Hola! Aquí estoy de nuevo justo antes de ver en llamas, así que ahora no me tardaré tanto en escribir el próximo capitulo ya que voy a estar bien inspirada, sobretodo ahora que vienen las escenas que tanto han estado esperando.

Mil gracias por todos sus reviews, favoritos, alerta, PM y autor favorito! Son lo máximo.

Bueno, ya los dejo leer un poco, las letras que estan en diagonal son de los capitulos cinco y seis por si no se acordaban.

Saludos! Y a ver en llamas :D


El grito de Madge fue ensordecedor desde que entraron a los departamentos exclusivos para los alcaldes de los distritos. Había estado prácticamente sola y sin hablar con nadie, más que con su padre cuando estaba presente. El hecho de que los sirvientes sean avox, no le ayudaba en lo absoluto. Ver a su amiga, a su única amiga, en el capitolio la hizo estallar de felicidad.

-¡Por fin! – Gritaba Madge emocionada abrazando a Katniss – pensé que me volvería loca ¿Cómo estás?

-Bien ¿y tú?

-Aburrida. Venir al capitolio simplemente es de lo peor.

-Pero hay muchos lugares a donde ir – comentó Peeta.

-Claro, como tú no tienes a un padre sobre protector que solo te deja asomarte a las ventanas.

-¿Pero no has salido a ningún lado todo este tiempo?

-Solo algunas tiendas y restaurantes, pero siempre acompañada de mi padre ¡Es frustrante! Pero ya le avisé que venían para acá y me dio permiso de salir con ustedes. Te tiene mucha confianza Peeta.

-Bien – sonrió Peeta – entonces ¿A dónde les gustaría ir primero?

-¡Al cine! No, no, mejor al teatro, no mejor al mall, no mejor a un espectáculo que están promocionando en el periódico ¡No, ya sé! A un antro.

-De ninguna manera, tu padre me mataría.

-Pero, Peeta.

-Vamos a un centro comercial que está aquí cerca, hay varias tiendas, restaurantes y hay un cine. Podemos pasar el resto del día ahí.

-De acuerdo – dijo Madge no muy convencida – Peeta ¿ahí venden cervezas?

-¡Madge!

-Quiero probar una. Con mi padre jamás podría hacerlo.

-Olvídalo.

Después de unas horas, Peeta prefirió sentarse a descansar un poco. Vaya que estaba acostumbrado a trabajar por largas horas cuando estaba en la panadería y después, durante los juegos, su nivel de ejercicio había aumentado considerablemente, pero su cansancio no era precisamente el hecho de caminar y caminar de una tienda a otra, sino más bien, soportar las grandes indecisiones de las mujeres. Madge se había probado infinidad de vestidos en una tienda y salía sin comprar nada, y de ahí pasaban a otra y era exactamente lo mismo. Claro que no le molestaba ver a Katniss probarse uno que otro vestido. Se veía realmente hermosa, más con un sonrojo en las mejillas cuando él le decía que el vestido se le veía perfecto. Pero llegó al límite de su paciencia, así que para no estropearles el día, prefirió sentarse en los elegantes sillones de espera que se encontraban en los pasillos del mall.

Madge y Katniss habían entrado a una tienda de lencería. Era extraño para las dos entrar a una tienda de ese estilo, pero Madge y su curiosidad, hicieron que entraran ahí.

-Wow, mira todo eso – decía Madge sorprendida - ¿esta es la ropa que usan las mujeres del capitolio? Es muy sexy ¿no te parece, Katniss?

-Sí.

-Seguro a Peeta le encantará verte con uno de estos – le mostraba un conjunto color rojo con una sonrisa burlona.

-¿Quieres callarte?

-Cuéntame ¿Qué se siente?

-¿Qué se siente, qué?

-Hacer el amor.

-Por Dios, Madge.

-Katniss, al paso que voy moriré virgen. Mi padre jamás me dejara que salga con alguien.

-Deja que salgas con Peeta.

-Porque es un vencedor de los juegos, por eso permitió mi amistad con él. No te vayas a molestar, pero estoy segura que mi padre le hubiera gustado que entre Peeta y yo hubiera algo más.

-¿Por qué?

-Quiere que viva bien. Jamás permitiría que yo anduviera con un chico de la veta. Peeta es rico y joven, pero no es mi tipo, lo veo como un hermano.

-Bueno ya llegará alguien especial – le dijo viendo otro conjunto muy sexy, pensando en que la ropa que ella tenía era para espantar a un muerto. Pensó en su noche de boda, la pijama que ella vestía, por Dios, era fatal.

-Cada día que pasa pierdo mas la esperanza de encontrar a alguien – dijo Madge en un suspiro – pero tú eres mi amiga ¿verdad? – Katniss frunció el ceño – y me vas a decir que se siente. Dímelo, por favor, dime ¿Qué sientes cuando Peeta te toca, te besa?

Katniss se quedó recordando las pocas veces que Peeta la besó, era algo difícil de explicar, algo que extrañaba tanto y realmente lo necesitaba. Vio a Madge y no quiso mentirle. Al menos tendría a alguien en el distrito 12 que supiera cómo se sentía en realidad, alguien quien la apoyara cuando regresara a su distrito.

-Peeta y yo… nunca… nunca hemos hecho el amor.

-¿Qué? – Abrió Madge la boca sorprendida -¿Por qué?

-Porque… bueno ¿recuerdas la nueva ley?

-¿Tú le pediste matrimonio a Peeta? – preguntó Madge asombrada. Katniss asintió apenada volteando a su alrededor cerciorándose que nadie las escuchara – no lo puedo creer. Pero ¿tú ya conocías a Peeta antes?

-No.

-¿Entonces porque aceptó casarse contigo?

-No estoy segura, creo que por venganza. Tuvimos unas discusiones antes de que empezara la nueva ley. Después él mandó electrificar la cerca y yo tuve problemas para comer, así que en mi desesperación fui a pedirle matrimonio y él aceptó.

-Que raro ¿no? Digo, Peeta discutía con muchas personas recién regresó de los juegos. Siempre andaba de malas. No creo que tu hayas sido la única con la que haya discutido – Madge caminó un poco por la tienda pensativa – pero si en realidad quería vengarse de ti ¿no hubiera sido mejor venganza que te hubieras muerto de hambre o que quedara tu nombre en la cosecha?

-Tal vez.

-Para mí que hay algo extraño en que Peeta sí te haya aceptado a ti como su esposa.

-Hemos tenido muchos problemas.

-Por eso te trajo aquí ¿verdad? – Katniss asintió – él me dijo que te quería mantener alejada del capitolio.

Katniss pensó en Johanna y sintió como la sangre le empezaba a hervir. Después recordó todo lo que le había dicho Annie y Cinna. Tal vez Peeta no quería que ella se diera cuenta del infierno que estaba pasando él por dentro.

-¿Qué fue lo que pasó para que te trajera aquí?

-Piensa que entre un amigo y yo hay algo.

-¿Y lo hay?

-No, Gale es mi amigo. Nos conocemos desde hace muchos años. Salíamos a cazar al bosque y nos repartíamos las ganancias.

-¿Salías al bosque?

-Sí ¿Por qué?

-Seguramente ahí te has de sentir libre.

-Sí, ir al bosque es increíble.

-Como me gustaría hacer algo diferente en mi vida – dijo Madge con aire soñador – en fin. Entonces entre tú y…

-Gale.

-Gale ¿no hay nada?

-No, pero Peeta cree todo lo contrario.

-Ah… esta celoso.

-Claro que no. Lo que pasa es que no soporta que lo desobedezca.

-Pues esto está muy raro – Madge se quedó viendo a Katniss - ¿y tú?

-¿Yo qué?

-¿Qué sientes por Peeta?

Katniss se empezó a poner nerviosa y caminó hacia otro estante de ropa.

-Dime la verdad. Soy tu amiga, puedes confiar en mi ¿sientes algo por él?

-No lo sé, estoy muy confundida. Jamás me había pasado algo igual.

-Peeta es guapo – sonrió Madge con picardía.

-Es más que guapo. Madge – Katniss suspiró- besa riquísimo.

Madge soltó un grito de emoción haciendo que varias mujeres que estaban en la tienda voltearan a verlas.

-Cállate.

-¿Te ha besado?

-Sí. Antes que tuviéramos el problema de Gale. Pero desde que me trajo al capitolio ha estado muy frio conmigo, bueno hasta hoy. Hoy ha estado un poco más relajado.

-Tal vez por los eventos después de los juegos. Mi padre también ha andado de un humor ¿y qué piensas hacer?

-No lo sé.

-Yo que tu, me compraba esta batita sexy, me la pondría esta noche y lo provocaría para que me volviera a besar.

-Estás loca – le dijo Katniss arrebatándole la bata que había tomado Madge y devolviéndola a su lugar.

-Ey, te la voy a comprar.

-Claro que no.

-Claro que sí, será mi regalo de bodas.

Peeta veía a las personas del capitolio, muy elegantes, caminando por el centro comercial cargando grandes bolsas de zapatos, sombreros, ropa y hasta pelucas. De solo pensar que una sola prenda de esas podría alimentar a varias personas en varios distritos, se le revolvía el estomago. Pero ahí estaba él dispuesto a comprarle lo que sea a Katniss. Quería llenarla de regalos, darle lo que nunca había tenido. Sonrió recordando como ella se negaba, solo había aceptado un vestido para ella, uno para su madre y otro para su hermana. No más. Esa era su Katniss.

Su mente lo estaba atormentando al saber la verdad de lo ocurrido en el bosque ¿con qué cara le iba a pedir perdón por la forma en que la había tratado? Por Dios ¿en que se estaba convirtiendo? Estuvo a punto de obligarla a estar con él, tal y cómo lo habían obligado a él aquellas mujeres ricas deseosas de hombres jóvenes y populares.

Las vio salir de un establecimiento de celulares. Madge le mostraba a Katniss cómo se usaban, su padre le había comprado uno para que estuviera en constante comunicación con él.

-Y también tiene jueguitos – decía Madge acercándose a Peeta – es con lo que más me he divertido todo éste tiempo.

-¿Compraron lo que necesitaron?

-Sí, es lo bueno de que tu padre quiera compensarte por tenerte en una burbuja siempre- les mostraba la tarjeta de crédito.

-¿Te compraste algo, Katniss?

-No, aquí tienes el dinero que me diste.

-¿Por qué no? ¿No te gustó nada? – Le decía negándose a recibir el dinero que le daba Katniss – ese dinero es tuyo, compra lo que quieras.

-No – decía un poco dudosa.

-Sí tú no quieres nada, compra algo para tu mamá y tu hermana.

-Bueno, me gustaría un celular como Madge – Peeta frunció el ceño – para mi mamá y así pueda hablarme a casa.

-Perfecto – sonrió Peeta.

Peeta sabía utilizar el celular porque en el capitolio le entregaban uno para enviarle información de cualquier evento o situación a la cual tenía que presentarse. Así que asesoró a Katniss para comprarle el indicado a su madre, y la convenció para comprarle uno a ella. Le ayudó a ingresar los teléfonos de él, la casa en la aldea de los vencedores, el de Madge, Haymitch, Cinna y Effie. A Katniss simplemente ese aparatito le había encantado.

-¡No puedo creerlo! – gritó Madge mientras cenaban en un restaurant del centro comercial y casi aventaba el celular.

-¿Qué te dijo tu padre? – preguntó Peeta.

-Que mañana nos vamos por la tarde. No puede ser, cuando por fin la estaba pasando bien, nos tenemos que ir.

-Lo siento, Madge, fue mi culpa. Debí decirle a Katniss que fuera a visitarte o tu ir al edificio de entrenamiento con nosotros.

-Sí, fue tu culpa y ahora tendrás que hacer algo por mí.

-¿Ah sí? ¿Y qué quieres que haga por ti?

-Llevarnos a un antro a bailar.

-Ya dije que no. Madge, tu padre me tiene confianza, no quiero decepcionarlo. Él jamás permitiría que entraras a un lugar así.

-Bueno, no me queda otra que resignarme a ésta vida de aburrimiento.

-¿Qué te parece si esta última noche la pasas con nosotros?

-¿Es en serio?

-Sí, creo que en eso si podré convencer a tu padre.

Madge jamás había estado en el edificio de entrenamiento, así que Peeta las llevó a recorrer todo el lugar. Después habían visto una película en la sala, hasta que decidieron irse a dormir.

-¿Dónde dormiré?

-¿Qué les parece si se quedan juntas, así podrán seguir platicando?

-¿No te molesta? Digo, tal vez tenias pensado una noche romántica y llena de acción…

-Madge – interrumpió Katniss.

-Para eso tendremos muchas otras noches más. Que descansen.

Peeta le dio un beso a Madge en la mejilla y cuando se paró frente a Katniss para despedirse, se acercó poco a poco y le dio un beso cerca de la boca. Una vez que Peeta cerró la puerta de su habitación, Madge saltó del sofá.

-Habrá otras noches más.

-¿Qué habrá querido decir con eso?

-Que quiere llevarte a la cama. Por Dios, Katniss, todo el día se la ha pasado como un bobo viéndote.

Katniss se quedó pensando.

-Oye – se acercó Madge para decirle en forma de secreto - ¿y si nos vamos a un antro?

-¿Qué?

-Peeta ya se fue a dormir. Solo necesitamos ponernos guapas y tomar un taxi.

-Claro que no, Madge.

-Por favor, amiga, es nuestra última oportunidad.

-Sí Peeta llega a enterarse…

-Solo vamos un rato, solo a conocer y nos regresamos. Una hora, no más. Hazlo por mí – le rogaba Madge – tu puedes salir al bosque pero yo no.

-Peeta me prohibió ir al bosque.

-Mi padre me prohíbe ir a todas partes.

Katniss vio a su mejor amiga, la entendía a la perfección. Madge le seguía rogando y diciéndole que no habría ningún contratiempo y que solo irían un momento.

-De acuerdo, pero solo una hora, Madge.

-Sí, no me quiero morir sin haber entrado a un antro y tomado una cerveza.

Se arreglaron tratando de hacer el menor ruido posible. Katniss estaba muy nerviosa, pero ella también tenía curiosidad de conocer un lugar así. Tenía 17 años y quería experimentar un pasatiempo de chicas de su edad.

-¿Siempre duermen en habitaciones separadas? – le preguntó Madge frente al espejo, maquillándose.

-Aquí sí, pero en casa no. Ahí sí dormimos juntos.

-¿Y? ¿Nunca te ha pedido que hagan algo… divertido?

-No.

-¿Y a ti te gustaría?

-No sé. Cuando lo he visto sin camisa siento algo y más cuando me besa. Es como si mi cuerpo quisiera más. Es muy extraño, jamás me había pasado.

-¿Y tú nunca le has insinuado algo cuando están acostados?

-No. Peeta padece de muchas pesadillas.

-Igual que mi madre. Papá es quien la controla.

-Yo también lo he intentado con él, aunque…

-¿Aunque qué?

-Desde que llegamos aquí no sé si ha tenido pesadillas – le dijo Katniss preocupada. Peeta decía que estando en el capitolio sus pesadillas eran más intensas, por eso fue que había regresado al distrito 12 después de que habían muerto los tributos de su distrito.

-¿Y tú crees que algún día tu y Peeta hagan el amor o simplemente seguirán como hasta ahora?

-Desde un comienzo me dijo que quería hijos.

-¿Y tú qué piensas de eso?

-Cuando me lo dijo me aterré, más cuando mi madre me explico lo que era estar con un hombre. Pero ahora con Peeta… no sé Madge, estoy muy confundida.

-Quisieras que él te hiciera el amor – sonrió Madge con ternura.

-Tal vez, pero por ahora solo quisiera que me besara como antes.

No les costó mucho llegar al antro. Solo salieron del edificio y de inmediato un taxi las llevó al antro más cercano. Madge se fue directo a la barra a pedir su tan deseada cerveza y pidió otra para Katniss.

-Es increíble, jamás me imagine que fuera así – decía Madge bailando al ritmo de la música y tomando la cerveza- sabe deliciosa.

-Sabe raro.

-Es porque no has probado la especialidad de la casa – llegaron dos chicos muy guapos, inmediatamente Madge sonrió – te puedo pedir una – le dijo uno de ellos a Katniss.

-No, gracias.

-Yo sí quiero.

-¿Y quieres bailar? – le preguntó el otro chico a Madge.

-Claro.

-Ve pidiendo la bebida para esta preciosura – le dijo el chico al otro que se había interesado en Katniss.

Katniss vio como Madge se fue a la pista de baile, mientras que el chico que se había quedado con ella pedía la bebida para Madge.

-Nunca te había visto aquí.

-No, nunca había venido.

-¿Y qué te parece? – le quito la cerveza, entregándole una bebida.

-Está muy bien.

-¿Vienen solas? – Katniss asintió. Estaba demasiado nerviosa, en su mente solo estaba Peeta – entonces la pasaremos increíblemente bien ¿quieres bailar?

-No – dijo rápidamente y para que ya no le estuviera hablando más empezó a tomarse la bebida.

-¿Qué tal? Esta deliciosa ¿no?

-Sí.

Y era la verdad, le había encantado. Se la tomó de inmediato.

-¿Otra? – Ella asintió y el chico pidió otra más – eres muy hermosa. Me gusta mucho tu trenza.

-Gracias – recibió la bebida que le daba y de nuevo se la tomó rápidamente.

-Aquí no he visto a muchas mujeres con trenzas.

-¿Ah no?

-No, tú eres diferente.

Katniss dio un paso hacia atrás al ver como el chico se le había acercado demasiado, de pronto sintió un mareo y volteó a ver a Madge quien seguía bailando feliz.

-Creo que iré por mi amiga.

-¿Por qué? Ella se está divirtiendo. Tal vez es lo que nosotros deberíamos hacer.

-No – de nuevo se alejó sintiendo aun más intenso el mareo – debo ir por Madge.

Katniss caminó rápidamente tratando de mantener el equilibrio. Todo le daba vueltas y tenía que parpadear varias veces para estar consciente de lo tenía que hacer.

-Madge, me siento mal.

-¿Qué? – gritó Madge debido a la música.

-Me siento mal, acompáñame al baño.

Madge, al ver la cara de Katniss, la tomó del brazo para ayudarla a caminar hacia el baño. Llegando ahí empezó a vomitar en el retrete.

-¿Qué te pasa?

-No sé, pero me siento fatal. No tengo fuerzas para nada.

-¿Y si les pedimos a esos chicos que nos ayuden? No sé, que nos lleven a un hospital.

-No los conocemos, Madge.

-Pues han sido lindos con nosotros.

-Un momento. Me tomé la bebida que me dio – Madge la vio preocupada – no solo una, sino dos.

-¿Crees que hayan querido drogarte?

-Tal vez – y de nuevo volvió a vomitar e intento levantarse pero no pudo – me siento muy cansada.

-Katniss, estoy asustada ¿Qué hago? ¿Le llamo a Peeta?

-¡NO!

-¿Qué hago entonces?

-Ayúdame a levantarme. Nos vamos tal y como llegamos.

Pero en cuanto Katniss puso un pie en el piso sus piernas no le respondieron, cayéndose de nuevo al no poder Madge con ella.

-Katniss –empezaba a sollozar Madge.

-Me siento mal, Madge, muy mal. Quiero vo… - pero ya no terminó y se arrastró de nuevo al retrete para volver a vomitar.

Empezaron a tocar la puerta del baño. Eran los chicos preguntando por ellas. Madge estaba aterrada, seguramente tramaban algo al saber que estaban solas. Sin pensarlo dos veces, Madge tomó su celular y le llamó a Peeta.

-Sí – contentó Peeta adormilado.

Madge dudo un poco, pero al ver que Katniss seguía vomitando y que los chicos seguían tocando la puerta, tomó valor.

-Peeta.

-¿Madge? ¿Por qué me llamas por teléfono?

-Es que… yo… Katniss…

-¿Katniss? – Se levantó de inmediato, viendo en su reloj las dos de la mañana - ¿Qué está pasando, Madge? – Peeta abría la habitación donde supuestamente estarían dormidas Madge y Katniss - ¿Dónde están?

-En un antro.

-¿QUE? ¿Cómo que en un antro?

-Después te explico, lo que necesito es que vengas por nosotras, Katniss está muy mal.

-¿Qué le pasó?

-No lo sé, esta vomitando mucho y dice que no siente las piernas.

-Demonios – decía empezando a ponerse un pantalón y los zapatos -¿tomó algo?

-Creo que sí.

-Dime como se llama el lugar, voy para allá inmediatamente.

Peeta conocía el lugar, varias veces tuvo que ir ahí con algunas mujeres que querían exhibirlo como un premio. Todo el tiempo estuvo comunicándose con Madge, así que cuando entró se fue directo al baño de mujeres. Los chicos ya se habían cansado de esperarlas, así que se habían ido por nuevas víctimas.

-Madge, soy Peeta – tocó la puerta.

-Gracias a Dios que llegaste. Esta delirando, dice incoherencias y después vomita. Además está ardiendo en fiebre.

-Vámonos.

Peeta cargó entre sus brazos a Katniss y salió del antro, siendo seguido por Madge. Entraron al auto que los esperaba en la entrada.

-Dices que ha vomitado.

-Sí.

-Bien, vamos al edificio de entrenamiento – le dijo Peeta al chofer.

-¿Ya no al hospital?

-No, por suerte esta vomitando la droga.

-Fue mi culpa, Peeta, yo fui quien convenció a Katniss para salir.

-Peeta, Peeta – susurraba Katniss. Estaba sudando debido a la fiebre.

-Aquí estoy – le acariciaba la cara limpiándole las gotas de sudor.

-Oh, Katniss, perdóname.

-No llores, Madge, Katniss se pondrá bien – la regañó Peeta – su cuerpo rechazó la droga inmediatamente, es por eso que tiene mucha fiebre.

-Peeta… te necesito.

Peeta se sorprendió al escucharla, pero pensó que estaba delirando debido a la droga.

Al llegar al edificio de entrenamientos, de nuevo, Peeta tomó entre sus brazos a Katniss y la llevó a su habitación.

-Madge, llama a Cinna, por favor.

Madge, con sus dedos temblorosos, llamó a Cinna explicándole la situación. Mientras tanto, Peeta preparaba la tina de baño con agua fresca para bajarle la temperatura a Katniss.

-Ayúdame, Madge.

-¿La vas a meter al agua con ropa?

-Pues…

-Va a salir chorreando cuando la saquemos.

-De acuerdo, hazlo tú.

-No puedo sola. Por si no te has dado cuenta esta casi inconsciente.

-Peeta – susurraba Katniss.

-Bien, tú le quitas el vestido mientras yo la detengo.

Y así lo hicieron. Peeta metió a Katniss a la tina de baño. Ella al comienzo se inquietó por sentir el frio del agua, pero Peeta la tranquilizaba.

Cinna llegó poco después con medicamento. Era de gran importancia que no se supiera en el capitolio, sobretodo el presidente, del estado de Katniss. Peeta lo sabía pero aun así le había dicho a su chofer que la llevaría al hospital de ser necesario. Para él, Katniss era lo más importante.

Cinna y Madge se quedaron dormidos al saber que Katniss ya no tenía tanta temperatura y que el medicamento le estaba haciendo efecto. Pero Peeta no se despegó ni un minuto de ella. Por momentos se quedaba dormido a un lado de ella, pero despertaba para verificar su estado.

A la mañana siguiente, Katniss se despertó con dolor de cabeza. Recordaba parte de lo ocurrido la noche anterior, pero al verse en su habitación y con solo una bata puesta, se preocupó.

-¿Qué pasó? – Se preguntó a su misma - ¿Madge? – gritó hacia el baño.

De pronto de abrió la puerta apareciendo Peeta cargando una charola con el desayuno.

-Buenos días – saludó muy serio.

Katniss se asustó ¿Qué hacia Peeta ahí con el desayuno? ¿Acaso Madge le había dicho lo que habían hecho la noche anterior y que ella se había sentido un poco mal?

-Te traje algo de comer para que puedas tomar el otro medicamento.

Madge entró a la habitación con cara de preocupación y sumamente apenada.

-Katniss, que bueno que ya estas mejor ¿Cómo te sientes?

-Bien – no sabía que decir, menos con la mirada penetrante de Peeta. Lo conocía, y sabía que estaba enojado.

-Me asustaste mucho, esos tipos pusieron algo en la bebida. Por suerte Peeta fue por nosotras.

Katniss sintió como se le fue la sangre a los pies. De nuevo se enojaría con ella como lo hizo cuando se fue al bosque ¿En qué carajo estaba pensando cuando aceptó irse con Madge? Apenas Peeta llevaba un día tratándola bien desde lo ocurrido con Gale y de nuevo vuelve a hacer lo mismo.

-Madge ¿podrías dejarnos solos por favor?

Peeta cerró la puerta al salir Madge de la habitación, se puso frente a la cama con los brazos cruzados.

-¿Estas enojado?

-No. Estoy furioso. No entiendo cómo demonios se te ocurrió tomarte una bebida de un desconocido ¿sabes el peligro en que estuviste?

-¿No estás enojado porque me fui sin avisarte?

-También, aunque Madge ya me explicó eso.

Peeta despeinó el cabello y se sentó en la cama frente a ella.

-Katniss, si tú querías ir a conocer un lugar así, me hubieras dicho. Yo te hubiera llevado y cuidado.

-Pero le dijiste que no a Madge.

-Su padre jamás me perdonaría si la llevara ahí. Él es muy reservado en esas cosas. Espero que no se entere de lo que pasó.

-Perdóname.

-Prométeme que antes de hacer cualquier disparate, me avisarás primero ¿de acuerdo?

Peeta sonrió y eso tranquilizó a Katniss, sonriendo junto con él.

Después de desayunar, Madge regresó a la habitación de Katniss para despedirse. Ella iba a regresar al Distrito 12 junto con su padre. Todos los eventos después de los juegos habían concluido y era hora de regresar.

-Nos fue mal ¿eh? – le dijo Katniss en cuanto se quedaron solas en la habitación.

-Solo a mi – se encogió de hombros Madge – Peeta me dio la regañada de mi vida.

-Conmigo también se enojó.

-Pues yo no lo vi enojado anoche, más bien estaba muy preocupado por ti.

-¿Qué pasó? Solo recuerdo estar en el baño vomitando.

-Esos tipos pusieron algo en la bebida. Cinna me explicó que es una droga muy común aquí, hace que te sientas mal y como ellos son los únicos "conocidos" que tienes, pues te ofrecen ayuda y te llevan a su casa. Tú sabes para que. La ventaja que tú tuviste es que la vomitaste y fue por eso que no te afectó tanto.

-¿Y qué pasa si no hubiera vomitado?

-Directo al hospital. Cinna estaba preocupado por si se enteraba el presidente.

-¿Peeta está en problemas? – se asustó Katniss.

-No, por suerte nadie se enteró. Solo el chofer pero él no dirá nada.

-¿Y qué más pasó? ¿Cómo llegué aquí?

-En brazos de Peeta – sonrió Madge – él te trajo aquí y te metió a la bañera porque ardías en fiebre.

-¿Él… él me quitó la ropa? – preguntó sorprendida.

-Fui yo – Katniss suspiró tranquila – pero él te detenía, así que vio todo.

-¿Qué?

-Solo te dejamos en ropa interior.

-No puede ser, que pena.

-¿Por qué? Peeta algún día te verá completamente desnuda.

-¡Madge!

-Es la verdad y tú también lo deseas.

-Bueno… y… y…

-¿Qué hizo él al verte semidesnuda? – Katniss se puso completamente roja – Nada, estaba tan preocupado por ti que lo único que quería era que estuvieras bien. Dime ¿él ya te había visto semidesnuda?

Katniss recordó aquella vez en que intentó abusar de ella al saber lo que había pasado en el bosque con Gale. Le había quitado la ropa y la había tocado de forma posesiva. Claro que la había visto semidesnuda pero para ella, ese no era Peeta.

-No.

-Estaba muy preocupado. De hecho, se quedó toda la noche cuidándote.

-¿En serio? – sonrió Katniss.

-Sí. Insisto, esto de que él si haya aceptado casarse contigo, el que este celoso de tu amigo y que se preocupe tanto por ti cuando estas enferma… da mucho que pensar.

-¿A qué te refieres?

-Creo que Peeta está enamorado de ti.

-No… no creo. Tenemos muy poco tiempo de conocernos.

-Dices que tú no lo conocías pero ¿y él a ti? ¿No te has puesto a pensar que tal vez él si te conocía antes de irse a los juegos?

Katniss recordó la entrevista que le hicieron a Peeta al iniciar los juegos.

-¿Dónde la conociste?

-En la escuela, en la clase de música, la maestra preguntó quién se sabía la canción del valle y ella levantó la mano – dijo Peeta con un brillo en sus ojos – se puso de pie sobre un taburete y cantó, cantó tan hermoso que hasta los pájaros de fuera se callaron.

-Y te enamoraste – dijo con aire soñador Caesar.

-Completamente.

Katniss se tapó la boca con la mano, recordando también la ocasión en que Peeta había ido a su casa a comer con su madre y Prim.

-Siempre usabas trenzas – le dijo Peeta viendo una foto de Katniss cuando era niña – y te gustaba usar éste vestido rosa. Sonreías cuando lo llevabas puesto.

-¿Qué?

-Cuando llevabas puesto éste vestido sonreías casi todo el día en la escuela.

-Eh…sí, era el único vestido que tenía que me gustaba.

-Te veías muy bonita. Aparte del vestido, porque sonreías.

Peeta siguió viendo las fotos dejando muy confundida a Katniss.

-La historia… la historia que dijiste en la entrevista… no es cierta ¿verdad?

-¿Qué historia? – le preguntó Peeta sin voltear a verla.

-La de cómo nos conocimos. Recuerdo que canté en la clase de música la canción del valle…

-Yo estaba ahí, lo que pasa es que nunca volteaste a verme – caminó deteniéndose frente a ella a centímetros de distancia, viéndola directo a los ojos – jamás volteaste a verme hasta que te fui muy útil ¿verdad?

No podía creerlo. Madge tenía razón, Peeta ya la conocía desde mucho antes y ella jamás se había fijado en él.

-Oh Madge, que tonta he sido.


En el próximo capitulo la escena que tanto me han estado pidiendo ¡Lo prometo!