Muy atrás, en el Pasado.
–Espero que entiendas lo que quiero que hagas, después de todo, tú eres el cazador, Death Cannon.– Completó aquella voz, mientras se perdía la comunicación, el interlocutor rompió el comunicador que tenía en el oído.
–Ya oyeron.– Habló mientras se iba en dirección a un helicóptero de guerra, colocado en las afueras de la ciudad. –El oeste es el lugar donde se encuentran, escúchenme y sigan esta instrucción al pie de la letra: No los maten.–
–Sí.– Respondieron ambos, el otro hombre y la mujer que estaban a su lado, sacaron las armas que tenían, teniendo él un revolver y ella una escopeta de varios tiros.
–Guíenlos hasta mí, mi disparo debe ser certero, no se pasen de listos ¿Entendido?– Preguntó mientras subía a la cabina del piloto, sin colocarse el casco ni la mascarilla de aire, ignorando toda instrucción dada anteriormente por el dueño de la nave.
–¿Cuánto tiempo tenemos?– Preguntó el otro hombre, que cargaba su arma con la munición adecuada.
–Quince minutos, ah, y no les hagan saber que son shamanes hasta que los cansen.– Su mirada era fría y calculadora, sus ojos demostraban que como cazador no conocía la piedad de sus víctimas, mucho menos cuando en este caso, el blanco era ligeramente más… pequeño.
–¿Seguro que le puedes disparar a un niño de cinco meses?– Preguntó la mujer, que preparaba el arma para el ataque.
–Yo nunca he fallado un tiro.– Fue la respuesta que obtuvo mientras él cerraba la cabina. –Después de todo, soy un cazador, perseguiré a mi presa hasta su muerte, sin importar qué genero sea, o qué edad tenga, sean cero o cien años.– Terminó mientras ellos dos se alejaban del helicóptero, que comenzaba a mover sus hélices, ambos supieron que debían correr hacia adentro de la ciudad en ese momento.
Un potente disparo sonó nuevamente, la bala hizo estallar la pared en mil pedazo, rozando por la mejilla de él, que iba adelante para liberar el paso, ambos corrían rápidamente por las estrechas calles de tierra, jadeaban, estaban cansados, y más que eso, estaban preocupados de saber que quienes los seguían eran shamanes, dispuestos a matarlos, a los tres, él colocó una pared de roca frente a ellos, que la saltaron subiendo a los techos de las casas que hacían las calles tan estrechas, se maldijo de nuevo, eran dos y eran muy rápidos, además de tener casi su misma edad, posiblemente solo unos años mayores que él, de nuevo giró en otra estrecha calle, provocando que los perseguidores perdieran su pista levemente.
Sentía que se volvía lento, y, a pesar de tener la presencia de sus almas, uno de ellos apareció enfrente de él disparando, por suerte lograron evadirlo, pero fue una céntima ahora lo que la había rozado a ella, tan estúpido se sentía ahora, de no haber adivinado eso antes, pero era tarde, por suerte lograron despistarlos un poco, pero ellos seguían corriendo sobre los techos.
–¡Eres un imbécil, dijo que no atacáramos a matar, ya van dos veces!– Reclamó ella, mientras corría a su lado.
–¿¡Y qué hay si los mato, no es eso más rápido!?– Contradijo mientras bufaba.
–¡Tiene que ser un tiro certero, ahora obedece o te castraré aquí mismo si les das!– Respondió mientras se topaba con él, ambos siguieron su persecución en cuanto los vieron.
Por abajo, ambos corrían, para él que por fin veía la salida de aquél laberinto, donde pelear sería mucho más fácil, ese cuadro de luz se hacía cada vez más lejano, y se cansaba más a cada segundo, siendo la adrenalina la guía de sus acciones, sin embargo, no sabía que lo que les esperaba era otra cosa.
–¡Ya casi, por favor, por favor, ya casi, sólo un poco más!– Se alentaba mientras jadeaba insistentemente, ambos seguían por aquél camino, que parecía jamás terminar.
–¿¡A dónde van, Yoh, Anna!?– Preguntó la voz de la mujer, que disparaba continuamente, los kunai que utilizaba se estrechaban contra el suelo, que al mismo tiempo se rompía, estaban muy cerca de la salida, en donde el helicóptero haría su presencia, como era lo acordado.
–¿¡Por qué jadean, o es que ya se cansaron!?– Rió la voz del hombre, mientras finalmente iban llegado a la salida, los dos perseguidores disminuyeron su paso, a uno más lento.
Él esperó, y el helicóptero subió, pudo ver la sorpresa en su rostro, ella lo alcanzó, y el rió frenéticamente, una metralleta se hizo presente en el cañón de la nave, y él colocó su dedo en el gatillo, mientras el otro joven invocaba un espíritu, ambos salieron al mismo tiempo.
–Boom.– Dijo antes de presionarlo.
Unos segundos bastaron para cambiarlo todo, la intervención del SOE provocó que tuviera que desviar su ataque, las balas fueron ciegas, y en segundo una fuerte ráfaga negra lo cubrió todo, aquella garra blanca y esos ojos brillantes, atacaron el helicóptero, que explotó en seguida, siendo lanzado él lejos, y gracias a su over soul se había salvado, sin saber que eso le había costado la mano, arrancada por las garras del monstruo.
–¿¡Qu-qué es esa cosa!?– Gritó el joven, aturdido frente a "esa cosa" que tenía enfrente de él, lo vio, y luego de verlos a ambos por un instante, atacó con su cola, que destruyó totalmente la terraza de la casa sobre la que habían aparecido.
–Mmrrr… mrrr…– Murmuraba, pero era obvio que quería decir algo. –Murrr… Mruererrr… Muere…– Dijo finalmente, al momento de atacar nuevamente.
El presente, el polo norte.
–Adiós.– Dijo mientras se daba la vuelta, dispuesto a irse.
–¡Espera!– Gritó la voz de Yohken, que se había parado de inmediato.
–¿Dime?– Preguntó cuándo volteó a verlo.
–¡Canalla, eres un mentiroso Haku ¿Cómo te atreves a decir eso?!– Gritó nuevamente, furioso, atacando con un puñetazo a Haku, que lo evadió moviéndose a un lado.
–Lo que te dije es verdad, Hana Asakura no está muerto.– Habló mientras los demás lo veían en shock, estaban sin decir nada, excepto Yohken que se había puesto histérico.
–Eso… eso es… ¡Es una mentira muy cruel!– Yohken atacó, sin embargo Haku lo detuvo con la punta de sus dedos.
–Suficiente, Yohken.– Haku permaneció evitando los ataques de Yohken hasta que este se cansó.
–Papá está muerto…– Todos voltearon a ver, Miki lo veía serio.
–No lo está.– Insistió el hombre de la máscara.
–¿A sí, entonces, en dónde está?– Preguntó Len mientras veía a Haku con enojo.
–Hace rato escuché que ustedes no se creían capaces de enfrentarse a Zerathos.– Dijo soltando la mano inmovilizada de Yohken que tenía entre sus dedos.
–Sí… Zerathos mató a papá, ¿Cómo podríamos nosotros… derrotar a Zerathos?– Dijo Yohken, finalmente rendido ante atacar a Haku.
–Hana Asakura vive en ustedes, Yohken, Miki.– Las palabras de Haku hicieron que los voltearan a ver. –Después de todo, su madre les dijo que la esencia de su padre está en esos collares, ¿No?–
–¿Quieres decir, que él dejó algo en los collares?– Preguntó Zelda atizando el fuego, finalmente la ventisca había saciado.
–Eso lo descubrirán ustedes, por ahora buscan a uno de los cinco, el encargado del poder de Horokeu Usui, delante, por el norte, allá pasando el mar congelado, ahí hay una cueva de aguas cristalinas, dicen que son curativas, ahí está el guardián.– Habló mientras se dirigía a la entrada de la cueva.
–Haku, ¿Cómo darte las gracias?– Preguntó Jun, viéndolo con una sonrisa.
–¡Claro, porque…!– Arale vio junto a los demás, cómo Haku se perdía entre la nieve, sin dar previo aviso de su retirada.
–Al norte… seguramente ese guardián sabe algo.– Dijo Yohken mientras sostenía su collar.
–Entonces… ¿Qué esperamos?– Preguntó Len comenzando a caminar.
–Recuerden que ese lugar está sellado por Zerathos, debemos ser precavidos.– Dijo Zelda mientras todos comenzaban a caminar en dirección a la que Haku les había dicho.
–Zerathos…– Musitaron Yohken y Miki al momento de ver la entrada de la cueva de crisálidas.
Decidieron entrar de una vez por todas, todo parecía tranquilo, hasta que pudieron divisar que claramente, algo no andaba bien, las crisálidas brillaban, dentro de ellas había algo, pero no se podía ver bien, lentamente se acercaron al centro, allí estaba la vieja estatua, era de un cadáver sentado, tenía capa, espada y una corona, tenía joyas en las manos y una barba hecha de telaraña, tenía grabados en sus viejos ropajes, sobretodo en el cinturón de cuero los símbolos de la tribu de los ainu.
–¿Quién es?– Preguntó Len acercándosele, mientras veía las joyas de su mano, trató de limpiarlas del polvo que las cubría para ver indicios de una pista, sin embargo el cadáver movió la mano tomando su muñeca. –¡AHHHH!– Gritó horrorizado.
–Ese es el cadáver de uno de los guardianes.– Dijo una voz.
–¡E-eso es imposible!– Gritó Arale.
–¡Esta persona murió hace años, no décadas, este cadáver es muy viejo!– Gritó Miki viendo el esqueleto que comenzaba a moverse.
–Lo es.– Respondió la voz.
–E-este no puede ser Kita…– Dijo Len viéndolo.
–Sí lo es, Kita, el norte, Minami, el sur, Higashi, el este, Nishi, el oeste, y Koa, el centro, los cuatro guardianes están muertos.– Rió la voz. –Veo que tienen el collar de la luna y el sol, ¿Saben que esos no son simples collares?–
–Lo sabemos…– Respondió Yohken, sacando su espada.
–El espíritu de la vida y el de la naturaleza, ¿Saben qué conflicto se armaría si estos dos cayeran en manos equivocadas?– Preguntó la persona que salía de entre las sombras.
–¿A qué te refieres?– Preguntó Zelda, sabiendo ya a qué se refería.
–Todo sucedió muchos años atrás…– Dijo la persona parada al lado de un peñasco de la cueva. –Cuando el Sol le dio la prueba del valor a su abuelo…–
El pasado, muchos años atrás.
–Tú eres Yoh Asakura, ¿Por qué osas a invocarme?– Preguntó, la figura del dragón blanco, un dragón chino cuyos ojos detonaban el color negro puro, con las pupilas blancas, él veía a Yoh de frente, el joven de dieciséis años permanecía firme, mientras que sus amigos veían el encuentro.
–Tú me llamaste, Garak, eres el Sol, y Argak, la Luna, si me das tu poder, a mí y a mis amigos, seremos más poderosos, y podremos evitar que Hao se convierta en Shaman King.– Le habló mientras se veía relajado.
–¿No me tienes miedo, Yoh Asakura Maki?– Preguntó mientras lo veía de frente, él simplemente sonrió, el dragón suspiró pesadamente, sonrió de igual manera. –Si logras herirme, te daré el poder del Sol, y el portador de él, será mi protegido.–
–Eso esperaba oír jijiji…– Rió mientras desenvainaba sus armas.
La cueva de Argak, el espíritu de la vida.
–¡Argak, tengo el collar del Sol!– Gritó Yoh, mientras los demás veían atentos como el otro dragón lo veía.
–Eres Asakura Yoh, hijo de Keiko y Mikihisa Asakura, tu prometida es Anna Kyoyama, y vienes a retarme para darte el poder de la Luna.–
–Así es.– Sonrió de nuevo.
–¿¡Cómo pudo saber eso!?– Gritó espantado, un muchacho de baja estatura.
–Él puede ver el futuro.– Respondió otro de cabellos violetas y tres picos elevados por una tongari.
–Bien, inténtalo entonces, después de todo, morirás frente al cazador.– Dijo mientras fríamente lo veía.
–Espera.– Dijo una joven, de cabellos rubios. –Si Yoh te gana, no sólo le darás el poder de la Luna, sino que nos dejarás ver algo del futuro.–
–¿Qué te hace pensar que obedeceré las órdenes de una itako? No hay ningún shaman que sea capaz de darme órdenes.– Sentenció mientras la veía directamente.
–Tú ves el futuro, ya sabes qué va a pasar.– Habló en tono desafiante. –Yoh, no pierdas.–
–Bien… veamos qué puedes hacer…– Dijo el espíritu, el dragón negro, cuyos ojos brillaban de color blanco puro, y sus pupilas de color negro, un pequeño punto entre toda esa luz.
Presente…
–Eso significa… que estos collares no sólo son un símbolo…– Dijo Miki viéndolos.
–¿Quiere decir…? – Habló Jun viéndolos.
–… Que tienen las almas de los espíritus de la vida y la naturaleza…– Completó Len.
Inmediatamente el cadáver se levantó, desenvainando la vieja espada de su funda, mientras el hombre que permanecía en las sombras, reía fríamente…
