¡YAHOI! Ya estoy aquí de nuevo después de mes y poco xD. Sin más preámbulo, doy paso a la lectura del capítulo (Inner: el trece, qué bonito número...).
Disclaimer: Los juegos del hambre y sus personajes no me pertenecen, son propiedad e Suzanne Collins, yo solo los uso como un medio para salir de mi aburrida rutina diaria y espolear a mi imaginación para que no se duerma en los laureles.
Chapter 13
POV Katniss
Camino hasta colocarme delante de las sillas que hay delante de la ancha mesa de madera. Pongo las manos sobre el respaldo de una de ellas, aferrándome con fuerza, hasta que los nudillos se me ponen blancos. Sin embargo, levanto la barbilla y pongo una expresión resuelta. No voy a mostrarme débil, no puedo mostrar debilidad ante el ser más despreciable de todo Panem. No pienso darle semejante satisfacción—. Presidente—saludo, con voz fría e indiferente. Él sonríe, de forma siniestra, mostrándome sus perfectos dientes blancos.
—Supongo que debo darte la enhorabuena.
—Gracias. —La estancia se sume en el silencio. Sin esperar a que me dé permiso, me siento en una silla, intento que sea con gracia y elegancia (tal y como trataron Portia y Effie en su día de enseñarme), para que crea que no le doy ni la más mínima importancia a su presencia en mi casa—. ¿A qué debo el honor de su visita?—pregunto, en tono educado.
—Nunca creí que llevaras a cabo tan tan bien mi pedido. —Trago saliva, pero me mantengo recta sobre la silla, a pesar de que tengo que hacer enormes esfuerzos para que no me tiemblen las manos—. A estas horas, ya todo el país sabe de tu embarazo, y están entusiasmados. Solo que… —calla y aprieto los puños sobre mi regazo, hasta clavarme las uñas con tal fuerza que me hago sangre. Pero el dolor es lo que menos me importa en este preciso momento.
—¿Ocurre algo?
—Algunos se lo están tomando con demasiado entusiasmo. —Vuelvo a tragar saliva—. ¿Me entiendes?
—Creo que sí.
—Sí… Y eso es un problema. ¿Sabes por qué es un problema?—Asiento con la cabeza.
—Pero ¿qué quiere que haga yo?—Clava la vista en mi vientre y, en un acto reflejo, me lo tapo con los brazos, abrazándolo.
—Interesante. Yo que pensaba que no tenías instinto maternal—ríe, provocándome que unos horribles escalofríos me suban por la espalda. Su risa es cruel y siniestra, como todo en el presidente Snow—. Lo que quiero yo, querida, es lo que necesita ahora mismo el país: unidad. Tu hijo puede servir muy bien a ese propósito. Imagínate: el primer bebé que nace de las entrañas de no uno, sino de dos vencedores. La gente se volverá eufórica en cuanto sepan que este niño será mimado por todo Panem. —¡No, no, no, no! ¡ESO SÍ QUE NO! ¡Me niego a que mi bebé se convierta en la herramienta de Snow! Aferro con más fuerza mi vientre.
—Solo es un niño—digo, con un hilo de voz, y maldiciéndome por ello.
—No cualquier niño, es tu niño. —Un sollozo amenaza con salir de mi garganta, pero consigo retenerlo a tiempo—. Espero que pienses en mi oferta. —Me pone una mano en el hombro. Siento repulsión, pero hago esfuerzos por contener las náuseas.
En cuanto sale, inmediatamente me inclino y vomito sobre la alfombra. Alguien da un grito y enseguida tengo a Prim a mi lado, frotándome la espalda y limpiándome el sudor de la frente con su mandil blanco—. Es el embarazo, no se preocupe, señor presidente. Las náuseas matutinas son del todo normales. —Escucho a mi madre hablar con nerviosismo y esbozo una sonrisa amarga. Ella sabe tan bien como yo que mi embarazo no tiene nada que ver con esta vomitona en particular.
Fin POV Katniss
POV Peeta
Llego corriendo y con la respiración agitada a casa de Katniss. Prim ha venido corriendo a contarme lo que ha pasado y no pude menos que horrorizarme ¿por qué el presidente Snow… Sacudo la cabeza, tratando de calmarme mientras llamo una y otra vez a la puerta. Por el jardín veo a Haymitch llegar corriendo junto con Prim. Probablemente le ha costado levantarlo de una de sus borracheras.
La madre de Katniss abre la puerta y ambos nos precipitamos dentro—. ¡Alto ahí!—exclama, cortándonos el paso—. Está durmiendo. En cuanto haya descansado lo suficiente y comido algo para reponer fuerzas, podréis verla y hablar con ella. ¡Pero NO antes! ¿He sido lo suficientemente clara?—Asentimos a la vez. Prim nos pide que nos sentemos en el sofá y nos trae algo para picar.
—¿Tienes idea de lo que ha pasado?—me pregunta Haymitch, medio gruñendo. Niego con la cabeza.
—Ni idea. Esta mañana parecía estar bien, cuando vine a dejarle el desayuno. Dijo que tenía que hacer una cosa y se fue. ¿Por qué crees que habrá venido Snow?
—Para nada bueno, chico, eso te lo aseguro. O yo no soy un alcohólico empedernido. —Hago un amago de sonrisa por la broma para luego fijar la vista en mis manos, manchadas de harina y de masa de galletas.
La madre de Katniss se sienta frente a nosotros, en un sillón de piel, con una taza de algo que, por el olor, deduzco que se trata de café. Prime se acomoda en el suelo, de rodillas frente a una pequeña mesita baja que hay en medio del salón—. ¿Qué ha pasado?—pregunto, con la voz cargada de ansiedad.
—Tuvo una crisis, eso es todo. Es relativamente normal en las mujeres embarazadas.
—¿Relativamente?—gruñe Haymitch.
—En este caso, creo que fue provocada. No a propósito, desde luego, pero los nervios pueden jugar muy malas pasadas, aún a personas sanas y que no están esperando ningún hijo. Así que os voy a pedir, por favor, que no la alteréis más de lo necesario. Cualquier sobresalto, subida de tensión o preocupación en exceso puede ser fatal. Podría provocarle un aborto involuntario—mis ojos y mi boca se abren en una mueca muda de horror—, y eso podría conllevar consecuencias desastrosas para Katniss. No sería la primera mujer que muere por infección o desangramiento al sufrir una pérdida de este tipo. Y aquí no tenemos los medios necesarios para mantenerla estable o traerla de vuelta si su cuerpo entra en shock. Así que vuelvo a repetir: nada de sobresaltos ni de ponerla más nerviosa de lo estrictamente necesario. O yo misma me encargaré de que no volváis a poner un pie en esta casa. ¿Me he expresado con claridad?—La amenaza nos hizo tragar saliva a ambos y asentimos un par de veces con la cabeza, de forma rápida. La madre de Katniss sonrió—. Así me gusta. Buenos chicos. Aún va a tardar un par de horas en despertar. Si gustáis, podéis quedaros a comer. —Volvemos a asentir.
La mujer desaparece en la cocina y nos dejamos caer de nuevo sobre el sofá—. Está preocupada, solo eso. —Oímos decir a Prim. Yo suspiro y Haymitch gruñe.
—Oye, ¿tienes idea de lo que… —Antes de que pueda finalizar la pregunta, Prim ya está negando con la cabeza.
—No lo sé, pero debió ser algo horrible para dejar a Katniss en ese estado. Aunque en parte la culpa es de ella, si hubiera desayunado antes de salir de casa, no habría vomitado tanto. A este paso se pondrá peor que un palillo—resopló, con el ceño fruncido. Se notaba que estaba molesta—. Después tendrás que hacer que coma algo, Peeta. A ti te hará caso.
—Lo intentaré. —Prim sonríe, se levanta y me abraza. Algo desconcertado, le devuelvo el gesto.
—Me alegro de que seas tú.
—Prim… —Vuelve a sonreírme antes de soltarme e internarse en la cocina, probablemente para ayudar a su madre a hacer la comida. Miro para Haymitch, quien suspira para luego sonreír levemente.
—Esta niña vale su peso en oro. Es más inteligente que cualquier otro crío de su edad. Se le nota en la chispa de inteligencia que desprenden sus ojos azules. —Sonrío y asiento. Luego, me enderezo y adopto una expresión seria.
—¿Para qué crees que habrá venido Snow a ver a Katniss?
—No lo sé…
—Vamos Haymitch, alguna teoría debes tener. —Se pasa la mano por el pelo, con nerviosismo. Me mira y soy capaz de adivinar las profundas ojeras que tiene bajo los ojos, adornando su rostro cansado. Pareciera que llevara días sin dormir ni descansar como es debido, con un millar de preocupaciones.
—Tengo una, sí, pero no te va a gustar nada oírla.
—¿Alguna vez gusta lo que sale de la boca del presidente Snow?
—Bien visto, chico. Pero no es momento de bromas.
—¿Qué piensas?
—Que quiere utilizar a su favor el niño que tú y Katniss habéis creado y que ella está gestando en su interior. Amén de que no va a quedarse de brazos cruzados ante toda esta situación. No sé exactamente qué es lo que su retorcida, malévola y asquerosa mente ha planeado, pero te puedo asegurar, chico, que nada bueno. No al menos para Katniss y para ti. —Trago saliva. Las manos me tiemblan y miro para las escaleras, angustiado.
Tengo que protegerlos. A Katniss y a mi hijo. No dejaré que les pase nada malo. No permitiré que Snow les ponga un solo dedo encima. Sobre mi cadáver.
Fin POV Peeta
POV Katniss
Los párpados me pesan y me giro en la cama, acurrucándome bajo las mantas con un gemido. No quiero despertar ni levantarme. Se está muy bien bajo la colcha calentita. He tenido una pesadilla horrible sobre hombres del Capitolio que venían a quitarme a mi bebé, mientras yo lloraba y suplicaba, Peeta gritaba y mi madre y Prim chillaban. Ha sido el peor sueño que he tenido nunca, y mira que he tenido sueños horripilantes.
Oigo abrirse la puerta suavemente y unos pasos silenciosos acercarse a la cama. Un peso cae sobre el colchón y una mano grande y cálida que conozco a la perfección me acaricia el pelo, apartándome el desordenado flequillo de la frente—. Preciosa… —Suspiro y abro los ojos. Los orbes azules de Peeta están fijos en mí. Me sonríe y se inclina, dándome un beso en la frente—. ¿Qué tal has dormido?
—Fatal. He tenido un mal sueño.
—¿Una pesadilla?—pregunta, preocupado. Asiento, acomodándome de forma que pueda mirarle el rostro—. Bueno, pues ya pasó. —Coge mi mano con una de las suyas y hace que apoye la palma contra su mejilla. Él gira el rostro y la besa. Me sonrojo ligeramente. Luego, fija sus ojos de nuevo en mí y sonríe—. Tienes que comer. —En respuesta, mi estómago ruge. Peeta ríe mientras mis mejillas se acaloran todavía más.
—Lo vomitaré—digo, en cuanto él se levanta.
—Aún así tienes que comer algo, Kat. No puedes andar en ayunas día sí y día también, y menos en tu estado. —Hago una mueca de fastidio—. Katniss… —Suspiro.
—Bien, vale. Pero solos si me calientas esos bollos de queso que trajiste hoy. —Veo como él ríe y yo sonrío.
—Oído cocina. Enseguida vuelvo, preciosa. —Se acerca a mí y me da un beso en la mejilla. Sale de la habitación y yo me siento, coloco los cojines contra el cabezal de la cama, a mi espalda, para sentarme lo más cómoda que pueda. Cierro los ojos, tratando de relajarme, hasta que oigo unos pasos rápidos por el pasillo. Reconocería esa manera de andar en cualquier parte. Es Haymitch.
Efectivamente, dos segundos después mi mentor hace acto de presencia en mi cuarto—. Haymitch…
—¿Cómo estás?—pregunta, de forma brusca. Asiento.
—Mejor, ahora que he descansado y dormido un poco. —Él asiente y luego comienza a pasearse nerviosamente de un lado a otro—. Oye…
—¿Qué ha pasado?—Parpadeo y bajo la cabeza. Mis manos se posan sobre mi vientre y tiemblo un poco.
—Quiere… usarlo… manipularlo a su antojo y manipularnos de paso a Peeta y a mí. —Haymitch asiente repetidamente con la cabeza y se detiene delante de la ventana, con los ojos fijos en algún punto del horizonte.
—Me lo suponía. —Se gira hacia mí—. De momento, no digas nada. Da la respuesta por callada. Apenas llevas unas semanas de embarazo, así que dudo mucho que venga a molestaros, sobre todo después de tu escenita del vómito. Os dejará tranquilos al menos un par de meses. En ese tiempo, ya pensaremos qué hacer. —Calla en cuanto sentimos pasos de nuevo por la escalera. Oímos voces y al poco entran Peeta y Prim: mi prometido con una gran bandeja de comida y mi hermanita con una jarra llena de agua y un vaso vacío en las manos.
—Mamá dijo que tenías que comértelo todo, que una buena dieta es primordial en una mujer embarazada. —Bufo, mientras Peeta coloca la bandeja sobre mi regazo.
—Vamos, Kat. —Con un suspiro de resignación, tomo uno de los bollos de queso y lo muerdo. No puedo negar que está delicioso, pero mi estómago parece estar cerrado a cal y canto.
—No tengo…
—Tienes que comer—dice mi hermana, en tono tajante y que no admite réplicas. Se parece tanto a nuestra madre en ese momento que no puedo evitar sonreír.
—Vale, vale, enfermera. —Prim sonríe y se sienta a mi lado en la cama, acurrucándose contra mí y abrazando un cojín. Peeta también sube las piernas a la colcha y las cruza, acomodándose frente a mí. Haymitch se sienta al lado de Peeta. Los tres tienen su mirada puesta en mí—. De acuerdo, bien. No más bromas y trataré de comerme todo lo que me habéis traído. —Peeta amplía su sonrisa.
—Esa es mi chica. —Mis mejillas se colorean al oírlo llamarme de esa forma. Me llevo otro bollo de queso a los labios y sonrío sin que ninguno se dé cuenta, mientras, bajo las mantas, froto mi vientre suavemente con la otra mano que tengo libre.
—Tu familia es muy especial, niño. Lo verás en cuanto nazcas.
Fin POV Katniss
POV Peeta
Poco a poco Katniss va comiendo lo que su madre y yo hemos preparado. Prim la va obligando también a beber tragos de agua de vez en cuando, mientras parlotea sin parar sobre cosas que han pasado en el distrito—. En el colegio, a los chicos de mi edad ya les están enseñando y explicando los distintos tipos de carbones, a qué profundidad se encuentran, en qué condiciones se crea un trozo de carbón y demás. Hay un par en mi clase que, como no son parte de la veta, se chulean ante los demás de que ellos no van a arriesgar sus vidas. El otro día se desató una pelea: el hermano de Gale les saltó encima. Estaba muy enfadado, pero conseguí que los soltara después de dejarles la cara como un mapa. No me dejaron curarlos. Son unos estirados. —Katniss sonríe y yo hago una mueca—. ¡Oh, Peeta! ¡No pretendía hacerte sentir mal!—exclama Prim, al ver mi gesto—. Tú no tienes nada que ver con ellos, lo sé de primera mano, no te preocupes.
—Ya…
—¡Oh! Y Delly, ya sabes, la hija de los dueños de la tienda de caramelos y golosinas, me ha preguntado por ti, Katniss. Me preguntó si podías comer gominolas y así, quería hacerte una bolsa de caramelos para traértela. Le dije que te preguntaría a ti primero, pero que en principio no había ningún problema. Es muy maja. —Evoco en mi mente la figura y el rostro regordetes de Delly, siempre sonriendo, con su nariz llena de pecas y su larga melena pelirroja suelta tras ella, lacia y enredada. Recuerdo que de niños siempre jugábamos juntos en la plaza y hacíamos intercambios sin que nuestros padres se enteraran: un caramelo por un pastelito, una gominola por un buñuelo y así. Sonrío sin poder evitarlo. Entonces noto una mirada fija en mí. Levanto la vista y veo a Katniss con sus bonitos ojos grises clavados en mí.
—¿Qué es tan gracioso?—dice, en un tono teñido de recelo.
—Nada, nada. Solo recordaba lo bien que lo pasábamos Delly yo cuando éramos pequeños. Era una niña muy alegre. —Sé que ha sido un error decir eso en cuanto mi prometida tuerce el gesto.
—¿Ah, si? ¿Así que lo pasabas bien con ella?—Prim suelta una risita y Haymitch menea la cabeza, tapándose la cara con una mano—. ¿Y ahora? ¿Te lo sigues pasando bien con Delly?—Caigo en la cuenta: está celosa. ¡Katniss está celosa! Tengo ganas de reírme, pero consigo contenerme y me acerco más a ella.
—No, hace tiempo que no hablamos. A veces la veo pasar por la plaza o atender detrás del mostrador cuando dejan la puerta abierta, puesto que la tienda de sus padres queda justo enfrente de la panadería, pero nada más. Prefiero gastar mi tiempo contigo, preciosa. —Creo que he acertado con mis palabras, porque Katniss se sonroja y sonríe, más relajada.
Justo en ese momento llega la madre de Katniss y de Prim, a echarnos. Dice que ya es hora y que Katniss necesita descansar—. Mañana podréis volver a verla y hablar todo lo que queráis. Pero ahora necesita descansar.
—Estoy bien, mamá—refunfuña ella. Yo sonrío y me levanto, me inclino para darle un pequeño beso de despedida en los labios. Ella me corresponde enseguida, ante la pícara mirada de Prim y Haymitch y el suspiro de mi suegra (creo que ya puedo empezar a llamarla así).
Me despido también de Prim y de la mujer, Haymitch hace lo mismo y los dos juntos salimos de la casa de las Everdeen. Lo acompaño hasta la suya para luego enfilar el camino que baja hasta la plaza. Seguramente mi padre y mis hermanos estarán muertos de preocupación. Al llegar a la panadería, veo a dos figuras apoyadas contra la pared, cada una a un lado del escaparate. Al verme, ambas vienen corriendo hacia mí, gritando mi nombre—. ¡Peeta!—Me doy cuenta inmediatamente de que se tratan de Madge y Delly.
—¡¿Cómo está Katniss?! ¡Oí que vino el presidente Snow a hablar con ella y…
—¿Es cierto que ha sufrido un desmayo? ¿Se encuentra bien?—Cabeceo.
—Sí, ha sufrido un pequeño desmayo, pero ya se encuentra mejor. La señora Everdeen y Prim se han encargado de que descanse y coma en condiciones.
—¿Crees que podré ir mañana a verla?—Me encojo de hombros ante la pregunta de Delly.
—Tendrás que preguntarle a su madre o a Prim, pero no creo que haya inconveniente.
—Yo sí iré. ¿Puede comer de todo?—pregunta Madge.
—¡Oh, es cierto! Hoy vi a Prim y le pregunté si podía acercarme a llevarle unos dulces ¿te ha dicho algo al respecto?
—Que no hay problema ninguno. —Ellas asienten y suspiran aliviadas. De Madge me esperaba una reacción semejante, pero no sabía que Katniss y Delly se llevaran tan bien. Aunque bueno, a esta chica no le hace falta la aprobación de nadie, es tan dulce y amable que, aparte de que ella nunca acepta un no por respuesta, aunque lo hiciera se te haría imposible decirle que no.
Observo como ambas chicas se despiden y echan a andar, cada una de vuelta a sus respectivos hogares. Saco las llaves de casa del bolsillo del pantalón y sonrío mientras abro la puerta.
Katniss tiene suerte de tener amigas como esas. Las va a necesitar de ahora en adelante.
Fin POV Peeta
Fin capítulo 13
Capítulo corto, lo sé, pero era necesario para lo que viene después, ya veréis xD.
¿Qué os ha parecido? Ya sabéis, cualquier review será bien recibido y me llenará de azúcar glass (Inner: el cual adora, por cierto).
¡Muchísimas gracias a los reviews de los lectores anónimos! Y sé que va con retraso pero... ¡HE SUPERADO LOS 100 REVIEWS! Cuando encendí el ordenador y entré en mi perfil de ff, no me lo podía creer ¡SOIS LOS MEJORES! Estoy tan contenta que no puedo parar de sonreír como idiota (Inner: eres idiota). Lo sé xD (Inner: el primer paso es admitirlo). Deja de fastidiar (Inner: no quiero, es divertido xD).
¡Ah! ¡Antes de que me olvide! En el foro ¡Siéntate! del fandom de InuYasha, se ha organizado un concurso de oneshots. Yo he participado con una historia y os agradecería infinitamente que votaseis. Solo pueden los usuarios registrados en ff (normas de la página, no del foro). Podéis votar hasta tres fanfics, los tres que más os gusten. El concurso se titula "Concurso limón: la verdadera fruta prohibida". Mi oneshot participante está en mi perfil, y en su interior se encuentra el link al topic de votación.
¡Animaos a votar!
¡Nos leemos!
¡Ja ne!
bruxi.
