Acto 14: La máscara del demonio. Parte 2.
New York, sábado 16 de septiembre del 2017.
Central Park. 09:23 de la mañana.
El sol brilla energético, pero amable. El aroma de las flores es embriagante. Las anaranjadas hojas se muestran hermosas a pesar de que están en tal condición por falta de nutrientes, algunas empiezan a caer y flotan majestuosas gracias al relajante viento. El pasto se siente mejor que la alfombra de mayor calidad, dando una comodidad exuberante. Es un día hermoso en un lugar hermoso.
—Hola Peter. Llegas temprano —dijo Mary Jane.
—Sí. ¿Qué es lo que deseas? ¿No estás con Harry ahora?
—Harry nos interrumpió la vez pasada, y sí, estoy saliendo con él aunque no es realmente importante. No es una persona muy interesante —dijo decepcionada—. De todas formas, te pedí que vinieras porque, como eres un gran fotógrafo, quiero que tomes fotos de mí. Veras, seré una gran modelo, pero mis padres no me dejan hacerlo por ahora, dicen que estará bien cuando sea mayor de edad, pero es claro que quieren que sea una profesional en algo aburrido aunque de buena paga —dijo fastidiada—. Y yo no quiero eso, necesito divertirme, ¿sabes? —habló sonriente—. Claro, modelo será el principio, también seré una actriz mundialmente reconocida, y necesito practicar. Ya que no eres un profesional, no podrán objetar con que nos veamos.
—Ya veo. Hacer eso te pagara bien y será divertido.
— ¡Exactamente! —exclamó apuntando con ambos índices—. Pero ellos no creen que sea correcto perseguir esos sueños, son personas aburridas. Realmente no puedo creer que nací de su unión. Tengo una teoría, ¿sabes? Tengo que ser adoptada sí o sí. Entonces, ¿estás dentro?
—Claro —respondió, sorprendiéndose a sí mismo. Tenía pensado negarse desde un principio, pero le ha caído bien, no esperaba eso de alguien como ella, parece ser más interesante y menos superficial de lo que pensó.
Las fotos son tomadas en todas las atracciones que Central Park tiene para ofrecer, desde el castillo de piedra Belvedere hasta las aguas de Conservatory Water, frente y dentro de los botes. Fue un día divertido, a ella le encanta posar de variadas y creativas formas, y a él le gusta fotografiar la existencia interesante y la belleza, y hay pocas más bellas que Mary Jane Watson.
Debido a que Gwen está muy ocupada, y que no tendría caso y sería una pérdida de tiempo buscar a Martin Li por toda la ciudad sin tener la menor idea de donde podría estar, Peter decide relajarse con Mary Jane; conocerla un poco más no hará daño, después de todo. Ella propone la idea de ir a un centro de recreación en Brooklyn para usar el juego de baile Dance Dance Revolution, un favorito de ella desde niña. Es algo que Peter nunca ha hecho, cualquiera cosa que requiriera movimiento físico antes de obtener los poderes era algo con lo que sólo podría soñar, pero tal vez ahora sea el momento. Acepta y no pierden tiempo en llegar. Mary Jane debe enseñarle como usarlo, y gran parte del tiempo se pierde en ello, pero ella parece estar divirtiéndose mucho al verlo fallar tantas veces.
Casi son las doce del mediodía, Harry ha salido de su capacitación hace una media hora, agotado mentalmente, decide relajarse en el centro de recreación, y se topa con ellos. A primera instancia su corazón se detuvo y el enojo quiso apoderarse de él al verlos reír juntos, pero logró controlarse. «Peter es mi amigo, no debería dudar de él.», pensó. Se fuerza a sonreír pues aún no se le ha pasado de todo la sorpresa, y se acerca a ellos. Mary Jane le abraza alegremente y le invita a que la acompañe, pues Peter ha calculado el momento para fingir estar muerto de agotamiento y no levantar sospechas sobre su físico. Harry acepta gratamente y le da un beso en los labios, como intentado probar algo.
Tras finalizar de bailar, Mary Jane se excusa unos momentos para ir al baño.
— ¿Cómo terminaron así, Peter? —preguntó intentando verse relajado, pero le fue imposible ocultar su molestia, aunque él no se diera cuenta.
—Ella me contactó pidiéndome que le tome fotografías en Central Park —respondió incómodo. El comportamiento de su amigo le está extrañando últimamente. —Y luego ella decidió venir aquí. Nada de esto fue mi idea, créeme.
— ¿Por qué estas nervioso? —preguntó riendo.
«¿Será porque me estas interrogando, Harry? —pensó Peter, extrañado»
—No tienes que explicarme nada —afirmó con una sonrisa, rodeando su brazo por encima del hombro; abrazándolo lateralmente.
«¿De verdad piensa que no me he dado cuenta de su molestia? —pensó Peter—. No recuerdo que Harry se haya comportado así anteriormente.»
Mary Jane regresa y Harry no pierde tiempo en abrazarla por la espalda y darle un beso en la mejilla, y rápidamente da una mirada a Peter mientras lo hace. Ella intenta que los tres se diviertan juntos, pero Peter decide retirarse al darse cuenta del comportamiento posesivo de Harry; no quiere ser la tercera rueda.
«Ya tienes el amor de mi padre, Peter. ¿No es suficiente? —pensó Harry al verlo marcharse, sin entender él mismo porque duda de su amigo. Parker nunca le ha traicionado.»
— ¿Te pasa algo con Peter? —preguntó Mary Jane—. ¿Están peleados?
—Ah, no, no es nada —respondió forzando otra sonrisa.
Con toda la tarde libre, Peter se sienta a hacer todas las tareas que dejó inconclusas y empieza las que dejó olvidadas. May le lleva su comida a su cuarto y tiene cuidado de no interrumpirlo, por fin parece estar regresando a ser él mismo. Su celular suena de tanto en tanto, se fija siempre en la naturaleza del crimen, y al ver que no requiere de su asistencia, continúa con sus tareas. No es hasta las siete de la noche, cuando por fin se le necesita. Gracias a un informante de la policía —un vendedor ambulante—, las fuerzas de la NYPD logran llegar a un almacén del Kingpin pocos minutos después de que Martin Li haya ingresado a hacer su trabajo.
Spider-Man abandona su hogar segundos antes de que May subiera a darle té caliente. El trepa muros espera que la policía sea capaz de retenerlo hasta que llegue, después de todo, parece que realmente actúa sólo. Martin termina de asesinar al último soldado del Kingpin, se le ve lleno de energía, se encuentra más fuerte que nunca, podría incluso reír, pero se calma, y se pone la máscara. La espada blanca penetra la enorme puerta de acero y corta creando un rectángulo, el cual cae tras ser pateado por Martin Li. Los policías sienten el miedo recorrer sus cuerpos tras la hazaña y tras ver aquella máscara demoniaca.
—Siento que es un jinete del apocalipsis —dijo la detective Watanabe, en pánico.
—Es sólo una persona —calmó la detective Jean DeWolf. Ella no muestra una pizca de temor, recuerda haber visto peores demonios. Apunta y ordena al enmascarado a que levante las manos.
Pero Martin no deja de caminar. Es apuntado por todos los veinticinco policías, pero continúa caminando. Jean, cansada de que sus advertencias sean ignoradas y su autoridad sea insultada, recurre a la fuerza y le dispara en la rodilla, pero él sigue avanzando. Martin se aleja, y varios policías, liderados por el compañero de Jean —Stanley Carter—, le disparan en la espalda, pero él sigue corriendo, y corre a una velocidad que supera incluso a la de Kraven con el suero, y de esa forma se aleja en unos instantes y se escabulle por casas dejando a los autos policiales detrás.
Pero finalmente cayó, la patada doble de la araña lo derribó violentamente, rompiendo la máscara. Martin se pone de pie al instante y esgrime su espada. Spidy dispara telas a la espada para neutralizar su filo, pero, al estar blanca, su filo no tiene comparación, y las redes son cortadas sin problemas. La araña dispara al cuerpo, pero Martin coge las telas y él debe soltarlas al instante, pues su sentido arácnido le avisó del inminente peligro. Ya no hay rastros de las telas, han sido consumidas por algún tipo de energía blanca, la misma que ahora recorre el cuerpo de Martin Li, haciéndolo ver como si fuera una fotografía negativa.
— ¿Cómo obtuviste este poder? —preguntó Spider-Man, serio. Está algo asustado, primero Rhino, y ahora él. Alguien está creando súper villanos.
— ¿Cómo obtuviste el tuyo?
El trepa muros salta y ataca con una doble patada al pecho que no parece lastimar a su adversario. Martin blande su espada a una impresionante velocidad, pero la araña, llevando su físico al máximo, es capaz de esquivarlo. Aun así, no puede acercarse a él, el veloz ataque de Li hace una gran defensa. Spidy retrocede de un salto, Martin le avienta su espada, la araña lo evita saltando a un lado, la espada regresa a las blancas manos de Li, y la avienta una vez más. Spidy la esquiva sin problemas, y mientras está en el aire, dispara una gran cantidad de telas para cubrir la espada, y usando de apoyo una pared, la jala hacia sí mismo, al mismo tiempo en que Li trata de hacerla regresar.
Comienza un extraño forcejeo. Li no tiene que estar tocándola para poder moverla, todo gracias a esa extraña energía que le cubre, mientras que el trepa muros, jala sus telas con ambas manos, con todas sus fuerzas. Por alguna razón, que la araña asume que es porque no ha tocado la espada en buen rato, su filo ha disminuido y por ello ha dejado de cortar las telas, aliviándolo, ya no tiene que gastar más cartuchos en tapar las bajas.
Poco a poco, el arácnido va ganando.
— ¿Necesitas ayuda? —preguntó Black Cat, echada de lado en lo alto de un edificio. Está vestida con un jumpsuit de cuero negro, el cual resalta su perfecta figura—. Hola Spidy, te ves bien —afirmó y se relamió los labios.
—No necesito ayuda —respondió Li, tajante.
—Me parece que te equivocas —respondió juguetona. Se pone de pie y aprieta el gatillo de su pistola, la araña evade las balas electrificadas sin problemas contorsionando su cuerpo al último momento, mas pierde fuerza en el agarre y Li es capaz ganar el forcejeo, pero justo antes de tenerla en sus manos, Spidy la envuelve una vez más y la arroja lo más lejos que puede. Acto seguido, se impulsa en la pared y sale disparado a gran velocidad, y conecta un derechazo al rostro de un sorprendido Martin, tumbándolo, tal y como al inicio de la pelea.
La araña sonríe, se mueve de lado a lado sin ver y esquiva más balas, se vuelve, dispara una red y se acerca en un abrir y cerrar de ojos a la posición de Black Cat, cambiando de cartuchos durante el camino. Ella le dispara, él crea un escudo no conductor y bloquea las balas de energía eléctrica. Y cambia de cartuchos una vez más.
—Ah, vamos —dijo Black Cat, nerviosa—. No vas a golpear a una chica, ¿verdad? En especial un espécimen tan bueno como yo —dijo mordiéndose seductoramente una uña y poniendo sus brazos de tal forma que sus pechos resalten.
Spidy traga saliva al verla así, pero no dice nada y la envuelve en redes.
—Te quedas aquí por gata mala —afirmó deseando poseer un rociador de agua.
— ¡Miau! —exclamó provocativa.
Dirige su atención a Martin, quien ya no se encuentra. Spidy crea una especie de trampolín con sus telas entre dos postes de luz, salta y se eleva muy alto, y desde ahí, logra ver hacia donde ha corrido Li. Se dirige a su ruta de huida y busca noquearlo con otro golpe similar, pero Li se detiene a tiempo, y logra cubrirse con sus brazos, cayendo de espaldas. Al no haber recibido de lleno el golpe, se pone de pie sin muchas dificultades, ataca con rápidas patadas que la araña esquiva con mucha dificultad, hasta que ya no pudo, y Li le conectó una patada directa al rostro. El impacto es tal que el trepa muros no oye más que el sonido del golpe en sus oídos y se tambalea, entrecerrando sus ojos, a punto de desmayarse, pero con determinación se mantiene en pie.
Bloquea otra patada con sus brazos y evade una más retrocediendo. Es más débil y tal vez más lento, pero es sin duda más ágil, aprovecha eso y pega un salto, dispara telarañas al rostro de Li y cae a espaldas de este, se impulsa con sus telas y le conecta un fuerte rodillazo en la cintura. Ambos caen al suelo y la araña busca ahorcarlo con más redes. Black Cat logra liberarse usando un pequeño disparador laser, y dispara su arma. El sentido arácnido se activa, Spider-Man rueda y usa el cuerpo de Li como escudo. Se pone de pie, Li ha sufrido daño y le cuesta moverse, y el trepa muros aprovecha el momento de debilidad para envolverlo en redes.
Dispara otra red y una vez más se acerca a la posición de Black Cat, quien aprieta dos gatillos y dispara más balas electrificadas, pero la araña las evade girando y dando vueltas en el aire. Se para en el borde del techo y envuelve a una sonriente Black Cat, para luego lanzarla donde Martin Li, y claro, antes de que caiga, la hace aterrizar en una cama de telarañas, dejándola totalmente ilesa. Desciende de un salto y se dispone a llevarlos a la policía.
—Eso fue sorprendente —felicitó Black Cat—. Tú eres sorprendente —afirmó mordiéndose los labios.
— ¿Quién eres? —preguntó la araña.
—Creí que un compañero enmascarado lo entendería.
—Nuestras razones son diferentes. Te sacaré esa máscara ahora.
—No creo que puedas —dijo con un rostro de falsa pena.
Martin Li se libera de golpe, ha cortado las redes con un cuchillo cubierto con la misma energía que recorre su cuerpo.
—Según el forense, fue un cuchillo el arma que mató a Ben Parker —dijo Spider-Man, serio y enojado. — ¿Es esa? —preguntó, con una voz grave, una voz llena de enojo y odio. Y por un momento, Martin se vio reflejado en él.
— ¿De qué hablas?
— ¿No lo recuerdas? —preguntó, aún más enojado, casi fuera de sí. Quiso romperle el cuello en ese momento, pero logró controlarse—. Aquel hombre con canas en el cabello, un hombre retirado que ahora sólo pensaba en su familia, un hombre que intentó ayudarte, antes de que le apuñalaras para robarle el auto. Ben Parker, un buen hombre a quien le arrebataste la vida. ¿Lo has olvidado?
—No. No lo he olvidado. Nunca se olvida al primero. ¿Le conocías? —Spider-Man no dijo nada—. Ya veo. Lo lamento. Es lo único que puedo decir. No quise hacerlo —dijo mirando al suelo, dolido—. Estaba asustado, nervioso, al borde un ataque cardiaco. No pensaba claramente. Lo lamento.
—Eso no lo traerá de vuelta.
—Lo sé. Y no sabes lo mucho que deseo que se pueda revivir a los muertos. Lo deseo con locura, cada día rezó por ello, aunque sé que nada pasara —habló con ojos llorosos—. Pero como dije, no hay nada más que pueda decir. Sólo puedo felicitarte —dijo más calmado—. A diferencia de la batalla anterior, esta vez nunca atacaste con sed de sangre. Eres sin duda increíble, ser capaz de perdonar al asesino de un ser querido, por más odio que sientas, es algo que desearía poseer. Es admirable.
—Fui criado por un buen cristiano.
—Pero tú no lo eres —afirmó—. Se nota. Has decidido perdonar desde el fondo de tu ser, no sigues la palabra de ningún Dios. Eres un héroe, una gran persona, sin duda. Te admiro por ello, pero no puedo dejar que me lleves preso, no hasta que pare al Kingpin, una vez él caiga, pagaré por todos mis crimines.
—Yo me encargaré de él.
—No, no lo harás. Lo llevaras preso, y él seguirá siendo un rey desde prisión. Siempre es así. Su caída será su muerte, y tú no eres un asesino, por ello nunca resolverás nada.
—Te equivocas. Salvaré a esta ciudad de la mejor forma posible: con todos vivos. Como un héroe lo hace, dando el ejemplo. Nadie tiene que morir.
—Debe ser cierto lo que dicen, eres un niño. Sólo un niño pensaría así, sólo un niño sería tan crédulo y soñador. La vida es más horrible de lo que aparenta —afirmó con enojo ante lo que considera gran ignorancia, y porque recuerda que él también pensaba así. Y con una expresión de determinación, guarda su cuchillo, pero se pone en posición de pelea—. New York no puede darse el lujo de perderte, araña, pero te necesitó neutralizado mientras hago mi trabajo.
—Irás a prisión, Li —afirmó con total seguridad.
Martin se adelanta, pero la araña da un gran salto hacia atrás, dispara una granada de telarañas, Li rueda por el suelo y la evita, y se pone de píe, pero eso era lo que Spidy predijo, y ahora que no está en la mejor posición para evitar una doble patada, ataca, pero, sorprendentemente, Li es capaz de agacharse y evadirlo. Y aun así, tras girar en el aire y lanzar una telaraña a su rostro, para luego usarlo como impulso para conectar un rodillazo, Li cae al suelo. Sin perder tiempo, reviste su puño derecho en telarañas y comienza a golpearlo poderosamente en el rostro. Li soporta el castigo, detiene el puño y contraataca con un fortísimo puñetazo al cuello y rueda hacia atrás, alejándose.
Li ataca con hábiles patadas giratorias, pero Spidy lleva al máximo su flexibilidad, y soportando el feroz dolor en su cuello, evade cada ataque, y contraataca con una patada voladora con giro al rostro. Martin no cae a pesar de tan potente patada, la araña necesita más impulso si de verdad quiere ganar. Li se adelanta de un salto, pero Spider-Man reacciona a tiempo y salta hacia atrás adhiriéndose a una pared.
—Wow. La vista desde aquí es preciosa.
— ¿Ni siquiera a mí me vas a tomar enserio?
—Tus golpes no van a volver a darme, soy mucho más ágil, más sorprendente. Estoy siendo más cuidadoso. Ya no tengo dudas, me siento libre, ya no puedo tomarte enserio.
—Tal vez lo hagas con esto —Y arrancó del suelo un mediano y grueso pedazo de concreto. Lo avienta, Spidy salta evadiéndolo y usando sus telas lo lanza de vuelta, y Martin le conecta un derechazo. Ante sus ojos se esparcen pequeños pedazos de concreto, y una granada de telarañas. Su cara se ve envuelta con una gran cantidad de telas, y aprovechando ese momento, Spidy se impulsa como nunca antes usando dos paredes, la de atrás de él con sus pies, y la que se encuentra en frente con sus telas, las cuales jala para mayor fuerza y velocidad. Li logra removerse las telas con ayuda de su cuchillo, pero tras poder ver, lo que observa son los puños de Spider-Man venir hacia él, la araña tiene los brazos extendidos al frente como si volara, y vuela a una sorprendente velocidad. El doble puñetazo conecta directamente en el rostro de Martin Li, y él es empujado violentamente contra una pared.
Aún está consiente, pero está fuera de combate, la energía abandona su cuerpo y nuevamente, se cómo una persona normal.
— ¿De verdad crees poder lograrlo? —preguntó al borde del desmayo—. Salvar la ciudad sin que nadie tenga que morir. Ya has fallado antes, contra esos robots. Gente murió.
—Y no me ha dejado de atormentarme, no dejo de imaginarme lo que pude hacer, el cuidado que pude tener. Tal vez estarían vivos. Pero, algo importante en la vida es aprender de los errores, de nada me sirve sufrir por ello, debo mirar hacia adelante, la vida continua. Ben Parker me enseñó eso. Y tal vez sea un niño, pero entiendo de dónde vienes, porque piensas así. Pero yo, y tal vez sea una actitud infantil, elijo tener esperanza.
—Qué bonito es soñar, ¿verdad? Lo hacía mucho de niño —habló con una amplia sonrisa—. A veces me gustaría regresar a esos días, donde todo era más simple. Pero, como dices, la vida sigue. Ahora que me has derrotado, espero cumplas tu cometido, no me decepciones, no me obligues a escapar. New York debe seguir brillando, tan hermosa como el primer en que pose mis ojos sobre ella. ¿Lo prometes, hombre araña?
—Lo prometo. Lograré mi cometido, salvaré a la ciudad.
Martin Li cierra los ojos. Spider-Man lo envuelve en redes. Lo carga, y recuerda algo. No hay rastro de ella, Black Cat escapó. Se confió mucho, y se concentró demasiado en una persona cuando batallaba con dos. Ella debió tener escondido otro disparador laser. No puede evitar reír. Extrañamente, no se siente tan mal, tal vez porque ella no parece haber asesinado a nadie.
—Es raro —se dijo Spider-Man—. Ella es una criminal, pero nunca sentí «maldad» emanar de ella. Era la acompañante de un asesino, pero ella no poseía nada, ni una mínima sed de sangre. ¿Quién rayos es ella?
Esa misma noche, muy en la tarde, una persona mira un video pesimamente grabado en youtube, el video muestra parte de la pelea final entre Spider-Man y Martin Li, y algo de su discusión ante de ello, y a pesar del mal audio y la mala imagen, algunas palabras se oyeron fuerte y claro. Y al mismo tiempo, en su celda, Martin Li piensa en su vida, en todos los sueños que tuvo cuando llegó a los estados unidos, vivir el sueño americano, y en lo mal en que resultó todo. No puede evitar reír, le extraña que no se arrepienta de haber venido.
New york: Queens, domingo 28 de junio del 2017.
Se ha hecho de noche, las luces se prenden en el hospital Mount Sinai Queens. Martin Li acaricia la mano de su hija, quien duerme pacíficamente por primera vez tras una semana internada. Al otro lado de la cama, su esposa llora contra un pañuelo. Él desea decirle que todo estará bien, pero ni él mismo lo cree. Al no poder soportar la presión, sale de la habitación, coge su celular y marca un número. Suena un lujoso teléfono en un gran edificio en Manhattan, una mujer china se encuentra almorzando sola en su oficina, observa el número de entrada con ojos fríos y tras suspirar, contesta.
—Hola. Lamento molestarte. Sé que nuestra relación no es la mejor, pero necesito tu ayuda. Mi hija, está muy enferma, no tenemos como pagar por su operación, es una extraña enfermedad. Sé que ya no me consideras tu hermano, pero ella es tu sobrina. Está muriendo, por favor, Xia. Es sólo una niña.
—Dime por qué te odio. —habló seria.
— ¿Qué?
—Dime por qué te odio. Quiero oírlo de tu boca.
Martin suspira, le duele la petición.
—Porque me fui de china de muy joven para vivir aquí y lo hice sin decir adiós. Porque me cambie el nombre a uno más americano. Porque me case con una blanca. Porque no soy lo que se esperaba de mí y todos están decepcionados, porque eso daño a nuestros padres. Porque soy una vergüenza.
—No suenas muy culpable.
—Yo… mi hija.
—Pídemelo en chino.
— ¿Que?
—Pídemelo en chino —ordenó, enojada por dentro, pero manteniéndose calmada.
—Yo… no, no recuerdo como decirlo —dijo al borde de las lágrimas.
—Entonces tu hija va a morir —afirmó fría y colgó.
Martin golpea la pared, furioso y triste, las lágrimas caen por más que intenta retenerlas. Pero logra controlarse, se limpia, da una última mirada a su pequeña y a su esposa, y abandona el hospital. No le queda más opción que visitar a quien le ofreció un trabajo hace un par de años.
Además de ser maestro de kung fu, un doble de acción, un padre y un esposo, Martin Li pasaba sus días libres robando casas de ricos con alta seguridad, bodegas militares y un par de bancos, mas al final, lo devolvía todo. El dinero no le importaba, gana lo suficiente para mantener una vida decente, sólo le interesa la emoción. Desde niño ha sido así, disfruta del peligro. Se hizo conocido por infiltrarse limpiamente y salir en pocos minutos, y por dejar siempre una carta que decía "Ha sido robado por…".
—Así que ahora vienes arrastrándote —dijo el Kingpin. Se encuentran en el sótano de un bar, el lugar preferido de uno de sus hombres, quien sostiene el teléfono por el cual conversan, por donde su voz sale distorsionada.
—Si. Haré el trabajo que me pediste.
—Y sólo es una prueba, quiero que robes lugares mucho más interesantes.
—Entiendo. Envíame el dinero primero. ¿Es limpio, verdad?
—Por supuesto, podrás pagar sin problemas.
Martin parte inmediatamente hacia su casa, baja al sótano y saca sus herramientas. Recibe en su teléfono el mensaje de que el dinero ya ha sido depositado. Llega a la parte trasera del banco, abre la cerradura de la puerta con una aguja. Entra sigilosamente, evadiendo las cámaras con cuidado, se acerca sin hacer ruido a las espaldas de los guardias que patrullan, sin siquiera respirar, y los deja inconscientes clavando otra aguja —una en extremo delgada— en sus cráneos. Llega a la sala donde se encuentra la caja fuerte, usa un spray para hacer visibles los rayos y con sumo cuidado, va evitándolos a una gran velocidad y finalmente llega a la caja. Usa un lapicero de acero que emite una luz azul especial, y en los números de la cerradura, se ven manchas de los dedos que por último la tocaron. La combinación es ingresada y la cerradura se abre. Martin coloca las joyas y el dinero en un bolso negro y se dispone a partir. Ahora la cosa es más complicada, pues lleva un peso extra, debe ser aún más cuidadoso. Lo ha hecho muchas veces, pero en esas ocasiones, no tenía rondando por su cabeza la idea de su hija muriendo, nunca había pasado por ello y nunca había pensado en que tal vez, podría fallar.
Y así lo hizo. El bolso tocó uno de los rayos finales y la alarma se disparó. La puerta procede a cerrarse y reforzarse a toda velocidad, mas él logra salir gracias a su velocidad, aunque estuvo cerca de quedarse atrapado. Corre lo más rápido que puede, abandona el banco, se dirige a su motocicleta, la enciende y arranca. Con una sonrisa, Martin se aleja, el miedo de ser atrapado y su desesperación por su hija, ahora son reemplazados por esperanza, y eso le ciega, se confía, y tras salir de un callejón, su moto choca violentamente contra un auto. Martin logra sobrevivir al golpe, pero su pierna izquierda queda severamente lastimada, le cuesta caminar, pero se fuerza a correr. El corazón amenaza con escapar de su pecho. Se esconde en las sombras y ve los autos policiacos pasar. Nadie sabe cómo se ve, aprovechará eso para esconderse a la vista. Cuando nadie lo ve, ataca a un hombre de una contextura similar y se cambia de ropa con la él; luego, se fuerza a caminar normalmente y actúa como si nada estuviera pasando, de esa forma logra evadir a un par de policías.
En sus instalaciones, el Kingpin oye las noticias, la carta encontrada en el banco dice que él fue el quien dio las órdenes, junto con fotos de dos de sus hombres de alto rango y la localización de uno de sus escondites, lugar que tal vez pueda ayudar a saber su identidad, y que definitivamente le arruinará uno de sus negocios. Ante esto, el furioso Kingpin ordena el asesinato de la familia de Martin Li, y le da su información a la policía. Uno de sus asesinos se encontraba afueras del hospital, pues se le ordenó que estuviera ahí por precaución, esperaba que tal vez Martin intentaría quedarse con el dinero, pero resultó ser peor.
— ¡Maldita sea! —gritó el Kingpin por teléfono a uno de sus hombres—. Debió haberlos seguido cuando los envié a traerlo hace dos años, así supo sobre el almacén. No pensé que ese maldito haría algo como esto. Lo quiero muerto, ¿me escucharon? ¡Muerto!
Caminando, Martin escucha la radio de un auto policial y se entera de que saben su identidad, y eso le lleva a pensar cosas peores. Asustado, busca robar un auto, el de Ben Parker es el más cercano, le ataca, el anciano se resiste y le pide que se detenga y se entregue, que ve en sus ojos que no es una mala persona, pero las sirenas se escuchan cerca, y en su temor, Martin le apuñala. Conduce el auto hacia el hospital, al llegar se dirige a la habitación de su hija, y aprieta sus puños en furia al ver la escena. El asesino sigue ahí, le apunta con su pistola con silenciador, y Martin recibe una bala al hombro, pero logra lanzar su cuchillo al cuello del asesino. Recoge su cuchillo y la pistola, se dirige al cuarto más cercano, amenaza a un doctor para que le cure las heridas, y tras oír las sirenas de la policía, abandona el hospital.
Desorientado, confundido al no poder procesar todo lo sucedido, Martin Li se queda dormido en un callejón con los vagabundos. Al despertar, el dolor de sus heridas le azota, pero debe aguantar, nada ha acabado, su vida puede haberse destruido, pero aún le quedan cosas por hacer. Pero por ahora, debe descansar hacerse pasar por vagabundo.
Dos días después, aun dolido por lo sucedido, Martin Li, sentado y tapado con una sucia frazada, es visitado por un hombre de aspecto extraño, anciano y de rostro espeluznante, bien vestido y con una mirada trastornada. El hombre le ofrece algo, Martin se ríe de la propuesta, pero al ver que aquel horrible hombre no pestañeaba, supo que era verdad. Acepta sin pensarlo dos veces. Una vez en el laboratorio, le advierten que el experimento aún no ha sido probado, y aun así, Martin acepta, pues, no le queda más. No será gratis, sin embargo, si funciona, deberá pagarles. Y tomará mucho tiempo en distintas sesiones para lograr una fusión adecuada con la extraña energía.
Le tomó varias semanas adaptarse, a pesar de que nunca pudo dominarlo. Pero se dijo que no lo necesita. Coge la espada que trajo de china como recuerdo de su tierra natal, y que tras pasar los años en New York, se olvidó por completo de su existencia, razón por la que la policía no la encontró cuando registraron su casa. Ahora, la saca del oscuro y escondido sótano, la desempolva, nota que su filo ya no es tan bueno, pero al momento de tocarla, el acero se vuelve blanco por un instante y queda como nueva. Preparado, va a por su primera víctima: su hermana mayor.
Ella se encuentra en su oficina en New York, es dueña de una empresa que vende productos chinos de alta calidad al mercado estadounidense, y posee una sede en el propio país. No suele salir fuera de su tierra natal, pero ha venido pues va a tener una importante reunión con Walter Hardy, un importante empresario que busca rivalizar con Wilson Fisk, quien se negó a tener negocios con ella. Y a pesar de sólo venir a eso, no se priva de ver la ciudad más importante de su principal competidor en el mercado global.
Su postura al sentarse es perfecta, su cabello negro es hermoso y se encuentra muy bien peinado. Su vestido es fino e impoluto. La comida sobre el plato en su escritorio es de la más alta calidad, y ella come con extrema elegancia. La serenidad impera en la oficina, y la planta china glicina, adorna con sus preciosas flores violetas; sus favoritas. Y por último, la única persona además de ella, una artista china tocando una relajante aunque triste tonada en el Erhu (violín chino). Es un momento perfecto.
Y de golpe, todo es destruido. La canción se detiene y es reemplazada por gritos, la serenidad es ahora pánico, aunque sólo por parte de la artista, pues Xia se mantiene serena, aún sentada, viendo fríamente a su hermano entrar por la puerta empuñando una espada, mostrando un furioso rostro.
— ¿Qué haces aquí, Martin? —preguntó serena, para luego meter un pedazo de carne en su boca. Mastica sin perder la calma.
—Era sólo una niña —habló con rostro afligido—. No merecía pagar por nuestros problemas familiares. Era tu sobrina.
—Era una sucia mezclada —afirmó con frialdad—. Hija de una vergüenza para nuestra familia y una enemiga de nuestro imperio. No nos mezclamos con la competencia, hacemos negocios con ellos para finalmente aplastarlos cuando menos se lo esperen. Esa es la única conexión que se puede tener con ellos. ¿Entiendes, «Martin»?
Pronunció su nombre con asco.
—Sí, entiendo. Así es nuestra familia. Lamento que me odien por mis decisiones, yo aún les quiero. Aún te quiero, a pesar de lo que hiciste y de lo que dices —habló con la mirada pérdida—. Si me hubieras dejado morir, no me hubiera importado. Pero mi hija, mi hija merecía ser salvada. Era pura de corazón. Tenía un gran futuro por delante —afirmó con ojos húmedos. Empuña su espada con fuerza, y lanza a su hermana una mirada asesina y a la vez triste. La odia, y la quiere.
Ella se pone de pie con pistola en mano, y aun sin mostrar expresión alguna, dispara cuatro veces al cuerpo de su hermano. Pero este se mantiene en pie, mirándola con sorpresa. Las balas caen de su cuerpo, no se le ve lastimado. La pistola se cae, tanto Xia como la artista tienen los ojos muy abiertos, las cejas levantadas y la boca levemente abierta, llenas de temor y confusión.
—Al parecer si eres capaz de mostrar emociones, hermana. Eso es bueno.
— ¿Qué eres?
—No lo sé —respondió con mirada desolada—. Dime, ¿alguna vez me quisiste?
—Sí —respondió mirando al suelo—.Y tal vez aún lo haga. Pero sin duda el amor es el sentimiento más débil que siento hacia a ti —afirmó levantando la mirada.
—Ya veo.
Martin Li apuñala el corazón de su hermana. Da una mirada a la artista, y abandona la empresa con los ojos entristecidos. Sus hombros están caídos, apenas y puede sostener la espada, apenas y puede caminar. De esta forma no esperaba marcharse, se veía a si mismo sonriendo, feliz. No se ha sacado un peso de encima, ha agregado otro.
FIN DEL ACTO.
