Lα ηιñα dε mιs σנσѕ
Por Tokio Cristal
Nota de autor:
Gracias a Diiva :winky:, Angel Negro 29, Ame90, Usio-Amamiya, LUNA, beabi, Serena The Best, Gissa, Anilem, Gisella de Chiba, a Diane (mi hermana ), a Anny (mi madre ), viviana Quiroga, anita, Luna ;)
No sé si alguien todavía me lee xD
No borré capítulos, releí la historia y edité algunos cuantos horrores ortográficos y decidí unir los capítulos sobre la obra teatral. Considerando el tiempo que me he tomado para actualizar he pensado hacer un resumen de la historia (a la cual ire agregando más cosas en el prox capitulo xD) para ponerlos al tanto :) (más que resumen debería patentarlo como capítulo del fanfic xD) Pido perdón si a alguien le molesta, pero como este es el antepenúltimo capítulo no quiero que se queden descolocadas para cuando llegue el final.
Resumen de la historia
(SPOILER, bueno, no es necesario decirlo si has leído hasta esta parte de la historia…)
Darien es el profesor suplente de biología del colegio de Serena. Al mismo tiempo está por terminar sus estudios para recibirse como medico, por eso tiene planeado viajar a EEUU. La vida de Darien se ve afectada desde temprana edad por los conflictos conyugales de sus padres y los desaires que sufre por parte de su familia por vía paterna. Luego de la prematura muerte de sus padres, en un accidente automovilístico, queda huérfano y solo en el mundo. En el momento más conflictivo de su vida, siendo ya un adolescente, visita el cementerio con ánimo de despedirse pero en aquellos momentos de desosiego conoce a una niña (Serena), que le regala una rosa quedando prendado a su infantil mirada llena de vida (a.k.a "la niña de sus ojos") que le da fuerzas para seguir viviendo.
Se reencuentran una década después pero ninguno de los dos (Darien y Serena) parecen reconocerse. Darien está de novio con Beryl (un par de años menor, huérfana igual que él), ella se va de viaje para completar sus estudios en otro país. Darien comienza a tener sueños con "la niña de su ojos" (Serena) pero siempre cuando llega a la parte de recordar su nombre se despierta. Al mismo tiempo tiene fantasías con una mujer (falta decir el nombre de SERENA? xD) que tiene la misma mirada que aquella niña, pero aquellas fantasías se van aminorando a medida que más se acerca y enamora de Serena. Más adelante en la historia, entre un quiero y no puedo, y no debo porque soy su profesor y todos los traumas afectivos de su infancia, cede a los sentimientos que tiene por Serena recordando que ella es la niña del cementerio.
Por otra parte (ya cerrado el eje de una parte de la historia), está la "misión" de la gata Luna.
Luna es encontrada por Serena el mismo día que ésta se cruza con Darien. Serena la adopta como mascota. Ella a veces "ayuda" para que Darien y Serena se acerquen (tiene la habilidad de transformarse en ocasiones en una niña). ¿Pero cuál es la real misión de Luna en este mundo?
En capítulos más adelante se revela que Luna en una vida pasada, hace cientos de años atrás, fue una "brujita" malvada con apariencia humana que hacía estragos en el mundo mortal y humano, entonces el rey de los reyes (lo llamamos Dios si ustedes quieren) decidió castigarla con una de las cosas que más odiaba: "ayudar DE CORAZÓN a un humano." Si lo lograba sería perdonada, recuperaría su forma normal y ya no rondaría eternamente por el mundo humano que tanto desprecia. Pasan los años y Luna ayuda a todo humano que se le cruza, no comprendiendo porque su castigo no es "levantado"; mientras tiene un ángel guía que vigila que haga todo bien: Artemis.
En el futuro una lastimada y ya cansada Luna vaga por el cementerio y se reencuentra con Serena (versión futura y más madura) llorando frente a la tumba de Darien…
Luna por EQUIS razones (no indague en eso todavía pero hay sorpresa, sorpresa…) decide viajar al pasado y ayudar a que Serena y Darien se junten y que Darien no muera.
Recientemente se le puso un plazo límite de veinticuatro días. Esos veinticuatros empiezan el día que comenzó la relación de Serena y Darien, hasta la futura "muerte" (por X razón que todavía nadie descubrió mwahaha…) de Darien que Luna debe detener, así que este capítulo y los próximos trascurren durante esos 24 días.
Lueeeeeeegooo…
(y dale con el resumen xD)
Aparece Mina Aino, la nueva alumna insoportable de Darien. Mina encuentra por fuerzas sobrenaturales (¿) a Darien llorando en el cementerio y lo termina consolando (capitulo 9 o por ahí). Serena y Mina se conocen en la Obra Teatral del colegio. Serena siente conocer a Mina de algún lado. Más adelante se entromete en la vida amorosa de Darien…. Como curiosidad Mina tiene a Artemis con ella y sabe de la existencia de Luna.
Por lo que voy a dejar una pregunta al aire para aquellas personas que se tomaron el tiempo de leer el resumen.
¿Mina tiene algo que ver con la futura "muerte" de Darien?
ATENCIÓN.
En este capítulo se revela más sobre el verdadero protagonismo de Mina en esta historia.
Es recomendable después de esta indicación- (*) - repasar el capitulo 3) Recuerdo
Madonna- Thief Of Hearts
Ahí viene
La señorita cree que puede tener lo que quiera
Con el guiño de un ojo
Ahí viene, actúa como si fuera tu mejor amiga
Y cuando te das la vuelta se ha llevado a tu chico
Un pintor mediocre se ha olvidado de su brocha. Aquel pintor mediocre –que en santuarios extorsivos suelen llamarlo Dios- se ha olvidado de darle color al cielo. Una pequeña pitusa corre entre las lapidas concediéndole con su alma cándida color al día. Sin temor se ha apartado de la compañía de sus padres.
De pronto algo llamó su atención, observando en las lejanías una figura parada frente a una lapida. La niña arqueó las cejas hacia arriba. Movió su pie izquierdo. Su boca se crispó con tristeza. Movió su pie derecho. Sus labios titubearon. ¿Estaría bien acercarse a aquel joven extraño? Suspiró con decisión empezando a tomar velocidad pero una voz infantil la detuvo al instante.
—¿Estás perdida?
Viró su rostro hacia sus espaldas e inmediatamente su mirada quedó atrapada en los ojos de otra niña.
Son parecidas. Tienen la misma edad, el mismo cabello dorado, los mismos ojos azul cielo y la misma mirada: impoluta e inocente. El destino -que a veces es tan olvidadizo- las había juntado por primera vez aquel día sin ser concientes de lo que el futuro les depararía.
—¿Te gustan? —preguntó al ver que los ojos de la chica miraban sin disimulo el ramillete de rosas rojas.
La niña de dos coletas asintió efusivamente.
—Toma —dijo alzando el ramo hacia ella sin ser conciente que estaba por cometer un terrible error—, son tuyas.
Con esa simple frase había cambiado su destino. ¡Oh, sí! Únicamente con ese simple obsequio le había regalado el "protagonismo" de esta historia de amor a la pequeña cuyo nombre aluye a la calma: Serena.
—¡Gracias!
Mina sonrió e inmediatamente su atención regresó al muchacho.
—¿Sabes quién es? —musitó señalando hacia el adolescente.
Serena levantó su mirada.
—No —movió sus hombros mientras torcía su boca hacia abajo—. Acompeñé a mi mamá a visitar a mi abuelita pero me escapé de su lado. Tampoco sé donde está. Creo que estoy perdida —respondió atropelladamente haciendo un leve puchero.
Mina abrió los ojos como platos.
—¿Crees que él también esté perdido? —preguntó Mina.
—No lo sé.
—Vamos a preguntarle!
Serena asintió con su cabeza y Mina alzó su mano invitándola a sostenerla, sin embargo, antes de que pudiera existir contacto físico entre ellas, una voz femenina la interrumpió:
—¡Mina, ahí estás! —Mina escondió su mano detrás de su espalda y con los ojos como platos miró hacía su madre—, ¡ven ahora aquí, jovencita!
La cara de Mina se retornó de todos colores mientras observaba a su enojada madre acercarse a ella, la cual la atrapó del antebrazo apenas percatándose de la presencia de Serena. Mina simplemente alzó su mano en son de despedida hacia la pequeña rubia mientras con amargura escuchaba los regaños de su furiosa madre.
Serena parpadeó observándolas alejarse de ella. Un pequeño escalofrió bajó por su espalda. Estaba sola y perdida en aquel paraíso muerto. Observó el vigor escarlata de los pétalos de las rosas, fascinada por el aquel color tan vivo y, entonces, se decidió a caminar con tiento hacia él, como si temiera asustarlo. Paró sus pasos mirando de reojo aquella enorme piedra y los extraños relieves sobre ella. La espalda del aquel joven se movía acompasada con sus sollozos sin ser conciente de que una cristalina mirada lo analizaba.
—¿Por qué lloras?
Y así fue como todo comenzó...
(*)
Escuchó unos nudillos aporrear insistentemente la puerta de su apartamento. Abandonó sus gafas encima de la mesita ratona y no dudó en girar la manija. No existía la necesidad de preguntar quién era. Conocía a la perfección el sonido de aquella frágil mano impactando sobre la madera, esa armonía entre indecisa, tímida y torpe, aunque claro, ahora era estridente.
—¡Darien! —exclamó Serena alzando un papel arrugado frente a los ojos del susodicho—. ¿Puedes explicarme qué significa esto?
Ella estaba que echaba humo por las orejas, con las extremidades de su cuerpo tensas como pinzas de cangrejo.
Los finos labios de Darien se ensancharon mostrando una leve sonrisa.
—Es un tres —observó burlón mientras abría sus ojos con actuada sorpresa—. ¿No te enseñaron los números en la escuela?
—¡Eso ya lo sé!
El muchacho suspiró y Serena no dudó en entrar casi llevándose por delante la puerta. Darien protestó casi un inaudible: "no soy un decorado"pero ella pareció no escucharlo mientras seguía con su constante parloteó.
—…se supone que eres mi tutor, ¿no? —Darien alzó una ceja—,Serena, debes entender, estos exámenes son importantes para tu futuro. Haré todo lo posible para ayudarte. No permitiré que repruebes ni uno solo—expresó imitando el tono formal, sensato y serio que él solía poner en aquellas situaciones—. ¡Y justo me vienes a reprobar en tu materia maldito hipócrita!
—No es mi culpa que seas tan perezosa cabeza de chorlito —susurró.
Serena hizo una bola de papel y se lo tiró en la cara. Luego le hecho la lengua.
—Madura.
—¡Madura tú! ¿Acaso te parece gracioso pelear conmigo?, ¡provocarme!
—Sí. De todas maneras, ¿por qué te quejas? En el examen de matemáticas y física te fue bien, materias que seguramente hubieras reprobado sin el estudio previo. Eso quiere decir que hice un buen trabajo —aseguró engrandeciendo su postura sólo para molestarla aunque sabía que parte del esfuerzo venía más bien de ella—. Además no es mi culpa que en mi materia te la pases en las nubes y, bueno, no tuve tiempo para enseñarte todo el programa de este año que te has perdido por quedarte durmiendo. A veces me gustaría saber que tanto ronda en esa perezosa cabecita tuya.
Posó su dedo sobre la cabellera rubia haciendo círculos. Su novia entrecerró los ojos.
—La tienes conmigo. Me odias —musitó.
—Sabes que no tontita.
Y entonces, como solía suceder rutinariamente en todas aquellas peleas verbales, Darien descansó sus fuertes manos sobre los hombros frágiles de Serena, los cuales se desmoronaron al simple tacto. Toda rigidez desapareció del núbil cuerpo y las redondas mejillas se encendieron presintiendo lo que se acercaba. Cerró sus ojos al ver el rostro de su amado muy cerca del suyo y, justo cuando creyó que iba a besarla, él se apartó de su lado.
—Eres una chica bastante capaz, como cualquier otra —comentó inspeccionando con su dedo la estantería frente a él—, sólo quiero sacar ese lado de ti y mmm… —apretó sus labios y miró de reojo a su novia—, Serena…
Lo miró ilusionada.
—¿Sí?
Darien sonrió ampliamente.
—¿Qué te parece si repasamos algunas cosas para tu examen de geografía del lunes?
—Darien —gruñó apretando con fuerza su puño y conteniéndose de gritarle—, me has estado explotando masivamente durante estas dos semanas. No me das tiempo a respirar, ¡hasta tengo pesadillas! —cerró sus ojos y sus facciones se crisparon—. Libros, hojas, lápices, exámenes, libros, exámenes, hojas, lápices, exámenes. ¿No crees que podríamos tomarnos un tiempo? —enfatizó la última palabra— Ya sabes… ¿Darien?
—¿Me decías algo? —el muchacho se giró con una montaña de libros mientras caminaba hacia ella—. Mira, acá encontré unos cuantos libros interesantes —Serena lo fulminó con la mirada—. ¿Por qué me miras así?
—Darien yo te amo.
Ring, ring.
—¿Hola?
Un libro casi lo desnucó. Darien frunció el seño mientras mantenía el auricular del teléfono pegado a su oreja.
—Ey, ¿qué haces? —cuestionó molesto observándola de reojo— No, no es contigo Andrew. Mi querida novia casi me desprende la cabeza del cuerpo. Je, je, je, no, no fue Berrrry…—sintió la mirada de Serena sobre sus espaldas—… yyyyyyy tú como estás? Je,je,je, ¿qué dices?, ¿me notas nervioso? no, no, para nada lo estoy…—rió exageradamente—. Sí, claro, el domingo es mi día libre…. Está bien —un escalofrió enorme bajó por su espalda. Serena se mantenía observándolo inquisidoramente. Arregló su garganta y continuó hablando—, entonces nos vemos ahí. Adiós…
Colgó el teléfono y se viró hacia su novia. Sus labios titubearon dispuestos a decir algo pero ella habló:
—Yo también saldré el domingo.
—¿Sí? —sonrió esperanzado, planeando en su interior miles de ideas para enmendar su error anterior al casi decir el nombre de su ex –interiormente subrayándolo en negrita hasta el cansancio- novia—. Me parece una buena idea. No sé tú pero tengo la leve impresión de que he sido algo abusivo con esto del estudio… —aseveró con tono reconciliador. Serena lo observó con cara de "no me digas"—… y me parece excelente que quieras despejar tu mente… En fin, sólo por curiosidad…¿a dónde iras con tus amigas?
Lo miró a medias. Darien sonrió inocente. Serena barrió sus pestañas sin entender del todo ese nuevo cambio, ese lado benevolente que no comprendía de dónde lo sacaba a veces. Frunció el ceño, mordiéndose la punta de la lengua deseosa de contener toda la rabia que quería escapar de sus labios al invocar la figura de Beryl en su mente. Así que todavía no le había dicho a nadie que terminó con ella. No le irritaba el hecho de que casi nadie supiera que estaban juntos, después de todo había sido una decisión tomada entre los dos, sin embargo, eso no quería decir que él podía seguir perseverando las "apariencias"en cuanto su relación con Brujeryl.
Ella no era segunda de nadie.
Cerró sus ojos y alzó su quijada de forma orgullosa.
—Vamos a dar un par de vueltas, lo que pinte en el momento —respondió retomando la conversación.
—¿Quiénes irán?
—Sólo Sei… —sus mejillas se ruborizaron y titubeó—, eeeeh, ¡Mina y Molly!
No supo a ciencia cierta porque le mintió.
¿Inseguridad y miedo por cómo podría reaccionar y lo que diría?
O tal vez…
¿Orgullo?
Bueno, él estaba mintiendo sobre su relación con su ex novia, ¿por qué ella no podía mentirle sobre la inocente salida con Seiya? Después de todo no lo estaba engañando, ella no consideraba ese "paseo" como una "cita."
—Ahhh… ¿Molly? ¡Genial! Esa chica me cae muy bien y es un buen ejemplo para ti.
De Mina se guardó el comentario.
Entonces sin necesidad –tal vez por el ambiente tenso que se había formado- de agregar algo más a la conversación dieron por finalizada la situación cuando sus miradas se enfrentaron.
Serena ladeó su cabeza y barrió sus pestañas entreabriendo sus labios.
—Darien —susurró de forma galante.
Darien alzó sus cejas y Serena siguió pestañeando con un ritmo más apresurado.
—¿Tienes una basurita en el ojo?
El parpadeó paró y Serena arrugó el entrecejo.
"Como arruinar el ambiente romántico en dos sencillos pasos" by Darien Chiba.
—¡No hay caso contigo! —cruzó sus brazos con fuerza.
Darien rió.
—No te pongas así, estaba bromeando…
Ella frunció la boca como respuesta.
—Ven, siéntate sobre mis piernas —pidió Darien con voz dulce.
La rubia se lo pensó un instante antes de ceder, entonces con tiento y timidez se acomodó de costado sobre la falda de Darien. Todavía no conocía la palabra exacta para describir aquella mirada en los ojos azul zafiro. Desde hacía bastante tiempo que no la observaba. Desde la primera –y última vez- que había estado con él. Dos semanas, trece noches a puro suspiró y soñando despierta por Darien, catorce amaneceres sin la calidez del sol en ese frío invierno…
Él acarició con ternura la febril mejilla de Serena y luego sostuvo la frágil mano, alzándola para besar su dorso.
—Serena… —susurró jugando con sus dedos.
La rubia suspiró con fuerza.
Sus roces "post-calentura" habían sido casi nulos, besos tímidos de novios primerizos. Creyó que ella había hecho algo mal –después de todo era su primera relación- pero comprendió luego todo cuando le bajó el periodo. Darien la observó con tanto alivió al enterarse… bastante "alivio" a su parecer, tanto que resultaba molesto. En parte no sabía como sentirse por eso pero no es algo que tampoco deseara analizar… además tampoco podía cuestionarse mucho con las fuertes y varoniles manos de Darien analizando su cuerpo.
Cerró sus ojos dejando llevar a medias... pero... algo en su interior la incomodaba, algo le suplicaba que lo detuviera, más que algo era... alguien. Y entonces no supo a ciencia cierta porque el rostro de Seiya llegó a su mente, su mirada tierna, la picardia en su sonrisa... ¿por qué?
—Tengo que irm...
Serena intentó levantarse pero no pudo escapar porque Darien la abrazó de la cintura obligándola a sentarse sobre él. Serena intentó librarse y liberó un quejido al sentir algo duro bajo ella. Realmente no quería estar a sus espaldas. La última vez que había estado de espaldas a él pasó todo lo pasó.
—E-espera…
—¿Sí?
—Darien, yo... —titubeó con la cara completamente roja.
—No tengas miedo... —suspiró de forma cansada—, lo haremos a tu manera y tiempo.
Entonces la libró.
Serena se apartó lentamente sentándose a su lado.
—No es eso... es... es... "ella."
Las cejas del muchacho se arquearon confundidas.
—¿Mina?
—¡¿Cómo qué Mina?
—Ah… —se había hundido en el fango solo. Serena entornó los ojos—. Perdón, es que es la única "ella" que nos conoce a los dos y sabe lo nuestro por eso dije su nombre, no me malinterpretes.
—Hablo de Beryl.
Fueron esos los momentos en los que deseó que Serena tuviera ex novios para poder refregárselos en la cara, así ella sentiría en carne propia lo incomodo y molesto que era que hiciera eso.
—Es una buena amiga de la infancia —susurró mirando dubitativo el techo.
—Siguen siendo novios.
—Claro que no —negó e interiormente deseó agregar: "al menos no por mi parte."
No obstante era preferible que Serena razonara que Beryl era parte del pasado.
—No mientas… —refutó Serena.
—Es verdad. Ella está en otro país, lo nuestro terminó hace bastante tiempo. ¿Por qué te interesa? Ahora estoy contigo. No es divertido discutir sobre una persona que ni siquiera puede defenderse, además es… fue parte de mi vida, no de la tuya. Olvídalo, ¿o es que acaso te resultaría divertido que empiece a hablar de mis ex?
Serena alzó una ceja.
—Lo de mis ex es mentira, no te diré nada así que ni lo intentes —agregó inmediatamente de forma atropellada.
Había ciertos aspectos de su vida con los cuales le costaba cortar lazos de forma tan abrupta… aunque ya había intentado terminar con la pelirroja en el aeropuerto el día que se fue. No era un tema que le incumbiera a Serena, después de todo era su presente y futuro, y Beryl estuvo desde mucho antes de que su alumna apareciera en su vida. Pretendía finalizar con su antigua pareja de una forma más diplomática, en buenos términos, hablando de frente con ella para seguir manteniéndola como una buena amiga.
Serena lo observaba en silencio. Se sentía inquieta ante la posibilidad de que la persona que amaba estuviera tan abocado en proteger a otra… otra mujer que había estado en las mismas condiciones y que había tenido los mismos derechos que ahora ella tenía sobre él. Suspiró con fuerza y su boca se crispó con fuerza. Miró hacia otro lado con los ojos ardiendo, las mejillas encendidas y el orgullo herido.
Celos. Dolor. Rabia.
Darien suspiró con fuerza percatándose de la reacción de su novia. Arrastró a Serena hacia su torso, acunándola contra su pecho.
—Serena —suspiró con calma recostando su cabeza sobre la rubia cabellera—, ¿es qué de verdad hace falta decirte cuanto te quiero?
Muchos ladrillos. Una pared. Comunicación. Nula. Dialogo. Nulo. Palabras. Muchas. Palabras intentando ocultar una mentira. Era tan bueno con sus palabras. Se creía tan listo con sus mentiras pero sus acciones hablaban más fuerte que sus palabras… y ella… ella quería creerle. Le gustaba endulzarse los oídos con sus palabras.
Palabras, palabras, palabras…
Sabía que la amaba, sabía que no la usaba, pero le molestaba esa actitud reservada. Pensó que había apaleado ese lado oscuro de Darien pero él seguía pensando"solo",tomando decisiones solo. Egoísta. Todo era a su tiempo y manera…
No era una relación en pareja. Era la "relación de Darien." Todavía estaban aprendiendo a amarse.
Un reto inmenso.
Serena no estaba dispuesta a ceder, lo amaba inmensamente y no le importaba cuanto le costara. Nadie dijo que iba a ser un camino de rosas…
Entró en el local con la mirada gacha como indagando el suelo. La bufanda en el cuello caía como un trapo sucio y la mochila resbalaba por los antebrazos como queriendo ceder a la gravedad del suelo.
Que flojera le daba verla con aquel aspecto de marioneta triste…
Ella en cambio no se percató de su existencia, caminando por a lado donde él se encontraba sentado merendando esa tarde.
—Hola Mina —exclamó de un modo que tampoco llamara la atención de todo el local pero si la de su insoportable alumna.
La rubia viró su cabeza de forma exagerada con los ojos a punto de salirse de sus cuencas, observándolo desorientada, sin todavía caer en cuenta que ÉL, Darien "Amargado" Chiba, le había hablado.
—¡Milagro! —manifestó con una enorme sonrisa—. Me has saludado.
Y luego corrió a sentarse en la mesa de Darien.
—Oye, te saludé pero no te invité a que te sentaras conmigo.
Sin tomar en cuenta el comentario sostuvo la mano del muchacho haciendo que éste extendiera su palma.
—Toma.
Un chicle, una tuerca, una pelusa y un par de monedas.
—Antes de que digas: "Mina me debes un auto nuevo y no sé que otras cosas más, quiero todo mi dinero", esto es lo único que mi situación económica me permite cederte. Un chicle nuevito, como ves no está lleno de mi saliva, una pelusita, un par de moneditas que te alcanzan para comprarle una bolsa de bombones a Serena y esta tuerquita es un recuerdito que me había quedado de tu "fallecido" auto.
Si le azotaba la cabeza frente a la mesada y luego la estrangulaba, ¿lo detendrían?
Antes de poder analizar la cuestión, la jovencita alargó su curiosa mano hacia una carpeta.
—¿Qué es? —cuestionó curiosa.
—Estoy cerrando las calificaciones de este mes, deja eso ahí…
No era necesario discutir con ella. Mina haría todo lo contrarío a lo que él decía.
—¡UN CUATRO! —gritó—. Que maldito eres apenas comencé el año, no puedes ponerme tan baja nota, es más, ¿qué significa esto de que tengo que hablar menos en clases?, ¿eeeeeehhhhhhhhhh? Serena se la pasa gritando. No tienes derecho a ponerme una nota, soy nueva…
—Ahora te pongo un tres por insolente.
—A Serena le has puesto un cinco. Pfff… preferencias, preferencias.
Darien sonrió a medias.
—El cinco también es una mala nota señorita Aino. El seis es un apenas aceptable y el siete un aceptable, para que tengas en cuenta la próxima vez… —repuso con voz dulce.
Mina lo miró de reojo y siguió inspeccionando las notas de sus compañeros.
—Ajááááááá…el lindo de Yaten seis, el inteligente de Taiki siete, el coqueto de Seiya cinco… ummm… esto tengo que anotarlo en mi libreta de los Trhee Lights…—se mantuvo observando pensativa la calificación de Seiya—, lo odias…
La ceja de Darien tembló nerviosa.
—No, no lo odio.
—¿En serio?... ¿acaso no te diste cuenta de cómo flirtea a tu novia en las clases? —la sonrisa del muchacho se crispó al recordar aquellas situaciones. Bien, había tocado un nervio—. Pero en tu materia no es nada parecido a lo que hace en gimnasia…
Darien la miró inquisidoramente.
—Siempre quiere trabajar en equipo con Serena y sabes que en gimnasia hay mucho más contacto físico y, ¡uy! ¡cómo la toca, dios santo…! Yo quisiera un noviete así, como Seiya, que la mira de una forma que hace que tus partes menos nobles tiemblen…
Elevó ambas cejas y miró de soslayo a Darien. El muchacho se mantenía observando pensativo la mesa.
—Tal vez exageré un poco —susurró inmediatamente al darse cuenta que se había ido de boca—. ¡Es una broma! —exclamó riendo con cierto nerviosismo.
Darien levantó su mirada y alzó su mano acomodando algunos rebeldes cabellos rubios detrás de la oreja. Mina se sonrojó y su corazón se desbocó dentro de su pecho mientras sentía aquella fuerte mano acunarse en su mejilla, entonces, antes de que sus labios carmín comenzaran a titubear por decir algo, Darien se apartó.
No comprendió del todo esa extraña actitud. ¿Era una prueba?, ¿qué había intentado demostrarle?
Parpadeó confundida y sus facciones se crisparon afligidas.
—¿Qué te sucede?
—Invité a Taiki a salir… —musitó, aunque realmente no era el desaire de Taiki la que la había puesto así sino la actitud anterior de Darien.
—¿Te rechazó?
—No, no me rechazó… sólo me dijo que lo dejara en paz.
Darien rió levemente musitando un casi inaudible: "eres insoportable."
Mina arrugó el entrecejo.
—No es gracioso además te iba a invitar para ir mañana al cine pero ahora me lo pienso más seriamente…
—Ah, ¿una cita mañana?
Mina sonrió ampliamente ilusionada.
—¿Te gustaría tener una cita conmigo?
—No es eso. ¿Acaso tú no ibas a salir con Serena?
—¿Con Serena? —su rostro se retornó llenó de confusión intentando atar cabos en su mente hasta que cayó en cuenta—. ¡Ah, sí! —admitió con una enorme sonrisa—. Sí, íbamos a ir a…. amm… al cine —aseveró no muy convincente.
—Di la verdad Mina.
—Yo no me meto en problemas maritales ajenos.
Tomó un sorbo del té de Darien mirando hacia otro lado como quien no quiere la cosa. Entonces él la miró con aquellos ojos que podían generarle hipotermia hasta a los mismísimos pingüinos. Mina se sintió por primera vez intimidada y abrió sus labios dispuesta a decir "parte" de la verdad.
—Pues… soy su mejor amiga. Lo sé todo. Entiende. Cuando te ennovias con alguien eres tú, tu novia y su mejor amiga. Es el paquete completo. ¿Nunca escuchaste el dicho que dice "eres el pañuelo y ella las lagrimas"?
—Te lo has inventado, y encima está mal correlacionado. Es más, yo también tengo un dicho para ti: Quien esté libre de culpa que arroje la primera piedra.
Mina tiraba la piedra y escondía la mano…
—No lo hice para molestarte Darien, nunca lo hago para molestarte, créeme… es que no creo que allá nada en este mundo que no te moleste hombre —intentó justificarse pero en los ojos de él apareció otra vez esa mirada que podía revivir y matar muertos con solo un pestañeó. Mina tragó duro—.Lo que pasó fue esto: Seiya invitó a salir mañana domingo a Serena. Ella se veía muy afligida porque Seiya no le dio tiempo para rechazarle, aunque, entre tú y yo creo que Serena realmente quería salir con él, ella sentía que te estaba engañando, no quería a hacerlo a escondidas tuyas y simplemente le aconsejé que te lo dijera, después de todo el amor, la sinceridad y la confianza van tomadas de la mano, ¿no lo crees Darien?
Golpazo, palazo, pedrazo, bombazo, indirectazo y toda palabra que termine con "zo." Mina era bastante buena para atacar verbalmente.
Él lo veía así: Mina alzaba una manta roja provocándole y Darien, tal como un toro, se alzaba en carrera hacia ella y "olé, cornuuudo" Mina escondía la manta detrás de su espalda ocultando toda culpa.
—Que mentirosa eres…
—Bueno, bueno, Serena me dijo que nunca antes había tenido una cita contigo. Le dije que eras un idiota y que tenía todo el derecho de hacer lo que ella le viniera en gana. Que aprovechara, que tú no te ibas a enterar… Después de todo ya ultrajaste su tierna inocencia —agregó lo último con la boca como trompa y entrecerrando los ojos.
Hablaría muy seriamente con su amada noviecita sobre la privacidad. Al parecer Serena todavía era muy inocente y tonta en ciertos aspectos que realmente, más que divertirle, le causaban pesar. Había pasado la barrera entre confianza entre amigas, aunque Mina era una zorra manipuladora.
—Ten en cuenta que soy una persona muy racional y que no mezclo mi trabajo con mi vida privada porque sino…
Mina puso sus manos en alto y negó con la cabeza.
—Calma, calma, calma, puedo ayudarte si piensas seguirla…
—Claro que no. Confío en Serena. Sólo es una salida entre amigos.
—Ni tú te lo crees.
—Calla cabeza de chorlito.
Arqueó las cejas mirando el cielo mientras recostaba su espalda en el helado y liso soporte de una estatua de mármol. Estaba escondido en ese lugar a modo de estrategia, ya que al inclinar su cuerpo y mirar a sus espaldas tenía una vista panorámica del parque, parque donde Seiya y Serena tenían planeado reencontrarse ese domingo.
—"Tal vez estoy exagerando pero no puedo resistirlo…"
De repente sintió una suave mano posarse sobre su hombro. Viró su rostro hacia su costado y sus ojos se abrieron pasmados.
—Claro que no. Confío en Serena. Sólo es una salida entre amigos, asd asd asd —dijo imitando la voz de Darien mientras ponía cara de idiota—. Sabía que vendrías, ¿a qué te mueres de celos, campeón?
—Pues, no es lo que piensas. Sólo pasaba por aquí y decidí quedarme un rato a mirar las nubes…
—¿Ah, sí? Pues las bancas están a...
Antes de que pudiera agregar algo más Darien le tiró del brazo haciendo que la jovencita cayera sentada a su lado.
—Ahí viene —susurró el muchacho inclinando su cuerpo y observando desde su escondite a su novia correr aireada hacia el punto de encuentro.
Serena detuvo atropelladamente sus pasos curvando su agitado torso hacia delante mientras sostenía sus rodillas intentando recobrar el aliento.
—Que raro que ella haya llegado primero —comentó Mina.
Darien no le prestó demasiada atención. Su mente parecía estar concentrada en registrar cada movimiento de Serena, que se encontraba haciendo muecas extrañas con su rostro.
Él sonrió con ternura.
—Siempre hace eso cuando está divagando estupideces.
—Yo creo que está intentando idear un plan para escabullirse de la cita de hoy.
—¿De verdad lo piensas?
—Sí, sé leer los labios y todo.
Darien entrecerró los ojos mirándola de forma intimidante. Le estaba tomando el pelo como siempre.
Sin embargo su atención cambio de rumbo al ver a Seiya entrar en su panorama visual. Cerró con fuerza sus manos al ver como el muchacho sonsacaba y flirteaba sin ningún tipo de descaró a una inocente Serena.
Mina suspiró con fuerza observando la reacción del muchacho y se abrazó a él.
—No creo que se vea bien que un profesor agarre a golpes a su alumno sólo por una alumna.
La mirada de Darien se oscureció.
—Déjame a mi manejar el resto del día la situación. Mejor es hacerlo de una forma más divertida, como un juego de niños.
El muchacho alzó sus cejas sin comprender del todo.
—Mira.
Entonces Mina agarró un puñado de nieve entre sus dedos y lo lanzó con fuerza hacia un hombre que se encontraba sentado en una banca. La bola de nieve dio en la nuca del susodicho, el cual miró desorientado hacia todos lados sin saber de donde había llegado el infantil ataque.
Darien y Mina intercambiaron miradas cómplices.
—Tú también puedes hacerlo —dijo Mina sacando su espíritu Art Attackadianno (?) desde lo más profundo del alma.
—No soy un niño.
—¿A qué te mueres por hacerlo?
Darien miró dubitativo la helada nieve y luego moldeó una bola enorme. Nunca había sido mal para la puntería. Entonces aprontó su brazo.
Seiya.
Esa sonrisa.
Esos hoyuelos.
Esa cara de bobo.
Lanzó la bola…
Seiya se movió arrastrando a Serena hacía su lugar y ¡pam! por ende la bola impactó sobre el tierno y confundido rostro de la rubia.
—"Va a ser un día muy duro… pero al menos haré lo posible por divertirme —"pensó Mina mientras miraba la cara de bobo de Darien.
Y ahí iban ellos, perdidos entre la multitud intentando mantener una distancia prudencial de la joven pareja. No querían ser descubiertos pero tampoco querían perderlos, especialmente Darien que no era capaz de apartar sus ojos de halcón de las manos de Seiya, teniendo en cuenta cada centímetro de cercanía, cada pasó, intentando pronosticar cada siguiente movimiento, buscando algo inapropiado entre esos dos.
Darien y Mina también eran seguidos. La jovencita ya se había dado cuenta de la presencia felina detrás de ella. Miró de reojo hacia sus espaldas. A veces era algo supersticiosa. A decir verdad los gatos negros nunca daban buena suerte…
Cuando tuvo la oportunidad aprovechó que Seiya y Serena pararon en una heladería para decirle a Darien que tenía que ir al baño.
Mina se apartó lo suficiente de modo que Darien no pudiera verla pero que ella pudiera verlo a él, y se sentó en una banca frente a una fuente de agua. Luna saltó trepándose en la fuente y quedando detrás de la espalda de la rubia, de modo que las personas no pudieran verla mientras hablaba.
—¿Qué quieres?
—Eres una chica muy mala…
—¿Buat?, ¿buai?, ¿por qué?
—¿Crees que no lo sé? Buscas seducirlo —miró el reloj en su cuello que ya marcaba el numero dieciséis. Faltaba tan poco—. No entiendo como y ni el porque Artemis quedó a tu cuidado. No entiendo porque Artemis te buscó y se dejó conocer frente a ti. O sea, eres un simple mortal. Un humano. Este tipo de asuntos no te conciernen a ti. Además es una misión para mi, a mi parecer quiere ponerme más obstáculos tal vez para ver cuan realmente estoy involucrada sinceramente en esto. Es la única explicación que tengo. ¿Qué tiene que ver Mina Aino con Darien Chiba y la futura desgracia de él? Absolutamente nada. Sólo es algo entre Artemis, Darien, Serena y…
Antes de que pudiera terminar, Mina se levantó de un sopetón y sin querer golpeó con su brazo a Luna, la cual terminó cayendo en la fuente de agua."¡Gato al agua, gato al agua!"escuchó gritar a alguien a sus espaldas, realmente tampoco le había prestado demasiada atención a Luna, sólo había escuchado parte de su divagar, cuando se dio cuenta que Seiya y Serena ya se habían movido de su lugar y que Darien, sorpresivamente, se había quedado quieto en su sitio esperándola a ella. Su mirada se iluminó. ¡No la había abandonado! Algo nació dentro de ella. Esperanza. Se sentía importante, importante para él, para decirlo de alguna forma.
—Darien.
Darien viró su cabeza.
—Ya regresaste.
—Me esperaste! Gracias. Aunque ahora los hayamos perdido de forma tan inesperada y apresurada —su rostro se retornó lleno de decisión y dio giros como una heroína de telenovela—. Prometo encontrarlos o dejo de llamarme Mina Maravilla —aseguró señalando hacia la nada con su mano en la cintura y el rostro llenó de confianza y decisión.
Entonces Darien sostuvo el brazo extendido de Mina y lo movió hacia un costado para que el dedo quedara apuntando hacia esa dirección.
—¿Los ves? Están ahí sentados comiendo el helado.
Mina frunció el ceño.
Era muy bueno para ser cierto.
—Van al parque de diversiones.
Darien paró en seco y retrocedió un paso.
—Oye, ¿qué te sucede? La nieve es negra a comparación de tu rostro.
—Nada.
Él recompuso su postura y empezó a caminar hacia el parque. Mina lo siguió confundida por su actitud, podía decir que se lo notaba nervioso.
—¡Vaya! Van hacía la montaña rusa. Nosotros también hagamos fila.
Mina lo sostuvo bruscamente del brazo al ver como se llenaba la fila de la ronda en la cual Serena y Seiya planeaban subirse.
—¿Qué te pasa?
—No tenemos boletos.
—¡Tienes razón! —exclamó metiendo su mano en la chaqueta de Darien y sacando la billetera.
—¡Oye!
—¡Ya vuelvo! Cuida nuestro lugar.
Y Mina se fue corriendo hasta la boletería.
Darien miró con pánico la montaña rusa que daba giros y giros y giros y muchos giros y tantos giros que con sólo observarla sentía el mundo moverse debajo de sus pies. Entonces dirigió sus ojos hacia Serena y Seiya. Unas seis parejas los separaban. Su sangre hirvió al ver como su novia se sostuvo a Seiya cuando este le dio los boletos al guardia. Ella no quería subirse. La estaban obligando.
—Darien ya tengo los boletos. Te ves algo "malito", acaso tú… ¿le tienes miedo a la montaña rusa?
—No. —musitó con decisión.
Seiya calmaba los nervios de Serena, y por partida propia también los suyos. Estaban muy abstraídos en sus mundos como para darse cuenta de que Mina y Darien estaban muy cerca, demasiado cerca de ellos. Esto hizo enfurecer mucho más a Darien, que desde el momento en que Mina entregó las entradas hasta cuando se sentaron en el juego no apartó su mirada asesina del adolescente.
—¡Oye Darien Hulk…!
—¡Ya te dije que dejes de llamarme así! —respondió el muchacho sentado en una banca mientras su brazo colgaba en el contenedor de basura. Todavía estaba mareado… y algo verde, y Mina se burlaba de él.
No se había recompuesto del todo, dejado la misión a Mina Aino de perseguir en cada juego a la pareja a, aunque ésta parecía más bien disfrutarlo mientras derrochaba a diestra y siniestra la plata de Darien.
Entonces la rubia paró frente a él.
—Darien Hulk —el muchacho la miró de forma asesina—. Sí que te ves mal, tendrías que tratar con algún psicólogo esa "fobiarusa" tuya —ahí estaba Mina inventando otra palabra nueva—. Tu novia y el guapetón de Seiya entraron al cine.
—Devuélveme mi billetera.
Mina se la cedió y Darien la agarró de mala gana.
—¿Cuánto está la entrada?
—120 "pesos."
—Bien, toma —le dio la plata justa para dos entradas—, ve, fíjate que película verán y compra dos entradas y luego vuelve.
Mina fue y volvió al momento con un tacho enorme de pop, dulces y dos bebidas. Darien la observó por momentos pero prefirió no comentar nada. Primero, porque veía dos Mina. (efecto post-montaña rusa) y segundo: supuso que con lo pilla y lista que era se había guardado plata de él para gastársela después o tal vez ella tenía dinero.
Entonces se levantó y la siguió con pasos torpes hasta el cine. Mina inútilmente intentó darles las entradas al guardia, entonces, tal carrito de supermercado, le dio el pop y las dos bebidas a Darien.
—¡Acá están!
El boletero vio las entradas y luego miró a Mina.
—Permítame su identidad —se la pidió a la joven.
—Claro.
Rebuscó en el bolsillo de su abultada campera y luego se la dio.
—A ti no te la piden porque ya te ves muy viejo —susurró mirando de reojo a Darien.
Él frunció el ceño.
—Está todo bien. Pueden entrar.
—Gracias señor. Vamos Darien.
Entraron al cine y se acomodaron en las butacas. Mina acomodó las bebidas en los asientos para luego comenzar a engullir todo el pop que fuera posible mirando los comerciales de otras películas en la pantalla, mientras Darien analizaba a las personas de las filas de más abajo intentando interceptar a Serena. Entonces cuando la creyó ver las luces en la sala se apagaron para volverse a encender con una musiquita de fondo ochentera y en letras doradas se leía: "La pasión descontrolada entre un hombre y una mujer."
—¿Qué diablos? —una escena candente entre un hombre y una mujer apareció en su panorama visual.
Miró de reojo a Mina.
—Me diste la plata y bueno vi los dulces, el olor a pop, la burbujeante bebida, entonces pensé: tengo boletos gratis, ¿te acuerdas? Taiki no quiso venir conmigo. Y interiormente me cuestioné: ¿para que comprar otros? Es derrochar plata sin necesidad y decidí gastarlo en esto. ¿Quieres un chocolatito?
—Serena no entró a ver esta película, ¿no?
—Ehm, bueno… no, pero…
Darien se levantó de un sopetón, caminó entre las butacas e intentó subir las escaleras tropezando por la falta de luz. Mina lo observaba preocupada, entonces, re-analizándolo interiormente fue detrás de él dejando todos los dulces abandonados ahí.
—Darien, ¡espera!
El muchacho salió sofocado del lugar observando frenéticamente hacia todos lados.
—¡Por tu culpa los perdimos! —gritó girándose hacia Mina pero en su campo visual entró una señora algo grande y coqueta, que al verlo no dudo en acercarse rápidamente a él.
—Rin…
—Darien.
La directora Rin se mantuvo observando a Mina un largo rato.
—¿Eres alumna de nuestro colegio? —alzó sus cejas de forma altanera y luego miró inquisidoramente a Darien.
El muchacho se puso en alerta.
—Ehhh, nos acabamos de cruzar. Yo iba para allá y ella para acá, y nos cruzamos.
Rin parpadeó lentamente haciendo una fea mueca con la boca.
—Oiga —la llamó Mina antes de que la mujer pudiera decir algo que pusiera en aprietos a Darien—, ¿usted ha visto por aquí a Seiya, el vocalista de los Trhee Lights?
—Al señorito Seiya lo vi entrar hacia aquella dirección —dijo extendiendo su brazo hacia el frente.
—Muchas gracias señora de avanzada edad.
—Aino, no se le dice así a la señora.
Rin estaba que ardía. Mina la observó inocentemente. Entonces se giró hacía la dirección que había apuntado la directora dejando de esa forma a Darien a solas con la mujer, los cuales intercambiaron miradas. Él se sentía como la presa de un león.
—Discúlpeme directora Rin —pidió Darien con una leve reverencia— pero tengo que irme, ¡adiós!
Antes de que Rin pudiera agregar algo más, salió corriendo detrás de la rubia, alcanzándola al instante.
—La directora se llama Rin…—musitó cuando él estuvo a su lado—. Si tienes una hija no la llames así.
El muchacho entrecerró los ojos. Sería capaz de hacerlo solo por llevarle la contra...
Pararon sus pasos al ver al guardia de seguridad obstaculizando su camino en la entrada de aquella sala de cine.
—A la boletería —demandó Darien dispuesto a seguir a Serena.
—Te dije que dejes de seguirme.
—¿A dónde vas?
—Vete para tu casa, ya te divertiste demasiado, además, ya está de noche para ti.
—Darien no te enojes conmigo. A veces soy algo tonta.
Darien paró sus pasos.
Casi se le fue toda la plata comprando entradas para todas las películas del cine y en ninguna sala estaba Serena, ¡en absolutamente ninguna! Realmente los había perdido de vista y todo por la culpa de su entrometida e insoportable alumna.
—Me voy a juntar con un par de amigos en este bar. Es sólo para mayores de dieciocho años. Oh, perdón. Eso no es problema para ti con tu documentación falsa.
Mina apartó su mirada apenada.
—Yo sólo quería pasar un rato divertido contigo…
—Ya disfrutamos bastante. Adiós —se despidió cortante continuando su camino.
—Es bueno saberlo…
Las mejillas de la chica se ruborizaron mientras escondía su mirada ilusionada en el suelo.
Darien paró sus pasos y la observó seriamente durante un rato, como si estuviera analizando algo, entonces suspiró y de forma derrotada se acercó a ella.
—Esperaré hasta que te tomes el ómnibus hacia tu casa.
Mina observó a medias la estoica postura del muchacho. Sus cabellos negros cayendo graciosamente sobre la frente. Aquellos ojos del color del cielo tan fríos. Sentía que el corazón le pesaba dentro del pecho. Anteriormente había sido algo "atrevida" con él pero ahora sus piernas no respondían. Recordó lo suave que se sentían sus labios, lo calida que era su mano contra su mejilla…
—Darien, yo no quiero irme…
La candidez de la mirada de ella lo desarmó interiormente. Se mantuvieron observándose por largo rato hasta que él finalmente se decidió a hablar.
—Ahí viene el ómnibus. Creo que te sirve —hizo la seña para que parara. Entonces le dio plata a Mina.
—Ten cuidado cuando regreses a casa.
Ella asintió y subió con pasos dubitativos los escalones del ómnibus.
—Hasta luego… nos vemos mañana —susurró Darien.
La puerta se cerró y Mina quedó con la mano extendida mientras el ómnibus retomaba su marcha. No apartó su mirada incesante de Darien hasta que éste entró al bar.
—Señorita, su boleto…
El ómnibus seguía su rumbo sin hacer ademán de detenerse y justo cuando su visión de aquel lugar se estaba perdiendo, los vio, Seiya y Serena entrando al mismo bar.
Su corazón se detuvo.
—¡Deténgase, por favor, deténgase!
El ómnibus frenó imprevistamente.
—Señorita, tiene que pagar el boleto.
—Tome la plata —le tiró el dinero en el rostro. El hombre lo observó impactado—. Ahora ábrame, ¡abra la puerta! —gritó casi encolerizada. El chofer lo hizo de inmediato para no poner en alerta a los demás pasajeros—. Gracias.
Y Mina bajó corriendo pero a antes de llegar a la entrada detuvo sus pasos.
Era mejor quedarse afuera, no quería enojarlo más de lo que estaba al interrumpirlo en su salida con sus amigos.
Esta vez ella no se entrometería...
Sus dedos se cernían con delicadeza sobre la copa, hipnotizado por el bamboleo de la bebida. Sonrió al escuchar a sus amigos hacer una broma de mal gusto sobre los senos de una chica que había pasado frente a ellos, y siguió entablando aquella amena conversación con ellos, aunque su mente a veces parecía perderse en sus cavilaciones.
—¿Y cómo está lo tuyo con Beryl?
Darien sonrió a medias y tomó un sorbo de su bebida.
—Bien —respondió sin más detalles. Temía que ellos se fueran de boca y que Beryl se enterara de su rompimiento de la peor manera, por eso no les decía nada.
Dirigió su mirada hacia una zona apartada del local, lugar donde las chicas se mantenían mirando atontadas. No comprendía muy bien porque tanta atención de parte de las féminas hacia esa parte….
—Esa es la zona VIP.
El semblante de Darien se oscureció y sintió el fino vidrio de la copa resbalar de sus dedos. No le importó el sonido de los cristales rotos. Tampoco le importó que la bebida se desparramara sobre su ropa. Su respiración se intensifico y sintió su rostro arder por el coraje.
—Oh, mirá. Uno de esos jovencitos de esa banda —dijo Mauricio con aire burlón—. ¿No es muy joven para estar aquí?
Darien frunció el entrecejo sin apartar su mirada de aquel lugar. Seiya inclinó su cabeza hacia el oído de Serena. Ella sonrió tímidamente y negó con la cabeza. Se levantó, hizo una leve reverencia y se fue, dejando al muchacho con los ojos desorbitados.
El corazón de Darien dio un vuelco. Serena se estaba yendo.
Se levantó del taburete con vidrios y todo, sin importarle lastimarse, ante la sorpresa de sus amigos que le exigían una explicación por su extraño comportamiento. El muchacho sacó dinero de su billetera, la dejó encima del mostrador y se despidió con pocas palabras, temeroso de perder de vista a Serena.
La vio salir del local, detuvo sus pasos en la entrada viendo su frágil y hermosa figura alejarse, debatiéndose interiormente si seguirla o no, si mostrarse ante ella, pensando en como reaccionaría su novia, analizando posibles estrategias, haciéndolo ver como si todo fuera una casualidad del destino, después de todo no quería que ella descubriera que estaba celoso y que la había perseguido durante todo el día. Al momento que se decidió a ir tras Serena, un joven lo pecho ganándole la carrera.
El estúpido de Seiya.
Sus manos se crisparon furiosas deseoso de abalanzarse contra él pero se contuvo. A metros de ellos podía escuchar el pequeño intercambio de palabras.
—Oye, si es que no querías bailar me hubieras dicho, bombón. No voy a obligarte. Perdóname si te he incomodado. Haremos lo que tú quieras.
—No, no es eso. Ya es hora de irme a casa.
Entonces Serena retomó sus pasos dejando a Seiya abandonado. Darien observó la escena esperanzado y sus piernas reaccionaron deseando acompañar a Serena hacia su casa pero, otra vez, Seiya reaccionó más rápido que él.
—¡Espérame, te acompaño!
Y se quedo quieto sintiendo sus extremidades como pesadas piedras mientras Seiya y Serena se alejaban ante su nublada visión. Suspiró con fuerza observando su aliento evaporarse en la helada brisa. Y la nieve comenzó a caer...
Hacia bastante tiempo que no sentía ese vacío inmenso en su interior.
Una frágil mano rozó su hombro.
Contempló a Mina hacia sus espaldas.
Ella le sonrió comprensiva.
Suspiró.
Palabras no faltaron.
Mina siempre estaba ahí para él.
Darien sonrió a medias, le costaría admitirlo pero ella era su amiga, una amiga de verdad.
Luego de eso la invitó a tomar algo "caliente." Entre comillas porque, mientras ella tomaba una taza de chocolate, él decidió volcar algo de alcohol en su boca, aunque ese "algo" se fue acrecentando a lo excesivo. No bebía para ahogar su penas… ¡claro que no!...
Aunque estuviera herido y desesperado…
Serena lo había abandonado… bueno, inconcientemente, ella no sabía que él estaba ahí.
Interiormente lloraba de la rabia, aunque no permitía que las lágrimas se derramaran por sus mejillas...
Llegaron de forma torpe al edificio, con un Darien tambaleándose de lado a lado y riendo exageradamente mientras se apoyaba sobre los frágiles hombros de Mina.
La rubia era muy lista –o tal vez súper obsesiva e intrometida en las vidas de las demás personas- y sacó de su pantalón una copia de las llaves del apartamento de Darien.
¿Cómo habían llegado a sus manos?
Bueno, era Mina Aino.
—Venga, entra —musitó tirando del brazo a Darien que se había quedado mirando como un idiota una planta en el pasillo.
—¿Por qué?, ¿por qué se fue con él? —preguntó de forma ahogada siendo arrastrado por la rubia dentro del apartamento.
Ella puso los ojos en blanco, ya cansada de su actitud pseudoemo-alegre.
—Vamos a sacarte esto… —formuló ayudándolo a sacarse la bufanda e intentando abrir la campera, aunque sus finos dedos temblaban al tener tan cerca al muchacho—. Date vuelta.
Él no respondía a órdenes y cuando vio que Mina se alejaba de su cuerpo aprovechó para escapar hacia la cocina.
Mina lo siguió enojada.
—¡Darien, suelta eso! —exclamó al ver que sacaba una botella de alcohol de la heladera.
—¡Pero tengo sed! —respondió como un crío siendo castigado por su madre.
—¡Pues toma agua!
Mina le arrebató la botella y luego derrapó el líquido en el lavado. Darien vio con tristeza como su "ahogador de penas" desaparecía hasta la nada.
—¡No es justo! —exclamó con las cejas arqueadas y salió de la cocina—. ¿Qué tiene él que no tenga yo?
—Juventud y una creciente cuenta bancaria —respondió de forma inconciente. Bueno su comentario no había sido de mucha ayuda.
Darien se quitó furioso la campera. Entonces giró sus pasos entrando a su dormitorio llevándose por adelante todo lo que había. Mina fue detrás de él encendiendo la luz de la habitación y encontrándolo de espaldas en el suelo mirando de forma dubitativa el techo.
—Ya no me quiere... —susurró con la voz ronca.
Mina puso los ojos en blanco.
—Lo dije a modo de broma —esa fue su disculpa mientras suspiraba—, vamos, levántate.
Lo sostuvo del brazo ayudándolo a recobrar el equilibrio. Darien casi cae encima de ella al tambalear, pero la rubia lo supo encaminar con paciencia hacia la cama.
Cayó de espaldas sobre el colchón y su mirada quedó atrapada en los ojos de Mina.
—Voy a encender el calefactor.
Justo cuando ella iba a separarse él la sostuvo del antebrazo, empujándola hacia su cuerpo. Mina se sintió desfallecer mientras caía de bruces sobre Darien. Cada segundo lo experimentaba en cámara lenta. Desde el momento en que sintió esos fuertes dedos cernirse en su carne hasta la brisa acariciando su rostro cuando fue a dar encima del torso de su ser amado. Podía escuchar los suaves latidos, sentir el dulce aroma que desprendía, la calidez del varonil cuerpo… ¡y no era un sueño!
Algo se movilizó dentro de ella. Algo que le hacía sentir culpable consigo misma. Algo que le daba tristeza. Algo que al mismo tiempo le daba alegría.
Sentía que en cualquier momento iban a volar de su boca las mariposas que revoleteaban en su estomago y, para peor, Darien se atrevió a abrazarla con fuerza.
—Hueles bien —susurró hundiendo su rostro en la rubia cabellera.
El corazón de Mina se detuvo un instante para luego retomar sus latidos de forma frenética.
—D-Darien…
—¿Hum?
—¿Qué haces?
—Nada…
—¿Por qué…?
—Te quiero. Eres una buena amiga. ¿Acaso no puedo abrazarte?
No estaba bien en un corazón adolescente y enamorado escuchar un "te quiero" seguido por un "amiga."
Y así lo sintió ella, percibiéndolo como si le hubieran dado un obsequio y al instante se lo hubieran quitado. La respiración de Darien se aminoró y el agarré sobre Mina se aflojó. No faltó mucho para que se durmiera.
La rubia aprovechó para separarse –aunque odiara alejarse del calor de aquel cuerpo-, sabía que lo que estaba haciendo estaba mal. Entonces se sentó a su lado observándolo por instantes. Podía dibujar cada detalle del varonil rostro con su mirada. Las facciones tranquilas. Los pómulos afiebrados, los oscuros cabellos desornados. Los labios entreabiertos…
...tan apetitosos para ella.
—Que gracioso —susurró con ironía y se levantó de la cama.
Apagó la luz y justo antes de salir del dormitorio escuchó un débil:
—Quédate esta noche...
Ella se mantuvo pensativa en el marco de la puerta. Suspiró con fuerza y salió de la habitación. Caminó con sigilo por los alrededores tomando analizando aquel pedido y, finalmente, decidió sentarse en el sillón observando la oscuridad ahogante, aquellas sombras anchas y tenebrosas que acompañaban día a día la soledad de Darien.
El sonido del teléfono la despertó de su ensueño. Se mantuvo observando el aparato sin hacer ademán de levantarse. Entonces, se encendió la contestadota.
—Darien, soy Beryl —los ojos de la rubia se abrieron sorprendidos—, por favor, contesta…
No supo porque pero alzó el auricular…
… y respondió.
Sepan disculpar horrores.
Gracias a todos los que se toman su tiempo para leer mi historia, ¡muchas gracias! ;)
Nos vemos en la prox actualización :D
