Capítulo dedicado a Alejandra y a Vero, ¡Muy Feliz Cumpleaños!

Tema: Muse - Supremacy

"Y ahora, necesito saber si es amor real o es solo locura"

Capítulo Décimo-Cuarto/ Ira y Sensibilidad I

Observaba atentamente a Carlisle, mientras discutíamos sobre los diferentes aspectos de mi complicado don. Las películas de Hollywood mostraban frecuentemente a vampiros que hipnotizaban a sus víctimas, para así matarlas de una forma más pulcra y menos dramática, sin tanto griterío y violencia. Pero la realidad era que muy pocos de los nuestros poseían tal habilidad, de hecho en sus largos años de existencia el rubio patriarca jamás había visto algo así.

Carlisle Cullen sentado en la gran silla de cuero negro de su escritorio, rodeado por casi toda su familia a excepción de Alice, Rose y Esme; meditaba acerca de mí y mi compleja existencia. Negó levemente.

—Es extraordinario Bella, en todos mi años, en todos los lugares que he estado, todos los vampiros que he conocido, con tantos dones diferentes, y jamás escuché de algo como esto… Edward puede leer mentes, Jasper controla las emociones, Alice ve el futuro y tú, además de gozar de un poderoso escudo psíquico, tienes la capacidad de hechizar animales y humanos por igual, haciendo que acudan a ti sin poder poner ningún tipo de resistencia o reparo. Marchando hacia una muerte segura.

—Carlisle, yo jamás, jamás haría algo como eso. Me refiero a que lo de Mike fue necesario, pero nunca lo usaría para cazarlo o aprovecharme de alguna otra forma de él o cualquier otro humano.

—Lo sé cariño, lo sé. Bella, eres una de mis hijas y como tal te conozco, y entiendo que eres incapaz de hacer algo como eso. — Mi padre extendió una de sus manos para tomar la mía, que descansaba sobre el gran escritorio de madera lustrada.

Edward se encontraba a mis espaldas, con sus manos apoyadas sobre mis hombros dándome pequeños masajes. Aunque no se lo hubiese dicho, entendía que estaba asustada he intentaba calmarme, con sus pequeños mimos. Bruscamente, su gentil caricia se convirtió en apretón férreo y rígido. Si hubiese sido humana, seguramente habría hecho añicos mis huesos. Un gruñido de advertencia a Jasper.

Sabía lo que pasaba, algún pensamiento que no agradó a Edward, navegó por la astuta mente de mi hermano.

—Dilo Jasper. — Emmet recostado sobre la pared, con sus brazos cruzados sobre su pecho en tensa contracción, hablaba con seriedad sincera, algo que no había visto en él antes.

El nombrado, aclaró su garganta y se movió de un lado al otro apretando su afilada mandíbula.

—Solo meditaba acerca de esto; me preguntaba cómo se aplica ese don a otros vampiros, después de todo así fue como te escabulliste de Félix. Pero en ese entonces fue solo una pequeña distracción, algo para lograr inmovilizarlo, dado que no sabías lo que podías hacer. Por otro lado, ahora con un poco de control y entrenamiento quizás puedas manipular a un vampiro maduro así como manipulas a los humanos. — Finalmente explicó Jazz su idea, midiendo cuidadosamente mi reacción. Edward se removió incómodo. — Tranquilo Edward, solo intento comprender el alcance del poder de Bella, nada más. Sabes perfectamente que nunca la dañaría, ella es una de mis hermanas ahora.

Sin hacer caso, Edward giró hacia Carlisle.

—Tú lo habías previsto, la primera vez que Bella te contó acerca del venado en el bosque. Esa teoría cruzó tu mente.

El aludido asintió.

—Sí, pero nunca pensé que su don llegara a ese nivel de desarrollo. Distraer, desorientar e inmovilizar a otro vampiro por unos minutos es notable, pero manipularlo por completo, excede los límites.

Mi situación era más seria y compleja de lo que creí.

—Los Vulturis vendrán por mí. — Dije en voz alta, lo que los demás estaban evitando. Antes eran dudas vagas o simples suposiciones, hoy era una afirmación rotunda y clara.

—Tranquilos, por el momento no tenemos por qué alarmarnos. Estaremos atentos, Alice monitoreará el futuro de Bella y además seguirán entrenando como lo han venido haciendo… Ahora, pueden irse, tengo una junta en el Hospital en breve. — Dadas las directivas, el patriarca nos despachó.

Lánguidamente salimos del despacho de Carlisle, dejé que los demás se adelantaran un poco y antes de salir volví a mirar al añejo vampiro. No dije nada, solo lo miré mostrándole todo el miedo, la incertidumbre y la desorientación que sentí él me devolvió su característica mirada comprensiva. Volví a girarme para así irme, pero esta vez fue Carlisle quien interrumpió.

—Isabella, debes jurarme que nunca usarás tu poder con nosotros.

—Yo… no, nunca.

—Sé que se lo prometiste a Emmet frente a toda la familia. Pero ahora quiero que me lo digas a mí, que me jures que jamás manipularás nuestras mentes así sea por nuestro propio bien.— Asentí con un gran nudo en la garganta, de alguna manera sentía que ese juramento no podría ser cumplido.

Volví a mi cuarto, me sentía algo extraña, pequeña, frágil y sensible. Sentimientos de tristeza ilógica me invadían, me hacían sentir miserable. Tanya ya se había marchado, por lo que no había nada que pudiese angustiarme, Esme la había persuadido de irse y Rose con sus amenazas también había influido.

Tomé un baño, dejé que el agua me relajara, me coloqué un pijama – no entendía por qué Alice nos las había comprado, pero ahora lo agradecía – caminé hacia la cama, y me acurruqué en ella. Para agregar más depresión a mi estado, decidí ver algunas películas: Bridget Jones I y II, Diario de un pasión y Posdata te amo. Unas extrañas ganas de llorar me sobrecogían, no podía hacerlo desde luego, en su lugar lo único que me quedaba hacer era recostarme y esperar a que esta insólita fase pasara.

Extrañaba a Edward, el estado predecesor de lujuria y necesidad había caducado temporalmente, para dejarme triste y necesitada de cariño. Requería de su abrazo, de su amor, recostarme en su pecho, para sentirme querida y cuidada.

Tantas cosas por sacar y sin lágrimas para poder hacerlo… Sobre mi escritorio descansaba la computadora portátil, que Alice me había comprado el día que me regaló el IPhone, artefacto que había utilizado muy pocas veces pero que hoy me llamaba. La tomé, volví a la cama, abrí el Word e hice lo que a gritos me pedía mi interior, escribir. ¿Qué escribir? Fácil, mi desolación, mi tristeza actual, la historia que poco a poco había comenzaba a construir junto a Los Cullen.

.

Un nombre… Neófita

Un prólogo

Mi querida Lectora, es un gusto poder hablar contigo.

Me dirijo a ti porque me gustaría hacerte una pregunta:

¿Alguna vez imaginaste como sería despertar un día sola y sin ningún tipo de recuerdo, sin familia, sin pasado, sin ninguna de aquellas cosas que te caracterizan y te hacen ser tú?

¿Da miedo verdad?

Bueno, puedes dejar de imaginarlo porque voy a contártelo, pero te aseguro que no es nada grato….

Atte. Neófita.

Primer Capítulo

Estaba exhausta, había corrido durante horas o quizás días. Ni siquiera tenía una correcta noción del tiempo, recordaba noches y amaneceres pero no sabría decir exactamente cuántos fueron…

.

No tenía que pensar demasiado, las palabras fluían ávidas desde de mi interior, producto de mi necesidad de purgar cosas. Esta historia sería algo así como mi diario íntimo, lugar donde volcaría mis miedos, emociones, incertidumbres y demás sentimientos.

Perdida y completamente abstraída por el ejercicio de escribir, olvidé el correr del tiempo. Esme llegó a mi puerta, había estado en la cocina preparando comida para Charlie. Ese hombre moriría de inanición si no fuese por Esme.

—Adelante — Grité. No era necesario que tocara.

Sigilosa y delicada como era ella, se desplazó hasta llegar a ubicarse en la cama, junto a mí.

—¿Puedo? — Asentí cerrando la notebook y dejándola a un costado. Se sentó a mí lado. — ¿Cómo te sientes cariño?

—Mejor, solo me sentía un poco extraña, pero ahora me siento más tranquila. —Mentira, aún me faltaba Edward.

—Mi niña, esto es normal. Te sientes así de extraña, porque es parte del proceso. Experimentas cambios de humor, las mujeres humanas pasan por estos cambios cada vez que les llega su periodo, a nosotras nos pasa solo en el primer celo. —Esme tocaba mi cabello, recosté mí cabeza en su regazo, dejando que me acariciara. —Ahora veo que te sientes algo triste y desanimada, pero pasará. Estoy aquí para ti cariño, puedes hablar conmigo. Aunque veo que has encontrado una buena forma de desahogarte. — Terminó mirando de reojo la computadora.

Abrazándome a mi madre, dejé que todo lo que antes me inundaba saliera. Esme me escuchó pacientemente, dándome los mejores consejos y palabras de amor. Después de la larga charla, nos quedamos en silencio, yo permanecía aferrada a ella y ella continuaba acariciando mi cabello y espalda mientras tarareando una canción de cuna. Finalmente pregunté.

—¿Dónde está Edward?

—Bueno, él me envió. Sabe que te sientes mal y quiere estar aquí, pero le cuesta un poco controlarse contigo en este estado, y ahora necesitas cariño, comprensión; y él bueno, quiere otras cosas. — Oh sí. El maldito celo, con sus pros y sus contras, comenzaba a fastidiarme todo esto.

—Entiendo. — dije dando por finalizada la charla y refugiándome en el cómodo silencio. Ya había dicho mucho, no tenías más deseos de hablar.

Media hora más tarde, sin previo aviso o permiso alguno, la puerta de mi cuarto fue abierta. Estaba tan perdida en mí, que no percibí cuando alguien se acercó a la habitación.

Edward entró, pausado y tranquilo, se veía bastante controlado. Esme saludó primero.

—Hola corazón…

—Hola Mamá. — Contestó Edward dedicándole una rápida mirada y clavando sus ojos en mí. — Los dejaré solos. Cualquier cosa, no duden en llamarme. — Esme se levantó y se marchó cerrando la puerta discretamente.

Me senté en mi lugar.

—Hola —dije bajando la cabeza hacia mis manos, me sentía avergonzada y estúpida.

Edward llegó hasta mí, tomó mi mentón delicadamente con sus blanquecinos dedos e hizo que le mirara.

— ¿Qué pasa?

—Me siento un poco deprimida.

Asintió.

—Eso ya lo sé. Estoy preguntándote porqué me rehuiste la mirada.

Me removí un poco inquieta, encogí mis hombros intentando hacerme más pequeña y volví a mirar mis manos.

—Me da un poco de vergüenza que me veas así. Me siento estúpida, no lo sé. Tener ganas de llorar todo el tiempo y de acurrucarme en la cama a no hacer nada, no es normal.

—Esme…

—Sí, sí, ella me explicó que es uno de los cambios de humor a causa del primer celo. Aún así, eso no impide que me sienta mal. — Elevé bruscamente mi cabeza recordando algo. — Tú no debes estar aquí. Me refiero, no puedes.

— ¿Por qué no?... Pobre de aquel que alguna vez intente separarme de ti. — Su declaración me conmovió. La certeza de un amor sincero, puro y recíproco me llenó. Quería llorar de felicidad por eso.

—Pero… te es muy difícil estar junto a mí y no… bueno no… ya sabes. No follar.

Su frente se arrugó bruscamente y su mandíbula se tensó.

—Isabella Cullen, voy a decirte dos cosas y quiero que te queden muy claras. —Voz de hierro y titanio, el frío glacial de su aliento me asustó. — Primero, yo contigo jamás follaré, tú y yo haremos el amor Bella. Una y otra, y otra vez... por el resto de nuestra larga existencia. Aún en los momentos de locura animal te estaré haciendo el amor, porque no concibo estar contigo de otra forma. Cada vez que te miro, cada vez que te toco, cada vez que estoy junto a ti, te hago el amor, todo mi cuerpo vibra por ti, cada una de mis muertas células te llama a gritos.

Ahí, en medio de un lluvioso y nublado atardecer. En la calidez y confort de mi cuarto, Edward Cullen hacía su declaración de amor hacia mí. Después de los innumerables libros románticos leídos, ninguno me preparó para esto, ni Austen, ni Shakespeare, ni Bronte, ninguno. Mi única y estéril reacción fue observar detenidamente cada uno de sus pequeños movimientos, su mirada verídica y segura.

¡Dios Santo, él me ama!

Ante mi falta de reacción Edward, se recostó sobre las almohadas, me atrajo hacia su pecho y siguió hablando.

—Segundo, yo necesito lo que tú necesitas. Estás triste y sensible, estoy aquí para ti. — Dijo abrazándome muy fuerte y pegándome a él. —Estaría mintiendo si dijese que no te deseo, pero tus necesidades están por encima de las mías, y tu felicidad también… Y ahora mismo necesitas amor. — Terminó con voz suave y dulce, depositando pequeños besos en mi frente, mejillas y mentón.

¿Era posible sentirse más amada? No, claro que no. Enredé mis manos en su espalda, colocándome de frente a su pecho y observándolo desde mi posición inferior.

—Te amo Edward. —Dije de forma clara y segura, entregándole mi alma en esas dos palabras.

Conmovido por el perfecto instante, tuvo la misma reacción que yo, ahogándose en emociones y sentimientos. Dilató las aletas de su nariz, me devolvió una concentrada mirada y se acercó lentamente para besarme. Como la primera vez, un beso casto y tierno, sin ninguna otra intención que mostrar todo lo que guardábamos. Sentir la calidez de los labios de Edward era tan placentero, su lengua probándome y recorriéndome. Caricias en mi cintura, una mano colándose por debajo de mi ropa para formar pequeños toques en círculo, haciendo que mi piel palpitara. El momento tuvo su fin así como comenzó, casto y pulcro. Otro beso en mi mejilla, con miles de "te quiero" escondidos en él.

Me acurruqué en su pecho, siéndome segura y en casa. Contagié a Edward de mi ataque de melancolía y lo puse a mirar películas conmigo. Cuando el segundo film finalizó, Edward tomó una de mis manos para llamar mi atención.

—Bella ¿Te gustaría venir al baile conmigo? —Recordaba que Mike había comentado algo acerca de un baile. Edward no me miraba, jugueteaba con mi mano derecha. ¿Temía que me negase? Siguió hablando. — Una vez me dijiste que estabas aquí para vivir experiencias, para formar los recuerdos que no tenías y para saber lo que es la vida humana; bueno, definitivamente esta es una de las "experiencias para vivir".

—Me encantaría. — Dije con una gran sonrisa— Pero, en teoría somos primos. ¿Cómo se supone que se verá eso?

Se encogió de hombros.

—Todas saben que Rose está con Emmet y Alice con Jasper, y supuestamente fueron criados como hermanos. Que nosotros salgamos no debería generar mayores problemas, además, la mentira radica en que nosotros fuimos adoptados y tú, eres sobrina sanguínea de Carlisle por lo que técnicamente, ningún lazo nos une. — Edward tenía muy bien pensada la excusa, él no lo hacía ver tan complicado.

Mi sonrisa se amplió aún más.

—Entonces es un sí. Iré contigo al baile.

Pasamos el resto de la noche en silencio, disfrutando el uno del otro. Poco a poco mi buen humor y mi confianza iban regresando, dejando ese feo estado de tristeza en el pasado.

.

La mañana nos sorprendió. A regañadientes me levanté de la cómoda y confortable cama y tomé una rápida ducha. Cambiada y perfumada salí del baño, para encontrar a Edward aún en la cama, y observando detenidamente mi habitación.

—¿En qué piensas?

—En que tu cuarto es más grande que el mío. Creo que será mejor que yo me mude aquí, o quizás podamos derribar una de las paredes y unir las habitaciones.

Mi boca cayó el piso. Éramos la únicos en la casa que gozábamos de un cuarto para cada quien, todos los demás compartían con su pareja… y estar juntos probablemente sería lo más lógico ahora. Aunque no podía evitar sentirlo un poco repentino. Agradecía inmensamente en este momento que Edward no pudiera leer mi mente.

Asentí y tomé una rápida salida, utilizando una pequeña broma.

—…y así tendríamos una habitación más grande que la de Alice. ¿Crees que ella lo permitirá?

—Tienes razón, probablemente no. —Dijo con una pequeña sonrisita, saltando de la cama y saliendo del cuarto. — Iré a ducharme también.

.

El Volvo corría a más de 180 km/h bajo mi mando al volante y mi pie presionando el acelerador. Edward, me había dejado conducir; a mi lado, disfrutaba del choque del viento en su cara, por causa de las ventanillas bajas, y tarareaba una vieja canción de los Gun´s.

Cuando llegamos al Instituto cada uno hizo lo de siempre, dispersarse a sus clases y reunirnos a la hora del almuerzo. Hoy, como en el día anterior, volvería a sentarme con mis hermanos.

La esperada hora del almuerzo llegó, como de costumbre Alice y yo entramos en la cafetería. Elegimos al azar algo para poner en nuestras bandejas y caminamos hacia "La mesa Cullen" como todas la llamaban. A la distancia saludé a Ángela, agitando una mano.

Llegamos a la famosa y envidiada mesa, me ubiqué junto a Edward; y Alice ocupó el lugar en mi otro flanco. Charlamos sobre tonterías y trivialidades acerca de cómo Tanya finalmente se había ido para dejarnos tranquilos a todos. Emmet como siempre reía por todo, y Rose lo regañaba por nada, ellos y su relación tan especial. Edward disimuladamente, chocaba una de sus rodillas con la mía y jugaba con un mechón de mi largo cabello.

Emmet se levantó para observar por los grandes ventanales. Una expresión de asombro.

—Wao, el invierno se acerca. ¿Saben lo que eso significa? — dijo mi grandulón hermano frotándose enérgicamente las manos.

En respuesta, los tres nos tensamos a la vez. Alice, Edward y yo, podía apostar a que tuvimos el mismo pensamiento. La visión sobre mi partida.

—¡Sí! ¡Guerra de nieve! — Terminó Emmet al no recibir ningún tipo de respuesta.

Jasper y Rose tampoco hablaron alcanzados por la misma fisura emocional que nos rosaba a nosotros. El timbre sonó haciéndonos salir de nuestra consternación. En silencio cada uno marchó a su edificio, Edward y yo caminamos a biología, al pasar junto al asiento que él compartía con Lauren, un pequeño suspiro de nostalgia se me escapó. Quería ser yo quien se sentara con él.

En mi lugar, una sonriente Ángela me esperaba. "Ve el lado positivo de esto Bella, has hecho una amiga". Me dije intentando ver el lado bueno de las cosas.

La clase de biología y luego la de deportes, transcurrieron tediosas como de costumbre.

Cuando el aburrido día de Instituto terminó, caminé impaciente hacia el aparcamiento. Quería ver a cierto vampiro sexy, pero mi desilusión fue tan grande como mi entusiasmo, al notar que el Volvo plata ya no estaba en su lugar. A poca distancia Jasper, Rosalie y Emmet aguardaban junto al gran jeep.

—¡Vamos Bellita! ¡Jasper y yo tenemos un juego de Ps3 pendiente! — dijo el grandulón haciéndome señas con un brazo.

Mi buen humor, se esfumó rápidamente para ser reemplazado por intolerancia y me atrevería a decir, ira. Caminé hacia mis hermanos, me senté en el asiento trasero y con un fuerte golpe cerré la puerta. En silencio los demás me imitaron.

Un silbido.

—Bellita, vas a hacer la puerta giratoria.

Mi respuesta fue un gruñido de descontento.

—¿Dónde diablos está Edward?

—Él y Alice tenían algo que hacer en Port Angeles… no tardaran demasiado. — respondió Jasper a mi lado, enviando ondas de calma.

—No hagas eso. — volví a gruñir.

Sin que nadie dijese una palabra más, volvimos a la casa. Subí rápidamente a mi cuarto. Aventé mi bolso sobre la cama, me puse ropa cómoda. Un par de Jeans, una blusa, botas y peiné mi cabello en una única trenza.

¡Ahg!, estaba tan enfadada. Él solo se había ido así como así. Sin avisarme, ni una nota, un mensaje, algo. El muy maldito ya lo tenía planeado, por eso me dejó conducir el Volvo más temprano. Qué coraje me daba no haberme dado cuenta antes.

Iba a volverme loca de la rabia, si seguía aquí encerrada. Bajé al comedor con los demás. Emmet y Jasper gritaban compenetrados en su juego, Rose leía un libro sobre mecánica hidráulica, autos híbridos y demás innovaciones futuristas. Luego de pasar veinte minutos mirando el estúpido juego de Play Station, volví a ponerme de pie.

— ¿Dónde vas Bellita? —preguntó Emmet, con su vista aún fija en la gran pantalla.

—Iré con Charlie, voy a devolverle a Bethsy. — Hacia algunos días que no utilizaba el viejo monovolumen y no planeaba volver a usarlo.

Los ojos de Emmet se salieron de sus cuencas, con un gran salto se puso de pie y giró hacia mí.

— ¿Qué? ¿Cómo? ¡No puedes hacer eso!— ¿Qué le ocurría? Cruzándome de brazos y elevando una ceja reprobatoria lo rebatí.

— ¿Y por qué no?

—Emmet, no la fastidies. Está pasando por su periodo de ira, si no dejas de molestarla, acabará lanzándose por tu yugular y yo no la detendré. — Interrumpió Rose sin despegar la vista de su libro.

Me giré para salir rápidamente de la casa Cullen. De lo contrario, sí me lanzaría por la cabeza de alguien. Estaban tratándome como a un bebé; "¡Oh! entiendan a Bella y trátenla bien. Está pasando por su primer celo y los cambios de humor son normales"

Refunfuñando llegué al garaje, tomé las llaves de Bethsy y me subí. Una enorme canasta llena de comida aguardaba en el asiento del acompañante. Seguramente Esme la había dejado ahí, un momento antes previendo la situación.

.

Si ya tenía un humor de perros, la vieja Bethsy con su lentitud había logrado acabar con la poca paciencia que me quedaba. Cuando llegué a la casa del Jefe de Policía, me tomé unos minutos parada en la acera, para calmarme. No necesité tocar la puerta, Charlie la abrió antes.

— ¡Bella, niña!, ¿Qué haces ahí expuesta a la humedad y el frío Ven aquí adentro. — me gritó, desde su lugar bajo el porche.

Volví al monovolumen, tomé la comida de Esme y caminé hacia Charlie.

—Hola… —dije con una sonrisa.

—Hola pequeña, ¿Qué te trae por aquí?

—Vine a dejarte a Bethsy.

— ¡Oh! — exclamó con una sonrisa bailando en sus labios. — ¿Sabes?, acaban de llamarme. Un comprador quiere a Bethsy. Dice que ya no quedan camionetas en tan buen estado como esta, es un coleccionista. La quiere a toda costa. Me dijo que pusiera un precio, que él lo pagaría.

— ¿Qué harás?

—No lo sé, sabes que Bethsy y yo tenemos historia. Ella es parte de mí.

Un mensaje calló en mi celular. Busqué el aparato en el bolsillo trasero de mi pantalón y lo revisé.

Emmet:

Convence a Charlie, para que venda a Bethsy.

Pulsé responder.

Isabella:

¿Para qué la quieres?

En menos de un segundo llegó la respuesta.

Emmet:

Para fastidiar a Edward, ¿para qué más? ¡Vamos, convéncelo! Le pagaré muy bien. Podrá hacer lo que quiera con el dinero…

En eso tenía razón, era hora de que Charlie se desprendiera de su pasado. Un nuevo mensaje entró.

Emmet:

Recuerda que estás enfadada con Edward. Esta sería una buena forma de vengarse.

… y sabía exactamente que botones presionar.

.

—Charlie, creo que es una buena idea. Deberías vender a Bethsy, quizás sea tu única oportunidad de hacerlo. Debes dejar el pasado y todo lo que el monovolumen representa para ti.

El hombre frente a mí, no contestó.

—Solo piénsalo. — volví a hablar.

Divagando por la pequeña casa de Charlie, mi vista se centró en la mesa de la cocina donde reposaban de manera desordenada, viejas fotos, periódicos y registros policiales. Me acerqué, y revisé algunos papeles.

— ¿Qué pasa?

—Nada.

— ¿Nada? — Insistí con el registro policial de muertos y desaparecidos de los últimos tres meses en mi mano.

Charlie dio un gran suspiro antes de comenzar a hablar.

—Es Reneé— el nombre de esa mujer hizo que todo mi cuerpo se tensara. — ¡Ha desaparecido!

— ¿Qué? ¿Cómo es eso posible?

—Ella y su hija, al parecer emprendieron un viaje hace semanas. Y nadie las ha vuelto a ver.

— ¿Creí que habías dejado de seguirla? — Charlie se encogió de hombros, probablemente le ganó la curiosidad. — ¿Un accidente?

—No hay rastros. Encontraron un auto carbonizado, pero no han podido identificarlo y no hay cuerpos dentro. Si ese fuera el suyo, ellas deberían estar vivas. El marido no sabe mucho, estaban divorciándose. Ni si quiera sabía del viaje…

Interrumpiendo nuestra reveladora charla, sonó el inoportuno timbre. Charlie acudió a abrir la puerta recibiendo a un muy calmado vampiro.

—Hola Edward.

—Hola Charlie. He venido a buscar a Bella — Explicó Edward parado debajo del porche, sin entrar a la casa. Si dejaba a Bethsy aquí me quedaría sin medio de transporte. Sin discutir, decidí seguirle la corriente.

—Bueno, es hora de irme entonces. Adiós Charlie, otro día pasaré a verte. Esme quiere que le avises cada vez que te quedes sin alimentos, para mandarte más. Ella siempre está preparando cosas para ti.

—Dile que gracias Bella. De no ser por Esme, probablemente tendría unos cuantos kilos menos.

Salí de la casa, pasé junto a Edward sin prestarle atención, y me zambullí en el auto.

Luego de despedirse de Charlie, Edward me siguió. Marchamos hacia la casa. Un gran suspiro de frustración por parte de él.

—¿Por qué estás enfadada? — preguntó finalmente con voz resignada y baja.

Luego de un pequeño silencio que utilicé para evaluar si responder o no. Contesté.

—Pudiste avisarme que te irías con Alice…

—Fue algo de último momento. — Se justificó Edward apretando el volante.

—No me importa, no te costaba nada decírmelo.

—Está bien. Discúlpame, cometí un error, pero ya déjalo. Es una tontería Bella.

—¡No es una tontería! ¿Sabes qué…? frena el auto. — No aguantaba más, necesitaba espacio abierto, liberar adrenalina.

—¿Qué?

—¡Que frenes el maldito auto!

—Bella yo…

—Ahg… —hastiada e impaciente, abrí la puerta del Volvo y salté del auto, cayendo perfectamente en el pasto de la banquina y lanzándome a la carrera por el bosque.

La lluvia acompañaba mi impulsivo carácter, caía violenta y pesada entorpeciendo mi visión. Aún así, era vigorizante correr bajo toda esta tormenta, un gran rayo iluminó fugazmente el misterioso panorama. Revelando a un colérico Edward frente a mí.

(Continuará…)


Los personajes utilizados en esta historia son propiedad de la Sra. Meyer. La trama es de mi invención, por lo que cualquier copia, adaptación o continuación esta prohibida.

NO AL PLAGIO, SI A LA IDEAS ORIGINALES.

Capítulo beteado por mi querida Vhica, gracias y FELIZ CUMPLEAÑOS!

Hola bellas! Tarde, lo sé. No nos maten, se nos complicó con todo esto de los festejos. :)

Gracias a todas por leer...

Gracias a la chicas del grupo, por todos los lindos comentarios y el ánimo de cada día.

Publicaciones: Martes

Grupo: Neófita y otros cuentos. (adelantos los viernes)

Cuenta en Face: Agatha Mora

Gracias a todas otra vez! ...

Un beso grande. Hasta el próximo capítulo...