Peeta POV.
-Pues pruébalos a todos, Peeta. No tienes ni veinte años, tienes derecho a probar lo que quieras. Pruébate a Gale, pruébate a Finnick y a Chris. Y al final, decides con quien te quedas –Es lo que Johanna me dice cuando le cuento sobre mi problema interno.
-¿Tener sexo con los tres?
-Bueno, con Finnick ya lo has hecho –sonríe con maldad-. A los otros dos, dale. Si yo tuviera tres tíos buenos que se mueren por mí, no sé, me los hecho a todos al mismo tiempo.
-Johanna, que asco.
-Es la verdad. Eres joven, intenta todo.
Sorbo a mi malteada y dejo que el tema se escape, mientras Johanna habla sobre su fin de semana familiar y como conoció a un chico Mexicano.
Contesto cuando tengo que contestar, mas sin embargo mi mente está en otro lado.
¿Será posible hacer eso?
¿Sería capaz de hacerlo?
Gale no me llama la atención ahora, aunque las veces que estoy con él, sus labios me atraen, su cuerpo me llama, pero puedo resistirlo.
Chris, con Chris es diferente, lo deseo de verdad, estaría dispuesto a hacerlo.
Y Finnick, bueno, me entregaría a Finnick en cualquier lugar.
Regreso a la última vez que estuve con Gale en el hospital.
Salió de bañarse y lo ayude a vestirse, recuerdo como pase mis manos por su piel desnuda y como acaricie sus muslos.
-¿No te da pena? –le pregunto de forma casual-. Que te vea desnudo…
-No, eres tú. –dice el sonriendo.
No está desnudo completamente, pero con esa ropa interior es como si lo estubiera.
Recuerdo que pase mi mano lentamente por encima de su miembro, tardándome demasiado mientras subía el pantalón de tela del hospital.
Después recorrí todo su torso lentamente mientras le ponía la camisa.
¿Lo haría con Gale? Si, si lo haría. Y él lo haría conmigo.
También regreso hasta el fin de semana pasado, junto a Chris, en su cama, desnudo bajo mi cuerpo, con esa pelusilla obscura condenadamente sexy en todo su torso.
Me entregaría a Chris, completamente, no tengo ninguna duda.
Y recuerdo lo que Finnick me ah hecho sentir, sin pensarlo, se que con el también lo haría de nuevo.
Bien, Johanna tiene razón, debo de probar todo lo que esté a mi alcance, así, cuando tenga que decidir, no tendré que adivinar, lo sabré.
-Y me dijo que no me podía vender solo la lengua del caballo, ¿Puedes creerlo?
Bien, no eh escuchado nada.
-¿Solo la lengua? Qué asco.
-¡Los encontré! –Grita Annie a mis espaldas y agradezco que haya llegado en el momento preciso justo antes de que Johanna se diera cuenta que no le había prestado atención.
Al final, terminamos todos sentados en dos mesas, tomando café y comiendo pastel de chocolate.
-¡Queremos ir! –Dice Prim cuando terminamos de contar a cerca de la isla a donde nos llevo Chris.
-Podemos ir el próximo fin, ¿Qué les parece? –Nos dice Sean.
-¡Perfecto! –Y se desata una discusión en la mesa.
Dos horas después, estamos comprando ropa en el centro comercial.
-¿Crees que se ve bien? –le pregunta Annie a Johanna sobre un vestido y un par de zapatos.
Sean está sentado en una silla, con la vista fija en el teléfono celular y yo estoy de pie, esperando.
-Iré a la sección de hombres –les aviso antes de irme.
Paso por perfumería, inhalando profundamente ese aroma típico de esta zona de la tienda.
Solo quiero despejarme un poco, aclarar mi mente.
A según, este fin de semana volveremos a la casa del lago, tendré mi oportunidad de estar con Chris, tengo que ir preparado, voy a lo que voy.
Justo cuando eh tomado el valor suficiente y me eh prometido un mil de cosas, aparece el.
Finnick, viene caminando por el pasillo, distraído. Su cabello esta largo, cobrizo y hermoso, sus ojos verdes están fijos en su IPhone, lleva una camisa color blanca y un pantalón de mezclilla muy ajustado.
Todos mis pensamientos se evaporan, todas mis ganas de estar con alguien más desaparecen. Ahora solo quiero ser de él. No quiero nada mas, no necesito nada más. Gale es pasado, Chris no tiene importancia. Finnick es mi futuro.
-Hola –murmuro como puedo.
-Peeta –masculla él con alivio y sonríe ampliamente, restirandose sus carnosos labios rosados.
Me arrojo a su cuerpo, puedo sentirlo de nuevo, su ancho pecho junto al mío, su corazón latiendo bajo mi oído, sus manos fuertes presionadas en mi espalda. Su olor familiar, su respiración inigualable. Es mío. Fue mío.
-No me dejes –murmuro y me encuentro sollozando-. Por favor.
-Hey Peeta –Finnick eleva mi rostro, sujetando mi barbilla con sus dedos.
-Por favor, te necesito.
-Tranquilízate, por favor.
-Promete que no volverás a dejarme. –ruego.
-Para dejarte primero tenemos que empezar –dice el, bromeando.
Guardo silencio y me enamoro de su hermosa sonrisa y de la preciosa manera en que me mira.
-Finnick, ¿Quieres ser mi novio? –murmuro y el suelta una risita. Amplia su sonrisa.
-Por supuesto que sí, Peeta. –contesta y mi corazón da un salto de alegría.
El, solo él. Solo a él necesitaba para hacerme olvidar a todos. Para centrarme. Solo estaba desubicado y necesitaba el calor de su cuerpo para volver a agarrar mi camino.
Siento sus labios sobre los míos, lentamente, uniéndose.
-Vámonos de aquí –murmuro.
-Vine con Cato y Glimmer, tengo que avisarles…
-No. Vámonos del país. Vámonos juntos –se queda callado.
Extraño tanto nuestra antigua vida. Una vida sin problemas, sin personas, sin confusiones. Sin maldad. Una vida en donde él y yo éramos lo único que importaba. En donde no había un Gale por el cual yo tuviera que preocuparme o un Chris que me hiciera hacer cosas que en realidad no quería hacer, porque ahora, se que en realidad nunca podría estar con él. Yo solo pertenezco a Finnick.
-Peeta, estas alterado, tranquilízate. –no pierde su hermosa sonrisa.
-Vámonos, vamos a tu casa –murmuro mirándolo a los ojos y noto que se ah encendido una chispa en ellos.
-¿Estas seguro? –me pregunta.
-Estoy completamente seguro de ti. –contesto.
-Vámonos –susurra y toma mi mano.
Salimos del centro comercial, bajo las miradas de todos. Es imposible que alguien no nos mire. Que alguien no se voltee y susurre algo, pero no me importa. Ni a mí ni a él.
Cuando me abre la puerta del coche y acaricia mi mejilla vuelvo a ser el hombre más feliz del mundo.
"Estoy con Finnick" es lo que le mando a Johanna en un mensaje de texto. "Cuídate, te quiero." Me responde.
Se sube al coche y lo primero que hace es tomar mi rostro entre sus manos y besarme en los labios.
-Te eh extrañado mucho, Peeta.
-Yo también –murmuro y nuestros labios se rosan.
Enciende el coche y comienza a conducir.
Contemplo su rostro fijo en la carretera y después bajo la mirada mientras juego con mis manos.
Me doy cuenta que no vamos para su casa cuando entramos por un camino rodeado de arboles, en dirección al lago. No digo nada.
Finnick estaciona el coche frente al muelle y me mira con los ojos rojos.
Hay por Dios, que no llore. Por favor. No lo soportaría. Me duele el corazón de verlo así.
-Pensé que te perdería… -comienza a decir y se le corta la voz.
-Eso nunca, Finnick. Jamás.
-Peeta, no tienes idea de cuánto te amo.
-Yo también te amo, Finnick. Por favor, no estés triste.
Sonrie a medias y sus ojos se tornan mas llorosos.
-No estoy triste, Peeta. Estoy feliz. Tú me haces el hombre más feliz del mundo.
-Finnick, vámonos. Marchémonos de aquí. Seamos felices solos tú y yo.
-¿Harías eso por mi?
-No es por ti. Es por mí. Vámonos. Te quiero a ti. Te amo a ti. Eres mi elección para toda la vida.
-Para toda la vida… son palabras peligrosas, Peeta.
-Lo sé. –Contesto con firmeza.
-Esas palabras no tienen significado para mi, Peeta. La vida tiene un fin, la muerte. Lo que yo siento por ti no tiene final. Algún día moriremos, y yo te seguiré amando. Una y otra vez.
-Finnick… -mis ojos se llenan de lágrimas junto con los suyos.
-No te imaginas cuanto te amo…
-Lo hago. Porque yo te amo de la misma manera. Ahora lo sé.
Toma mi rostro entre sus manos y me besa desesperadamente.
-Necesito de ti –murmura antes de meter la mano por mi playera y acariciar mi vientre desnudo.
Mientras me acaricia lentamente y sus labios vuelven a darme vida, siento que ya no puedo más. Quiero largarme de este lugar ahora mismo. Quiero olvidarme de todos y de todo. Quiero ser feliz con él.
-Mierda –dice cuando su celular comienza a sonar-. Son Cato y Glimmer.
Finnick contesta la llamada y aprovecho para limpiarme el rostro y tallar mis ojos.
-Tenemos que regresar por ellos –me dice con tristeza.
-Vamos –le sonrió tiernamente y tomo su mano.
-Te amo, Peeta Mellark.
-Te amo de igual manera, Finnick Odair. –contesto.
Se inclina, me besa y hasta la última partícula de mi cuerpo salta de gozo.
-Aquí espérame –dice él cuando llegamos al centro comercial y baja del auto con el teléfono en el oído.
Los espero durante diez minutos.
Glimmer, como siempre de hermosa, lleva un vestido rosa pastel hasta las rodillas y unas hermosas zapatillas verdes.
Cato esta justo como lo recuerdo, alto, musculoso, rubio y amedrentador. Pasando un gran brazo por los hombros de Finnick.
-No nos dijiste que tenías compañía –murmura Cato cuanto llega al auto y me sonríe maliciosamente.
-Hola, Peeta –me saluda Glimmer-. Es un gusto verte de nuevo –Bonitas palabras y hermoso tono, dejando a un lado que hace mucho tiempo ella disfrutaba molestándome.
-Hola –los saludo amablemente.
Ambos suben al asiento trasero y después Finnick.
Me dedica una sonrisa hermosa y se inclina para besarme en los labios. Siento vergüenza e incomodidad con Glimmer y Cato a mis espaldas.
Escucho unas risitas a mis espaldas.
-Eh, que le has tragado la garganta al chico –murmura Cato hacia Finnick.
Finnick se ríe y extiende su mano para hacerle una señal con el dedo de en medio.
La música se enciende y Cato, Finnick y Glimmer comienzan a hablar. Si es que a eso se le puede llamar "hablar". Los tres están gritando. Discutiendo por una canción. Creo.
Miro hacia afuera. Está comenzando a llover.
Primero dejamos a Cato y después a Glimmer.
-Se todo lo que te hicimos en el pasado, Peeta. Pero esperemos que puedas perdonarnos y ser amigos –se despide Glimmer.
-Por supuesto. Dalo por hecho –le digo y sonrió ligeramente con toda la sinceridad que tengo.
Glimmer se baja y Finnick me mira sonriendo ampliamente.
-¿Qué quieres hacer el resto del día? –me pregunta.
-Solo deseo estar contigo. Sorpréndeme –respondo.
Sí, estoy completamente perdido en el.
-Bien. Espero y logre sorprenderle, señor Mellark –me besa ligeramente en los labios.
Conduce hacia el norte, al parecer tratando de hacer tiempo para pensar en qué hacer.
-¿Qué te pasa? –le pregunto cuándo noto que no despega la vista de la carretera.
-No puedo creer que te tenga a ti –me dice y mi corazón late con fuerza.
-De todas las personas en el mundo, me has elegido a mí. Es algo increíble –susurra mirándome.
-Finnick… es que no eh conocido a todo el mundo aun –trato de bromear. El sonríe ligeramente pero regresa a la seriedad total.
-Peeta, no te imaginas todo lo que yo haría por ti.
-Finnick… -Quiero silenciarlo. No me gusta que hable así. Siento que nos estamos despidiendo.
-No Peeta. Déjame hablar. Me siento la persona más feliz del mundo. Tengo la mejor vida. Tengo un coche maravilloso –sonrie ligeramente-. Tengo grandes amigos, aunque no lo creas. Tengo una casa, dinero, comida. Tengo al chico más maravilloso del universo sentado a mi lado –murmura antes de mirarme de reojo-. Siento que… Dios… o el destino o el karma… siento que me quitaran todo. Que no debo de ser tan feliz. Que ser tan feliz como lo soy yo es ilegal… tengo miedo a que me quiten todo esto… No… -corrige-. Tengo miedo a perderte. Es lo único a lo que en realidad temo.
-Finnick, no me vas a perder jamás…
-Eso dices tú Peeta… Te creo. Confió en ti… no se… simplemente me siento de la manera más maravillosa que puede existir, es gracias a ti.
-Hay Finnick. No tengo tantas palabras para describir lo que yo siento… pero es un sentimiento tan intenso como el tuyo. Se que te amo, lo único diferente es que yo no tengo miedo al perderte… se que no te voy a perder. Nacimos para estar juntos. Jamás te voy a dejar. Jamás me vas a dejar. Estaremos para siempre.
-¿Me amas, Peeta? –me pregunta y toma mi mano entre la suya.
-Te amo con todo mi corazón. Lo sabes.
-Si, lo se. Pero es hermoso escucharlo. Es hermoso ver tus labios articular cada palabra.
-Te amo –repito.
-Te amo de la manera más intensa que ni siquiera es imaginable.
-Dos entradas para la siguiente función, por favor –pide Finnick en la taquilla del cine.
-Es increíble que jamás habíamos ido al cine juntos –le digo mientras acaricio sus dedos entre los míos.
-Es increíble la cantidad de cosas que no hemos hecho. Cosas normales –dice el.
-Hagamos todo. Hagamos todo lo que se nos ocurra.
-Tenemos toda la vida por delante. Empecemos por ver esta película –sonrie.
Caminamos hacia el cine café, a esperar la hora para pasar a la función.
Tomados de la mano, sonriendo y felices. Aun con todas estas miradas.
Nos sentamos en una mesa, tan pequeña que puedo tocar el rostro de Finnick con tan solo extender mi mano ligeramente.
-¿Qué? –pregunta.
-Eres hermoso. Podría mirarte para siempre.
-Tu eres hermoso Peeta, mira esos labios rechonchos y rosados –murmura mientras con su pulgar acaricia lentamente mi labio inferior-. Tus hermosos ojos azules. Como el cielo….
-Cállate Finnick. Estamos en un lugar público y no quiero terminar haciéndolo sobre la mesa –sonrió.
-Me encantaría hacerlo en la mesa –murmura y se inclina para besarme.
Sus tobillos rosan los míos y sonrió entre sus labios.
-Vamos, pervertido. Nuestra película va a comenzar.
Al inicio de la película pensé que terminaríamos acostados en el fondo de la sala, el sobre mí, besándonos apasionadamente. Luche durante un largo rato cuando las luces se apagaron. Quería tocarlo. Quería acariciar su rostro y sus manos. Al final, me limito a recargarme contra su cuerpo, el abrazándome cálidamente y entrelazando nuestras manos.
La película trata sobre un grupo de chicos que se pierden en un bosque y poco a poco alguien los va asesinando. Muy romántico todo esto.
-¿Te gustó la película? –me pregunta cuando salimos de la sala.
-Fue entretenida –respondo con sinceridad.
-¿Qué quieres hacer ahora? –pregunta mientras toma mi mano y la entrelaza a la suya.
-No lo se Finnick, como dije, hay tantas cosas normales que me gustaría hacer contigo.
-¿Quieres comenzar por alguna en especifico? –sonrie y se inclina para besarme pero no lo hace.
-Solo se me ocurre una –murmuro acercándome a él.
-¿alguna otra cosa que quieras hacer antes de que hagamos esa?
-No entendí muy bien –susurro-. Pero creo tener hambre –acerco mis labios a los suyos y lo beso.
-Yo también. Tengo mucha hambre de ti –pone sus manos sobre mi cintura y me acerca a él.
-Estamos en un lugar público –le digo divertido.
-Creí que esto era lo que querías.
-Si, pero ahora quiero cenar primero –me retiro de su cuerpo.
-No sabes el efecto que causas en mi, Peeta. Daría todo lo que tengo y no tengo para que tú supieras lo maravilloso que me siento cuando estoy contigo. Mirarte a los ojos es mi mayor adicción. Observar tus labios es una pasión. Oler tu enloquecedor aroma es lo que más me gusta hacer. Peeta, quiero pasar el resto de mis días contigo.
Lo miro a los ojos, esos ojos verdes tan perfectos. Sus labios rosados entreabiertos, su cabello largo callendo sobre su frente.
-Finnick, quisiera poder hablar como tu, pero no tengo muchas palabras. –O si las tengo, pero temo decirlas-. Sabes que te amo, Finnick. Te amo como jamás alguien ah amado a otra persona. No hay un amor más fuerte que el que siento por ti.
Nos quedamos mirándonos el uno al otro durante un largo tiempo. Encerrados en nuestra burbuja personal, aislados de todo el ruido exterior, alejados de la sociedad.
-No llores –murmura-. No lo hagas jamás.
Con su dedo pulgar limpia una lágrima que salía de mi ojo, ni siquiera supe como había salido de ahí.
-Vamos, Peeta. Cenemos algo –me da un rápido beso y toma mi mano tirando de ella hasta la salida.
Salimos del cine y subimos a su coche.
-Me gusta esa canción –le digo al instante en que la música comienza.
-It's my life es de mis favoritas de Bon Jovi –susurra mientras comienza a avanzar por la autopista.
Sonrió. También de las mías.
-¿Cuál es tu canción favorita? –pregunto. Las luces de los coches sacan hermosos destellos de su rostro.
El sonríe ampliamente.
-Te conozco desde hace bastante tiempo y ninguno de los dos sabe los gustos musicales del otro –niega ligeramente, divertido.
-Lo se, es extraño –digo.
-Bien, the Scientist de Cold Play, sin duda.
-Buena canción –acepto.
-Lo se. ¿Cuál es la tuya?
-Bien… -¿Cuál es?-. En realidad tengo gustos variados, puede ir desde Safe and Sound de Taylor Swift a Imagine de John Lennon. En realidad me gusta mucho la música y sobre todo la que tiene un buen ritmo. –sonrío.
-Bueno, arma una lista de reproducción y entrégamela, me encantaría poder escuchar tus canciones.
-Por supuesto.
Mientras avanzamos la noche se vuelve más obscura.
-¿A dónde vamos? –le pregunto.
-Me se un lugar, un poco retirado del pueblo, es hermoso –me explica.
-Bien.
-Te encantara –murmura mientras me mira a los ojos.
-Me encantara cualquier lugar mientras tú estés ahí.
-Pues estaré contigo en todos los lugares a partir de hoy.
-Entonces seré la persona más feliz del universo.
-¿De la galaxia entera?
-Completamente.
-¿Para siempre?
-Y por siempre.
Sonríe ligeramente y fija los ojos en la carretera.
Miro hacia afuera por la ventana, las luces de los coches iluminan en gran parte el paisaje, la otra parte está iluminada ligeramente por lámparas.
-Llegamos –murmura.
Estaciona el coche en un lado de la carretera, no se ve ningún restaurant por ningún lado. De un lado de la carretera está el lago y del otro hay árboles, creo.
-Vamos –dice y bajamos del coche.
-¿Es aquí? –pregunto.
-Si –contesta sonriendo y extiende su mano para tomar la mía.
No veo nada que me diga que aquí podemos cenar, pero, junto al coche de Finnick, hay unos diez coches más.
-¿Dónde estamos?
-Es un secreto –murmura.
Caminamos por la orilla de los arboles, entonces noto como unas enredaderas forman una puerta.
-Adentro –dice Finnick mientras pasamos por debajo del arco de enredaderas.
Cruzando la espesa vegetación típica del lugar, puedo notar que en el fondo hay luz. Una pequeña casa de madera, iluminada con lámparas amarillas.
Hay un camino de tierra roja que nos lleva hasta hallá.
-Es hermoso, Finnick ¿Cómo has llegado aquí?
-Sabría que te gustaría –murmura en mi oído-. Puede ser nuestro secreto. No muchas personas conocen este lugar.
-Entonces debe ser difícil mantenerlo funcionando, tan escondido y con tan poca clientela…
-Es perfecto, ya verás –me dice.
Caminamos hasta la hermosa cabaña de madera y dentro hay tanto espacio que, de todas las personas, nadie está cerca de la mesa en que nos sentamos.
-Este lugar es hermoso –murmuro inclinándome ligeramente sobre la mesa.
Todo el interior es de madera, rustico, hay detalles en dorado, es como…. Me siento como si estuviera sentado en un restaurant del siglo XX.
Una hermosa chica trae las cartas y Finnick y yo cogemos una cada uno.
-¿Van a desear algo para beber? –nos pregunta con una dulce voz.
Miro a Finnick, para saber si estamos de humor para un buen vino, coctel o simple coca-cola.
-Para mí una Coca-Cola –dice el. Bien, ese es el Finnick que más me gusta, el que aun es un joven hermoso y encantador.
-Para mi igual –respondo.
Finnick sonríe y examina su carta.
-Te recomiendo mucho el pollo en salsa de naranja y los rabioles.
-Gracias, pero creo que pediré pescado con salsa de mango –le digo.
-Eso ni siquiera está en el menú.
-"¿Quieres algo en especial? Pídelo, nosotros lo haremos para ti…" –Recito la frase que esta al final de la carta.
-Bien, ¿puedes comer cualquier cosa y pedirás pescado y mango?
-Me trae muy buenos recuerdos –sonrió.
-A mí también –murmura él, mirándome a los ojos y esbozando una hermosa sonrisa que deja ver sus perfectos dientes blancos.
-Ya se como este lugar se mantiene de pie con tan poca gente, por Dios, la Coca-Cola cuesta siete veces más que en cualquier otro lugar –murmuro.
-Vale la pena.
-No, no la vale –murmuro y comienzo a ver los precios.
Bien, jamás había visto un pollo tan caro, o el espagueti, o incluso la simple hamburguesa.
-Más te vale que pidas lo que quieras, hasta que llenes. O yo pediré por ti y tendrás que comerte todo.
-Finnick, esto es carísimo –murmuro por lo bajo y me aseguro que nadie escuche.
-Peeta, podemos permitírnoslo.
-No se, no se…
-Déjame pagarle algo caro al amor de mi vida.
-Hay por Dios… Ni de loco. Solo tomare la coca-cola –le advierto.
-Está bien –dice el sonriendo.
Minutos después vuelve la chica.
Eh buscado el platillo más barato y aun así está demasiado caro para mi gusto, pero es lo que voy a pedir.
-¿Tomo su orden? –pregunta amable.
-Dos platillos especiales y dos postres del día, por favor –le dice Finnick mirándome fijamente después de hablar.
-Muy bien, el postre… ¿Pastel de chocolate o nieve de yogurt?
-Los dos está bien –dice el.
-¿Los dos? ¿Para los dos o cómo? –la chica esta vuelta un lio. No es extraño porque Finnick es demasiado sexy, hermoso y perfecto.
-Pastel y nieve para mi, pastel y nieve para el –le dice Finnick sonriendo aun mas.
-Para mi está bien solo la nieve –le digo.
-No, yo voy a pagar, trae justo lo que eh dicho.
-Claro señor, en un momento regreso –dice la chica estúpidamente.
-¿Tienes la más remota idea de en cuanto esta el platillo especial? –pregunto cuando la chica se va.
-Peeta, tranquilízate, disfruta esta noche, ¿Si? Dame el placer de tener una magnifica velada contigo.
-Finnick, podremos tener la mas magnifica velada si nos sentamos al lado del lago y comemos unas papas fritas y coca-cola.
-Tu simple presencia haría magnifico eso.
-Si. Es lo que digo –sonrió-. No tienes por qué gastar tanto en mí.
-Dale, ya, Shhh –coloca su dedo sobre mis labios y después se inclina para besarme.
-Te hare feliz –le digo entre sus labios, saboreando su lengua.
-Me haces feliz –murmura cuando deja de besarme.
Minutos después la chica trae nuestros platillos.
Todo lo que pruebo es delicioso, para cuando el postre llega a la mesa siento que voy a reventar.
-No voy a terminar eso –le digo a Finnick cuando veo el trozo de pastel y la copa de nieve.
-Pues me costó bastante, no te dejare que dejes ni un pedazo.
-No puede ser que sigas teniendo espacio en tu estomago –digo sorprendido cuando veo como toma el tenedor y come un gran trozo de pastel.
-Cuando era niño siempre tenía hambre, nunca había probado un trozo de pastel… ¿Recuerdas aquellas veces en la isla? Cuando no tenias lo suficiente para comer ¿Recuerdas cuanto habrías dado por comerte ese trozo? O una nieve deliciosa, helada y dulce. ¿Lo recuerdas?
Después de varios segundos asiento.
-Bueno, entonces eso hará un gran espacio en tu estomago, Peeta. Te lo aseguro.
-Estas jugando sucio –le digo.
-Algo así, solo comételo, no te arrepentirás.
Y es exactamente lo que hago. El pastel es delicioso, es un chocolate amargo que no empalaga, por lo tanto, cuando ya me eh acabado el pastel, aun tengo ganas de limpiar el plato con el tenedor.
La nieve es mucho mas tardada. Es de yogurt natural, acompañado con chocolate, fresa, cajeta o crema de avellanas.
Cuando termino por fin todo, siento que si me como algo mas voy a explotar, por todos lados.
-Oh por Dios –murmuro cuando me levanto de la mesa.
-Eh comido demasiado –dice el.
-Ya te digo.
Toma mi mano y caminamos hasta su coche.
-Nos espera un largo camino de regreso –me dice.
-Creo que debería avisar a mis padres –tomo mi teléfono y comienzo a escribir un mensaje de texto.
-Quédate a dormir conmigo –susurra en mi oído.
-Me encantaría.
-Pues hazlo, pide permiso. Te extraño.
Asiento y sonrío.
Al final decido mejor llamar a mi padre que escribirle un largo mensaje.
-¿Te quedaras? –me pregunta.
-Por supuesto, de hecho, no se cómo le vayas a hacer, pero yo no estoy dispuesto a pasar una noche más sin ti. ¿Cuántas noches pasamos juntos en la isla? ¿Cuántas noches me abrazaron tus brazos? ¿Cuántas veces tus labios me despertaron?
-Y ahora todo no lo arrancaron de un tirón. –murmura.
-Vámonos, Finnick. Tengo una tarjeta llena de dinero, ese dinero es mío, bien podemos vivir mucho tiempo…
-Yo también tengo dinero…
-Vámonos, por favor –quiero irme.
El tiempo en que estuvimos solos, sin preocupaciones, sin nadie más en nuestras vidas, eso es lo que quiero, lo que extraño.
Ahora, bueno, tengo mil preocupaciones en sima. Por más que quiero dejar todo atrás, no lo logro. Necesito irme para olvidar, necesito irme para poder ser feliz completamente.
-Tenemos que pensarlo bien –dice mientras abre mi puerta y entro en el coche.
-Yo estoy dispuesto a vivir para siempre contigo.
-Yo también, es lo que más deseo –murmura y después me besa.
Enciende el coche y comienza a conducir sobre la carretera desierta.
-¿Quieres hacer algo mas antes de irnos a casa? –me pregunta.
Niego con la cabeza.
Hay tantas cosas que ahora me llegan… Katniss, Gale, mi madre, mi hermano, mis amigos, la universidad… Hay tantas cosas que no eh hecho, tantas cosas que debería hacer… No quiero. Quiero mi vida de antes. Quiero largarme a esa isla desierta, sola… o a otra… en donde no haya absolutamente nadie. Ninguna tribu extraña, ningún peligro del cual no pudiéramos librarnos nosotros mismos. Eso es lo que quiero.
Cuando llegamos a su casa me doy cuenta que todo el camino no hemos hablado. La música suena de fondo, tranquila y relajante. Yo llevo la cabeza pegada al vidrio de la ventanilla y Finnick tararea la canción que está sonando.
-¿Largo viaje? –pregunta.
Yo asiento.
-¿Qué tienes? –inquiere el inclinándose en su asiento.
-Nada –sonrío y miento.
Bajamos del coche e instantes después toma mi mano y me conduce hasta el interior de la casa.
-Es hermosa Finnick –le digo cuando veo el interior.
-Gracias –dice el.
-¿Cómo te hiciste de tanto dinero? –le pregunto. Su vida anterior es totalmente diferente a esto.
-Bueno, la beca en el instituto era completa, además también tenía beca en deportes y trabajaba todas las tardes con el padre de Cato –me explica.
-Debió ser difícil… tu… adolescencia.
-Mucho –dice.
Finnick, mi Finnick. Un joven divertido pero maduro, un chico que ah sufrido mucho, que ah tenido que salir por sus propios medios de la miseria.
-Tengo muchas ganas de algo… desde hace mucho tiempo –murmura en mi oído.
-¿Qué? –pregunto y mi respiración se entrecorta.
-De ti. Tengo ganas de ti.
Su voz hace que me derrita al instante.
Me giro y lo beso, lentamente, saboreando sus labios y disfrutando de su delicada lengua.
-Aquí no –murmura- vamos a mi habitación.
Vamos, vamos, vamos, vamos.
Toma mi mano y la besa.
Asiento ligeramente mientras él me mira a los ojos.
-Te amo tanto –murmura cuando llegamos a la puerta del dormitorio.
-Y yo a ti –le digo después de besarlo en los labios.
Caminamos hasta la cama y la simple vista me hierve la sangre.
-No te muevas –susurra en mi oído y comienza a desabrocharme la camisa mientras acaricia mi piel desnuda lentamente.
Se quita el la camisa y entonces pierdo el control.
Sus pectorales están marcados, hermosos y perfectos. Me abalanzo sobre él y comienzo a besarlo, acariciando su espalda e inhalando cada vez mas parte de él.
Acerca su cuerpo al mío, junta nuestras cinturas y el rose de su piel desnuda me provoca un estremecimiento interno que hace que mis labios se tensen entre los suyos.
Me tira a la cama suave y su cuerpo cálido y pesado me sofoca la respiración.
-Te amo –murmuro mientras me besa.
-Te amo –dice desesperadamente.
Acaricia mi abdomen lentamente y con sus dedos agiles desabrocha mi pantalón.
Lentamente va metiendo sus dedos por debajo de mi ropa interior, haciendo que me contorsione bajo su cuerpo y mis labios se tensen entre los suyos.
Sus cálidas y suaves manos comienzan a acariciar mi miembro, lentamente, cuidando cada movimiento, tomándolo como si fuese a romperse.
-Finnick… -se me escapa un gemido entre sus besos.
Mientras mueve su mano entre mis genitales se va formando una erección entre su mano, lo que me provoca un gran estremecimiento interno.
-Eres delicioso –murmura separándose un poco de mis labios.
Se levanta y trato de detenerlo pero es imposible.
Se quita su pantalón, dejando al descubierto sus perfectas piernas torneadas y su gran erección oculta bajo una tela azul.
-Voy por protección –susurra despacio.
Niego con la cabeza lentamente y me paro de donde estoy, tomo su cuello entre mis manos y lo tiro sobre mi cuerpo.
Lo mas ágil que puedo quito mi pantalón y sentir su erección contra la mía es la sensación mas exquisita que jamás podría sentir, aunque la fina tela de la ropa interior nos prive de las demás sensaciones.
-Te amo –murmura.
-Te amo –le aseguro.
Comienza a besarme el cuello y baja hasta el pecho, usando su lengua para explorar las zonas.
-Oh Finnick –mis ojos se llenan de lagrimas de excitación mientras su lengua juega con mis pezones y su mano acaricia mi erección lentamente.
Con todas mis fuerzas giro en la cama y hago que el quede debajo de mi.
Sonriendo se levanta para unir nuestros labios.
Beso sus mejillas lentamente, saboreando su piel deliciosa, desciendo por el cuello y comienzo a besar su pecho, ligeramente poblado de bello suave.
Sus manos acarician mi cabello mientras desciendo por todo su cuerpo.
La piel de su abdomen esta ligeramente húmeda y su olor es inigualable.
Es mío. Todo es mío. Es mi Finnick.
Llego a mi objetivo final, su erección. Visible completamente bajo esa tela.
Con mis dedos bajo su ultima prenda y libero la gran extremidad rosada y adornada con venas hermosamente trazadas a lo largo y ancho de él.
Lo tomo con cuidado, sintiendo su hermosa textura suave y rugosa. Esta inflado por completo, suave entre mis dedos y duro al mismo tiempo.
Saco mi lengua y con la punta acaricio la cabeza de su pene.
Finnick enreda sus dedos en mi cabello, tirando con fuerza.
Meto cuidadosamente su glande en mi boca, absorbiendo lentamente y masajeando con mis labios.
-Oh… -murmura Finnick y su cuerpo se arquea en la cama.
Trato de meter mas parte de él, hasta el fondo de mi boca, pero es imposible, su miembro es demasiado grande y grueso para tenerlo completo dentro de mí.
Saboreo lentamente su glande con mi lengua, el sabor es masculino, salado, amargo y viscoso.
Gotas de semen salen lentamente de él y tenerlas todas para mí me llenan de júbilo.
-Te quiero para mí –dice y me toma de los hombros, haciendo que regrese a sus labios.
Me tira en la cama y coloca su gran cuerpo sobre el mío.
Fricciona su erección en mi muslo mientras sus manos acarician mi espalda.
-Te quiero para mí –murmura entre mis labios.
-Soy tuyo. Soy completamente tuyo.
Ruge con fuerza mientras sus manos aprietan mi cuerpo y sus besos aumentan su rapidez.
Sin saber bien como, rapidamente me quita mi bóxer y lo arroja al suelo.
Acaricia mi miembro con su mano mientras me besa apasionadamente.
Besa mis labios y segundos después siento como mi miembro esta dentro de su boca.
La sensación me toma por sorpresa y mis manos se aferran a la suave sábana blanca que está debajo de mí.
-Finnick… -murmuro mientras sus labios juegan con mi erección.
Comienza a mover su mano derecha, de arriba a abajo, acaricia mis testículos y después vuelve a meter mi miembro en su boca.
Siento un nudos en el vientre y mi erección se inflaman, preparándose para terminar.
-Finnick… -trato de advertirle.
-Vente para mi, Peeta. –murmura un instante antes de volver a saborear mi erección.
No puedo contenerme mas y el placer que estoy sintiendo es tan intenso que no tengo la capacidad física ni mental para resistirme.
Gemidos salen desde el fondo de mi garganta y justo en el momento en que sus dedos toman mi pezón derecho y comienzan a moverlo, entro en un orgasmo tan intenso que mi espalda se arquea sobre el colchón.
Con un dolor mesclado con gran placer comienzo a eyacular dentro de Finnick y su lengua deliciosa acaricia todas las zonas sensibles de mi miembro.
Segundos después Finnick limpia mi erección con su lengua y regresa a mis labios.
-Eres delicioso –murmura y me besa, haciendo que pruebe un poco de mi mismo.
No tengo las fuerzas para responder o incluso para soltar las sabanas que se enredan en mis manos.
-Ahora vas a ser mío –me dice en el oído.
-Es lo único que deseo. Lo que siempre deseo.
Se despega de mi cuerpo y se coloca entre mis dos piernas.
Toma mis caderas con sus manos y las eleva en el aire.
Siento su gran miembro entrando en mí, caliente, grueso, duro.
-¿Duele? –me pregunta cuando ah entrado por completo.
Niego con la cabeza, manteniendo los ojos apretados por el dolor intenso que siento.
-Ya pasara –dice para animarme.
Comienza a moverse lentamente y su erección dura me lastima mi interior.
Poco a poco me voy acostumbrando al cuerpo extraño que ah entrado y mientras Finnick aumenta el ritmo de sus embestidas, el dolor se va mesclando con placer.
Gemidos salen de mi garganta y se unen a los de Finnick mientras nuestros cuerpos se unen en una danza rítmica.
Llego a un punto en donde no siento nada más que placer, en donde mis manos se tensan a tal grado de no ser capaz de moverlas y mi vientre me provoca un ligero dolor cada que Finnick entra en mi.
-Voy a terminar –avisa. Y lo se por el ritmo que ah tomado.
Su cuerpo golpeando contra el mío, sus manos tensas en mi cintura, sus gemidos fuertes resonando en la habitación, sus hermosos ojos llorosos fijos en los míos, sus labios entreabiertos y su respiración irregular; todo es mío. Es mío para siempre.
Finnick gime de una forma bestial al tiempo que siento como su miembro se ensancha dentro de mí y un líquido caliente me llena mi interior.
Me uno al gemido estruendoso de Finnick y, sin siquiera tocar mi erección, termino eyaculando sobre mi estomago.
Llegue a un orgasmo tan intenso que perdí el sentido durante un par de segundos, no sentí mi cuerpo, mis ojos se cerraron, fue como haber viajado al paraíso y haber regresado en cuestión de segundos.
Finnick se tira a mi lado, con su respiración entrecortada y batallando para tomar aire.
Estiro mis piernas y abro y cierro mis manos.
Es el orgasmo más intenso que jamás había sentido.
-Jamás había sentido algo así –dice mientras fija sus ojos verdes, brillosos y cansados, en mí.
-Siempre sabes cómo complacerme –logro decir.
Junta sus labios a los míos y su lengua acaricia lentamente la mía.
-Te amo –murmura.
Me acuesto sobre su pecho, mojando mi mejilla con su sudor.
Me rodea con sus grandes brazos e inhala sobre mi cabello.
-Esa canción, es hermosa –murmura sobre mí.
-¿Canción? –susurro.
Es entonces cuando me doy cuenta que, de fondo, hay música.
-¿Música? ¿Desde cuanto suena?
-Desde que entramos a la habitación –dice Finnick riendo entre dientes.
-No me di cuenta –le digo.
-Shhh –susurra-. Escúchala.
Presto completa atención a la música suave y tranquilizadora.
Reconozco al instante que canción es, A thousand years de Christina Perri.
La maravillosa voz de Christina envuelve la habitación.
-El corazón late rápido, colores y promesas, ¿cómo ser valiente? ¿Cómo puedo amar cuando tengo miedo a caer? –Mientras la dulce voz de Christina canta la canción en ingles, Finnick murmura en español y junto a mi oído-. Pero viendo que estas solo, todas mis dudas, de repente desaparecen de alguna manera…
Elevo mi rostro y lo beso en los labios, después me recuesto en su pecho y lo abrazo con fuerza.
-He muerto todos los días esperando por ti. Cariño no tengas miedo, yo te he amado durante mil años. Te amaré por mil años más. –Su voz es ronca y varonil, hermosa, sedosa; me provoca un estremecimiento con cada palabra.
La hermosa música suena en el fondo, Finnick susurra cada palabra en mi oído. Mi corazón late con fuerza mientras la canción expresa exactamente lo que ambos sentimos. Lo que Finnick siente y sintió desde un principio.
-A lo largo creí que te encontraría. El tiempo ha traído tu corazón a mí. Te he amado mil años, te amaré por mil más… -Ahora se porque esto es tan emotivo, es su historia. Es mi Finnick. No solo está repitiendo la canción, está contando su historia, nuestra historia-. He muerto todos los días esperando por ti, cariño no tengas miedo, yo te he amado durante mil años…
-I'll love you fo a thousand more –susurro con un nudo en la garganta.
Sus fuertes brazos me estrechan contra él.
Su corazón late rápido.
Colores vuelan por el aire al son de nuestras respiraciones.
Promesas se plasman con sangre en nuestros corazones.
Finnick es mi vida.
Hola chicos! como están Después de mucho que esperaron por este capitulo no quise entretenerlos al principio! Espero les haya gustado! El final se acerca, pueden sentirlo. Pero tratare de hacer que se lleven el mejor recuerdo de esta historia, muchas gracias a todos por leerme, se que me leen muchas personas, pero pocos se atreven a dejarme un review, gracias a todos los lectores de esta intento de escritora, y gracias a todos los que me dejan un review.
Como siempre, lo único que pido es un review para saber su opinión. Gracias. Un abrazaso!:3
