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XIV. 会 (Kai)
Kai: reunión social
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Al comienzo se había negado a asistir, pero tras la insistencia de su padre, finalmente había aceptado. Se trataba de la fiesta de la Universidad de Konoha. Habían invitado a todos sus ex-alumnos y familiares para celebrar los 120 años que cumplía la institución educativa.
Se encontraba mirando a la extraña del espejo. Su corto cabello rosa estaba acomodado en una media cola, con las puntas ligeramente en rulos. Sus ojos jades resaltaban gracias al maquillaje que le habían puesto en el spa: mucho delineador y sombras en sus párpados, y rímel sobre sus delgadas pestañas. Y el vestido rojo que estaba usando se acomodaba perfectamente en su figura, resaltando su delgada cintura y busto. Una delgada cadena con un pequeño dije de la letra "S" descansaba sobre su pecho descubierto y unos pequeños aretes con diamantes falsos decoraban sus orejas.
— Sakura-chan, ¿ya estás lista? — preguntó Kizashi desde el otro lado de la puerta de su habitación.
— Sí, papá. — contestó Sakura, colocándose sus zapatos negros favoritos. Se amarró la delgada correa en sus tobillos y caminó un poco por su habitación para acostumbrarse a su nueva altura. Había pasado un tiempo desde la última vez que había usado zapatos con taco.
— Que bonita estás, pequeña. — sonrió su padre, cuando ella salió de su habitación. — Nada de celulares ni aparatos electrónicos. — le reprochó al verla juguetear con su celular en la mano. — Tendrás que socializar. Estoy seguro de que podrás hacer bonitas amistades en esa fiesta.
Sakura hizo una mueca y tiró su celular sobre su cama.
— Pedí un taxi para no tener que llevar el auto. Está abajo esperándonos.
Ella asintió y salieron del departamento. Tras cerrar la puerta principal con llave, tomaron el ascensor que los llevó hasta el pequeño lobby del edificio. El taxi, como había dicho Kizashi, estaba estacionado frente a la reja de la entrada. El conductor se bajó del auto y le abrió la puerta a Sakura, quien entró seguidamente de su padre.
— ¿A dónde vamos, señor Haruno? — le preguntó, mientras encendía el auto.
— A la Universidad de Konoha.
Sakura miraba aburridamente las calles de su ciudad natal por la ventana, mientras su padre y el taxista conversaban acerca de la situación económica del país. No sabía con exactitud dónde quedaba la universidad. Sólo sabía que quedaba a fueras de la ciudad. Recordaba haber ido a su biblioteca en escuela primaria como parte de una actividad escolar, pero nada más. Los altos edificios de la zona financiera de Konoha fueron prontamente remplazados por las casas residenciales, y luego por las luces amarillas del desvío que tomaron para la carretera.
— Mi hija está postulando a una beca de esta universidad para estudiar Educación. — comentó el taxista. — Usted, señorita, — se dirigió a Sakura.— ¿ya sabe que quiere estudiar?
— Aún no estoy muy segura de lo que quiero, señor. — confesó un poco avergonzada. Aquellas preguntas que involucraban el futuro, realmente no le agradaban.
Su padre y el taxista retomaron su conversación, y Sakura se quedó mirando el cielo. La noche estaba realmente despejada y pequeñas estrellas habían empezado a brillar en aquel manto azul. Pronto, el auto se detuvo. Aún no estaban adentro del campus de la universidad, pero la cola de carros que se encontraba delante de ellos le decía que ya estaban cerca.
En vez del pasto verde del paisaje de la carretera, se encontraba una larga pared de ladrillos pulcramente elaborada. Detrás de ésta, solo pudo ver muchos árboles pero ninguna edificación. Poco a poco fueron avanzando, y a lo lejos vio una gran reja por donde toda la fila de carros estaba entrando.
— Tu madre y yo nos conocimos en esta universidad. ¿Te lo comenté alguna vez, Sakura-chan? — ella negó con la cabeza, aunque estaba dispuesta a escuchar la historia mientras esperaban. — Ella estudiaba Contabilidad y yo, Economía. Yo era un año mayor que ella, pero nunca nos cruzamos hasta mi último año en la universidad. Sólo repetí un curso en toda la carrera, y tu madre se convirtió en la mejor alumna de aquel curso. No sabes cómo la envidié. Ella fue quien me ayudó a pasar.
— No sabía que mamá había estudiado Contabilidad. — susurró Sakura avergonzada. Ni siquiera sabía que su mamá había logrado acceder a una educación superior. Pensaba que había conocido a su papá en una fiesta o algo por el estilo; que se habían casado luego de un largo periodo de noviazgo y ella se había dedicado meramente al cuidado del hogar y posteriormente también el de ella.
— La mejor contadora de su promoción, pequeña. — respondió Kizashi con nostalgia, pero a la vez también con orgullo. — Trabajó para varias empresas de alto prestigio.
— Pero lo dejó cuando nací yo-
— Y no se arrepintió de haberlo hecho. — él la interrumpió, tomándola de la mano. — Tenerte fue la mayor bendición que los cielos nos pudieron dar. — Kizashi volteó ligeramente el rostro para mirar por la ventana. — Oh, vaya... Ya estamos aquí.
— Son 3 000 yenes, señor Haruno.
— Aquí tiene. — le dijo, entregándole la cantidad exacta de dinero.
Los ojos de Sakura rápidamente curiosearon por el lugar. El campus era inmenso y estaba rodeado de árboles. La mayoría de los edificios eran nuevos y a penas llegaban a tener tres pisos. El taxi se detuvo al frente del pabellón principal de la universidad, cuyas escaleras estaban tapizadas con una alfombra roja. Unos jóvenes vestidos en terno se acercaron al taxi y abrieron ambas puertas traseras.
— Buenas noches, señorita. — saludó educadamente el joven que la ayudó a bajar del auto, tomándola gentilmente de la mano. Sakura agradeció asintiendo levemente con la cabeza y junto con su padre empezó a subir las escaleras.
Fueron recibidos por unas bonitas anfitrionas, todas uniformadas con sencillos vestidos negros y tacones dorados. Una de ellas los acompañó por el pasillo tenuemente iluminado hasta llegar al coliseo donde se estaba llevando a cabo la fiesta.
El coliseo era inmenso y estaba decorado de una manera impresionante. Sakura pensó que tranquilamente podría ser un salón de usos múltiples de no ser por las líneas de colores trazadas en el suelo. Incluso habían separado las tribunas de la cancha de básquet con una larga tela blanca para que el ambiente luzca más formal. Un DJ se encontraba al fondo del lugar, junto con la mesa de los bocaditos, un gran parlante y el bar. Al medio se encontraba una pequeña pista de baile y estaba rodeada de varias mesas. Al extremo opuesto se encontraba otra larga mesa de bocaditos.
Sakura observaba aquel ambiente desde la puerta del coliseo mientras esperaban en la fila para poder entrar a la fiesta. Deseaba que las palabras de su papá se cumplan y poder hacer al menos una amiga para poder charlar y no aburrirse. Estaba más que segura que su padre se quedaría hablando con sus viejos amigos. A ella realmente no le interesarían sus charlas acerca de la política o cosas por el estilo.
La cola avanzó rápidamente y otra anfitriona los llevó hasta su mesa.
— Kizashi Haruno, ¿eres tú?
Un hombre de la misma edad de su Kizashi se acercó hacia ellos. Tenía el cabello castaño y los ojos oscuros. Era un poco más alto que su padre y desprendía un poco de superioridad cuando caminaba. Sakura sintió sobrar un poco en esa escena, por lo que tomó asiento en la mesa que la anfitriona les había asignado.
— ¡Fugaku! — exclamó su padre con una sonrisa, reconociendo a su amigo y tendiéndole la mano. — ¡No pensé que te vería por aquí!
— Fue mi esposa quien me convenció de venir. He tenido algunos días pesados con la empresa familiar y solo quería descansar. — suspiró. — Aún así, no pude resistirme a pasar un rato con los amigos de la universidad.
— No puedo creer que realmente te casaste. — rió Kizashi. — ¿Quién fue la desafortunada? No me digas que fue-
— Mikoto. Siempre fue Mikoto.
Fugaku le señaló con la copa de champán que tenía en la mano a su esposa. Mikoto Uchiha charlaba amenamente con otras señoras de su edad en una mesa al lado opuesto de la pista de baile. «Realmente Mikoto no ha cambiado nada», pensó Kizashi al ver a la esposa de su amigo, quien en la universidad no había sido nada más que su interés amoroso.
— ¿Sakura?
Al parecer aquel día sábado era día de los reencuentros, pues Sakura jamás esperó encontrarse con Yukio Matsuoka en la fiesta de su padre. Él fue uno de los primeros amigos de Sakura en Tokio, hasta que él se tuvo que mudar a Estados Unidos por unos problemas de salud de su mamá y perdieron el contacto. Tenía una bonita sonrisa y un buen gusto de música; cualidades que no le permitieron a Sakura negarse cuando él la invitó a salir el último día que se quedó en Tokio.
— ¡Yukio! — sonrió Sakura al reconocer sus ojos azules y cabello castaño perfectamente despeinado. Él no lo pensó dos veces y la abrazó fuertemente. Ella no dudó en responderle el abrazo.
— ¿Cómo estás? No te veo hace mucho tiempo, Saku. — se separó brevemente de ella para mirarla fijamente y besó su mejilla con cariño. — Te extrañé.
— Estoy bien, Yuki. Yo también te extrañé. — respondió ella con un ligero sonrojo ante la repentina muestra de afecto.
— Estás preciosa. — susurró Yukio. — Perdón. — se excusó rápidamente, sacudiendo su cabeza. — No debería estar diciendo estas cosas. Ya debes tener novio y... Dios, ¿qué me sucede?
— Sigo siendo un agente libre, Yuki. Pero, gracias por el cumplido.
Yukio la miró incrédulo por unos segundos. — ¿Sigues soltera? — Sakura asintió con la cabeza un par de veces. — ¿Acaso los chicos de Konoha son ciegos? Eres muy bonita para seguir soltera, Saku.
— No se trata solo de ellos. — le reprochó ella. — Yo... aún no me siento lista para ese cambio.
Un silencio incómodo los rodeó y Yukio se arrepintió de haber hecho ese último comentario. — Oye, te quiero presentar a unos amigos. Son americanos, pero sé que tú manejas bien el inglés.
— Claro, señor popular. — sonrió ella divertidamente, golpeándolo en el brazo.
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Cuando su madre le obligó a asistir a aquella fiesta de la Universidad de Konoha, no pensó que Sakura asistiría. Sólo imaginó que sería otra ridícula reunión de viejos amigos de su papá y él terminaría aislándose en una esquina chateando aburridamente con Naruto por el resto de la noche. Pero todo dio un giro de 180 grados cuando la vio entrar con su padre a la fiesta. Se veía deslumbrante. Su hermano, quien por el momento le estaba haciendo compañía, lo miró divertido cuando él se atoró con su bebida al verla.
— Sé que Sakura se ve muy linda pero harás una escena si es que sigues mirándola como un bobo. — le dijo Itachi dándole un codazo en el brazo. — Anda salúdala. No seas grosero.
Sasuke rodó sus ojos ignorándolo. Su mirada vagó por el lugar hasta toparse con la mirada cariñosa de su madre. Ella le sonrió y le hizo una seña para que se acerque con Itachi hacia donde estaba ella y su padre... y el papá de Sakura.
— ¿Sasuke-kun? — preguntó Kizashi incrédulo al reconocer al amigo de su hija. — ¿Es tu hijo, Fugaku?
— Mi hijo menor. — dijo Fugaku. — ¿Lo conoces?
— Es amigo de Sakura-chan, mi hija. — sonrió. — Ustedes los Uchiha son tantos que realmente no se me ocurrió que Sasuke-kun era tu hijo. Es una copia de Mikoto.
— Él es Itachi, mi hijo mayor. — Itachi hizo un pequeño asentimiento de cabeza y una pequeña sonrisa adornó su rostro al dirigirse hacia el papá de Sakura.
Kizashi buscó con la mirada a su hija. Se sorprendió un poco al no verla sentada en la mesa que les habían asignado; más aún al verla charlando amenamente con unos chicos al costado del bar. Le hizo unas señas con las manos para que se acerque a saludar. La sonrisa en el rostro de Sakura se desvaneció en un segundo cuando vio a quienes tendría que saludar.
— ¿Saku? — preguntó Yukio preocupado, al notar que la expresión de su amiga había cambiado repentinamente.
— Tengo que ir a saludar a unos amigos de mi padre. — se disculpó Sakura en inglés, con una tímida sonrisa, dirigiéndose a Yukio y a sus amigos americanos. — Nos vemos al rato, chicos.
Sakura cruzó la pista de baile y se acercó hacia donde estaba su padre y los Uchiha. Los veía charlar amenamente, compartiendo risas. Puso su mejor sonrisa falsa y apoyó su mano sobre el hombro de su padre.
— Buenas noches. — saludó educadamente. Fugaku asintió con la cabeza.
— Hola Sakura. — sonrió Itachi.
— ¡Sakura-chan! — exclamó Mikoto al reconocerla, dándole un corto abrazo. — Tienes una hija muy bonita Kizashi.
Sasuke desvió su mirada. No sabía qué decirle. ¿Un "hola" sonaría muy cortante? ¿Un "buenas noches" sonaría muy distante? Sus ojos no aguantaron la tentación y se encontraron con aquellos orbes jade que lo volvían loco. Y todo esto no pasó desapercibido por su padre, quien estuvo observando sus acciones desde que Sakura se unió a la conversación.
— Hola... Sasuke.
Su voz sonó lejano. Sonó con inseguridad. Sonó extraña.
— Hola Sakura.
Cuando sus ojos volvieron a vagar incómodamente por el lugar se dio cuenta de tres cosas. En primera, que su hermano se había ido a hablar con sus amigos. En segunda, que su mamá también se había ido para hablar con sus amigas. Y por ende, en tercera, estaba solo con Sakura pues sus padres se habían puesto a conversar acerca de negocios. Estaba más que seguro que lo estaban haciendo a propósito.
Los ojos de Sakura viajaban a todos lados para evitar cruzarse su mirada. La última vez que habían hablado, las cosas no habían salido muy bien. Se sentía muy confundida aún. ¿Realmente estaba dispuesta a entregar su corazón? ¿O era un simple capricho de poder tener el suyo por un tiempo?
— ¿Puedo pedirle a la señorita que me ceda esta pieza?
«Yukio, eres mi salvador», pensó Sakura mientras asentía y dejaba que la mano de su amigo la guíe hasta la pista de baile, dejando a Sasuke atrás. No podía pensar claro cuando él se encontraba cerca.
— ¿Así que él es tu príncipe azul? — preguntó Yukio con una ligera sonrisa, mientras le daba una vuelta.
— Lo era... — suspiró Sakura con un tono de nostalgia, al recordar lo enamorada que estaba de Sasuke cuando estaba en escuela media.
— ¿Era? — murmuró él sin comprender a qué se refería. — Yo creo que lo sigue siendo. Y también creo que tú eres su bella doncella en apuros.
— ¿Cómo estás tan seguro de eso? — cuestionó Sakura, sorprendida ante la seguridad con la que Yukio hablaba.
Él la atrajo de la cintura, mientras se mecían al ritmo de la música. — Él te estuvo mirando desde que entraste a la fiesta, Saku. Y te miraba de una manera muy especial. Yo, por otro lado, sentí que me quería matar cada vez que cruzaba casualmente su mirada con la mía.
Bailaron en silencio durante el resto de la canción, cada uno sumido en sus pensamientos. Yukio se preguntaba por qué Sakura se negaba a aceptar que estaba enamorada de aquel chico. Se notaba a kilómetros que ella aún sentía algo por él, y ese chico tampoco era indiferente a ella. Era cierto que, tal vez, aún le gustaba Sakura; pero estaba dispuesto a hacerse un lado si ella era feliz con el otro.
Y Sakura se quedó pensando en las palabras de Yukio. Era obvio que Sasuke aún sentía algo por ella. Él era una de las personas más reservadas que conocía y la había besado ya varias veces en el transcurso del año escolar. Y Sasuke no solía dar muestras de afecto porque sí. ¿Acaso él estaba enamorado de ella? No encontraba otra razón para que él actúe de esa manera. La pregunta era: ¿ella estaba aún enamorada de él y estaba dispuesta a entregar su corazón?
— ¿Me permites?
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Sasuke miraba desde la esquina de la pista de baile, cómo aquel chico bailaba con Sakura. Observó cómo susurró dios-sabe-qué-cosas en su oído, cómo la tomó de la cintura y cómo le sonrió. Estaba más que claro que ese idiota quería algo más que la amistad de la chica; y eso solo hizo hervir más su sangre. No se quedaría parado ahí, mientras aquel extraño le restregaba en la cara lo mucho que estaba avanzando con Sakura en apenas unos minutos.
Rápidamente sus pies lo llevaron hacia la pareja; y sin más, le dijo: — ¿Me permites?
— Claro. — Yukio se separó lentamente de Sakura para darle una última vuelta y guiarla hacia los brazos de Sasuke. — Cuídala.
Sakura se mantuvo inmóvil en los brazos de Sasuke, mirándolo fijamente. «¿Qué estás haciendo?», quiso preguntarle. Él le sonrió; fue una sonrisa pequeña y casi imperceptible, pero que hizo latir el corazón de Sakura a mil. Una canción lenta empezó a tocar. Ella sentía sus piernas de gelatina; pero cuando Sasuke llevó sus manos a su cintura para acercarse más a ella, se sintió más segura. De manera inconsciente, Sakura colocó sus manos sobre su firme pecho y ambos empezaron a moverse lentamente al ritmo de la canción.
No dijeron nada mientras bailaban. Se miraban por breves momentos a los ojos, pero inmediatamente desviaban la mirada hacia otro lado. Sakura nunca había bailado una canción tan larga. «O tal vez el DJ lo está haciendo a propósito...», pensó enojada.
Sentía que estaba como en una especie de trance. Las voces a su alrededor se habían callado, y solo escuchaba la lenta canción de fondo y las respiraciones acompasadas de Sasuke. Sentía como si estuvieran en su propia burbuja.
Inesperadamente, él se separó de ella y la tomó de la mano para darle una vuelta. Regresaron a su posición original, pero esta vez ella se atrevió a colocar sus brazos sobre sus hombros.
— Yo... — murmuró Sakura cuando la canción terminó al fin. — Necesito salir a tomar aire.
Antes de que él pudiera decirle algo, ella escapó de su agarre y corrió hacia la entrada. Sasuke murmuró un par de groserías y no lo pensó dos veces para salir tras ella. Para una chica con tacos, Sakura realmente corría rápido. Ella salió del pasillo y bajó las escaleras, pero calculó mal mientras las bajaba y tropezó. Sakura cerró los ojos lista para recibir el golpe en todo su cuerpo por la caída que había tenido. Abrió los ojos, extrañándose al no sentir ningún dolor, y se encontró con la preocupada mirada de Sasuke. Él la había rescatado antes de caer, sujetándola de la cintura.
— Debes tener más cuidado al correr con esas... cosas asesinas. — le dijo con un ligero tono de reproche, refiriéndose a sus zapatos.
Caminaron en silencio hacia una de las bancas del campus. Sakura tuvo un poco de dificultad al estar en tacos y Sasuke notó eso. Ella no le dijo nada cuando él la tomó de la mano y empezaron a andar con más lentitud. Ambos se sentaron en la pequeña banca de madera, cada uno en su propio mundo.
— Sakura. — él la llamó. Ella levantó la mirada para verlo y él finalmente habló. — Sakura, yo... — cerró los ojos y tomó una respiración profunda. — Estoy enamorado de ti.
Ella lo miró incrédula.
— Pienso en ti todo el maldito día. Sueño con tu risa y tu voz llamando mi nombre una y otra vez. Quiero besarte y abrazarte... Y mi sangre hierve cuando te veo con otros chicos cuyas intensiones son las mismas que las mías. Porque soy muy egoísta y solo te quiero para mi.
Sakura no creía nada de lo que estaba escuchando. ¿Sasuke Uchiha estaba enamorado de ella? ¿Acaso era una broma? «No creo que sea una broma. Está hablando muy en serio»
— Di algo.
¿Qué quería que le diga? Ella ni siquiera estaba segura de lo que sentía por él. Aún no había ordenado sus sentimientos. ¿Podría olvidar lo que había sucedido en el pasado? ¿Podría perdonarlo?
— ¿Qué es lo que tú sientes por mi? — preguntó Sasuke, desesperado al no obtener ninguna respuesta.
— ¡No lo sé, Sasuke! — respondió ella finalmente. — No lo sé... — murmuró. — No puedes venir e imponer tus sentimientos. ¿Quieres que olvide todo por lo que pasé? ¿Que olvide el hecho de que me ignoraste cuando más lo necesitaba? ¿Que solo me miraste despectivamente y me dijiste cosas horribles aquel día?
Porque ella lo recordaba como si se lo hubieran tatuado en su memoria.
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Ella terminó de alistar sus cosas. El timbre había sonado anunciando el fin de la jornada escolar. Por alguna extraña razón, sus amigos se habían estado comportando de una manera extraña con ella. Su mamá no se estaba sintiendo muy bien últimamente, y solo necesitaba a alguien que la pueda acompañar a verla. Sasuke fue el primero en el que pensó para preguntarle si podía acompañarla.
— ¿Sasuke-kun? — lo llamó al acercarse a él. El resto del salón ya se había ido y solo estaban ellos dos.
— Ah... Sakura.
Su voz sonó fría cuando la escuchó salir de sus labios. Sonó distante. Sonó diferente.
— Sasuke-kun, yo quería saber si tú podrías acompañarme-
— No iré contigo a ningún lado, Sakura. — la interrumpió mirándola a los ojos. Ella no entendió la razón por la cual los ojos de Sasuke la miraban con tanto odio. — Estoy harto de ti. Harto de tus sonrisas estúpidas, de tus intentos de seducirme. Solo eres una más que está detrás de mí como un perrito por mi apellido y físico. Pensé que eras diferente.
— Sasuke-kun, no entiendo por qué-
— Te odio, Sakura. Eres una falsa. No quiero verte jamás.
Ella contuvo las lágrimas que luchaban por salir de sus ojos. Después de todas esas palabras horribles, lo último que deseaba era que él la viese llorando. No le daría ese lujo. Lo miró confundida mientras se alejaba de él lentamente. Sacudió la cabeza y se fue corriendo.
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— Crees que esto es un juego, ¿verdad? Crees que te estoy tomando el pelo y solo quiero engañarte para romperte el corazón una vez más. — él la tomó de las muñecas desesperado. — Te quiero, maldición. Y estoy dispuesto a dejar ese malentendido atrás. Tú no lo estás.
— ¿Qué- ¿Qué mierda estás diciendo, idiota? — balbuceó Sakura evitando su mirada.
— Necesito una respuesta, Sakura. Ya me cansé de los jueguitos. Me cansé del coqueteo y que después actúes como si nada pasó.
Cuando ella lo miró por debajo de sus largas pestañas, él supo que le estaba haciendo daño una vez más. Al parecer nunca aprendía la lección porque sus ojos jade brillaban por las lágrimas que ella estaba evitando que corran por sus mejillas. No pudo evitar maldecir una vez más cuando las delgadas muñecas de Sakura se escaparon de sus manos.
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— Papá, ¿podemos irnos?
La voz le temblaba, al igual que sus piernas. Sakura no miró a los ojos de su padre en ningún momento. Era más que obvio que las lágrimas no las podría contener para siempre, pero si miraba a Kizashi a los ojos sería mucho más fácil derrumbarse. Él miró preocupado a su hija, sin entender lo que había sucedido.
— Claro, Sakura-chan.
Mikoto vio como la bonita amiga de su hijo se iba de la fiesta con su padre. Algo andaba mal. Se disculpó con sus amigas con una suave sonrisa y rápidamente se acercó a su esposo para exigir explicaciones. Ella no pudo evitar rodar los ojos cuando Fugaku se encogió de hombros.
Y justo en ese momento, su hijo entró a la fiesta. Lo notaba muy perdido. Aunque no quería sacar conclusiones tan rápido, tenía una ligera idea de lo que había sucedido. Notaba a su hijo menor muy angustiado. Nunca lo había visto así. Volteó para mirar a su esposo, y le hizo un ademán con la cabeza para que le pregunte si todo estaba en orden.
— ¿Qué paso?
La voz de su padre lo trajo de nuevo a la fiesta. Se había quedado parado en medio de la pista de baile, buscando desesperadamente a Sakura; a sabiendas que lo más probable era que ella ya se había ido. Se insultó mentalmente una y otra vez.
— Lo arruiné todo, papá.
Fugaku aún se sentía culpable por la pelea que había tenido con su hijo, y supo que ese momento era el ideal para poder enmendar las cosas. Sasuke lo necesitaba.
— Tú heredaste el carácter directo y brusco de los Uchiha. Si de verdad te gusta Sakura, debes de ser comprensivo con ella.
Iba a ser una tarea difícil, pero al menos ya sabía que hacer. Tenía que dejar de ser tan impulsivo.
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13 de setiembre del 2015
Nos leemos en dos semanas. Espero que les haya gustado el capitulo.
Hats
