MUERTE
…transformación, renovación, limpieza…
Afrodita corrió de inmediato hasta donde estaba el cuerpo tendido de Albretch, tocó su rostro pero este ya estaba empezando a enfriarse, tomó su pulso y se dio cuenta que ya no respiraba, estaba muerto, muerto tendido ahí, la sangre aún escurría de la herida detrás de su cabeza tiñendo sus rubios cabellos de carmesí.
-¡Está muerto! ¡Está muerto! ¡Lo has matado!.- Sus lágrimas escurrían surcando el delicado rostro y caían libremente sobre el cuerpo del caballero de Tauro.
Máscara Mortal se acercó a él y observó que en verdad Albretch estaba muerto, su ira se convirtió en un miedo atroz y en una culpabilidad que no sabía que hacer con ella.
-Yo… no quería matarlo… estaba enojado… fue un accidente…- Alcanzó a balbucear mientras observaba a Afrodita.
-Jajajaja que estupidez… que estupidez… lo mataste, y no murió por tus golpes… murió por que se golpeo en la cabeza… que estupidez…- La risa macabra del joven guerrero, se levantó y tomó a Máscara Mortal por el cuello arrojándolo lejos, se acercó de nueva cuenta hasta donde estaba tendido y puso un pie sobre su garganta.
-Asesino… ¡Eres un maldito asesino! ¡Has matado al único al que yo amaba! ¡Todo por tus malditos celos!.-
-Yo… fue un accidente… fue por ti… fue un accidente…- Apenas si podía hablar la presión en su garganta lo dejaba sin poder hablar.
-Y una mierda, maldito asesino, ¡TE ODIO! Te detesto, jamás he odiado a nadie como ahora te odio a ti, jamás quiero volver a verte, no quiero saber de ti, no quiero que me dirijas siquiera la palabra, eres una basura que no vale nada, eres un asesino…- Los ojos azules de Afrodita estaban llenos de odio y miraba con asco al caballero de Cáncer. –Debería matarte como tu lo has matado a él, pero sería tan miserable como tú… lárgate, vete de aquí y del santuario… maldito sea el día en que entraste en mi vida.- Escupió en el rostro asustado de Máscara Mortal, para entonces al escuchar aquellas acusaciones su corazón se había vuelto negro y el odio corría ya por sus venas, se levantó limpiándose la saliva que estaba en su mejilla y se le quedó mirando.
-¿Qué vas a hacer?.-
-Podría acusarte ahora mismo con el Patriarca y te echaría de la orden de inmediato, pero eso no me devolverá a Albretch, si eso es lo que te preocupa estáte tranquilo, no lo haré, enterraré su cuerpo.- Levanto entre sus brazos el cuerpo frío e inerte del caballero que yacía a sus pies, lo abrazó contra sí y le dio un suave beso en la frente.
-¿Y Aldebarán?.-
-Escribirás una carta de Albretch donde le explicarás que ha huido con alguien del pueblo, que no volverá, será suficiente para que el Patriarca y los demás lo crean, es lo mínimo que puedes hacer, ahora lárgate para siempre.-
Paso a su lado sin mirarle llevándose el cuerpo de aquel a quien tanto había amado, para enterrarlo en algún lugar secreto donde yacería para siempre. Cáncer se alejó del lugar odiándose por haber hecho algo semejante y odiando a Afrodita por haber jugado con él, si él no lo hubiese hecho nada de eso hubiera sucedido.
Jamás debía enamorarme, que tontería, jamás debí entregarme sin reparo… de ahora en adelante nunca más amaré, los trataré como la basura que son todos. Su corazón se había ennegrecido y sentía como si su alma ya le hubiese abandonado para siempre, el caballero dorado de Cáncer llevaba la maldad creciente dentro de él, donde antes hubo corazón.
Una noche cuando Milo al fin había recuperado la lozanía de su piel y el tatuaje había cicatrizado dejando de torturarle con la terrible comezón unos golpecillos le despertaron.
-Ey Milo… Milo despierta… ¿estás ahí?.- Había tocado suavemente con los nudillos a su ventana esperando que su compañero escuchara más no su maestro.
Milo se levanto sigiloso creyendo haber escuchado una voz, cuando volvió a escuchar su nombre se asomó a la ventana y vio a Aioria afuera, abrió ligeramente.
-¿Qué haces aquí Aioria?.-
-Vámonos.-
-¿Adónde?.- Interrogo interesado.
-Al puerto.-
-¿Al puerto? Estás loco una cosa es andar de parranda en las cercanías del Santuario y otra ir tan lejos.-
-Déjame pasar hace frío…- El joven escorpión abrió la ventana lo suficiente para dejarlo entrar.
-Vamos al Pireo a una taberna que conozco, ¿No quieres ir? Creí que eras intrépido.- Dijo el león para provocarlo.
-Shhh… si lo soy pero…-
-¿Recuerdas el camino donde te encontré? Ese camino nos mantendrá ocultos hasta llegar al pueblo, es mucho más corto que el camino que tu tomaste para llegar al Santuario y está oculto, nadie lo usa ya.-
Milo excitado ante su primer aventura en el pueblo se apresuro a vestirse y minutos después ya se encontraban tomando el camino que llevaba al puerto donde había llegado de las Isla de Melos.
-Aioria… ¿Puedo contarte algo y prometes no enfadarte?.- No quería que su único amigo hasta ahora le volviera a retirar el saludo.
-¿De que se trata? Di lo que quieras pero camina más aprisa que a este paso no llegaremos.-
-Una tarde fuiste al manantial que está en el Santuario…-
-Voy frecuentemente ¿Y eso que?.-
-Tú no nos viste, estabamos ocultos tras la cascada.-
Aioria se detuvo y lo observó serio le parecía sospechoso el tanteo de Milo.
-¿Nos? ¿Con quien estabas ahí? Yo solo le he dicho a una persona de ese lugar y no fue a ti... -
-Con Camus… -
-¿Con Camus? Jajaja no me lo creo ¿Enserio? ¿Y que tal?.-
-No seas tonto, no paso nada, fue una coincidencia, encontré el lugar y luego el llegó, estabamos nadando…- Mejor dicho lo estaba tratando de seducir.
-Bueno ¿Y a todo esto que tengo que ver yo?.-
Habían llegado ya al puerto y se encontraban caminando por las casi vacías calles, solo unas cuantas personas andaban caminando, algunas parejas y aquellos que buscaban diversión.
-¿Qué es ese lugar?.-
-Jajaja ¿No sabes que es?.-
-No…-
-Observa por encima de la entrada, ese es el símbolo fálico de Príapo, lo que significa que es un burdel, buena idea vamos ahí bueno y a final de cuentas no me dijiste a que venía la plática de tus escarceos amorosos con Camus.-
-No, nada, era una tontería.- Quiso preguntarle por que había suspirado y pronunciado el nombre de su hermano, pero penso que tal vez si Aioria no le había querido contar nada era por que aquello sería lago muy privado.
Y aquella fue la primera de muchas veces que ambos se escaparon juntos para irse de juerga, en poco tiempo ambos conocían la mayor parte de las tabernas y burdeles del puerto, a menudo competían por ver quien era el primero en conseguir compañía, algunas veces ganaba Milo otras Aioria hasta que hartos de licor y de sexo se marchaban entrada la madrugada.
-¿Eneo? ¿Por una maldita vez en tu vida me vas a decir que te sucede?.- Preguntó completamente fuera de sí Quiron a su amante sujetando aún su mano, apretándola hasta casi trozar los delicados huesos de esas manos que lo habían acariciado tantas veces.
-¿Qué me sucede de que? No entiendo a que te refieres y me estás lastimando.- Se quejó Eneo tratando de retirar su mano de aquel cruel apretón.
-Pareces distante, todas la palabras que en tus cartas repetías una y otra vez desde que llegué al Santuario jamás te las he oído pronunciar salvo algunas veces mientras hacemos el amor.-
-Yo… es que…-
-¿Acaso te da pena?.-
-No no es eso…-
-¿O más bien te gustaba escribir una sarta de mentiras para mantenerme interesado en ti?.- Eneo observó con sus cándidos ojos azules los ojos dorados de Quiron, parecía que echaba fuego, en verdad era un hombre atractivo, varonil y aquel mal genio se compensaba en la cama en dónde se convertía en un fiero amante.
-No Quiron, sabes que te decía las cosas tal y como las sentía.-
-¿Sentías? Entonces debo suponer que ya no las sientes.-
-¿Tenemos que pelear?.-
-¿Por qué ya no me amas?.- Preguntó casi en una súplica, Eneo no imaginaba lo mucho que sufría su amante ante sus constantes cambios de humor, ¿Lo quería? Si, si lo quería, ¿Lo amaba? Eso… empezaba a dudarlo… a Eneo le gustaba conquistar, le gustaba sentirse deseado y más de una vez mitigaba sus ansias con otras y otros y retornaba al sosiego, le costaba trabajo decirle a Quiron que no le gustaba la fidelidad a la que el caballero de Escorpión se sometía y le dedicaba gustoso.
-Aioria… tengo que irme…-
-¿Qué? ¿De que hablas Milo? Aún es temprano… - Contestó Aioria en cuyas piernas se encontraba una chica que hacía unos minutos les atendía llevándoles las cervezas.
-Tengo que hacer algo… tengo que hablar con él.- Estaba decidido esa noche se jugaría todo, si Camus creía que Milo únicamente quería seducirlo, estaba equivocado, en un principio era así, pero al darse cuenta de que él no accedería empezó a tomarle más y más cariño y comenzó a mirarlo con más respeto, y eso era justo lo que tenía que decirle.
-¿Con Camus? Ay Milo… tendrás que hacer más que simplemente tratar de seducirlo, Camus no va a ceder tan fácil.-
-Ya lo sé, por eso tengo que decirle ahora mismo que voy a ganármelo a la buena.- Aioria suspiró resignado y le sonrió.
-Bien, adelántate, me quedaré otro rato, suerte amigo…-
-Aioria… gracias…- Se acercó a él e intempestivamente le dio un beso en los labios para salir corriendo, el león se quedó boquiabierto y no supo si reír o enfadarse.
A toda prisa se dirigía al Santuario, corría con todas sus fuerzas y como una ráfaga, tendría que saber toda la verdad de una buena vez aquel francés que tantos dolores de cabeza le daba y sin imaginarlo siquiera Camus se encontraba despierto sin poder conciliar el sueño, sintiendo el envenenado beso de Milo aún calentar sus labios, además quien podría dormir con semejantes gritos afuera, como siempre su maestro y el de Milo se encontraban discutiendo.
-Camus…- Una voz conocida le hizo quedarse quieto. Camus tranquilo, ya estás empezando a alucinar la voz de Milo Se dijo a sí mismo. –Camus… soy yo, Milo… estoy aquí afuera…- Sin pensarlo dos veces el aprendiz de Acuario se asomó a la ventana y lo vio ahí, colorado y tratando de recuperar la respiración, abrió la ventana.
-¡Milo! ¿Qué haces aquí? Eneo y Quiron están…-
-Si ya los vi, déjame entrar por favor, tengo que decirte algo…-
-Si es otra de tus tretas olvídalo…-
-No, no, de verdad es algo serio, por favor…- Camus dubitativo finalmente accedió y lo dejó pasar.
-Camus tu piensas que yo solo quiero…-
-¿Seducirme? Si, si lo pienso.-
-No Camus yo quiero…- Los gritos afuera se hicieron más avasalladores y unos pasos se dirigían a toda velocidad hacía donde ellos estaban.
-¡Se que está aquí! Lo he oído, donde Milo esté aquí con tu alumno… no puedo creer que no cuides mejor a tu pupilo Eneo… - Quiron caminaba a toda prisa para sorprender a Milo seguido de Eneo.
-¡Cálmate Quiron! Estás confundido aquí no está Milo, debe estar durmiendo en tu templo.- Quiron abrió de golpe la puerta del aposento de Camus, entrando como un huracán que arrasa todo a su paso, Camus estaba tendido en la cama e inmediatamente se puso de pie.
-¿Dónde está?.-
-¿Quién?.-
-Milo… lo he escuchado, si está aquí los someteré a los dos a un buen castigo…-
-¿Milo? No está aquí…- Quiron frenéticamente buscaba por la habitación pero al no encontrarlo salió furioso de igual manera dando un fuerte portazo, cuando se alejó lo suficiente Milo salió del viejo baúl que estaba a los pies de la cama de Camus.
-Gracias Camus… yo quería decirte que…-
-Traes unos cabellos rubios en la ropa, hueles a alcohol y a una loción barata de mujer, ahora márchate….-
Milo con cara de pocos amigos se marchó, pasando por su lado se dirigió a la ventana.
-Serás mío Camus… tarde o temprano…-
-Buenas noches Milo.-
