Capítulo 14
POV de Megan
Varios días después de lo ocurrido en la guarida de Oogie Boogie, el tito Vlad nos dijo que tenía que irse. Pero yo quería darle antes una sorpresa, así que convencí a todos para ir al cementerio la noche antes de que el tito se fuese. A pesar de que fui yo quien lo propuso llegué la última porque me llevé allí a una bruja. Os digo que no es una bruja corriente. Es una experta en espíritus y cosas parecidas. Si alguna vez llegáis a visitar Halloween Town, preguntad por Margaret. Todo el mundo la conoce, ya que es muy simpática y cae muy bien a todo el mundo. Si por timidez no os atrevéis a preguntar y decidís buscarla por vuestra cuenta, es fácil de reconocer: es una mujer bajita, regordeta, que lleva un vestido con unos cuantos parches, un gran sombrero rojo terminado en punta y en sus manos siempre lleva unos guantes de tela sin dedos. Destaca entre el resto de brujas sobre todo en su pelo, de color oscuro y lleno de bucles, que tenía dos trenzas por delante decoradas con lacitos de colores. Su piel es de color oscuro y está arrugada y, que yo sepa, es la única bruja que conozco que tiene una nariz decente y sin ninguna verruga. Y sobre todo, y esto es muy importante, siempre lleva unas gafas redondas con los cristales de color violeta delante de unos grandes ojos verdes. Es una bruja muy amiga de mi familia y sobre todo de mi padre (ella fue quien despertó al fantasma de Zero). Es raro ver a Margaret seria, ya que siempre está sonriendo.
Pues volviendo al cementerio, cuando todos vieron a Margaret, mi hermano preguntó mientras sonreía con picardía:
-¿Para qué te has traído a Margaret? ¿Es que vamos a hacer una fiesta de muertos vivientes o qué?
-¡Es para la sorpresa que le voy a dar al tito Vlad, so memo!- exclamé antes de añadir- Seguidme, no os vais a creer lo que vi en el cementerio. Y esto va por ti, tito.
-Más vale que merezca la pena- respondió el tito Vlad, enarcando una ceja y cruzándose de brazos.
-¡No te preocupes, hombre!- exclamó Margaret, dando una palmada en la espalda del tito mientras sonreía- ¡Va a merecer muchísimo la pena! ¡Palabra de bruja!
Cuando llegamos a una parte bastante profunda del cementerio, nos paramos delante de una lápida que tenía unas enredaderas que tapaban el epitafio y el nombre de la persona enterrada.
-¿Preparado para lo que vas a ver?- pregunté al tito Vlad antes de retirar las enredaderas y dejar al descubierto el nombre de la persona fallecida, dejando más que sorprendido al tito.
Seguro que más de uno sabíais lo que vio más que de sobra, pero para quienes se han despistado, voy a revelarlo. En la lápida estaba nada más y nada menos que el nombre de María Ramikov. Os voy a refrescar la memoria a quienes lo han olvidado: era esa chica que fue novia de Vladi (sí, veces me gusta llamar Vladi a mi tito), aunque la historia de amor no acabó bien.
-¿Cómo la has encontrado?- me preguntó el tito Vlad sin salir de su asombro.
-Bueno, de vez en cuando me gusta dar paseos por el cementerio mientras miro las lápidas en busca de nombres absurdos para entretenerme. Ya sé que no es algo normal, ¿pero quién es medianamente normal en esta ciudad? El caso es que encontré esta lápida y pensé: "vamos a hacer que esta historia de amor tenga un final feliz"
-Por eso te trajiste a Margaret- intervino el tío Vlad sin salir de su asombro antes de añadir- No irá a…
Asentí, confirmando sus sospechas.
-Meg, eres un sol, pero no tienes por qué molestarte. Ya han pasado muchos años, quizá demasiados, desde aquel día. Ya puedo vivir con ello.
-Hombre, -respondí, cruzándome de brazos- si vivir con ello significa estar casi todo el día con la mirada perdida y triste, sí, vives perfectamente con ello.
-Vamos a ver- intervino Margaret- ¿quieres recuperar a tu chica sí o no? Si me respondes que no, me iré tranquilita a mi casa para seguir con la partida de ajedrez que tengo contra mi gato, ¡y encima voy perdiendo!
-Vamos a ver, me estoy perdiendo- intervino mi hermano- ¿qué es eso del romance de tío Vlad?
Conté lo que me había dicho Vladi: cómo conoció a María, la escena de la iglesia, la relación que tuvieron por carta y, finalmente, la muerte de María que marcó a Vlad para siempre.
-Así que estás atormentado por esa pérdida, ¿verdad?- dijo mi madre.
El tío Vlad asintió antes de suspirar profundamente y decir, con voz triste y los ojos llorosos:
-¿Sabéis cuando a alguien le clavan una flecha que le han disparado y que esa persona se queda paralizada durante pocos segundos antes de reaccionar? Cuando perdí a mi querida María sentí algo peor que eso, ya que además sentí cómo me arrancaban la flecha mientras mi corazón se desgarraba.
-Ay- murmuró mi hermano. Yo le fulminé con una mirada asesina y él me respondió levantando las manos en plan: "¡¿qué?!"
-¡Pues vamos a quitarte esa agonía de una vez, ¿te parece?!- dijo Margaret mientras sonreía, mostrando unos dientes amarillentos y algo estropeados.- ¿Tienes algún objeto personal de la chica en cuestión?
-Bueno, todavía conservo la nota que me dejó el día que se marchó del pueblo donde nos conocimos.
Del bolsillo de su pantalón sacó un papel arrugado y se lo tendió a Margaret, quien lo cogió mientras decía:
-Con esto me vale, gracias.
La bruja metió la mano que le quedaba libre en unas bolsas que tenía amarradas a la cintura y sacó varias ramitas y plantas secas. Entonces oí que murmuraba:
-Ay, ¿dónde habré puesto los pétalos secos de rosa? ¡Aquí está! Tendré que poner etiquetas a estas cosas.
Cuando terminó, Margaret dijo:
-¡Bueno, ya están todos los ingredientes! ¡Ahora toca quemarlo todo! Lo normal es que para esto se usen tripas y colas de animales, pero como mi abuela es de otro linaje de brujas, me enseñó a hacer este conjuro con plantas, una ventaja para mí porque a mí las cosas de animales muertos me dan asquito. ¡Pero vayamos al grano, que me estoy liando!
Chasqueó los dedos de la otra mano y apareció una lengua de fuego que acercó a la otra mano e inmediatamente ardió todo lo que había en ella, formándose una pequeña bola de fuego en la mano. Margaret hizo un rápido movimiento con la muñeca y cerró el puño, haciendo que el fuego se apagase. Se acercó a la tumba que tenía en el suelo una losa de piedra rectangular con una rosa tallada en su superficie y dijo:
-Bien, ahora solo me queda dibujar un anj sobre la tumba con las cenizas.
-¿Un qué?- preguntó mi hermano mientras se rascaba la cabeza.
Margaret suspiró antes de responder:
-Un anj, o también conocido como ankh, es el símbolo de la vida de los egipcios. Al decir que yo pertenecía a un linaje distinto de brujas, me refería a brujas egipcias. Mi tatarabuela fue una bruja de los últimos años del Imperio. Los conjuros de la magia del Antiguo Egipto se han pasado de generación en generación hasta hoy. De hecho, mi abuela fue quien inventó este hechizo en el que se usa el anj. Pero vayamos al caso. Será mejor que os apartéis. Necesito concentración para esta última parte del conjuro.
Todos nos apartamos un poco cuando Margaret empezó a esparcir las cenizas sobre la tumba, dibujando el famoso anj, mientras pronunciaba unas palabras en un idioma que no entendía. La única palabra que logré pillar fue "Ra" o "Amón Ra", no supe exactamente cuál de las dos. Cuando acabó con las cenizas, el símbolo empezó a brillar con una luz azul tan intensa, que volvimos la cabeza, ya que no podíamos mirarla directamente.
Cuando la luz de apagó y volvimos la vista a la tumba, nos dimos cuenta de que no había pasado nada. Entonces me sentí fatal, no por mí, sino por el tito Vlad.
-Lo… lo siento mucho, de verdad- dije- Creí que iba a funcionar y…
-No pasa nada, no es tu culpa- me respondió Vladi, aparentemente tranquilo. Pero no había que ser un genio para saber que en realidad estaba destrozado.
De repente unos ruidos que provenían desde la tumba nos llamaron la atención.
-¿Pero qué…?- dijo Margaret tan sorprendida como todos nosotros. Entonces exclamó-¡No os quedéis ahí parados! ¡Abrid la tumba!
El tito Vlad tardó varios segundos en reaccionar antes de decirle a mi padre:
-¡Jack, ven y ayúdame con esto!
Ambos se pusieron a un lado de la losa de piedra y entre los dos la empujaron, no sin esfuerzo porque por el tamaño de aquella cosa se notaba que pesaba lo suyo. Cuando hicieron a un lado la piedra, dejaron al descubierto un agujero que tenía dentro un ataúd que sacaron entre los dos. Estaba algo cerrado y consumido por los años.
-Habrá que hacer palanca para abrirlo- dijo el tito Vlad.
-Déjame eso a mí- respondió mi padre antes de coger su guadaña y abrirla.
Dio la vuelta al arma, poniendo la hoja boca abajo y la metió por debajo de la tapa y giró la guadaña antes de empezar a hacer palanca.
-¡Venga, ábrete de una maldita vez!- murmuraba mi padre entre dientes y frunciendo el ceño antes de dar un fuerte empujón a la guadaña para levantar la tapa del ataúd.
Tras esto, mi padre cerró la guadaña y se apartó del ataúd porque vio, al igual que todos los presentes, que algo asomaba por la abertura que hizo la guadaña en el ataúd.
