WILD LIFE

Autor: Jiraiya-Sama

NOTA: Todos los derechos de la serie Robotech pertenecen a Harmony Gold. Esta historia fue escrita sin fines de lucro, solo como medio de esparcimiento. No me demanden.


Capítulo XIV: "CONSECUENCIAS DE UNA NOCHE ALOCADA"

Henry Gloval, capitán del SDF-1, la más moderna y poderosa fortaleza de batalla que jamás haya sido creada, es un hombre que se caracteriza por ser un brillante estratega militar, sagaz e inteligente como pocos, y por sobre toda las cosas, por ser un hombre muy paciente y calmo. El nunca pierde los estribos, aún en el clamor de la batalla. Pero ahora, sentado ante su escritorio en su despacho privado, estaba teniendo serios problemas para mantener la calma. Los reportes que tenía ante sus ojos no eran precisamente buenos, todo lo contrario, eran alarmantemente malos, sobre todo considerando el nombre de los oficiales que figuraban en esos informes. El capitán levantó la vista y le dedicó una estrecha mirada al grupo que estaba de pie en medio de su despacho.

Ahí estaba Max Sterling, el que tal vez sea el mejor piloto de combate de la historia, junto a Moira Flynn, la más competente y responsable oficial de catapulta del Prometheus. Ambos estaban parados ligeramente más juntos uno del otro que el resto de los presentes, ambos un tanto sonrojados y con el cabello mojado. Para un hombre tan sagaz como Gloval, no fue muy difícil deducir de donde venían esos dos y en que actividades se encontraban momentos atrás. Junto a ellos estaban los tenientes Rick Hunter y Eric McLean, líderes de los escuadrones Skull y Apollo respectivamente, que de tanto en tanto le lanzaban miradas a un nervioso Max, con una sonrisita apenas visible en los labios, como queriendo decir: "Buena conquista amigo. Cuéntame los detalles". Bien, hasta ahí se podría decir que estábamos ante algo relativamente normal, pero viendo a las siguientes personas de pie en su despacho, la cosa ya se empieza a poner castaño oscuro.

Para su total sorpresa, ahí estaba su primer oficial, Lisa Hayes, entre molesta y avergonzada, a juzgar por la expresión de su rostro. No sabía si por estar en esta situación o por estar cerca del teniente Hunter. Kim Young se encontraba junto a Lisa y en una actitud similar, lo que no le gustó para nada. A continuación estaban unas avergonzadas Sammie y Vanessa y una... ¿humillada Claudia?, vistiendo unos horribles pantalones caquis, que obviamente no eran de ella, ya que no combinaban con el resto de su ropa, además, le quedan bastante cortos.

Gloval volvió a mirar los papeles que tenía en sus manos, los soltó sobre su escritorio, le dio una calada a su pipa y exhaló el humo con un cansado suspiro, lo que dejó bastante preocupado a los presentes. El capitán volvió a mirar seriamente al grupo de oficiales antes de hablar.

-- Tengo en mis manos los reportes de la policía militar, sobre una pelea en la discotheque "Casa de Bambú" en la ciudad de Macross. Por lo que dice el reporte, fue una batalla campal, donde participaron principalmente militares, siendo los causantes de todo esto un grupo de pilotos veritech, aparentemente de los escuadrones Skull y Apollo –- señaló Gloval mientras estrechaba los ojos, logrando que Rick y Eric se tensaran en sus lugares –- Algunos de los revoltosos lograron ser arrestados. Como dicta el reglamento para estos casos, los oficiales superiores de estos soldados deben ser informados inmediatamente de esta situación. Y aquí viene la parte interesante de todo esto. Según el comandante de la policía militar, los oficiales superiores de los militares arrestados, también estaban en la discotheque participando activamente de la pelea y se dieron a la fuga antes de ser arrestados.

Gloval miró fijamente a cada uno de los preocupados oficiales de pie ante él, tomó los papeles que estaban sobre su escritorio y comenzó a leer.

-- Para empezar, se logró identificar al teniente Rick Hunter y al teniente Eric MacLean. Ambos lograron evadir a la policía militar, y son precisamente los oficiales superiores del grupo de pilotos veritech arrestados intentando huir de la discotheque "Casa de Bambú".

Rick y Eric se tensaron aún mas ante la mención de sus nombres, ganándose una estrecha mirada de Gloval, que aún estaba lejos de terminar.

-- También se logró identificar la oficial de catapulta Moira Flynn, y al inconfundible Maximillian Sterling, líder de uno de los grupos de ataque del Skull. Ambos lograron escapar por la puerta principal de la discotheque, pasando por encima y pisoteando a dos efectivos de la policía militar.

Ahora fue el turno de Max y Moira de comenzar a sudar frió al recibir la penetrante mirada de un molesto Gloval, pero el hombre no se detuvo ahí, desvió su mirada para centrarla en sus subordinadas directas, antes de hablar otra vez.

-- Y como guinda para coronar este hermoso pastel, detuvieron a 3 oficiales del puente del SDF-1. Sammie Porter, Vanessa Leeds y Claudia Grant, y esta última se encontraba... semidesnuda -– dijo Gloval soltando los papeles sobre su escritorio, dedicándole una mirada a la cada vez más avergonzada Claudia -– Obviamente, como dicta el reglamento, esta situación debía ser informada al oficial superior de las 3 detenidas. El problema es que el oficial superior en cuestión, la teniente comandante Lisa Hayes, también fue vista huyendo de la discotheque. Ese es el motivo por el cual el comandante de la policía militar me despertó a las 3 de la mañana y por lo que di la orden de que los buscaran y los trajeran a todos aquí. Ahora bien... ¿Quién de ustedes va a explicarme qué fue lo que pasó? -- preguntó Gloval, señalando los papeles que descansaban sobre su escritorio.

Nada más el hombre dejo de hablar, el grupo estalló en palabras, hablando todos al mismo tiempo tratando de explicar lo que había ocurrido. Obviamente no se entendía absolutamente nada de lo que estaban diciendo, lo que contribuyó a aumentar un poco más la molestia del capitán de la nave.

-- ¡Silenció! –- dijo Gloval con voz fuerte y firme, logrando que todos se callaran en el acto y se cuadraran en forma marcial.

-- Capitán... señor... yo le explicaré esto –- dijo Lisa.

-- Te escucho Lisa.

-- Señor... lo que ocurrió en esa discotheque fue...

-- Fue mi culpa, capitán –- dijo Rick dando un paso adelante, y cortando a Lisa a media frase.

-- No me interrumpa, teniente Hunter –- dijo Lisa molesta, dándole una estrecha mirada.

-- Tranquila Lisa. Deja hablar al teniente –- dijo Gloval, mirando al joven líder de los Skull.

Rick miró a la molesta mujer que parecía estar echando chispas por los ojos y luego miró al capitán, que estaba esperando su explicación. Bien, no había nada que hacer, él mismo se había buscado esto. Suspiró cansadamente y muy a su pesar, comenzó su relato yendo directo al punto.

-- Bien... Lisa, quiero decir, la comandante Hayes y yo salimos a dar una vuelta por Macross, nos encontramos con Max, Moira y Claudia en un bar karaoke, y luego de... bueno, algunas circunstancias, terminamos en la discotheque "Casa de Bambú". Ahí nos topamos con los demás y de paso con una mujer con la que yo... bien... Me acosté con ella. Lo admito. El problema es que era casada. Obviamente yo no lo sabía, al menos no hasta después de... usted ya sabe. El punto es que apareció el marido. Como imaginará no estaba muy contento. Me golpeó, yo le respondí, los muchachos vivieron a ayudarme, los amigos de él aparecieron de la nada, y bien... cuando me di cuenta ya todo mundo estaba peleando.

Gloval miraba incrédulo al joven teniente luego de escuchar su relato, mientras su pipa caía de entre sus labios para ir a parar sobre su escritorio. Por unos tensos segundos hubo un profundo silencio, hasta que Gloval recogió su pipa y quitó rápidamente la ceniza que amenazaba con quemar los reportes de la policía militar.

-- Déjeme ver si entiendo esto, teniente Hunter –- dijo Gloval –- ¿Me está diciendo que todo esto ocurrió porque usted no es capaz de mantener sus pantalones en su lugar cuando se le cruza por delante una mujer atractiva?

-- Eeehhh... bien... básicamente... se podría decir que si –- respondió un apenado Rick.

Gloval dio un cansado suspiro mientras negaba con la cabeza.

-- No lo puedo creer. Tengo con la soga al cuello a un grupo de mis mejores oficiales, incluyendo a mis subordinadas directas y mi primer oficial, por culpa de un lío de faldas -– comentó Gloval poniéndose de pié.

-- Señor... esto fue mi culpa, y asumiré toda la responsabilidad –- dijo Rick.

-- Por supuesto que lo hará, teniente. No lo dude ni por un momento –- señaló Gloval, dedicándole una mirada seria -- El problema aquí es que no puedo dar la orden de arrestarlos a todos, como debería hacer, porque me quedaría sin un grupo de excelentes oficiales justo cuando más los necesito, y lo que es peor. Me quedaría sin mi mano derecha –- finalizó Gloval, mirando a Lisa, que se sintió profundamente avergonzada.

-- Estoy consiente de que cometí una falta, señor. Asumo mi responsabilidad -– dijo Lisa apenada, pero manteniendo una postura firme.

-- ¿Y qué se supone que haga, Lisa? ¿Dar la orden de que te metan a una celda? No puedo hacer eso. Te necesito aquí, a mi lado. Además, solo imagina lo que pasaría si se supiera que la primer oficial de la nave se encuentra detenida por participar en una riña.

-- No espero un trato especial solo por mi rango, señor –- repuso Lisa.

-- Y yo vuelvo a repetir que no puedo dar la orden de meterte a una celda porque te necesito aquí, ahora mas que nunca –- dijo Gloval, pensando en la nueva e importante misión que había decidido darle a Lisa.

Gloval miró a su avergonzada primer oficial y luego al resto de los oficiales ahí presentes antes de tomar sus manos por la espalda y caminar hasta quedar de pie frente al ventanal de su despacho, contemplando la infinidad del espacio. Nuevamente se produjo un tenso silencio, hasta que el capitán volvió a hablar, sin darse la vuelta.

-- Lisa, se tomarán sanciones contra cada uno de ustedes, como es debido. La naturaleza de la sanción se estudiará de acuerdo a cada caso, ya que como señalé, no puedo darme el lujo de tener a un grupo de mis mejores oficiales en la cárcel con el enemigo atacándonos constantemente. ¿Está claro?

-- ¡Si señor! –- respondieron todos, en forma marcial.

-- Bien. Pueden retirarse, excepto usted, teniente Hunter -– dijo el capitán, sin quitar la vista del ventanal.

Rick se ganó una mirada de preocupación por parte de sus compañeros, con excepción de Lisa y Kim, que lo miraban con cierta satisfacción por lo que pudiera ocurrirle a continuación. El grupo se despidió del capitán con un saludo marcial, para luego salir del despacho dejando atrás a un solitario y preocupado Rick Hunter.

-- No se quede ahí teniente. Acérquese.

Rick obedeció la orden de su capitán y se acercó hasta quedar de pie junto a él, contemplando el espacio. Estuvieron así por un momento hasta que el capitán decidió romper el silencio.

-- Cuando le asigné el escuadrón Skull, lo hice porque consideré que usted sería capaz de afrontar esa responsabilidad, y no me equivoqué en mi decisión. Lo que no imaginé, es que también asumiría con total propiedad la tradición más antigua de los líderes del Skull... los líos de faldas. Tal parece que es verdad eso que dice: "No se puede ser líder del Skull, sin tener líos de faldas" –- reflexionó el capitán.

-- ¿Señor? –- preguntó Rick, sorprendido por las palabras del capitán.

-- No soy quien para juzgarlo, teniente Hunter, pero concordará conmigo que esa vida que lleva de un tiempo a esta parte no lo llevará a nada bueno –- señaló Gloval, mirando seriamente al joven teniente.

-- Si señor... lo sé –- respondió Rick, sin poder sostener la mirada del hombre frente a él.

-- El comandante Fokker, en sus tiempos fue todo un casanova. Supongo que está al tanto de eso -– comentó Gloval.

-- Si, lo sé, señor. Le conocí tantas mujeres que hasta perdí la cuenta -– respondió Rick.

-- Lo imagino, pero por muy divertida que fuera su vida con tantas mujeres hermosas rodeándolo, llegó un momento en que ese gran casanova sentó cabeza. ¿No ha pensado que ya viene siendo hora de hacer lo mismo?

Rick fue golpeado por las palabras del capitán, y lo observó con ojos casi desorbitados. Gloval exhaló un poco de humo mirando seriamente al piloto frente a él.

-- Sé que ha estado saliendo con Kim últimamente. El número que hicieron en el Prometheus hace unos días es de dominio público. También cierto incidente en el cuarto de Kim. Por otra parte, ahora tenía una cita con Lisa y las cosas no salieron del todo bien por causa de una de sus conquistas ocasionales. ¿Se siente bien con eso, teniente?

-- No señor... es solo que...

Rick intentó decir algo mas, responder al capitán, decirle lo que sentía, porque se comportaba de esa forma, decirle lo que guardaba dentro, pero se quedó sin palabras. De pronto, sintió una mano en el hombro y al levantar la vista se encontró con la mirada comprensiva del capitán.

-- Le aconsejo que piense bien las cosas, teniente. Despeje su mente y aclare sus ideas. Lisa y Kim son dos excelentes mujeres, y no me gustaría verlas lastimadas -– señaló Gloval.

-- Lo último que quiero es lastimarlas, señor -– repuso Rick.

-- Me alegra oír eso. De usted depende mantener esas palabras, teniente. Aclare sus ideas, y que sea pronto. A juzgar por lo que vi hace unos momentos, no puede mantener esta situación por mucho tiempo mas –- dijo Gloval, caminando de regreso a su escritorio, dando por terminada esa conversación.

-- Si señor –- dijo Rick, cuadrándose ante el capitán.

-- Puede retirase teniente. Afuera encontrará a un par de efectivos de la policía militar, que lo escoltaran a la celda que le tienen preparada –- señaló Gloval, logrando que Rick, lo mirara sorprendido, a lo que Gloval respondió con una sonrisa –- Como dije, a cada uno de se le haría efectiva una sanción por el incidente de la discotheque. Además, usted necesita tiempo para pensar.

Rick no pudo evitar sonreír ante las palabras del capitán.

-- Si señor... gracias señor -– respondió Rick, esbozando una sincera sonrisa.

Gloval observó retirarse al líder de los Skull, y como luego al salir le pedía los efectivos de la policía militar que lo llevaran a su hotel, solicitando una habitación con jacuzzi y un desayuno continental. No pudo evitar sonreír al escuchar la sarcástica broma del teniente, al llamar "Hotel" a los cuartes de la policía militar. Por desgracia para él, no tendría jacuzzi en su celda ni desayuno continental, pero al menos tendría tiempo para pensar.

Gloval deseó sinceramente que ese hombre pudiera aclarar sus ideas en el tiempo que estaría a la sombra, por su bien, el de Lisa y el de Kim.


Una molesta y agotada Lisa Hayes se metió a su cama luego de un reconfortante baño caliente para intentar dormir un poco, pero pese al cansancio acumulado luego del largo día y noche que había vivido, el sueño la rehuía pese a sus intentos por quedarse dormida. Bueno, hasta cierto punto era algo natural, teniendo en cuenta los acontecimientos. Fue a así como la mente de Lisa comenzó a divagar por los sucesos acontecidos luego de dejar el "Dragón Blanco".

En un primer momento salió del restaurante sin rumbo fijo, solo sabía que deseaba estar lo más lejos posible de Rick. Luego de todo lo que había descubierto de su agitada vida, verlo con la Señorita Macross fue la gota que rebalsó el vaso. Su vapuleado corazón ya no podía resistir más. Solo quería olvidarse de todo y llorar. Llorar de rabia, de impotencia, de dolor... pero no era momento para eso. Claudia, Sammie y Vanessa habían sido detenidas por la policía militar y no podía abandonarlas. Con ese pensamiento se encaminó a los cuarteles de la policía militar para saber de la suerte de sus compañeras y amigas. A medio camino se topó con Kim.

Lisa no pudo dejar de recordar la serie de sentimientos encontrados que experimentó al ver a Kim. Ella era una gran amiga y compañera, y sentir eso no le agradó. La culpa de todo eso era de ese revoltoso y mujeriego piloto del que se había enamorado... pero, ¿sería en verdad todo culpa de Rick? ¿Acaso parte de la culpa no le pertenecía a ella, por no haberle revelado sus sentimientos en el momento oportuno? Por mucho que le doliera, Rick no le pertenecía. No podía reclamarle nada. Pero ello no quería decir que no doliera.

Al ver el rostro de Kim, pudo intuir que algo similar pasaba por su cabeza. Finalmente ninguna dijo una sola palabra y ambas caminaron una al lado de la otra en completo silencio, hasta llegar a los cuarteles de la policía militar, donde por orden del capitán Gloval, las llevaron directo a su despacho.

Se sintió humillada por la situación en la que se había metido y muy enojada consigo misma por fallarle de esa forma al capitán. Para colmo, Vanessa, Sammie y Claudia, tendrían que pasar lo que restaba de la noche en una celda de la policía militar y en la mañana serían dejadas en libertad para cumplir con su turno en el puente, pero sujetas a otra sanción administrativa que el capitán definiría. Lo único que ella podía hacer por ahora era concentrarse en su trabajo, realizarlo a la perfección, como siempre lo había hecho y tratar de olvidar esta mal trago. En cuanto a Rick... ¿Qué haría respecto a él?

Las cosas con Rick nunca habían funcionado bien, pero por un momento en esa alocada cita, sintió que ellos podían congeniar, que podía haber algo entre ellos. ¿Sería posible algo entre ellos luego saber todas esas cosas sobre su pasado? ¿Podría volver a confiar en él, ahora que sabía que se había transformado en un mujeriego? ¿Podría seguir adelante al ver esa tristeza en los ojos de Kim?

Claudia se lo había advertido. Le advirtió que Rick seguiría el mismo camino que el comandante Fokker, si no hacía algo al respecto. Le advirtió también que se cuidará de las militares, y ahora Kim estaba rondando a Rick, y todo indicaba que con las mismas intenciones que ella. ¿Qué debía hacer? ¿Olvidarse de Rick, o ir por él? ¿Dejárselo a Kim? Su orgullo le decía que se olvidara de él, pero su corazón decía otra cosa.

"Ahora entiendo como te sentiste, Claudia" pensó Lisa, mirando el techo de su recamara, recordando que su amiga había pasado por la misma situación y no se había rendido ante la adversidad. Logró domar a su rebelde piloto, y lo transformó de un mujeriego empedernido a un novio fiel y cariñoso. ¿Podría hacer ella lo mismo con Rick? Y lo más importante ¿Valía la pena el esfuerzo? Algo dentro de ella le decía que si, valía la pena, el problema era descubrir cómo, y alejar las ganas que tenía de matar a golpes a Rick.

Lisa continuó enfrascada en sus pensamientos sobre su hasta ahora amor no correspondido y lo que debía hacer de ahora en adelante, y así, casi sin darse cuenta, se fue quedando dormida con un único pensamiento en su mente, unas palabras de su mejor amiga:

"Conociendo a Rick como hombre, pero sobre todo, como piloto, sabrás porque actúa de esta forma, porque lleva la vida que lleva, y de paso, sabrás cual es el camino correcto a su corazón"


Kim estaba sentada en un sillón del pequeño living de su departamento, con una copa de vino en una mano. Su rostro estaba serio, pero con una triste mirada en los ojos. Aún estaba golpeada por los acontecimientos que había vivido ese día, pero por sobre todo, al descubrir una parte de Rick que hasta ahora desconocía, una parte que no le gustó y que la estaba lastimando en lo mas profundo de su ser.

Al saber por boca de sus amigas que Lisa y Rick tendrían una cita, sintió un vacío en el estómago. Sabía que si Lisa entraba a la pelea por Rick, sus posibilidades de ganar eran muy pocas, pero aún así, decidió no interferir. Lisa era más que un oficial superior, era una amiga, y si iba a competir con ella por el amor de Rick, lo haría sin trampas. Lo que nunca imaginó es que Lisa y Rick aparecerían frente a ella unas horas después, junto con una pelirroja loca con la que Rick se había acostado, y que para colmo era casada. ¿Cómo debía tomar eso?

Sabía que Rick era rebelde, indisciplinado y un completo idiota si se lo proponía. Lo que nunca se le pasó por la cabeza es que además fuera un mujeriego. Eso no hablaba bien de él. Eso le recordaba a su antiguo novio que la dejó por otra mujer en la tierra. El dolor que sintió en ese momento era algo que no deseaba volver a experimentar, y si Rick era del tipo que se andaba acostando con cada mujer que se le cruzara por delante, ese dolor que sintió en el pasado bien podría volver a experimentarlo, si seguía adelante con la idea de ser algo mas que una amiga para él, pero...

Kim no pudo dejar de recordar el día que habían compartido una botella de vodka, el día siguiente de su vomitivo encuentro en un callejón de Macross. Ese día pudo ver a un Rick Hunter muy distinto al que todos conocían. Era un Rick amable y sincero. Ese día ella se pasó de copas y se le habían subido rápidamente a la cabeza. Entre su borrachera recordaba como Rick la detuvo cuanto vio su estado, y como luego la llevó a sus barracas, para que la oficial de guardia la llevara a su cama. Otro hombre hubiera sacado provecho de esa situación, pero por el contrario, Rick se preocupó por ella y al día siguiente le hizo llegar un efectivo remedio contra la resaca.

Tampoco podía olvidar la cita que tuvieron luego para comprar un vestido. Pese a que él la dejó plantada, luego lo habían pasado muy bien, y cuando ella lo invitó a su cuarto, Rick no pensó mal de ella por esa atrevida propuesta y tampoco la malinterpretó en sus intenciones. Tuvieron una entretenida charla, al menos hasta que Lisa se presentó. Luego, pese a su accidente en el baño, Rick no se había enojado con ella, es más, se había inculpado de todo el enredo que había pasado en su cuarto, para librarla de un castigo por parte de Lisa, además, le había dicho que le gustaba su compañía y le había pedido una cita.

Ella había visto el lado bueno de Rick Hunter, un lado que al parecer no muchos habían tenido la fortuna de ver y lo que vio le había gustado mucho, tal vez demasiado, y esta noche tuvo la oportunidad de conocer su otro lado, uno que no le gustó para nada, pero... ¿Tenía algún derecho a reclamarle algo?

Muy a su pesar, Kim debió reconocer que Rick hasta ahora había pasado de ser un simple conocido a ser un amigo, pero nada más. No era su novio y no poseía ningún tipo de exclusividad sobre él. Era completamente normal que se hubiera relacionado con alguna mujer en el pasado, a final de cuentas, era un hombre soltero y sin compromisos. Aún así, no dejaba de doler el saber eso y más aún al saber que se había acostado con una mujer casada. Para colmo de males, luego apareció la Señorita Macross para completar el cuadro. Según lo que dio a entender Rick, las cosas con ella ya habían acabado, pero luego de ver la actitud de esa mujer en el restaurante, no podía dejar de preocuparse. Lo que Rick había sentido por esa mujer aún estaba fresco... demasiado fresco.

Kim respiró pesadamente recargándose en el respaldo del sillón.

-- ¿Que debo hacer ahora? ¿Olvidarme de él? -– se preguntó Kim, observando distraídamente el techo del cuarto.

Muy a su pesar, Kim debió reconocer que ya era demasiado tarde para ella. Para bien o para mal, estaba enamorada de Rick Hunter, y debía lidiar con eso. Lo amaba y lo quería para ella, pero estaban en medio Lisa, Minmei y el propio Rick y su vida libertina. ¿Qué hacer?

Estaba claro que ya no quería volver a sufrir otra decepción amorosa, pero también estaba claro que pese a la mala impresión que le había quedado de Rick, había una parte de él que le gustaba, una parte que le hacía decirse que era el hombre indicado.

Bien, solo había una cosa por hacer. Hablar con Rick, una vez que se le pasará en enojo por todo lo ocurrido, aclarar las cosas y ver que pasada. Luego de eso, vería si seguía adelante o no. También estaba el tema de Lisa, que no era menor, ya que ella también estaba interesada en Rick, aunque a juzgar por lo que vio al salir de la oficina del capitán, ya se le había agotado la paciencia y no parecía que le fuera a dejar pasar este nuevo desliz a Rick.

Kim suspiró cansadamente y se tomó de un trago su copa de vino, para luego ponerse de pie y encaminarse a su cuarto a tratar de dormir aunque sea un par de horas antes de volver al trabajo, deseando que sus amigas estuvieran bien, ya que debían pasar la noche en una celda de la policía militar. Con ese pensamiento en mente, Kim se metió a la cama y cerró los ojos. El sueño llegó más rápido de lo que imaginó y pronto estuvo profundamente dormida.


Rick Hunter estaba recostado de espalda con las manos entrelazadas en la nuca, en la dura litera de su celda en los cuarteles de la policía militar. Contemplaba el techo de la celda sin verlo en realidad, con la mente a mucha distancia de ese lugar. Su cabeza era un torbellino de sentimientos encontrados, sentimientos que de un momento a esta parte no lograba comprender del todo. Debía reconocer que en alguna parte del camino perdió por completo el rumbo, un rumbo que ya hace bastante rato se había vuelto errático, llevándolo de un lado a otro como una hoja en la tempestad.

-- ¿Qué rayos estoy haciendo? –- se preguntó el piloto.

Esa era sin duda una muy buena pregunta. Desde la muerte de Roy, su vida había entrado en una paulatina espiral de descontrol que lo había llevado a ser... ¿Una copia de Roy en sus años de juventud? Bueno, no podía negar que siempre había deseado ser como Roy. Deseaba volar un avión tanto o mejor que él, deseaba tener su misma personalidad arrolladora, y tener tanto éxito con las mujeres como él.

Analizando esto con calma, podía decirse que había cumplido su sueño de infancia. Modestia aparte, se había vuelto un excelente piloto. No creía que su personalidad fuera devastadoramente arrolladora, pero estaba mas que claro que introvertido no era. En cuanto a las mujeres, pues, sin ánimo de ser arrogante, no le iba nada de mal en ese aspecto. Tenía varias conquistas a su haber, y habían varias mujeres alineadas esperando por una oportunidad de meterse a su cama, así que la compañía nocturna parecía estar siempre asegurada. Tomando esto en consideración, debería ser un hombre feliz, uno bastante feliz, considerando el último punto, pero la verdad es que no era para nada feliz. Lejos de sentirse feliz, se sentía vacío.

Siempre estaba sonriendo y terminaba transformándose en el alma de la fiesta, pero la verdad es que por dentro se sentía muy distinto a lo que aparentaba por fuera. Se sentía terriblemente vacio... vacío y solo. No pudo evitar recordar a Roy cuando su vida transitaba por este mismo camino. Recordaba haber visto en la cara de Roy algo muy parecido a lo que experimentaba él, y en mas de una ocasión.

Si, definitivamente había visto lo mismo en la cara de Roy... había pasado por lo mismo, pero lo había superado. Sobre ese punto las palabras del capitán Gloval lo golpearon con especial intensidad.

"Por muy divertida que fuera su vida con tantas mujeres hermosas rodeándolo, llegó un momento en que ese gran casanova sentó cabeza. ¿No ha pensado que ya viene siendo hora de hacer lo mismo?"

¿Sentar cabeza? ¿De eso se trataba todo? No, definitivamente no, pero sin duda era parte de un todo. Una parte que lo tenía bastante complicado a decir verdad. Aquí fue donde las otras palabras del capitán lo golpearon otra vez.

"Lisa y Kim son dos excelentes mujeres, y no me gustaría verlas lastimadas"

No podía negar que el hombre tenía razón. Pese a su carácter fuerte, y a que lo regañaba hasta por respirar, Lisa Hayes era una excelente mujer. Por otra parte estaba Kim, una mujer que había comenzado a conocer hace poco y que había demostrado que no tenía nada que envidiarle a Lisa. Ahora la primera pregunta ¿Qué pretendía lograr relacionarse de forma tan intima con ellas? Y aquí la pregunta del millón ¿Qué sentía por ellas? Esa si que era una buena pregunta... ¿qué sentía por ellas?

Luego de estrujar su cabeza por largos minutos, Rick suspiró cansadamente y se volteó hacia el rincón con la cabeza dándole vueltas. La verdad no tenía nada claro, al menos no aún. Lo que si sabía es que debía disculparse con ellas o se iba a arrepentir el resto de su vida.


Eran cerca de las 06:20 AM y el teniente Rick Hunter se paseaba de un lado a otro ante el corredor que conducía al puente del SDF-1. Había pasado 2 días a la sombra en una celda de la policía militar, lo que le había dado tiempo para meditar un poco sobre su situación. Luego de dos días de análisis no había progresado mucho. Lo único que sacó en claro es que debía disculparse con Lisa y Kim.

Gloval tenía razón. Lisa y Kim eran excelentes mujeres y no quería estar disgustado con ellas. El problema era tratar de arreglar las cosas luego de lo que pasó en la discotheque. Se habían llevado una muy mala impresión de él y sabía que no sería fácil arreglar las cosas, pero debía intentarlo. Así que aquí estaba ahora, esperando que Lisa hiciera acto de presencia para tomar su turno en el puente, y no tuvo que seguir esperando por mucho tiempo, ya que Lisa hizo su aparición en ese preciso momento en compañía de Claudia.

Demás esta decir que Lisa se impactó al ver a Rick frente a ella. No esperaba verlo aún y la verdad no sabía como enfrentarlo luego de todo lo que había pasado. Una parte de ella se alegró de verlo, pero otra se molestó de solo recordar lo que había vivido en su cita. Por su parte, la otrora siempre segura y autosuficiente Claudia Grant, deseó que la tierra se la tragara al ver a Rick frente a ella. Por su mente desfilaron las vergonzosas imágenes de lo ocurrido en la discotheque cuando quedó con el culo al aire, y no encontró nada mejor que cubrirse con la cara de Rick. Las mejillas de la morena pasaron en cosa de segundos a un vivido color rojo.

-- ¡Hola! –- saludó Rick con algo de timidez, tanteando el terreno.

Lisa se puso inmediatamente en guardia al escuchar el tono de voz conciliador y la actitud pasiva del piloto frente a ella. La rabia por lo ocurrido esa desastrosa noche y el dolor al verlo abrazado de Mimnei la golpearon y la predispuso inmediatamente a la defensiva, lista para atacar a la menor provocación. Por su parte, Claudia siempre mas correcta, se las arregló para saludar con un apenas audible "hola" pese a la vergüenza que sentía, bajando el rostro en un intento por que Rick no notara su sonrojo.

Pero el sonrojo no escapó a los ojos de Rick, ya que la morena era más alta que él y podía ver muy bien su rostro. Eso le hizo recordar lo que pasó en la discotheque. No podía quitarse de la mente la imagen que lo recibió cuando se incorporó luego de volar producto de un puñetazo, cortesía del marido de la pelirroja. Al levantar la cabeza se encontró con una espectacular entrepierna femenina de piel color chocolate y unos pelitos negros que parecían virutilla. Se le hizo agua el pene.

Mientras estaba aún idiotizado por la espectacular vista, unas manos lo tomaron por la cabeza y le restregaron la cara contra ese monte de venus, causándole una agradable sensación de cosquilleo producto de esos abundantes pelitos negros. De pronto alguien lo empujó y de un momento a otro se encontró besando los carnosos labios vaginales de esa mujer, y al parecer lo estaba haciendo bastante bien o, al menos, eso era lo que él pensaba, porque ella no lo quería dejarlo ir, ya que estaba sujetándole la cabeza y presionándolo para hacer mas profundo el beso. Cuando finalmente lo liberaron de esa situación, muy a su pesar hay que decir, pudo ver el rostro de la mujer que le había robado un beso... "Claudia Grant"

Una de las razones por la cual Rick no encontró una solución a su problema con Kim y Lisa, había sido precisamente la entrepierna de Claudia. Se le aparecía en la mente de tanto en tanto como haciéndole burlas... "Por aquí no has pasado, ni pasaras" parecía decirle.

-- Al menos le robe un beso -– comentó Rick para sí, con una sonrisa un tanto lasciva.

-- ¿Perdón? -– preguntó Lisa, estrechando los ojos.

-- ¿Eehh? ¿Qué?... ¡ah! No, nada. No dije nada, jejeje –- respondió un apurado Rick.

-- ¿Qué hace aquí teniente? Pensé que estaba detenido –- preguntó Lisa, con tono de poco amigos.

-- Me soltaron hace cerca de dos horas -– respondió Rick, notando que Lisa no se lo pondría fácil.

-- Ya veo. ¿No debería estar en el Prometheus poniéndose a día con el trabajo atrasado, teniente? -– repuso Lisa.

-- Si, voy para allá, pero antes tenía algo que hablar contigo.

-- No hay nada que hablar. Vamos, Claudia –- dijo Lisa pasando junto a Rick.

-- Lo hay. Me gustaría disculparme por lo que pasó.

-- ¿Disculparte? ¿Tienes cara para venir a disculparte luego de todo lo que pasó? –- preguntó Lisa molesta, deteniendo su andar y volteando para observar con ojos fieros al piloto.

-- Creo que lo mejor será dejarlos solos –- dijo Claudia emprendiendo la retirada.

-- No será necesario Claudia, voy contigo.

-- No amiga. Pienso que debes escuchar lo que el teniente tiene que decir -– dijo la morena, poniendo una mano en un hombro de Lisa para calmarla, acercando luego su rostro para hablarle al oído -– Al menos dale una oportunidad de explicarse. No pierde nada con ello.

Con esas palabras, Claudia se despidió y emprendió rumbo al puente, aliviada de alejarse de Rick, ya que no podía verlo a la cara de la vergüenza. Además, podía imaginarse muy bien lo que había pasado por la cabeza de él cuando esbozó esa sonrisa lasciva hace un momento. Ella había pensado lo mismo y no le gusto para nada. Tenía que calmarse y despejar la mente, lo más lejos de Rick Hunter que le fuera posible.

-- Bien, Hunter. Te escucho -– dijo una molesta Lisa, una vez Claudia se había alejado lo suficiente.

-- Si, bien... mira, lamento que las cosas hayan resultado de esa forma. Nunca imaginé podría pasar algo así, y que todos terminaran involucrados en... bien, lo que pasó.

-- ¿Es todo? ¿Puedo irme ya?

-- Por favor Lisa, te estoy diciendo que lo siento.

-- ¿Y eso cambia en algo lo que pasó? ¿Cambia en algo que seas un completo idiota y que te hayas acostado con una mujer casada? –- preguntó Lisa, enojada.

-- No soy un idiota... bueno, no tanto. Y no sabía que esa mujer era casada cuando me acosté con ella –- se defendió Rick.

-- ¡Es no es excusa! –- estalló Lisa.

-- ¿Y cual es el maldito problema? –- Regañó Rick de vuelta, molesto con la actitud de Lisa -– Soy soltero y no tengo compromisos. Pudo salir o acostarme con quien se me de la maldita gana.

Lisa fue golpeada por las palabras de Rick. El tenía razón. Era soltero y no estaba atado a nadie. No tenía porque darle explicaciones. Ella no era nada de él para reclamarle. Sintió que se le rompía el corazón una vez más.

Rick observó a Lisa, y fue conciente de que había metido la pata. No debió hablarle de esa forma. No estaba ahí para discutir con ella. Todo lo contrario, estaba ahí para ver si podía salvar su amistad, o cómo se llame lo que tenían. Se acercó a la mujer y la tomó por los hombros.

-- Perdón Lisa. No debí haberte gritado. Mira, sé que mi forma de vida no ha sido un ejemplo de virtud el último tiempo. Y la verdad creo que si tienes motivos para reclamarme. No solo eres mi oficial superior. También eres mi amiga.

Lisa levantó la cabeza sorprendida por el tono y las palabras tan sinceras de aquél hombre. ¿Le estaba diciendo que ella si tenía derecho a reclamarle? ¿Aún como amiga, le estaba diciendo que tenía derechos sobre él? ¿Cómo se supone que debería interpretar eso? El se apartó un poco de ella antes de continuar.

-- He estado pensando mucho estos días. El capitán me dijo unas cosas el otro día que me hicieron replantearme mi forma de vida -– comento Rick, sorprendiendo a Lisa –- He cambiado mucho el último tiempo... creo... que me parezco un poco a Roy cuando era mas joven. Siempre que lo veía pensaba que debería ser genial ser como él... ahora entiendo que no debió ser tan genial como creí. Ahora... lo entiendo un poco mejor.

Lisa miró con sorpresa a Rick por lo que acaba de decir. Le estaba confesando cosas muy intimas, cosas que no comprendía del todo, pero que parecían ser síntoma de algo mayor. Claudia tenía razón en todo lo que le decía. Algo le pasaba a Rick. Algo que lo hacía actuar así, algo que le pasó a Roy Fokker en su momento y al parecer superó con ayuda de Claudia. ¿Podría hacer ella lo mismo con Rick?

Al verlo ahí, apoyado contra la pared con la cabeza gacha, Lisa supo que no estaba todo perdido. Aún podía llegar al corazón de ese hombre. Algo lo atormentaba y lo hacia actuar así. Se propuso descubrir que era y ayudarlo a salir adelante, y de paso, robar su corazón.

-- En verdad has cambiado Rick, pero creo que no todo está perdido. En el fondo eres un buen hombre –- dijo Lisa, dándole una sonrisa de apoyo –- Pero definitivamente debes cambiar tu forma de vida. No puedes ir por ahí como si fueras una fiesta ambulante. Eso no te llevará a nada bueno y definitivamente tienes que... tienes que dejar de meterte con mujeres casadas.

-- Si, bien... ya... ya me lo han dicho antes. Como sea. Si algo puedo sacar de todo lo que paso esa noche, es que ya no podré volver a esa vida. Tendré que hacer algunos cambios.

-- Me alegra oír eso –- dijo Lisa con una sincera sonrisa.

-- Pero seguiré saliendo de vez en cuando, y tomando algún trago con los chicos. Recuerda que seguimos siendo humanos. ¿Cómo era que decía Roy...? Ah, si: "No puedes ir a la guerra si le temes al alcohol"

-- ¡Rick! -- llamó Lisa con el ceño fruncido.

-- Esta bien, está bien. Veremos que pasa. Lo importante ahora es... disculpa por lo de la otra noche. No se volverá a repetir –- dijo Rick con sinceridad.

Lisa tuvo dificultades en sostener la mirada del joven piloto, pero de algún modo se las arregló.

-- Esta bien, Hunter. Aún estoy molesta por lo que pasó, pero está bien. Solo trata de no recordármelo para no enojarme contigo otra vez. Y te sugiero que te disculpes también con Vanessa y Sammie. Ellas también salieron afectadas con todo esto.

-- Si, creo que tienes razón. Eso me recuerda que también debo disculparme con el tío Ben y su esposa –- comentó Rick, sombrío.

-- ¿Por qué con ellos? –- preguntó Lisa, extrañada.

-- Bueno... la otra noche... creo que se me pasó un poco la mano con Minmei.

Lisa sintió inmediatamente la estocada al escuchar el nombre de la Señorita Macross. A su mente volvió la imagen de la chica abrazando a Rick y regresó esa familiar sensación de vació en el estómago.

-- ¿A qué te refieres con pasarse de la mano? –- preguntó con cautela la mujer.

Rick observó a Lisa considerando si contarle o no. Finalmente decidió que no había nada de malo en ello y procedió a contarle lo que paso.

-- Bien, Mimnei ha estado buscándome últimamente. Me manda notas, me deja recados en la base, el otro día incluso me mandó flores al Prometheus. El punto es... hace un tiempo atrás hubiera estado encantado. Me gustaba, Lisa, en verdad me gustaba, hasta que un día se me cayo la venda de los ojos y la vi como realmente es... no me gustó lo que vi. Somos de mundos distintos y ella es... bien, no es para mi.

Lisa estaba con los ojos abiertos como platos y la boca abierta. ¿Había escuchado bien? ¿Rick le estaba diciendo que ya no sentía nada por Minmei? Rick pareció no darse cuenta de la cara de asombro de Lisa y continuó con lo que decía.

-- Esa noche ella creyó que yo había acudido a sus llamados, por eso se me lanzó encima. Luego que Kim y tu se fueron traté de librarme de ella pero no me quería soltar. Al final la aparté por la fuerza y le dije algunas cosas algo fuertes. En verdad creo que también le debo una disculpa a ella, aunque, bueno, ya veré como arreglo eso.

Lisa estaba realmente emocionada, ni la mención de Kim fue capaz de opacar su felicidad. Rick se lo había confirmado. La Señorita Macross, su más grande escollo, se había quedado en el camino y todo indicaba que por autoeliminación.

-- Creo que deberías tomártelo con calma. Piensa bien lo que dirás antes de hacer algo –- dijo Lisa.

-- Si, creo que tienes razón –- concordó Rick.

-- Bien, será mejor que me vaya. Tengo que asumir mis funciones en el puente. Nos vemos luego –- se despidió Lisa, con una radiante sonrisa al emprender camino por el corredor.

-- Si, nos vemos... ¡Lisa! -– llamó Rick, haciendo que la mujer volteará a verlo –- Gracias.

Lisa le respondió con una sonrisa y un asentimiento de cabeza y continuó su camino al puente, dejando a un más relajado Rick tras de si.


Claudia levantó inmediatamente una ceja al ver la cara de felicidad que traía Lisa. Algo muy bueno debía haberle pasado para tenerla en ese estado. La morena se acercó a su amiga para conversar mas en privado.

-- Te ves radiante. ¿Se arreglaron las cosas? –- preguntó.

-- Se podría decir -– respondió Lisa ampliando la sonrisa.

-- Bien niña. Me lo dirás de una vez o tendré que sacártelo por la fuerza –- dijo Claudia, observando a Lisa, que amplió un poco más su sonrisa antes de responder.

-- Rick me pidió disculpas. Dijo que cosas como lo de la otra noche no se volverían a repetir. Me dijo también que había estado reflexionando y ya no podía seguir con la vida que llevaba, pero...

-- Pero... –- insistió Claudia.

-- Algo le pasa, Claudia. Pude ver que hay un problema de fondo. Siempre esta riendo y haciendo idioteces pero hay algo que lo atormenta. No sé que sea, pero, me dejó la puerta abierta para acercarme a él y descubrir que es lo que le pasa. También me dijo que tenía todo el derecho a reclamarle si hacía alguna cosa que no me pareciera correcta en su vida personal.

-- Vaya. Parece que el teniente Hunter finalmente te está dando vía libre. Pero me parece que no es eso lo que te hace tener esa sonrisa en la cara –- comentó la morena.

-- Ya no le interesa Minmei –- dijo Lisa emocionada -– Me lo confirmó. Dijo que había abierto los ojos y la había visto tan cual es, no le gustó lo que vio y que ella no era mujer para él.

-- Te lo dije, Lisa. Esa chica no es para Rick. La señorita Macross finalmente quedó en el camino, pero no es ella de quien debes preocuparte, sino de alguien mucho mas cercano.

Claudia miró hacia el lugar que ocupaba Kim, que en ese momento era ocupado por una oficial que cubría el turno de noche. Lisa comprendió de inmediato las palabras de su amiga, y tuvo que concordar con ella. Kim Young era el mas inmediato escollo en el camino. Había entrado repentinamente en escena y había acaparado la total atención de Rick. La primera oficial estrechó los ojos, concluyendo que era hora de comenzar a tomar medias al respecto.


Era las 06:50 AM y Kim caminaba rumbo al puente del SDF-1 en compañía de Vanessa y Sammie, dispuesta a cumplir con sus obligaciones. Sus dos amigas conversaban animadamente sobre algo que parecía ser muy divertido pero ella no le prestaba atención a sus las palabras, ya que su mente estaba ocupada en otros asuntos. Por más que lo intentaba, Kim no podía apartar de su mente lo que había ocurrido en la discotheque hace ya 2 días, cuando descubrió algunas cosas de Rick que la verdad prefería no recordar.

No podía dejar de sentirse molesta y herida al saber el tipo de vida que había estando llevando Rick. Nunca se hubiera imaginado que ese hombre fuera capaz de llevar una vida tan alocada y desenfrenada, pero las evidencias fueron demasiado contundentes. Hasta el mismo Rick lo reconoció en el despacho del capitán. Hace algunas semanas hubiera encontrado todo esto muy interesante, digno de transformarlo en el comentario de la semana, pero ahora ya no le veía ninguna gracia. Ese hombre que se reconoció así mismo un mujeriego en el despacho del capitán, era el hombre del que se había enamorado. ¿Qué hacer ante esto?

Sin querer Kim detuvo su andar al quedarse pensando en esta importante pregunta. ¿Qué hacer? Amaba a Rick, ya lo había asumido, pero no quería transformarse en su nueva conquista y pasar a ser una mas de las mujeres que desfilaron por su cama. Ella quería ser mas que eso. Quería ser...

-- ¡¡KIM!!

La susodicha dio un salto al escuchar la voz de Sammie, que la miraba junto con Vanessa, unos cuantos pasos mas adelante.

-- ¿Estás bien Kim? Has estado en la luna todo el camino y de pronto te quedaste de pie ahí con cara de preocupación –- preguntó Sammie.

-- Si, estoy bien. No pasa nada –- respondió la mujer, tratando de apartar esos pensamientos de su cabeza, emprendiendo el rumbo hacia el puente otra vez.

-- ¿Estás segura? –- preguntó Vanessa no muy convencida, imaginando ya que es lo que tenía así a su amiga. La verdad no había que ser muy inteligente para saberlo. Kim no había vuelto a ser la misma desde lo de la discotheque.

-- Segura, ahora apúrense o llegaremos tarde -– señaló Kim, pasando junto a sus amigas, que intercambiaron miradas de entendimiento antes de reanudar la marcha.

El trío de mujeres avanzó unos cuantos metros más hasta que al doblar en una esquina para tomar el corredor que llevaba al puente del SDF-1, se encontraron cara a cara con el teniente Hunter. Nada mas verlo, Kim se congeló en su lugar. No estaba preparada para verlo, al menos no aún. Por su parte Vanessa y Sammie estrecharon sus miradas y se cuadraron delante de Kim, como si fueran sus guardaespaldas.

-- Hola chicas –- saludó Rick, con una sonrisa gentil.

-- ¿Qué está haciendo aquí teniente Hunter? Creí que estaba en una sucia y maloliente celda en los cauteles de la policía militar –- señaló Sammie, con cara de pocos amigos.

-- Me soltaron está mañana a primera hora –- respondió Rick, viendo ya que Vanessa y Sammie no se lo iban a poner fácil para llegar hasta Kim.

-- Por lo que veo la policía suelta a la calle a cualquier cosa estos días. Deberían ser más cuidadosos –- dijo Sammie con un tono de desprecio.

Rick estrechó los ojos y estuvo tentado a darle una respuesta sarcástica a la chica, pero se contuvo en el último momento. No estaba ahí para iniciar una discusión.

-- Kim... me gustaría hablar un momento contigo –- dijo finalmente el piloto, mirando a mujer que ocupaba su atención, que estaba siendo celosamente flanqueada por sus dos amigas.

-- Kim no puede atenderlo ahora teniente. Debemos ir a tomar nuestro turno en el puente. Ahora si nos disculpa... –- señaló Vanessa comenzando a caminar, cogiendo a Kim por un brazo, mientras Sammie la cogía por el otro y comenzaban a caminar, echando a un lado a Rick al pasar.

-- Kim, por favor escúchame. Quiero explicarte lo que pasó –- dijo Rick, siguiendo a las mujeres.

-- No hay nada que explicar teniente Hunter -- dijo Sammie, deteniéndose y dando la vuelta para enfrentarlo -- Las cosas quedaron bastante claras para todos la otra noche. Usted se acostó con una mujer casada.

Rick estrechó nuevamente los ojos ante la impertinencia de Sammie. No era su intención iniciar una pelea con las conejitas del puente, pero ese comentario había estado de más. Estaba a punto de poner a Sammie en su lugar cuando Kim se adelantó y puso una mano sobre el hombro de Sammie.

-- Basta Sammie, esa no es la forma de dirigirse a un oficial –- la reprendió –- Lamento el comportamiento de Sammie, teniente Hunter, no se volverá a repetir.

Rick se sorprendió ante el tono neutro y formal que Kim había empleado. Su mirada era seria y, hasta cierto punto, fría. Bien, esto era algo que estaba dentro de las posibilidades. No cabían dudas de que Kim estaba molesta con él, y tenía muy buenas razones para estarlo.

-- Si nos disculpa teniente, debemos retirarnos – dijo Kim, dando media vuelta, caminando rumbo al puente seguida de sus amigas.

Al ver como Kim se alejaba dándole la espalda, Rick supo que no podía dejar las cosas como estaban. No quería que Kim estuviera molesta con él. Por extraño que pareciera, al verla alejarse en ese momento, sintió como que todo lo que habían vivido juntos las últimas semanas llegaría a su fin. Esta certeza le hizo sentir un vacío en el estómago. Por alguna razón no lograba concebir su vida sin Kim rodando a su alrededor. En algún momento su compañía se había vuelto algo necesario.

Las implicancias de estos pensamientos resonaron en la cabeza de Rick, pero no era momento de ponerse a analizarlo. Primero debía aclarar las cosas con esa mujer.

-- Kim, espera. Solo quiero que me des un par de minutos para explicarte.

-- No hay nada que explicar -– dijo Kim deteniéndose momentáneamente, pero sin darse la vuelta.

-- Lo hay -– dijo Rick, con una convicción que hasta a él mismo lo sorprendió –- Entiendo que estés enojada conmigo. Yo también lo estaría de ser tú. Pero, solo te pido que me des un momento. Luego puedes irte y no volver a hablarme nunca si lo deseas.

Kim quedó de pie con la cabeza gacha debatiendo sobre qué hacer. Una parte de ella le decía que siguiera caminando y otra le decía que se quedara y escuchara lo que ese hombre tenía que decir. Sus amigas la observaban con algo de preocupación. Sammie estaba por decir algo pero Vanessa negó con la cabeza. Esta decisión era de Kim. Ellas no podían intervenir.

-- Sigan adelante chicas. Las alcanzaré en un momento –- dijo finalmente la mujer de cabello corto, esperando no haberse equivocado al decidir escuchar lo que Rick tenía que decir.

-- Está bien amiga –- dijo Vanessa, para luego jalar del brazo a una renuente Sammie que quería quedarse ahí para proteger a su amiga.

La pareja quedó sola en el corredor por unos segundos sin decir una palabra, con Kim aún dándole la espalda a Rick, que trataba de ordenar sus ideas. Finalmente Kim se volteó y enfrentó al hombre ante ella.

-- Bien Rick, te escucho.

Por alguna razón Rick se sintió como un condenado a muerte al recibir la penetrante mirada de Kim, pero se las arregló para tranquilizarse y comenzar a hablar.

-- Sobre lo que pasó esa noche, yo... lamento que tu y las chicas hayan quedado inmiscuidas en todo ese alboroto. Realmente lo siento.

-- Eso no cambia lo que pasó –- respondió Kim, mirándolo en forma seria.

-- Si, lo sé. No cambia nada, pero es algo que necesitaba decirte. Lamento lo que pasó y que hayas visto esa parte tan... oscura de mi ser.

-- "Oscura" es decir poco, Rick. ¡Te acostaste con una mujer casada! -– lo acusó Kim.

-- No sabía que era casada cuando pasó –- se defendió Rick.

-- Esa no es excusa –- lo reprendió Kim.

-- Si, bien... tienes razón -– reconoció Rick con algo de pesar –- Mi vida el último tiempo no ha sido precisamente un modelo de virtud. Ya sabes... soy soltero, sin compromisos, y no soy un monje tibetano. He salido con algunas mujeres y...

-- ¿Estás contento con esa vida que llevas? -– preguntó Kim, cortando a Rick a media frase.

Rick fue goleado por la pregunta de Kim, la misma pregunta que le había hecho Gloval un par días atrás en su despacho. Muy a su pesar, Rick sabía la respuesta.

-- No... no soy feliz -– reconoció con tristeza, sorprendiendo a Kim por la sinceridad que reflejaban su rostro y sus ojos -– Por eso quería disculparme contigo. Desde ese día que nos topamos en el callejón hemos pasado muchas cosas juntos. Te he hecho pasar varios malos ratos, así como yo he recibido muchos golpes y contusiones, pero... lo he pasado muy bien. Me agrada tu compañía Kim. Me gusta pasar el tiempo contigo, y la verdad no quisiera perder eso. No quisiera perder... no quisiera dejar de verte.

Kim se sonrojó hasta las orejas al escuchar las palabras de Rick, que estaba tan sonrojado como ella. En ese momento las oficiales que cubrían el turno de noche en el puente del SDF-1 pasaron junto a la pareja que estaba de pie uno frente al otro con la cabeza gacha, tratando de ocultar su sonrojo. Las mujeres los observaron con curiosidad, sobre todo por la seguidilla de rumores que circulaban en torno a ellos el último tiempo. Algunas de las mujeres gustosas se hubieran quedado ahí viendo que pasaba con esos dos, pero una, la mayor y que a la vez parecía ser la más juiciosa, apremió a sus compañeras a seguir su camino para dejar sola a la pareja, ya que parecían necesitar algo de intimidad para seguir su conversación.

Atrás en el corredor, el corazón de Kim aún latía desbocado ante las palabras de Rick. El había ratificado las palabras que le había dicho unos días atrás por teléfono. Le gustaba su compañía, y es mas, no quería perder lo que tenían, no quería perderla a ella. No se lo había dicho con esas palabras precisamente, pero era mas que evidente que era eso lo que quería decir. Una parte de Kim con gusto hubiera saltado a los brazos de Rick en ese momento, pero otra parte, las más racional, aún se resistía. No podía olvidar que el propio Rick había reconocido la vida alocada que llevaba. Eso era un poderoso freno para ella.

Por su parte, Rick aún estaba impactado por todo lo que había dicho. ¿Realmente había dicho todo eso? La verdad es que sorprendió de sus propias palabras y de lo sinceras que sonaron. El solo quería disculparse con Kim, para no perder la amistad que habían cultivado el último tiempo a base de malos entendidos y golpes. Era una verdadera locura, bien visto todo por lo que habían pasado, pero en verdad se lo había pasado bien con ella. No quería perder ese lazo, esa conexión. Además, debía admitir que en el fondo, lo lastimaba el saber que ella estaba enojada con él. El sentir eso era algo realmente nuevo para Rick, y razonó que fue ese sentimiento el que hizo decir todas esas palabras, que en honor a la verdad, era lo que realmente sentía. Se estremeció al analizar eso, ya que las implicaciones de todo esto podían ser muy grandes.

-- No sé qué decir, Rick. Estoy muy molesta por todo lo que pasó... y muy decepcionada de ti. No sabía que eras ese tipo de persona -– dijo finalmente Kim, sacando a Rick de su tren de pensamientos.

-- ¿Qué tipo de persona? –- preguntó Rick, dando un paso hacia Kim.

-- Un mujeriego.

-- No soy un mujeriego... bueno, talvez un poco.

Kim estrechó la mirada ante esa respuesta y se dio la vuelta, decidida a dejar las cosas así por el momento. Necesitaba meditar sobre todo lo que había escuchado. Pero Rick no estaba por dejarla ir. Aún tenía cosas que decir.

-- ¿Recuerdas que la pelirroja estaba enojada conmigo esa noche? –- preguntó Rick.

-- ¿A qué viene eso ahora? –- lo cuestionó Kim volteando para verlo, molesta de solo recordar a esa mujer libertina y por hecho de que Rick sacara precisamente ese tema a colación.

-- ¿Lo recuerdas, si o no?

-- Si. Lo recuerdo -– afirmó Kim, más molesta a cada segundo.

-- ¿Recuerdas por qué estaba molesta?

Kim se sonrojo. Claro que lo recordada. La pelirroja estaba molesta porque según ella, Rick se había largado justo antes de hacerlo y la había dejado con las ganas.

-- Por la expresión de tu cara veo que lo recuerdas. Ella estaba molesta porque la deje justo antes de hacerlo.

-- No tengo porque escuchar esto –- dijo Kim, dando la media vuelta dispuesta a irse de ahí. No sabía a donde quería llegar Rick con todo eso, pero no estaba dispuesta a escucharlo.

-- No pude hacerlo -– dijo Rick, viendo como Kim comenzaba a caminar alejándose de él, entonces se armó de valor y lo dijo -– No pude hacerlo porque estaba pensando en ti.

Kim se detuvo en el acto al escuchar esas palabras mientras un escalofrío le recorría la espalda. ¿Acaso él...? Por su parte, Rick se armó de valor y continuó con lo que tenía que decir.

-- Todo el tiempo que estuve con ella, por alguna razón solo podía pensar en ti. Por eso no pude hacerlo. Por eso me fui y la dejé ahí en medio del jacuzzi.

Kim se volteó lentamente para observar al hombre detrás de ella, rogando para que él no estuviera jugando con ella, para que sus palabras fueran sinceras. Al verlo a la cara, se percató del sonrojo de sus mejillas y de lo incómodo que se veía por haber dicho algo tan comprometedor. Ella conocía ese rostro. Era el rostro del Rick Hunter que ella había aprendido a conocer desde su accidentado encuentro en el callejón.

-- ¿También pensabas en mi, cuando te quedaste abrazando a Minmei hace dos días? –- preguntó Kim, cautelosa.

-- ¿Minmei? ¿De qué hablas? Tú sabes que entre ella y yo hay nada.

-- Pues no era la impresión que daban el otro día.

-- Por favor. Ya te conté como son las cosas con ella. Me busca siempre que necesita un hombro donde llorar o necesita alguien que la escuche, pero nada más. Ya abrí los ojos. No voy a volver a caer en su juego. Ya no soy su juguete.

-- La otra noche en el restaurante... ustedes...

-- Después de que Lisa y tú se fueron, me la saqué de encima y me fui. No pasó nada.

Kim sintió un profundo alivio al escuchar esas palabras. No había pasado nada con la señorita Macross, ni pasaría en el futuro. Pero Rick había tocado otro punto importante... Lisa Hayes.

-- ¿Por qué me dices todo esto, Rick? –- preguntó Kim, mirando esperanzada al joven piloto.

-- ¿Por qué? Bien... yo... sé que no puedo cambiar lo que hice en el pasado, pero de alguna manera, siento que las cosas ya no serán como antes. Ya no puedo volver a la vida que llevaba... y tampoco quiero perder... perder lo que tenemos –- respondió Rick, sonrojado otra vez, o al menos eso creía él, ya que las mejillas le ardían.

-- ¿Tenemos algo? -– preguntó Kim, dando un paso adelante.

-- Bien... la verdad... creo que si... además me debes una cita –- respondió Rick, un tanto apurado.

Kim no pudo evitar esbozar una pequeña sonrisa. Nunca había visto a Rick tan nervioso, y esa era una muy buena señal. Rick se lo estaba poniendo en bandeja. Solo faltaba una cosa por aclarar, desgraciadamente la "cosa" que había que aclarar hizo acto de presencia por medio del sistema de altavoces de la nave.

"Atención todos los pilotos Veritech: Alerta roja. Alerta roja. Esto no es un simulacro, repito, esto no es un simulacro. Repórtense de inmediato en sus puestos de combate..."

-- Oh, genial. Lo que faltaba –- se quejó Rick, dando media vuelta para dirigirse al Prometheus, pero fue detenido por una manos que lo sujetaban de un brazo.

Kim estaba parada junto a él, con la cabeza gacha sujetándolo fuertemente de un brazo. Rick había dicho muchas cosas en los últimos minutos, cosas que la habían hecho tomar una decisión.

-- Respecto a la cita de la hablaste... hay un restaurante al que me gustaría ir -– dijo Kim, levantando la cabeza para ver a Rick a los ojos. Este al ver la expresión de su rostro, supo que las cosas habían resultado bien para él. Intentó decir algo, pero la voz de Lisa resonó otra vez por el sistema de altavoces.

"Atención todos los pilotos Veritech: Alerta roja. Alerta roja. Esto no es un simulacro, repito, esto no es un simulacro. Repórtense de inmediato en sus puestos de combate..."

-- Vete de una vez. Y ten cuidado allá afuera -– dijo Kim, soltando el brazo de Rick.

El líder de los Skull asintió con una afirmación de cabeza y salió disparado a todo lo que daban sus piernas rumbo al Prometheus. Por su parte, Kim se encaminó al puente con la certeza de que las cosas entre ella y Rick serían muy distintas de ahora en adelante.


Rick se dirigía aceleradamente rumbo al Prometheus, y pese a la alerta de combate, no podía dejar de sentirse feliz de haber arreglado las cosas con las dos mujeres que ocupaban su atención. Es cierto que de un tiempo a esta parte su mente había estado ocupada por una sola persona: Kim Young. Desde su accidentado encuentro en el callejón que no se podía quitar a Kim de la cabeza, por uno u otro motivo. Tal vez fuera el hecho de que habían coincidido mucho últimamente, además se lo pasaba muy bien con ella. Pero por otro lado estaba su tormento personal: Lisa Hayes. Esa mujer era una verdadera piedra en el zapato. Siempre lo estaba reprendiendo por cualquier cosa y parecía vivir para criticarlo, pero no podía negar que era muy divertido fastidiarla, además, en honor a la verdad, también se lo pasaba bien con ella.

Las dos eran buenas mujeres, y no quería estar peleado con ninguna de ellas, por eso estaba tan feliz de haber arreglado las cosas, aunque quedaban cosas dando vueltas en su cabeza. Las cosas que le había dicho a Lisa fueron muy personales. Había ido a dar una disculpa y terminó abriéndole un poco su corazón y dándole la libertad de entrometerse en sus cosas si ella quería. ¿Por qué?

Por otro lado esta Kim. También fue a darle una disculpa y al igual que con Lisa, terminó abriéndole su corazón, y lo que es mas, diciéndole que no quería perderla, no quería perder esa amistad que habían construido a base de golpes y malos entendidos. ¿Qué le estaba pasando? ¿Qué pasaba por su cabeza para ponerse en esa posición ante esas dos mujeres? Una cosa si la tenía clara. Las cosas iban a cambiar. Con eso en mente, el líder de los Skull se adentró en el Prometheus a alistarse para la batalla.

Continuará.................


Notas del Autor: Finalmente pude subir este capítulo que debía estar publicado hace una semana. La culpa de la demora la tuvo un terremoto de 8,8° que golpeo a Chile, mi país, y a mi en especialmente, ya que vivo en la 8° región del país, una de las zonas que recibió el impacto más fuerte de este terremoto y posterior tsunami, que arrasó y destruyó varias ciudades costeras.

Personalmente no tengo ninguna desgracia que lamentar. Toda mi familia esta bien y sin contratiempos y no tuvimos grandes perdidas materiales, solo platos, vasos, televisores, microondas y cosas así. En lo personal acabo de comprar un departamento y gracias a Dios no tuvo ningún tipo de daño, ni siquiera una fisura, por lo que estoy muy contento con mi nueva adquisición.

Igual esto nos dejó golpeados, sin agua, luz, gas y saqueos de gente inconsciente que se aprovecha de estas situaciones. Fueron varias las noches que pasé en vela junto a mis vecinos haciendo fogatas y barricadas para defender nuestros hogares de esos vándalos, armados con palos, fierros, hachas, cuchillos y una que otra arma de fuego. Fue como el viejo oeste, pero por fortuna las cosas se calmaron con la llegada de los militares y los toques de queda, que aún continúan.

Ahora, finalmente las cosas se están normalizando, hoy por fin llegó el agua y pude darme el primer baño decente desde el 27 de Febrero, día del terremoto. Hoy comencé a trabajar mas menos con normalidad, y la ciudad comienza a reactivarse, pero falta mucho aún. No será fácil pero nos estamos poniendo de pie. Por mi parte, hoy que por fin pude conectarme y subo este nuevo capítulo y dentro de la próxima semana subo el n° 15, al que solo le falta la última corrección.

Saludos a todos, desde la tierra de los terremotos, tsunamis y replicas varias.

Prelectores: Seferino Rengel y Fantastic-Man.