Entrada 14: Final
¡Por fin puedo publicar esta entrada! He estado todo lo que llevamos de verano fuera, sin internet, y ha sido horrible...
Pero en fin, iré al grano. Esta va a ser la última entrada del blog. Me ha encantado compartir con vosotros estas 14 entradas a lo largo del curso (curso, bueno, esta última no entra dentro del curso, pero bueno. Mi intención había sido publicarla cuando terminamos selectividad, pero no pudo ser). Quizás el curso que viene empiece otro blog en el que cuente mi experiencia en la Universidad, donde voy a estudiar Ingeniería del software. O quizás añada más entradas a este blog... No sé.
En cuanto a mis compañeros, no creo que vaya a coincidir con ninguno en la facultad. Bueno, quizás con Alfred, que dice que quiere estudiar Ingeniería Aeroespacial, aunque conociéndole quizás abandone la carrera al ver que no es lo que se esperaba. Y probablemente con Antonio, aunque no sé qué ingeniería quería estudiar él. El resto van a las facultades de ciencia y letras la mayoría, y sólo unos pocos vamos a otras, aunque por supuesto, creo que nadie coincide en la misma carrera... excepto Francis y Arthur. Dios mío, son tan empalagosos que hasta han decidido estudiar lo mismo...
Muchas gracias a todos los que habéis apoyado este blog a lo largo de todos estos meses (algunos amigos míos o compañeros de clase, quienes descubrieron el blog...). Ha sido una gran experiencia que me gustaría poder repetir el curso que viene, aunque no puedo prometer nada...
¡Adiós!
Entrada publicada el 22-08-2015
SAKURA
Esto de la Selectividad es una de las cosas más agobiantes por las que he pasado. Me gustaría decir que exagero cuando digo que me he pasado varias noches sin dormir, a causa de los estudios, pero no puedo; es la mera verdad.
Y aquí estoy, a punto de entrar a mi último examen, que es de latín. En teoría es el más fácil, al menos para los de letras, porque aparte de la teoría, que creo que sólo son dos puntos de diez, no hay que estudiar nada de memoria. Hay que saberse, claro está, las conjugaciones y declinaciones, y algunas palabras para explicar su evolución del latín al español.
-¿Cómo estás?
Al escuchar a Heracles levanto la vista de mis apuntes de Historiografía y suelto un suspiro.
-Creo que bien.
-¿Crees?
-Sí. Ahora me lo sé, pero no puedo asegurar que cuando entre al aula y tenga el examen delante de mí me vaya a acordar de todo esto-indico mirando mis apuntes, un tocho de papeles que tengo entre mis manos.
-Ya verás como sí que te acuerdas-dice el griego encogiéndose de hombros-. Además, este examen es el más fácil. Comparado con Historia del Arte o Literatura Universal, esto es solo un paseo.
-En Literatura Universal iba con más confianza que en este-admito sonriendo levemente. La verdad es que esa asignatura era, y es, mi favorita, y aunque al principio tuve dificultades para entenderla y adaptarme a ella, ahora se me da bastante bien.
-Yo no tanto… Pero en fin, sea como sea ya verás cómo bordamos este examen.
Le sonrío, agradecida por las palabras de ánimo, aunque no estoy muy segura…
-¡Hola, chicos!
Elizabetha aparece de la nada con una amplia sonrisa. A pesar de que está entusiasta y feliz, su aspecto físico dice todo lo contrario. Bajo esas gafas de pasta oscuras se divisan unas marcadas ojeras, más aún que las mías, y tiene una cara de sueño que ni ella se la aguanta.
-Hola, Eli.
-¿Cómo lo lleváis? ¿Estáis nerviosos?
-Bueeeno-le contesto con inseguridad, mordiéndome en labio.
-Sí, lo llevamos bien, ¿y tú?-le responde Heracles, quien incluso en estos momentos está tan tranquilo como siempre.
-Yo… lo llevo-admite riéndose de los nervios, echando una ojeada a la libreta que lleva en sus manos, abierta por una página en la que se pueden ver todas las conjugaciones de los verbos irregulares-. No, en serio, creo que lo llevo bien y no voy a tener dificultades con este examen. Peor fue el de Historia Universal, en el que casi tuve que dejar una pregunta entera en blanco, y aún así salí del paso, así que yo creo que latín me va a ir bien.
-Esperemos…
Antes de que podamos decir más, empiezan a llamarnos y entramos a la clase en la que los tres nos examinamos (por eso de que nuestros apellidos son cercanos y es por ello que hemos caído en la misma lista). Tras pasar lista otra vez, empiezan a repartirnos los exámenes, una vez hemos guardado los apuntes y sacado el diccionario (menos mal que dejan hacer esto…).
Miro las dos opciones del examen y me acabo decantando por la que tiene el texto más fácil para analizar y traducir. Después de todo, solamente el texto ya son 6 puntos. El resto no es complicado, y el resultado final creo que es bastante bueno. Cuando termino del todo, veo que aún hay mucha gente en el aula y unos pocos han salido. Busco con la mirada a mis amigos, y veo que Eli sigue haciendo todavía en el examen. Concentrada, con el ceño fruncido, busca cosas en el diccionario y rápidamente vuele al texto. Sin embargo, a Heracles no le veo. Ya habrá salido (o se ha sentado en algún asiento detrás de mi y prefiero no girarme a comprobarlo, vaya a ser que se crean que estoy copiando o algo y me quiten el examen).
Me levanto, tras haber recogido mis cosas, y me acerco a la mesa en la que hay una profesora. Le entrego el examen y salgo. Fuera hay gente que ya ha terminado el examen y lo está comentando. Sin embargo, entre ellos no está Heracles… qué raro.
Saco mi móvil para mandarle un mensaje pero me sorprendo al ver que él ya se ha adelantado, diciendo que está en la cafetería de la facultad, por lo que decido ir con él.
Lo encuentro sentado solo en una mesa, tomando una coca-cola y un bollo de chocolate. Me siento a su lado y le sonrío, dejando mi mochila en el suelo. Al verme, me devuelve la sonrisa y se echa un poco hacia atrás, para verme mejor.
-¿Cómo te ha salido?-es lo primero que me pregunta.
-En teoría bien… solo espero no haberla cagado mucho con la traducción.
-¿Qué opción has elegido?
-La B.
-Yo la A.
Maldición, no podemos comparar nuestras traducciones… pero bueno, no pasa nada. Así al menos me evito el posible mal rato al darme cuenta de que he hecho algo mal.
-Pero-dice, terminándose el bollo-, aunque no podamos comparar las traducciones, estoy más que seguro que lo has hecho genial-dice bastante seguro de sí mismo, con una sonrisa. Sonrisa que me hace sonrojarme y acordarme de lo que pasó en la graduación. La verdad, desde ese día apenas hemos podido vernos, aparte de en los descansos aquí en selectividad-. Por cierto-sigue, sacándome de mi ensoñación-. Tú y yo tenemos un trato pendiente, ¿recuerdas?
Me sonrojo al recordar claramente el momento en el que hicimos la promesa, justo antes de… eso.
-S-Sí. Pero, ¿ahora?
-¿No quieres? Así te despejas de todos los exámenes de estos días. Pero si no te apetece ahora podemos ir en otro momento.
-No-le corto-. Quiero ir ahora. ¿Y tú?
-Yo también-admite sonriendo, tomando la coca-cola que acabade terminar y levantándose para ir a tirarla a una papelera que hay cerca. Cuando vuelve se acerca a mi y me tiende una mano.
-¿Vamos?
-Sí.
Le tomo la mano y él me ayuda a levantarme. Toma sus cosas y, aún tomados de la mano, salimos de la cafetería en dirección a la salida de la facultad.
-Cerca del campus hay un cine-dice Heracles casual-. ¿Quieres que vayamos a ese? ¿O a uno más cerca de nuestro barrio?
-Me da igual-admito encogiéndome de hombros-. El que sea está bien…
Sí, el que sea está bien mientras estemos ambos juntos, pienso para mis adentros, sonriendo levemente.
TORIS
Acabo de terminar mi último examen de selectividad; de latín. Sin embargo, a mis amigos y a Natasha aún les queda uno más. Biología, si no recuerdo mal.
Salgo del aula en la que he hecho el examen en silencio, y me voy hacia el jardín de la facultad de ciencias, en la que todos hemos hecho los exámenes de selectividad. Veo a algunos de mi clase salir, como Sakura y Heracles (tomados de la mano), que ya se van. Suspiro, con ganas de irme también, pero voy a esperar a Natasha. Ella misma me ha dicho que me vaya si quiero, pero la verdad es que no tengo nada más que hacer, así que realmente no me importa esperar.
Saco de mi mochila el libro electrónico y me paso tiempo, mucho, leyendo. Estoy tan absorto en la lectura que no me doy cuenta de que alguien viene por detrás mía y me tapa los ojos con las manos.
-¿Na...Natasha?-pregunto bajando el aparato. Al menos no me ha pillado en un punto decisivo de la novela. Las manos siguen ahí, por lo que intento de nuevo.
-¿Feliks?
Esta vez las manos sí se van, y mi amigo se sienta a mi lado con una sonrisa de lado.
-Me parece muy fuerte que pienses en la bicho-palo antes que en mí.
Ruedo los ojos, apagando el libro electrónico.
-Es normal que piense en ella si es que la estoy esperando a ella.
Esta vez es Feliks el que hace una mueca, pero no dice nada.
-¿Y qué? ¿Cómo te ha ido latín?
-Bien... Creo-frunzo el ceño-. Con latín nunca se sabe. Depende de si al corrector le gusta tu traducción o no te pone una buena nota o no. ¿Y tú con biología?
-Súper genial-el polaco sonríe contento-. Me ha caído todo lo que me sabía, menos un ejercicio, que lo he dejado en blanco.
-¿En serio?-pregunto, realmente sorprendido.
-Claro. ¿A qué viene esa cara de indecisión?-Feliks frunce el ceño.
-Hombre, es que para haberte preparado selectividad en una semana o menos, me parece muy raro que hayas sabido responder bien a todo. A casi todo-digo, recordando que ha dicho que ha dejado un ejercicio sin hacer.
-Todo de lo que me he examinado me lo sabía ya, ¿sabes? Y quieras o no de muchas cosas me acuerdo-explica mi amigo, restándole importancia al asunto con una mano.
-Si tú lo dices...-digo dudoso. También yo me sabía todo de lo que me examinaba, pero algunas cosas las había olvidado...
-Ya verás que todo me sale super bien-afirma el polaco, aunque parece más bien que sea algo que él mismo quiere hacerse creer más que a mi-. Como sea, ¿qué decías que querías hacer?
-Te lo he dicho muchas veces, Feliks-reprocho con un suspiro de cansancio-. Parece que no me escuchas cuando hablo.
-Es que casi siempre que me hablas es para decirme que la bicho-palo se ve fabulosa y entonces como que desconecto-sonríe cínico.
-No hables así de ella. Al menos no en mi presencia.
Me molesta mucho que critique a Natasha, y lo sabe. ¿Por qué tiene que decir cosas así?
-Tsk, de verdad que te vuelves como que super aburrido cuando te pones así en ese plan a defenderla-se queja rodando los ojos.
Le miro duramente, pero decido no responderle. Se forma un pequeño silencio tenso que no se ve interrumpido hasta que alguien que sale de la facultad nos ve y viene hacia nosotros.
Sonrío al ver que se trata de Natasha, mi novia, quien viene sin ninguna expresión facial. Al menos hasta que se da cuenta de que estoy acompañado por Feliks. Eso hace que frunza el ceño y se cruce de brazos, aunque no se para.
-¿Toris?
La chica se queda parada a pocos metros de nosotros, acribillando con la mirada a Feliks, quien le mira con una mueca burlona.
-¿Ya has acabado?-le pregunto levantándome, dando un par de pasos hacia ella.
-No, aún sigue dentro-murmura Feliks, riéndose él solo.
Natasha le fulmina con la mirada y me toma de la muñeca, llevándome con fuerza lejos del banco en el que hasta ahora había estado sentado.
-Eso es, Toris, deja que ella maneje tu vida.
Oigo algunas más tonterías de Feliks que me hacen enfadar, pero decido ignorarle.
-¿Cómo te ha ido el examen?-pregunto intentando relajar el ambiente una vez hemos dejado a Feliks atrás.
-Muy bien-responde secamente y sin soltarme.
-¿A dónde vamos, exactamente?-pregunto cuando veo que vamos fuera del campus universitario.
-A casa. Al menos yo-responde la chica rodando los ojos.
-P-Pero los autobuses están por allí-respondo señalando el lado contrario hacia el que vamos.
-Yo pensaba volver en metro-responde Natasha, parándose y girándose hacia mi.
-Ah. Bueno, supongo que también podemos ir así. No me lo había planteado.
Natasha niega con la cabeza antes de tomarme de la mano, esta vez sin la brusquedad de antes, y seguir andando hacia el metro.
-¿Estás bien?-le pregunto al ver que no habla durante un rato.
-Estoy nerviosa. Solo... espero no haberla cagado en ninguna cosa de ningún examen.
-Seguro que lo has hecho todo perfecto. Siempre lo haces-admito sonrojándome. A pesar de que no es el primer cumplido que le hago, cada vez que le digo algo así siento algo de vergüenza.
-Espero que sí-suspira ella.
-Pero bueno-le digo, parando, haciendo que ella lo haga también y se gire a mirarme. La tomo de los hombros y le digo con mi mejor sonrisa-. Ya hemos terminado selectividad, ahora nos queda disfrutar de un merecido verano.
-hasta que no sepa mis notas no disfrutaré nada-dice la chica bajando la mirada. No se me ocurre otra cosa que besarla, así de improvisto, y sé que la he sorprendido cuando noto que se tarda un poco en corresponderme, pero cuando lo hace se deja llevar.
Nos separamos tras unos largos instantes, y le repito sonriendo aún.
-Disfruta, Nat, ya eres libre.
-Supongo que sí-sonríe ella, con alegría visible en sus ojos.
LUDWIG
Ayer terminamos Selectividad, y Feliciano, Sakura y yo hemos decidido celebrarlo yendo a dar un paseo por la ciudad.
-¿Supiste desarrollar bien los temas en Literatura Universal?
-Claro, no eran muy difíciles, además de que cayó un fragmento que habíamos analizado en clase. Eso sí que fue una suerte.
-Pues yo ese día falté-se lamenta Feliciano.
-¿Podéis dejar de hablar de Selectividad? Gracias-interrumpo a mis amigos, justo cuando Sakura iba a responderle al italiano-. Ya estamos libres, no tenemos por qué seguir rayándonos por algo que ya ha pasado.
-Tienes razón-Sakura me da la razón, bajando la cabeza como si la hubiese regañado.
-P-Pero Lud, déjame al menos comparar mis respuestas con las de Sak-me pide Feliciano agarrándome del brazo, haciendo berrinche-. Al menos sabré si lo he hecho bien o mal.
-¿Para qué? ¿Para que te des cuenta de que tus respuestas no coinciden con las de Sakura y te amargues gratuitamente pensando en qué hiciste mal?
Feliciano no contesta, sabiendo que lo que digo es verdad.
-Cambiando de tema, ¿sabéis que mi hermano ya tiene oficialmente novia?
Hablar de Gilbert no es algo que haga muy a menudo con la gente, pero para una vez que ocurre algo importante en su vida creo que es necesario que se lo cuente a mis amigos.
-Sí, Maddie me lo dijo el día de después de la graduación. Está muy contenta-dice Sakura con una sonrisa afable.
-¿De verdad? No me había enterado. Qué fuerte. ¿Así que al final tuvo huevos de declarársele?
-¡Feliciano!
-¿Qué?
-No hables así de Gilbert.
-Es la verdad-se encoge de hombros-. En la excursión se le veía rayado, y todos pensábamos que allí se iban a liar o algo.
-¿A que sí? A mi Maddie me dijo lo mismo, que estaba esperando a que Gilbert hiciera algo.
-Y luego ya vino su accidente y por lo que Lud me ha contado, Gilbert se pasaba mucho tiempo con ella en el hospital.
-De hecho…-decido unirme a la conversación, aclarando las cosas-. Gilbert tenía pensado declararse a ella durante la excursión, pero en el último momento se vio incapaz y no hizo nada-Sakura y Feliciano me escuchan, con bastante interés-. Cuando bajamos del bus ella se le acercó e intentó besarle, pero Gil fue un idiota y apartó la cara. Dice que se arrepiente mucho de haberlo hecho, que fue algo involuntario. El caso es que después de esto Madeleine fue atropellada y mi hermano se sentía muy culpable, y por eso le hizo tanta compañía en el hospital. El día de la graduación, mientras estábamos en casa antes de salir, me dijo que de esa noche la cosa no pasaba, y así fue. Él se confesó y… eso. Y esa es la historia de cómo Gilbert al fin consiguió una novia.
-¡Wow!-exclama Feliciano cuando termino el relato-. Así contado suena hasta de película.
-¿Tú crees?
-¡Claro! Además, ella le estaba dando clases particulares, ¿no?
-Sólo le estaba ayudando con matemáticas, que yo sepa no eran clases propiamente dichas.
-Como sea. Por cierto-Feliciano se gira a Sakura con una sonrisa maliciosa-. No nos has contado aún qué tal te fue en la graduación.
La chica se sonroja de manera casi instantánea, y se ríe nerviosa.
-Ya os lo conté por whatsapp.
-Ya, pero ahora que estamos en persona puedes contárnoslo de vivo a voz.
-Pero es que no… yo…
-Déjala en paz, Feliciano. Ya lo contó, no la mortifiques más-decido interrumpir a Feliciano, que como se empeñe puede sacar detalles morbosos que sinceramente no me interesan en absoluto.
-Está bieeen-Feliciano suspira derrotado, y Sakura me lo agradece en voz baja.
-Por cierto, chicos. Me tengo que ir. He quedado para ir a cenar y si pierdo el autobús voy a llegar tarde.
-De acuerdo-asiento con la cabeza, entendiendo el problema de mi amiga.
-¿Qué? ¡Pero si aún no hemos ido a por helados!-se queja Feliciano, agarrándose dramáticamente al brazo de la japonesa en una especie de abrazo para no dejarla ir.
-Lo siento, Feli, pero no puedo llegar tarde-se disculpa Sakura intentando soltarse del agarre del italiano. Decido ayudarla y tomo a Feliciano con fuerza de un brazo y lo aparto, consiguiendo que suelte a Sakura.
-Dime al menos con quien has quedado.
Sakura se sonroja y aparta la mirada.
-Con… gente de la clase.
-No mientas.
-No estoy mintiendo.
-¡Ah!-exclama Feliciano, acordándose de algo-. Es verdad, que Heracles estaba en nuestra clase.
Sakura se sonroja más aún, pero no lo niega.
-Bueno, me voy ya. ¡Adiós!
-Adiós.
-¡Suerte en tu cita!-grita Feliciano mientras vemos irse a la japonesa, que no se vuelve ni responde nada, sino que aprieta el paso, seguro que sonrojada más aún.
-No le digas eso-le regaño dándome la vuelta, caminando en dirección opuesta a la que Sakura ha tomado.
-¿Por qué no? Sí es más que seguro que va a una cita-dice Feliciano alcanzándome, andando junto a mi.
-Por supuesto que va a una cita, no te lo refuto, pero no se lo chilles en medio de la calle. Esas cosas le dan mucha vergüenza. A ella y a todo el mundo, en realidad.
-¿A ti te daría vergüenza que alguien te gritara eso si fueses a una cita conmigo?
La imagen mental de mi hermano gritándome eso aparece en mi mente, y de hecho es algo que Gilbert seguramente haría.
-Me sentiría muy avergonzado. Y mataría a Gilbert.
-¿Así que ya sabes quién te gritaría esa frase y todo?-pregunta Feliciano comenzando a reír.
-Claro que sería Gilbert quien gritase eso-protesto cruzándome de brazos.
-Anda, no te enfades-pide Feliciano, dejando de reír, llevando sus manos a mis brazos para bajármelos. Los bajo, he intento sonreírle para darle a saber que no estoy enfadado. De hecho, es algo que ni siquiera ha ocurrido.
-Ya. Además, Gilb-
Antes de que pueda terminar de decir el nombre de mi hermano Feliciano me besa en uno de esos besos absorbentes que te hacen olvidarte de todo, e inconscientemente llevo mis brazos alrededor de su cuerpo, envolviéndole en un abrazo.
ELIZABETHA
Hoy dan las notas de selectividad. Estoy más nerviosa que nunca, y llevo desde las once de la noche actualizando la página web de la universidad. Dicen que salen mañana, pero suelen filtrarse por la noche.
-Deja eso ya, Eli-me dice mi madre asomando la cabeza en mi habitación. La ignoro mientras sigo sentada en mi cama con el ordenador al lado, sin saber mi nota-. Ya lo verás mañana.
-¡Pero es que quiero verlo ya!-replico frustrada, dando un golpe en el colchón.
-Va a ser la misma nota la mires hoy o la mires mañana, cielo.
A pesar de los intentos de mi madre de razonar conmigo, yo sigo en mi empeño de enterarme hoy, esta misma noche, de mi nota.
De repente suena mi teléfono móvil que me hace pegar un bote, ya que estoy absorta en la página web, y alargo el brazo y lo tomo de mi mesilla de noche.
Es Vladimir. Ruedo los ojos y decido no contestarle. No es por ser cruel, pero como ahora se ponga en plan chistoso con sus bromitas y tal juro que le mando a la mierda. Ahora mismo los nervios me poseen y carcomen, y hasta que no sepa mi nota no podré respirar tranquila.
... Tras otros veinte minutos de intentos fallidos, la página carga y pego el chillido del año. Miro mis notas de las asignaturas y sonrío al ver que son todas muy buenas, y después de realizar los cálculos para saber qué nota tengo, me quedo super pillada al ver que en total tengo un 12'99.
Entro de sobra en mi carrera (Historia del arte), cuya nota de corte estaba en el 8'65.
Sin quererlo ni beberlo me doy cuenta de que he empezado a llorar de felicidad. Después de todo un año de sufrimiento, de apenas dormir y pasarme los días entre apuntes, he conseguido lograr mi objetivo: Entrar en la carrera que quería, y además con nota.
Decido contárselo a mis amigos en un difundido de whatsapp, y después llamo a Vladimir. Ahora me siento mal y todo de no haberle respondido. Al menos no me tiene mucho tiempo esperando en la línea, sino que me coge el teléfono en seguida.
-¿Eli? Te he llamado antes, ¿por qué no me lo has cogido?
Decido ignorarle y decirle antes mi noticia.
-¡HE APROBADO CON UN 12'98!
Creo que le he dejado un poco sordo, pero no me puedo contener. Ahora mismo estoy que reboso felicidad, y Vladimir debe saberlo muy bien.
-Si te calmas y me lo repites mejor, Eli-bufa Vlad al otro lado de la línea.
.selectividad-le digo calmada, con esfuerzos.
-¡Enhorabuena!-me corta mi novio gritando ahora él-. ¿Con que nota.
-12'98.
Durante unos momentos no dice nada.
-¿Vlad? ¿Sigues ahí?
-Sí, solo que aún estoy asimilando que mi novia ha sacado una notaza.
Sonrío, limpiándome una lágrima que se me escapa rebelde del ojos. Aún sigo llorando, aunque ya menos, de la emoción.
-No me lo creo...
-Pues créetelo-me corta, cómo no, Vlad, aunque no me importa-. Por cierto, ¿vas a reclamar en algo?
-Lo dudo, he sacado buenísima nota en todo...
-Ya, pero aún así, no estaría de más, ¿sabes?
-Sí, pero no sé... Prefiero dejar las cosas así.
-Como quieras.
-Bueno, solo te llamaba para eso-digo riendo un poco-. ¿Qué querías tú, por cierto?
-Era para decirte de ir mañana a cenar fuera, si quieres.
-¿Y con quién dejas a Aurel?
-Es gracioso, porque lo voy a dejar sin niñera-dice riéndose-. No sé, ya me buscaré la vida.
-Ni se te ocurra pedirle a Govert que lo cuide él, ¿eh?
-¿Y por qué no?
-No querrás dejar a tu hermano traumado de por vida, ¿o sí?
-Llevas razón, olvidaba que Govert no se lleva del todo bien con los niños...
-Puedo preguntarle a Emma a ver si ella quiere y puede...-murmuro, más para mi que para él.
-¿Emma?
-Es la novia de Govert, amiga mía.
-¿Govert tiene novia?
-Es... algo así. No sé, pídele a él que te lo cuente. Como sea, te cuelgo que voy a ver qué notas han sacado mis amigos, ¿vale? Adióooos.
Le cuelgo antes de que se enrolle con cualquier tema y no me deje pararle. Entro en whatsapp y pregunto a mis amigos qué han sacado, y por lo pronto todo va bien.
Sakura ha sacado un 12'3, que le da de sobra para su carrera, como yo. Maddie tiene un 10'9. Gil, aunque parezca increíble, consiguió aprobar matemáticas gracias en gran parte a Maddie y es por eso que ha podido ir a selectividad, aprobando con un 8'12. Aunque sea raro le pregunto a Roderich, mi ex, más por cotillear que por otra cosa, y su respuesta no es de extrañar: Un 13'2. No esperaba menos de un 13 viniendo de él. Emma tiene un 10 justo, superando por varias décimas a Govert.
Me deja muy rallada Feliks. Ha suspendido... ¿¡Quién demonios suspende selectividad!? Le meto una buena bronca por audios de whatsapp, que él responde escribiendo parrafazos en un intento de defenderse. Aprovecha y me dice la nota de Antonio y los amigos de este. También me cuenta que Natasha, la estirada esa que le cae tan mal, ha sacado un 13'8, y su novio, Toris, un 11'1.
Como sea, ahora lo único que quiero es descansar ya tranquila. Sé que voy a entrar en mi carrera y con buena nota, por lo que no dejo que nada me preocupe ya. Me tumbo en mi cama, después de haber apagado el ordenador y habérselo contado a mis padres bastante emocionada (aunque menos que al principio), y me quedo dormida escuchando música rara de la que le gusta a Vlad, que de alguna manera me recuerda a él y a cuando nos conocimos.
EMMA
Es gracioso que Eli me haya encasquetado al chico al que cuida, pero no me he negado. Después de todo, es mi mejor amigo, y no creo que me venga mal despejarme un poco de todo.
Por otra parte, es curioso, pero desde que me he enterado de las notas de selectividad estoy más nerviosa que antes. Más aún porque la nota que he sacado, un 10, no me da para entrar a la carrera que quería: Enfermería.
Bueno, eso de que no me da no es del todo cierto. No me da para entrar aquí, en mi ciudad. Pero he estado mirando en ciudades cercanas y sí que entro. Lo malo es tener que mudarme y empezar de cero en una ciudad que no conozco. Además, ya que he arreglado definitivamente mis problemas con Govert, no tengo ganas de tener que alejarme de él. O quizás, el podría venirse conmigo... No, no puedo pedirle eso, es demasiado. Ya encontraremos otra solución.
En fin, ya veré que haré. He llegado a casa de Eli y le pito a su porterillo. No tarda más de un par de minutos en bajar, y de mientras me carcomo la cabeza pensando en como será el crío al que tengo que cuidar. La verdad es que los niños me gustan. Sin embargo, como éste sea travieso o problemático lo voy a pasar no muy bien.
-¡Em!
Eli se echa encima de mí en un abrazo que correspondo algo incómoda a causa del calor.
-Eli, estamos a casi 37 grados, quítate de encima de mí, por favor.
-Lo siento-se disculpa con una sonrisa mi amiga, soltándome. La verdad es que viene arreglada, más coqueta que normalmente, y sonrío.
-Veo que te has arreglado mucho para Vlad.
Ella se ríe y niega con la cabeza.
-No es que me haya arreglado especialmente para él, sino que a mí me apetecía llevar esto.
-Como digas-sonrío de lado, evaluándola con la mirada-. ¿Y… dónde vais?
-Ni idea, él dijo que era una sorpresa. Sólo espero que no sea algo bizarro. Sería muy típico de Vlad.
-Al menos el tuyo te invita por ahí en cosas románticas.
-Bueno, mujer, solo acabas de empezar a salir con Govert. Dale tiempo al tiempo.
Me encojo de hombros, sin saber muy bien qué decirle. Por una parte lleva razón, pero por otra… estaría bien que Govert hiciera algo. Hasta ahora todas las citas que hemos tenido han sido por que yo las he organizado. Aunque, bueno… en la graduación, después del acto, fuimos a un bar que él conocía en el que estuvimos bailando hasta que cerraron el bar, y el resto de la noche la pasamos dando vueltas de la mano por el paseo marítimo. Hablamos de nuestra situación actual, y dejamos claros una serie de puntos para que nuestra relación, retomada, salga adelante.
-Sí, quizás tengas razón-decido contestar al final-. Por cierto, el chico al que voy a cuidar… ¿Cómo es?
-¿Aurel? Es un encanto. A mi me gusta mucho. Es muy majo, y nunca me aburro con él.
-A ti todo el mundo te cae bien, Eli.
-No te creas, mujer. Hay personas que directamente no las trago.
-Ya, pero la mayoría de la gente suele llevarse bien contigo, y viceversa.
-Bueno. Mira, ya llegamos. Aquí es.
El edificio en el que vive el novio de Eli es bastante alto, quizás llegue a las 13 plantas. Me sorprende, pues según Eli me contó no era del tipo de vivir en un sitio así.
-¿Qué piso es?
-El séptimo-responde mi amiga mientras llama al porterillo y nos abren-. Tiene vistas al mar, por si te anima.
-Definitivamente, no es como me lo esperaba.
-¿Y cómo te lo esperabas?
-No sé, más… ¿cutre?
-¿Por qué tienes esa imagen de Vlad y su casa?
-Por lo que tú me has contado.
Hemos llegado ya delante de la puerta de la casa, y la verdad es que estoy levemente nerviosa. ¿Y si le caigo mal al niño y me da la noche?
-Vaya, mira qué tenemos aquí.
El novio de Eli nos abre la puerta con una sonrisa extraña. Mi amiga sonríe y le da un golpecito en el hombro, entrando, y yo la sigo por detrás, viendo como Vlad se hace a un lado y empieza a hablar con ella.
La casa por dentro es como cualquier otra. Me la imaginaba más… lúgubre y oscura, no sé.
-¿Y el niño?
Interrumpo a Eli y Vlad, que estaban a punto de liarse delante de mí, y se separan; ella sonrojada, y él con una mueca de fastidio.
-En su cuarto. Voy por él-dice, perdiéndose en el pasillo.
-Lo siento, pero no pensaba ser vuestra sujeta velas, ¿vale?-le susurro a Eli, quien me mira con una sonrisa y asiente, resignada.
-No te preocupes. Si no nos parabas tú nadie lo iba a hacer.
-¿Tan enamorados estáis que no os enteráis de lo que pasa a vuestro alrededor?
Eli se sonroja y suelta una risita nerviosa, y Vladimir la salva de contestar volviendo con un chico (aunque parece una niña) de la mano.
-Este es Aurel.
-Hola-saludo al niño con mi sonrisa más amable, que espero sirva para caerle genial-. Yo soy Emma.
-Eres la amiga de Eli-dice el niño, mirándome raro. ¿Es que en esta casa todos miran raro o qué?-Ven, vamos a mi cuarto-dice tomándome de la mano con total confianza y empezando a dirigirme a su cuarto.
-Pasarlo bien-dice Vlad con una amplia sonrisa tomando a mi mejor amiga del brazo y saliendo por la puerta.
-¡Adiós!-es lo último que escucho por parte de Eli antes de que la puerta se cierre.
En fin. Sólo espero que el niño no sea tan raro como su hermano, por que si no la llevo buena.
NATASHA
-¿Toris?
-Hola, Nat. ¿Qué pasa?
-Salgo ya para tu casa. Sólo eso.
-Vale, pita al porterillo cuando llegues y bajo yo.
-Ok. Adiós.
Le cuelgo a mi novio, bajando las escaleras. Cuando salgo a la calle el sol me deja literalmente ciega y me veo obligada a ponerme las gafas de sol. El camino hasta casa de Toris no es muy largo, por lo que en diez minutos ya estoy pitándole al porterillo, y mi novio baja en nada de tiempo.
-¡Hola!-me saluda abrazándome con fuerza. Le devuelvo el abrazo un poco incómoda, ya que no soy muy de muestras de afecto, y me separo de él-. ¿Cómo estás?
-Bien, si obviamos mis quemaduras en la espalda del otro día.
-Es que quién te manda a ti, con lo blanca que estás, no echarte crema-suspira Toris mientras vamos de camino a su piscina, que está abarrotada de niños pequeños. Ruedo los ojos, aunque mi novio no puede notarlo por las gafas, bufo.
-Odio que haya criajos aquí.
-No seas así-me pide el chico tomándome una mano, dirigiéndome hacia una zona libre, donde ponemos nuestras toallas y bolsas.
-Es la verdad.
Toris esta vez no dice nada, y se quita la camiseta de deporte, quedándose en bañador. Yo hago lo propio con mi vestido de playa, que en realidad puede pasar como un vestido de diario.
-¿Te echo crema en la espalda?-pregunta mi novio acercándose a mi, mientras doblo el vestido y lo guardo en mi bolsa.
-Sí, anda-le digo, pasándole el bote de crema que justo acabo de sacar del bolso.
Toris lo hace práctico y rápido, aunque cuando me da en las zonas que tengo más quemadas suelto algunos quejidos que intento que sean muy poco audibles.
-Ya está-sentencia el chico dándome el bote de vuelta, con una sonrisa-. ¿Me echas a mi?-pregunta buscando su crema en su bolso. Asiento y antes de que siga buscando le paro las manos y le echo de la mía. Total, será por cremas.
Cuando estamos los dos ya embadurnados de crema por todo el cuerpo, vamos a las duchas.
-Está fría el agua-indico frunciendo el ceño, mojándome lo menos posible. Por su parte, Toris se mete de lleno bajo la ducha y se moja entero.
-No seas exagerada, Nat-dice cerrando el grifo.
-No soy exagerada, es la verdad-respondo girándome un momento, a ver cuántos críos hay más o menos aquí.
De repente, siento unas manos frías que me toman por debajo de las rodillas y por la espalda, y en nada me veo siendo cargada por Toris al estilo princesa; y éste con una sonrisa maliciosa en sus labios.
-¿¡Qué haces, idiota!? ¡Ni se te ocurra!-grito intentando soltarme de su agarre, pero es en vano: Él es mucho más fuerte que yo, aunque no lo parezca.
-Si no te mojas ahora te vas a mojar esta noche, y no creo que quieras eso con el agua fría de la playa-dice Toris agarrándome con más fuerza, y acercándose hacia el bordillo de la piscina, listo para saltar.
-¡No, Toris, espera!
No termino de decir la última palabra cuando noto como caemos al agua.
Está… Vale, no está tan fría como había pensado al principio, pero aún así…
Me agarro con más fuerza al cuello de Toris, sintiendo como él nos impulsa con los pies desde el fondo de la piscina hacia la superficie.
-¿Estás bien? No ha sido para tanto-es lo primero que dice Toris cuando salimos afuera. Sigo agarrada a él, ya que no hago pie en la zona en la que estamos.
-Hace frío-miento, intentando llegar al suelo, aunque sea de puntillas. Así sí que llega, pero es incómodo.
-¿No haces pie?-pregunta él, divertido, lo que me hace fruncir el ceño.
-¿Te hace gracia?
-Es que te ves realmente linda.
Una vez más, ha conseguido que me sonroje con esas cosas que dice…
-¿L-Linda?
-Sí-dice sonriendo con ternura, haciéndome un cariño en la mejilla-. Anda, no te sueltes de mí-dice, cogiéndome otra vez al estilo princesa, y yendo hacia la zona en la que sí que hago pie.
El resto del tiempo que pasamos en la piscina es en el agua, sin movernos mucho de donde puedo hacer pie. La última media hora la pasamos tumbados en las toallas, secándonos.
-¿Has traído ropa para cambiarte?-pregunta Toris de repente, sin venir a nada.
-No. ¿Por qué?
-¿Vas a ir así a la playa? ¿Con ese vestido?
-Pues sí. ¿Algún inconveniente?
-Bueno, parece formal, y como vamos a estar en la arena y eso…
-Vamos a estar en la arena, sobre toallas, no directamente. Además de que este vestido lo uso para ir a la playa o a la piscina. No es tan formal como crees.
-Pues lo parece. Como sea, ¿quiénes vamos al final?
-Ni idea. Iván no, se va con Yao por ahí. Y Eduard y Raivis no sé. Quizás… Yo mientras no vaya tu amigo Feliks no me importa lo demás.
-Feliks… No sé con quien irá. Me ha preguntado si iba y le he dicho que sí, y él me ha contestado que seguramente nos veamos por allí.
Frunzo el ceño, pero no digo nada.
-Pero no te preocupes, la mayoría del tiempo vamos a estar tú y yo solos, si no se acopla nadie más. ¿Qué te parece?
-Perfecto-sonrío, sintiendo como su mirada se endulza y se acerca hacia mi, buscándome un beso. Beso que le correspondo sin dudar, pensando que, al final de todo, estar con Toris merece la pena, y no sé como pude pensar en su día que no era más que un idiota que no me merecía…
IVÁN
Esta noche va a ser mágica, por una simple razón: Es la Noche de San Juan. Pero, ahora que lo pienso, desde San Valentín, muchas noches han sido mágicas gracias a Yao, con quien conseguí formalizar una relación (o eso me dio a entender).
Creo que he quedado con él esta noche para ir a ver los fuegos artificiales a la playa. Aunque dijo que se traía a su hermano… Espero que Sakura no venga y lo arruine todo como aquel día…
-¿Yao?
He decidido llamarle para así aclarar mejor las cosas, vaya a ser que luego haya sorpresas de última hora…
-¿Sí? Dime, Iván.
-Esta noche hemos quedado.
-S-Sí, ¿por qué lo dices? ¿No vas a poder o qué?-pregunta con preocupación.
-Claro que puedo. Sólo llamo para asegurarme.
-¿De qué te quieres asegurar?
-De que no te has olvidado.
Durantes unos momentos Yao no dice nada, y empiezo a preocuparme yo.
-¿Sigues ahí?¿Yao?
-Sigo aquí. No, no me he olvidado de que esta noche hemos quedado.
-¿Vas a traerte a tu hermano? Bueno, mejor, ¿vas a traerte a alguno de tus hermanos?
-Me llevaré solamente a Im Song Yoo. Sakura ha quedado con sus amigos para ir por su cuenta a la playa.
-Ya veo…
Im Yong Soo me cae bien; al menos mejor que Sakura. Aunque…
-Si viene tu hermanito lo nuestro no va a ser una cita, ¿o sí?
Creo que he pillado a Yao desprevenido, ya que balbucea algunas cosas que no puedo lograr descifrar.
-B-Bueno, eso depende. Puede ser una cita pero con un niño… Le podemos mantener entretenido con algún juguete o algo y así estaremos tu y yo más… solos.
-Una cita con un niño… así visto parece que hablas de nuestro hijo-me río levemente.
Sin embargo, esto a Yao no parece hacerle gracia, sino que le pone más nervioso.
-¡¿Nuestro hijo?!
-Sí, ¿no te lo parece a ti también?
-Pues… no mucho-parece que Yao está incómodo por su tono de voz, así que dejo de insistir en el tema.
-Vale. Pues adiós. Nos vemos esta noche.
-Adiós, Iván.
Cuelgo, contento de haber hablado con Yao, y me dispongo a llamar a Natasha, quien está a punto de salir.
-¿Qué quieres?-oregunta mi hermana asomándose a la puerta de mi habitación, ya calzada y todo.
-¿A dónde vas?
-He quedado con Toris. Vamos a ir a darnos un chapuzón a su piscina y luego lo más seguro es que vayamos a la playa.
-Mmm.
Asiento, pensando que me podría unir a ellos, ya que hasta la noche no tengo nada mejor que hacer.
-Iré con vosotros, ¿sí?
-Pero es una cita-me corta mi hermana cruzándose de brazos.
-Ah. Entiendo. No lo sabía…
-¿No tienes plan para la tarde?
-No. He quedado con Yao pero tarde.
-Pues…-dice mi hermana, apoyándose en el marco de mi puerta-. Puedes llamar a Eduard, ¿no? Seguro que él no tiene planes.
-¡Buena idea!-me levanto como si tuviera un resorte de la silla en la que hasta ahora había estado sentado, tomando el móvil y mandándole un mensaje a mi amigo.
-¿Nos vamos juntos?-pregunto a Natasha, quien hace una mueca.
-Yo que tú me esperaría a que Eduard respondiera.
-¿Y eso por qué?
-Imagínate que no está en su casa o que tiene otros planes…
-Ah.
-Cuando te responda ya te vas-dice mi hermana separándose del marco de la puerta-. En fin, me voy. Ya nos veremos.
-Adiós.
Una hora más tarde es cuando recibo la respuesta de Eduard, y me alegro de haber seguido el consejo de Nat: No puede quedar porque tiene médico y va con retraso.
Suspiro y decido ir preparando las cosas para la noche. Se supone que Yao y yo (y su hermano pequeño) vamos a ir a cenar a un restaurante antes de los fuegos, y he pensado que sería buena idea invitarle yo, así que saco varios billetes de mi hucha y los guardo en mi cartera.
El resto de la tarde me la paso hablando con Yao por mensajes, y cuando llega la hora de salir hacia su casa lo hago con ganas. Me despido de Kat y voy casi corriendo hasta casa de Yao.
Es curioso, pues en la entrada me encuentro con dos chicas de la clase de letras: A Sakura, pues vive aquí y es lógico que esté en su casa, y a una chica que creo que se llama Elisabeth, muy amiga suya. Ambas me miran raro al verme ahí, y las saludo con la mano.
-¡Iván!-exclama Elisabeth sonriendo-. ¿Tú por aquí?-pregunta mientras termina de guardar una bolsa de plástico en la mochila que lleva colgada del hombro.
-Vengo a por Yao-explico, analizando a las dos jóvenes con la mirada. Por sus pintas, parece que van a la playa. De hecho, a Eli se le ve la parte de arriba del bikini atado tras el cuello. O eso o que vuelven de allí.
-Ah, cierto, que estabas saliendo con el hermano de Sak-parece acordarse mientras asiente con la cabeza-. Bueno, nosotras ya nos vamos, pasad una buena noche.
-Gracias-le agradezco, viendo como Elisabeth toma a Sakura del brazo y se la lleva casi a rastras de aquí. Tendrán prisa.
Llamo al timbre y espero a que Yao me abra. Sin embargo es su hermanito quien acude a mi encuentro y no él.
-¿Yao?-pregunto, entrando a la casa y cerrando la puerta detrás de mí. Im Yong Soo me toma de la mano y me guía hasta el salón, donde está Yao ordenando algunas cosas.
-¡Ya estás aquí!-exclama al verme, sorprendido.
-Sí, habíamos quedado a esta hora, ¿recuerdas?
-S-Sí, solo que esto de la limpieza me ha llevado más tiempo del que pensaba. En 20 minutos estaré listo y nos iremos.
-Vale. ¿Necesitas ayuda?
-No, no, de verdad, ya está casi todo listo. Solo… ayúdame a que mi hermano no desordene las cosas.
Eso hago, jugando de hecho con él con un juguete que trae en la mano, y es en menos tiempo del que Yao había estimado en que está listo.
-Por cierto, te ves muy bien-dice Yao cuando salimos por el portal de su casa.
-Gracias-le sonrío-. Pero tú te ves mejor.
Las mejillas de Yao se tíñen de rosado, y me devuelve la sonrisa. Aprovecho y le beso en los labios, tal y como me gusta hacer desde que estamos juntos, y sin darme cuenta le abrazo con fuerza, pegándolo hacia mí, y es Im Yong Soo quien nos separa, diciendo que no hagamos eso en público. Yao se disculpa y me toma de la mano, y comenzamos a caminar en dirección al restaurante. La verdad, ahora mismo soy más feliz que nunca.
GILBERT
Aunque no es la primera vez que entro en el cuarto de Maddie, aún me sorprendo por lo personal que es. Toda su vida, todos sus gustos, pueden saberse solo con mirar a las cuatro paredes.
Mientras espero a que se cambie de ropa (en el cuarto de baño, para alivio de sus padres y disgusto mio), me dedico un rato a mirar todas las fotos. Una de las más recientes es conmigo. Cada vez que la veo no puedo evitar sonreír.
Me dejo caer en la cama, dejando que todos los cojines (en serio, creo que tiene un problema con los cojines de colores) me absorban, hundiéndome en ellos.
Sigo escuchando a mi novia hacer ruido en el baño, supongo que probándose distintos modelitos o lo que quiera que hagan las chicas cuando se encierran por horas en el baño.
-Maddie, ponte lo primero que pilles, si vas a ir bien con lo que sea.-le grito, aunque creo que mi voz queda amortiguada por los cojines.
Desde la puerta del cuarto de baño aparece una cabellera rubia.
-No es tan fácil, van a estar todos. No es que pueda hacer como tú y ponerme lo primero que me cae del armario.-Maddie bufa antes de volver a meterse por completo en el baño.
A veces me pregunto si esta Madeleine es la misma que al principio del curso. La que prácticamente ni podía mirarme sin sonrojarse. Sonrío, volviendo a acomodarme en el colchón.
Después de lo que me parece una eternidad pero que, según el despertador de la mesita de noche no son más de cinco minutos, empieza a entrarme sueño.
Me acomodo mejor entre los cojines, estirándome en la cama y dispuesto a echarme una buena siesta mientras espero a mi novia.
Apoyo la cabeza en un cojín morado en inmenso, pasando la mano por debajo del mismo para poder amoldarlo mejor a mi cabeza.
Sin embargo mi mano choca con algo duro. Es rectangular y no tardo ni medio segundo en sacarlo de su escondite, curioso.
Tardo un poco más en reconocerlo, un diario.
Acabo de encontrar el diario de mi novia y la curiosidad es demasiado fuerte. Sabiendo que me voy a poder ganar una buena bronca, intento abrirlo. Hay un pequeño candado que me lo impide, aunque no creo que sea muy difícil encontrar la llave.
Error. La dichosa llave no aparece por ningún lado, así que acabo haciendo lo que toda persona en su sano juicio haría en mi situación. Busco una horquilla y trasteo el candadito hasta que cede.
El cuaderno está lleno de papeles sueltos con los que tengo que tener especial cuidado para que no se caigan y se desordenen, cosa que Maddie notaría al instante sin duda alguna.
Abro el diario por una página al azar, pero ni siquiera me da tiempo a leer nada antes de fijarme en que algunas de las palabras están emborronadas, como si algún líquido hubiera caído sobre ellas.
Me voy a la primera página para mirar la fecha. Es solo de este curso y, sin embargo, está casi completo.
Pero me intrigan más los borrones y las manchas que las palabras en sí.
Me dedico a pasar las páginas rápido hasta que me doy cuenta de algo en una de ellas. Para mi horror hay manchas de color marrón rojizo. Parece sangre.
Sigo mirando, cada vez buscando más señales de estas manchas, que aparecen más de lo que me gustaría.
En algún momento me doy cuenta de que sí, de que es sangre, y las otras manchas, las que emborronan la tinta, podría jurar que son lágrimas.
Sigo escuchando a Maddie en el baño, trajinando con no-sé-qué cosas, así que paso a la segunda parte de mi improvisada investigación.
Vuelvo a dejar el diario donde lo he encontrado al igual que la horquilla, intentando que no se note en ningún momento que lo he tocado.
´Me pongo a buscar por todos los joyeros que tiene repartidos por el cuarto. Para mi alivio solo encuentro collares, pendientes, pulseras y las típicas cosas que encontrarías en un joyero. Nada de cuchillas ni hojas cortantes.
Empiezo a relajarme. Si lo pienso, nunca he visto a Maddie estar deprimida. Es cierto que al principio del curso no era como ahora, pero en nueve meses se puede cambiar mucho.
Aunque estoy mucho más tranquilo, sigo rebuscando entre sus cosas como un autómata. Intentando convencerme de que lo que he pensado es una tontería. Además, esas manchas pueden ser cualquier cosa, no tengo por qué ser así de alarmista.
De repente, entre una serie de papeles recortados de libretas que tiene en uno de los muchos estuches guardados en un cajón de su escritorio, encuentro una servilleta muy doblada.
Sin prestarle atención a las notas, saco la servilleta. Está muy bien enrollada alrededor de... algo.
Poco a poco voy deshaciendo todos las dobleces hasta que la servilleta se abre por completo.
Ahí está. Lo que me estaba temiendo encontrar. Hay una hoja de una cuchilla de afeitar.
Se ve que está un poco oxidada, lo que me preocupa más. Aunque tampoco se ve que esté sucia, a lo mejor nunca la ha usado y solo la tiene ahí... no se me ocurre por qué iba a tener una de estas escondida en su cuarto.
Me quedo estático, mirando aún a la hoja mientras intento aclarar mis ideas, pero estas cada vez parecen ser mas caóticas.
"Tengo que comprobar una última cosa" me digo antes de guardarme la cuchilla en el bolsillo y dirigirme hasta el cuarto de baño.
Toco a la puerta, que se abre a los pocos segundos, dejándome ver a una Maddie más que sonriente y en proceso de maquillarse.
-¿Pasa algo?-me pregunta, haciéndome a un lado para que pase.
El cuarto de baño no es excesivamente grande, pero podemos entrar los dos sin problema, así que paso.
-¿Puedo mirar una cosa? Es solo un momento.-le sonrío, intentando parecer tranquilo.
Sin esperar a que me conteste cojo una de sus muñecas. Nunca me había fijado antes en que las pulseras que lleva le cubren la mayoría de la izquierda.
Las aparto todas y, como por un acto reflejo, Maddie intenta apartar también el brazo, pero lo aprieto de forma que no pueda deshacerse de mi agarre.
Aparto las pulseras, echándolas hacia arriba y dejando al descubierto la muñeca pálida que esconden.
-¿Qué has hecho?-le pregunto, al ver las numerosas cicatrices que la recorren. Hay tantas y están tan juntas que nunca habría sido capaz de contarlas.
No me contesta, así que levanto los ojos de las cicatrices y encuentro con que las lágrimas recorren su rostro.
Madeleine niega con la cabeza suavemente.
-¿Lo sigues haciendo?-le pregunto, de manera más dulce.
Ella vuelve a mover la cabeza de un lado a otro, negándolo.
Le limpio las lágrimas con la mano que me queda libre.
-Perdón.-susurra antes de que vuelvan a brotarle nuevas lágrimas.
-Todos cometemos errores, Maddie.-le sonrío-No hay que pedir perdón por cosas del pasado.
Vuelvo a limpiarle las lágrimas. A veces con la mano, otras a besos, hasta que deja de llorar, bastante más tranquila.
-Tienes la cara llena de manchurrones de maquillaje.-le digo, haciendo que sonría un poco.
-Voy a ver si arreglo este desastre.-Maddie se separa de mi y decido que, quizás, quiera estar un rato sola.
Salgo del cuarto de baño pero antes de entrar a su cuarto me giro.
-Maddie.-la llamo.
Ella saca la cabeza por el marco de la puerta.
-Te quiero.
Sonríe, algo sonrojada y vuelve a meterse para el baño, aunque la escucho contestarme que ella también.
FELIKS
Vuelvo a releer la carta del juzgado que he encontrado en mi mesa hace apenas unos minutos.
Es una citación del juzgado para declarar como testigo en un juicio de mi padre.
La verdad es que ni siquiera sabía que mi madre (si es que ha sido ella) le había denunciado, pero no se me quita la sonrisa de la cara. Mi padre va a acabar por fin donde se merece.
Es dentro de dos semanas, así que aún tengo tiempo de prepararme todo lo que vaya a decir. Miles de ideas y recuerdos empiezan a agolparse en mi cerebro, pero me obligo a dejar de pensar en ello y centrarme en el plan que tengo para hoy. San Juan.
En parte me muero por ganas de ir, osea, es San Juan. Por otra... me va a tocar enfrentar a todos los demás chicos del curso y decirles que he suspendido Selectividad no es lo que más ilusión me hace, la verdad.
Al menos si fuera Chiara... que ella ha repetido. Yo por lo menos sí que pasé de curso.
Pero no, su abuelo la tiene confinada dentro de su casa y dice que no la piensa dejar salir en todo el verano. Como la pobre no se amargara ya ella solita.
Podría ir a buscarla a su casa, tampoco pierdo nada... y no me veo capaz de tirarme la noche mirando cómo la bichopalo chasquea los dedos y aparece Toris para cumplir sus órdenes.
Decidido, me largo a por Chiara.
No tardo demasiado en llegar a la casa de los italianos. Y me sorprende no escuchar los típicos gritos que se dan los unos a los otros para abrir la puerta.
En lugar de eso se abre casi al instante. Y quien está justo frente a mi no es italiano para nada.
-Dios, que me matas del susto, Lud.-le digo, notando (aunque pasando por alto) la mueca que hace al llamarle así.-Pero no te quedes como pasmarote en la puerta ¿Está tu suegro? O Abusuegro o lo que sea.
El rubio se hace a un lado cuando paso.
-¿Mi suegro?
-Bueno sí, o como quiera que sea. No sé cómo se le dice al abuelo del novio.
Dios ¿así de rápido se sonroja el pobre chaval? Que bien se lo tiene que pasar Feliciano.
-¿Está o no?-le insisto-En lo que estás tardando en contestarme como que me habría recorrido la casa entera buscándole.
-Sí. Está en el salón.
-¿Ves? No ha sido tan difícil.
Me voy directo al ya mencionado salón donde, efectivamente, está el abuelo de Chiara. Tiene la misma cara de bonachón de siempre, aunque ya estoy advertido sobre eso.
-Buenas tardes-me apalanco en el sofá, a su lado.
-Hombre, Feliks. Llevaba ya un tiempo sin verte por aquí. ¿Vienes a molestar como siempre?
-Claro que vengo a molestar ¿qué gracia tendría venir, sino?- le sonrío y él hace lo mismo.
-No voy a dejar que Chiara vaya a ningún sitio. Aunque eso ya lo sabes.-me dice, aún sonriendo ampliamente.
-Como que me la vas a amargar.-me cruzo de brazos, aunque sé que no es mi mejor argumento.
-Ella sabe lo que pasa si suspende.
-Pero es San Juan. No puedes dejarla encerrada en San Juan.
-Claro que puedo.-la sonrisa del abuelo Vargas me está empezando a incomodar un poco.
-Podrías dejarla salir esta noche, nonno.-no sé de dónde, pero aparece Feliciano para apoyarme.
-Entonces el castigo no tendrá ningún sentido. La cosa está en que se de cuenta de que lo que ha hecho tiene consecuencias.-ahora le habla a Feli.
-Pues yo creo que no es para tanto. Solo ha sido una asignatura.-el menor de los Vargas se encoje de hombros.
-¿Por qué tanta insistencia en que vaya?
-Porque es San Juan.-decimos Feli y yo a la vez, como si eso lo justificara todo (que lo hace, aunque el abuelo no lo quiera entender).
-Osea, no puedes dejar a una adolescente sin San Juan. Te va a odiar toda su vida. Y cuando seas viejo te llevará una residencia donde no den bien de comer y los cuidadores solo os darán placebos y os pegarán para que os calléis. Además solo podrás pasar las tardes jugando al dominó y...
-Vale, Feliks. Lo he entendido.-el abuelo Vargas suspira.-Por esta noche la dejo salir. Pero como mañana no madrugue para estudiar que se olvide de sentir el sol en la cara hasta que no empiece el curso que viene.
Me levanto como un resorte del sillón para ir a buscar a mi amiga (y para perder de vista al abuelo de los hermanos, que me estaba empezando a incomodar bastante su presencia).
Abro la puerta de mi amiga, sin llamar y sin nada.
-Vístete que nos vamos a San Juan.-Chiara se gira, restregándose un ojo. Juraría que estaba durmiendo encima del libro.
-Estás loco. Nonno me mata si salgo de casa.-se queda unos segundos mirándome-¿Y qué haces aquí?-pregunta.
-He venido a rescatarte de las garras infernales de tu abuelo, viendo que Carriedo no se digna a hacer acto de presencia.-Veo cómo sus mejillas se colorean.-Porque no ha hecho acto de presencia ¿verdad?
-Me voy a cambiar. Así que adiós.-la castaña me empuja fuera del cuarto y me cierra la puerta en las narices. Así que me voy a buscar a Feli.
Está en una pequeña habitación, sentado en uno de los sillones con Lud.
-Feli, importante.-digo nada más le veo. Me siento entre ambos, apartando un poco al alemán con la mano. Lud me mira algo estupefacto, aunque tampoco dice gran cosa. Casi nunca dice gran cosa, ahora que lo pienso.
-¿Qué?-no sé si le veo algo molesto. Aunque es lo más probable teniendo en cuenta el corte que le acabo de dar a la pareja,
-¿Cómo que ha venido Antonio a ver a Chiara? ¿Y cómo es que yo no sé nada de eso?
-No, si Antonio no ha aparecido por aquí. Es más, creo que mi hermana no habla con él desde hace tiempo.-si estaba molesto, ya no lo está. Me encanta cómo un buen cotilleo puede unir a la gente.
-¿Qué dices? ¿En serio que no han hablado nada? Pues entonces va a ser verdad lo que me decía y todo. Yo pensaba que me mentía porque es así de tonta.-me encojo de hombros y Feli se ríe un poco.
-Pues yo tengo eso entendido.
-¿Y cómo lo sabes?-se mete en la conversación Ludwig. Si no hubiera sido por lo estrecho que estamos los tres en el sillón, hasta habría olvidado su presencia.
-Bueno, soy su hermano. Todos los hermanos tienen sus métodos para enterarse de las cosas.-Feliciano sonríe, enigmático y comienza a caerme mejor.
Me parece escuchar una puerta abrirse en el pasillo, así que dejo de hablar del tema y parece que la pareja ha pensado igual que yo. Cuando Chiara llega me mira de forma rara. Supongo que no es muy normal que esté entre su hermano y el novio de este.
-¿Qué esperabas? Como que no les iba a dejar acaramelarse conmigo delante.-me levanto y la agarro por el brazo, arrastrándola hasta la puerta antes de que nos encontremos con su abuelo y cambie de opinión.
En cuanto estamos en la calle nos relajamos los dos y, sin tener que hablar entre nosotros, ponemos los dos rumbo a la playa.
FELICIANO
Cojo la muñeca de Ludwig y giro su mano, mirando la hora en su lejos de pulsera.
-¿Qué haces?-me pregunta el rubio.
-Quedan menos de veinte minutos para las doce.-le contesto, aprovechando para enlazar mis dedos con los suyos.
-Lo sé, acabo de mirarlo.
Sonrío. Así que él también se está fijando en eso.
-¿Tienes ya pensado el deseo que vas a pedir?
-¿Desde cuándo hay que pedir un deseo a las doce? Yo nunca lo he hecho.
-¿Que nunca has pedido un deseo en San Juan? Pero si esta fiesta es solo para eso.-Le digo, simulando estar más escandalizado de lo que estoy en realidad.
-Nunca había venido a la playa en San Juan, en realidad.-admite mi novio, haciendo caso omiso de mi tono.
-Pues te lo explico rápido. A las doce queman aquella figura-señalo hacia una parte bastante alejada de la orilla. Apenas se ve la figura de madera a lo lejos-.Y, a la vez, empiezan a salir los fuegos.
-Todo eso ya lo sé, Feli.-me interrumpe Ludwig, pero supongo que sabe que le voy a ignorar.
-Cuando empiezan los fuegos tienes que ir a la orilla, mojarte y pedir un deseo.
-Ni siquiera me he traído un bañador.-Vuelve a quejarse.
-Con que te mojes los pies va bien. Aunque también puedes bañarte sin bañador. Yo te guardo el secreto.-le digo, guiñándole un ojo y notando, aún en la oscuridad, que se sonroja.
-No digas tonterías, Feliciano.-me pone la mano en la cara, apartándome a lo que yo me río.
-¿Tú sabes lo que vas a pedir?-me pregunta al cabo de un rato.
-Yo... bueno, no.-me río, un poco nervioso-Es que siempre que he venido he pedido el mismo deseo, pero ya lo he conseguido, así que ahora mismo estoy sin idea.
-¿Qué pedías?
-Intenta adivinarlo.-le reto, intentando adivinar a su vez, qué va a decir. Sabiendo cómo es, seguro que me salta con algo de los estudios.
-No lo sé ¿llegar a la universidad?-lo intenta. Al menos es algo.
-Claro que no, tonto.-me pongo de puntillas, quedando a la altura de sus ojos-te pedía a ti.-le susurro. Justo después le beso, a lo que él corresponde casi al instante.
Y durante el beso, me doy cuenta de todo lo que ha cambiado en un año. Es decir, el año pasado a esta misma hora estaba pensando en qué estaría haciendo Lud, y en cómo podría formular mi deseo para que este año sí que se hiciera realidad.
Aunque no es lo único que ha cambiado en un año. Sin lugar a dudas los que más hemos cambiado hemos sido nosotros. Y no en un año, sino solamente durante el curso. Creo que durante estos nueve meses he madurado más de lo que lo había hecho nunca, y gran parte de la culpa la ha tenido Lud.
Es decir, el que no se diera cuenta de... bueno, de nada, ha hecho que tenga que buscarme la vida y que tenga que hacer lo imposible para conseguir llamar su atención.
Todo esto me confunde al llegar de golpe a mi cabeza, haciendo que me separe de los labios de Ludwig. El rubio parece darse cuenta en ese mismo momento que nos hemos besado delante de todo el mundo, porque se sonroja de golpe y carraspea, separándose más.
-¿Es que nunca vas a acostumbrarte a esto?-le pregunto, divertido.
-No me parece que sea lo más correcto.-dice, completamente tieso.
Me río, pensando que eso, justo esta actitud, es la que casi provocó que nuestra larga amistad se fuera al traste. Aunque quizás yo también tuve algo que ver con mis sentimientos y mis "ya no me c conformo con ser solo su amigo", que tantas veces tuvo que escuchar y soportar Sakura.
Al pensar en mi amiga la busco con la mirada. Está también en la orilla, aunque bastante alejada de nosotros, hablando tranquilamente con Heracles.
Hago una mueca extraña al ver al griego que no pasa desapercibida para Lud.
-¿Qué te pasa?
-Nada ¿por qué lo dices?
-Acabas de hacer una mueca extraña.-me explica, como si no me hubiera dado cuenta de lo que he hecho.
-Lo sé, solo preguntaba para cerciorarme de que me estabas mirando.-le sonrío burlón, provocando otro sonrojo.
-Bueno ¿pero te pasa algo o no?-vuelve a insistir, algo incómodo.
-No. Bueno sí, es Heracles. Todavía no me convenzo de que sea lo mejor para Sak. Es decir, ella ha sufrido demasiado por él y él en cambio... no lo sé.-intento explicarle a mi novio, aunque creo que con poco éxito.
-No tienes que ser así con él, Feli. Ella le ha dado una oportunidad así que tienes que respetar su decisión. Además, Sakura es lo suficientemente lista para saber lo que le conviene y lo que no.
-Bueno, en temas de chicos no sé si se puede aplicar el mismo criterio, entre Alfred y Heracles la pobre no se ha lucido demasiado.
Ludwig niega con la cabeza.
-No a todo el mundo le tienen que gustar las misma personas, sino el mundo sería un caos.
-Lo sé-le interrumpo-Si llegara a pasar eso me tendría que pelear con todos por ti y no soy demasiado bueno peleando.-me río, mientras Lud vuelve a negar con la cabeza.
-Además-sigue él como si yo no le hubiera interrumpido-no creo que ninguno de los dos sea mal chico en realidad. Si Arthur se fijo en Alfred será por algo.-no le noto demasiado seguro diciendo esto último.
-A ver si me voy a tener que empezar a poner celoso de él.-le digo con tono de broma, aunque un poco serio.
-Claro que no, es un cretino.
Me río y vuelvo a ponerme de puntillas para quedar a su altura.
-¿En serio? Demuéstramelo-le susurro y Lud contesta al instante, como si se hubiera adelantado a mi petición.
Volvemos a besarnos, pero esta vez es él el que comienza el beso.
Y a menos de diez minutos para las doce sigo sin haber pensado ningún deseo. A lo mejor es porque este año no tengo nada que pedir.
HERACLES
-¿Dónde te has dejado a la novia?-me pregunta Sadik, con un cigarro en los labios. Está apagado, así que lo hace por simple postureo.
-Está por ahí, hablando con... alguien.
-No me puedo creer que, al final, consiguieras camelartela de esa manera.
-Se llama saber conquistar-le digo-que tú no sepas ni lo que es eso no quiere decir que no exista.-le sonrío, irónico.
-¿Ya se te ha subido a la cabeza? Tampoco es para tanto. Solo te has ligado a una chica.-se encoge de ás, seguro que es una mojigata.
-Sak es perfecta así.-le contesto cortante, empezando a molestarme por decir esas cosas de ella.
-Que bonito es el amor...los primeros meses, como mucho. ¿Cuánto lleváis, por cierto?
-En tres días hacemos dos meses.-digo, sin poder ocultar (aunque tampoco es que lo intente) el orgullo en la voz.
Sadik contiene una risa.
-Y seguro que no habéis pasado aún de los besitos y poco más.
Me quedo callado para no darle la razón aunque la lleva.
-Dios, que mal te veo.-El turco vuelve a reírse y las ganas de darle un puñetazo van en aumento.
-Hablas como si tú hubieras durado más de un mes con alguna chica ¿en cuánto está tu record? Porque creo recordar que fueron cinco días antes de que te dejara por otro al que conoció en una fiesta ¿no?
-Esa era una fresca. Además, en esos cinco días hice más que tú en los dos años que llevas detrás de Sakura.
Le doy la espalda al turco, esperando que eso consiga que pare de hablar de una vez.
-¿Me vas a dar la razón?-vuelve a preguntar, haciendo gala de lo pesado que siempre ha sido.
-Vete a la mierda, Sadik.-le respondo justo antes de alejarme.
Le escucho reírse a lo lejos pero paso de girarme y me voy a buscar a Sakura.
La encuentro con los pies en la orilla mirando hacia el mar y sola.
-¿Qué haces aquí sola?-le pregunto, dándole un beso en la mejilla que la hace reaccionar.
-Nada, solo estaba pensando.-me contesta, algo enigmática.
-¿Y en qué pensabas?
La asiática se gira y me mira sonriendo.
-En nada importante-se encoge de hombros-es que siempre me ha parecido que esta noche tiene algo de mágico.
-Se dice que es la noche más mágica del año.
-¿Y tú de qué hablabas con Sadik?-se interesa ella.
Dudo unos segundos en si contestarle lo que realmente me ha dicho el turco o si, por el contrario, debería inventarme algo. Tampoco sé si a ella le va a molestar el hecho de que vamos demasiado lento, o por lo menos desde ciertos puntos de vista.
-De nada realmente, solo me hablaba de sus problemas amorosos.-sonrío, sintiéndome un poco culpable por no haberle dicho la verdad, pero no me quiero arriesgar a fastidiar esta noche.
-Yo me lo encontré el otro día y me dijo de forma muy poco sutil que íbamos demasiado lento con lo nuestro-Sak se encoge de hombros.
Me quedo callado, mirando su reacción. No parece molesta para nada.
-Bien, a mi me ha dicho lo mismo en realidad.-acabo confesando mientras ella sonríe de forma... rara.
-Ya lo sé.-dice sin más, descolocándome por completo.
Nos quedamos los dos callados un rato y yo me dedico a dibujar con la yema de mis dedos en el dorso de su mano.
-¿Y qué piensas de lo que dice Sadik?-me pregunta de golpe.
Dejo la mano quieta pero no digo nada.
No es la primera vez que lo pienso, es más, nunca me hizo falta que Sadik me lo dijera para "abrirme los ojos". Sí, en comparación con el resto de adolescentes no es que vayamos especialmente rápido pero no quiero hacer sentir incómoda a Sakura con lo nuestro. Además, yo estoy lo suficientemente contento con nuestra relación como para no pedirle más... por el momento. Aunque eso no quiere decir que me quiera quedar así para nada.
-¿Sabes que Eli y Vlad lo hicieron incluso antes de empezar a salir?-sigue presionando la asiática. Si no la conociera diría que está disfrutando con esta conversación.
-Pero Eli y Vlad no somos nosotros.-acabo por decir, con el cerebro algo fundido. No sé si ella lo dice con doble intención o no y esto me está matando.
-Claro que no, ellos se conocen desde hace relativamente poco.
-De todas formas cada uno lleva su relación como se siente más cómodo con ella. Ellos a lo mejor son más...-dudo un poco-más lanzados que nosotros.-creo ver que Sak se contiene la risa, pero sigo-Pero eso no quiere decir nada. Ni que se quieren más o menos que nosotros, ni...-vuelvo a dudar.
-Heracles, para.-me dice ella, divertida.-Ya sé todo eso también, solo te lo decía como algo curioso de esa pareja.
-¿Entonces?
-No quería que me explicaras nada de nuestra relación. Yo-veo como empieza a sonrojarse, haciéndola ver más adorable que de costumbre-estoy bien así. Me gusta en todos los sentidos, sea lenta o rápida. Me siento cómoda contigo.
Sonrío ante sus palabras, volviendo a dibujar en el dorso de su mano.
-Entonces no me des estos sustos. Ni siquiera sabía qué me estabas intentando decir.
El leve sonrojo de antes se transforma en un rojo intenso sobre sus mejillas.
-Yo no quería decir nada.-Me dice, algo alterada. Su reacción hace que me ría, algo aliviado de dejar el tema, o por lo menos de haberlo aclarado.
-Eso nunca se sabe cuando hablas con tu novia, todo el mundo lo sabe.
Ella sonríe, sin contestar y yo me quedo mirándola durante unos segundos.
Aunque me ha costado bastante, he conseguido salir con la chica de la que estoy enamorado hasta las trancas. A veces creo que se me olvida que esto no es un sueño o algo por el estilo.
Sonrío, mirándola aún y ella se gira, supongo que notando mi mirada.
-¿Qué pasa?-me pregunta, curiosa.
-Nada, que te quiero.-Le contesto, viendo cómo sonríe y pensando que es perfecta.
-Yo también te quiero.
RODERICH
Miro alrededor, buscando a gente conocida por la playa y no precisamente para ponerme junto a ellos. Sigo sin entender por qué los de mi antigua clase siguen quedando para hacer cosas de este estilo, y no solo ellos, sino que también los de la otra clase.
Pinchada en mitad de la orilla y rodeada por gente borracha, está la figura de madera que piensan quemar en el mismo momento en el que el reloj marque las doce de la noche.
-Es bonita la estatua-Dice Vash, admirando la sirena gigante posada sobre una pequeña piedra.
-Es un gasto innecesario ¿para qué pagar por hacerla si luego la van a quemar sin más?-me giro a tiempo para ver al rubio negar con la cabeza.
-Podrías relajarte alguna vez respecto al dinero, ni que la hubieras tenido que pagar tú.
-Vash, nos hemos tenido que venir con bocatas para la cenar porque no querías ir a cenar fuera.
-Porque eso sí que lo estoy pagando yo-se encoge de hombros.-Además ¿tú no habías quedado con los de tu clase?
-Antigua clase, solo me faltaba que alguno acabara conmigo.
-Nadie va a meterse en el Grado superior de música, no tienes por lo que preocuparte.
Vash le quita importancia a lo que acabo de decir con un gesto de la mano.
-Lo que sea.
-¿Por qué esa insistencia con ir con ellos, de todas formas? Va Elizabetha, pensé que no te llevabas bien con ella.
-No, me cae mal, y yo a ella. Pero ahora no tiene nada de lo que fardar delante de mi.
Suspiro, pensando en la actitud de niño pequeño que, a veces, es capaz de demostrar Vash y que no va para nada con él.
A lo lejos, casi pegada a la orilla, me parece distinguir a Eli, que está hablando con Emma y dudo en acercarme o no. Todavía se me hace algo violento el hablar con ella y tampoco tenía mucha más relación con el resto de la gente.
-¿Roderich?-una mancha castaña (que no reconozco en un principio) acaba de acercarse corriendo hacia donde estamos-No sabía que también venías. Toma.-Una vez deja de hablar me fijo en que es Feliciano, que me está tendiendo un vaso. Lo cojo pero se lo doy rápidamente a Vash, que alza las cejas.
-Bueno, estoy dentro del grupo en el que se habló para hacer todo esto.
-Pero nunca vienes, ni siquiera estuviste en la graduación.-me dice el italiano, el tono crítico.
-Ya, tenía mejores sitios a los que ir.-le contesto, dirigiendo una rápida mirada a Vash, que no pasa desapercibida para Feliciano.
-Eli ha venido también. Y Vlad.-dice, mirando directamente a Vash, quien se encoge de hombros, sin saber de qué habla.-Su novio.-matiza, aunque sigue sin obtener ninguna reacción por parte del mio.
-Vale Feliciano, ya lo hemos entendido-corto al italiano, que ha vuelto a abrir la boca para decir algo más.
El castaño hace un mohin con los labios pero se aleja. Cuando no ha pasado ni un minuto vuelve, esta vez con Ludwig al lado.
-¿Y ahora qué pasa?-se empieza a desesperar Vash al verlos acercarse de nuevo.
Le pongo la mano en el hombro y le sonrío un poco, esperando que se tranquilice.
-Hola Roderich. Vash.-Ludwig nos saluda a ambos, sujetando la mano de Feliciano, que sigue mirándonos con recelo.
Ambos saludamos pero no hay mucho más que decir, así que se crea un silencio algo incómodo.
-El resto de la gente está por allí-Ludwig señala hacia la orilla, donde ya no veo a Eli-Así que si queréis venir...
-Claro, ahora vamos. Pero no hace falta que os quedéis aquí, sabremos llegar solitos.-Sé que no he sido demasiado suave, pero tampoco me importa demasiado. De todas formas no voy a tener que verlos más, no tengo que intentar quedar bien delante de ellos.
Ludwig arrastra a Feliciano después de asentir con la cabeza. El italiano parece que no se ha tomado del todo bien mis palabras y se dedica a hablar muy rápido con su pareja. Aún cuando se están alejando puedo verle gesticular de forma frenética.
-No deberías ser así de seco con ellos. Nunca sabes cuándo vas a necesitar ayuda de alguno de ellos.-me recrimina Vash, aunque tampoco parece importarle realmente.
-Sabes tan bien como yo que no voy a volver a verlos.-me encojo de hombros.-¿Tienes ganas de pasarte la noche con ellos?
Vash me mira y no necesito que me diga nada para saber que antes se tira al mar que pasar toda la noche de San Juan con mi antigua clase.
-Hay una playa más alejada en la que apenas hay nunca gente, por si te apetece más ir por allí-le sugiero.
-Creo que esa va a ser la mejor opción. Dejemos que Elizabetha y su novio-dice, con cierto desdén-se queden aquí.
Niego con la cabeza, divertido y empiezo a andar hacia el sitio que le he dicho. Está algo alejado, pero tampoco tenemos prisa por llegar.
-No entiendo por qué aún a estas alturas, le sigues teniendo esa manía a Eli.
-¿Cómo que no?
-Pues eso, que no lo entiendo. Lo que pasó fue hace ya bastante tiempo.-entrelazo mis dedos con los suyos, sintiendo que nuestras manos encajan a la perfección.
-Ella provocó que lo dejáramos. Bueno, ella y tú. No he visto una persona que le de más vueltas a las cosas que tú.
-Solo estaba... confundido. Pero al final resultó. Por eso ahora estamos juntos.
-¿En serio necesitaste salir con ella para volver conmigo?-me pregunta mi novio, mirándome crítico.
-No, pero me ayudó a darme cuenta de que era a ti a quien quería.
Vash frunce el ceño, sin decir nada.
Me paro y tiro de su mano hasta acercarle a mi para besarle en los labios. En un principio se tensa pero al poco se deja llevar, relajándose.
-¿Me crees ahora?-le pregunto una vez nos separamos.
-Yo no he dicho que no te creyera.-Me contradice, empezando a tirar de nuevo de mi para seguir andando por el paseo marítimo.
Sonrío, pensando que todos los problemas que tuvimos merecen la pena solo por momentos como este.
ANTONIO
Desde la distancia miro a Chiara, hablando (o peleando, no estoy seguro) con Feliks y Alfred. No sé en qué momento han empezado a hablar, pero parecen llevarse bien, lo que me sorprende basntante.
-Tío, deja ya de mirarla así, que pareces un maldito acosador.-me giro para mirar a Gilbert, que se acerca a mi con una copa de algo en cada mano.
Me tiende una de las bebidas, que pruebo sin tener ni idea de lo que es
-En serio, a este paso la vas a asustar.
-¿Y qué quieres que haga? Desde que terminó el curso apenas hemos hablado.-me lamento, mirando de nuevo hacia la italiana.
Gilbert me coge la cara, obligándome a dejar de mirar al raro grupo.
-Habla con ella. O baila con ella o algo, pero deja de mirarla, en serio. Me estás poniendo nervioso hasta a mi.
-No es tan fácil.
-Claro que es fácil, solo tienes que ir y saludarla. Sois compañeros de clase y esto lo hemos hecho para reunirnos todos.-intenta razonar el albino.
-No sé si debería fiarme de tus consejos. Rechazaste a tu novia y luego hiciste que le atropellaran.
-Joder, si lo dices así queda peor de lo que fue en verdad. Además, Maddie ya está perfectamente, eso es pasado.-hace un gesto con la mano, intentando quitarle importancia a un asunto que sí que la tiene.-Ya está todo perdonado.
-Ya, como tú digas.
Me pregunto cómo habría reaccionado Chiara si nos hubiera pasado lo mismo que a Gil y Maddie. Supongo que se habría dedicado a tirarme todas las máquinas y objetos punzantes que encontrara dentro de la habitación del hospital hasta que saliera corriendo. O hasta que acabara hospitalizado yo también. Sonrío ante la imagen mental. ¿Quién me mandaba a mi fijarme en la chica más complicada que conozco?
-Toño, tendrías que dejar de mirar a Chiara de esa forma. La vas a asustar.-no tengo ni idea de en qué momento ha llegado Francis, pero me giro a mirarle mientras escucho a Gilbert decirle que hace nada me ha dicho exactamente lo mismo.
-Hola Fran-veo que, acompañando a mi mejor amigo, viene Arthur.-Cejas.-le saludo con una inclinación de cabeza burlona.
Creo que el inglés me contesta algo, pero paso de prestarle atención.
-Bueno ya. Cambiemos de tema.-digo, antes de que Francis empiece con su típico discurso de "el amor llega cuando tiene que llegar". Discurso que, por cierto, él nunca ha aplicado en su vida.
-Me gusta este tema.-Francis sonríe, obviando mi mirada de odio-Es que no entiendo por qué todavía no has ido a por ella. Está claro que está coladita por ti.
-¿Dónde te has dejado todo ese rollo del tiempo y las oportunidades y el destino y...?-le pregunta Gilbert, tan sorprendido como yo.
-Bueno, hay momentos en los que eso no funciona. O sí, pero tienes que esperar demasiado-mira sin ningún tipo de disimulo al Cejas, que mira para otro lado como si el tema no fuera con él (que en realidad el tema no tiene nada que ver con él, pero como ahora es novio de mi mejor amigo me toca aguantarle más que de costumbre)-Además, que ya me estoy desesperando hasta yo.
Voy a contestarle a Fran que no todo es tan fácil cuando un susurro en forma de saludo hace que mire hacia donde está Gil. A su lado está Madeleine, a la que no he visto llegar.
-Hola Maddie.-la saludo alegremente.
Cada vez me estoy acostumbrando más a su tono de voz, que la mayoría del tiempo no sube de un tono casi de susurro.
Pero me encanta su reacción cada vez que le saludas. Es todo lo contrario a su hermano, casi parece agradecida de que la notemos cerca. Aunque también es verdad que desde que está con Gil se la ve mucho más feliz. E incluso habla más con nosotros y está mucho más suelta. La verdad es que me cae bastante bien y espero que Gil no sea tonto y la deje escapar.
-Tú que eres una chica lista-empiezo a preguntarle.
-Ve a por ella.-me responde la rubia antes de que pueda preguntarle siquiera.
Sonrío, pensando en que todo el mundo está de acuerdo en que es lo que tengo que hacer. Bueno no todos, porque al Cejas no le pienso preguntar lo que piensa.
-Bueno, si me lo dices tú tendré que hacerte caso.-le sonrío, a lo que ella corresponde rápidamente.
Por detrás escucho un bufido de Gilbert y le sonrío, guiñándole un ojo.
-Tienes que decírselo hoy. No sabes cuándo vas a volver a verla. Además, por lo que tengo entendido la tienen castigada en casa.-vuelve a hablar Francis
-Sí, a mi me ha dicho Eli que le ha dicho Feliks que la van a tener todo el verano sin salir.-vuelve a intervenir Maddie.
Abro mucho los ojos, pensando que no puedo, simplemente, ir ahora y decirle que estoy enamorado de ella y preguntar que si quiere salir conmigo.
Me río de forma un poco descontrolada, producto de los nervios, y niego con la cabeza.
-¿Estáis todos locos? No pienso ir ahora y declararme. Dios, me va a mandar a la mierda como se lo diga.
-No te va a mandar a ningún sitio, le gustas.-interviene, para mi sorpresa, Arthur.
-¿Y tú que sabes si le gusto o no le gusto?-intento sonar simpático, aunque entre mi antipatía hacia él y los nervios no estoy seguro de conseguirlo.
-Tú hazme caso. Estoy seguro de que le gustas.-insiste. De repente parece incómodo. No sé si fiarme de él.
-¿Por qué voy a fiarme de ti? A lo mejor solo lo dices para que vaya y haga el ridículo.-ante esta acusación Francis pone los ojos en blanco.
-Hay otras formas de que hagas el ridículo, con dejarte hablar ya va bien.-Arthur se cruza de brazos.
Frunzo el ceño, intentando evaluar lo que ha dicho el inglés. Normalmente no me fiaría de él, pero sé que Fran está intentando que tanto él como yo (con Gil fue bastante más sencillo de conseguir) nos llevemos bien. Además, me ha parecido que estaba incómodo, no creo que estuviera así si todo fuera una artimaña para gastarme una broma.
Y el Cejas no es el único que lo dice. Es más, creo que todo el mundo me ha dicho que le gusto a Chiara en algún momento. Menos ella.
Justo en el momento en el que me decido, como si fuera una señal, comienzan a disparar los fuegos y, a lo lejos, se ve cómo queman la figura de madera.
-Ahora vuelvo.-les digo a todos, antes de empezar a correr hacia la orilla, con la vista (de nuevo) clavada en Chiara.
CHIARA
Faltan solo unos minutos para mi momento preferido de la noche: los fuegos artificiales. Me han encantado desde pequeña y con los años cada vez me han ido gustando más. Así que es una tontería, pero estoy nerviosa porque el minutero del reloj llegue a las 12.
-¿Y cómo es tener de cuñado a Gilbert Beilschmidt?-sigue Feliks con el interrogatorio a Alfred.
-Pues... no sé, está bien. Tampoco es que lo vea demasiado. Generalmente ellos se quedan en el salón o salen.
-¿Y tú te quedas encerrado en tu cuarto? ¿Teniendo a Gilbert-hace (demasiado) énfasis en el nombre del albino-en el salón?
-Claro, no querrás que me quede del sujetavelas de mi hermana ¿no? Además, tengo la tele y la Play en mi cuarto. No necesito mucho más.-el americano sonríe, como si no necesitar salir del cuarto por tener ahí la Play fuera algo de lo que estar orgulloso.
-Y tampoco creo que sea soportable estar en la misma habitación más de un rato con él.-intervengo. Aunque en verdad tampoco es que el albino me caiga mal. No es el peor Beilschmidt que Alfred podría tener como cuñado.
-No es eso, es que ser el sujetavelas de tu hermano es tan-hace una mueca de disgusto.-Pero tú tienes que entenderme ¿no? Es decir, tu hermano mellizo también está saliendo con alguien y tú no.
-Claro, los tres que estamos aquí estamos más solos que la una.-Feliks sonríe.-Pero ella se diferencia de nosotros en que ella lo está por tonta y nosotros por falta de oportunidad.
Alfred se ríe mientras yo fulmino con la mirada a mi amigo, que me ignora por completo.
-Es que este curso se ha emparejado casi todo el mundo, si te fijas.
-Ojalá que más de la mitad corten al llegar a la universidad.-Feliks se queda callado un momento.-O mejor-sigue hablando, con una sonrisa que solo podría describirse como cruel. Y un tanto perturbadora.-Que no lleguen a la universidad. Bueno, a ti sí que te dejo que entres.
-Hombre, gracias por el detalle.-Se ríe Alfred. Creo que no sabe que Feliks lo está diciendo en serio. Pobre, que poco que está acostumbrado al polaco.
-Que siempre es bueno tener contactos dentro de esos muros.
Pongo los ojos en blanco aunque me río un poco.
Vuelvo a mirar el reloj. Todavía quedan cerca de diez minutos para que empiecen los fuegos.
Feliks y Alfred han vuelto a ponerse a hablar de algo que no entiendo y tampoco voy a hacer el esfuerzo por entender. La verdad es que me sorprende que hayamos acabado hablando los tres como si fuéramos antiguos amigos. Los tres solteros, como dice Feliks.
Aunque no son los únicos tres, también está Antonio. Le busco con la mirada, pero hay tanta gente que no puedo verle. Supongo que estará más metido en la zona en la que está casi toda la clase con las bebidas y eso. Ventajas de ser tan popular.
-¿Buscas al novio?-me pregunta Feliks, sobresaltándome. Solo con esa pregunta ya noto cómo se me encienden las mejillas.
Niego con la cabeza.
-Te negaría que es mi novio-me cuesta decir esta palabra, aunque el tono borde ayuda bastante-pero eso ya lo sabes. Y no, solo estoy mirando el ambiente mientras vosotros dos habláis de cosas sin sentido.
-No seas quejica. Tampoco hablamos de nada complicado, es la serie que tantas veces he intentando que te veas.
-Demasiados personajes, demasiados nombres y demasiadas palabrejas extrañas que no conozco.-le resumo el por qué de que no me vea la serie en cuestión.
Tampoco es que tenga especiales ganas de ponerme ahora a hablar con ellos. Estoy más entretenida mirando a la gente.
Desde la distancia puedo ver a Natalia con Toris y no sé por qué, pero fijo mis ojos en ellos. Parecen estar teniendo un buen rato. O por lo menos Natalia parece estar teniendo un buen rato. Toris... está siendo muy él.
-Perrito faldero se hace, no se hace. Osea ¿cómo puede seguir llevándole el bolso a la bicho-palo?-Feliks ha seguido mi mirada y ahora también está contemplando a la pareja.
-Pues yo creo que se les ve super contentos a los dos.-Alfred interviene también, mirando a la pareja.-Además, sois sus amigos, no podéis empezar a criticarle sin más porque ahora tenga novia.-el americano de encoje de hombros.
La verdad es que tenemos que formar una estampa bastante extraña ahora mismo. Los tres mirando fijamente a una pareja en concreto.
-Si no le estamos criticando. Solo comentamos que siempre ha sido algo pagafantas. Pero seguimos siendo amigos. Solo que ahora solo hablamos por Whatsapp y poco más.-se justifica Feliks, sin dejar de mirar a la pareja.
Soy yo la primera en desviar la mirada de los dos y vuelvo a mirar al reloj. Solo falta un minuto para los fuegos.
-Yo me voy para la orilla.-empiezo a irme, suponiendo que voy a ir sola, pero Alfred se pone a mi altura.
-A mi también me gusta perdir un deseo con los fuegos. ¿Qué vas a pedir?
-Si te lo digo no tiene gracia, idiota. Deja de cumplirse.-El agua está bastante fría, así que un escalofrío me recorre al tocarla con el pie. Mi idea inicial de bañarme por completo (me he traído hasta el bikini) me abandona rápidamente. Mejor solo me mojo las piernas, no creo que el resultado varíe demasiado.
-Pero no me dejéis allí solo ¿sabéis cómo de patético queda eso?-Feliks aparece entre la gente, bufando.
Alfred y yo nos reímos, los dos con los pies casi en el agua, dejando que las olas nos mojen un poco.
En ese momento empiezan los fuegos artificiales. Con el primer destello rojo, como si se tratara de un resorte, me meto hasta casi el muslo en el agua y pienso en el deseo que me lleva rondando la cabeza desde hace ya bastante tiempo.
"Salir con Antonio"
Aunque nunca nadie va a saber que esto es lo que he deseado. Jamás.
Como estoy con los ojos fijos en el cielo, no veo aparecer la sombra que viene corriendo directo a donde yo estoy hasta que no la tengo encima.
La cosa está en que paso de estar mirando hacia los fuegos a estar por completo debajo del agua helada, sin tener ni idea de lo que ha podido pasar.
Me levanto, con el pelo chorreando y bastante cabreada para encontrarme a Antonio saliendo también del agua. Si pensaba que mi cabreo iba a disminuir por el hecho de ser él, la lleva clara.
-¿Pero qué te pasa, idiota? ¿Es que estás loco?-le pregunto, gritando.
-Puede ser.-Me mira y yo me quedo mirando a sus ojos como una idiota. De repente noto que cada vez se van agrandando más, hasta que son lo único que puedo ver.
Vuelvo a no darme cuenta de lo que va a pasar hasta que ocurre. Es decir, no me doy cuenta de que viene a besarme hasta el mismo momento en el que noto sus labios contra los míos.
Y aunque siempre he pensado que no sería capaz de besar a nadie en público y que, fuera quien fuera, me apartaría, no pasa. Sino que le correspondo al beso.
Escucho el grito ahogado de Feliks desde la orilla pero lo ignoro por completo, centrándome en las manos de Antonio, que se dedican a recorrerme el pelo aún chorreando, mientras sigue besándome.
ALFRED
-¡Pero será zorra!-El grito de cierto polaco me hace despegar la vista de la recién formada pareja.
-Pensé que era tu amiga. ¿No deberías alegrarte por ella?
-Y es mi amiga.-le miro, esperando que siga hablando porque, en serio, no tengo ni idea de lo que quiere decir.-Es mi amiga y me alegro por ella.-hace un gesto demasiado amplio con la mano, haciendo que parte de la copa de derrame en la arena,
Me encojo de hombros, si él lo dice será que es verdad. Vuelvo a mirar a la orilla, donde Antonio y Chiara parece que hablan.
-La verdad es que no me lo esperaba. Ni siquiera sabía que se gustaban.
-¿Pero qué dices? Si lo sabía todo el mundo. Pero si hasta se pelearon a hostias en San Valentín con Emma y Govert.-me doy cuenta de que arrastra un poco las palabras. Y sus ojos parecen algo más achispados de lo normal. Supongo que irá algo borracho, no es de extrañar, por algo es San Juan.
-Pero no sabía que era por eso. Pensé que simplemente se llevaban mal.
-Pues si que eres lento. Como que creo que eres el único que no lo sabía. Era un secreto a voces.
-Ya.-le digo, sin tampoco saber bien qué contestarle.
Realmente no sé por qué he acabado juntándome con él aquí. Es decir, hemos hablado alguna que otra vez pero de ahí a pasar a estar en una fiesta juntos...
Bueno, sí que lo sé. Ahora toooodo el mundo tiene pareja (en serio, no sé qué le ha podido pasar este años a las hormonas de la gente, pero esto no es natural) menos él y, hasta hace unos minutos, Chiara y Antonio.
-¿Te has fijado en que este año todo el mundo se ha emparejado?-le pregunto a Feliks.
-Totalmente.-dice, apartándose el pelo de la cara de mala gana.-Y aquí sigo yo, más solo que la una. Esto no es justo.
-Bueno, no eres el único. Y lo peor es que yo empecé el curso con Arthur.-le digo, intentando reconfortarle.
-Ya, ahora está con el que decía odiar. ¿Eso no te molesta?
-No.
-¿Ni un poquito? Encima que Francis era tu amigo.-si no fuera porque confío en la gente pensaría que Feliks está disfrutando de meter el dedo en la herida.
-Nah. Lo estuve pensando y llegué a la conclusión de que prefiero que Arthur sea feliz.
-Uh, no. Aquí clichés los menos posibles, por favor. Que me dan alergia.-El polaco pone una cara rara y no puedo evitar reírme.
-Sí, quizás sea un poco cliché, pero es la verdad. Bueno, y que me tenía un tanto amargado, eso también tiene que ver en que me de igual.-sonrío. Es la primera vez que he dicho eso en voz alta, aunque no es, ni de lejos, la primera vez que lo pienso.
-Normal. Tiene pinta de ser un estirado.
Ambos buscamos a Arthur entre la gente. No es difícil porque hemos acabado apropiándonos de gran parte de la orilla. No demasiado lejos puedo ver a Arthur apartando a Francis, aunque creo que ambos se ríen.
-¿Ves? Un amargado total. No te pegaba nada salir con él.
-¿Y Francis sí?
-No, tampoco. Bueno, es que no le veo saliendo con nadie en verdad. Aunque puede ser que Francis consiga que se suelte un poco, quién sabe.
-¿Pero qué imagen mental tienes de Arthur? Que no es tan malo.-intento defenderle un poco, aunque tampoco voy a esmerarme demasiado. Creo que es de las primeras veces que me dan a mi la razón. Y aunque me la de el chico más raro que conozco, se aprecia el gesto.
-Eso no importa. Tú eres más amigo mio que él. Mi trabajo como amigo es apoyarte aunque sea en cosas como estas.-pone una mano en mi hombro. Ahora que me fijo, la copa ya está vacía del todo. -¿Estás borracho, Feliks?
-Claro que no, solo contento. Para ir borracho todavía me queda mucho.-separa su mano de mi hombro.-Por eso me voy a por otra copa ¿vienes?
Comienza a andar antes de que me de tiempo a contestarle nada, pero le sigo. Tampoco tengo nada mejor que hacer. Y, por lo menos estando borracho, me considera su amigo.
-Pues para estar "contento"-hago el signo de las comillas-no es que lo estés en exceso. Mas bien parece que estás en un amargamiento progresivo.
-¿Ves a ese de ahí?-Feliks señala descaradamente a Toris.-Pues antes era mi mejor amigo del mundo . Pero claro, luego se ligó a la Bichopalo. Por eso la odio.
-¿Odias a la novia de tu amigo solo por ser su novia?
-No. La odio por perra robamigos. Pero eso no viene al caso, solo necesitaba que supieras que la odio.-le da la espalda a Toris y Natasha, quienes, por cierto, están completamente a su bola.-Luego también odio a Emma, pero eso es más bien porque es puta.
¿Pero es que este niño solo sabe insultar a la gente? Por favor, que Emma no tiene la mejor de las reputaciones, pero ahora con su nuevo novio se la ve bastante cambiada.
Niego con la cabeza, sin entender a qué quiere llegar el polaco, que ahora se dedica a explicarme el por qué de que Emma sea puta.
-¿Pero se puede saber para qué quieres que sepa a cada persona que odias o no te cae bien de este mundo?-le interrumpo mientras sigue hablando de todos los ligues que ha tenido (vale, sí, quizás no es una santa la chavala. Pero tampoco hay que odiarla por algo como eso ¿no? Y menos siendo gay. Ni siquiera le afectan sus idas y venidas con los tíos.)
-Pues porque mi nuevo superamigo tiene que saber todas estas cosas. Sino a ver cómo me pongo a criticar a la ligera sin que sepas nada. Osea, Alfred, por favor, despierta.-el polaco hace un gesto de desesperación, poniendo los ojos en blanco.
Sonrío ante las palabras de Feliks. Así que su nuevo "superamigo". Bueno, Feliks es como poco, desesperante ¿Pero no es lo que llevan diciendo de mi toda mi vida? Además, las mejores amistades siempre surgen de improvisto.
-Bueno vale ¿a quién más me has dicho que odias?-le pregunto a Feliks, que me sonríe con malicia, antes de ponerse a despotricar contra prácticamente cada persona a su vista en la playa.
VLADIMIR
Si hay una sola persona en este mundo que no está ahora mismo en la playa, soy yo.
Para una noche que de verdad hay algo guay y yo no puedo dejar a Auriel con nadie (lógico si tenemos en cuenta que hoy hay algo guay y siempre le dejo con alguien de mi edad o similar).
Así que mientras que toda la gente se dedica a emborracharse en la playa como si no hubiera un mañana, yo me he tirado casi toda la noche jugando al Profesor Lairon con la Nintendo de mi hermano mientras este me metía prisa para que averiguara los malditos juegos y, ahora que se ha dormido, la noche se me ha quedado en decidir entre ver una peli de vaqueros o un documental sobre tiburones come-gente.
Mientras una de las bestias le arranca la pierna de un bocado a un surfista medio lerdo alguien toca a la puerta.
Me levanto con desgana, escuchando aún los gritos del chaval este que se ha quedado sin hacer surf el resto de su vida. Cuando abro aparece mi vecina de enfrente.
La verdad es que esta ancianita nos tiene a Auriel y a mi más que mimados. Cada vez que puede nos trae galletas que le sobra de las que les hace a sus nietos y pasteles y cosas de ese estilo.
-He visto que había luz en el salón.-me dice Rosalinda.
-Sí, hoy me he quedado yo con Auriel.-le contesto como si no me importara estar perdiéndome el acontecimiento del verano en el cual, por cierto, mi novia sí que está.
-¿No está la chica tan simpática que siempre le cuida?-la señora mira hacia el pasillo. A lo mejor se piensa que va a salir de detrás del sillón o algo así.
-No, hoy no ha podido venir.
-Que lástima, me cae bien esa chica.-Rosalinda deja de mirar para dentro de mi casa y vuelve a mirarme a mi-Así que más te vale tratarla bien, que como me entere de que le haces algo...-no continúa la frase, pero el tono da a entender que me va a pegar con el rodillo de la cocina como mínimo.
Sonrío. Hasta la vecina se ha dado cuenta de que Eli y yo estamos juntos. Aunque supongo que nos habrá visto más de una vez en el rellano. Así que es algo lógico.
-Bueno, que te iba a preguntar yo ¿No es hoy la fiesta esa en la playa?-El cambio repentino de tema (y el hecho de que una señora mayor sepa lo de San Juan) me dejan un poco trastocado.
-Sí, hoy es San Juan.
-Y tú estás aquí con tu hermano.
No estoy seguro de si es una pregunta o una afirmación, así que asiento con la cabeza, por si acaso.
-Y la chica esta no está aquí contigo.
Sigue con el mismo tono, así que vuelvo a contestar a base de movimientos de cabeza.
-¿Quieres que vigile yo a Auriel? Así tú te puedes ir con tus amiguitos a cenar a la playa.-estoy a punto de soltar una carcajada con eso de "ir a cenar". Que inocente pueden llegar a ser los ancianos.
Pero luego me doy cuenta de que me está dando la oportunidad de no tirarme amargado todo San Juan.
-No mujer, no hace falta. Tú estarás cansada y no quiero que tengas ahora que cargar con Auriel.-le digo, aunque realmente tengo ganas de dejarle a mi hermano.
-No seas tonto, crié a cinco hijos y once nietos, voy a poder cuidar durante un rato de un niño dormido.-Rosalinda me aparta un poco de la puerta y entra en mi salón, sentándose en el sofá y, por lo que parece, sin ninguna intención de moverse.
-¿Pero qué programas ves tú? Que esto no es bonito.-agarra el mando y pone lo que tiene toda la pinta de ser una telenovela de las malas (aunque con su nombre, tampoco era de extrañar).
-¿Rosalinda, está segura de que quiere quedarse aquí?
-Claro que sí, sino no habría venido ¿no crees?
Dios ¿cómo no me di cuenta de que esta señora es una santa en potencia?
-Vladimir ¿quieres hacer el favor de dejar de hacer el tonto e irte ya a la playa?-dice, despegando los ojos de la pantalla y clavándolos en mi.
Vale, quizás es una santa algo borde, pero entre las galletitas y el favor este se le pueden perdonar todas las borderías que le apetezcan.
-Pues muchas gracias-mi vecina le resta importancia al tema con un movimiento de la mano.
-Mientras no hagas ruido suficiente para despertarme cuando llegues está todo solucionado.-cojo las llaves y me voy para la puerta. Justo cuando me dispongo a despedirme de Rosalinda vuelve a hablar.
-Ah, y pienso dormir en tu cuarto. Estoy mayor para dormir en el sofá.
-Claro, como si estuvieras en tu casa.-digo desde la puerta.
Justo antes de cerrar vuelvo a agradecerle y ella refunfuña algo muy similar a que no sea pesado.
De camino intento llamar a Eli pero no tiene cobertura. Supongo que debido a toda la gete aglomerada en la playa, esperando a que comiencen los fuegos. Si corro creo que me da tiempo a llegar para verlos, o por lo menos puedo intentarlo.
La verdad es que no estaría nada mal poder ver los fuegos con Elizabetha, aunque eso implique tener que ir corriendo todo el camino.
Le mando un mensaje a mi novia, pero dudo que lo vea o incluso que le llegue y me pongo a correr.
Al final no llego a tiempo para los fuegos, pero los veo de camino a la playa.
Me cuesta ver a Eli entre toda la gente, al final casi acabo por chocar contra ella, que está hablando con una de sus amigas de la clase.
-Deberías mirar el móvil más a menudo ¿qué pensaría tu novio si pasas de él la noche de San Juan?
Ella se gira y me mira como si le costara procesar que estoy aquí.
-Y ahora ni le hablas. A tu novio. Qué dirá la gente.-niego con la cabeza, divertido.
-¿Pero qué haces tú aquí?
-Cualquiera diría que no querías que viniera.-me inclino para besarla.
-No, no es eso. Es solo que no te esperaba.-no dice nada más porque la estoy besando y ella está concentrada en corresponder al beso.
-¿Con quién has dejado a Auriel?-me pregunta nada más nos separamos.
-Con nadie. Le he dejado atado a una silla-Eli pone cara de enfado-. Tranquila, que le he dejado un cuenco con agua y uno con cereales a cada lado. Si se estira llega seguro.
-¿¡Pero que has hecho qué!?-me empuja con un movimiento tan bestia que solo puede ser propio de ella.
-Pero si solo va a ser una noche, mujer. Que ahora se duerme y no se entera de nada.-le intento decir igual de serio que lo anterior, pero se me escapa la risa.
-Dios. Eres insufrible.-Intento acercarme a ella, pero vuelve a apartarme. Aunque veo que está sonriendo.
-Quería haber llegado para los fuegos, pero no me ha dado tiempo.-le digo, sin que aún me deje acercarme a ella.
-Pues te aguantas.-me contesta mientras mira el móvil, indiferente.
-Vamoos, Eli no te enfades, que era solo una broma. Está con mi vecina, que se ha empeñado en quedarse con él por la noche.
Elizabetha sigue mirando la pantalla del móvil, pasando de mi deliberadamente.
-¿En serio, Elizabetha?
-Calla y mira.-el móvil de ella aparece en mi cara. Me cuesta enfocar algo los ojos, pero cuando lo hago veo que son los fuegos que he visto mientras venía corriendo.-No es lo mismo, pero algo es algo.
Ahora es ella la que me besa, con el vídeo de los fuegos quedando en segundo plano.
ARTHUR
No sé cuánto queda para que empiecen los fuegos y quemen la figura de madera, pero no me importa. De hecho, hace tiempo que nada me importa. Mientras me río ante lo que está diciendo Vladimir, el novio de Elizabetha, que me lo ha presentado hace poco, me dispongo a terminarme el líquido que queda en mi copa.
De repente, siento como alguien me toma por los hombros y me acerca hacia sí.
-¿No crees que ya has bebido suficiente, mon amour?
Francis aprieta el abrazo y apoya su cabeza en mi hombro, mirándome con una sonrisa leve.
-No seas empalagoso, Fran-me quejo intentando apartarle, pero él es más fuerte y consigue no moverse ni un par de centímetros.
-No soy empalagoso, sólo me preocupo por ti-dice tomando la copa de mi mano y quitánomela con un suave tirón.
-¡Eh!
Sin embargo, Francis sonríe y se bebe lo poco que quedaba en ella.
-Era mi copa-le reprocho, infantilmente-. Ahora consígueme otra.
-No, no bebas más-niega Francis, tirando por ahí la copa para abrazarme con fuerza de nuevo-. Vaya, veo que has hecho un amigo.
Miro a Vladimir, quien a pesar de haber bebido más que yo parece que no se le ha subido nada de alcohol. Nos mira raro, y al ver que sobra se va con Elizabetha.
-No lo digas como si yo fuera un niño pequeño-refunfuño poniéndole una mano en la cara a mi novio, intentando apartarle-. Mira, le has echado.
-Bueno, ahora estamos por fin los dos solos…-ronronea Francis, mordiéndome la oreja.
-Por cierto, ¿cuándo son los fuegos?-pregunto dejándome llevar, olvidándome de que estamos en una playa con muchísima más gente, pensando solo en Francis.
-¿Los fuegos? Han sido ya, mon amour. ¿No te acuerdas?
Vaya, si eso es cierto sí que me he pasado un poco con las copas…
-Mentiroso.
-¿Cómo que mentiroso?-pregunta Francis soltándome. Me pone una mano en el mentón y me gira la cabeza hacia el agua, donde hay un gran número de personas en la orilla y algunas se están bañando.
-Tienes razón…-murmuro en voz baja, mirando como si estuviera en un sueño. De repente, todo me parece muy irreal-. ¿Y cómo que no me he dado cuenta?
Francis se ríe, antes de pasarme los brazos por los hombros y acercarme hacia él para abrazarme.
-¿No te acuerdas? ¿De verdad? Joder, realmente estás borracho, Arthur.
Me río con él, aunque al escuchar eso último me da vergüenza y me escondo en su cuello.
-No me gusta estar borracho-digo con la voz ahogada por estar en esta posición.
-Lo sé-susurra Francis, pasándome una mano por la espalda, abrazándome.
Nos quedamos así un buen rato (o lo que yo creo que es un buen rato). Oigo de fondo los gritos de la gente, pero, al contrario de una situación en la que yo no estaría borracho, me da igual estar rodeado de gente mientras abrazo a mi pareja.
-¿Cómo te sientes?-pregunta Francis al cabo de un rato, aún sin separarnos.
-Bien, un poco mareado, pero bien.
-¿Cuánto has bebido?
-No sé, no he contado cuántas copas… Pero entre Vlad y yo nos hemos bebido esa botella de vodka-digo señalando a un lugar aleatorio, donde creo que está la botella.
-¿La botella de vodka que compró Gil? ¿Entera entre los dos? Mon dieu, mañana vas a tener tanta resaca que no vas a poderte levantar de la cama-dice Francis con preocupación, seprándose y mirándome.
Le sonrío también, escapándoseme una risita.
-Ahora te ríes, pero ya verás mañana…-suspira Francis. Me pasa una mano por la mejilla suavemente que acaba yendo a parar a mi nuca. Aprovecha y me empuja hacia él, uniendo sus labios con los míos.
Sonrío en el beso, sintiendo como el mundo desaparece y solo estamos Francis y yo. Poco a poco el francés va profundizando el beso, bajando sus brazos a mi cintura y abrazándome contra él.
Del resto de la noche recuerdo pocas cosas. Sé que Francis se puso pesado con que yo iba demasiado borracho e insistía en recogernos pronto, pero conseguí alargar hasta las tres, que fue cuando Francis decidió que ya era demasiado tarde y nos fuimos a su casa. Me dijo muchas veces durante el camino que al llegar a su casa no hiciera ruido, que sus padres dormían. Lo último que recuerdo de esa noche es tumbarme en la cama de Francis y quedarme dormido al instante. Cuando me desperté a la mañana siguiente sentí mucho, mucho calor. Y no era solo porque estuviésemos a finales de junio, sino también porque Francis se había quedado dormido abrazándome. Me estaba ahogando, y conseguí zafarme de su agarre aunque Francis había estado en lo cierto. Me dolía la cabeza de la resaca, y sólo conseguí quedarme ahí tumbado, junto a Francis. Aunque, obviando la resaca, no se estaba tan mal… Francis estaba conmigo y me había cuidado a pesar de todo. Sonreí levemente, enlazando mi mano con la de Francis, quien incluso dormido era igual de pesado con eso del contacto físico. Se las ingenió para volverme a abrazar y esta vez le dejé estar, sin resistirme.
MADELEINE
Sonrío al ver a Antonio ir a por Chiara. Al final nos ha hecho caso a todos y ha ido a por ella, aunque de una manera no muy romántica… Espero que Chiara no le mate por haberse tirado encima de ella al agua.
Escucho risas a mi lado y me giro para ver a Francis y Gilbert reír al ver la reacción de su amigo.
-Ya te dije que de esta noche no pasaba, mon amour-dice Francis a mi novio, sin apartar la vista de Antonio.
Me giro a ver de nuevo a ver la reacción de Chiara, y alzo las cejas al ver que Antonio la ha besado, y para suerte de éste, ella le está correspondiendo en vez de intentar ahogarlo por haberla tirado al agua. Esta escena me saca otra sonrisa, alegrándome sinceramente por ellos.
-¿Vamos a mojarnos?-me pregunta Gilbert, tomándome del brazo para girarme a él.
-No sé…-murmuro apartando la vista de sus ojos al agua, donde hay bastante gente-. Aunque la gente se está metiendo como loca, no creo que esté especialmente caliente.
-Está fría, pero vamos, es San Juan-dice Gilbert con una de esas sonrisas suyas que tanto me gustan-. Anda, ven conmigo.
-Bueno-acabo cediendo, sonriendo de lado-. Pero hasta las rodillas, que no me he traído nada para cambiarme.
-Está bien-asiente Gilbert, dándome la mano y tirando de mi hacia la orilla, abriéndose paso entre la gente. No tardamos en llegar a la orilla, donde hay niños chicos jugando.
-Venga-dice Gilbert, sin soltarme la mano, entrando al agua-. El frío es solo la primera impresión, luego ya te acostumbras.
Le sigo con pasos pequeños, sintiendo que el agua está más fría de lo que había pensado. De repente, Gil me suelta y se adentra un poco más en el agua, mojándose entero al tirarse de cabeza.
-¡Estás loco!-exclamo cuando sale del agua. Me sonríe maliciosamente, y tardo demasiado en darme cuenta de sus intenciones-. ¡No, no! ¡No me toques, Gilbert!
Sin embargo, el albino no me hace caso y se acerca a mí de manera sorprendentemente rápida, a pesar de estar en el agua, y me abraza con fuerza. Intento en vano quitármelo de encima, hasta que me resigno y le correspondo el abrazo, enterrando mi cara en su clavícula, sintiendo como mis ropas se empapan de agua, calándome.
-¿Sabes?-susurra Gil en mi oreja al cabo de unos segundos-. Esto no es más que otra excusa para abrazarte-me quedo sin palabras, sonrojándome, aunque sonriendo sin poderlo evitar-. Te quiero, Maddie…
-Yo a ti también-respondo de corazón, sin poderme creer que esto esté pasando… Sin poder creer que, a pesar de todo lo que ha pasado en este curso, he conseguido lo que tanto he ansiado: El amor de Gilbert.
Siento como Gilbert hace un poco más de fuerza en el abrazo, con cariño, antes de separarse un poco y mirarme a la cara. Está sonriendo, al igual que yo, y me pasa una mano por la mejilla, en una caricia.
-¿Has pedido un deseo?
-Aún no.
-Corre, hazlo-dice, girándose hacia el lugar desde el que están echando los fuegos artificales.
Cierro los ojos con fuerza, pensando en lo que más me importa ahora mismo, y que afortunadamente, ya tengo: Gilbert.
Sin embargo, desearía poder estar junto a él mucho, muchísimo tiempo.
"Pasar muchos años con Gilbert"
Una vez he formulado mi deseo en la cabeza, abro los ojos y lo primero que veo son los colorados ojos de Gilbert mirándome con ternura, lo que hace que me sonroje de golpe, sintiéndome observada.
-¿Q-Qué mirabas?
-A ti-responde sin más Gil, acercándose a mí y pasando una mano por mi cintura, acercándome a él-. Te ves adorable con esa cara que has hecho.
Sonrío levemente, sintiéndome halagada con eso, imaginándome la cara que he debido de poner, que yo no consideraría adorable, sino cómica, pero bueno…
-Ven, vamos a que te seques-dice Gil de repente tomándome de la mano para dirigirme hacia nuestro grupo, donde queda poca gente, ya que todos han ido a la orilla, o al menos la gran mayoría- Ten-Gil me pasa su toalla, que por suerte es grande y calentita, y me seco la ropa mojada-. ¿Quieres que nos vayamos ya a tu casa y te cambias?
-¿Irnos ya? N-No, estoy bien-pero mi estornudo después de decir "bien" no parece jugar a mi favor.
De hecho, tampoco parece convencer a Gil, que se acerca a Francis, quien está abrazado a Arthur y diciéndole algo que está haciendo al británico enrojecer, y se despide rápidamente, ganándose un abrazo del francés, quien no tarda en volver a abrazar a su novio.
-Ve a despedirte de tus amigas-dice Gil cuando vuelve, tomando una toalla cualquiera que hay por aquí y secándose. Asiento y me dirijo hacia Elizabetha la primera, aunque me da cosa… Está besándose con Vlad.
Siento que sobro y mejor debería simplemente irme sin avisar, pero cuando me doy la vuelta para irme noto que alguien me toma del brazo.
-No te vayas, chica. Es tu amiga, ¿no, Eli?
Vlad no parece especialmente molesto por haberle interrumpido en un momento especial con Eli, y esta tampoco. El chico me suelta del brazo y rodea con él la cintura de Eli, como estaba hasta que he llegado.
-Sí, es Maddie-dice mi amiga acercándose a mi, soltándose del agarre de Vlad y dándome un cálido abrazo que no tardo en responder-. ¿Qué pasa?
-Me voy ya.
-¿Ya?
-Sí, Gil insiste. Me ha mojado y ahora se siente culpable.
-Este Gil es un caso-sonríe Eli negándo con la cabeza-. Está bien, pasadlo bien-antes de soltarme me aprieta con fuerza durante unos segundos hasta que acaba por soltarme.
Le sonrío agradecida, y me voy, dispuesta a despedirme de Sakura y avisar a mi hermano de que me voy. Poco después estoy de vuelta con Gil, quien ya se ha puesto su camiseta y ha tomado mi toalla.
-¿Nos vamos?
Asiento y Gil me tiende su mano, que me apresuro a tomar. El albino me sonríe y me acerca hacia él de un suave tirón, pasándome la mano por la cintura y apretándome hacia él. Tímidamente paso mi mano por su cintura, y en esa postura nos vamos de la playa, de donde nos cuesta un montón salir, con tanta gente.
Mientras Gil habla sobre algo que le ha contado Francis (un cotilleo, que sinceramente no me interesa mucho) recuerdo lo que ha pasado antes en mi casa, cuando Gil ha encontrado el diario.
He de admitir que lo he pasado fatal al darme cuenta de que la persona que más me importa ha descubierto ese "lado oscuro" mío… Aunque cuando me ha consolado me he sentido la persona más afortunada del mundo. Afortunada de tener a alguien como él en mi vida, que no me juzga por los errores que cometí en el pasado. Por supuesto que no pienso volver a cortarme… Al menos no voluntariamente. Dejé de hacerlo hará unos cuatro meses, cuando las cosas empezaron a ir a mejor… Aunque las cicatrices tardan en desaparecer
-¿Están bien, Mad? ¿Me estás prestando atención?
La voz de Gil me saca de mis pensamientos. Me doy cuenta de que ya hemos dejado el paseo marítimo atrás, y que estamos ya en una calle resindecial, cercana a mi casa.
-Sí, sólo estaba pensando en una cosa…-admito avergonzada, sintiéndome un poco mal.
Sin embargo, mi novio no parece muy molesto, y en vez de decirme algo se agacha y me besa, al principio castamente y poco a poco yendo hacia algo más… pasional.
Cuando nos terminamos por separar, miro a Gilbert a los ojos. Hemos acabado abrazados, aunque no me he dado cuenta. El albino me pasa una mano por la mejilla con una de esas sonrisas suyas que no son arrogantes, sino todo lo contrario.
-Te quiero, Madeleine. Gracias por venir esta noche, aunque decías que no querías…
-La verdad, eso decía al principio, pero ahora no me arrepiento de nada. Me alegro de haber venido y haber podido pasar esta noche contigo-admito sonriendo tímidamente, sintiendo como mis mejillas se vuelven rosadas. Y es verdad lo que digo, no me arrepiento de haber hecho caso a Gil… Al final todo ha ido mejor de lo esperado, y todo porque Gilbert estaba aquí…
GOVERT
Sé que San Juan es una noche para pasarla en la playa con los amigos, pero Emma ha insistido en que no vayamos a la playa. Dice que es algo demasiado común, así que hemos ido al final a cenar unas tapas en un bar del barrio, donde no hay mucha gente.
A pesar de que todos los amigos de ella iban a ir a la playa, Emma ha querido pasar esta noche sólo conmigo, y la verdad es que me siento bastante agradecido, aunque me cueste demostrarlo.
-Gov, ¿me escuchas?
La voz de Emma me saca de mis pensamientos, e intento sonreír forzadamente.
-Sí.
Rueda los ojos.
-Mentira, estabas en tu mundo. Como sea, te estaba preguntando que al final qué ibas a hacer.
-¿Que voy a hacer de qué?
-Pues qué carrera tienes pensada estudiar.
-Ah, eso. Me he decantado por Medioambientales. Me da la nota para entrar, y no se me da mal.
Emma suspira, antes de tomar su jarra de cerveza y meterle un trago largo.
-¿Por qué lo preguntabas? ¿Sabes tú ya que vas a hacer al final?-pregunto, asombrado con la actitud de la chica. Parece desganada, y no parece gustarle mi decisión.
-Quiero entrar a enfermería, pero no me da la nota aquí en la ciudad, por lo que tendré que irme fuera.
-Vaya-es lo primero que logro decir-. Pero...
-No sé, de todas formas intentaré entrar aquí, si es que baja la nota en alguna de las adjudicaciones, pero no creo.
-Entonces... te vas.
-Si nada cambia, sí. Quiero cursar enfermería a toda costa, así que no tengo pensado quedarme en la ciudad, haciendo otra carrera.
-Ya veo...
Suspiro, entiendiendo ya la actitud de Emma. Así que eso era; por eso últimamente estaba actuando tan raro.
-Pero te irías cerca, ¿verdad?
-Supongo. Donde me dé la nota-responde encongiéndose de hombros.
-Podrías venir aquí los fines de semana.
-Es una posible solución, sí. Aunque no sé...-hace una mueca-. ¿Por qué demonios no me llega la nota? Argh.
-No te preocupes-intento tranquilizarla-. No eres la primera ni la última persona que se va a estudiar fuera de su ciudad.
-Me preocupo porque después de tantos años hemos conseguido volver a tener una relación, y por culpa de esto puede que se vaya a la mierda otra vez.
Alzo las cejas, completamente sorprendido por su respuesta. Así que lo que ocurre es que se está preocupando por nosotros...
-Emma escucha-empiezo, tomándola de la mano por encima de la mesa. Un acto de afecto muy, muy raro en mí. Ella me clava sus ojos en los míos con atención, aún preocupada-. Tienes razón. Nos ha costado mucho volver a estar juntos, y esta vez estoy dispuesto a todo. Principalmente no ser un gilipollas como la otra vez y perderte. Esta vez quiero que nos vaya bien, aunque haya distancia por delante. Sabes que algún fin de semana puedo cogerle prestado el coche a mis padres e ir a visitarte. O si no venirte tú en autobús... Como sea, estoy seguro de que ya encontraremos la manera de sacar nuestra relación adelante. Por ahora creo que deberíamos aprovechar el verano que hay por delante y dejar de lado las preocupaciones. ¿Qué... qué piensas tú?
En vez de recibir una respuesta verbal por parte de mi novia, siento como Emma se levanta de golpe y se echa encima mía, besándome con pasión. Tardo unos pocos segundos en responderle, pillado otra vez por sorpresa, pero cuando lo hago me aseguro de que Emma se olvide de todo, que se desquite de todas sus preocupaciones en el beso.
Cuando Emma se separa me paso una mano por los labios. Se ha sentado encima mía durante el beso, y se levanta con dificultad de encima mía.
-Oye-dice, arreglándose el vestido, con una amplia sonrisa-. ¿Qué tal si vamos a la playa? Creoque aún falta menos de una hora para los fuegos, pero...
-Vale-la cortó, levantándome de mi asiento-. ¿Nos vamos, pues?
-Sí-responde ella terminándose con un par de mordiscos su hamburguesa. Yo he terminado hace un rato, así que me adelanto a la barra y pido la cuenta, que no tardan en traérmela. Pago la comida de los dos (lo que ya es mucho decir; en ninguna otra circusntancia habría pagado la comida de alguien más) y salgo fuera, donde Emma me está esperando.
-¿Vamos?
Asiento. Emma me toma del brazo y comenzamos a andar en dirección a la playa, charlando sobre cosas triviales, aunque realmente me siento feliz. Creo que no me sentía así desde que era un chiquillo de 15 años, y esta vez no pienso dejar escapar a la persona que es la causa de mi felicidad...
FRANCIS
Al final he conseguido convencer a Arthur de que me acompañe a la universidad para poder reclamar las correcciones de Selectividad. Al contrario que la gran mayoría de la gente yo no estoy conforme con una de las notas y aunque no me afecte lo suficiente como para no dejarme entrar en Derecho, lo tengo como algo personal.
-Esto es una pérdida de tiempo. Y es una tontería, vas a entrar sí o sí.-empieza a quejarse Arthur nada más ver la cola.
-Eso sí que es apoyarme en las buenas y en las malas. Además, tampoco tenías nada mejor que hacer.
-Dormir, por ejemplo.
-¿Ves? Nada importante.-Le sonrío, lo que hace que me gane un golpe en el brazo.
-Todavía no me has dicho qué examen has suspendido.-cambia de tema Arthur.
-Yo no he suspendido nada, me han suspendido, que es muy distinto.
-Ya, la típica excusa. Seguro que el profesor ese, que no sabía ni de quién era el examen, te tenía manía.-sigue, con tono burlón.
-Por supuesto que me tenía manía. O eso o era un cabrón.-solamente queda una persona antes de que sea mi turno para hacer la reclamación y, por la mirada que ha puesto la que está detrás de la ventanilla, creo que me ha escuchado.
-O no estudiaste lo suficiente, que te veo muy capaz.
-Gracias por tu confianza.-le pongo la mano en la cara, tapándole la sonrisa de suficiencia que pone.
La chavala que estaba rellenando el formulario se va, así que Arthur y yo nos acercamos hasta la mesa. Un hombre me explica rápidamente lo que tengo que hacer, aunque no es complicado.
-Eso es para la doble corrección, idiot.
-Lo sé, sino no lo habría puesto.-le contesto a mi novio, sin levantar la vista del papel.
-Con eso te pueden bajar la nota.
-También lo sé.-sigo rellenando el papel.
-¿Se puede saber qué es lo que suspendiste para estar tan seguro de que tienes buena nota?-noto que se estira para intentar ver qué casilla marco en la asignatura que quiero que me vuelvan a corregir.
-¿Francés? ¿En serio?-Arthur intenta contenerse la risa mientras que termino de rellenar el papel y lo entrego.
-¿De verdad que has suspendido francés? Pero si tú eres francés.-sigue con lo mismo una vez hemos salido del edificio.
-Sé que soy francés, Arthur. Por eso quiero que me lo corrija otro profesor.-le digo, de mala gana.
Ya estoy yo lo suficientemente fastidiado como para que ahora venga él a reírse. Quizás no debería haberle pedido que me acompañara.
Me adelanto un poco para no ver cómo vuelve a reírse, o no escuchar si hace algún comentario sarcástico o algo por el estilo.
-Venga ya ¿te has enfadado?
No le contesto y, aunque me paro, no le miro. Pero no porque esté realmente enfadado, sino porque no quiero que vea la sonrisa que ahora mismo se me escapa. Porque, aunque quiera, no puedo estar enfadado por él. Y menos si pregunta con ese tono preocupado que dudo siquiera que él haya notado.
Arthur pone una mano en mi hombro, haciendo que me gire.
-Pero si te estás riendo.-él también sonríe.
-¿Y si sí que estoy enfadado?-intento volver a ponerme serio, aunque no consigo nada.
-Pues te vas tú solo de vuelta a tu casa.
-¿No me vas a pedir perdón?-descruzo los brazos.
-Claro que no, no he hecho nada como para pedirte perdón. Si no sabes hablar tu lengua materna no es culpa mía.
Pienso en todas las veces que sí que le he hablado en francés y, por el sonrojo que aparece de repente en sus mejillas, creo que él también.
-¿En serio no me vas a pedir perdón?-le cojo de la mano, sin importarme el estar rodeado de gente. Aunque a él sí que le importa.
Arthur niega con la cabeza, cada vez más rojo.
-¿Por qué? Eres mi novio, tienes que pedirme perdón.-le cojo también la otra mano.
Y sí, estoy disfrutando de esto. Es tan fácil hacerle sentir incómodo que no lo puedo evitar.
-No he hecho nada como para pedirlo. Y tú no estás enfadado.
-Pero yo quiero que me lo pidas. No es para tanto.-suelto una de sus manos y le acaricio la mejilla.
Arthur se queda callado, así que aprovecho para tirar de él y acercarle más a mi.
-S'il vous plaît?-casi le susurro al oído mientras ahora le paso la mano por el pelo.
Siempre me ha gustado que Arthur se deje llevar de esta manera, casi podría decir que se le olvida hasta de lo que hablamos. Lo que él no sabe es que provoca lo mismo en mi, solo con tenerle así de cerca noto que se me aceleran los latidos y dejo de pensar en otra cosa que no sea él. Lo que pasa es que yo sé disimularlo mejor que mi novio.
Tiro un poco más de su brazo hasta quedar pegados y junto mis labios con los suyos, pensando solo en rozarlos, pero cuando voy a separarme, los brazos de él me lo impiden mientras profundiza el beso.
-Vale, creo que esto también me sirve como muestra de arrepentimiento.-le digo una vez nos separamos.
-No lo he hecho por eso.-Arthur empieza a andar. Antes de que se aleje mucho entrelazo mis dedos con los suyos.
-Ya, lo haces porque soy el mejor novio del mundo y te tengo enamorado.
-Lo hago para que te calles.-sigue sonriendo, así que tampoco es que suene muy convincente.
-¿Pero no me quieres? ¿Ni un poquito?
-Claro que no. A ver qué te crees.
-A este paso voy a tener que buscarme a otro. Que tú no me das cariñitos apenas.
-No creo que nadie te soporte.-pongo los ojos en blanco.
-Toño me soporta más que bien.-noto que se tensa.
-Antonio es idiota.-dice sin más, andando un poco más rápido.
-¿Eso que noto son celos? ¿De Toño?-le pregunto, divertido.
-Más quisiera él.-duda unos segundos.-Además, es hetero.
-Bah, a Antonio le hago yo bisexual en menos de dos minutos.-Arthur se para y con solo mirar a sus ojos me doy cuenta de que está empezando a molestarse.
-Haz lo que quieras con él.-dice, cortante.
-Vaamos, Arthur ¿no te habrás puesto celoso de Toño, no?-veo cómo frunce el ceño.-Solo hay una persona de la que tienes que estar celoso. Un tal Arthur Kirkland, aunque creo que ya está pillado, así que no hay problema.
-Eres idiota.-dice, relajándose.
-Algún día me harás decir lo de "sí, pero soy tu idiota."
-Espero que nunca tenga que escuchar decir algo tan ñoño.-dice, riéndose.
-¿Seguro de que nunca te he dicho cosas más ñoñas? Yo juraría que sí.
Arthur hace como si no me hubiera escuchado y sigue andando, arrastrándome con él.
¿Quién me iba a decir a mi que me iba a enamorar de esta forma de Arthur? Es más, si me lo hubieran dicho al principio del curso me habría dado tal ataque de risa que me habría quedado sin aire. Pero bueno, el amor es así de imprevisible y no se puede luchar contra él, menos siendo Arthur la recompensa.
