¡Buenas noches desde mi balcón queridos lectores! Otro capi más, otra noche más. Hoy no me ha faltado mucha inspiración, he de decirlo, y no se si estará bien, si os aburrirá o si os seguirá enganchando, juzgarlo vosotros mismos. (Acepto quejas y demás) El propio escritor no se valora, si no lo sabíais JAJAJAJAJAJAA. Bueno, gracias por todo, por leerme, seguirme y demás. Disfrutarlo, un beso!:*

Una ráfaga de aire frío penetró en la habitación, haciendo que el escritor abriera los ojos, adormilado. Se incorporó en medio de las sábanas blancas, notando el hueco vacío donde había dormido la inspectora. Frunció el ceño al recordar que aún era de noche. Recorrió la estancia con la mirada, buscándola. Sonrió con cariño al verla apoyada en el marco del balcón. Tan solo llevaba el sujetador negro de encaje y las bragas a juego. Su pelo le caía por la espalda, en tirabuzones perfectos. La observó atentamente. Recordó ese momento en la ducha, ese "te quiero" tan real que había escapado de sus labios. Aún se sorprendía de su amor hacia la inspectora. Deseaba tenerla entre sus brazos todo el rato. Poder besarla, acariciarla, hacerla sonreír de esa forma que tanto le encantaba. Pero, no sabía si ella sentía esas cosquillas en el estómago cuando se veían. Se levantó de la cama. Notó la fría madera del suelo en la planta de sus pies, produciéndole un escalofrío. Se agachó a recoger sus boxers al darse cuenta de que estaba desnudo. Anduvo lento, pausado, hasta situarse detrás de la detective, abrazándola por la espalda. Esta se sobresaltó al principio, pero luego sonrió, recostándose en su pecho.

-¿Qué pasa gatita?-le susurró con voz ronca, adormilado. Esta cerró los ojos, suspirando con una sonrisa. Observaban el horizonte, los arboles que ahora estaban quietos, mojados. Se había desvelado en medio de la noche y había salido a tomar el aire para intentar aclarar sus pensamientos. Este se inclinó dejando un beso en la parte trasera de su cuello. La inspectora ladeó la cabeza, dándole mejor acceso.

-Estaba pensando...-le susurró como respuesta. Castle la apretó más contra él, acariciándole el vientre desnudo. El aire era frío, pero cuando la abrazaba, sentía como el calor se instalaba en sus huesos. Este enterró la cabeza en su cuello.

-¿En qué?-le preguntó cerrando los ojos, dejándose llevar por el perfume que desprendía el cuerpo de su inspectora. Esta sonrió.

-En nosotros.-respondió dándose la vuelta. Unos ojos azules medio cerrados la observaban. Se acercó y le dejó un beso en los labios, metiendo las manos en su pelo. Este abrió la boca con pereza. Beckett se separó, acariciando su nariz con la de él. Se giró, cerrando las dos puertas de cristal, dejando fuera el frío. Castle cogió su mano, tirando de ella. La tumbó en la cama, abrazándola por la espalda. Beckett suspiró. Había estado pensando en lo que el escritor producía en su cuerpo. Lo que pasaba cuando se alejaba. Como necesitaba sus besos y sus abrazos. Y como lo quería con locura, pero no estaba preparada para decírselo. Aún no. Él sabía que lo quería, ya se lo había dicho en la ducha, lo demás quería guardarlo para si misma. Sus barreras seguían en alto, pero poco a poco estaban cayendo, cosa que nunca antes había pasado y eso la confundía. Sonrió al notar la respiración acompasada de Castle.

-Kate... no me dejes.-Beckett se mordió el labio inferior intentando no reír al oírlo balbucear en sueños.-Kate, eres lo mejor que tengo, no te vayas nunca.-siguió este. Beckett se giró, besándole lentamente en los labios, con cuidado de no despertarle.

-No me voy a ir Rick, estaré a tu lado. Siempre.-le susurró al oído. Este sonrió inconscientemente, pensando que todo era un sueño. Apretó más a Beckett, buscando calor.

-Te amo.-le susurró antes de callarse, dejándose llevar completamente por Morfeo. La inspectora sonrió. ¿Cómo no iba a quererlo? Estaba claro que los dos sentían lo mismo, pero aún no habían aclarado nada. Suspiró. Cerró los ojos, acurrucándose en los brazos de su niño pequeño, buscando un par de horas para descansar.

La inspectora parpadeó intentando abrir sus ojos soñolientos. Inspiró el agradable aroma a chocolate que inundaba la habitación con una sonrisa. Giró su cuerpo hacia el hueco de Castle, pero se encontró sola en medio de la cama. Se incorporó, estirando los brazos mientras bostezaba. Salió de la cama, bajando los escalones de madera descalza para detenerse en la cocina, apoyándose en el marco de la puerta. Se mordió el labio inferior al ver que Castle estaba completamente desnudo, y que lo único que lo tapaba frontalmente era un delantal de cocina. Sonrió cuando observó los arañazos y las mordeduras de su espalda, sintiéndose culpable. Era ancho de hombros y estrecho de cintura, algo que la enloquecía. Su culo era redondo y perfecto. Se acercó con sigilo, metiendo las manos por dentro de delantal, acariciando su miembro. Este sonrió al notarla justo ahí.

-Me da que tienes hambre.-dijo riendo. Ella le beso el cuello con cariño, tirando de su lóbulo. Este se removió al sentir un escalofrío. Se giró mirándola a los ojos. Comenzó a dejar pequeños besos en sus labios. Esta enterró las manos en su pelo. Adoraba su pelo, era tan suave... El escritor la rodeo por la cintura con sus brazos. Succionó su labio inferior, algo que era como una droga para él. Puso sus manos en su trasero que solo tapaban unas braguitas negras, y la colocó en la barra americana. Le pasó un plato con tortitas, esta lo cogió relamiéndose. Castle volvió a girarse y al ver el bote de sirope de chocolate una sonrisa traviesa cruzo sus labios. Cogió el bote sin que lo viera la detective y apretó, manchándole parte del pecho y el vientre de chocolate. Esta abrió la boca y los ojos lentamente. El escritor se tapó la boca con las manos, aguantando una carcajada lo máximo posible. Lo miró con los ojos entrecerrados. Sonrió. Cogió una tortita del plato y se la lanzó a la cara, estallando en una carcajada al ver como se deslizaba lentamente por su cara. Este se rió también. Con el dedo índice se quitó un poco de chocolate de la mejilla para después metérselo en la boca.

-Ahora entiendo porqué me dicen que estoy bueno.-respondió sonriente. Beckett estaba concentrada en limpiarse el pecho con una servilleta. Se acercó lentamente a la encimera, cogiendo un bote de nata y escondiéndoselo en la espalda. Rodeó la barra americana. Se situó detrás de ella, abriendo el bote mientras lo agitaba.

-¡Y el escritor remata a la detective!-gritó mientras le embadurnaba la espalda con nata. Esta saltó por el contacto de la nata fría en su piel caliente.

-Ya puedes ir limpiándolo o te juro que te quedas sin sexo hasta dentro de un mes.-le ordenó furiosa. Este se rió, acercándose más. Le quitó con cuidado el pelo de la espalda, pasándoselo por el cuello. Dejó un beso en la curvatura de su cuello, para después bajar por la columna. Deslizó su lengua por todo el reguero de nata que ocupaba su espalda. Limpiándola totalmente. Beckett comenzó a excitarse al sentir la lengua del escritor por su espalda. Sonrió al notar la erección presionándole los glúteos, consciente de que él sentía lo mismo. Este comenzó a bajar las manos por su trasero, apretando ese punto tan sensible de su anatomía por encima de la tela. Le separó las piernas con su pie, dejando expuesto su trasero ante su vista.

-Apóyate en la barra, ya.-le ordenó con exigencia. Su voz ronca estaba cargada de deseo, haciendo que Beckett se excitara aún más. Este se quitó el delantal, quedando desnudo a las espaldas de la inspectora. Metió un dedo en la costura de las bragas, rompiéndoselas y tirándolas a un laso. La inspectora gimió sorprendida. El escritor dejó otro beso en sus espalda y entró en ella con delicadeza, hundiéndose profundamente. Esta echó la cabeza hacia atrás, gimiendo. Castle se recostó en su espalda, para que notara su pecho. Entraba y salía con delicadeza, con una tortura lenta y deliciosa. Esta se arqueaba contra su pecho.

-Castle...-intentó decir entre dientes.-Acelera.-Este le dejó un beso en el cuello. La detective se giró para poseer su boca. El escritor comenzó a bombear con fuerza, haciéndola gemir gritando.

-Siénteme Kate...-le susurraba al oído mientras salía y entraba de ella con ritmo. Esta jadeaba. Su pecho ascendía y descendía rápidamente. Castle comenzó a acariciarle el bulto del placer situado entre sus piernas, moviendo sus dedos en círculos.

-Ah...si...si...-gemía la detective. Castle apretó la mandíbula sabiendo que dentro de poco acabaría. Aceleró sus dedos sobre su sexo. Beckett notaba como sus piernas comenzaban a perder fuerza y como todo comenzaba a centrarse en un punto. La frente sudada de Castle estaba apoyada en su espalda, pero no dejó de entrar y salir. Cuando el escritor cogió su bultito entre sus dedos y tiró de él con suavidad, esta se perdió en un orgasmo tan fuerte que Castle tuvo que sujetarla por la cintura para que no cayera al suelo. Este embistió dos veces más, llegando hasta el fondo de su ser, derramándose en su interior. Los dos se apoyaron en la encimera. Castle abrazado a la inspectora, sin poder moverse a causa de los espasmos de su orgasmo. Esta recomponía su respiración. Se estremeció cuando Castle salió de ella. Se giró para besarlo, pero comenzó a reírse cuando vio que su cara seguía manchada de chocolate por algunos lados. Este la cogió de la cintura, acercándola a sus labios con ternura. Metió la mano en su pelo, masajeándole, como ella solía hacer con el suyo. Se separaron con cuidado, mirándose directamente a los ojos. Los dos respiraban con dificultad. Apoyó su frente con la de ella.

-Hola.-le susurró. Esta le sonrió abrazándolo. Enterró la cabeza en su cuello, dejando que la estrechara contra él.

-Si vamos a estar así lo que nos queda el fin de semana, acabaré muerta.-susurró dejándole un beso en el cuello. Este sonrió.

-Lo haremos mejor. Luego podemos jugar a mi PlayStation...-le susurró acariciándole el pelo. Enredó el dedo en uno de sus tirabuzones. Esta gimió con los ojos cerrados. El perfume de colonia de hombre de Castle siempre la adormilaba.-O jugar a verdad o prenda...-siguió este besando su cuello.-Quiero saber cosas de tu época de guarra en el instituto.-esta abrió los ojos al instante, riendo. Le pegó en la espalda con cariño.

-¿Por qué das por hecho que era una guarra?-Castle se separó de ella, cogiendo de nuevo el delantal para ponérselo. La miró encarnando una ceja.

-No hay mas que ver como la chupas.-Beckett lo miraba con las cejas alzadas, fingiendo sentirse dolida.-Eso lleva practica señorita.-le dio un beso en los labios antes de salir por la puerta.-¡Bájame unos pantalones anda! ¡Voy al garaje a por mi PlayStation!-le gritó inocentemente. Beckett rió. Estaba con un niño, tenía que asimilarlo y eso significaba jugar a sus juegos, pero, ¿y si les daba su toque especial? Se agachó para tirar sus bragas rotas a la basura, y subió las escaleras hacia el dormitorio, tramando algo.

El escritor se estremeció al entrar en el garaje. Un frío invernal ocupaba todo, y al ir con tan poca ropa podía sentirlo sobre su piel. Abrió el maletero del ferrari. Sonrió al ver la funda azul oscura. La cogió por el asa y volvió rápidamente al salón. Silbó al ver la gran pantalla de plasma colgada en la pared. Ahí podrían jugar perfectamente. Se agachó, abriendo la mochila para colocar los cables y comenzar de una vez. Cuando lo tuvo todo conectado se alejó para poder ver su obra de arte. Se frotó las manos emocionado. Tenía muchas ganas de jugar contra su inspectora. Cuando se giró tuvo que tragar con fuerza para que una nueva erección no lo delatara. La detective avanzaba hacia él con una de sus camisas azules abierta. Por el cual veía su sujetador y...¿eso era un tanga? Le traía un pantalón de chándal gris de los Yankees. El pelo revuelto es lo que más adoraba. Ese toque sexy y a la vez inocente. Lo volvía loco. Esta le tiró los pantalones. Castle levantó el brazo, cogiéndolos al vuelo. Le sonrió. Beckett se quedó de pie, con los brazos cruzados. El escritor le lanzó su mirada más sexy mientras se quitaba el delantal, quedándose desnudo ante su vista. Esta se mordió el labio inferior, repasando su cuerpo. Lo hacía adrede para que lo mirara. Se colocó los pantalones de chándal, sonriéndole. Se agachó y cogió dos mandos.

-¿Lista?-le preguntó tendiéndole uno. Esta asintió encarnando una ceja. Castle se sentó en la moqueta, abriendo sus piernas para que ella pudiera sentarse entre ellas. El escritor apoyó la espalda en el sofá, justo cuando esta se sentaba entre sus piernas, aspirando su aroma a cerezas. Le dejó un beso en el cuello. Esta sonrió, ladeándolo.

-Mira.-pasó sus brazos detrás de los suyos, abrazándola más. Esta cogía el mando con las dos manos, mirando atenta los botones.-Apuntar, disparar, correr, agacharse...-iba indicándole el escritor. Esta asentía, robándole un beso de vez en cuando. La televisión se encendió con un pitido. El logo de "Call Of Duty" apareció en medio de un fondo negro.

-¿No vamos a apostar nada?-le preguntó Beckett ladeando la cabeza para mirarlo. Este le dejó un beso en sus labios. No podía resistirse. Nunca lo hacía. Eran tan apetecibles...

-¿Tan segura estás de que vas a ganar?-le susurró encarnando una ceja. Esta sonrió, mordiéndose el labio inferior.

-Pura corazonada.-respondió.-Espera, voy a poner un poco de música.-se levantó, acercándose a la minicadena. Castle observó sus pasos sonriendo como un bobo. Deseaba pasar todos y cada uno de sus días a su lado. Poder jugar como niños pequeños, discutir y acabar entre besos era la mejor sensación que había vivido. "Just The Way You Are" de Bruno Mars comenzó a sonar. Estaba tan de acuerdo con la letra en esos momentos... La inspectora se sentó entre sus piernas de nuevo, rozándole violentamente el paquete con su trasero.

-No intentes despistarme.-le dijo mientras preparaba la partida. Beckett se frotó más, sonriendo.

-No se de que me hablas.-respondió inocentemente. Este rió.

-Ya, claro.-Después de la cuenta atrás que les ofreció el juego antes de empezar, comenzaron a apretar botones como locos, buscándose e intentando acabar con el otro. Beckett intentaba distraerlo varias veces rozándose contra él. Este le mordía el cuello. Después de varias muertes, la partida acabó, dejando a un Castle boquiabierto ante una Beckett ganadora bailando al compás de "Turn Up The Love". Este ladeó la cabeza perdiéndose en su trasero, que se movía al ritmo de la música. La detective se sentó en sus piernas, rodeándole con las suyas la cintura.

-Te he ganado bollito.-le dijo en tono de burla mientras le besaba el cuello. Este gruñó, fingiendo un puchero.

-Sabías jugar.-dijo casi sin creerselo. Esta asintió sonriente.
-¿Creías que por ser chica no sabría? Me enseñaron muy bien.-este arrugó el ceño. Beckett sonrió al notar los celos.

-¿Quién? ¿Tu ex? ¿Lo hacía mejor que yo?-le soltó de repente. Beckett se acercó besándolo con cariño. Cortos, pausados. Lo miró a los ojos, ahora más calmados.

-Podría decirse que nos acostábamos...-respondió la inspectora mordiéndole el labio inferior. Este le giró la cara, rechazándolo. Beckett frunció el ceño. Le cogió la cara entre las manos.

-Ey, ¿qué pasa?-se sintió mal al ver tristeza en sus ojos azules. Castle evitó su mirada, agachando la cabeza.-No es nadie bobo... Ya no.-este la miró sonriendo con timidez.

-¿Me lo prometes?-la detective se acercó a sus labios, abriéndolos y enlazando su lengua con la de él. El escritor la abrazó, estrechándola más contra su cuerpo.

-Te lo prometo.-respondió dejando un beso en la punta de su nariz.-Mira, voy a ir a por una botella de Tequila que guarda aquí mi padre y jugamos a verdad o prenda.-este le sonrió asintiendo.-Yo también quiero saber cosas de ti.-se levantó, dirigiéndose a una habitación que había debajo de las escaleras, mientras Castle la contemplaba. A veces tenía miedo de que se cansara de él, de que solo fuera una aventura, un juguete, pero cuando lo besaba con tanto cariño volvía a la realidad. Su realidad. Ya no era un sueño, Kate era solo suya, y estaba seguro de que no iba a fallarle. Esa misma noche había soñado que le decía que siempre estaría con él, ojalá los sueños se pudieran hacer realidad. Sonrió cuando la inspectora se sentó frente a él, abriendo la botella de Tequila.

-Que empiece el juego.-dijo sonriente mientras cogía la botella, dando un trago. Beckett se echó un poco de sal en la tripa. Se tumbó sobre los antebrazos esperándolo. Este se inclinó, con una sonrisa traviesa en los labios. Sacó la lengua, lamiendo su vientre. Se acercó a su boca, donde había una lima y la mordió.

-Esto va a estar bien.-susurró la inspectora incorporándose, mientras observaba sus ojos azules.