DRACO MALFOY
Bosque Prohibido
Mi excursión en el bosque no estaba resultando como yo había planeado. En primer lugar, no había esperado la compañía de la sangre sucia, aunque si soy honesto debo decir que su presencia era bienvenida; no solo porque me encantaba estar a su lado, ya sea discutiendo o aparentando indiferencia, sino también porque su ingenio podría servirme de algo.
Tampoco había esperado dar con los Magnoliums tan rápido y de una forma escandalosamente inconsciente. No es que me regañara internamente por mi descuido, simplemente lo entendía; al parecer la presencia de la sangre sucia era lo suficientemente influyente para que mi cerebro dejara de funcionar, por lo menos parcialmente, lo cual constituía un peligro para ambos, ya que, a pesar de mi supuesta calma la realidad era que nos encontrábamos en una situación de peligro y yo no había hecho demasiado para impedirlo porque había estado distraído con la sangre sucia.
-¿Por qué están chillando así? – gritó Granger tapándose los oídos. Yo observé la copa de los árboles que nos rodeaban, pude apreciar perfectamente a pequeños y grandes pájaros moviéndose de un lado para otro, noté que ninguno de ellos era el que podría salvarnos si la situación lo ameritaba. Observé la sombra que los arbustos producían esperando que saliera de ellos mi enorme bestia. Pero en vez de ello, salió un gusano, pequeño, cuyas patas se movían rápidamente mientras su nariz roja se levantaba olfateando el aire, olfateándonos a nosotros. - ¿Qué es eso? – gritó la sangre sucia con asco.
-Una vaca…- dije sarcástico, al parecer su presencia no sólo lograba distraerme, sino eliminar cualquier vestigio de peligro o sentido común de mi sistema nervioso. Mi respuesta me acarreó un golpe en el hombro, la sangre sucia alzó la mano para propinarme otro pero se detuvo gracias a la inesperada aparición de cinco gusanos del tamaño del asqueroso perro de Hagrid y supe, tristemente, que mi presa era una hembra y nosotros nos encontrábamos a merced de sus crías…
Observamos anonadados como las crías de gusano se iban acercando a nosotros. La sangre sucia alzó el brazo dispuesta a lanzar un hechizo, la detuve antes de que fuera demasiado tarde.
-¿Qué te pasa? – preguntó forcejeando conmigo.
-Si les haces daño, atraerán a la madre. – ella abrió la boca sorprendida.
-¿A la madre? – se giró para ver a las pequeñas criaturas encontrándose entre ellas. - ¿Es eso lo que estabas buscando? – me preguntó con reproche. - ¿Vas a suicidarte de la forma más asquerosa que puede haber en el planeta? ¿No era más fácil un veneno? – ella no estaba bromeando, sin embargo me eché a reír.
-Calma Granger… ¡Son gusanos! ¿Qué podrían hacerte? Solo comen peces y hojas…- un chillido entre las crías nos hizo detener nuestra discusión, cuando nos giramos, el gusano más grande del grupo estaba exponiendo unos enormes colmillos y clavándoselos en la piel a su hermano. Se me heló la sangre ante la asquerosa vista y el chillido del animal. Los demás de la camada, atraídos por la sangre del caído, saltaron sobre el cadáver como pirañas y empezaron a devorar al pequeño, que seguía retorciéndose mientras un líquido verde, viscoso y asqueroso salía a borbotones de su barriga. Convencido de que ese pequeño animal no saciaría la sed de su macabro hermano, decidí que la mejor opción era salir de allí.
- Corre. – No fue necesario que lo dijera dos veces.
Mi intención era bordear a la camada caníbal para conseguir su guarida, la cual esperaba estuviera vacía. Sin embargo, Granger, ignorando mis planes, corrió a toda prisa hacia la pendiente por la cual habíamos bajado unos minutos atrás y empezó a escalar con dificultad.
-¡Granger! – Grité – Detente.
-¿Estás loco? – fue su azorada respuesta mientras trataba de ascender torpemente en la oscuridad. Corrí hasta ella, tomándola del brazo y jalándola hacia abajo. -¡Malfoy suéltame! No pretendo regresar con esas cosas.
Otro chillido, proveniente de las criaturas me puso en tensión, con la adrenalina a mil.
-¡Escúchame! Tenemos que encontrar su guarida.
-¿Su guarida? ¿Te has vuelto loco?- trató de zafarse, pero se lo prohibí - ¡Suéltame por Merlín!- los pájaros que estaban cerca echaron a volar, la peste a almeja se fue acercando.
-Necesito tu ayuda, no pretendo irme todavía. – Solté desesperado- No cuando estoy tan cerca. – decreté abrazándola por la cintura y bajándola hacia tierra firme. Ella protestó, pero la ignoré. Forcejeamos un rato, hasta que la muy astuta me quitó mi varita y me apuntó con ella. Hice una mueca.
-Granger, no es el momento para discutir. Se están acercando. – le informé serio.
-¿Qué demonios pretendes hacer? – Me preguntó con un brillo peligroso en los ojos.- ¿Por qué estás tan familiarizado con esas criaturas? ¿Por qué quieres ir a su guarida? – rechiné los dientes exasperado y me pasé la mano por el cabello tratando de calmarme, nada iba a ganar exasperándome, además, sabía que era cuestión de tiempo que soltara sus fastidiosas preguntas, pero en ese instante no estaba tan preparado para responderlas. Recordé el viejo dicho que insinuaba que las buenas mentiras, eran las que estaban más cerca de la verdad. Así que decidido y apurado solté:
-Me pagaron para conseguir algo de las criaturas.
-¿Conseguir qué? – miré detrás de ella y pude ver que la manada estaba bordeando un árbol, acercándose a nosotros.
-¡Granger! – comencé con urgencia. – te prometo que te voy a contar todo. Pero necesito tu ayuda, y no me puedo ir sin eso. Por favor, por favor. Sígueme.- era la primera vez que le rogaba a alguien, era la primera vez que le hablaba a ella de esa manera. Pude ver la sorpresa dibujarse en cada centímetro de su piel, supuse que no era de extrañarse que se asombrara, suplicar no era mi fuerte, no era una palabra que combinara con mi nombre en una oración.
Finalmente, la sangre sucia asintió, me tendió la varita como disculpándose, la tomé al igual que su mano y echamos a correr por el bosque como unos posesos. Necesitaba un lugar para escondernos, uno que fuera un poco inaccesible para nuestros asquerosos perseguidores. A toda prisa, bordeamos el lugar dónde los habíamos encontrado y llegamos a un enorme Nogal que estaba marcado con una X plateada. Tentado a soltar un Aleluya, guie a Granger hacia allí, cuando se percató de que era un buen sitio para protegernos, echó a andar de buena gana hacia el lugar, pero la detuve nuevamente.
-¿Qué? – soltó exasperada. Tragué saliva antes de contestar, no solo porque estaba cansado de la corrida, sino porque su cercanía me afectaba, la atracción era demasiado poderosa, difícil de ignorar. Obligándome a comportarme de manera decorosa y empujando cualquier pensamiento libidinoso de mi mente, desabroché la capa de su cuello y se la quité. Ella frunció el ceño, pero se mantuvo callada hasta que comencé a quitarle la chaqueta. - ¿Qué crees que haces? – me gruñó quitándome las manos del material.
- Tenemos que despistarlos. Ya saben nuestro olor, si nos escondemos, será increíblemente fácil encontrarnos. – decidí ignorarla y me quité mi camisa para demostrarle lo honrada que eran mis intenciones, aproveché que desviaba la mirada para tapar mi tatuaje con el pantalón. Finalmente, dándose cuenta de que mi plan tenía sentido la sangre sucia se quitó la chaqueta, estremeciéndose por el frío de la noche. No pude evitar notar que traía una ligera blusa que dejaba sus brazos al descubierto.
-No vayas a arruinarla, me gusta esa chaqueta. – dijo con pesar mientras me tendía el abrigo. La tomé en mis manos, evitando rozar sus pálidos dedos e hice una pelota con nuestras ropas y las puse en el suelo
- Te compraré otra después.- las palabras salieron de mi boca sin siquiera haberlas pensado, decidí no darle importancia, así que rápidamente, revisé el lugar dónde estábamos en busca de un charco cuyo lodo pudiéramos utilizar para ocultar nuestros aromas. Aliviado al ver un poso de agua cerca de unos arbustos, caminé hacia el punto y tomé la tierra húmeda entre mis manos y me acerqué a Granger. La sangre sucia me miró con los ojos abiertos como platos. Satisfecho con la sola idea de tocarla, comencé a esparcir el lodo por sus mejillas, por su cuello, por sus brazos. Cuando me giré para recoger más, la observé haciendo lo mismo, entonces comenzamos a llenarnos de lodo uno al otro.
Para esas alturas, y a pesar del frío, tenía una erección bastante visible debajo de mis pantalones.
-Creo que sería mejor que te quitaras la blusa…- sugerí girándola para echarle lodo en el cabello. La sentí tensarse y me eché a reír.- Granger, jamás me atrevería a tocarte.- intenté decirlo con asco, intenté que saliera el Malfoy que ella conocía. Sin embargo, no creo que mi actuación fuera tan exitosa como había querido.
-Me estás tocando.- dijo con un gruñido.
-Bueno, es solo para… Olvídalo.- dije al escuchar un chillido cercano. – Escóndete dentro del árbol.
-¿Para dónde vas? – sonreí al verla cubierta de lodo. Tomé la ropa entre mis manos y se las mostré.
-A esparcir esto por ahí. – dije. – Escóndete, regresaré en seguida.
La sangre sucia asintió. Esperé a que estuviera cubierta por las hojas del nogal para salir corriendo a toda prisa. Sentía el frío de la noche golpear mis mejillas sin miramientos y aproveché ese momento de lucidez para pensar en cómo procedería con ella el resto de la velada…
No pude evitar recordar una tarde, muchos años atrás, en la que una prima lejana me había mostrado una muñeca fascinante. Era de esas que venían huecas por dentro, sin embargo, al abrirla te llevabas la sorpresa que en su interior tenía otra figura exactamente igual a la anterior pero más pequeña, cuando abrías esa encontrabas otra más pequeña y otra, hasta que dado un punto, sacabas una versión miniatura de la más grande. En un ataque de sabiduría deduje que las mentiras eran iguales a esas muñecas. Dentro de una mentira, estaba otra y así sucesivamente, hasta que al final, solo quedaba una versión miniatura, insignificante de la verdad, de la figura original.
En lo personal, mentir no se me daba nada mal, lo consideraba un arte que dominaba casi a la perfección. Cada falacia salía de mi boca sin esfuerzo, tenía sentido sin siquiera haberlo pensado por un segundo y coincidía milagrosamente con el supuesto que la había producido. Sin embargo, todo talento tiene un talón de Aquiles, un punto vulnerable a cualquier daño o cualquier mente maestra que pudiera ver una laguna en mi perfecta versión. Mi debilidad era la sangre sucia…
Con ella tenía que esforzarme el doble, maquinar con experticia y velocidad. No podía descuidar nada, ni siquiera un aspecto o una mísera sílaba porque toda mi historia, toda mi vida, todo lo que tenía, se iría al piso con su perturbadora mentecita que todo lo deducía.
Había pasado un breve periodo enfocado en el trabajo, en mis deberes con la Subasta y esperando que todo saliera tan perfecto como había planeado, lo cual significaba que había dejado a mi sangre sucia de lado, por el momento. Sin embargo, el destino me la había puesto en bandeja de plata y sin notificación alguna, lo cual había causado ciertos alborotos en mi interior. El primero de ellos, era el hecho de que hacía unos días había visitado la Cámara, según Roger, para solicitar un amante, específicamente, uno que no fuera yo.
No conocía que Roger fuera un mentiroso, era melodramático, fastidioso, increíblemente homosexual y maquinador. Mentiroso era una cualidad que no estaba verificada en su lista de desencantos. Sin embargo, no podía evitar pensar que algo no encajaba…
El segundo punto que tenía que abordar era el que más me interesaba, lograr convencerla delicadamente que fuera a la Subasta. Quizás podría infiltrarla o decirle a alguno de los muchachos que la dejaran entrar, quizás podría improvisar una invitación. No importaba el modo que fuera, ese día la quería en la Cámara, no tenía algún plan en específico pero sabía que Dragón tendría que encontrarse con ella y seducirla.
Con la cabeza más despejada y varias ideas en mente, regresé al Nogal que mi querida Nogalina me había provisto meses atrás como una guarida segura para mis incursiones nocturnas en el bosque prohibido. Antes de entrar, revisé los alrededores en busca de mis asquerosos perseguidores, puse algunos hechizos de protección y entré por el enorme hueco del árbol.
Me deslicé como si estuviera en un tobogán y finalmente caí en una blanda superficie de hojas. Lo primero que noté fue una luz verde que salía de una lámpara mágica, me levanté asustado por no encontrar a la sangre sucia.
-¿Granger? – pregunté caminando hacia una pequeña mesa de caoba y tomando un vaso de agua que estaba servido.
No me respondió, simplemente salió de un pequeño cubículo que separaba la salita con una habitación miniatura que contenía un catre que hacía las veces de cama. Su gesto era ceñudo, tenía una mueca en sus labios embarrados que la hacían ver increíblemente graciosa. Me eché a reír cuando se puso las manos en la cintura en representación de una madre increíblemente molesta.
-¿Se puede saber de qué te ríes? – inquirió con un tinte peligroso en la voz.
-Estás cubierta de lodo…- fue todo lo que pude decir entre risas. Ella entornó los ojos y me miró de arriba hacia abajo.
-Tú también lo estás. ¡Y ni creas que me vas a distraer con tus tonterías! ¿Qué rayos está pasando?
Suspiré dramáticamente.
-Estoy corto de fondos.- dije encogiéndome de hombros.
-¡No pretendo prestarte un centavo! – rodé los ojos. A veces no era tan inteligente como cualquiera esperaría.
-Granger no te estoy pidiendo un centinavo…
-Centavo.- me corrigió entre dientes.
-Lo que sea. Dije que estoy corto de fondos. Así que acepté un trabajito que me encontré por casualidad…- su curiosidad iluminó por completo su rostro.
-¿Qué clase de trabajo? – me levanté y fingí estar enfadado.
-Mira Granger, creo que hemos olvidado ciertos puntos aquí. No soy Potty, así que te prohíbo que me trates con tanta familiaridad.- su respiración profunda era suficiente indicio para delatar su rabia.
-Pedazo de soquete. ¡Unas criaturas asquerosas están detrás de nosotros! – se acercó a mí y me plantó su lindo dedo índice en el pecho. – Tú me vas a decir todo, qué estamos haciendo, porqué tienes este sitio, qué estás buscando y para quién.- rodé los ojos y le aparté la mano de mi cuerpo.
-No me toques, no quiero ensuciarme más de lo que estoy…- dije en tono casual. Ella soltó un grito de ira y me cayó a golpes. Me eché a reír ante sus vagos intentos, le sacaba media cabeza y sus puños eran como los golpecitos de una rata tratando de tocar una puerta. - ¡Ya, ya! Cálmate...- la tomé de las muñecas y la obligué a sentarse. Seguía molesta, su ceño fruncido era palpable debajo del lodo. – Estoy trabajando para…- fingí darme cuenta que iba a revelar información crucial y me detuve abruptamente, la sangre sucia no lo pasó por alto.- Una gente en… el callejón Knockturn… - para ese punto sus ojos parecían dos rendijas escépticas.
-Me estás mintiendo.
-¡Ni siquiera he dicho nada!
-Me estás mintiendo.- declaró cruzándose de brazos. Sonreí para mis adentros.
-Hay cosas, sangre sucia que es preferible que tu pequeño e inocente cerebro ignore.- ella dio un respingo de reconocimiento ante mis palabras. Casualmente, me acerqué a una palangana de agua y tomando un trapo que encontré por ahí, comencé a limpiarme el rostro. La sentí ponerse de pie y acercarse a mí. Tuve que suprimir el impulso de voltearme y besarla.
Sentí su paso vacilante y supe que estaba hallando la manera de sacarme información sin ser demasiado obvia.
-No soy tan inocente como crees..- dijo finalmente. Yo me gire a verla y encaré una ceja.
-¡Por Merlín Granger! Todos saben que eres una santa. Cualquier cosa te escandalizaría.- dije volteándome para encararla y apoyándome en la mesa para mirarla con diversión.
-¡Por supuesto que no! Soy lo suficientemente madura para escuchar ciertas cosas.
Fingí meditar su respuesta y solté un suspiro melodramático que si Roger escuchara me aplaudiría.
-¿Prometes que no le dirás a nadie lo que estoy a punto de decirte? – pregunté mirándola seriamente. Ella asintió como una niña. - ¿Prometes que no vas a ir corriendo a la directora a chismearle todo? – cabeceó una vez más.- ¿Segura?
-¡Si! – abrí la boca para hablar y luego me arrepentí.
-No te creo. – me golpeó el brazo.
-Te juro que de mi boca no saldrá nada, que no le diré a nadie lo que estás a punto de decirme, ni siquiera lo repetiré. ¿Contento? – la miré con sospecha y luego asentí.
-Hay un burdel en el colegio.- su reacción... Merlín, si pudiera reírme, lo hubiese hecho. Todo era tan falso y mal actuado, comenzando por lo grande que se pusieron sus ojos, luego la forma tan estúpida como abrió la boca, fingiendo sorpresa sin éxito alguno.
-Imposible.- dijo mejorando su actuación de repente. Me dio la espalda para sentarse en el sitio que había ocupado momentos atrás.
-Nada es imposible Granger.
-Estás loco. Demente. Dime la verdad Malfoy.
-¡Te la estoy diciendo! Hay un prostíbulo en el castillo.- insistí al borde de la risa. Ella me miró como si estuviese delirando.
-¿Ah sí? ¿Quién sería capaz de crear un prostíbulo en el colegio Malfoy?- comenzó condescendiente - ¡No seas absurdo!
Granger creía que se las sabía todas. De alguna forma su manera de retarme, de querer hacerse la más inteligente, y de su estrepitoso fracaso, me henchían el pecho de orgullo. Ella trataba de manipularme creyendo que tenía información valiosa, pero en esa discusión, el importante era yo, no ella.
-Aparentemente, (porque estoy en las sombras tanto como tú) son unos alumnos con un coeficiente intelectual bastante elevado. Y ahora que lo pienso…- me llevé la mano a la barbilla mientras fruncía el ceño en un ademán intelectual.- ¿No serás tú mi jefa tratando de corroborar que hago bien el trabajo? – Granger abrió la boca gradualmente en gesto de sorpresa. ¡Merlín! Había olvidado cuán divertido era meterse con ella.
-¿Estás insinuando que yo soy una de las creadoras del supuesto prostíbulo?
-¿Quién más si no? – Dije encogiéndo un hombro.- por lo que he visto y créeme que ha sido poco, es un sitio impresionante, tiene hechizos muy poderosos que ni siquiera yo he podido descifrar. La única persona con la capacidad para crear algo de esa magnitud serías tú.
Está demás decir que Granger estaba furiosa.
-¡No soy una proxeneta Malfoy! – me eché a reír.
-Vamos Granger, no diré nada. Te mantendré el secreto mientras me llenes los bolsillos. Tú ganas, yo gano.
-¡Yo no tengo nada que ver con eso! Nunca se me hubiese ocurrido hacer algo de esa magnitud.
-Mmm.. Supongo que no eres la bruja más inteligente del castillo entonces…- bebí un poco de agua y estudié su reacción con deleite. Tenía las mejillas arreboladas de furia, los ojos entornados me asesinaban con evidente malicia, se había cruzado de brazos y meneaba la pierna derecha de arriba hacia abajo con una velocidad alarmante.
Tomé un paño limpio y me acerqué con una nueva palangana de agua. Me arrodillé frente a ella, que me miraba con un gesto extrañado, humedecí la tela y le limpié la mejilla derecha.
-No te preocupes Granger…- dije mientras le limpiaba la barbilla con extrema delicadeza y lentitud. Deseando desnudarla y limpiarla con mis besos hasta dejar su piel sonrosada de placer. – Para algunos, todavía sigues siendo la insufrible más inteligente del colegio…- ella rodó los ojos, tratando de ocultar la evidente sonrisa que se formaba en la comisura de sus labios.
Dejé el paño sobre sus manos para que culminara la tarea que había empezado, pero no me moví, me quedé arrodillado, mirándola como si se tratase de la obra de arte más hermosa que hubiese en la faz de la tierra. Mi corazón comenzó a palpitar con fuerza al darme cuenta que ella se inclinaba un poco hacia mí, inconsciente de ello. Su mirada seguía clavada en la mía, ida, hipnotizada.
-¿Para qué te contrataron Malfoy? – preguntó suavemente.
Carraspeé, pero no me moví.
-Quieren el cascarón que roba el gusano.
Noté que ella se humedecía el labio inferior, noté que su pierna se había tranquilizado y que de alguna manera mi presencia le había afectado. Mi cercanía no la repelía, mi mirada no la asqueaba. Había algo tangible en el aire, era pesado, era ligero, me comprimía, me liberaba. Mis manos dolían por tocarla, mi boca ardía por su contacto. Había subestimado lo poderosa que era mi atracción hacía ella, no había escapatoria, no había contra hechizos lo suficientemente poderosos como para borrar su marca en mí. ¿Sería tan irresistible en ella como lo era en mí?
-¿Qué harán con ese cascarón? – preguntó con aire ausente.
-Lo necesitan para una fiesta. Están organizando una fiesta. – ella se acercó más a mí, inhalando.
-Malfoy.
-¿Si?
-Apestas.
Se echó a reír. Yo me miré, tenía todo el pecho cubierto de lodo, los brazos y las manos. Mi pantalón no se distinguía siquiera. Me levanté algo abochornado.
-Estoy cubierto de lodo.- dije a toda explicación.
-¿Cuáles son tus planes para atrapar al cascarón? – dijo con una sonrisa enorme que mostraba sus dientes blancos.
-Tenemos que colarnos en la cueva. Quizás alguno de nosotros podría ser el cebo de los pequeños gusanos mientras el otro ingresa y roba el cascarón.
Decidida, la sangre sucia se puso en pie.
-¿Qué estamos esperando? ¡Robemos un cascarón!
Suspiré. Estar cerca de ella se estaba volviendo algo peligroso, algo irresistible…
CONTINUARA
Hola chicas, muchas gracias por sus reviews, sus hermosos comentarios y las ganas que me dan de seguir escribiendo. Gracias por sus porras preciosas. Quería comentarles que el fic ha sido nominado por Amortentia Awards como el mejor fic erótico. Significaría muchísimo para mí si van a la página, lo pueden googlear y les saldrá. Voten por el fic. ¡Hagan feliz a Draco! Jajaja.
Espero que les haya gustado el capítulo, lamento la tardanza, ando en diligencias para mi operación (nada grave) y eso me ha tomado el tiempo.
Me despido, se les quiere.
