Capítulo 13

Chismes, sospechas, y festejos

Pronto llegó la primavera, y todo reverdeció. El rosedal en Lakewood comenzaba a renacer, y el joven que lo atesoraba reanudó su rutina para cuidarlo. Por supuesto, lo ayudaba el señor Withman. Pero, también le ofreció ayuda su persona más querida. Anthony le enseñaba a Candy como cuidar las rosas, y siempre se aseguraba de que no se lastimara las manos con las espinas.

- Listo

- Muy pronto nacerán las rosas. Este jardín es tan hermoso… Parece un reino mágico de un cuento.

- Gracias por ayudarme a cuidarlo Candy.

- No Anthony, gracias a ti por enseñarme.

Mientras los dos rubios disfrutaban su compañía mutua, la tía abuela había salido a dar un paseo por el pueblo. Decidió detenerse en una cafetería para comer un bocadillo. De pronto, escuchó murmullos de dos damas que conversaban.

- ¿Será cierto lo que dijo?

- Ella forma parte del clan, dudo mucho que mienta. Dijo que sus hijos fueron acusados injustamente y enviados lejos. La pobrecilla está destrozada, ni siquiera pudo pasar la Navidad con ellos. Y también me contó que la matriarca de la familia y sus nietos se juntaron en un orfanato. Y no solo eso, sino que también estaban con una compañía ambulante.

- ¡Santo cielo!

- No lo entiendo, juntándose con pobres y dando la espalda a su propia familia.

La señora Elroy salió de ahí muy molesta. Por lo que escuchó, no dudaba quién había iniciado el chismorreo. Sentía que debía planear algo para proteger el honor de la familia.

Por otro lado, la compañía Dandelion emprendió su viaje a Inglaterra, junto con la familia de Nadja. Ella y su amado esposo charlaban alegres y compartían aprovechando los días que tendrían juntos antes de que comenzara la gira por Europa de la compañía.

- Hemos pasado unas fiestas maravillosas.

- Sí querida. El plan resultó perfecto.

- ¿Cómo va todo en el trabajo?

- Excelente.

- Que alegría, ya quiero llegar a visitar el orfanato Applefield.

- Fue un gusto conocer a tus nuevos amigos. Candy es una jovencita encantadora.

- Sí, me sorprendí mucho porque somos parecidas.

- ¿Sabes Nadja?

- Dime querido.

- Hay algo en Anthony que me resulta familiar. Y no solo por nuestras similitudes.

- ¿A qué te refieres?

- Cuando los conocimos en Navidad, Anthony nos contó a mi hermano y a mí que su madre murió cuando era pequeño, y que amaba cultivar rosas. Igual que la nuestra.

- ¿Y?

- Y, tengo un vago recuerdo de haber visto a una jovencita rubia de ojos verdes, hermosa, y gentil junto a mi madre cuando era niño. Creo que fueron amigas desde niñas. Le gustaba jugar con nosotros cuando éramos pequeños.

- ¿Y crees que esa amiga fue la madre de Anthony?

- No estoy seguro, pero podría investigar al respecto.

En la mansión de Lakewood, Elroy Andley mandó a llamar a Candy y los chicos.

- Niños, debo decirles algo.

- ¿Qué ocurre tía abuela? La veo inquieta.

- Lo estoy Stear, esta mañana la gente comentaba cosas desagradables. Criticaban sobre nuestras recientes actividades juntos, y creen que damos la espalda a los Leagan.

- No les haga caso tía abuela, no dudo quién habrá esparcido el chisme.

- Yo tampoco Anthony, pero no es tan sencillo. Debemos cuidar nuestro honor. Por eso, me he puesto en contacto con el señor Williams, y se ha decidido que irán a estudiar en cuanto llegue el otoño.

- ¡¿Que?!

- Anthony, tú y Archie estudiarán en Francia. Y Candy, tú y Stear irán a Italia.

La matriarca había decidido distribuirlos así, para que cada uno estuviera acompañado. Y también, tenía cierta sospecha de los sentimientos de Candy y Anthony. Aunque el muchacho no le comentara nada, ella lo crio, y aprendió a conocer bien su ánimo. No dejó de notar esa mirada resplandeciente en los ojos de su nieto al estar cerca de esa chiquilla. Le pareció muy tierno, pero sabía que debían esperar un tiempo, y crecer para manejar maduramente sus sentimientos.

- ¡Tía Abuela!

- Sé que no es sencillo niños, pero créanme que es por su bien. No únicamente por nuestra familia, también queremos que adquieran nuevas experiencias y encuentren su camino. Ustedes muchachos, están cercanos a la mayoría de edad. Y tú Candy, debes aprender mucho para convertirte en una dama.

Ante las palabras de la matriarca, los cuatro comprendieron lo que decía. Sin duda sentían temor, pero confiaban en ella. Además, Candy y Anthony sabían que Albert jamás decidiría algo que los perjudicara.

- Tía abuela…

- ¿Sí Candy?

- ¿Me permitiría visitar el Hogar de Pony en el verano?

La mujer dudó por un instante, por estar allí surgieron los chismes. Pero, sabía que negarse lastimaría los sentimientos de Candy.

- Está bien niña, pero se discreta

- Lo tengo resuelto, iré con mis vestidos sencillos, y me peinaré diferente. – Declaró Candy con un guiño, y sacando la lengua. –

- Gracias por su comprensión niños. Anthony, necesito decirte algo en privado. Ustedes, ya pueden irse.

- Sí, tía.

Una vez que Elroy se quedó a solas con el chico de ojos azules, le hizo saber que se había percatado de sus sentimientos por Candy. Le dejó en claro que debía esperar a ser un poco mayor, y conservar siempre su respeto con ella.

- Puede confiar que lo haré tía.

- Entonces muchacho, en cuanto seas mayor, podrán formalizar su relación.

- Pero tía… La extrañaría demasiado.

- Lo sé querido, pero debes ser paciente. Todavía son unos niños. Además, Arreglé con Williams para que se reúnan en las fiestas y en vacaciones mientras estén en Europa. George los acompañará en el viaje en barco.

- Muchas gracias tía abuela.

- Ya puedes irte.

Días después, inició el mes de mayo. Y a la mañana del séptimo día, Candy oyó unos golpes en su puerta.

- ¿Quién es? –Preguntó con un bostezo. –

Pero nadie respondió. Ella se levantó, y vio una nota debajo de su puerta.

Feliz cumpleaños, pequeña rosa blanca. Arréglate pronto, muchas sorpresas están preparadas.

Anthony.

Candy sonrió emocionada, estaba ansiosa por saber lo que su dulce príncipe planeaba. En ese momento, Dorothy tocó a la puerta.

- Adelante.

- Buenos días Candy, feliz cumpleaños.

- Gracias Dorothy.

- Te prepararé el baño, ya casi sirven el desayuno.

- Está bien, pero me vestiré yo sola.

- De acuerdo Candy.

Luego de aquel relajante baño, Candy se sorprendió al abrir su armario. Encontró un obsequio adentro. Luego de ponerse un cómodo vestido amarillo, leyó la nota que traía el paquete.

Feliz cumpleaños gatita. Apenas lo vi ayer, me acordé de ti. Espero que te guste.

Archie.

Dentro de la caja, había un bonito brazalete de piedras verdes, igual que sus ojos. También tenía en el medio un dije dorado en forma de colibrí.

- ¡Qué hermoso es! Gracias Archie.

- Al bajar, la rubia percibió un aroma muy dulce. Al entrar al comedor, la tía abuela y sus tres caballeros la esperaban sonrientes. El desayuno consistía en un tazón de frutas frescas, jugo de naranja, y panqueques bañados en miel.

- ¡Feliz cumpleaños Candy!

- ¡Gracias a todos!

- Ven niña, no querrás que se enfrié el desayuno.

La pecosa lo disfrutó con gran deleite. Al terminar, la matriarca habló.

Candy, haremos una fiesta para ti esta noche.

- Gracias, tía abuela.

- Los veo más tarde niños, debo salir un momento.

Una vez que la matriarca se marchó, Candy decidió salir a jugar con Clint. Pero antes, le habló cariñosamente a Archie.

- Gracias por este regalo Archie, es precioso.

- Me alegra que te guste Candy.

- Me encanta el dije de colibrí.

- El colibrí es siempre libre y enérgico, igual que tú. – Agregó el joven con ternura. –

Stear se retiró a su laboratorio, asegurando que no intentaría pirotecnia en aquella ocasión. Sin embargo, Archie lo acompañó para vigilar que no ocurriera ningún desastre. Quedando solos finalmente, Anthony le habló a Candy sonriendo.

- Candy, cierra los ojos.

- ¿Eh?

- Yo te guio.

La jovencita estaba muy entusiasmada. Juntos entraron al jardín, y Candy aspiró con deleite la dulce fragancia de las rosas.

- Ya puedes abrirlos Candy.

- ¡Oh! ¡Es bellísimo!

El rosedal estaba florido y parecía brillar con los reflejos del sol. Muy temprano esa mañana, habían nacido aquellas rosas tan especiales que el muchacho había nombrado en honor a ella.

- Feliz cumpleaños Candy, las Dulce Candy te saludan, y lo harán todos los años.

- ¡Anthony!

- La chica lo abrazó amorosamente, y él la beso con ternura en la frente.

- Hay algo más que tengo para ti.

- ¿En serio?

- Cierra de nuevo tus ojos, por favor.

- Pero…

- Si no lo haces no sería una sorpresa.

- Está bien…

- No hagas trampa pequeña traviesa. – Dijo Anthony divertido al ver que ella dejaba un ojo abierto. –

- Jajajaja, lo siento. Es la emoción. Ya estoy lista.

- Ahora Candy, abre tus manos y júntalas.

El muchacho le entregó en sus manos una cajita roja y dorada, y la abrió.

- Abre los ojos Candy.

La chica sonrió maravillada. En la caja había un relicario dorado en forma de corazón con su nombre grabado. Antes de poder hablar, Anthony se adelantó.

- Ábrelo.

Dentro del corazón, había dos bonitas fotos de ellos. Y por atrás, había un pequeño mensaje. "Feliz cumpleaños, desde que te conocí, te convertiste en parte de mi corazón.

Anthony."

- Anthony… es tan hermoso…

- ¿Te gusta?

- ¡Me encanta!

- Lo encargué en una joyería.

Anthony tomó el bello regalo, y lo puso en el cuello de su amada.

- Se te ve precioso.

- ¡Gracias Anthony!

La pecosa lo abrazó de nuevo, sonriendo de oreja a oreja.

- Te amo Candy, jamás lo olvides.

- Y yo a ti.

Los dos jovencitos acercaron sus rostros, y juntaron sus labios en un beso tierno y dulce. Su segundo beso había ocurrido en aquel mágico lugar, rodeados de las Dulce Candy recién florecidas, y con el pequeño y fiel Clint como único testigo. El animalito sonreía mientras los veía.

Unos minutos más tarde, los tórtolos salieron a cabalgar. Regresaron poco antes de que volviera la tía abuela. Conversaban en la sala con Stear y Archie, cuando de pronto llegó el mensajero con correspondencia.

Jóvenes, señorita, les han llegado cartas.

- Muchas gracias.

- ¡Me escribió Nadja!

- ¡Una carta de papá!

- ¡A nosotros nos escriben mamá y papá!

Los cuatro rieron divertidos por la emoción mutua, y cada uno leyó sus cartas.

Querida Candy,

¡Feliz cumpleaños! No creíste que lo olvidaría después de todo lo que me contaste ¿Verdad? Que tengas un día maravilloso. Todos nosotros te lo deseamos. ¿Sabes? Líder dice que podemos visitarlos en cuanto termine nuestra gira en Europa. En verdad me encantó conocer tu querido Hogar de Pony. Me recordó tanto mi vida en el orfanato Applefield… Que tengas un hermoso cumpleaños.

Tu amiga,

Nadja.

Querido Anthony,

¿Cómo has estado hijo? Yo estoy bien, extrañándote mucho. La tía abuela me contó de los planes de estudio para ustedes. Así que tú y Archie estarán conmigo. Siempre que haya tiempo libre, lo aprovecharemos.

Dile a Candy que le deseo un feliz cumpleaños.

Tu padre,

Vincent Brower.

Queridos Alistar y Archibald

Amados hijos, ¿Cómo se encuentran? Lamentamos mucho pasar tanto tiempo lejos de ustedes por el trabajo. Queremos avisarles, que vendremos de visita a Lakewood para el cumpleaños de Stear. Es una promesa. También deseamos conocer a aquella encantadora jovencita de quien tanto nos han hablado en sus últimas cartas.

Amorosamente,

Sus padres.

Alan y Janice Cornwell.

Los cuatro amigos sonreían agradecidos de recibir aquellas noticias. Candy recordó por un momento, cómo los ojos de Nadja se cristalizaron al conocer a la señorita Pony el día de Navidad. Pues, se parecía mucho a su querida señora Appleton. La anterior directora del orfanato Applefield.

Flashback

- ¿Estás bien querida?

- Si… lo siento. Es solo que usted me recuerda a quien me crio, la señora Appleton. Ella falleció hace siete años, salvando a un niño de ser aplastado…

- Awww querida… Lo siento mucho.

- Nadja…

La joven bailarina fue abrazada con ternura por su esposo. Candy también tenía lágrimas en los ojos por escuchar aquel momento tan triste, así que Anthony hizo lo mismo que el rubio mayor para confortarla.

- Descuida Candy, sé que ella me cuida siempre desde el Cielo.

- Es verdad, Nadja. El hombre muere, pero revive eternamente en el corazón de quien lo ama.

- Gracias, Anthony.

Fin del flashback

Llegó la noche, y Candy se dirigió a su habitación a alistarse para la celebración.

En su cama encontró una caja blanca con una nota.

Feliz cumpleaños Candy, le pedí a George que dejara por mi parte este obsequio para ti. Espero que te guste pequeña, no dudo que te verás preciosa.

Con cariño,

William A. Andley.

Al momento que la rubia llegó lista a la escalera, sus tres caballeros exclamaron maravillados.

- ¡Que hermosa!

El vestido que recibió de obsequio, era largo y con holanes, y de un bello color lila. Calzaba unas zapatillas del mismo tono, con detalles dorados. Su cabello, el cual ya tenía más largo en esa ocasión, fue peinado en una coleta alta con un gran listón del mismo color.

Allí estaba Annie, quien fue invitada por la tía abuela. Las dos amigas se abrazaron.

- ¡Estas hermosa Candy!

- Gracias Annie.

- Realmente encantadora. Feliz cumpleaños Candy.

- Gracias, señor Britter.

En ese momento, comenzó a sonar la música. Anthony se acercó, e hizo una reverencia.

- ¿Me concedes esta pieza?

- Por supuesto.

- Te ves magnífica, princesa.

- Gracias Anthony…

La fiesta fue de ensueño, el pastel fue de chocolate, su sabor favorito. Stear le dio de regalo un juguete fabricado por él, que caminaba y saludaba quitándose el sombrero.

- ¡Que divertido conejito!

- ¿Conejo? ¡Oh, lo siento! Quería hacerte una ardilla.

- ¡Ardilla! ¡Jajajaja!

- Jajajaja, bueno hermano, al menos funciona bien.

- E igual me encanta Stear, muchas gracias.

- De nada, Candy.

Annie fue la última en dar su regalo. Era un bello cuadro con el retrato de su querida amiga y hermana. Además, también le trajo tarjetas con adorables dibujos hechas por los niños del Hogar de Pony, y cartas de sus amorosas madres.

Días después, se celebró también el cumpleaños de Stear. Y tal como habían dicho en su carta, Alan y Janice Cornwell estuvieron presentes. Inmediatamente, Candy se ganó su cariño. Stear recibió de regalo nuevas herramientas, y las piezas para armar un modelo a escala de un avión.

Continuará…

¡Hola a todas!

Lamento muchísimo la tardanza… No hay Internet en mi casa desde hace dos años, y rara vez puedo ir donde sí hay. Pero aquí estoy, y por nada del mundo dejaré inconclusa esta historia.

Espero que disfruten este nuevo capítulo, que celebra los cumpleaños de Candy y Stear.

Quise incluir aquel simpático juguete que Stear fabrica en la serie, pero totalmente contrario al episodio de esta, le saca la sonrisa a Candy desde que se mueve. ¿Qué opinan de los regalos que recibió? A mí, me hicieron sonreír de oreja a oreja imaginándolos. ¿Y qué opinan de la sospecha del esposo de Nadja?

Con mucho cariño,

TamyWhiteRose.