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Forever yours

Alguien merodeaba por mi habitación. Alguien cuyos pasos conocía muy bien. Ese alguien caminó por el parquet de mi departamento fuera de mi habitación y encendió mi reproductor de música en mi sala, lo ultimo que había escuchado fue lo que resonó suavemente por mi departamento, Nina Simone, Feeling good.

-Amo tu gusto en la música bonita—dijo ese alguien en un murmullo que alcancé a escuchar. Sus pasos se dirigieron hacia mi cocina y rebuscaron entre mi cajón de vasos y platos. Abrí un ojo y miré mi cuarto, estaba totalmente oscuro salvo por la penumbra que las luces de la ciudad formaba. Me volteé boca arriba y miré el techo, sin preocuparme en tapar mi desnudez.

Una molestia cosquilleaba en mi interior, hacía dos horas que habíamos llegado a mi departamento luego del episodio del gimnasio, dos horas que habíamos pasado en mi cama redescubriendo nuestros cuerpos como dos adolescentes hormonados y llenos de necesidad, olvidándome de mis dudas y de mis propias inseguridades, aquellas que solo él podía hacer aflorar..

Edward era tan posesivo e inseguro a la vez. Él me tenía… me tenía, seguro que si, pero él no lo creía. No creía en palabras, quería hechos, quería demostrar, quería marcar territorio, eso… era excitante pero agotador a la vez.

Pájaros que vuelan alto, saben cómo me siento
Sol en el cielo, sabes cómo me siento
Brisa a la deriva, sabes cómo me siento

Nina Simone cantaba despejando pensamientos. Él tarareaba en la cocina entre sonidos de platos y sartenes… ¿estaba haciendo la cena?

Sonreí complacida, maldición… lo había extrañado, no solo su cuerpo, también él, su mente, su posesión, su sagacidad, su pasión por cada cosa que hace en la vida, su inteligencia… su todo. No me había dado cuenta de ello hasta que dimos rienda suelta nuestro deseo en su auto, tan jodidamente caliente. Mierda… cerré los ojos, me sentía débil con él, me sentía como que no podía luchar contra lo que él me causaba, no podía ignorar el hecho de que me aterroizaba sentir demasiado, no… no quería sentir demasiado.

Y lo estaba haciendo

Me estaba permitiendo sentir.

Es un nuevo amanecer
Es un nuevo día
Es una nueva vida
Para mí
Y me siento bien

Peces en el mar, saben cómo me siento
Río que corre libre, sabes cómo me siento
Flor en el árbol, sabes cómo me siento

Tan jodidamente obvio…

Me volteé hacia el lado que él había estado acostado, con sus piernas entrelazadas con las mías y sus brazos apresando mi cintura, hundí mi nariz en la almohada y aspiré como drogadicta. Mierda… olía fantástico ¿qué colonia usaba? ¿O solo se trataba de su olor natural? Olor a dibujante… me gustaba, mucho. Abracé la almohada y decidí dormitar unos minutos más mientras Nina seguía haciéndome compañía.

Libélula bajo el sol sabes lo que quiero decir, lo sabes verdad
todas las mariposas se divierten, sabes lo que quiero decir
Dormir en paz cuando el día ha terminado
Eso es lo que quiero decir

Y este viejo mundo es un mundo nuevo
Y un mundo audaz
Para mí

Me quedé dormida no supe cuanto tiempo, pero desperté cuando resonaba una nueva canción de Nina y una mano acariciaba mis piernas a lo largo, suave y estremecedoramente.

-¿Tengo que despertarte de otra manera?—murmuró su voz gruesa cerca de mi oído. No abrí mis ojos, ni me moví a pesar de que estaba alerta y bien despierta, él en cambio se movió detrás de mí hundiendo el colchón y tomándome de los tobillos. Los acarició suavemente con las yemas de los pulgares y tomándolos con fuerza tiró de ellos haciéndome gritar y reír al mismo tiempo.

-Edward—gemí cuando tomó mi cintura y me volteó boca arriba sobre el colchón, colocando cada pierna a cada lado de su cuerpo. Tomó mi cintura y me arrastró más cerca de él hasta que sentí su pene erguido tocando casi mis nalgas. -Pórtate bien… - murmuró con voz gruesa pasando sus dedos por mis pezones, gemí sintiendo el dolor del deseo, quería más, más y más… ¿qué me hacía este hombre? –Sshhh… mírate mi nena, eres masilla en mis dedos—sus manos bajaron desde mis pezones hasta mi vientre, acariciándolo con ternura y posesividad. –Que bien que luce mi marca en ti—dijo entre dientes tocando mi diamante - lleva mi nombre en él ¿lo sabes?—

Abrí los ojos y alcé mi cabeza, él vio la pregunta en mis ojos, yo vi la diversión en los suyos… una puta sonrisa adornaba sus labios mientras sacaba la punta de la lengua entre sus dientes y acercaba su cabeza a mi vientre. Gemí un poco más alzando mis caderas cuando su lengua se hundió en mi ombligo, mi clítoris rozó la punta de su pene que nuevamente estaba caliente he hinchado para mí...

-Aquí… detrás del engarce que sostiene el diamante están mis putas iniciales amor…- dijo acariciando con sus manos mi bajo vientre hasta llegar a mi monte de venus... oh mierda, tenía que ver eso luego. – Y ahora, cuando bailes frente a todos esos hombres, de alguna manera sabré y sabrás que eres solo mía, solo ver y no tocar… solo mía. ¿Te gusta la idea bonita?—

-Me encanta dije entre jadeos—no podía más, sentía mi humedad corriendo entre mis muslos mojando su pene, él levantó un poco las caderas mientras seguía lamiendo mi ombligo

-Puta madre, que bien hueles—de un momento a otro tomó mis caderas con ambas manos y me llevó a su boca, hundiendo ahora su lengua entre mis pliegues –aaggh Bella… ¿qué mierda me haces bonita? ¿qué mierda me haces bebé?—

Lo que tú me haces a mí amor…

Cerré fuerte mis ojos queriendo retroceder mis pensamientos, no pensar en lo que había pensado… amor. Pero el venía, tomaba de mí y me dominaba a su antojo y yo no podía más que rendirme y dejarme llevar, él era el viento… y yo la hoja que llevaba por caminos que solo él elegía, haciéndome retroceder, danzar en el aire, avanzar, quedarme quieta y seguir. Seguirlo a él… no podía decirle que no.

¿Qué era eso? ¿Cómo se llamaba? ¿Era necesario ponerle un nombre a esa manera de rendirse? Porque yo ciertamente no quería ponerlo. No quería siquiera pensar en lo que era.

El dejó caer mi cadera sobre su regazo, luego de chupar ávidamente entre mis pliegues y se cernió sobre mí arrodillándose entre mis piernas. Por un momento pensé que me iba a penetrar, pero no… lo que él hizo me dejó aún más sin aliento. Apoyó cada uno de sus codos a cada lado de mi cabeza y se quedó allí mirándome como si tratara de descifrar un gran misterio, no aparté mi mirada, solo me limité a devolvérsela, hasta que él acercó sus labios a los míos y me besó. Y como el viento nuevamente arrasó conmigo, rápido, fuerte, lento y suave… hasta que entró en mí y gemimos los dos en nuestras bocas.

Él comenzó a moverse bajando sus brazos para tomar el interior de mis rodillas con cada uno de ellos y los alzó apoyando sus manos en el colchón, abriendo así aún más mis piernas.

-Eres tan hermosa—susurró comenzando a envestirme -tan hermosa—sus verdes ojos me penetraban con hambre. Él bajó su mirada por mi cuerpo hasta que sus ojos se posaron donde nuestra unión se llevaba a cavo, arrugó el entrecejo y yo me estremecí arqueándome más cuando vi los músculos de sus brazos y su vientre, tensionados por la fuerza de sus envestidas. –Oh dios mira… esto es arte, puto arte—gruñó sin dejar de moverse ni mirar su pene entrando y saliendo de mí. Alcé la cabeza y comprendí lo que él quería decir, él abriéndose camino en mi interior, penetrando… si supiera de cuantas maneras lo hacía, él… penetraba en mí, en el sentido más literal y metafórico de la palabra.

-Edward—gemí arqueando mi cuerpo, me aferré con mis manos en garras a las sábanas y temblé con cada envestida, sus labios atraparon uno de mis pezones y chuparon con saciedad, lo mordisqueó un poco y sentí que estaba a punto de ver el puto universo de su mano. –Edward!—

-Si, mi nena hermosa, amor gime, gime y llámame—gruñó empujando más fuerte contra mí. –Agghh—se levantó de un tirón saliendo de mí, gemí por la perdida, pero en seguida él tomó mis brazos y me llevó hacia él me dejó arrodillada y temblorosa sobre la cama, jadeante y mojada a más no poder. Él bajó de la cama y fue hasta mi mesa de luz abrió el cajón y rebuscó hasta que encontró lo que buscaba, lo miré sobre mi hombro y casi me corro cuando él subió nuevamente a la cama detrás de mí con mi juguete nuevo en la mano.

-Abre más las piernas—demandó tomándome de la cintura con ambas manos, cuando lo hice él ubicó sus piernas arrodilladas entre las mías y me alzó ligeramente con uno de sus brazos, me sentó sobre su pene y entró en mí. Oh mi dios!... oh… desde esa posición podía sentirlo aún más profundo, más duro y erecto. –Ohh si bebé, cabálgame, mueve tus caderas nena como lo haces cuando bailas…-

-Mierda—gemí apoyando mis manos en sus antebrazos. Comencé a hacer lo que él me dijo, moví mis caderas adelante y atrás de manera ondulante, como cuando bailaba, en seguida la habitación se inundó de gemidos suyos y míos.

-Ohhggg…- gemí ahogadamente, él adelantó una de sus manos y tiré mi cabeza hacia atrás contra su pecho cuando el vibrador en forma de bala se posó contra mi clítoris y comenzó a temblar en su nivel más alto. –Edward! Ahh, ah!...—mis caderas se movieron aún más rápido y él gruñó en mi oído.

-Así, así, así… oh amor, así…- apretó su brazo alrededor de mi cintura ayudándome a cabalgarlo, alcé mis brazos y las moví hacia detrás de su cabeza abrazando su cuello y presionándolo más hacia mí. -¿Te gusta bonita? Monta mi verga preciosa, dios… te voy a conseguir un puto espejo para poner delante de la cama, así cuando cojamos así te veas y sepas lo hermosa que te ves—

-Edward!—gruñí. Él levantó su cadera y se enterró más en mí haciéndome saltar, mis rodillas se despegaron del colchón mientras él me envestía, el llevaba el control. El vibrador hacía su trabajo hinchando mi clítoris aún más mientras la punta de su pene chocaba una y otra vez con más fuerza contra la pared frontal de mi vagina. –Edward!—me agarré con más fuerza de su cabeza y sentí que sus dientes mordían la piel de mi cuello ahogando un gruñido.

-Córrete!... Mierda— el vibrador apretó más mi clítoris haciéndome estallar tan fuerte que levanté mis piernas entre convulsiones de placer, ola tras ola, enloqueciendo mi cuerpo, poniéndolo fuera de control, solo su brazo aferrando mi cintura me mantuvo en mi lugar con su pene enterrado en mí.

Gemí casi como un largo y grueso lamento perdiéndome inevitablemente en mi placer mientras sentía mis muslos bañarse de mis secreciones y las de él.

Hasta que caí en la cama, ausente, entre la conciencia y la inconciencia, ahogada de placer, falta de aire y completamente satisfecha, aún con mi clítoris palpitando y mojada. Sus brazos se habían envuelto fuertes en mi cintura cayendo conmigo detrás, su respiración jadeante chocaba en mi espalda y sus labios me daban pequeños besos que me estremecían.

-Te…- se detuvo y lo oí jadear –te… necesitaba tanto nena—

-Yo también—susurré sin aire. Lo oí reír detrás de mí y sonreí rezagante, amaba oírlo reír…

-Se supone que vine a despertarte para cenar, pero… a la mierda los huevos revueltos y las salchichas—besó mi omoplato –pidamos chino—me dio una nalgueada y se levantó de la cama.

Reí sin fuerzas y a duras penas hice reaccionar mi parte inferior para seguirlo, de repente, estaba muerta de hambre.

*o*

-¿Cómo estuvo la universidad esta semana nena?—

Alcé mis ojos mientras sacaba de las bolsas, los cartones con porciones de pollo y vegetales que el delivery había traído y los dejaba sobre el desayunador, él estaba abriendo las botellas de cerveza mientras sus ojos estaban fijos en mí. Me alcé de hombros.

-Bien… esta semana estaré algo ocupada, tengo que buscar un proyecto de arte para poder hacer un informe—me senté en una de las sillas altas y abrí mi cartón, tomé los palillos y comencé a saciar mi hambre.

-¿Un informe sobre arte?—alzó las cejas y se sentó frente a mí abriendo su propio cartón.

-Si… ya sabes, cada alumno eligió un tema, podía ser deporte, ciencias, historia… yo elegí arte, porque ingenuamente creí que mi madre podría pasarme algunos datos de fotógrafos famosos o algo así, la llamé esta mañana y me dijo que no tenía ni idea, así que tendré que ponerme a investigar…-

-Oh… pero nos podremos ver ¿no?, es decir—él miró la mesa por un segundo y tomó una de mis manos a través de la tabla –quiero que salgamos a una cita… este fin de semana—

Alcé la mirada enseguida… ¿una cita? Oh mierda…

¿Quería decir que esto iba por el camino serio? ¿Nuestra primera cita?... una sonrisa se extendió por mi cara y asentí vacilante.

-Claro… sería genial—no pude evitar sonreír como tonta. Mierda qué patética, como si nunca me hubiesen invitado a una cita. Si lo habían hecho, pero ninguna significó tanto como podría significar esta.

-Bien, déjame hacer los arreglos y te diré el día y la hora—murmuró llevando mi mano a su boca y dejando un beso en la palma –solo tengo que librarme de algunos asuntos y estaré totalmente libre para ti bonita—dijo casi más para él.

-¿Asuntos familiares?—me atreví a indagar.

Él hizo una mueca –Casi…-

Y no dijo nada más.

-Cuéntame de tus hermanas—dije antes de morder mi alita de pollo. Él limpió sus labios con la servilleta y tomó un trago de su cerveza. Sonrió.

-Mis hermanas—negó con la cabeza aun sonriendo -¿qué quieres saber de ellas? Alice y Rose se comportan conmigo como las fatales hermanastras de cenicienta, solo que obviamente yo no soy cenicienta, pero ellas son metiches, quisquillosas y chusmas—

Reí incrédula –No lo creo! tú algo les harás—

-Nada, soy inocente—dijo levantando una mano como un boy scout. Alcé una ceja y reímos los dos. –Okey, okey… tal vez por ser el único hombre entre tantas mujeres me comporté un poco—rio – abusivo de niño—

-¿Abusivo cómo?—tomé un poco de mi cerveza para luego apoyar mis codos en la madera del desayunador y mi mentón en mis manos unidas, dispuesta a escuchar.

-¿Esconderles las lleves del auto cuando salían a citas? ¿Poner bichos muertos en su cajón de ropa interior? ¿Ponerle aceite a las suelas de los zapatos? Cosas así…— se alzó de hombros.

Comencé a reír fuertemente sosteniéndome de la orilla de la mesada –Oh por dios pobres chicas!... yo te hubiese hecho la guerra, lo sabes—lo señalé con un dedo.

Él agarró mi dedo y tiró de él haciéndome parar y caminar hacia él, me abrazó por la cintura besando mi frente, - Es que tú no conoces cómo son… el día que las conozcas te aliaras conmigo… o no—arrugó el entrecejo –tal vez a ti te amen y te pongan en contra mía—rio apoyando suavemente su frente contra la mía –en cambio sé que mi madre te amará… ella ama a todo el mundo, pero tú, le robaras el corazón irremediablemente, como sueles hacer con todos—

Oh por dios…

¿Estaba insinuando acaso que algún día conocería a su familia? Oh mierda… esto significaba algo, significaba mucho.

-Obviamente se enamoraran de mí—dije tratando de no parecer entusiasta con la idea de conocer a su familia – soy una niña muy buena ¿no es así papi?

-No lo dudo mi nena, pero eres una niña mala cuando te conviene… las ayudarías a vengarse de mí muy cruelmente— me miró a los ojos con una sonrisa suave.

Alcé mis manos para rodear su cuello y decidí probar algo –Exacto, me conoces… me tomo las bromas muy enserio y las mentiras aún peor, son dos cosas con las cuales todo hombre debe cuidarse conmigo—

Él me quedó mirando con una sonrisa vacilante, sus ojos me escudriñaban casi haciéndome separar mi mirada de la suya, pero no lo hice, si apartaba mi mirada le daría qué pensar…

-Lo tendré en cuenta—dijo antes de bajar su boca y cubrir la mía con un beso –ven aquí, quiero preguntarte algo—

Mierda… aquí iba.

-¿Qué?—dije sentándome en su regazo, él me abrazó por la cintura y apoyó su frente en la mía mirándome profundamente.

-¿Quién era él?—susurró entre dientes, sabía por la tensión de sus brazos a mi alrededor que era un tema que no quería tocar pero que por alguna razón debíamos aclarar.

-Paul—dije llevando una mano a su mejilla para acariciarla, él cerró los ojos y suspiró largando todo el aire por la nariz –uno de los entrenadores de ese gimnasio—

-¿Te gusta?—susurró aún con los ojos cerrados, suspiré tratando de contener mi queja.

-No, solo fue amable, yo no podía regular la caminadora y él se ofreció por mí, bromeó un poco y eso fue todo—detallé. Él abrió los ojos nuevamente y apretó más mi cintura.

-¿Es extremadamente necesario que vallas a un gimnasio?—

-Si… en realidad estaba tensionada y necesitaba ir a hacer algo, no quería quedarme en casa… extrañándote—

Sus ojos se iluminaron y el agarre se aflojó, esas palabras parecieron haberlo apaciguado, él me miraba como si hubiese descubierto el sol, era hermoso.

-Bien… ahora me tienes a mí para descargar tu tensión y si no puedo sacar tu frustración irás a otro gimnasio que yo te indicaré, esta semana te llegará una membresía gratis, queda a unas calles de aquí. Yo lo uso dos veces por semana con unos amigos y es mejor que ese al que ibas, al menos ningún entrenador se te subirá a la caminadora tratando de seducirte, si no lo sabré. No discutirás esto y llevaras a quien quieras contigo… ¿has entendido nena?—

Quedé mirándola apabullada con tanta información junta, él alzó las cejas y yo asentí… Dios, ¿por qué carajo me calentaba tanto cuando se ponía a dar órdenes?

Terminamos de cenar entre besos y anécdotas de sus hermanas Rosie y Ali. Me las describió tan singularmente que desee nunca tener que cruzármelas, según él nunca aprobaron a ninguna de sus conquistas… ¿me aprobarían ellas a mí? ¿Sería él capaz de presentármelas?

Eso sería un gran paso.

Él se fue luego de ayudarme a limpiar las sobras, diciendo que tenía que prepararse para volver al estudio temprano y volver a trabajar en los proyectos pendientes que no estaba dispuesto a descuidar. Le desee buenas noches y cerré la puerta tras él luego de besarnos como si no hubiera un mañana.

Mi mente estaba dividida, no sabía qué pensar, por una parte quería confiar, quería pensar que todo era real, lo de nosotros, nuestra primera cita, su manera de llamarme "amor", quería creer. Por otra parte, algo me decía que fuera con precaución, que desconfiara, que aunque hubiera una primera cita eso no significaba nada.

Solo podía esperar.

*o*

-Hazlo—murmuró Leydi colocando sus manos en la cintura en forma de jarra,

-No, no pienso hacerlo— dije con un suspiro.

-¿Por qué?—estaba enojada, lo sabía, el rictus en sus labios y la punta de su pie taconeando contra el suelo era la evidencia.

-Porque no y punto—dije cruzando mis brazos sobre mi pecho –no pienso husmear por la intimidad de nadie- Suspiré y cerré los ojos contando hasta diez. Cuando los abrí ella seguía obstinada en la misma posición alzando una ceja.

-Puedes tener la respuesta que desees en un micro segundo a demás las cosas cuando están en internet no es que sean muy intimas que digamos, vamos… hazlo—entonces ella cambió su gesto por uno sorprendido –oh! Estas asustada!—

Peiné mis cabellos con ambas manos y caminé hasta ella bajando la pantalla de la laptop, Leydi había colocado la página principal de google lista para ser usada.

-Muerta de miedo—dije dejando caer mi frente sobre la lap cerrada, mis brazos cruzados sobre mi pecho.

-¿Por qué?—sentí su mano acariciando mi espalda reconfortantemente y peinando con sus dedos mi cabello. –¿Temes enterarte cosas que tal vez él te esté ocultando? Si es así… ¿no crees que sea mejor enterarte ahora antes de caer aún más por este hombre?-

Tenía razón, tal vez si me desengañaba ahora, si es que había algo con lo que tenía que desengañarme, iba a detener todo ahora mismo, sabía que él no me estaba contando muchas cosas de su vida… pero volvíamos a lo mismo, él y yo no teníamos etiquetas, él no me había pedido ser nada para él y yo no le exigía nada tampoco. Aun así… había momentos en que lo nuestro se sentía real, él me hablaba de su vida y yo le hablaba de la mía, parecía realmente interesado. Entonces… ¿por qué me parecía que allí había algo? Bueno o malo algo había y mi corazón temía descubrirlo, cobarde… pero mi mente exigía saberlo.

-Dame un par de días—murmuré ahogando mi voz en la laptop –solo… déjame prepararme—

-¿Lo amas?—Oh mierda… Leydi "Directa" Black.

¿Lo amaba?

Cielos… no lo sabía, solo… sabía que dolería mucho saber si hay algo en su vida que él me estuviera ocultando. No podría haberlo, él me invitó a una cita, él me dijo que algún día conocería a sus hermanas y a su madre… no podía jugar conmigo teniendo planes en el futuro, aun así, daba miedo "fijarme" en internet si Edward Cullen era quien decía ser.

-No lo sé—dije resignada incorporándome, tenía que ir a la Universidad y comenzar a buscar algún objeto de estudio relacionado con el arte… aunque no tenía ni idea de qué pudiera ser.

-Pues averígualo, no puedes estar así… si no lo haces tú lo haré yo y créeme que no me guardaré nada ni andaré con flores cuando me entere de algo…-

Reí con nostalgia –Sé que no te andarás con vueltas si debes decirme algo, por eso te amo… pero no husmees en su vida, no aún—

-Bien—dijo toando su bolso y yo el mío, bajamos juntas y salimos juntas de mi edificio, ella tomó su camino hacia su trabajo en la boutique y yo me encaminé hacia el metro para ir a la Universidad.

Me pareció extraño no haber recibido ningún mensaje de él en todo el día, ni siquiera una llamada, por lo que tomé yo la iniciativa y escribí un mensaje,

"Te extraño. ¿Demasiado trabajo?... me hizo falta tu mensaje madrugador hoy, me quedé dormida y llegué un poco tarde a mi trabajo. ¿Estas enojado por algo?... perdón, no quiero abrumarte, pero… te extraño"

Suspiré guardando mi celular en mi bolso y caminé hasta la boca del metro, bajé saltando cada escalón con mis botinetas de medio taco color camel, que combinaba con mi abrigo de cuero del mismo color, un par de jeans ajustados azul oscuro algo gastados y una camiseta negra.

Inserté mi tarjeta por el lector y pasé el molinete recogiéndola del otro lado. Saqué un par de dólares y los arrojé dentro del sombrero de Julián, un chico argentino que se sentaba todos los días con su bandoneón tocando tangos y cautivándonos a los cientos de personas que debíamos tomar el metro a esa hora.

-¿Qué tocas Julián?—murmuré haciendo gala del poco español que Leydi y Jake me habían enseñado.

-La Noyée de Amelie—dijo con una sonrisa enigmática sin dejar de tocar, era increíble cómo sus dedos parecían rozar las teclas de ese instrumento y hacer música, ni siquiera miraba donde poner cada dedo. Julián era muy bueno, como cientos de otros músicos de otras estaciones del metro… en esos momentos, cuando los miraba, me preguntaba ¿qué los había llevado a venir aquí a sentarse en los sucios pisos de los metros estadounidenses…

-Amo esa película—sonreí parándome cerca de él contra uno de los pilares de los cientos que habían allí. Cerré los ojos y dejé caer mi nuca hacia atrás dejando volar mis sueños y fantasías con las notas que Julián tocaba, imaginándome ser una chica como Amelie… con ese optimismo preocupándose por la felicidad de los demás antes que la felicidad de ella misma.

¿Era acaso como ella? Edward me dijo una vez que yo sacrificaba mi felicidad por la de los demás, pero yo no lo veía así… yo era feliz viendo a mis seres queridos felices. Por ejemplo mi madre… ella se había sacrificado toda la vida por mí, renunciando a sus sueños y trabajando en lugares que no les gustaba, haciendo cosas que no le gustaba, fijando su vida a un lugar, tomando raíces que no le gustaba tomar… simplemente por amor a mí. Ella era un espíritu libre, necesitaba volar. Y yo simplemente le retribuí dejándola ir.

Yo no era una mártir, yo no hacia sacrificios por pura bondad, yo era egoísta también… por algo no hurgaba en la vida de Edward, porque a pesar de lo que encontrara, no quería dejarlo ir… no sabría si podría.

Las notas que Julián tocaba con su bandoneón se entremezclaron con el timbre de mi celular, lo cual me hizo salir de mi ensoñación… allí estaba en mi pantalla el nombre del hombre que me hacía querer ser egoísta por primer a vez en la vida.

-Edward—suspiré atendiendo la llamada.

-Bonita… perdón—oí un suspiro afligido y casi pude palpar con mi propia piel su frustración –te extraño también y no te das una idea de cuanto—

-¿Te podré ver hoy?—murmuré cerrando los ojos mientras las notas de Julian seguían envolviéndome.

-No mi amor… estoy algo… ocupado, cosas familiares—dijo con una pizca de enojo –pero te veré en cuanto pueda liberarme de esto, mierda nena… ¿dónde estas? Escucho música—

Sonreí mirando a Julian –Esperando el metro, hay un músico callejero a mi lado tocando el bandoneón… me relaja y pensé en ti—

-¿Pensaste en mí?... solo por un minuto porque un músico callejero tocó algo que te recordó?—rio –yo pienso en ti todo el puto día nena… ¿vas a clases?—

-Si… tengo que comenzar a investigar así que no sé a que hora saldré hoy de la Uni—

-Envíame un mensaje y enviaré a Diego, mi chofer, a recogerte para dejarte en casa, no me gusta que andes sola a esas horas tomando el metro nena—

-¿No puedes venir tú? Quiero verte—exigí… aún no había cambiado mis sábanas donde él y yo habíamos hecho el amor casi toda la tarde noche del día anterior y lo necesitaba dentro mío una vez más. Él se había convertido en una droga para mí.

-Lo siento bebé… no podré hasta mañana liberarme de algo que ahora necesita mi atención, lo siento amor. Te llamaré más tarde, en la noche… y quiero que te aproximes a tu ventana y pienses en mí—

-Pienso en ti todo el puto día papi—le devolví sus palabras. –Y te necesito-

-Oh cariño… yo también te necesito, créeme… si pudiera dejar tirado esto que tengo que atender iría corriendo hacia ti, pero por ahora no puedo… el viernes te contaré de qué se trata ¿si?—parecía resignado antes de tomar aire y proseguir -Escúchame… esta noche juega con tu juguetito y piensa en mi ¿si?, créeme que estaré deseando estar allí contigo—

-Lo haré—dije incorporándome cuando oí al metro acercarse, volteé hacia Julian y le dije Adiós con la mano, el me devolvió el gesto más un guiño de ojos… sonreí negando con la cabeza, los argentinos eran seductores por naturaleza. –Me tengo que ir—

-Bien… yo igual, adiós preciosa… te extraño ¿sabes?— por un segundo oí aflicción en su voz, una especie de dolor que me transmitió solo con unas simples palabras.

-Lo sé—sonreí con tristeza –adiós—

-Adiós—

Esa noche le envié un mensaje a las diez de la noche, cuando terminé de hacer algunas investigaciones en la biblioteca del campus. Aferré mi mochila con fuerza y sonreí cuando vi el Aston acercándose al estacionamiento de la Universidad, pero me solucioné cuando vi a Diego bajar de él en vez de a Edward. Tenía razón… estaba ocupado y fuera lo que fuera que lo mantenía alejado de mí, no podía evitar odiarlo.

El miércoles fue igual al martes, no pude verlo. Me llamó casi a toda hora y, como cuando estaba en Suiza, me exigía que le enviara fotos mías de mi cuerpo, desnuda o en la cama, una sonrisa, mirando desde la ventana o recostada en la reposera de madera de mi balcón. No sabía porque él no podía verme y estaba que tomaba la laptop para googlear su nombre y tirar por tierra todas mis convicciones, las malditas dudas… ¿qué mierda lo tenía tan ocupado?

Pero llegó el jueves y al fin lo vi… y de qué manera. Habíamos estado masajeándonos todo el día mientras yo estaba en clase, entre los descansos, durante mi almuerzo, cuando visité la biblioteca y en ninguno de esos mensajes me dijo que él se aparecería en lugar de Diego, que había estado yendo a buscarme los últimos días.

Bajé las escaleras de mi facultad cuando vi el Aston aparcado en la acera, corrí esperando que fuera Diego el que saldría y me abriera la puerta, pero fue tan grande la sorpresa al ver que quién salía del auto era Edward que pegué un grito y dejé caer mi mochila con los libros que llevaba en la mano para correr hacia él y saltarle encima.

-Mi amor—susurró en mi cabello cuando el me atrapó en el aire y me abrazó por la cintura fuertemente enterrando su rostro en mi cuello, mis piernas se colgaron de sus caderas olvidando el decoro y las putas reglas de "no escandalo publico en las inmediaciones del campus" –te extrañé—

-Papi… papi—gemí separándome ligeramente de él para mirarlo, por dios… sus ojos estaban tan cansados, las ojeras oscuras que llevaba debajo de sus hermosos ojos verdes no me gustaron nada. Él parecía agotado realmente y algo de ese brillo que había visto el lunes en mi departamento mientras me contaba de su familia había desaparecido. Faltaba esa determinación en su mirada, esa felicidad, ahora veía tristeza allí. Sin preguntar nada ni perder tiempo lo besé tomando el cabello de su nuca en puños, mi lengua invadió su boca con premura y desesperación, la suya hizo lo mismo en la mía y pronto estábamos jadeando entre besos hambrientos e intensos. Sus manos tazaron mi culo amasándolo y apretándolo contra su verga dura cubierta por los pantalones.

-Entra al auto—gemí separándome de él y empujando su pecho hacia la puerta del acompañante, me soltó y tomó mi rostro con ambas manos.

-Hey, cariño, espera… espera—sus ojos se fijaron en los míos y su frente se recargó en la mía, -no vine por un poco de sexo amor, vine porque no soy más… moría por verte—

-¿Qué te hizo esto o quién? Pareces tan agotado—murmuré casi enojada –sube al auto, por favor mi amor porque juro por lo más sagrado que si no lo haces te violaré aquí—

-¿Violarme?—sonrió haciendo volver un poco de ese brillo que echaba de menos –te reto… eres muy pequeñita bebé, pero soy una victima más que dispuesta ¿sabes?—

-Sube—exigí mirando detrás de mí. Como yo había estado en la biblioteca al menos por dos horas no quedaba casi nadie por las inmediaciones, solo unos cuantos rezagantes como yo.

Él me soltó y se subió del lado del acompañante tirando el asiento hacia atrás. Aprovechando la oscuridad del parqueadero levanté mi mochila y libros y se los di a él, que enseguida los dejó en el asiento a su lado.

-Desabróchate los pantalones, déjame verte—dije llevando mis manos por debajo de la falda que llevaba hoy, tomé las tiras de mis braguitas y las saqué bajándolas por mis piernas, se las tiré a él en la cara.

-Oh por dios…- gimió tomándolas y oliéndolas enterrando su nariz en ellas.

-Déjame lugar papi—murmuré juguetonamente. Él levantó sus brazos aferrándose con las manos al apoyacabezas de su asiento… mierda.

-Juega con papi bebé, ¿qué quieres hacerme que no puedes esperar para llegar a casa? ¿he?—levantó sus caderas insinuadoramente. Yo me metí al auto arrodillándome en el escaso espacio que había entre su cuerpo y el tablero delantero, él me hizo más lugar abriendo sus piernas para que yo estuviera en medio de ellas y cerró la puerta. Lamí mis labios y supe que él sabía lo que se venía cuando gimió rasposamente.

-Mierda Bella—sus palabras fueron entrecortadas mientras mis manos fueron hasta su pantalón desabrochado y sacaron su pene erecto e hinchado de los confines de su bóxer.

-Mmm—gemí alzándome sobre mis rodillas. Sin tapujos ni vacilaciones me comí literalmente su erección hasta el fondo.

-Ohhhgg mierda amor!—gimió alzando su cadera, sus manos se anclaron a su apoyacabezas y se quedaron ahí mientras yo engullí su miembro con mi boca una y otra vez. –Puta madre nena… necesitaba tanto esto bebé—

No respondí, no podía teniendo su verga en mi boca, sabroso… salado y algo amargo, pero era todo él y me gustaba, me hacía sentir poderosa y si tenía que hacer eso para que él pudiera olvidar por un momento sus problemas lo haría una y mil veces. Dios… era tan grande, la punta de su pene chocaba en mi campanilla y solo relajando mi garganta pude evitar sentir el reflejo nauseoso. Tomé su base con mi mano y lo masturbé para terminar de abarcar lo que mi boca no podía.

-Sabes lo que es… estar a un paso, de lo que mas deseas, de lo que amas y no poder tenerlo… oh bebé— gruñó entre jadeos divagando.

-Mierda ¿Bella?... me voy a correr cariño… no, no quiero derramarme dentro de tu boca por más que me guste cogerla, quiero tu conchita, ven aquí amor… ven al regazo de papi y cabálgame—

Oh mierda…

No daba más, por lo que lo saqué de mi boca con un "plop" y me subí a su regazo a horcajadas, tomé su pene con mi mano y lo ubiqué en mi entrada y sin pensarlo dos veces me hundí en él.

-Oh si… ahí… donde perteneces, solo tú, solo tú ¿me oíste?—dijo trayendo una de sus manos hacia mí y tomándome del mentón para mirarlo, -¿me oíste? Solo tú—

-Solo yo—gemí comenzando a moverme sobre su pene, sus ojos me penetraron de igual forma y trasmitieron todo lo que necesitaba para aplacar parte de mis dudas. Él hablaba en serio… solo yo.

Me besó duro y con la otra mano tomó mi cadera ayudándome a moverme sobre él, una y otra vez, una y otra vez… gimiendo en su boca y él gimiendo en la mía. Más fuerte, más rápido…

-Si… si, si, si nena. Vente para papi—me dio una nalgada en mi culo desnudo y eso fue suficiente como para hacerme correrme gritando como una posesa y moviéndome frenéticamente, me arqueé entera y él me sostuvo hasta que terminé apretándolo tan fuerte que lo oí gruñir casi de dolor.

-Muero… muero… oh mierdaaa—acabó dentro mío en fuertes sacudidas, gruñendo, abrazándome por la cintura como si su vida se fuera en ello.

Oh si…

Los minutos pasaron mientras nosotros nos besábamos suavemente en los labios, recuperando nuestra respiración, aclarando nuestra visión, volviendo a la tierra desde el puto cielo.

No hicieron falta las palabras, en mi departamento se quedó a cenar e hicimos nuevamente el amor en el desayunador antes de que tuviera que irse.

Un trago de agua dulce y refrescante para una muerta de sed como yo.

*o*

El viernes temprano Edward me despertó con uno de sus mensajes mañaneros, diciéndome que iba a pasar a recogerme a las siete de la noche y que estuviera lista. Nuestra cita! Oh cielos…

La sonrisa en mi trabajo no me la sacó nadie, ni siquiera se fue cuando León me dio mi cheque de pago… el maldito me había descontado cientos de dólares por el daño a ese vestido de la frígida rubia del otro día, tendría que haber estado indignada pero lo dejé pasar… estaba demasiado feliz como para que eso me deprimiera.

En la Universidad Ángela me hablaba sobre un tipo que había conocido en un club nocturno y que habían hecho conexión en seguida y Jessica se quejó nuevamente de Dilan su novio por internet, pero mi mente no captaba todas las palabras… la cita de esa noche era lo que acaparaba todas mis conexiones nerviosas.

Iba a tener una cita con Edward Cullen… Toma Leydi! No necesitaba googlear a mi hombre para nada, él me estaba demostrando que realmente quería estar conmigo. Cuando salí de la Universidad decidí llamarla para darle la noticia… iba a flipar.

-No sé si pueda ir esta noche a cenar Ley, dile a mamá que no me espere, tengo… una cita—

-He?... ¿el papi te invitó a una cita?, valla… eso debería ser suficiente para tirar por tierra todas tus dudas ¿o no?—ella parecía estar ajetreada. Sabía que a esta hora ella estaba trabajando y se oían voces de fondo por lo que no quería molestarla.

-No lo sé… veremos—dije esperando que el semáforo cambiara a rojo para poder cruzar –últimamente ha estado algo… ausente—

-¿Ausente?—preguntó con voz gruesa -¿ausente en qué sentido?—

-No lo sé—miré que los autos se detuviesen completamente ante el rojo y crucé rápido –cuando le pregunto dice qué está cansado por el trabajo, creo… creo que se exige mucho, pero no puedo más que apoyarlo y esperar que baje el ritmo. No nos vemos mucho tampoco, pero aún por teléfono puedo sentir su tensión, dice que tuvo un problema familiar… y que hoy me contará de qué fue—

-Bien, supongo que debes tenerle paciencia, nadie dijo que salir con un hombre como él iba a ser fácil ¿no?— pude oír su risa irónica.

Hice una mueca, en realidad no era como que estábamos saliendo, él pasaba tiempo en casa cada vez que podía o me llamaba de vez en cuando, pero nunca tocamos la palabra "relación" o "noviazgo", se sentía así pero las etiquetas aún estaban ausentes y no sabía si era mejor así o no. Dios… él me nublaba la mente.

-No lo sé, no quiero creer cosas que luego no serán ciertas—dije ausentemente mientras mi mirada recorría los escaparates de la calle,

-¿Por qué no tomamos un café y me cuentas bien? ¿Por dónde estás?—

Miré hacia arriba y sonreí, -En realidad estaba yendo hacia la boca del metro, estoy a dos calles de tu boutique—

-¿En serio? ¿y por qué no te vienes?... hay gente interesante aquí que me gustaría presentarte— dijo con una sonrisa.

-No quiero conocer a ningún hombre Leydi— negué con la cabeza sin poder creer a mi amiga, con un hombre complicado era más que suficiente.

-No es un hombre—casi pude verla rodar los ojos –son mujeres y les hablé de ti, quieren conocerte—

Arrugué el entrecejo deteniéndome justo fuera de la boca del metro y miré hacia la calle que debería tomar para ir hacia Leydi. Miré mi reloj luego de unos segundos, tenía aún una hora y media para llegar a casa, bañarme y vestirme para esperar a Edward y me llevara a nuestra cita.

Me mordí el labio…

-Tic, tac, tic, tac… vamos ven mujer, no lo pienses tanto, de paso puedes recoger algo lindo para ponerte esta noche—

Suspiré resignada –Ok—di media vuelta y comencé a caminar hacia la boutique de mi amiga –pero solo me quedaré un momento, Edward pasa a buscarme en una hora y media.—

-Lo que tú digas corazón, solo ven—oí un par de risitas de fondo y corté frunciendo el ceño. ¿Quiénes serían esas mujeres? ¿Y por qué quería presentármelas?

Caminé casi trotando las pocas cuadras que me separaban de Leydi, para cuando entré a la galería en la que se ubicaba la boutique mi respiración estaba agitada y era un desastre sudoroso y despeinada. Entré a "Perla" empujando la puerta con mi hombro, dejé caer mi mochila al suelo y me incliné hacia adelante dejando caer mi cabello en cascada, lo atrapé entre mis manos y me incorporé armando una cola de caballo que até con una liguita.

-Necesito un baño urgente—dije dejando salir el aire de golpe.

En todo ese tiempo no me di cuenta que tres cabezas estaban dirigidas hacia mí mirándome como si fuera una especie de mono en el circo. Oh… dios…

Mátenme ahora…

-Hum… hola—dije sintiendo mi sonrojo en las mejillas a fuego puro. Una mujer de mediana edad y de vivaces ojos verdes me miraba divertida, mientras que otra a su lado, más pequeña y de cabello corto negro me miraba con las cejas alzadas y una sonrisa asomando en sus labios de rojo carmesí. Mientras que Leydi intercambiaba miradas desde ellas hasta mí con una sonrisa satisfecha en los labios.

Solo una rápida mirada a las mujeres bastó para sentirme reducida a nada. La mujer de mediana edad vestía un vestido color melocotón que parecía de seda o algo así y que caía por debajo de sus rodillas con soltura y elegancia, un par de zapatos de tacones altos del mismo color que parecían de terciopelo y llevaba una cartera en forma de sobre en una de sus manos. A pesar de parecer una de esas clasistas con las que lidiaba día a día en el restaurnat, ella parecía simpática y natural. Su cabello color caramelo caía con soltura sobre sus hombros.

En cambio la más pequeña, tenía en apariencia, un estilo parecido al mío, solo que sus botinetas eran de marca, su pantalón blanco ajustado igual y seguramente su camisa de seda suelta y de mangas arremangadas también, aunque ella lo llevaba con estilo. Me gustaba.

Acomodé disimuladamente mi sueter amplio de lana gruesa que dejaba un hombro al descubierto dejando ver las tiras de mi sujetador y mi camiseta de tiras y rogué al cielo que mis botinetas negras estilo tejanas que tanto amaba no estuvieran sucias, no podía hacer nada con mis jeans gastados que me quedaban como un guante.

-Bella—la joven pequeña se acercó en primer lugar estirando la mano y con una sonrisa en la boca –Soy Alice, es un gusto conocerte… Leydi aquí nos ha hablado mucho de ti—

Miré a mi amiga y alcé una ceja interrogante,

-Hum… hola Alice, creo que mi amiga se olvidó de hablarme ti sin embargo— tomé su mano y sonreí en disculpa, Leydi rio… la otra mujer también al tiempo que se acercaba a mí extendiendo su mano.

-Bella… ciertamente tampoco te ha hablado de mí, soy Esme y somos clientas de Leydi desde hace poco, solo vinimos por otra cosa hoy—

-Oh—tomé su mano y la sacudí ligeramente –mucho gusto—¿algo en que pueda ser útil?—me atreví a decir.

-Sabes que sí—dijo Alice tomando mi mano y llevándome hasta donde estaban las sillas, nos sentamos y Esme nos siguió para tomar una silla y sentarse frente a nosotras. –Verás… ¿Conoces la casa de té La Dolcevita? –

Si, la conocía, pero hacía unos años ya que estaba cerrado, en mi infancia mi madre me llevaba a tomar malteadas y a comer cupcakes mientras ella tomaba su té de fresas, su sabor favorito, alzando el dedo meñique cada vez que alzaba la taza, su pequeña burla al esnobismo inglés.

-Claro que lo conozco, pero está cerrado…- dije frunciendo el ceño.

-Si, estuvo cerrado por largos años—Esme había tomado la palabra –pero la semana que entra, el viernes para ser más precisos, reabre sus puertas… y yo, que estoy a cargo de la reinauguración, quería hacer una especie de tributo a cada cultura cuyos sabores serán servidos en el lugar. Verás… tenemos una bailarina geisha para la presentación de los sabores orientales, tenemos una bailarina latina para los sabores centro y sudamericanos y nos faltaría una bailarina árabe para presentar los sabores del sur de la india, marruecos y el medio oriente—

Oh bien… ya podía ver por dónde venía la cosa.

Miré a Leydi y se alzó de hombros –Alice es una clienta habitual y la oí hablar por teléfono muy preocupada con su madre diciéndole que aún no había encontrado una bailarina adecuada… y todo encajó como anillo al dedo—

-Sabes que no se deben escuchar conversaciones ajenas ¿verdad?—dije con una sonrisa.

-Sabes que no puedo evitar oírlas—rodó los ojos, Alice y Esme se rieron.

-Y la verdad estamos agradecidas que Leydi haya oído, sino no tu hubiésemos encontrado… ¿qué dices?—Esme tomó mi mano en mi regazo y le dio un apretón.

Las miré tomando una respiración profunda, ella hacían lo mismo conmigo y parecían realmente muy interesadas, expectantes.

-Hum… miren, es que no hago presentaciones privadas—

-No será privado… habrán muchos invitados amigos nuestros, familia y también clientes que quieran asistir ese día, será a puertas abiertas y solo será un baile, la presentación y ya… aunque para aportar al realismo te podríamos pedir que sirvas té a algunos clientes con tu traje tradicional, eso completará el cuadro y se verá muy hermoso—

-Te pagaremos muy bien, de eso no debes preocuparte… realmente nos gustaría que participes, dice Leydi que haces cosas muy innovadoras y nos ha mostrado fotos… te queremos en la inauguración, por favor—

Alice había hablado y estaba segura que ella era de esas personas que podían conseguir lo que quisieran y que no recibían un No como respuesta.

Suspiré mirando a mi amiga, ella asintió rápidamente con la cabeza y sabía que tenía su apoyo, por lo que con un suspiro resignado asentí con la cabeza,

-Bien!—Alice me abrazó por los hombros y por un momento quedé sorprendida –será hermoso, tú eres hermosa y la gente quedará complacida de verte. Será grandioso!—

Bien, definitivamente ella era una chispa de buena onda y positivismo suelta por chicago.

-Que bueno, les daré mi número de celular para que me den los detalles de lo que necesitan…-

-Solo necesitamos que seas tú misma—rebatió Alice, sin embargo les di mi celular a ambas para ponernos en contacto, fijar los ensayos y confirmar el día y la hora del evento. Tenía exactamente una semana para prepararme y ya quería ponerme a ensayar.

Leydi vino con un vestido del fondo de la boutique y me lo tendió, -Llamaré a un taxi o llegaras tarde para tu cita- me levanté apresurada mirando mi lejo, mierda! Solo me quedaba media hora para llegar a casa, bañarme y prepararme para que Edward me pasara a buscar.

-Oh dios—gemí tomando el vestido y volteando a mirar a Esme y Alice que se habían parado también. –Tengo una cita… y debo apresurarme, lo siento… me hubiese gustado quedarme a charlas más—

-No te preocupes ¿vives muy lejos?—Alice tomó su bolso del suelo junto a su silla y lo colgó en su hombro,

-A unas diez manzanas, espero que el taxi sea rápido—

Ella me tomó nuevamente de la mano y tiró de mí hacia la salida – Un taxi no es lo suficientemente rápido, ven… yo te llevaré—

-Oh Alice, gracias pero—

-Pero nada, ahora paso por ti ma!—gritó hacia Esme que nos miraba divertida, las saludé con la mano y salí con Alice hacia la calle donde un vanaglorioso porche amarillo nos esperaba.

Decir que Alice conducía rápido era un eufemismo. En menos de cinco minutos estábamos estacionadas en mi calle, con mi corazón a mil y mis manos en garras tomando las orillas del asiento de cuero.

-Espero verte pronto Bella, sé que seremos grandes amiga, no puedo estar más feliz de conocerte—traté de recobrar la compostura y tragué la bilis que pugnaba por salir de mi garganta, volteé a mirarla y sonreí vacilante aflojando los músculos de mi cuerpo. Solo conocía a una persona que conducía así y era justamente la que en minutos nada más vendría por mí.

-Gracias, fue un placer conocerte… estamos en contacto—dije acercándome para besar su mejilla –adiós Alice, gracias por el paseo—

-De nada… pásala bien!— dijo entusiasmada.

Bajé del auto y algo confundida subí a mi apartamento. Bien… tenía diez quince minutos para ser la mujer que amaba ser, quince minutos para volverlo a ver.

*o*

Tomé una respiración profunda y me miré por el reflejo de los cristales de la venta a que daba a la ciudad, me veía bien, muy bien de hecho. Leydi había escogido un vestido negro ajustado que remarcaba cada una de mis curvas y llegaba a medio muslo, un par de botinetas de boca de pez negros de altos tacones y una campera negra de simil cuero opaco, liviana y bonita, ajusta a al cuerpo y con un cierre diagonal que le daban un toque chic, yo la dejé sin cerrar. Tomé mi pequeño sobre negro donde guardé mis llaves, mi celular… y por las dudas un poco de dinero, aunque dudaba que Edward me dejara usarlo.

Tomé otra respiración profunda y tomé el pomo de la puerta consciente de que mi hombre, el que atormentaba mis días y mis noches, me esperaba del otro lado.

Cuando abrí la puerta el alzó la mirada y entreabrió sus labios y sus ojos en seguida recorrieron mi cuerpo, bien… primera impresión, superada. Cerró la boca en seguida y apretó los dientes respirando fuerte por la nariz, sus ojos, como flamas ardientes de un color verde se fijaron a los míos y fruncí el ceño, ¿estaba vestida apropiadamente?

Mierda…

-Estas increíble nena—dijo alzando una mano hacia mí, la tomé con la mía y me llevó enseguida hacia él abrazándome por la cintura –si quieres disfrutar esta noche fuera de tu apartamento, es mejor que nos vallamos ahora porque juro que estoy a segundos de alzarte sobre mi hombro y ensartarme dentro de ti contra alguna pared ¿si?—

Oh dios…

-Ajá—solo fui capaz de decir dejándome llevar por él.

-¿Dónde vamos?—pregunté tentativamente luego de habernos abrochado los cinturones en el Aston, él pisó el acelerador y por segunda vez en ese día, mi cuerpo se estremecía por la velocidad. Cielos…

-Es un lugar que te gustará conocer mi amor, de paso creo que te será útil para algunas cosas—

-¿Útil?—murmuré intimidándolo con la mirada. Él me miró con una sonrisa torcida y satisfecha y asintió guiñándome un ojo, tomó mi mano y la llevó a sus labios, besó el dorso y no la devolvió a su lugar, en vez de eso la colocó en su regazo.

Pasamos por las calles de Chicago como un bólido hasta que llegamos a una zona apartada del Loop, cerca de la costa, que se caracterizaba por ser una de las partes más abocadas a lo cultural y estético de la ciudad, era hermoso. Los paseos por las calles con cientos de artesanos enseñando sus pequeños tesoros, artistas pintando el atardecer sobre el lago Michigan, turistas yendo y viniendo, músicos como Julián haciendo de ese atardecer aún un lugar más hermoso.

Pronto estacionó el auto en la calle y bajó para tenderme la mano y ayudarme a bajar, su mirada barrió por mi cuerpo una vez más y supe que en cuanto nos quedáramos solos haría de las suyas, pero entonces entramos a un edificio, era más bien como un gran salón de paredes blancas en las cuales colgaban cuadros y obras artísticas que desde un principio llamaron mi atención, eran hermosas… acuarelas, rostros, expresiones, momentos, hermosos.

-¿Edward?—dije sin soltar su mano, silenciosamente él me llevó a través de esa especie de galería lentamente mientras parábamos a pocos pasos a ver algunos cuadros. No había nadie más que nosotros, estábamos solos, por lo que poco a poco fuimos caminando tomados de la mano. Llegamos a un salón más pequeño, una pared de ventanas desde el suelo hasta el techo dejó entrever el paisaje de esa parte de la ciudad, Chicago se veía a lo lejos, iluminada, hermosa. El paisaje de la ciudad contrastaba con el paisaje del solitario Lago Michigan.

En ese salón vacío y más pequeño igual había unas pocas obras, del mismo artista, pero lo que llamó mi atención fue la mesa servida en el centro del lugar y un camarero esperando a que nos sentemos.

Lo hicimos, Edward me llevó a la mesa apoyando su mano en mi baja espalda, apartó la silla impidiendo que lo haga el camarero y me ayudó a sentarme. Él se sentó frente a mí y solo atiné a mirarlo… me tenía alucinada…

-¿Qué es este lugar?—dije maravillada. Mis ojos recorrían las pinturas una a una, tenían un realismo impresionante y hubo una que me llamó especialmente la atención. Solo me quedé mirándola mientras él hablaba.

-Agnes Cecil es una acuarelista Italiana que a mi madre le fascina, créeme… tiene la casa repleta de réplicas y originales de ella, es muy buena—volteé a mirarlo -Pensé que como aún no habías encontrado tu objeto de estudio para ese trabajo que tanto te preocupa, ver el trabajo de esta mujer de primera mano te sería de mucha ayuda—

-¿Esta es una muestra de ella?—pregunté anonadada.

-Si, estará exponiendo esta muestra por una semana más aquí en Chicago, por lo que tendrás tiempo de hacer lo estudios necesarios. Esta noche no, será mía y tuya, sin embargo puedo ponerte en contacto con ella para hacer una entrevista cuando estés preparada dentro de la próxima semana. Agnes es conocida de mi madre y no habrá ningún problema—

-Oh dios—susurré totalmente fuera de mí -¿Estas hablando en serio?—me levanté de mi silla y miré lo que tenía a mi alrededor, las acuarelas impresionantes.

-Personalmente esta clase de arte no es mi fuerte, pero por ti… puedo hacer cualquier cosa, créeme—dijo levantándose de la mesa para caminar hacia mí –Aunque si tuviera que elegir una de estas pinturas… mira… ven—él tomó mi mano y me llevó hacia la acuarela que había llamado mi atención antes de sentarme –esta sería mi favorita—él me ubicó delante de su cuerpo y abrazó mi cintura con sus brazos apoyando su mentón suavemente en mi hombro.

Era hermosa

Una mujer de perfil y un hombre de frente, él parecía estar abrazándola, o besándola y ella a él, según desde la perspectiva que se mire, pero era hermosa… y transmitía tanto amor y a la vez belleza, sin duda y solo con ver por encima las demás obras, esta era mi favorita.

Él besó mi mejilla y luego mi cuello, con besos suaves y lánguidos, me apretó fuerte y posó sus labios en mi oído,

-Se llama "Forever Yours"… y es exactamente lo que siento—su voz me estremeció y me sentí flaquear –por siempre tuyo mi amor-

Oh mi dios…


aaauuuuuuu... shit, Edward ¿puedes ser menos encantador? que me desmayo...

Ahhh! cielos, besos y gracias por la espera! Música, outfit de Bella, imagen de "Forever youts" en mi perfil, entre otras cosas.

Gracias inmensas a todos los que envían su review, ya respondí a cada uno menos los que no lo enviaron con su cuenta:

sofyy29, sip, son perfectos juntos y vamos a ver que pasó con Edward porque él parece determinado pero en Heidi es en quien no confío :D nikyta,Gracias! DANNYELLA HOPE, gracias nena por tus palabras, un besote! mirgru, jajaja nena! si... la escena del ción fue O.o.. auuu lo que sufrirá este hombre si Bella decide no darle bolas jaja, besotes! PotterZoe, medusa! jaja, y bueno, hablar... tendrán que espertar un capi más para ver lo que Edward tiene para decir ;) Elizabeth Valero, estaras de viaje? sino que te vaya bien! gracias linda por tu review y si... a ver qué explicaciones da nuestro papi Reti, gracias linda por tu review! nos vemos y a ver si Ed la manda a freir papas a Heidi ;) dracullen, hermoso celoso, Edward es genial con esos sentimientos tan fuertes por su Bella, lo amo u.u V, seguimos con el sexo en el carro uff... ese Aston me puede, gracias por tus palabras linda :D magusl92, ayy vamos a ver si Ed pudo lograr lo que se propuso, dejar a Heidi... ayyynsss dark, gracias linda, el deseo de todas :D pili, gracias linda! Aunque no te pueda ver actualiza esta semana ;) , gracias linda! vamos a ver que pasa de ahora en mas, si Ed decide contarle a Bella en la cita o si ella lo descubrirá solita :s besos! A. Cullen, nooo, pobre Ed, vamos a darle un poco de mérito antes de que se le venga el caos encima :D PaTysev, que bueno que te encanta porque el lio se viene y a lo grande muajaja! karlita carrillo, aaainnss no se! vamos a ver en el próximo cap, ya estamos cerca! Caroline Cullen, no me olvido, la semana pasada retomé y ahora no hay quien me pare, besotes! Martha, vamos a ver que sucede, besos Marta y gracias por tu review! Frida, jajaja nena! que cosas haces con tu marido! que lindooo, gracias, un besote! ;)

GRACIAS A TODAS LAS QUE COMENTAN Y SI QUIEREN QUE LES RESPONDA POR PM, SOLO INGRESEN CON SU CUENTA A COMENTAR... NOS VEMOS!