Hola

Siento tardar tanto en actualizar.

El capitulo es mucho más largo de lo normal para intentar compensar

Besos :D


Emma abrió despacio los ojos, enfocando poco a poco la luz de la habitación, pero se levantó de repente asustada al ver que aquella no era su habitación, volvió a mirar otra vez, pero con más lentitud, enfocando todos y cada uno de los pequeños detalles de esta, su terror desapareció al ver que estaba en el pub de su hermano, suspiró hondo eliminando toda la tensión, acto reflejo miró a su lado, volviendo a suspirar aliviada al ver que no había ningún hombre a su alrededor. Se levantó despacio de la cama debido al terrible dolor de cabeza que amenazaba con hacerla estallar, pero de repente un flash de recuerdos le cruzaron la mente teniendo que sujetarse a la cama para no caer debido al mareo.

-Le debo una disculpa a mi hermano-Susurró mientras se sobaba la cabeza al ver como las colillas de la terraza habían desaparecido y ella había amanecido cómodamente en la cama.

Pero se sintió aún peor cuando vio encima de la mesita una bandeja con el desayuno preparado por él mismo con una nota escrita a mano.

-Espero que te gusten los waffles. Vincent-Al leer aquello dio gracias a Dios por tener un hermano que la quisiera tanto.

-Si en el fondo eres un amor-Susurró mientras le daba un mordisco al waffle untado de chocolate.


Francis se encontraba en su apartamento peinando su cabellera dorada en frente del espejo de su baño ya que había quedado en media hora en una concurrida cafetería con Antonio para darle sus medicinas pero de repente empezó a sonar su teléfono el cual no dudo en contestar al instante.

-Francis, soy Alfred-Se sorprendió al oír la voz chillona del americano ya que él solía tratar con Arthur y no con propios agentes, y dentro de los agentes él sería al último al que llamaría, así que supo de inmediato que aquello no era bueno.

-Oui, Oui Alfred, ¿Cómo es que te interesas por mi?-Aquella frase estaba impregnada con cierto cinismo ya que sabía de sobra que quería algo de él.

-Yo siempre me preocupo de los agentes de élite, al fin y al cabo sois nuestros mejores hombres-Francis se quedó escéptico unos instantes no sabía a qué venía aquel cumplido pero decidió seguirle el juego.

-Merci Alfred, me alegra oír que piensas eso de nosotros pero es contraproducente ya que no dudas en sacrificarnos cuando lo necesitas- Aquellas palabras iban envenenadas contra el americano.

-Sigues teniendo una idea errónea de mí y me gustaría que eso cambiase de ahora en adelante, quiero que nos llevemos bien-Francis tuvo que contenerse las ganas de soltar una carcajada tras aquella frase.

-Dejémonos de tonterías ¿Qué quieres?-Frase concisa y directa había quedado en media hora y no tenía tiempo ni ganas de tratar con él.

-¿Qué sabes de Arthur? No contesta mis llamadas-Francis se quedó pensativo, era verdad que hacía tiempo que no hablaba con Arthur pero no lo creyó importante.

-Nada-Era la verdad, no sabía nada de él, pero aunque lo supiese no se lo diría.

-Es extraño, ¿No crees?-Alfred sabía que el francés no estaría muy por la labor de cooperar con él, pero lo quería intentar.

-Tendrá sus motivos-Otra vez contestó tajante el frncés tenía ganas de terminar aquella conversación.

-¿Motivos? ¿Qué motivos son suficientes para dejar su cargo sin ningún aviso?, ser el director de la Central no es cualquier tontería y que el gobierno no pueda contactar con él es aún peor. ¿Sabes? Tu debiste haber ocupado el puesto, todos lo sabemos-Aquella frase final dejo estupefacto al francés, no entendía donde quería llegar en esos momentos el americano.

-Arthur lo hizo mejor que yo y consiguió el puesto-Estaba en arenas movedizas, había algo que se escapa de su comprensión y no entendía el que.

-¿Fue mejor? Sabes que fue por los contactos de su familia. Por eso estas tú arriesgando tu vida mientras él dirige ordenes que por lo que deduzco no te deben de gustar mucho, si tu estuvieses al mando ya hubieses apartado a ciertas personas de la misión incluso algunas estarían vivas, de aquel grupo siempre fuiste tú el más inteligente-Aquellas palabras dejaron a cuadros al francés, el siempre imaginó que el puesto de Arthur había sido por su familia pero nunca hubiese imaginado que Alfred le afirmase aquello.

-Esas órdenes también son tuyas-Dijo el rubio mientras se recolocaba de aquellas palabras.

-No te equivoques, ¿Crees que Arthur es vuestro amigo?-Dijo el americano con un tono ácido.

-¿A dónde quieres llegar?-Francis ya empezaba a hartarse de toda aquella parafernalia.

-¿Sabes donde esta Arthur?-Otra vez aquella pregunta que no tenía ni la más remota idea.

-No-Claro, conciso y directo, no aguantaba más aquel teatro.

-Entiendo, si cambias de opinión llámame, no soy vuestro enemigo-Francis se quedó mirando el teléfono, la conversación había terminado y no entendía realmente al punto al que quería llegar Alfred.

-¿Esto a que ha venido? Para él no somos más que fichas en su juego de ajedrez y además somos los peones, ¿Duda de Arthur? ¿A que ha venido lo del puesto? Sé de sobra que a mí no me quiere en ese lugar, ¿Quiere ganarse mi confianza? ¿Por qué? Me quiere tener cerca, ¿Por qué? Lo único que sé es que ahora mismo debo estar en un problema bastante gordo. Merde de Central y de gobierno que solo se preocupan por sí mismos, menuda panda de asesinos-Miles de pensamiento rondaban por la mente del francés a la vez que se vestía con lo primero que encontraba había quedado en diez minutos y iba a hacer tarde.


Vincent y Feliks se encontraban en el sótano del local, el cual era en realidad un laboratorio donde sintetizaban la gran mayoría de sustancias que vendía a sus clientes.

-Ósea, ¿Me puedes explicar que hacemos aquí un domingo? ¡Un domingo!-Dijo Feliks cabreado mientras encendía las luces.

-Trabajar-Dijo Vincent secamente mientras encendía las maquinas.

-¿¡Trabajar un domingo!? No, no, no... -Decía el polaco mientras movía las manos al compás de sus caderas dejando bien claro que no quería.

-Te pagaré las horas extras, es necesario-Dijo secamente mientras sacaba de su bolsillo la pastilla roja que le había robado a Antonio un tiempo atrás.

-¿Y no puedes hacer tu solo el trabajo?-Preguntó resignado asumiendo ya que no iba a poder hacerse la manicura en esos instantes.

-Sabes que mis conocimientos en química son básicos comparados con los tuyos-Aunque le costase admitirlo Feliks sabía mucho más del tema que él, cuando se trataba de estudiar un nuevo producto o producirlo por primera vez siempre necesitaba de sus conocimientos para saber si aquello sería mortal para sus clientes o no. Su trabajo en el laboratorio era mucho más mecánico, el se encargaba en manejar la maquinaria más que en la investigación.

-Ósea es lo que tiene haber estudiado farmacia, bonito-Dijo con prepotencia mientras se ponía sus guantes rosa, los cuales pedía exclusivamente para él.

-Con las pintas trábelo que lleva este cualquiera pensaría que ha sido universitario-Susurró Vincent por lo bajo mientras se ponía sus guantes.

-¿Has dicho algo, amor?-Preguntó con la mirada afilada mientras se sentaba delante del microscopio.

-Quiero que me digas que es esto-Le dijo mientras le enseñaba la pastilla.

-Eso es una pastilla de color rojo, ¿Me puedo ir ya?-Le dijo sarcásticamente mientras la tomaba con las manos.

-Lo que quiero es que me digas que demonios lleva dentro-Dijo con un tono furibundo, con ganas de meterle un puñetazo por vacilarle de esa manera.

-¡No pongas esa cara! El ceño fruncido no te queda bien, ¿Sabes?, Tienes unas fracciones muy atractivas y un cuerpo de infarto, no lo puedo negar, pero esa aura furibunda no atrae para nada, es una pena...-Dijo Feliks burlón sabiendo que su vida corría peligro en esos momentos mientras preparaba unas disoluciones en los matraces, pero sabía que en esos instantes le necesitaba y no terminaría con un ojo morado.

-Feliks...-El aura de Vincent había invadido por completo el laboratorio, haciéndole sudar frío ahora que ya no tenía tan claro lo de salir vivo de allí.


-¿Qué te ocurre Francis?-Dijo Antonio mientras le daba un sorbo a su taza de café. Se encontraban en una concurrida cafetería italiana y se había dado cuenta que su mejor amigo estaba tenso, pero supo de inmediato que algo había ocurrido al ver como su reloj azul no combinaba con la resta del vestuario, un detalle banal pero no para Antonio que le conocía a las mil maravillas.

-Nada estoy un poco cansado ayer me quedé hasta tarde revisando información, ¿Y tu cómo estás?-Antonio miró a Francis sorprendido, aquellas últimas palabras habías sido ácidas, un cambio de tema brusco.

-Bien, estar con Vincent no es tan malo-Dijo con una carcajada intentando aliviar la tensión del ambiente, pero duro poco.

-Me refiero al tratamiento, has aumentado la dosis, vas a terminar siendo un yonkie- Las palabras de Francis habían sido directas y sin ningún temor dejo un frasco de pastillas sobre la mesa.

-Son medicamentos-Dijo el moreno mientras las recogía de la mesa y las guardaba.

-Estás empeorando, estás más delgado ¿Duermes?-Francis había cambiado su tono a uno más dulce, no podía ver como su mejor amigo se consumía de aquella manera.

-Estoy mejor de verdad Francis, no te preocupes, si veo que algo va mal, te aviso, ¿Vale?-Antonio también relajo su tono tras aquellas palabras. Francis le miró directamente a los ojos no quería más mentiras, pero supo que lo era cuando el moreno no pudo soportar más de cinco minutos su mirada azul.

Tras aquello ambos dirijieron su mirada al gran ventanal de la cafetería dandose cuenta que había empezado a nevar, un cúmulo de sentimientos les abordaron.

-Está nevando-Dijo Francis en un susurro mientras cientos de recuerdos se acumulaban en su mente.

-Odio la nieve-Decía el moreno mientras le daba un trago más largo al café notando el sabor amargo que producía aquella bebida.

-¿Recuerdas cuando nos conocimos?-Susurró Francis mientras ambas miradas chocaban.

-Aquel infierno es imposible de olvidar, no sé como salimos vivos-Contestó el español con una sonrisa mientras recodaba aquella historia.


8 años antes

Antonio notaba el frío recorriéndole la piel aun incluso con el uniforme aclimatado que les había prestado la Central, sus extremidades temblaban a pleno Sol del día y no quería ni imaginar cuando cayese la noche en aquel desolado desierto nevado.

Antonio dio un vistazo a la zona, un paisaje donde lo único que se veía era el blanco de la nieve, nada más. Ni casas ni cabañas donde poder descansar al anochecer, suspiró mientras intentaba calentar sus manos frotándolas a la vez que la respiración salía como humo de su boca mostrando la diferencia de temperatura entre su cuerpo y el ambiente, volvió a suspirar el escenario escogido ese año por la Central era a primera vista arduo y no quiso ni imaginar lo realmente difícil que iba a ser sobrevivir allí.

Antonio volvió a suspirar pero esta vez se fijo en sus compañeros, donde dentro de unos míseros instantes iban a ser sus rivales, enemigos, objetivos a lo que eliminar sin ningún remordimiento, conocía a la perfección las reglas del juego, los mejores sobrevivían el resto moría, casi todos morían.

La multitud de jóvenes aspirantes a ser agentes de la central se encontraban en círculo rodeando una pila de mochilas esperando a la señal de inicio del juego, ninguno sabía a ciencia cierta en que iba a consistir aquel año el juego, pero todos sabían que la única cosa que podían hacer para ganar era matar, habilidad que habían estado perfeccionando durante años.

Antonio esperaba nervioso el discurso de bienvenida para poder organizar una estrategia de juego donde no terminar muerto en los primeros cinco minutos y en la cual menos gente tuviese que asesinar, porque la cosa que más odiaba en el mundo era terminar con la vida de alguien, ver el último respiro ahogado, la mirada de desesperación, los ojos abiertos pidiendo ayuda mientras la sangre se escurría de sus venas dejando un charco de sangre y un cuerpo helado.

-Bienvenidos a la prueba de acceso a la Central-Dijo una voz profunda que retumbaba por todo el lugar pero nadie sabía de donde provenía ya que no había ningún megáfono cerca ni nada que se le pareciera.

-Como todos sabéis, cumplidos los dieciocho para poder continuar en la Central y convertiros en agentes de élite debéis pasar esta prueba donde solo los mejores serán capaces de superarla-Decía la misma voz profunda, mientras el nerviosísimo empezaba a calarse entre todos los asistentes sintiendo la adrenalina a flor de piel.

-Os encontráis en Alaska en pleno invierno, si tenéis suerte la temperatura diurna puede alcanzar los diez grados y si tenéis mala, por la noche se puede alcanzar los cuarenta grados bajo cero.-Continuaba diciendo la misma voz profunda, a más de uno tras oír aquello empezó a sudar frío, Antonio era uno de ellos.

-Joder, joder, joder...¡Por qué demonios ha tocado un clima ártico!¡Menuda mierda no soporto el frío! A Paulo le tocó un desierto árido, en esos tipos de clima me defiendo mejor que en estos- Pensó Antonio asustado tras aquella mala noticia.

-Todos aquí acabáis de cumplir los dieciocho años, jóvenes en plena flor de la vida y entusiasmo, espero que conservéis vuestras ganas de vivir tras el mes que pasareis aquí-Continuaba aquella voz profunda atacando el espíritu de los aspirantes, Antonio recordó que su hermano tras aquel mes no volvió a ser el mismo, volvió convertido en un robot, en un agente de élite como ellos decían.

-Atentos, lo diré una sola vez, las reglas del juego-Tras aquello un largo silencio incomodo se instauró entre los participantes donde más de uno sentía las ganas de salir corriendo de allí y no volver jamás.

-Cincuenta y dos aspirantes, doce plazas, un mes-Dijo con énfasis recalcando la escasa posibilidad de sobrevivir a tantos asesinos entrenados aun que ellos mismos fuesen uno, tras aquello un joven albino amplió su sonrisa hasta el punto de deformarla en una expresión terrorífica mostrando que aquella frase lo único que había conseguido era aumentar su espíritu.

-En la pila hay cincuenta y dos mochilas para cincuenta y dos aspirantes, todas ellas incluyen comida y algún objeto especial, se os nombrará uno por uno cogeréis una mochila y tras ello podréis marcharos al interior del desierto, cuando el último aspirante coja la mochila tendréis una hora para prepararos, sonará una melodía y el juego empezará, todo tipo de tácticas asesinas serán permitidas.-Fulminó aquella voz dejando a todos los aspirantes helados, en menos de una hora iba a empezar aquel espectáculo sangriento.

-El juego de este año consiste en conseguir una de las tres banderas que hay escondidas en el escenario de batalla-Antonio se quedo estático, eran cincuenta y dos personas ¿Y solo habían tres banderas?

-Es un juego en equipo, habrán trece equipos de cuatro personas cada uno y sólo tres de los grupos conseguirán el pase a la Central. Los equipos se realizaran al azar, dentro de vuestras mochilas habrá un teléfono que solo permite enviar mensajes a los otros miembros del grupo que tendrán uno idéntico al vuestro, la función de él será informaros de cambios en juego, pruebas especiales, muertos y comunicación entre miembros del mismo equipo. Fácil, ¿No?-Antonio miró de soslayo a los demás rivales que escuchaban atentos las normas. ''Fácil, ¿No?..''.Aquellas palabras resonaban en la cabeza del moreno, sabía que no iba a ser tan fácil como ir a buscar una bandera al estilo boys scouts con tus amigos del alma. No iba a ser tan fácil.

-Los grupos son irrompibles, si uno de vuestros miembros muere tendréis tres días para encontrar a alguien que vuelva a completar el grupo, si no moriréis todos los integrantes del equipo, para ello un integrante de otro grupo debe unirse al vuestro y dejar el suyo propio siendo ahora el segundo grupo el que tiene riesgo de morir y deberá realizar lo mismo que ha hecho el primero-Un silencio sepulcral se instaló, traición, ahí estaba la dificultad del juego. No iba a ser tan fácil.

-¿Fácil, no? Durante los treinta días debéis encontrar la bandera y cuando hayan pasado las setecientas veinte horas exactas los grupos que posean las banderas serán los ganadores, la resta moriréis, cabe decir que las posiciones de las banderas serán siempre visibles. ¡Qué empiece la diversión!-Tras aquella última frase el juego había dado lugar y el miedo era palpable a simple vista.

Antonio tras asimilar aquellas palabras, miró la pila de mochilas si quería sobrevivir no podía permitirse sentir miedo. Todas eran iguales a diferencia del color, habían rojas, azules y verdes, sabía que cada color tendría un determinado tipo de objeto, el rojo lo asoció rápidamente a armas, el verde a medicinas o comida y el azul a material de apoyo. Tras aquello la voz empezó a nombrar a los aspirantes para que recogiesen sus mochilas.

Antonio dio un vistazo rápido a todos los aspirantes, pero su vista se paró en aquel albino de mirada roja, lucía aterrador, como un demonio, parecía que con solo una mirada sería capaz de matarte sin siquiera mover un músculo.

-Debo tener cuidado con él-Pensó Antonio mientras continuaba observando como sus rivales recogían la mochila, algunos de ellos temblaban ligeramente, pero sabía que si estaban allí, era por algo y no por ser exactamente personas inocentes.

-Gilbert Beilschmidt-Nombró aquella voz profunda, tras ello el albino sonrió y se marchó con paso firme a por una mochila roja saliendo de allí con seguridad, no sin antes demostrar su ego.

-Gilbert, Gilbert Beilschmidt, recordad mi nombre, porque soy el que os va a hacer desaparecer, cortaré cada una de vuestras extremidades y disfrutaré mientras lo hago. Mucha suerte escoria.-Dijo con una sonrisa cínica mientras se adentraba en el bosque dejando a los participantes estupefactos.

-Vale, es peligroso, muy peligroso-Pensó el español mientras escuchaba su risa a quilómetros.

-Já, menudo creído, yo sí que voy a disfrutar mientras le desmiembro.-Tras aquella frase el español se giró inmediatamente a ver como un joven rubio, de ojos verdes sonreía aún más cínicamente que el albino.

-Joder, otro loco-Pensó el español mientras le miraba las cejas, el rasgo que más destacaba de su cara y no pudo evitar pensar si en su casa no había una máquina de podar para hacerse aquellas frondosas cejas.

-¿Qué miras?-Le respondió el rubio con mala fe al ver que no le quitaba el ojo de encima.

-Tus cejas-Contestó con el mismo tono que él, no le gustaban las peleas pero tampoco iba a dejar que nadie se metiese con él, y pobre quien lo hiciese.

-¿Y qué pasa? Te gustan, ¿Verdad?-Dijo con una sonrisa torcida mientras le fulminaba con la mirada.

-Me gustan tanto que te las voy a arrancar pelo por pelo para hacerme una bufanda -Decía el español mientras usaba un tono ácido a la vez que sus ojos se afilaban destilando odio, él no era así de agresivo con la gente, pero no sabía porque aquel rubio le caía rematadamente mal.

Mientras tanto Francis miraba la escena, supo de inmediato que aquellos dos iban a ser rivales difíciles, dedujo por el acento que el rubio era inglés y que iba a ser un sádico, por otra parte continuó mirando al moreno, no sabía exactamente qué tipo de persona sería ya que no se había dejado intimidar por el rubio, pero por aquella amenaza tampoco parecía muy cuerdo.

-Dieu, qué locura, esto parece un reunión de enfermos mentales en un manicomio-Dijo en un susurro ahogado mientras veía como aquellos dos discutían.

-Francis Bonnefoy-Dijo aquella voz sin emoción, tras aquello el francés se dirigió a por la mochila.

-Rojo armas, verde comida y azul apoyo, puedo crearme una arma con la madera de los árboles y con ella matar los animales salvajes para comer, así que cojo la azul que ...-pensó el francés hasta que oyó una voz a sus espaldas.

-El afeminado este seguro que coge la azul creyendo que un artefacto mágico le salvará de ser comido por un oso- Dijo el inglés mientras se reía de él, Francis se hizo el sueco tras aquella provocación y cogió la mochila azul no sin antes decir unas palabras.

-Déjame unos cuantos pelos que yo me haré unos guantes para el frío -Dijo con una sonrisa al español, que le respondió con una sonrisa cómplice.

-Con los que hay nos hacemos los dos un juego completo de bufanda, guantes y gorro-Se rió, mientras notaba como una aura moribunda se instauraba a su alrededor.

-Estáis muertos-Dijo el inglés mientras se contenía las ganas de abalanzarse hacia ellos y matarles allí mismo, lástima que no había transcurrido la hora.

Al poco tiempo fue el turno de Antonio que se decidió por el color verde, porque para él los objetos de supervivencia eran mucho más importantes que cualquier arma o objeto estratégico que seguramente no sabría usar, tras ello marchó bosque a dentro, escaló uno de los enormes arboles nevados y abrió la mochila, lo primero que vio fue un kit de primeros auxilios, con material suficiente para tratar hemorragias o heridas profundas, una pequeña caja con sobres para prepararse batidos que sirviesen como sustitutos alimenticios, también contenía pequeñas cajas de medicamentos con el nombre del compuesto pero sin ninguna información de para que servían, empezó a leer con la esperanza de que las clases de química y biología que le habían impartido sirvieran de algo. Sudó frío al darse cuenta que no entendía para que servían la mitad de ellas.

-Joder, y yo me preguntaba para que me servirían esas dichosas asignaturas si me iba a dedicar a matar...-Susurró decepcionado mientras continuaba mirando la mochila.

Dentro de la mochila había también diversas medicinas inyectables, las miró una por una intentando descubrir que eran.

-Adrenalina y sedantes-Creo que los sedantes van a serme de gran utilidad, pensó alegre tras encontrar aquello, pero se quedo mirando unas de color verde que no sabía para que eran.

-A saber para qué son estas...-Susurró mientras las guardaba otra vez en la mochila, tras ello sacó el último objeto que encontró en ella, un bisturí.

-¡Toma ya! ¡ Un bisturí bien afilado, esto me sirve como navaja! Esta mochila ha sido perfecta-Gritó emocionado mientras lo guardaba todo en su mochila y sacaba el móvil del que tanto hablaba aquella voz.

Era de tamaño medio, extremadamente fino y con pantalla táctil, con tres teclas en la parte inferior con los número uno, dos y tres, en su esquina derecha tenía el botón de encendido que no dudó en apretar, de inmediato la pantalla se iluminó con unas enormes letras que la ocupaban entera.

-Bienvenido a la prueba de acceso Antonio-El moreno lo leyó estupefacto ya que no tenía ni idea de cómo sabía el móvil quien era si la elección de la mochila era al azar.

-Pulsa uno para chat con el grupo, pulsa dos para ver cuenta atrás y tres para mapa.

-¿Cuenta atrás?-Susurró sorprendido, así que no dudo en apretar el dos, encontrándose con la pantalla dividida en dos cronómetros, una de ellas con las horas que quedaban para que terminase la prueba y el otro con setenta y dos horas, es decir tres días, que no supo realmente que significaba. Tras ello notó como su móvil empezó a vibrar descontroladamente así que pulsó el uno para ver el chat .

-Grupo tres, ''Hope and Faith''. -Mi grupo se llama esperanza y fe-Tras aquella pausa suspiró derrotado -Es como si se estuviesen riéndose de mi-Pensó mientras leía los mensajes.

-Nº1: A ver escorias, soy Gilbert, Gilbert Beilschmidt, soy vuestro líder.

-Nº2: Hola James, James Bond, y tú no eres mi líder, idiota.

-Nº3: Oui,Oui, Qué tensión, lo mejor será que nos relajemos y nos encontremos para saber quiénes somos.

-Nº1:Calla debilucho, habrá tensión si yo quiero.

-Nº2: Eso loser, quedemos así podré partirle la cara a James Bond.

-Nº1: Tu a mí, ¿Partirme el qué? Si solo con verme vas a caer rendido a mis pies al ver mi grandeza.

-Joder, menudo grupo me ha tocado, con el albino sádico, un loco y un debilucho, si qué voy a necesitar mucha esperanza si quiero salir vivo de aquí...-Susurró mientras enviaba un mensaje al chat.

Nº4: Hola :D

Nº2: Lo que faltaba, otro retrasado mental. Hola .l.

Nº1: Hola, soy Gilbert, Gilbert Beilschmidt evidentemente soy tu líder y tu mi subordinado.

Nº3: ¡Soy más fuerte que cualquiera de vosotros, no soy un debilucho!

-Dios, ¿Por qué me odias?, ¿Por qué me has puesto en este grupo?...-Susurró con la voz desesperada mientras leía las respuestas de sus aliados y pensaba que contestar.

-Nº4:¿ Nos reunimos en diez minutos en el lugar de inicio del juego?

-Nº2: ¿Tu fuerte? ¿Pero qué dices? Si hasta el James Bond será más fuerte que tu

-Nº1: Por supuesto que soy más fuerte, ¡Tengo superfuerza!

-Nº2: Tu tienes superretraso, idiota.

-Nº4: ¿ Nos reunimos en diez minutos en el lugar de inicio del juego?

-Nº3: Tú sí que serás más débil que James Bond, amargado.

-Nº1: No me llamo James Bond, soy Gilbert, Gilbert Beilschmidt.

-Nº2: Qué si idiota, qué nos sabemos tu estúpido nombre deja de repetirlo, James, James Bond.

-Me han ignorado, es que siquiera me han dicho algo hieriente...-Pensó cabreado, no le gustaba causar mal ambiente, pero que fuese el único que dijese algo cuerdo y le ignorasen le sacaba de quicio, y más si era su vida la que estaba en juego en dichos momentos.

-Nº4:¡¿Estáis idiotas o qué?! ¡En menos de veinte minutos va a empezar el juego!, ¡Tenemos que encontrarnos para saber quiénes somos y preparar una estrategia, así que en diez minutos en el lugar de inicio, son nuestras vidas las que están en juego ya este paso vamos a ser fiambre, imbéciles!

-Nº2: ¿Pero quién te crees para llamarme idiota?

-Nº1: Aquí el que da órdenes soy yo, plebeyo. Equipo, en diez minutos en el lugar de inicio.

-Nº3: De acuerdo, allí estaré.

-Nº2: Qué remedio tendré que ir, sed puntuales.

-Nº1: Así me gusta equipo haciendo caso al líder.

-Definitivamente están locos-Susurró Antonio mientras recogía su mochila y se marchaba al lugar citado.


Gracias por leer

Besos :D