Disclaimer: Los personajes pertenecen a Stephenie Meyer, la trama es mía.

Capítulo XIV

"Cobranza"

A cobrar mi favor.

Con esa simple frase, las palabras dichas por Tanya volaron a mi mente con rapidez asombrosa.

No pude evitar el nudo de temor que se formó en mi garganta, ni tampoco que mis ojos se abrieran por la sorpresa.

— ¿Q-qué? —maldición, yo nunca tartamudeo.

— Lo que oíste, vengo a cobrar mi favor. — Parecía regocijarse en mi estado, pues sonreía y tenía aquella mirada nuevamente.

Él no iba a pedirme que le quitara la virginidad, ¿verdad? Joder, ¡Qué clase de mierda estoy pensando!

— Masen, hay límites para los favores y…— advertí, retrocediendo involuntariamente cuando se aproximó.

— ¿Y qué? — Choqué con el mueble y me concentré en no balbucear. Me hallaba incómodamente nerviosa y me maldije por eso.

— ¿Qué favor vas a pedirme? — No sería tan arrastrado de pedirme aquello, era algo lógico. Maldita Tanya y sus desgraciadas ideas que ensucian mis pensamientos.

Se acercó tanto que sus dedos rozaron mis brazos.

— Párate ahí. Si vas a pedirme algo, pídelo de una vez y márchate pronto.

— Tranquila Swan— me enseñó sus dientes y lo miré mal. Por favor, no te comportes como una tonta, deja de avergonzarte, me recriminé con enfado.

— Ya te he dicho. — espeté, cruzándome de brazos. Evitando de ese modo el sostenerme del aparador, porque carajo, mi corazón parecía cualquier cosa. Latía demasiado rápido como para ser cómodo o normal.

Él retrocedió repentinamente y me dio la espalda.

— Necesito que finjas ser mi novia por este fin de semana largo— espetó sin más. Mi boca se desencajó por su cruda sinceridad— y como tal hay asuntos que los novios hacen, ya sabes— me dio una mirada de pies a cabeza antes de voltearse completamente.

— Estás demente si crees que haré esto— anuncié alzando la ceja.

— Es un favor y no pusiste un límite en ellos— se encogió de hombros, metiéndose las manos en los bolsillos.

Maldita sea, maldita sea. Trataba de pensar en algo rápido y que solucionara toda esta situación, pero ciertamente, mi inteligencia no estaba en su pleno apogeo cuando le ofrecí aquello. ¿Por qué lo hice? No lograba recordar ninguna razón lo suficientemente buena.

— Escucha…

—…Ya te dije una vez que no me interesa tocarte, y eso es completamente cierto. Después de tu estúpida broma ¿crees que me quedan ganas de estar cerca de ti? — su expresión era inescrutable y parecía decir la verdad.

— Entonces no entiendo por qué me pides esto. Está más que claro que no nos entendemos.

— El día en la clínica. Mi padre te vio y creyó que eras mi novia, se lo dijo a mi abuela y ahora quiere conocerte. Créeme que esto es lo último que hubiese querido, pero no tengo otra opción. — lo miré con sarcasmo.

— Eh, quizá decirle la verdad— apunté.

— Si se lo digo, seguirá insistiendo y… ella no es alguien a quien puedas decirle que no. — espetó serio.

— Pues creo que yo seré su primer no— ni siquiera conocía a su abuela y ya me caía mal. Seguro era una caprichosa.

El soltó un par de risas sin humor.

— No, definitivamente tú no serás su no. Irás, Swan. Irás por las buenas o por las malas, pero de qué vas, vas. —vale, mi escaso buen humor se desvaneció.

— ¿Y qué piensas hacer? ¿Drogarme y llevarme contra mi voluntad? Y cambia el tono, a mí no me das órdenes. Recuerda que yo también conozco un secreto tuyo.

— Y a la mierda con ese jodido secreto, a mí no van a expulsarme por no acostarme con una chica— se acercó furioso. —y ya deja de jugar, esto es en serio.

— Pues al menos podrías decir por favor— crucé lo brazos, poniendo una falsa sonrisa en mis labios. Lo cierto es que fue un duro golpe a mi orgullo reconocer que llevaba la razón.

—Estás llevando al límite mi paciencia, Swan. Ya te has pasado de la raya y tengo unas ganas de…— se calló abruptamente, viéndome directo a los ojos. Parecía al borde de un colapso. — Tú me ofreciste un favor. ¿O es que no eres de las que cumple con su palabra? — tentó y él sabía, él incluso podría oler que había triunfado y eso dolía más que una paliza.

— Yo cumplo con mi palabra. Siempre. — lo miré intensamente a los ojos.

— En ese caso, pasaré por ti el miércoles a eso de las diez de la mañana. — sonrió y le odié.

Me quedé en silencio, mordiéndome la lengua para no decirle que rechazaba su estúpido juego, pero, como era una completa tonta, me enredé solita en esto y del mismo modo tendría que salir.

Él ni siquiera había terminado de decirme la hora y ya estaba pensando en lo feliz que sería de no deberle algo.

— Y, oh, Swan. — Llamó mi atención— estás consciente de que tendremos que hacer de cuenta que nos gustamos ¿no? ¿Y sabes cómo se demuestra eso? — no sabía exactamente a dónde quería llegar, pero no sonaba para nada bien. Y me lo pareció menos cuando se aproximó.

— Habla claro Masen, quiero seguir durmiendo— espeté con enfado.

— Podría darte una breve clase de cómo se demuestra que una persona te gusta— sonrió de una forma que erizó mis vellos.

— Ve al jodido punto— presioné y me obligué a tranquilizar. ¿Desde cuándo me temblaban las manos?

— Haces que todo parezca tan aburrido. — suspiró— pero bueno, me refiero a las muestras de afecto, ya sabes, tomarse la mano, abrazarse…besarse— y al decirlo su mirada bajó hasta mi boca y ¡demonios! La mía también y una mierda, sus labios no eran para nada feos. Estaba tan confundida que solo quería que se marchara pronto para poderme analizar y controlar.

Y entonces me dio la espalda y una extraña furia me consumió. A grandes zancadas me puse a su frente.

— Estamos hablando y es de mala educación hacer esto. — espeté con las manos en mi cadera.

El tensó la mandíbula cuando me miró, para luego dirigirla hacia otro lado.

— ¿Acordemos de una vez los jodidos puntos? — crucé los brazos y me negué a hablarle. —maldita sea Swan, estoy harto de esto y simplemente quiero terminarlo ya.

— Entonces dame mi brazalete.

— No. — su respuesta fue automática y eso me sorprendió.

— ¿Por qué? Tú has dicho que estás harto de esta situación, ¿para qué seguir prolongándolo? — y de pronto se me ocurrió una buenísima idea. — si me devuelves el brazalete, seré tu novia falsa perfecta, nadie notará que en realidad te odio. Te doy mi palabra de que así será, siempre y cuando cumplas con tu parte. — lo observé detenidamente y contemplé cómo sus rasgos se endurecían al contenerse de decir no de una sola vez y a cambio meditar mi genial plan.

Tardó unos minutos, en los cuales nunca dejó mis ojos.

— Ser novia falsa perfecta requiere todo lo que te he dicho antes— señaló alzando un dedo en forma de advertencia.

— Sí, sí, besos, abrazos y bla blá— le resté importancia, sintiendo entre mis dedos mi tan ansiada libertad. El resto de las cosas pasaban a un segundo plano.

— Exigiré ese bla blá, Swan— no supe cómo descifrar la mirada que me dirigió, pero de que ocultaba algo, ocultaba algo.

—Como sea. ¿Es un trato entonces?

— Sí, te devolveré el brazalete luego de este fin de semana largo, ni antes ni después— resoplé un poco, pero terminé por asentir. Aunque lo lamentara, no podía arriesgarme a perder este acuerdo.

Y justo cuando alargaba la mano para sellar mi noviazgo falso, recordé algo de vital importancia.

— Habrá un límite de besos y no tendremos sexo— advertí de inmediato y él se echó a reír.

— ¿Límite de besos? ¿Sexo? ¡Por favor Swan! — Rió un poco más— no me tientas en lo más mínimo, pareces más un hombre que una chica— se burló y mantuve la boca bien cerrada, no porque no supiera que decir, sino que porque al abrirla lo mordería tan brutalmente que mancharía mi cama con sus mugrosa sangre.

— Son cinco días, por lo tanto solo cuatro besos. — determiné, ignorando su repentino ataque de risa. Eso consiguió callarlo.

— ¿Cuatro? Si acabas de decir que son cinco días. — refutó con el ceño fruncido y fue mi turno de sonreír burlonamente.

— Con esa cantidad bastará y sobrará, porque sabes qué, tampoco me interesa tocarte ni besarte ni siquiera mirarte me gusta, así que no hay necesidad de roces incómodos y discúlpame la sinceridad, y asquerosos— terminé enseñando mis dientes en una sonrisa completa cuando me fulminó con los ojos.

— Entonces está hecho, Bello— fruncí el ceño.

— ¿Bello?

— Sip, ya te dije que pareces más un chico y ese nombre te va perfecto.

— Suenas tan gay diciendo eso— suspiré cuando lo que en verdad quería hacer era escupirle en el maldito ojo.

De repente, su brazo se enredó entorno a mi cintura y me acercó demasiado a él. Aturdida, solo atiné a colocar mis manos en su pecho.

—No vuelvas a decir eso nunca. — me miró con enfado y tan pasmada estaba que solo fui capaz de seguir viéndolo.

— Suéltame—pedí tranquilamente.

— Promételo— me sacudió ligeramente y fruncí el ceño.

— No me zamarrees— le di un golpe en el hombro, pero pareció no notarlo.

— Promételo Swan o no tendré reparos en demostrarte lo gay que puedo llegar a ser— sabía a lo que se refería y con los antecedentes de su nueva fuerza, fuerza desconocida hasta este momento por mí, podía darme cuenta que él era capaz de forzarme a cualquier cosa, no sin que antes se llevara un par de golpes, claro.

— Vale, te lo prometo. — musité esperando que me soltara. Vamos, soy una chica lista.

— Puedo oler el miedo en ti— sonrió burlón.

— No tengo miedo. —mi voz fue hielo, o lo era hasta que aproximó su cara a la mía.

— ¿Ah, no? — su aliento llegó directo a mis mejillas que repentinamente se llenaron de sangre. ¡No! ¡Yo no me ruborizo!

—Claro que no y ya suéltame, lárgate de una maldita vez— lo empujé con enojo.

No estaba preparada para que acercara tanto su boca a la mía. Por lo que automáticamente la cerré y contemplé sus ojos brillantes y bastante divertidos. Le odié y me odié porque esto me confundía. No debería existir tal cosa en mi interior, no después de todo lo que me había hecho.

— Creo que esto será entretenido— y por fin me soltó del todo. En el último momento alcancé a estabilizarme antes de trastabillar. ¡Qué vergüenza sentía de mí misma en este instante!

Se dirigió rápidamente a la ventana y me sonrió desde allí.

— Nos vemos, Bello— y soltando una breve carcajada se precipitó hacia afuera.

—Malnacido perro infeliz— empuñé las manos con impotencia y rabia.

Nuevamente me veía envuelta por sus trucos sucios, sin escapatoria ni nada parecido. Y no era lo suficientemente ingenua como para creer que me trataría bien estos días, aprovecharía cada oportunidad para hacerme sentir miserable.

Suspiré relajando mis músculos.

No me quedaba más que resignarme y fortalecer mi coraza, aunque… había algo con lo que yo no contaba.

El extraño efecto que ejercía sobre mí este lado tan diferente de Masen. Siempre lo vi como el debilucho hijo de papá, pero… nunca tan peligroso como ahora.

Me mordí el labio inferior al pensar en lo cerca que estuvo de mí, es más, incluso podía sentir un ligero hormigueo en los lugares que me había tocado.

Al comprender el rumbo de mis pensamientos sacudí la cabeza y gemí en silencio, esto no podía estar pasándome. Seguro que todo era culpa de los comentarios mal intencionados de las chicas, sí, eso tenía que ser.

Por lo que un poco más tranquila, volví a la cama y me obligué a dejar de pensar.

Después de todo, necesitaba descansar y eso ni Masen lo iba a impedir.

-o-

— ¿¡Qué!? — rodé los ojos un poco fastidiada.

— Sí, lo que oyeron. — hundí los hombros abatida. Por la noche no había reparado en la terrible situación en la que me había metido. Podía soportar las burlas de Masen y su grupo en la escuela porque las chicas estaban conmigo, pero ahora, sería la familia completa de él contra mí, y esta vez estaría totalmente sola.

— Pero cómo fuiste tan idiota— me regañó Tanya.

— ¿Crees que esperaba esto? — Le dije de vuelta. — Y ya deja de gritarme, estamos en la cafetería.

— Eres una burra, por Dios, ¿por qué le ofreciste un favor? — Interrogó esta vez Áng.

— Porque no quería deberle nada— solté con simpleza.

— Pero bueno, ya lo hizo— espetó Jess, acallándolas. — ahora debemos apoyarla y ver cómo ayudarla. — a regañadientes luego de mirarme mal, asintieron.

— Podemos ir con ella de algún modo, seguirla en mi coche— apuntó Vicky.

Continuaron planeando, hasta que las hice callar.

— Chicas, he hecho un trato con él. — Me observaron recelosas— por favor, solo me equivoqué una vez—asintieron con los brazos cruzados y preferí dejarlo estar—le dije que podría fingir ser la novia perfecta—iban a golpearme, lo sé. Así que levanté la mano para que esperaran— y a cambio me devolverá el brazalete.

— ¿Eres tonta?

— No, definitivamente algún alíen tomó su cerebro.

— Perdió el juicio.

— Podría tener algún problema mental— comentaron y me enfadé.

— Ustedes, grupo de perras, se callan y me dejan de insultar— lo hicieron, menos mal— sé que lo cumplirá porque ahora yo también sé uno de sus secretos. Y de algún modo me las arreglaría para que todo mundo lo supiera y me creyera, así que dejen esto en mis manos. Nadie va a seguirme—miré a Victoria— y nadie va a matarlo— esta vez observé a Ángela. —y tampoco van a interferir. Sé que todo saldrá bien. Ya le dejé las cosas bien claras y no hay razón para que se confunda. Y ah, sí. Él me odia y no hay duda de eso, le dan exactamente las mismas ganas que a mí de tocarlo— sonreí al desmentir las cosas asquerosas que Tanya estuvo diciendo.

— No puedes negar que Isabel se te parece— se encogió de hombros.

— Pero fue Emmett quien la llevó a su cuarto— expliqué y me miraron confundidas.

— Espera, ¿qué? ¿Cómo sabes eso?

— ¿Cuál es el secreto?

— Hey, se cuenta el milagro, pero no el Santo— sonreí sobradamente.

— Vale, si no quieres decírnoslo está bien. — se amurró Ángela.

— Lo siento chicas, pero esto es entre Masen y yo, aunque si él no cumple con su palabra, serán las primeras en saber su secreto. Lo prometo— se encogieron de hombros.

— Bueno, si tú lo dices.

— Ay, por favor, no se enfaden. — pedí algo fastidiada, soltando un resoplido.

Comieron en silencio por algunos minutos.

— No estamos enfadadas, tienes razón. Es entre tú y Masen y nosotras únicamente nos divertimos gastándole bromas. Sé que tendrás todo bajo control y te saldrá muy bien— sonrió Victoria, y las demás la secundaron.

— Son geniales, perras— les di un abrazo grupal a lo que rieron.

Sin embargo, por más confianza que me dieron las chicas, no pude evitar el nudo de nervios en el que mi estómago se convirtió el miércoles a la hora acordada.

Para entretenerme en algo, repasé mentalmente si llevaba todo lo necesario. Dinero, documentos, ropa, celular, cargador, artículos de aseo… nop, no se me olvidaba nada y eso me puso de los nervios, pues no tenía nada con qué distraerme.

— Pareces una verdadera novia toda nerviosa— rió Ángela cuando se sentó junto a mí en el sofá, aún llevaba su pijama y una taza humeante en la mano.

— No es gracioso. Creo que estoy a punto de echar a correr y renunciar al acuerdo— confesé y dejé de morderme el labio.

— Ah, vamos Bella. No puede ser tan malo y si lo es, solo noquéalo y listo— se encogió de hombros y sonreí.

— Seguiré tu consejo.

— No, mejor no lo hagas. — negó, seria.

— ¿Por qué?

— Estás a un paso de conseguir lo que quieres, no lo eches a perder por un impulso estúpido— bajó la mirada y sentí como su siempre exacerbada energía disminuía.

— Angie, tú no quieres hablarle… si lo hicieras estoy segura que te darías cuenta de que te quiere y te extraña— acaricié sus mechas rojas.

— No es cierto, Bella, le pegué y eso no se hace. Pero es que él ¡ash! Él me sacaba de quicio— apretó los dientes— pero lo quería mucho— se relajó con un suspiro triste.

— Aún le quieres y él te quiere. — Le sonreí— ustedes son tal para cual. Mientras él es un chico tranquilo y simpático, tú eres la revoltosa y alocada. Yo creo que en las vacaciones de primavera deberíamos ir a darle una vuelta, vive muy cerca de ti— ella se puso algo tensa.

— No lo sé. — suspiró—quizá sea una buena idea, supongo que lo pensaré—sonrió.

Y en eso sonó el claxon de un coche.

Me puse tiesa como una tabla y sentí mi pulso acelerarse. No habíamos cruzado palabra en la semana y tampoco me había dado más órdenes, la razón la desconocía, pero prefería no enrollarme en ellas. Me daban jaquecas.

— Anda, solo serán cinco días y luego verás que todo irá de puta madre. — me animó y solté un suspiro.

Deja de ser una mierda de ti misma y mueve el culo, me reprendí.

Es cierto, Masen es Masen y yo le odio, no hay motivo para estos inusuales nervios. Menos mal el sentido común decidió retornar.

Así que como toda la mujer que soy, agarré mi bolso y caminé fuera.

Había un taxi y ni rastro del deportivo que solía manejar.

— Exactamente a dónde vamos— interrogué una vez que me subí al coche.

— A Paradise Valley, en Arizona. Así que espero hayas empacado unos bonitos vestidos. Será todo un chiste verte con uno de ellos. — rió y lo miré mal.

— Ese es un viaje largo y hay que tomar un avión— espeté con el ceño fruncido e ignorando su anterior provocación.

— Sí, pero tranquila que mi abuela ya pagó todos los gastos de transporte— sonrió y no era burla lo que había en ella, por lo que deduje que no trataba de humillarme.

Le oculté el hecho de que nunca me había subido a uno, después de todo, no podría pasar nada malo.

Mantuvimos el silencio hasta que llegamos a Seattle, intercambiando palabras breves y de mera cortesía.

Ahora nos dirigíamos hacia el aeropuerto, cada uno cargaba su maleta y él iba delante, por lo que me limité a seguirlo. No quería perderme.

Entre ese mar de gente, tuve que reconocer que me sentía bastante incómoda y me hubiese sentido mucho mejor si las chicas se encontraran a mi lado. No cabe duda de lo mucho que las quiero y necesito.

Y ahora, en vez de salir con ellas a algún lugar tendré que gastar mi preciado fin de semana largo con un idiota. Le dirigí una desdeñosa mirada como consecuencia de mis pensamientos.

— ¿Qué te pasó ahora? ¿Te dan miedo los aviones? — sonrió burlón y le hice una mueca.

Una vez que hicimos todo el papeleo pertinente, nos dirigimos al vuelo correspondiente.

Nuevamente, le seguí en silencio. Tampoco quería que notara el hecho de que me hallaba más que pérdida entre tanta gente y maletas. Como acto reflejo, sostuve más cerca mi bolso de mano. Era todo lo que había traído, más mi pequeña mochila.

— ¿Nerviosa? — Interrogó cuando notó que iba un par de pasos rezagada. Esperó pacientemente a que lo alcanzara y una vez hecho, comenzó a andar nuevamente, pero a mi lado.

— No—respondí y pasé al abordaje, donde una mujer nos indicó nuestros lugares y las medidas de protección necesarias.

Debo reconocer que una vez dentro, sentí un extraño revoltijo en el estómago y lo reconocí una vez que nos sentamos y pusimos el cinturón. En verdad me encontraba nerviosa y tensa.

Pero traté de ocultarlo y miré por la ventanilla ovalada, aunque eso tampoco fue una de mis más brillantes ideas.

Finalmente opté por poner la cabeza contra el asiento y cerrar los ojos.

— Hey ¿qué te pasa? — Justo cuando Masen me habló, sentí que el avión se comenzaba a mover. Excelente, me dije. Me aferré a los apoyabrazos y apreté más los párpados, repitiéndome mil veces que todo saldría bien. — Swan— me llamó, pero no podía abrir los ojos. La sensación era horrible y un sudor frío cubrió mi piel. — Tranquila, mírame. Anda, hazlo— pidió con voz suave y tocando mi mejilla.

Su tacto me hizo sentir un escalofrío y lo odié, juro por Dios que sí.

Sin embargo, fue lo suficiente como para hacerme abrir los ojos y observarlo.

— Todo va a salir muy bien— sonrió tranquilizadoramente— de verdad que sí, he volado un millón de veces en avión y no pasa nada. De hecho, la probabilidad de tener un accidente es mucho menor que al andar por tierra, confía en mí— me guiñó un ojo y tomó mi agarrotada mano, despegándola del apoyabrazos.

— ¿Estás seguro? — Detesté lo temblorosa que sonó mi voz.

— Sí, nunca miento. — acarició dulcemente mis dedos y fue directo a mi pecho. Jamás pensé que Masen podría demostrar un lado tan amable y mucho menos conmigo. Me dejó aturdida por un segundo. — Ves, ya estamos en el aire y todo irá muy bien. Cuando despega generalmente es un poco brusco, pero una vez que lo hace todo va excelente. — no dejaba de tocarme y mirarme de un modo muy agradable, hasta que conseguí relajarme y sí, lo asumiré, disfrutar de su contacto. Nunca creí que iba a decirlo, pero no podía mentir sobre ese punto.

— Está bien, te creo— asentí y poco a poco mi columna dejó de estar tan tensa. Lo agradecí, porque el dolor de espalda era un grano en el culo.

—Muy bien, si quieres puedes dormir un rato. Yo te despertaré si pasa algo o cuando lleguemos.

— Vale, gracias. — Retiré mi mano de la suya y la puse contra mi regazo. La sentía ligeramente caliente, igual o más que mis estúpidas mejillas. Volví el rostro completamente desconcertada por mi reacción tan extraña.

Lo odias, ¿recuerdas? Me dije eso unas mil veces antes de conseguir dormirme.


Hola! ¿Qué les pareció el cap? Al parecer Bells se está confundiendo un poquito ¿no? Jaja a cualquiera la confundiría un Edward así en realidad :x

Lamento no haber subido cap ayer, pero la verdad tuve que salir y se me pasó la hora. Pero aquí estoy con uno nuevo y espero que les haya gustado (:

Agradezco sus reviews y sí, habrá Edward POV, será el capítulo 17 o 16, aún estoy viéndolo, pero de que va, va ;) y trataré de ir escribiendo más de prisa para terminar pronto la historia, por el momento, nos estaremos leyendo el jueves si Dios quiere :P

Un abrazote enorme y muchas bendiciones!

Pd: lamento cualquier error ortográfico y/o de gramática.