Hi, lamento la tardanza. =/

Capítulo Catorce: Un Espejo de la Historia

Fue en ese momento que un crujido azotó ruidosamente y se hizo eco a través del aire abierto de la pradera, seguido por el relincho de un caballo aterrorizado, el grito asustado de una reina, y el grito determinado de un rey.


Ni Regina ni Emma se perdieron la fuente del fuerte crujido, porque ambas miraban la escena a través de los ojos de los guardias detrás de los antiguos monarcas. Ambas vieron como Rowe lenta y sutilmente sacaba una pequeña honda de correa de cuero desde dentro de su capa, y con un gesto de Leland, sacó una pequeña roca de su bolsillo, equilibrándola en la correa de cuero, estirando, apuntando, y disparándola.


La roca craqueó ruidosamente cuando se estrelló contra los cuartos traseros del corcel de la Reina Blanca, asustando eficazmente a la bestia. El relincho del caballo atravesó el aire mientras se alzaba sobre sus patas traseras, ganándose un grito asustado de su jinete, mientras que simultáneamente hizo a la reina perder el equilibrio y agarrarse con una sola mano de las riendas. Luego el corcel salió disparado hacia adelante, con absoluto abandono, una aturdida e indefensa Snow White trataba desesperadamente de recuperar su posición en lo alto del caballo desbocado.

James dejó escapar un determinado grito de "¡Sostente fuerte, Snow!" mientras él azotaba sus propias riendas e impulsaba a su caballo hacia adelante, con la intención de rescatar a su esposa.


La sangre de Regina se heló mientras ella calmaba su magia y se retiraba de la memoria del guardia. La escena que sólo acababa de presenciar le parecía tan inquietantemente familiar que los diminutos pelos de su nuca se pusieron firmes y escalofríos enfermizos recorrían su espalda. Alzó una mano y la aferró a los hombros de su esposa para halar de ella alejándola también de los recuerdos.

Emma se volteó hacia ella con sus ojos esmeralda expandidos y brillando de reconocimiento, a excepción de Snow White y de la misma Regina, nadie conocía mejor la historia de la reina malvada que ella. Había sido su cuento favorito cuando era niña, habiendo escuchado el relato del caballo desbocado de su madre biológica en innumerable ocasiones y de la hermosa mujer que la había rescatado, la mujer que más tarde se convertiría en una de las más temida practicante de magia y monarca en la historia del reino.

"¿Sería terriblemente ingenuo de mi parte creer que esto es una coincidencia?" Preguntó Emma en voz baja mientras miraba los profundos ojos chocolate de su amada y no vio nada más que verdadero temor.

"Nada es coincidencia," murmuró Regina mientras las lágrimas nacían en sus ojos y negaba lentamente con la cabeza.

Luego, sin decir una palabra, Regina se volteó hacia el guardia, Leland, todavía en su lugar debido a la magia, y se zambulló en su memoria una vez más. Emma siguió rápidamente con Rowe, y ambas vieron como los restos de la escena se desempeñaban, ambas con el miedo ahora agrupándose en sus intestinos aunque Emma no tenía la menor idea de por qué. Regina, sin embargo, sabía muy bien la razón de su miedo y esperaba más que nada estar equivocada.


Mientras el corcel del rey se disparaba hacia adelante con la orden y la determinación de perseguir a su compañero, los guardias, Leland y Rowe, sacaron rápidamente sus arcos de sus espaldas y una flecha de cada uno de sus carcaj. Cargaron y tensaron sus cuerdas.

"¡REY JAMES!" Gritó Leland, su voz estaba teñida con el tono justo de alarma para apartar con eficacia la atención del rey de su esposa, por temor a una amenaza.

El corcel del rey arqueó cuando James tiró de las riendas, y ambos, bestia y jinete, se dieron la vuelta en dirección al grito. Los ojos de James instantánea y visiblemente, incluso en la distancia, se abrieron cuando vio la punta de las dos flechas de sus guardias de confianza dirigidas hacia su corazón.

"No," murmuró el rey, o tal vez susurró la palabra—inaudible de cualquier manera.

Leland dejó escapar una pequeña risita y, en voz baja, murmuró, "Larga vida al Rey." Y con esas palabras, tanto Leland como Rowe soltaron sus flechas y vieron como los ejes de piedra cruzaban zumbando el aire de la pradera con experta velocidad y precisión antes de implantarse con dos escalofriantes golpes en el pecho del rey.

James dejó escapar un gorgoteante grito mientras su cuerpo se retorcía antinaturalmente hacia atrás y hacia un lado con la fuerza de los golpes, sin embargo, no cayó de su corcel. Por lo tanto, Leland, lanzando una mirada cautelosa al caballo de la reina a la distancia, cargó con rapidez otra flecha y la disparó sin vacilar. La flecha se hundió en el pecho del rey, justo por encima de las otras dos y debajo de la clavícula del hombre, y su fuerza fue suficiente para remover al ya inestable e inseguro monarca de su asiento y al suelo.

Ambos guardias engancharon nuevamente sus arcos a sus espaldas con rapidez y corrieron hacia adelante tan rápido como sus pies se lo permitieron. Justo al llegar al lado de James, oyeron el fuerte relincho de un caballo a la distancia y el brusco chasquido de riendas contra la piel. Los dos hombres levantaron la vista para ver que la Reina Blanca, finalmente, había recuperado su dominio sobre su corcel, logrando levantar su cuerpo sobre el caballo y a su silla.

Leland y Rowe desenvainaron sus espadas y rodearon el cuerpo, ya sin vida, del rey y en pocos minutos, el corcel de la reina galopaba rápidamente hacia ellos. Los gritos de la reina rasgaron el aire cuando sus ojos se centraron en el cuerpo sin vida de su amado esposo, e instó a su caballo a moverse más rápido. Ella apenas había llegado a su lado cuando saltó del lomo de su caballo, gritando, "No, no, no, ¡James! ¿Qué ha pasado? ¿Quién hizo esto?"

Ella no sabía nada.

"¡Quédese allí, Mi Reina!" Comandó inútilmente Rowe ya que Snow cayó al suelo al lado de su marido. "¡Debemos cerciorarnos de su seguridad!"

Snow sacó rápidamente las flechas del pecho de su marido, desgarrando la carne mientras lloraba y gritaba para que despertara. Ella llevó sus manos a las heridas, presionándolas en un intento por detener el rápido flujo de sangre, aunque ya era, por supuesto, demasiado tarde. "¿Cómo fue esto… ¿qué pasó?" Gritó de nuevo.

"Un ataque desde los bosques," le dijo Leland, ambos guardias continuaban aún con su fachada de protección.

"Él debe recibir ayuda," dijo la reina con voz temblorosa mientras se movía entre pulsar las heridas de su esposo y bofetadas en sus mejillas. "Debo… Regina… Emma… él necesita magia."

"¿Tiene usted alguna forma de contactar con ellas, Mi Reina?" Preguntó Rowe, y él y Leland compartieron una mirada de preocupación.

"Mi espejo…" sollozó Snow mientras sacudía nuevamente a su marido. "James… James… por favor. Vuelve a mí, querido. Quédate conmigo. Espera por mí."

"El castillo está demasiado lejos, Majestad," le dijo Leland.

"¡Entonces haz sonar el maldito cuerno!" Le gritó Snow mientras presionaba el abierto y sangrante pecho de su amado.

"Pero Mi Reina, el cuerno es sólo para—"

"¡NO PREGUNTÉ TU OPINIÓN, GUARDIA!" Le ladró Snow a Rowe. "¡Como tu Reina, yo mando! Haz sonar el cuerno. Regina vendrá."

Mientras el eco del cuerno se escuchaba por todo el reino, Snow se cernía sobre el pecho de su marido, sus lágrimas goteaban sobre las mejillas del rey mientras miraba sus ojos abiertos y sin vida. Ella apretó los labios tantas veces en los de él que los suyos estaban decorados con manchas de la sangre que había burbujeado de la garganta del rey antes de morir. "James, por favor. Te necesito."


Las actuales reinas se apartaron de los guardias, jadeando mientras se libraban de los recuerdos de los hombres. Las lágrimas corrían por los ojos de ambas y fuego ardía en los ojos de Emma, algo que los guardias nunca habían visto en ella. A pesar de que sus mejillas estaban inundadas, el rostro de la joven reina estaba endurecido y retorcido por la furia, y sus blancas manos se apretaron en firmes y apretados.

"Atenlos." Ella gruñó la orden con una ferocidad que causó escalofríos en las espinas de los guardias.

Regina permaneció quieta, aparentemente perdida en sus pensamientos, con miedo en sus ojos y lágrimas corriendo por su hermoso rostro, mientras Emma llevaba a cabo la orden de arresto. "Guardias Leland y Rowe, quedan oficialmente bajo arresto," rugió la rubia mientras las manos de los dos hombres eran atadas a sus espaldas por los otros dos guardias, "por el asesinato del Rey James."

Tanto Leland como Rowe se veían petrificados aunque ambos mantuvieron su silencio. Los guardias que los ataron se quedaron sin aliento y parecían mortificados por haber escuchado la confirmación de lo que las lágrimas de sus reinas habían implicado. Sin dudarlo, los dos guardias le escupieron a Leland y a Rowe para mostrar su disgusto, la ira húmeda goteó por la cara de los asesinos, y de nuevo, ambos permanecieron en silencio. Ellos sabían que no debían discutir ni declararse, porque ninguno podía negar lo que las reinas habían presenciado en sus recuerdos.

Emma se paró en el espacio personal de Leland y Rowe, quienes estaban lado a lado. Sus labios se torcieron en una mueca totalmente feroz cuando los miró directamente. Luego, con una voz tan baja y tan fría que el ambiente pareció congelarse a su alrededor, la joven le hizo a ambos una oscura promesa.

"Morirán por su traición al reino," les aseguró, "y no será rápido. Será muy dolorosa."

Ambos hombres se estremecieron ante el hielo en su voz y la sinceridad en sus ojos mientras ella soltaba otra orden. "Llévenlos a las mazmorras."

Mientras los guardias eran empujados hacia la puerta, Regina volvió repentinamente a la realidad. Se obligó a bajar el bulto irregular en su garganta y luego también la bilis que subió, ya que burbujeaba en su estomago. Su voz a continuación sólo tembló mientras ronca y ahogadamente dejó salir un sorprendentemente firme. "¡Alto!"

Los guardias hicieron caso instantáneamente a su mando y se voltearon hacia su reina, una vez más, a la espera de una nueva orden.

"¿Regina?" Preguntó Emma en voz baja, volteándose hacia su esposa. "¿Qué ocurre?"

La morena se acercó y puso una mano suave en el brazo de su amada. Su mirada se encontró con la de la rubia y comenzó a hablar en un apretado susurro. "Creo que esto puede ser más grande de lo que pensamos, querida."

"¿Crees que estos hombres no actuaron por voluntad propia, sino bajo la orden de alguien más?" Preguntó Emma, siguiendo fácilmente el tren de pensamientos de su esposa. Su vínculo como Almas Gemelas destinadas las mantenía tan entrelazadas y enredadas espiritual, emocional y mentalmente, que a menudo se encontraban terminando las frases y pensamientos de la otra. Se conocían tan bien que la comunicación era como una segunda piel para ellas.

"Mm," murmuró Regina con un movimiento suave de cabeza, el mismo miedo de antes decoraba sus ojos. "Hay demasiada evidencia como para no creer lo contrario, y me temo, Emma, que toda esta desafortunada tragedia tiene todo que ver conmigo."

"¿Qué?" Inquirió Emma, sorprendida y sin poder creerlo. "¿Por qué crees eso, Regina?"

"El caballo desbocado," contestó la morena, "con nada más que Snow White como su jinete. Emma, fuiste testigo del mismo recuerdo que yo. Conoces bien mi historia con tu madre, y el recuerdo era un espejo casi cercano de la historia original."

"Si, amor, pero, ¿por qué iba alguien a volver a representar tal evento si el objetivo a asesinar era mi padre?" Le preguntó la rubia con voz temblorosa mientras mencionaba la muerte de su padre. "Ni siquiera estabas presente, Regina. Ni siquiera hubiéramos sabido de lo ocurrido de no haber visto los recuerdes de estos hombres."

"A menos que quien organizó el ataque sabía que haría algo así," le dijo su esposa, "que iba a mirar sus recuerdos, si no inmediatamente, lo haría con el tiempo. Creo que el objetivo era la muerte del rey, pero también creo que la manera en la que se produjo fue un intento directo de llamar mi atención."

"¿Crees conocer a la persona detrás de esto?" Preguntó Emma, sus ojos esmeralda estaban abiertos por el miedo.

Regina asintió solemnemente. "Ya has oído la confesión del guardia sobre el comportamiento reciente de Leland y Rowe. Afirmó que ambos parecían distantes y extrañamente ausentes, que todo comenzó justo antes del ataque y continuó después. Estos rasgos, Emma… son indicios de una aflicción con la que estoy bastante familiarizada. De hecho, mi amor, es una aflicción por la que una vez fui bastan conocida por causar."

Las cejas de Emma se fruncieron mientras escuchaba la confesión ansiosa y temblorosa de su esposa, y luego sus ojos se abrieron con reconocimiento. "Corazones," susurró en voz tan baja que la palabra fue un poco más que una respiración mientras escapaba de la pequeña brecha entre sus labios entreabiertos.

"En efecto," contestó Regina mientras lágrimas nacían en sus ojos chocolate, una vez más, y la bruja tuvo que tragar grueso sólo para ser capaz de obligar a las palabras salir de su garganta. "Sólo sé de dos personas, además de mí misma, que hicieron de un habito el robar corazones, y uno de ellos, Emma, murió en nuestras propias manos."

"Rumplestiltskin," susurró su esposa. "¿Quién es el otro, Regina?"

"Mi madre."

Un pequeño grito de asombro, casi inaudible escapó de Emma cuando miró a su esposa. "¿Tu madre?"

"Si, y eso también explica el reciente caballo desbocado de Snow," susurró Regina, su voz temblaba locamente. "Ella estuvo allí ese día. De hecho, creo que ella asustó al corcel mágicamente para que yo pudiera salvar la vida de tu madre. Todo eso la llevó a obtener su deseo—casarme con el rey."

"Pero Regina," intervino Emma. "Yo pensé que habías desterrado a tu madre a Wonderland el día de tu boda."

"Lo hice," contesto la morena, asintiendo con la cabeza, "y todos estos años he creído que realmente se había ido, pero Emma, he estado en Wonderland por mí misma. No es más que otro reino, y por lo tanto, está lejos de ser imposible encontrar un camino de regreso a nuestro reino. Lo que ella espera obtener a través de todo esto, sin embargo, amor, no tengo idea. Me temo que sólo puede empeorar."

"No podemos saber con certeza si se trata de tu madre," argumentó Emma.

"Creo que hay una forma segura de saber," contrarrestó la bruja. Luego caminó rápidamente lejos de su esposa, y con lágrimas en los ojos, se dirigió hacia los dos guardias atados y ahora amordazados.

Regina se detuvo ante el guardia, Leland, y lo miró a los ojos. "Me siento muy mal por esto," susurró ella, y mientras los ojos del guardia se abrían como platos, la mano de Regina salió disparada hacia adelante y se hundió en el pecho del hombre.

Todos en la sala se quedaron sin aliento mientras su mano se hundía en la carne del hombre, y Emma gritó, "¡Regina!"

"No tengo intención de hacerle daño," le aseguró Regina, con el brazo profundamente sumergido en la carne del guardia. Su mano se deslizó a través del musculo y por un túnel creado por el encantamiento. Ella extendió sus dedos mientras sentía el interior de la cavidad, sólo para encontrar su temor confirmado.

"¿Hay un corazón allí?" Preguntó Emma, aunque sabía la respuesta dada la desesperación y el miedo que había ondulado repentinamente a través de su pecho, después de haber sido disparado desde el de Regina a través de su vínculo.

"No lo hay," Regina casi gimió con un eco de gritos a su alrededor. Sacó el puño del pecho del hombre, pero mientras su brazo comenzaba a retirarse, una sensación de hormigueo se arrastró a través de sus dedos y hasta su muñeca. Su brazo se congeló en su lugar, atrapado en el interior de la carne del hombre, y un grito agudo se hizo eco desde sus labios.

El pánico inundó su sistema al reconoce la sensación de la magia, seguida rápidamente por el olor familiar que desprendía, mientras se derramaba desde el pecho del hombre y nublaba su alrededor. Era una marca que conocía bien, pero no había visto en muchos años. Parecía que el espacio vacío en el pecho de Leland, y muy probablemente también el de Rowe, había sido encantado—una trampa dispuesta para cuando la reina morena saliera en busca de pruebas.

"¡Regina!" Gritó Emma mientras corría hacia adelante al ver la nube de magia desconocida envolver a su esposa. "¿Qué está pasando?"

"¡Emma, no me toques!" Ordenó Regina mientras su cuerpo se ponía rígido. Ella no conocía el encantamiento y no quería arriesgar a su esposa también.

Entonces, justo cuando la rubia iba a desafiar la orden de su esposa y tratar de alcanzarla, la nube de magia estalló repentinamente en una poderosa explosión de color azul brillante.

Todos en la sala tosieron mientras se limpiaba el aire y se despejaba su línea de visión, pero cuando por fin pudieron ver, un nuevo y doloroso temor devoró sus corazones.

Para cuando el humo se disipó, Leland colapsó.

Y la reina, Regina, había desaparecido por completo.


No prometo nada, pero trataré de actualizar antes del lunes. :)

See ya!