Me alegro de que a todos os gustase el ultimo capitulo, y que me hayáis perdonado el largo tiempo de ausencia. Nos estamos acercando al final de la historia, aunque probablemente aun quedan 4-5 capítulos, de modo que las cosas van a empezar a ir muy deprisa.
Tres semanas después del capítulo anterior
El despertador sonó y Hareen la pagó con un gesto cansado.
A diferencia de los últimos días, ese día Harleen se estaba despertando ella sola en su cama, ya que la noche anterior Jared había tenido que quedarse trabajando hasta tarde y no había podido ir a su apartamento, ni ella al suyo. Aunque por una vez, se alegraba, porque desde hacía unos días se sentía bastante agotada y le había venido bien tener toda una noche de sueño.
Aun somnolienta empezó a salir de la cama cuando su estómago empezó a revolverse y tuvo que correr hasta el baño. Por suerte logró llegar a tiempo de levantar la tapa del inodoro antes de vomitar todo lo que tenía dentro. Cuando estuvo segura de que ya había terminado, tiró de la cadena y se limpió la cara con una toalla.
Seguramente debía de haber pillado un virus de algún tipo ya que esta tampoco era la primera vez en los últimos días que se despertaba con ganas de vomitar (de hecho había sucedido con bastante frecuencia), y eso era lo único que explicaba las náuseas, la fatiga y la sensación de malestar.
Normalmente se prepararía una taza de café, bien cargado, para aguantar el día, pero ahora mismo solo con pensar en café hacía que su estómago volviese a quejarse de modo que simplemente se bebió un zumo y se comió una tostada con mantequilla y mermelada.
En ese momento su teléfono vibró y vio que tenía un mensaje de Jared.
Buenos días. Siento mucho que anoche no pudiésemos vernos, te prometo que hoy saldré antes para poder estar contigo - J
Harleen sonrió y empezó a escribir su respuesta.
Buenos días a ti también. No pasa nada por lo de ayer, entiendo que estés ocupado. Y de todas formas no me sentía demasiado bien L - H
¿Aun estás enferma?- J
Un poco, pero creo que ya está pasando. Al menos de momento no he vomitado el desayuno :p - H
De acuerdo, voy a estar en reuniones hasta el mediodía, pero mándame un mensaje si necesitas algo – J
De acuerdo :D – H
Harleen sonrió y guardó el mobil. Las cosas con Jared iban bien, realmente muy bien. Y no solo porque ahora ya se acostasen juntos. Su relación sin duda iba mucho más allá de un mero tema físico. Aunque sin duda esa primera noche que ambos compartieron juntos, hacía tres semanas, se quedaría para siempre grabada en su…
Estuvo a punto de atragantarse con el zumo cuando cayó en la cuenta.
Se había acostado con Jared hacía exactamente tres semanas. Ahora estaban a medianos de mes, lo cual significaba que su periodo debería haber llegado diez días atrás.
Repasó mentalmente los síntomas: Fatiga, sensación de malestar, cambios de gustos aleatorios, nauseas, vómitos… Y su periodo se retrasaba más de una semana.
Oh, mierda Pensó Harleen mientras un escalofrió de pánico recorría su espalda Mierda, mierda, mierda, mierda, mierda…
Harleen estaba sentada en su despacho en el manicomio Arkham. Normalmente deberá de estar llenando informes o revisando fichas, pero en esta ocasión no podía apartar su vista de lo que tenía delante.
Una prueba de embarazo.
Una prueba de embarazo con un + en ella.
Positivo.
Embarazada.
Estaba embarazada.
Iba a tener un bebe.
Con Jared.
Iban a ser padres.
Por muchas veces que se lo repitiese esas palabras seguían sin tener sentido en su mente. Por supuesto existía la posibilidad de que fuese un falso positivo, esas cosas pasaban, pero estaba segura de que ese no era el caso. Los síntomas eran demasiado exactos y, además, lo sabía, de alguna forma estaba segura de era cierto, que había una persona diminuta creciendo dentro suyo.
Quería llorar, pero no sabía si de alegría, miedo o rabia. No tenía ninguna duda de cuando había sucedido eso. Jared siempre usaba condón cuando se acostaban pero esa primera noche, tres semanas atrás, se habían dejado llevar de tal manera que estaba segura que él se había olvidado de ponérselo, del mismo modo que ella no había pensado en tomar la píldora. Enterró la cabeza entre sus brazos, gimiendo. La primera vez que se acostaban (bueno en realidad habían sido varias veces en una noche, pero eso era un tecnicismo) y ella acababa preñada. ¿Cuáles eran las posibilidades?
Tendría que contárselo a Jared, nada más verle y le daba algo de miedo su posible reacción. A fin de cuentas su mujer había muerto estando embarazada, sería comprensible que esto le alterase bastante. Aunque no sería de gran ayuda que ya ella ya estaba lo bastante alterada por si misma.
Sabía que ahora estaría en una reunión pero de todas formas sacó su teléfono y le mandó un mensaje.
Llámame cuando puedas, tenemos que hablar - H
Con un suspiro cansado guardó la prueba de embarazo en un cajón y se levantó de la silla. Necesitaba estirar las piernas y tal vez un paseo corto le ayudaría a despejar la cabeza.
A pesar de que la primera vez que llegó le había parecido que el manicomio Arkham era un lugar bastante siniestro, en ocasiones lo seguía pensando, con el tiempo se había acostumbrado a ello, y ya no le producía ningún tipo de incomodidad pasear por sus pasillos, aún menos a plena luz del día.
"¿Se puede saber cuándo piensas sacarme de aquí? Tengo ganas de rajar algún cuello"
Harleen se paró en seco al oír eso. Esa era la voz de Zsasz. Confundida se se acercó a mirar, desde el cruce del pasillo y vio a un guardia parado delante de la celda de Zsasz.
"Tú eres el que conoce todo el plan, ya sabes que no puedo liberarte hasta que empiece todo el jaleo" Dijo el guardia en voz baja, pero Harleen lo oyó perfectamente.
"La espera me está matando. Esos inútiles ya deberían haber llegado" Dijo Zsasz paseando por su celda como un animal enjaulado.
Harleen lo observaba todo con una creciente sensación de terror y asombro. ¿Que demonios estaba pasando? ¿Por qué iba ese guardia a abrir la celda de Zsasz? ¿Y a quien estaban esperando?
Sus pensamientos se vieron interrumpidos cuando sonaron varios disparos en el edificio. Harleen apretó una mano contra su boca para evitar soltar un grito de sorpresa.
"Por fin" Dijo Zsasz triunfante "Vamos sácame de aquí y libera también a alguno de los demás"
Harleen corrió de vuelta a su despacho y cerró la puerta con llave. Seguramente eso solo le daría unos minutos más de tiempo pero ese era un tiempo que pensaba aprovechar. Lo primero que hizo fue comprobar su mobil; Sin cobertura. Y el teléfono de su despacho tampoco funcionaba. Fuera se oían disparos y gritos y eso la hizo estremecerse.
Piensa Harleen, piensa
Había hombres armados en el manicomio, estaban allí por ella, seguramente los presos debían estar sueltos, y habían cortado las comunicaciones para que nadie pudiese avisar a la policía. Sus opciones eran muy limitadas, podía quedarse allí escondida, confiando en que nadie la encontrase, pero sin duda revisarían todo el edificio el busca del personal, o podía intentar salir por su cuenta. El principal problema con esa idea era seria imposible salir sin que nadie la viese y dudaba que ninguno de esos hombres se lo pensase dos veces en pegarle un tiro a cualquiera que intentase largarse.
Inconscientemente se llevó una mano a su estomago. La idea de morir ya de por si resultaba aterradora, pero ahora tenía otra vida de que preocuparse, además de la suya, no podía correr ese riesgo.
Alguien intentó abrir la puerta y, al ver que estaba cerrada empezaros a golpearla con fuerza para forzarla. Harleen entró en pánico pero se obligó a calmarse. Entonces cayó en la cuenta.
Zsasz
Por la conversación que había oído entre Zsasz y el guardia estaba claro que él sabía bastante, por no decir mucho. Sacó papel y un bolígrafo del cajón de su mesa y escribió una nota corta, después fue a la estantería, cogió uno de los libros y guardó la nota dentro para que nadie se diese cuenta.
Frunció el ceño. Tal vez se había pasado. A fin de cuentas quería que la policía, o más concretamente Jared, la encontrasen. Volvió a coger el libro y la cambio de sitio con otro. Todos los libros de su estantería estaban ordenados por temas de modo que ahora alguien se daría cuenta de que esos dos estaban mal colocados.
Apenas se hubo alejado unos pasos de la estantería cuando la puerta se abrió, con un gran estruendo, y dos hombres con pistolas entraron en el despacho.
"¡Por favor, no disparen!" Harleen levantó las manos e intentó que su voz sonase lo más asustada posible. Lo cual tampoco fue demasiado difícil ya que, de hecho, estaba bastante asustada, pero cuanto más debil y vulnerable la considerasen esos hombres mejor.
Uno de ellos se acercó a ella sin dejar de apuntarla con el arma "¿Eres la Dra Harleen Quinzel?" Al ver que ella no decía nada se impacientó "¡RESPONDE!"
"S-Si"
"Estás de suerte, guapa, eres la única a la que nos han dicho que no podemos matar. Steve"
Ante el aviso de su compañero, el otro hombre guardó su pistola y se sacó un rollo de cuerda fina del bolsillo.
El primer matón seguía con el arma en su mano, pero ya no la estaba apuntando a ella, en realidad ni siquiera la estaba mirando, sino que tenia la vista fija en la puerta comprobando que no entrase nadie. Seguramente pensaba que no valía la pena tomar demasiadas precauciones ya que esa mujer joven y delgada jamás podría ser una amenaza.
Cuando el segundo hombre se acercó a ella, con la cuerda, para atarla, Harleen le dio un puñetazo en la cara y una patada en la entrepierna. Su compañero apenas tuvo tiempo de mirar sorprendido antes de que ella le quitase la pistola de un golpe, le diese una patada en la espinilla, haciendo que cayera de rodillas y lo rematase con un rodillazo en la cara.
Estuvo apunto de salir al pasillo para observar mejor como estaba la situación pero se lo pensó mejor y primero se agachó para coger la pistola. No había usado una de esas en su vida, pero seguramente tendría más posibilidades de salir bien parada si iba armada.
"Vaya, vaya, Dra Quinzel, esto si que es una sorpresa"
Harleen se levantó de golpe al oír la voz de Zsasz. Y no estaba solo. El asesino profesional tenia a Sara agarrada por el pelo con un cuchillo apretado contra su cuello.
"Suéltala" Ordenó Harleen levantando el arma, aunque no sonó demasiado creíble teniendo en cuenta que la mano le temblaba.
"Vamos, doctora, no juegue conmigo. No va a matarme, no tiene lo que hay que tener y de todas formas..." Apretó aún más el cuchillo contra el cuello de Sara "No creo que esté dispuesta a jugarse la vida de esta mujer ¿verdad?"
Sara miró a Harleen con los ojos llenos de lagrimas y miedo, pero sin atreverse a decir nada. Al ver como Zsasz apretaba aún más el cuchillo contra el cuello de su amiga, hasta el punto de que un hilo de sangre empezó a correr por su piel, Harleen levantó ambas manos en señal de rendición "Está bien, está bien, por favor no le hagas daño. Podéis haced lo que queráis conmigo, pero suéltala"
Detrás suyo los dos matones ya se habían vuelto a poner de pie y uno la agarró de la muñeca y levantó la mano lista para darle una bofetada "Maldita zorra"
"¡No la toques!" Gritó Zsasz, haciendo que el hombre se detuviese "Ya sabes lo que nos han ordenado. Ella no debe sufrir ningún daño. Si le pones la mano encima tendrás que vértelas con el jefe" Harleen estaba segura de que el hombre iba a golpearla de todas formas pero, para su sorpresa, bajó lentamente la mano, aunque seguía mirándola como si quisiera matarla "Vamos, no podemos estarnos aquí todo el día, daros prisa en atarla. Y, Dra Quinzel, yo que usted no intentaría nada divertido o nuestra amiga aquí presente sufrirá por ello"
Harleen hizo una mueca de dolor cuando el hombre le ató fuertemente los brazos detrás de la espalda. La delgada cuerda se clavó con tanta fuerza en sus muñecas que se le escaparon un par de lagrimas de dolor, pero hizo lo posible para que no se notase. Si había algo que no pensaba hacer era darles a esos hombres la satisfacción de verla llorar.
Sus ojos se encontraron brevemente con los de Sara e intentó mandarle una mirada tranquilizadora, aunque estaba claro que no resultaba muy creíble en su actual situación.
Cuando terminó de atarle las manos, el hombre se sacó un pedazo de tela y lo usó para amordazarla. En esta ocasión Harleen no pudo evitar soltar un gemido ahogado de protesta pero el hombre la ignoró y ató la mordaza detrás de su cabeza para mantenerla en su sito.
"Mucho mejor. La verdad, doctora, nunca la he visto tan guapa como está ahora mismo" Se burló Zsasza antes de soltar a Sara "Buenas noticias, encanto, ya no necesitamos que sigas con nosotros"
Por un fugaz instante Harleen pensó que iban a dejar que Sara se fuese, y toda esta pesadilla al menos habría servido para salvar la vida a su amiga, pero, antes de que Sara pudiese dar ni un paso, Zsasz le rajó el cuello con un movimiento rápido del cuchillo.
Harleen gritó y observó con horror como el cuerpo de Sara caía al suelo, la sangra saliendo a borbotones por el corte de su cuello, y sus ojos mirándola sin vida. Un sollozo ahogado se escapó de sus labios y las lagrimas empezaron a correr sin control por sus mejillas.
"Vamos doctora, no llore, hay que mirar el lado positivo de las cosas. Al menos usted aún está viva... Por el momento" Dijo Zsasz con una sonrisa sádica. Entonces usando el cuchillo con el que acababa de matar a Sara, que aún estaba manchado de sangre, se hizo un pequeño corte en el cuello "Creo que a partir de ahora está va a ser mi marca favorita, entre todas las que tengo"
Harleen le miró con pura rabia pero no intentó hacer nada. Sabía que en condiciones normales no podía salir bien parada si luchaba contra Zsasz. Con las manos atadas a la espalda sería un suicidio. Y tenía que pensar en su bebe.
"De acuerdo, aquí hemos terminado, llevarla fuera"
Harleen no puso demasiada resistencia y dejó que la llevasen, entre empujones por los pasillos del manicomio. El sitio se había convertido en un verdadero infierno. Todos los presos habían salido de sus celdas y había cadáveres de guardias y compañeros suyos por todas partes. Un par de veces tuvieron que detener el ritmo porque algún preso les había visto y quería saber si podía jugar con la doctora un par de minutos, pero cuando eso sucedía, Zsasz les cortaba la garganta sin ningún miramiento y luego se hacía pequeños cortes a si mismo.
Al llegar fuera vio que había una furgoneta esperándoles. Zsasz la llevó hasta la parte de atrás y los dos hombres que les acompañaban subieron dentro.
"Bueno, lamento mucho tener que abandonarla tan pronto, Dra Quinzel, pero tengo otras cosas que hacer, como por ejemplo disfrutar de mi nueva libertad. Además me han ordenado que no esté mucho rato cerca de usted. Por lo visto el jefe tiene miedo de que no pueda controlarme. Y tal vez tiene razón. Las cosas que yo le haría si pudiese" Con una sonrisa lujuriosa, Zsasz posó una mano sobre su trasero y pasó un dedo por encima de sus labios amordazados "Es una pena tener que cubrir unos labios tan delicados. Lo cual me recuerda... Chicos"
Harleen jadeó de sorpresa y protesta cuando de repente le colocaron una venda encima de sus ojos, bloqueando por completo su visión. Entonces un par de manos la agarraron por los hombros y la empujaron con fuerza al interior de la furgoneta. Al no poder usar los brazos para parar la caída, su hombro izquierdo recibió toda la fuerza del golpe haciendo que un gemido de dolor se escapase de sus labios. De nuevo alguien volvió a agarrarla de los hombros y la obligaron a ponerse en una posición sentada, apoyando la espalda contra la pared de la furgoneta, tras lo cual le ataron los tobillos juntos con una cuerda, igual que la que habían usado con sus manos.
A pesar de no poder ver nada, Harleen estaba convencida de que había, por lo menos, dos personas más con ella, de modo que intentó estar lo más quieta posible. Al cabo de unos segundos oyó el ruido del motor y la furgoneta se puso en marcha.
Harleen respiró profundamente, luchando contra las lagrimas que picaban en sus ojos, mientras se aferraba a la vaga esperanza de que, de algún modo, lograría salir de esa con vida.
