comienzo del invierno… o tal vez sí. O quizás era un conjunto de cosas, las sabanas cálidas, el colchón mullido junto a la almohada, que lo convencía mañana a mañana de quedarse siempre un poco más.
—No, aun no… Vamos, solo unos minutos más. —Tal vez, simplemente fueran esos brazos fuertes no lo dejaban mover hasta que él verdaderamente quería salir de la cama.
—Vamos, Sherlock, necesito llegar… Al menos una vez a la semana, a horario a la clínica. ¡Van a matarme!. —John sonrió al esfuerzo extra que el detective le imprimió a su abrazo. Había tenido mucho cuidado con no nombrar a Sarah en su frase, el cual era un nombre vedado en su casa desde hacía semanas, y sabiendo cómo era Sherlock, y su memoria, jamás dejaría de serlo mientras vivieran.
—Ni siquiera tienes que ir… trabajar allí es aburrido y lo sabes.
—¡Claro que lo sé, no hace falta que me lo recuerdes! Pero mientras no haya casos que pagen los servicios y la comida… Y no, no voy a ir a comer a Ángelo todas las noches. Bastante me cuesta aceptar una cena gratis a la semana, cuando bien podemos pagar por ella.
—Algunas veces, simplemente no te entiendo, John… —Sherlock suspiró, pero no había querido perder fuerza en su agarre, pero cuando se dio cuenta de su error ya era demasiado tarde. —¡No, John!
—Ah, lo siento… esta es nuestra pequeña batalla de todos los días, y esta vez la gane yo.
—¡Porque me descuide!.
—En la guerra y en el amor… —John sonrió, y aunque hubiera querido acercarse a besar los labios fruncidos de su caprichoso compañero, desistió de un movimiento tan arriesgado.
Se apresuro a meterse en la ducha, cerrando las puertas –las dos, si– detrás de sí.
—Oh, no seas así… siempre dices que es bueno tener a alguien que lave tu espalda.
John no pudo evitar reír ante esto, aunque los golpes de Sherlock en la puerta acabarían irritándolo, y su casera seguramente también. Aunque si la señora Hudson no se molesto luego del despliegue sonoro durante la noche, seguramente un par de golpes no la molestarían ahora.
—Lo es, lo que no lo es, es que tarde tres horas en hacer algo que normalmente hago en diez minutos…
—Oh, pero si te bañas en diez. Las otras dos horas y cincuenta minutos las sabemos aprovechar muy bien.
John volvió a reír, podía imaginarse la sonrisa gatuna de su compañero detrás de la puerta, con sus ojos brillando a juego con la mueca. Incluso estuvo tentado de abrir la puerta, pero no, no podía. Sarah iba a matarlo si volvía a dejar a sus pacientes esperando.
Se quito la ropa, sintiendo el frio del cuarto estremecer su cuerpo por entero. Abrió la llave y espero a un lado de la ducha hasta que agua se templara; no estuvo bajo el chorro por más de unos minutos, por más calor que agregara, parecía que el agua se enfriaba enseguida y al solo contacto de su piel.
Se apresuro a salir y meterse en la habitación de Sherlock. Tenía algo de ropa desparramada por ahí, y ciertamente no subiría hacia la suya envuelto en una toalla.
—Veo que no iras a trabajar hoy, John. —La voz del detective se dejo oír apenas llego a la cocina, con intenciones de preparar un café que lo acabara de despertar y lo calentara en igual medida.
—No me vas a convencer de que no vaya, Sherlock… ya hemos hablado de esto muchas veces antes.
—Sí, lo sé… pero creo que ni Mycroft irá a trabajar hoy. Aunque para él es irrelevante el lugar en donde este.
John frunció el entre cejo. ¿Qué tenía que ver Mycroft en todo eso? ¿Y por qué clase de cataclismo o conjunción planetaria, el mismísimo Gobierno Británico faltaría a trabajar? Sherlock se sonrió desde la ventana, tenía esa sonrisa de niño que sabe que está haciendo una travesura, y disfruta de ello.
No tardo ni dos segundos en estar al lado del detective; Sherlock le dejó el espacio suficiente que requería el cuerpo del doctor para estar completamente frente a la ventana. John reprimió el jadeo asombrado. ¿Cuándo había pasado eso? Aun no era tiempo de nevada. ¡Mucho menos una como esa!
—Creo que ni tu paciente más hipocondriaco saldrá de su casa hoy, John. Quiero café esta mañana.
Sherlock se traslado, aun desnudo como se había levantado de la cama, por la sala. Buscando su teléfono sobre la mesa del centro antes de arrojarse al sillón sin mucha elegancia.
—¡Ve a vestirte! —Gruñó John cuando se giró, como si lo hubiera visto por primera vez, en todo su 'esplendor'.
—¿Para qué? Las noticias dicen que las temperaturas son muy bajas, piden que nadie salga de su casa… nadie vendrá a la nuestra, John.
—Te recuerdo que la señora Hudson vive solo a un piso de nosotros, y no hay nieve en la escalera que le impida subir. ¡Y no llenaras la escalera de nieve, Sherlock! —Gritó apenas vio el brillo en los ojos claros de su compañero.
Y como si hubiese sido anunciada por las palabras del doctor, su casera se dejó aparecer por la puerta con un suave 'hola'.
John gruñó ante lo cliché de la situación, pero sus reflejos de soldado fueron mas rápidos que los de su casera, arrojándole al detective la manta de su sillón sobre el regazo. Sherlock se quejó, pero la dejó allí, mientras la amable señora los miraba con ojos cómplices y sonrisa dulce.
—Pensé que podrían necesitar algo, sé que nunca tienen muchos comestibles, y según las noticias esto va a durar unos buenos días. Necesitan comer bien con este frio, seguramente necesitaran las fuerzas.
John le sonrió, ya no hacía falta que negara el hecho de que ellos no eran una pareja, lo cual no significara que no le diera un poquito de vergüenza que su casera lo sacara a relucir. Siempre fue muy cuidadoso de su vida personal, aunque con Sherlock en ella, estaba seguro de que eso no iba a pasar. El detective rara vez sabía lo que era el pudor, solo esperaba que por él supiera medir un poco lo que era su desbocada lengua.
—No lo creo, no. Tenemos algo, no mucho, pero me las puedo arreglar con eso, de todas formas gracias señora Hudson. —John le agradeció, no tenía ningún deber en hacer semejante oferta, pero ella era así. Y el doctor estaba casi seguro de que los veía a ambos de forma muy maternal, de cierta forma. —Es una locura lo del clima, ¿no?
Sherlock gruñó ante la invitación cortes del rubio a entablar conversación con la mujer en su sala. Ahora estaba empezando a sentir el frio de la habitación, y quería que John prendiera la chimenea, y buscaran formas más placenteras de entrar en calor.
—Oh, sí un completa locura… He estado oyendo las noticias antes de levantarme, no solamente aquí está pasando. —La mujer se llevó una mano hacia la boca en preocupación. —Pero bueno, estoy segura de que tienen algo que hacer… no lo olvides John, si necesitan algo…
—Solo que se vaya, nosotros sabremos muy bien qué hacer con todo este tiempo obligados a permanecer adentro. —Sherlock sonrió. Su mano despidió a su casera de forma poco cortes, pero no era algo a lo que la mujer no estuviera acostumbrada.
—Solo recuerda que vivo abajo jovencito. —Fue su única respuesta, y John sintió que podía tragárselo la alfombra.
Sherlock le sonrió a él directamente, mientras se cubría mejor con la manta. Una mañana atípica en el 221B de Baker Street, o… ¿totalmente normal?.
John se puso a revisar las alacenas y el refrigerador luego del desayuno. Café para ambos, pues su té se había acabado sin que se diera cuenta de ello. Luego de tirar muchos productos caducados, se quedó con una tala de atún y una bolsa de arroz en cada mano.
—Yo que tu, quitaría esa lata de nuestro almuerzo, creo que la use en un experimente hace una semana. Aunque no estoy del todo seguro.
John se quedo mirando a Sherlock, y a la lata alternadamente. La lata estaba cerrada, pero eso de seguro no era un impedimento para que el detective hiciera algo con ella, y con las cosas como estaban, no quería morir en su piso sin obtener ninguna ayuda médica. La dejó caer en el cesto de basura, ante la duda era mejor prevenir.
—Bien eso nos deja solo con un paquete de arroz para sobrevivir a las bajas temperaturas. Eso y un tarro de café. —John miro la sala, llevaba tiempo con la chimenea encendida, pero apenas estaba caldeando el ambiente. —¿Alguna idea, sugerencia?… Sherlock, si aceptaras vestirte no estarías sintiendo frio. Tengo algo de ropa de abrigo si quieres…
El rubio se detuvo frente a la cocina, era estúpido, como si Sherlock fuera a querer llevar algo suyo; lo que menos le faltaba al detective eran comentarios despectivos acerca de su idea de moda y comodidad al vestir. Pero en lo que había vivido con él, jamás había visto nada como un pulóver o algo abrigado.
—¿Tienes alguna idea de qué hacer con el arroz? —Preguntó luego de unos segundos de pensar, asomando su cabeza por la puerta de la cocina, pero Sherlock ya no estaba en la sala. Acabó de salir completamente de la cocina, preguntándose a donde podía haber ido, y al segundo siguiente recordando que estaba completamente desnudo bajo la manta. —¿Sherlock? No pudo ir con la señora Hudson… —Se dijo a sí mismo, aunque comenzaba a dudar de sus propias palabras.
—¿Ya pensaste en qué hacer para que comamos?, a decir verdad muero de hambre… tal vez es el frio el causante de eso.
Sherlock reapareció detrás de John como por arte de magia, el rubio notó que su compañero llevaba una de sus pulóver de hilo, ese que Harry le había regalado hacia un año; así como uno de sus pantalones joggings negros. Se había vestido demasiado rápido, incluso teniendo que buscar entre su ropa…
—¿Qué haces vestido así?
—Dijiste que tenías ropa de abrigo para mí, y esta es la única que me quedó… y que me gustó. —El detective volvió a su asiento, cubriendo sus pies, aun desnudos, bajo uno de los almohadones del sillón. —¿Qué harás con el arroz?
—Arroz hervido… No hay nada con que acompañarlo. A menos que baje a pedirle a la señora Hudson un par de ingrediente, haría un guisado… será más calórico y más sabroso.
Sherlock asintió a las palabras del doctor, pero no hizo comentarios al respecto.
John permaneció mirándolo por unos minutos más. Creyendo que Sherlock en verdad estuvo esperando esto de alguna forma. No, no la nevada sorpresa, si no el ofrecimiento de su ropa… incluso podría llegar a creer que el detective ya sabía que prenda le quedaría mejor, y fue directo a ella sin tener que ponerse a buscar.
Cuando la hora del almuerzo llegó, y John ya había hecho uso y abuso de la amabilidad de su casera, aun cuando hubiera querido no hacerlo, ambos estuvieron sentados en el sofá, tapados con la misma manta frente a una aburrida televisión.
—No es uno de tus mejores platillos, a decir verdad… —Sherlock murmuró de forma poco grácil. —Pero ciertamente ayuda al frio.
—Tomare eso como un cumplido. —Silbó John, no de todo seguro de que lo fuera.
—¡Pero si fue un cumplido, John!.
John rio y siguió buscando entre los canales más información sobre esa atípica nevada. Pero las cosas no parecían alentadoras, al parecer el clima no iba a darles tregua por un par de días.
¡Y ellos sin víveres!
Sherlock suspiró, pero ese detalle al parecer, paso desapercibido para su compañero entretenido con una noticia vieja. ¡Ya sabía que nevaba, no había nada de interesante en ello!
Forzó sus pies bajo el muslo del rubio, tratando de pegarse a él al mismo tiempo, nada demasiado fácil, teniendo en cuenta lo largas que eran sus piernas.
—Vas a tirar la comida, si no dejas de jugar. —Lo amonesto John, suavemente.
—¡No estoy jugando! Y no quiero comer más…
John se giró hacia él con un suspiró cansado, tomando su cuenco, vacio hasta la mitad. Bueno, al menos había comido bastante. Lo dejó junto con el suyo en la mesa de centro y tomo los pies de Sherlock para masajearlos.
Las noticias pasaban si mucha variación, solo enumerando los lugares que habían amanecido igual que ellos, así que el detective no tardo en bufar su descontento.
—¿Pretendes hacer algo más que masajear mis pies, o estoy esperando en vano?
—¿Qué es lo que estas esperando que haga?
Sherlock sonrió divertido antes de tirar la manta sobre ellos, y llevarse a John consigo sobre el sofá.
—Lo dejare a tu entera imaginación, John Watson.
Continuará.
Notas finales: Bien, el ante último capitulo… ¡Bravo! Uno más y termino. ¡Estos fueron los quince días más largos de mi vida! XD… Ok, no fue bueno.
