La Saga Crepúsculo es propiedad de Stephenie Meyer.

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Inocente Tentación

Capítulo 13: ¿Trato hecho?

POV Bella.

Tuvimos un invierno difícil

Tuvimos unos ásperos meses

Y cuando las tormentas se produjeron en la costa

Se sintió como rompieron todo en nosotros a la vez.

Pero yo no quiero pasar toda mi vida en el interior

Quiero salir, y enfrentar a la luz del sol.

No voy a vivir toda mi vida en el interior

Voy a salir, y se enfrentar a la próxima tormenta.

Frank Turner - The Next Storm

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Cordero.

Es una dulce especie mansa, muy dócil y suavidad que se muestra en el carácter o trato, la iconografía de este animal se presta normalmente para los sacrificios religiosos, podemos tener como ejemplo el cordero de dios que se utiliza normalmente en la literatura litúrgica y teología a Jesús de Nazaret.

Ahora mismo, creo que conozco a uno de carne y hueso; sosegado, tranquilo y apacible; puedo deducir que es a él a quien han lastimado infinidad de veces, por lo que al mismo tiempo no es tan dócil, las personas muy duramente podrían tomar o acariciar su figura.

En estos ya seis meses de trabajo a marchas forzadas en el restaurante, me he acostumbrado a la hermosa ciudad londinense, sus calles, clima y gente, he aprendido a conocer a fondo sus secretos y envolverme en ellos. Pero lo que simplemente me ha rebasado es Edward, lo poco que se, es gracias a él y de ahí ni yo misma puedo descifrarlo, es todo un enigma el señorito.

El sous Edward me ha sorprendido gratamente, la técnica que tiene es superior a la que yo pensaba que poseía, su pasión por la gastronomía es irracional, su entrega a este lugar es total y eso me conmueve profundamente, se perfectamente que la presión de este sitio es a nivele asfixiantes para cualquier otra persona, pero el parece superarlo sin mayor problema, en el fondo sé que él puede con esto y más.

Lo miro andar en la cocina, cuando yo no ando cerca se suelta y comienza a dar órdenes, no es como otros chefs, sabe perfectamente lo que dice, sin necesidad de gritar de más o imponerse ante el equipo con prepotencia.

Ese es mi pequeño secreto, me alejo de la cocina por largos periodos y lo dejo ser, su pasión me recuerda al de la pequeña e inocente Bella que comenzaba en este duro negocio, es toda una delicia ver su empeño para que cada platillo que salga sea perfecto. Este es uno de esos momentos, me siento en las escaleras que me llevan a mi oficina y miro como se encarga él del lugar, seguro y firme, parece ser que el miedoso Edward se ha quedado en algún armario, y me gusta; es por ello que lo dejo ser y me encierro la mayor parte del tiempo en mi oficina.

El sonido de mi celular me saca de mis ensoñaciones, lo saco de mi pantalón y me alejo, no quiero alertar a nadie del equipo sobre mi escondite. Subo rápidamente las escaleras, observo el nombre de la persona que me llama y suspiro, esto se ha vuelto una costumbre entre nosotros, misma hora que desde hace más de un mes.

—¿Bella?

—Hey, ¡hola Thomas! —sigo mi camino hacia mi oficina.

—Cariño, ¿cómo va tu día? —puedo escuchar su nerviosismo, siempre es lo mismo.

—Muy bien, haciendo girar las ganancias para ganar lo máximo, todo se trata de ganar —me siento en mi sofá de descanso, subo mis rodillas y con mi brazo libre las rodeo.

—¿Y si eso es así? ¿Quién se hace cargo de la cocina? Hace unos días tus padres estaban muy contentos leyendo una revista de critica gastronómica Londinense, resaltaban el excelente servicio y calidad que les ofrecía el lugar que está a tu mando, diciendo que el restaurante se había reinventado, que incluso era mejor que en sus inicios, ¿sabes cómo se han sentido tus padres? No les cabía el orgullo en el pecho, su hija había roto con todo esquema y según sus palabras, tú eras mucho mejor chef que lo que ellos pudieron haber sido algún día.

Sonrió, no creo que eso sea así, ni mucho menos puedo aceptar que ellos estén orgullosos de mi, cuando yo se que no soy lo que creen.

—No sabía que hemos sido mencionados en esa revista, ni mucho menos he revisado lo que dicen de nosotros en los medios. Nuestra atención está puesta en otra clase de cosas importantes, pero lamento romper la burbuja de mis padres, yo solo me he hecho a cargo de la cocina en sus inicios, mi sous es quien pasa la mayoría de tiempo en la cocina, haciendo y rompiendo a su creer, todo el mérito es de él. —No puedo evitar sonreír, ese es el logro de Edward. Solo suyo.

—Oh… No sé qué decirte Bella… Me sorprende —su tono parece ser así, no miente cuando lo dice.

—No pasa nada, Thomas. Gracias por el tip, investigaré que más dicen de nosotros y premiare a quien lo tenga merecido, al igual que fue regañado por no cumplir con las expectativas del negocio —afirmo, esas críticas positivas parecen encaminar hacia el objetivo que nos fijamos al principio y que muy pronto conoceremos los resultados.

—¿Para cuándo iras a la próxima sucursal? ¿Era Italia o Francia? —me recuerda.

—Creo que será Italia, he enviado ya a mi gente de confianza a explorar ese territorio y parece ser que las cosas no van tan mal, si todo sale como yo quiero, para dentro de un par de semanas me estaré mudando allá. Pero vamos, dejemos hablar de mí y cuéntame cómo están tu mujer e hijo; ¿han decidió ya conocer el sexo? O quieren dejarlo pasar y que sea sorpresa.

—Kate no aguanto más las ansias y decidió conocer el sexo. Bella, serás tía de una hermosa princesa —su alegría es contagiosa y sonrió, me alegra escucharlo así.

—Que feliz noticia Thomas, la princesa de papá está en camino. Envíale mis felicitaciones a le bella mamá, seguramente ella y sus abuelos están contentos con la noticia.

—Así es Bella…

Tres tímidos toques me distraen, obligándome a tapar la bocina del aparato.

—Adelante, por favor.

Edward se asoma y yo lo invito a entrar, comunicándole con mis manos a que espere un par de minutos y dedicar mi atención a él.

—Oh lo siento Thomas, me tengo que ir. Este lugar demanda mi atención, nos hablamos mañana, ¿si? —hablo en voz baja.

—Claro Bella, siempre es bueno hablar con mi buena amiga. Te quiero mucho, se buena chica y cuídate, necesito en buen estado a la tía de mi princesa…

—Claro, cuida mucho a tu mujer e hija. Adiós. —Cuelgo.

Guardo mi celular y camino hacia Edward, quien parece estar muy entretenido jugando con mi slinky arcoíris. Rápidamente se da cuenta de mi total atención a él y se detiene abruptamente, cosa que me molesta demasiado. No debe de temer a nadie, no es como si el que juegue con ese pedazo de plástico sea un delito.

—¿Qué sucede Chef? ¿En que le puedo ser útil? —me siento en mi silla, observándolo juguetear con sus manos.

—Na-na-da ma-ma-lo Bella. Ben-ben-ja-min ya re-re-greso de su via-via-je. Nos ha ci-ci-tado pa-pa-ra den-den-tro de un par de-de horas, in-in-cluso Tia, se-se ha o-o-frecido a-a es-es-tar al-al man-man-do de-de la co-co-cina —asiento, ya muy acostumbrada a los problemas de comunicación de Edward.

—Oh dios mío. Nos dirá si lo logramos o no, ¿verdad Edward?

Asiente, puedo ver en su rígida postura que esto también le angustia.

—To-to-do es-es-ta-ta-rá bien Bella —toma mi mano del escritorio y la aprieta con fuerza.

Solo asiento, no puedo estar muy segura de esa afirmación.

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Las siguientes par de horas me las paso sentada en mis escaleras, veo como el equipo de cocina se mueve de un lado a otro cumpliendo con todas las comandas que llegan y enviándolas rápidamente hasta nuestros comensales. El chef Edward se encuentra en un rincón de la cocina, enseñando a nuestra recién llegada Tia como son las cosas aquí.

Ella hace unos cuantos años atrás trabajo aquí, ambas somos mujeres con personalidades muy fuertes, aguantamos trabajar durante un buen tiempo y según puedo recordar me envió su carta de renuncia, diciéndome que yo era "una perra maldita" que por el bien de nuestra amistad ya no aguantaba más. Prometió que jamás regresaría, pero ahora la tengo de nuevo en este sitio.

Edward se encarga de enseñarle, mostrándole la carta y haciendo anotaciones en una hoja de papel. Posteriormente toma uno de los varios tipos de platos que tiene sobre su mesa y comienza a dibujar con un plumón; a la vez continúa dirigiendo a su equipo de cocina. Tía parece estar muy entretenida, la veo anudando su delantal y ajustando la red de su cabello, saca los cuchillos de su cartera y comienza a desinfectarlos, mientras sigue prestando atención al chef.

—Disculpe chef Edward, necesito de su aprobación. ¿Cree que la crema esta ya a su punto? Realmente no le veo buena pinta —señala el joven chef de partie.

Con suma elegancia, Edward se mueve hasta donde se encuentra el chico con un bol de su preparación. Saca una cuchara de su filipina y prueba, por su gesto deduzco que no es para nada lo que espera de la base para la crema de espárragos.

—Chef Rooney, esto le hace falta más tiempo en la batidora. Si lo dejamos así, parecerá un horrible engrudo. Asegúrese de agregar lentamente la harina y que la batidora valla a una velocidad media, no coloque la harina directamente a la olla sino quedara espantoso. Por favor —su voz es clara, ningún tartamudeo se hace presente y eso me sorprende más, ¿Por qué sucede eso? ¿Será consiente de ese punto?

—Muchas gracias chef Edward, así lo haré —el chico sale corriendo rumbo a su estación.

Lo veo moverse de nuevo hasta Tía, quien afila uno de sus cuchillos con la vieja técnica de la escuela, en un bol lleno, previamente coloco una piedra plana, la saco y de movimientos diagonales lo afila. Intercambian más palabras, ella ríe por algo que le dice Edward, el solo niega con la cabeza.

—¡Hey Bella! ¿Qué haces sentada aquí?

Volteo y me encuentro con mi viejo amigo Benjamín, me encojo de hombros y continúo observando el ritmo con que se trabaja aquí. Él se limita a sentarse a mi lado, mirando a su preciosa esposa en acción.

—Como amo a mi morena, ella es espectacular —suspira como un tonto enamorado.

—Es una chica muy dura, ¿cómo es que ablandaste su corazón?

—Ninguna mujer dura, Bella. Ella es solo muy perfeccionista en su trabajo, en lo privado es más abierta a que ocurran imprevistos y gustosa acepta el reto que se le cruce. Ella es muy dulce, me enamore de ella a primera vista —ella se da cuenta de su presencia y le sonríe. Él le guiña un ojo.

—Wow Benjamín, esa mujer tiene bien domado. ¿Sabes? Me alegró mucho ser testigo de tu boda, fue muy dulce verlos así de enamorados y mayormente ser testigo años después de que ese amor está más vigente que nunca —le sonrió con sinceridad.

—Gracias, Bella. Tú sabes que eres de mis más grandes amigas en esta vida. Yo quisiera verte así como tú me describes, enamorada. Que alguien te ame con la pasión y devoción que mereces. Él, no era suficiente hombre para ti. Tú castaña, mereces a un hombre apasionado como tú, pero a la vez que te trate con extrema dulzura y delicadeza. Sé que pronto llegará para ti el chico correcto —me besa el tope de la cabeza.

—Mi hombre tiene razón, Bella. Ese hombre que tanto te rompió, es un niño que bien tiene merecido a la otra niñita de papá. Tú lo que necesitas es un hombre que te posea por completo, que te trate como la diosa pasional que eres y mime a esa princesa que habita en ti. Mira a tu alrededor, existen mejores especímenes que ese tonto ciego. Hazlo y ganarás Bella, tenlo por seguro —me sonríe de forma traviesa, como si conociera algo que yo no.

Confirmo una vez más que Tía es rara.

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Edward y yo estamos sentados en las sillas del despacho de Benjamín. Ambos nerviosos y envueltos en un silencio cómodo. Este último tiene una cara que no revela nada y eso me pone aún más nerviosa, no sé qué pensar o más bien si lo sé, son noticias pésimas, no puede ser otra cosa.

—Bueno chicos, sé que esto los pone muy ansiosos. Antes que nada, quisiera felicitarlos por ese gran esfuerzo. Dedicaron horas y horas para que esto funcionara y así sucedió, las revistas gastronómicas no paran de elogiar el servicio y calidad de este lugar. Muchas felicidades Edward, aunque tu nombre no se mencione mucho, se perfectamente que tu eres el hombre que ha encabezado esa cocina, sé que Bella no me dejara mentir —la mirada de mi amigo se dirige a mí.

—Respecto a eso, yo no tenía idea que aparecía este lugar en esas revistas. Por lo poco que me he informado hace unos minutos atrás, es así. No tengo idea porque mi nombre aparece, cuando el responsable de los cambios favorables eres tu Edward, gracias por poner lo mejor de ti aquí, lo aprecio mucho —le sonrio con timidez, no sé qué más agregar.

—Gra-gra-cias, Be-be-lla —me sonríe de vuelta.

Solo asiento.

—Bueno niños, frente a ustedes tienen los balances del reciente semestre —nos señala un par de carpetas, con dedos temblorosos lo tomo—. Dentro de ellos se encuentra un completo informe de ingresos y gastos, en el que se define las cantidades totales empleadas paras satisfacer las necesidades del restaurante y el total de los ingresos de estos seis meses. He anexado un informe de ventas, de los últimos seis meses; ahí se explica claramente la evolución de la facturación. Y por último, lo que nos interesa, es el informe de rentabilidad y beneficios, el informe principal donde vemos los resultados generales de las ventas.

Abro con sumo pavor la dichosa carpeta, lo único que veo son números y más números. He trabajado durante mucho tiempo en estos sitios, pero no le encuentro sentido a todo esto, me siento perdida, no tengo ni idea de administración y finanzas.

Edward se acomoda los lentes y comienza a estudiar sus hojas, frunce el ceño. Sus dedos van siguiendo la serie de números que se le presentan. No sé cómo descifrar su cara, no revela mucho.

—Háblame en cristiano Benjamín, no entiendo esto. No estoy familiarizada con esta clase de números —no puedo parar de mover mis pies, siento el corazón en el estómago.

Benjamín cruza sus manos debajo de su barbilla, su mirada es serena, suelta un pesado suspiro.

—Bella, Edward —mueve la cabeza con pesar—. Chicos…

—Lo-lo hi-hi-ci-ci-mos Be-be-lla, lo-lo-gra-mos —el gesto de Edward es de absoluta felicidad.

¿Qué?

—Ay Edward, arruinaste el momento —el gesto de Benjamín es de frustración—. No viste la cara de Bella, rara vez uno la puede asustar. —Dirige su atención a mí—. Si Bella, ambos lograron la meta. ¿Qué otro resultado podría ser? Las deudas desaparecerán en no más de un par de meses, ambos trabajaron muy duro, así que felicidades niños.

Las manos me tiemblan, no puedo recordar un momento más feliz que este. Sin pensarlo, corro hacia mi buen amigo y lo abrazo, llenando de besos su rostro. De la misma forma corro hacia el señorito, tomándolo desprevenido, lo obligo a levantarse y lo abrazo con fuerza, puedo sentir el latido de su corazón desbocado.

—Gracias, gracias, Edward. Sin ti, esto tampoco hubiera sido posible, gracias por llenar de tu talento esa cocina —siento sus manos palmear suavemente mi espalda—. Eres un excelente profesional, que nadie te diga lo contrario corderito.

Me obligo a separarme de él, su labio inferior tiembla y sus ojos están llenos de lágrimas. Sin poder evitarlo, beso la mejilla del señorito, palmeando suavemente su mejilla contraria, me causa una ternura infinita.

—Muy bien hecho amigo Edward —Benjamín se une a las felicitaciones a el chef estrella de la cadena Carlo's—. Estoy muy orgulloso de mi amigo, o mejor dicho mis amigos —sostiene mi mano.

—Disculpe señor Benjamín. Necesita la chef Tía la presencia del chef Edward —escucho la voz coqueta de la secretaria Victoria.

—Enseguida va, gracias Vicky —le responde mi amigo.

—I-i-ré con Tia… Mu-mu-chas gra-gra-cias Ben-ben-jamin. Mu-mu-chas gra-gra-cias por to-to-do Bella —sonríe y sin decir más se aleja caminando rápidamente.

Él es un chico con mucho potencial…

—No sé si lo abras notado, Bella. Edward es un chico muy inseguro, he tratado muchas veces hurgar más allá de lo que permite ver, pero parece imposible. No es necesario que lo exprese con palabras él está muy lastimado, incluso más de lo que tu puedes estar —asiento, estoy de acuerdo con Benjamín.

—Lo sé, Benjamín. Él es un chico muy capaz de comerse al mundo, si solo él se diera cuenta de ello, si él no temiera, si él confiará en sus capacidades —suspiro, eso son las cosas que detesto de él y a la vez me infunden la inexistente ternura a mi corazón—. Me saca de quicio esa inseguridad, pero vamos, ¿Dónde están esas historias clichés que el mundo se ha encargado de vendernos? Donde el hombre es el dueño del maldito universo, él no es eso y ¿sabes qué? Me enoja. Él con su talento podría hacer eso y más.

—Bella, tu misma creíste durante cierto episodio de tu vida que eras débil. Posiblemente aún antes de ello, lo creías. ¿Pero sabes qué? Tú eres lo que describes de esas historias clichés, eres la dueña y señora del mundo, eres increíblemente fuerte —se acerca y me abraza, lo sostengo con fuerza—. Pero no todos tienen la fuerza nata que tu emanas, no lo dejes caer más Bella, yo sé lo que digo. Tía no está equivocada con ello, ella ve lo que tú ni Edward son capaces de ver.

Frunzo el ceño, ¿de qué demonios habla?

—Benjamín… —me interrumpe.

—No digas nada Bella, ni yo mismo te puedo explicar. Ni Tía lo podría hacer. Tu solo sigue haciendo esto, lo estas llevando muy bien. Ayúdalo a seguir rompiendo esos límites que él solo se ha impuesto. Él necesita esa atención, no otras personas. Él ya no pequeña, él tiene su propia familia.

Asiento de nuevo, lo sé.

Me separo del cuerpo de mi amigo.

Una vez más le agradezco por todo, ahora tengo algo que hacer.

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Pov Tía.

Llego a la gran sucursal de Carlo's aquí en Londres. Durante algún tiempo este lugar fue mi hogar, pero sin duda yo no podía seguir aquí, no si odiaba el carácter duro de la chef Cullen.

Me sorprendo que la cocina este al mando del temeroso Edward. Por las pláticas de mi marido sé que él es un excelente chef, responsable del resurgimiento de este lugar. Sonrió al percibir un conjunto de olores, pimienta, sal y tomillo en su mayoría. Extrañaba estar en un lugar como este, desde que había dejado Carlo's no había vuelto a este sitio, a pesar de que mi marido trabajará aquí.

Decir que lo mejor que obtuve de este sitio es a él es totalmente cierto.

Nuestra historia comenzó una tarde de otoño, fue cuando recomendada por Esme y Carslie Cullen llegue a este lugar. Isabella era mi amiga de pequeña, ella por algún motivo se encontraba en la ciudad y me daría la bienvenida. Trabajar con ella era el mismo infierno, quería que todo fuera a la perfección y si no era así no se tocaba el corazón para decir lo que pensaba.

Él día en que ella no estuvo feliz con lo que hacía en la cocina, le avente el mandil y con un par de sencillas palabras me largue del local. Tomando solo mis cuchillos y mi mochila, salí por la puerta delantera, no menos.

Benjamín fue corriendo detrás de mí, rogando porque yo no me fuera. Al parecer el ego de la chef Cullen no le permitía salir a rogarme personalmente, me mandaba a su amiguito. Lo ignore, fue siguiéndome por varias cuadras más.

La historia se repitió al día siguiente, donde sentado al pie de mi puerta me pedía una oportunidad para hablar conmigo. Lo ignore. Lo mismo hice al día siguiente y las que le siguieron después.

Cuando decidí hablar con Isabella, solo fue para ir a reclamar mi liquidación. Su orgullo tampoco le permitió pedirme que yo me quedará en el restaurante, me deseo la mejor de las suertes y fue cuando reencontré a mi amiga.

Una vez más Benjamín me pidió disculpas en nombre de su jefa, a lo que yo solo le asentía bruscamente. Ese mismo día, llegue a la que era mi casa y para mi gran mala fortuna, el distribuidor de gas de mi vecino, había tenido una fuga su camión y por consecuente una explosión, teniendo así un incendio en esa casa, que a la vez había afectado a la mía, el lugar que me había costado tanto, ahora un gran porcentaje de ella estaba en cenizas. Ya no era habitable. De alguna manera termine durmiendo en la casa de Benjamín, lo mismo sucedió al día siguiente y varios meses más. Durante ese tiempo encontré en él a un hombre encantador, caballeroso y divertido, aunque yo no me confiaba del todo. Mi situación era el de desempleada y con una casa valuada como pérdida total, mis pocos ahorros no me permitían alquilar una casa o departamento, ni mucho menos correría hacia mi familia al primer desastre.

Poco a poco se fue dando nuestra relación, no existieron las palabras para declarar todo aquello que sentíamos por el otro. Sin ningún tipo de compromiso, nos dejamos llevar e indefinidamente me quede en la casa de mi hombre. No todo fue miel sobre hojuelas. Naturalmente mi familia se enteró de todo lo acontecido meses atrás, reprobaron el hecho de que yo no fuera a pedir ayudar y que por el contrario me refugie en la casa de un hombre que bien se pudo haber aprovechado de mí; durante meses no quisieron que yo llevará a presentarles a mi novio, por lo que con todo el dolor de mi alma, me aleje de ellos.

Como vieron que él siempre estaba ahí conmigo, que la relación que llevábamos era fuerte y consolidada, dieron el brazo a torcer y se dejaron conquistar por mi salvador preferido. En un día, los corazones de todos ellos estaban en el bolsillo de mi novio.

Los meses fueron pasando y una propuesta de matrimonio llegó, a la que yo sin duda acepte, yo estaba más que ilusionada con ser la esposa de Benjamín. La boda llego hasta varios años después, luego de que por fin nos pusiéramos de acuerdo y fijáramos una fecha.

Veo con gran felicidad que este lugar ha vuelto a resurgir de sus cenizas. Tanto yo como mi esposo, sospechábamos que el chef a cargo de este lugar antes de la intervención de Bella, sacaba buen tajo de las ganancias y por ende estaban perdiendo todo.

Me reúno con el chef encargo del lugar, que no es más que el buen amigo Edward. No solo he visto lo feliz que ha hecho a mi hombre con su amistad, si no que yo también le he tomado cariño, un chico tan dulce y amable, no es difícil de resistirse.

─¡Hola, dulzura! ─Me acerco y beso sus mejillas─. ¿Cómo estás?

─Muy-muy bien Tía. Gra-gra-cias —sonríe.

—¿En qué te puedo ayudar, chef Edward? Oh, antes que todo, te quiero felicitar. He leído todas las fantásticas críticas que han dado ciertas revistas especializadas sobre el resurgimiento de Carlo's London. Todo ellos mencionan solo a la bicho de Bella, cuando el mérito es todo tuyo —lo abrazo, tomándolo desprevenido, siento como se tensa y me retiro rápidamente, no quiero incomodarlo.

Tomo uno de mis cuchillos y comienzo afilándolo.

—Gra-gra-cias Tia. E-e-res muy a-a-mable, pe-pe-ro el me-me-rito es de Bella. Yo-yo so-so-lo soy un-un em-em-pleado —sonríe con lo que defino como resignación.

—Por supuesto que no eres un empleado más Edward. Tu eres el amo y señor de este lugar, solo deja que este infeliz mundo gastronómico se entere del diamante que tiene la jefa e irán todos detrás de ti, me atrevo a decir que eres superior y por mucho a Bella y a mí —le giño el ojo.

Sin duda una de las cosas que me desconcierta de Edward es su inseguridad. No lo puedo entender. Es un hombre talentoso, por experiencia propia conozco lo caballeroso y amable que puede llegar a ser, y sin agregar esa personalidad misteriosa que emana. Si fuera aquella Tia de la adolescencia, no dudaría en acercarme a él y tontear un poco. Es atractivo a su manera.

—¿Pue-pue-do pre-pre-gun-tar-tar-te una co-co-sa? —me pregunta Edward.

—Claro dulzura, escúpelo —lo aliento.

—¿Por qué lla-lla-mas a-a Bella bicho?

Me rio, ese sobrenombre es a causa de que nunca supere ese regaño de Bella.

—Es una manera amable de llamar a Bella. Supongo que es preferible que llame bicho en lugar de bitch. Ahora que lo pienso, nunca supere que Bella tratará de dominar en esta cocina, cuando mi carácter e igual o peor que ella. —me encojo de hombros.

El ríe con verdadero entusiasmo, tanto que me contagio por él y rio aún más fuerte. Lo sabía, es una completa ridiculez.

Pidiendo unos segundos, Edward camina hasta donde un miembro del equipo necesita de su ayuda. Veo a mi hombre y a Bella a platicar, decido acercarme a ellos.

—… Tú castaña, mereces a un hombre apasionado como tú, pero a la vez que te trate con extrema dulzura y delicadeza. Sé que pronto llegará para ti el chico correcto —escucho a la vez que besa el tope de la cabeza de Bella.

Le aprieto un hombro a mi esposo.

—Mi hombre tiene razón, Bella. Ese hombre que tanto te rompió, es un niño que bien tiene merecido a la otra niñita de papá —saco mi enojo, ese tal amiguito de toda la vida se me ha hecho siempre un hombre sin agallas—. Tú lo que necesitas es un hombre que te posea por completo, que te trate como la diosa pasional que eres y mime a esa princesa que habita en ti. Mira a tu alrededor, existen mejores especímenes que ese tonto ciego. Hazlo y ganarás Bella, tenlo por seguro.

Y en mi mente llega la imagen de uno muy especial, que se podría igualar al espíritu de mi bicho favorito. Y para ello seguro habrá mucho tiempo para adelante, y estaré ansiosa por ello. Sonrió, esto será divertido.

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POV Bella.

Cuelgo el teléfono, todo está listo.

Mañana será un día muy divertido y justo para todo el equipo de Carlo's.

Y he arreglado esos pequeños detalles de las revistas gastronómicas, les he aclarado que no soy yo quien está al mando del lugar, sino el chef Edward D. Masen Gale y con la promesa de corregir los errores en las versiones digitales y una aclaración en próximas ediciones, colgué.

Termino de hacer un par de compras virtuales, con fecha de entrega para dentro de un par de días. Escaneo la tarjeta con el mensaje que quiero que le sea enviado al remitente.

"Deseo que tu vida sea extraordinaria.

Siempre deseándote lo mejor para ti y esa nueva vida.

¡Gracias por todo!

Bella."

Y lo envió, el primer paso hacia el adiós. Y, ¿qué sucede? No duele ni angustia como meses atrás lo hacía, y me agrada ese sentimiento. Tal vez el perdón a mí misma, este cerca.

Sacudo esos pensamientos poco agradables y continuo con la organización del festejo. Puedo ser una mujer dura, pero no por ello, se ciega a lo bueno que hace su gente alrededor. Estoy muy orgullosa de todos ellos. Pero principalmente del Chef Edward, aún recuerdo cuando llego aquí, ha crecido tanto y lo que le espera, tengo puestas mis esperanzas en él y sé que no defraudará.

Escucho mi celular, es mi papá quien llama.

—¡Hola! —Saludo, trato de evitar desbordarme.

—¿Mi niña? ¿Bella?

—¡Hola papá! ¿Cómo está el rey de mi corazón? —Lo saludo aún más animada.

—Extrañando a mi niña, a este viejo le hace falta tu presencia. Pero entiendo porque te fuiste, prefiero extrañarte a ver a mi pequeña triste —la voz se le rompe.

—No papi, no te pongas triste. Tú pequeña está muy contenta trabajando en lo que más le gusta, ¿no te hace feliz saber eso? —contrataco mimosa, como la niña única de papá.

—Oh sí, mi pequeña valiente. Lo que me tiene mortalmente preocupado es el saber que nadie cuida de ti, estas tu allá tan lejos… —suspira.

Automáticamente viene a mi mente Edward, el encantador caballero que me abre la puerta del coche, casa o de cualquier otro sitio que visitemos. Él chico que me prepara el desayuno, comida o cena. O bien quien desde hace un par de semanas se encarga de que no olvide el abrigo, después que la anterior noche cuando íbamos de salida, por allí de la una de la madrugada, me di cuenta que no llevaba ningún tipo de chamarra o suéter que me protegieran del demoniaco frio que hacía, todo por confiarme en el buen clima de la mañana. Me reuní con Edward en la entrada y cuando vio que pretendía salir solamente con un vestido azul marino de manga corta y sandalias a juego, casi me gruñía, frunció el ceño, sin decirme ninguna palabra, saco su abrigo negro y un gorro del mismo color y me los coloco. Trate de devolvérselos, pero se negó. Quedando solo vestido con una delgada camisa de extraños dibujos.

—Hija, ¿estás ahí?

Sacudo la cabeza, alejándome de esos recuerdos.

—Si papá, aquí estoy. No te preocupes, yo estoy bien. Dejemos hablar de mí y platícame sobre ti —lo anime, siempre ha sido interesante escuchar a Carslie Cullen.

—Realmente nada interesante. He ido algunas veces a monitorear el restaurante, debo de decir que me ha sorprendido mucho Thomas, es muy eficiente. Todo marcha como viento en popa… —Se detiene por unos momentos, me muevo de lugar, tal vez la señal no sea buena aquí—. Lo siento pequeña, no quise hablarte de él…

Lo entiendo ahora…

—No pasa nada papá, sobre eso —trago duro—. Creo que la distancia está haciendo efecto y ya no duele como al principio, creo que se puede ver reducido como amargura.

—Mi niña… Me duele saber eso, tu corazón no albergaba esos sentimientos. En él solo cabía el amor y candor, no me gusta saber que te sientes así.

—No, papi. Es natural, solo han pasado pocos meses desde que me aleje de Thomas. No pretendas que no sienta nada, después de tantos años de quererlo en silencio, esto no es así y tú lo sabes —le sonreí con serenidad, aunque no me viera, quería hacerle transmitir la paz que me embargaba este día.

—Bella, eres tan madura… —La voz una vez más se le quiebra—. Otras chicas a tu edad, estarían de compras con sus amigas, eligiendo el conjunto con que saldrían a la caza de algún chico. Pero tu mi princesa no, siempre has sido una niña muy madura y consiente, jamás nos provocaste ningún dolor de cabeza. Estoy orgulloso de ti pequeña.

Trago en seco, no soy siquiera una niña... No podría juzgar a otras chicas después de todo lo que he hecho a escondidas de todos.

—Soy una chica normal. No soy la perfección que tratas de pintar sobre mí. No te confundas padre —le contesto con voz seca, no sabe de lo que habla.

—Yo sé quién es mi Bella, no te confundas tú —contrataca.

—¡Ay papi! Dejemos esta disputa sobre quien conoce verdaderamente a Isabella Cullen. ¿Cómo esta Kate? —Cambio drástico de tema, mejor defensa.

—Ella vivió momentos muy angustiosos al inicio de su embarazo, pero ya en esta recta final del mismo parece que todo marcha muy bien. Ella y Thomas están muy ilusionados con la nena que están por tener, si no me equivoco la llamaran Eli.

Eli Douglas… La princesita de Thomas… Wow.

—Aunque tal vez no me crean tú y mamá, me pone muy feliz saber que mi viejo amigo lo es. No miento que al principio me dolió y no me gusto para nada que él fuera feliz sin mi alrededor. Pero hoy, lo hace… —Suspiro pesadamente, es algo que había querido decir desde hace unos días.

—Tu corazón es noble, princesa. Es de esa Bella de quien te hablo…

Tú y mi madre no saben nada… Nadie sabe sobre quien puede llegar ser Bella…

—Ay papi, dejemos esos temas así. Me temo que debo dejarte ya, quisiera celebrar con el equipo todas las buenas notas que ha recibido Carlo's por la crítica especializada aquí en Londres —emito otra parte de los motivos.

—Muy bien pequeña, estoy feliz de reconozcas el trabajo de todos esos chicos. Una parte muy importante del éxito del local, esas revistas te mencionan como revolucionaria de la zona. Una chef llena de ideas frescas y renovadoras a lo clásico.

—Gracias por la flor padre, pero esas revistas se equivocan. Yo no estoy al frente de la cocina. Normalmente paso las horas manejando el negocio desde mi oficina. Solo cuando ellos no se dan abasto, ahí intervengo yo —le cuento, es algo que quería hacer desde hace algunas horas.

—Y si no eres tú quien se hace cargo, ¿quién lo hace? Tú amas estar en tu zona de batalla, no entiendo lo que me dices —comenta sorprendido, no esperaba esta información.

—Bueno, antes de venir para acá me hice de los servicios de un asistente personal quien pasaría a ser mi sous chef. Él es un chico tan ávido. Yo no le podía hacer eso al chef Edward, no sería yo quien le cortará las alas. La cocina de Carlo's está en buenas manos, sus zarpas son como las mías, incluso mejores. Confía en mi padre, yo sé lo que hago —lo sé perfectamente.

—Wow Bella, me tiene muy sorprendido la confianza que le tienes a ese chico. ¿Cómo se llama él? —cuestiona muy interesado.

—Es el chef Edward Daniel Masen Gale. Mejor conocido por todos como Edward —sonrió, el señorito-corderito es un buen motivo para hacerlo.

—¿Gale? Hija, ¿acaso él no es familiar de Sasha Gale?

—Ese mismo, padre. ¿Conoces a Sasha?

—No, solo la conozco por su pastelería. Si no me equivoco tu eres una fanática de sus dulces, ¿o me equivoco? —sonrió, conoce perfectamente mi gusto por la azúcar en exceso.

—Uy si papá, muero por estar cerca de su pastelería. ¿Sabes por qué? Iría obviamente con Edward, me jactaría de todos esos pobres que se forman horas, esperando por una de esas delicias —rio con fingida malicia.

—Ay mi nena, nunca cambia. Evita comer demasiada azúcar, ya sabes lo que piensa tu dentista de ello y claro, tu mamá piensa que eso no es nada bueno para tu salud. Modérate.

—Lo haré, papá. Bueno, ahora si tengo que irme. Prometo llamarte después, envíale mis saludos a mamá. Te quiero, cuídate mucho.

—Yo te quiero más mi niña. Cuídate mucho, y vuelve pronto. Harás feliz a este viejo —me pide con fervor.

—Lo haré. ¡Hasta pronto! —cuelgo.

Dejo ordenado mi escritorio, apagando mi celular, apago las luces de mi oficina y salgo de ella. Lo primero que veo es a Victoria, enrollándose uno de sus cabellos rojos en su dedo índice, perdida en sus propios pensamientos.

—Hey, Victoria. ¿Estás bien?

Asiente, apenas prestándome atención.

—¿Me acompañarías a la bodega? Necesito unas botellas. Quisiera que estuvieras con el resto del equipo, estamos festejando las buenas críticas y números del lugar. Tú eres igual de importante que el resto —la animo.

De nuevo asiente. Parece no muy habladora hoy.

Sin decirle más, me doy media vuelta y hago mi camino hacia la bodega. Por el crujir de su silla deduzco que me sigue los pasos. Llego hasta allí y veo cantidad de licores, no sé qué elegir.

—¿Qué te gustaría tomar Vicky? —le llamo con el apelativo cariñoso que todos le dicen.

—Oh… No sé… Bueno…

—Vamos Vicky, tu puedes hacerlo mejor.

—Bueno, siempre he querido probar el famoso champagne Veuve Clicquot. Es el champagne que se bebía durante la época de las guerras Napoleónicas en las cortes reales. Incluso el vino tiene una celular real de la reina Isabel II de Reino Unido —sonríe con lo que calificó como timidez.

Bueno, no es lo que yo esperaba que eligiera una chica tan extravagante como Victoria. En realidad es una de las botellas más baratas que tenemos, solo cuesta 38,50 €. Sin pensarlo saco tres botellas y las paso a mi acompañante, veo como estudia la etiqueta. Elijo cinco botellas más del famoso champagne Cristal, es un lujito que me puedo permitir y que seguramente les encantará. Le hago una señal de a Victoria y salimos juntas.

Veo que el equipo ha comenzado a limpiar, este es el día que más temprano salimos. En unos minutos estamos por cerrar, veo como salen algunos clientes.

—¡Buenas noches chicos! —advierto de mi presencia.

—¡Buenas noches chef Cullen! —escucho sus voces entonadas.

Sin decir más, tomo una hielera. Saco una bolsa de hielos y formo una capa, después vierto suficiente sal de grano. Coloco las botellas y vierto más hielo y sal. Excelente método para enfriar las botellas, rápidamente. Muevo la hielera, causando mucho ruido y cierta atención del equipo.

—¿Necesitas que te ayude en otra cosa chef Cullen? —me pregunta Victoria.

—Por favor, haz que todo el equipo se reúna en las mesas. Diles que la chef Cullen quiere hablar con ellos, por favor —le sonrió.

Una vez más asiente…

Sin mirar a más de uno, me dedico hacer algunos bocadillos. Mañana poder dedicarme a realizarles una comida en condiciones, al menos hoy podremos tomar unos cuantos aperitivos.

—Bella, ¿qué-que su-su-ce-de? —Edward aparece en mi campo de visión. Ayudándome acomodar mis bocadillos en una charola.

—¿Debería de suceder algo, Edward? —Le frunzo el ceño.

—¿Por-por-que de-de to-to-do es-es-to?

—No crees que el hecho de salvarnos de la banca rota, ¿es un buen motivo para premiar al equipo? O si y no menos importante, el trabajo del chef Edward está sorprendiendo a la cocina Londinense. ¿Recuerdas la vez que te dije que personas de afuera querían mi derrota?

Asiente, no muy convencido del rumbo de nuestra conversación.

—Pues ahora comenzará eso, Edward. Ello desearan a mi chef estrella, ¿pero sabes qué? —acorto la distancia entre los dos, lo miro fijamente a los ojos.

Traga con dificultad, niega. Su respiración se ha acelerado y las mejillas están hirviendo.

—Nadie te alejará de mí. El chef estrella de Carlo's permanecerá a lado de la chef Cullen. Al menos que tú te quieras ir, no pondré objeción —le sostengo la mirada, me resulta fascinante el color de sus ojos. Los podría describir como misteriosos.

—Nunca Be-lla —susurra en voz tan baja, que apenas lo puedo escuchar.

Asiento fascinada por esa afirmación.

Con paso decidido tomo una botella de Cristal, y un par de copas. Con el destapa corchos abro la botella, que de inmediato reacciona, derramándose. Veo reír al señorito Edward y eso me gusta. No cavo más profundo, ni siquiera creo que tenga sentido alguno. Olvido esos pensamientos y sirvo un par de copas, le paso una al señorito.

—Por el chef estrella de Carlo's que siga volando alto, muy alto y nada ni nadie lo detenga —levanto de mi copa, el hace lo mismo—. Y por esta unión inquebrantable. Nadie podrá contra nosotros, usted es solamente mío —una vez más acorto la distancia entre los dos, puedo sentir los latidos de su corazón desde aquí.

—Bi-bi-en —las mejillas las tiene ardiendo.

—En ese caso, salud —me alejo un poco, inclino mi copa hacia la suya, él hace lo mismo. Trato sellado.

—Vamos, con el resto. Deben estar muy impacientes —le señalo.

Deja su copa en una de las mesas y toma la hielera con las botellas colocándola en su hombro izquierdo, con la mano derecha toma su copa. Me hace una señal para salir yo primero, me sigue por pocos pasos.

Entramos al comedor y veo a todos platicar con sus amigos; me doy cuenta que Victoria platica con Tia y Benjamin en otro extremo. Me aclaro ruidosamente la garganta, ganándome la atención de mis compañeros.

—¡Buenas noches, chicos! —Saludo con alegría, estoy orgullosa del equipo que se ha hecho aquí.

Edward deja la hielera en el suelo, colocándose un paso atrás de mí, acatándome de ese detalle me alineo junto a él. Le hago una señal a mi amigo Benjamín que junto a Tía con Victoria se unen a mí, esta última comienza a servir copas, repartiéndolas entre sus compañeros. Doy una mirada hacia una de las mesas y reviso que están ahí los bocadillos. Cuando la pelirroja ha terminado de repartir, se coloca junto a sus compañeros.

—Gracias por estar aquí. Aún recuerdo lo que sucedió hace unos meses atrás cuando ustedes y yo nos encontramos de nuevo. Este lugar, era un competo desastre y a punto de irse a la quiebra. Hoy día, les puedo decir que hemos casi superado nuestros problemas financieros. Muchas gracias por poner su empeño y corazón a este lugar que tanto amamos mi familia y yo —sonrió cuando veo uno de los cuadros que mando a poner Esme—. Quiero agradecer públicamente a mi sous chef Edward, quien ha tomado el papel de chef en este lugar. Muchas felicidades por sus menciones en los artículos de cocina de este país.

Camino hasta la mesa de bocadillos, donde tomo una carpeta negra.

Camino hasta posicionarme de nuevo a su lado, abro la carpeta, donde varias hojas impresas, narran sobre el chef que ha venido a renovar el legendario Carlo's London. Con un poco de mi complicidad, se puede ver un par de fotografías de Edward en acción, pudiéndose ver la concentración, pasión y entrega que pone en cada platillo que pasa por sus manos. Los titulares de los artículos corregidos hablan por si solos.

"El joven rostro de la maestría gastronómica: Edward D. Masen. G."

"Resurge el gran Carlo's London, gracias a la frescura y pasión de su chef estrella."

"Edward Masen… Un nombre para recordar en la Gastronomía actual."

"Carlo's London y Edward Masen… El paraíso de Londres."

"Objetivo actual: Carlo's London, Edward Masen y más."

"Equipo de ensueño en Carlo's London: Bella Cullen & Edward Masen."

Dejo que asimile todos esos artículos donde destacan su talento y ven en él a una joven promesa en el mundo gastronómico. Cabe de destacar que ninguno de ellos pareció vincular su nombre con el de su famosa tía repostera Sasha Gale ni mucho menos al de su famosa abuela, la diseñadora Maggie Gale de Masen.

—Wow no-no sé qué-qué decir —susurra en voz muy bajita que con dificultad apenas puedo escuchar.

—Muchas felicidades Edward, lo mereces. Eres un joven talento de nuestra amada empresa —palmeo su espalda.

—Gra-gra-cias —repite, noto sus manos temblar.

—Señores, les pido un aplauso para el chef Edward, quien ha sido alabado por varias revistas de la crítica como un nuevo y refrescante visionario de la gastronomía londinense actual. Quien pertenece exclusivamente a nuestra cadena Carlo's.

Todos sus compañeros aplauden con entusiasmo, puedo notar en cada uno de esos rostros el aprecio sincero que le tienen al pequeño corderito. Benjamín, Tía y Victoria se acercan a felicitarlo, el solo sonríe con lo que he aprendido a definir que es timidez. Sus compañeros de cocina hacen lo mismo, me doy cuenta que el joven chef de partie ve en Edward algo así como su ejemplo a seguir, hace él muy bien.

—Señores una cosa más, quiero felicitarlos a todos ustedes por todo lo que se ha retomado en los últimos seis meses. Vamos subiendo como la espuma y no nos detendremos. Ahora bien, como premio a todo el equipo, mañana en la tarde tendremos una salida en grupo, iremos a jugar gotcha. Espero que todos ustedes nos puedan acompañar. Sin más, disfruten de las copas y bocadillos, que corre por mi cuenta. ¡Buenas noches!

El equipo parece muy emocionado, veo a todos cuchichear y animados por las pocas burbujas que han tomado. Termino mi copa de un trago y me dirijo a mi oficina, esperando que terminen sus copas y se vallan a sus casas.

Subo las escaleras alejándome de las risas y conversaciones. Cuando llego a mi oficina me encierro, necesito algunos minutos a sola, siempre en este punto de la noche siento la necesidad de alejarme de todo y todos. Y ser solo yo, Isabella…

Me acerco a la gran ventana de mi oficina, observo a la gente andar de un lado a otro. Las luces a esta hora están a todo su esplendor, iluminando todo a su paso, incluso las zonas más perdidas.

En este punto es cuando acepto la falta que me hace la pequeña niña que tanto aman Esme y Carslie. Aquella que se perdió al primer revés que le dio cupito y opto por la salida más fácil y sucia. Quien su corto pasado como una loba parece seguirla hasta los puntos más recónditos del mundo.

Sí, me refiero al italiano que hace unas cuantas semanas encontré cuando salía de compras al mercado con Edward. Quien después de ello ha insistido en verse conmigo y repetir la aventura que tuvimos alguna vez en Sensations, y a la que me he negado vehemencia. Espero que pronto se encuentra una amante y me deje en paz, sus "halagos" son cada vez más subidos de tono y eso me pone nerviosa.

Aún puedo verme abriendo un misterioso regalo en mi habitación, el pasado fin de semana. Mi rostro se puso en llamas cuando descubrí unas pequeñas prendas de encaje negros, junto a unas escandalosas sandalias rojas de tacón alto. Claramente el contenido de esa caja se fue directamente a la basura. De solo recordar el rostro del señorito-corderito cuando me vio salir con ese obsequio quise que la tierra me tragará. Claramente el desconoce de todas estas cosas perversas.

—¿Bella?

Volteo y lo veo ahí en el umbral. Debido a la poca iluminación de mi oficina, solo se puede percibir su silueta. Lo miro sobre mi hombro.

—¿Qué tal, Edward?

—Los-los chi-chi-cos se-se están re-re-tirando.

—Está bien, mañana tendremos un día muy divertido. Usted es el primer miembro de mi equipo, no se le olvide —le advierto en un tono algo juguetón.

—Queda claro. Bella —sonrió, aunque él no lo pueda ver. Me encanta escuchar su voz cuando logra hilar una frase de corrido, no es que me desagrade cuando no lo hace—. ¿Bella?

—Sí, ¿Edward?

—Te-te po-po-dria in-in-vi-vi-tar a to-to-mar un he-he-lado ahora —ha vuelto el pequeño corderito.

—Por supuesto, Edward. Dejemos que se vallan todos y podemos irnos. ¿A dónde iremos?

—Cer-cer-ca de-de Picadally Circus ven-ven-den u-u-nos ri-ri-cos he-he-lados, me-me gusta sen-sen-tarme en u-u-na fuen-fuen-te que-que es-es-tá cerca y-y dis-fru-fru-tar del am-am-biente. Me-me gus-gus-ta observar a-a to-to-da la gente que-que pa-pa-sa por ahí, es-es un lu-lu-gar muy co-co-lorido a estas ho-ho-ras —suspira—. Es preferible la luz a la oscuridad— prende en su totalidad las luces de mi oficina.

Siento que me permite escuchar al Edward más frágil que vive en él.

—La oscuridad no es siempre mala, en muchas situaciones yo he optado por ella. Otra cosa es cuando permitimos que tome el poder de nuestras vidas, ahí no hay vuelta atrás.

—Lo-lo sé. Bella, ¿tu-tú co-co-noces la oscuridad? —su voz carente de vida.

Río con ironía.

—Lo hago, pequeño corderito. Cambiando el orden del viejo refrán, yo soy "oscuridad de la calle y candil de su casa" nadie mejor que yo lo sabe. Es raro. No soy Bella, la niña inocente y dulce que todos piensan, soy mucho más que esa pobre definición —le cuento con pesar.

—En-en e-e-so último me-me i-i-den-ti-ti-fico con-contigo. Yo-yo no-no soy el Edward que-que to-to-dos creen ver —su tono es el mismo que el mío.

Yo lo sé, aunque no sé porque llegaste a este punto…

—Puedo verlo, Edward. Eres un chico que solo permite que conozcan de él, lo que considere bien. No más, no menos. Y me alegro que tengas la confianza en abrirte un poquito a mí.

Volteo y con pasos dudosos camino hasta llegar frente a él.

—E-e-res muy-muy lista. Po-po-dría lla-lla-marlo hasta pe-pe-li-gro-gro-so —su mirada es fuerte, puedo describirla como desafiante.

—Todo en la vida conlleva un peligro Edward. Y yo no temo por caer en él, incluso puedo decir que me encanta provocarlo. Si quieres, puedes llamarlo como algo adrede de mi parte —su mirada es triste.

No soporto ver ese dolor en la mirada del señorito Edward. Sin pensarlo, lo abrazo con fuerza. Alguna vez yo quise que así alguien viniera y me reconfortará. Edward es una persona muy especial en mi vida, no solo en lo laboral, poco a poco se ha ido colando en mi vida y corazón.

—Edward, no sé qué decirte. Bueno, si lo sé. Me entristece mucho. ¿Recuerdas el trato que hicimos hace algunos meses?

Niega, seguramente no pensó que lo decía enserio en aquellos días.

—¿Edward?

—¿Bella?

—¿Quieres ser mi a-a-migo? —le propongo, no es lo convencional, pero… Vamos ni el ni yo somos lo "convencional."

—Tú-tú tienes a Benjamín y a-a Tía.

—¿Y? —No entiendo cuál es su punto.

—¿Por-por-qué querrías un a-a-migo co-co-mo yo?

Alzo la mirada y sus bonitos ojos siguen igual de apagados. No me gusta.

—Porque eres una buena persona, Edward. Eres un chico caballeroso, amable, humilde y muy talentoso. Yo quiero que seas mi amigo, tenemos muchas cosas en común. La principal es el amor que tenemos por la gastronomía. ¿No crees que eso es suficiente? Vivimos bajo el mismo techo, te veo a las veinticuatro horas del día. ¿Por qué no ser amigos?

—Por-por-que yo-yo soy un de-de-sas-tre.

—Yo lo soy también, Edward. Soy el más jodido de los desastres, ¿y sabes porque? Por estúpida, yo misma me he encargado de destruirme. ¿Qué puede ser más jodido que auto-destruirse? —me separo bruscamente de él, no soporto su auto desprecio.

—Tú lu-luces como todo, me-me-nos un de-de-sastre.

—Lo soy Edward. ¿Acaso tú ves lo que hay en mi interior? Nada me ha sido regalado. Todo me lo he tenido que ganar con sudor y lágrimas. Ni por ser la princesa de los Cullen, pude obtener lo que más anhelaba y por esa pobre fantasía hice cosas, que he tratado de dar la vuelta y dejarlas en un rincón, pero no, es imposible hacerlo. Eso me carcome por dentro, aunque intento ser feliz con lo tengo y créeme lo sería en su totalidad. Si no temiera por el pasado.

—¿Tan ma-ma-lo es? —su rostro parece muy curioso.

—Depende de quien lo vea. No es algo por lo cual me debiera preocupar. Pero si cayera en manos equivocadas esa información, me destruirían. Así de cruel puede llegar a ser —bajo la mirada, me siento muy apenada.

—¿Bella?

—¿Edward? —Respondo en voz muy baja.

—Me-me gus-gus-ta-ria ser tu a-a-migo. Te-te aprecio —se dibuja una sonrisa tímida en sus labios.

—Bien —lo abrazo de nuevo, me gusta hacerlo.

Sus brazos se mantienen sobre mis hombros. Un abrazo muy correcto, de acuerdo a quien es el señorito Edward.

—¿Te parece si sellamos nuestra amistad?

Frunce el ceño.

—¿Te parecería si pactamos con sangre? —Sus ojos se abren con horror—. Tengo una navaja en mi escritorio…

—No-no Bella —susurra con error.

Rio, no puedo creer que el haya pensado que lo digo enserio.

—Hey Edward, tranquilo. Solo estaba bromeando. No me gusta ese tipo de dolor. Además que el olor a sangre es repugnante —arrugo la nariz con disgusto.

—Bella, la-la sangre no-no hue-hue-le —niega con una sonrisa burlona.

—Claro que sí, huele a oxido. Es horroroso ese olor —me estremezco—. Pero bueno. Olvidando ese escalofriante tema. Quiero regalarte, esto.

Desabrocho de mi cuello, una de mis cadenas más antiguas y con gran significado. El desprenderse de algo que uno quiera mucho, le da muchísima más intención al obsequio.

—Quiero que tú tengas esto —alzo la cadena con una herradura colgando entre nosotros—. Cada día que lo veas, recuerda que tienes una aliada en mí. Estaré para ti, en las buenas, malas y peores. Eso hacen los amigos. Esta herradura de caballo, la obtuve cuando era una niña. Mis padres me la obsequiaron, ¿sabes? Yo era una niña muy miedosa, no podía quedarme sola, porque pensaba que me saldría algún personaje mítico de los que solía leer a esa edad. Así que un buen día, ellos me regalaron esta pieza. Para que te den protección deben colocarse los extremos hacia abajo y si lo que quieres es suerte, los extremos deben ir hacia arriba. Según los griegos, el metal en forma de media luna protegía de los hechizos, así que la herradura colocada en la puerta impedía la entrada de las brujas y del mal. Tradicionalmente se creía que las herraduras que más suerte otorgaban eran las de burros y no la de los caballos, porque tienen siete agujeros, un número mágico por excelencia —me permito tomar aire—. Y ahora quiero que la tengas tú.

Me levanto sobre mis puntas, con un poco de su ayuda es como puedo colocar la cadena en su cuello.

—Bella… Gra-gracias.

—De nada, corderito.

—¿Bella?

—Sí, ¿Edward?

—Me gusta ser tu amigo.

—A mí también me gusta, Edward.

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Todo el grupo ha podido venir a nuestra salida. Frente al lugar llamado "Dragón" nos encontramos todos muy animados por un juego de gotcha. Hace mucho tiempo que no venía a un campo, esto me tiene muy emocionada.

El señorito Edward parece muy tranquilo. Desde anoche que hicimos nuestro pacto de amistad, cada vez que se encuentra con mi mirada, me sonríe, yo hago lo mismo. Puedo ver que debajo de su viejo suéter azul, lleva la cadena que le he regalado.

—Bella, parece que alguien no puede dejar de sonreírle a Edward. ¿Qué sucede aquí? —me abraza por los hombros Benjamín.

—Nada, solo que estamos muy relajados, vamos a poder pagar las deudas del lugar. ¿No es un buen motivo por el cual ser feliz? —le respondo muy tranquila a mi viejo amigo.

—Si tú lo dices, Bella. Creo que tomaste muy enserio mis palabras de ayer, me parece genial —me aprieta los hombros, con una gran sonrisa en su rostro.

—Hola de nuevo chicos —Tía junto a Edward se acercan de nuevo a nosotros—. En unos minutos ya podremos entrar. —Tía arrastra a su hombre al otro extremo de la calle, dejándonos a Edward y a mí solos.

—¿Edward?

—¿Bella?

—No olvides que eres de mi equipo. Verás que es muy divertido y ganaremos —le sonrió.

—Así se-se-rá, Bella.

Un miembro del personal nos hace una señal y todos vamos entrando al lugar. Puedo ver los implementos ya listos.

—¡Hola! ¿Qué tal? Me presento, soy el instructor de Dragón. Les daré las instrucciones para evitar cualquier tipo de accidente o percance y así puedan disfrutar al máximo del juego.

Otro más de los empleados, comienza a repartir los monos, máscaras, cubrecuellos, guantes, petos protector y las tolvas para guardar las bolas de pintura y recargar la pistola.

—Les pido que se pongan el mono, nos veremos en el campo para que practiquen unos tiros. Todo ello es para que conozcan la pistola, que les daremos más adelante.

Todos hacemos caso y comenzamos a ponernos el mono. Para diferenciarnos entre los dos equipos, unos son rojos y otros amarillos. Edward, Tía, Benjamín, Victoria y otros chicos más somos el equipo amarillo. Mientras otra parte del personal de cocina conforma el equipo rojo.

Le ayudo al señorito Edward a colocarse el cubre cuello y abrocharse los cintos del peto protector, él hace lo mismo por mí. Ignoro algunas miradas curiosas del personal, creo que nunca nos habían visto tan cerca a corderito y a mí. Me importa una mierda lo que piensen.

Cuando estamos listos, Edward me ofrece su brazo y estoy a punto de tomarlo, cuando Tía se interpone y coloca su brazo entre el suyo. Avanzando con él a su lado.

—Con que todo es tan serio que Edward lleva esa cadena tuya de la herradura —me codea Benjamín—. Ni siquiera a Thomas se la diste nunca, ¿qué te inspiro a dársela a Edward?

Me encojo de hombros, no es algo que le incumba.

—Vamos Bella, ¿por qué a Edward? Tu amas esa pieza, tanto la cuidabas que pocas veces la llevabas en el cuello por temor a perderla, en todo caso estoy seguro que siempre la llevabas en tu bolsillo. Pero por eso no dejaba de ser muy especial e íntimo para ti —me recuerda mi amigo.

—Es mi amigo, Benjamín. Edward, es especial. Él no es Thomas, él no es Benjamín, él es simplemente Edward —me encojo de hombros.

—Me alegra que lo veas así. Tía considera a Edward como peculiar y único. Me comenzaré a poner celoso del chef, se está robando la atención de mi amiga y mi esposa. Creo que ya no me está agradando tanto, Edward —frunce el ceño, pero de inmediato veo una sonrisa misteriosa en su rostro.

Golpeo sus costillas y vamos hacia el resto de nuestros compañeros.

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Todos parecen muy atentos cuando el instructor nos dice las reglas del juego. Las que yo considero principales, son la de no disparar a un compañero a menos de tres metros, ni mucho menos hacerlo en la cabeza, ya que de todos modos no valdría el tiro y por último el juego limpio, una vez que alguien haya sido impactado por una bala de pintura, tendrá que hacer una seña indicando que esta fuera del juego. Y ante todo, en ningún momento deben de quitarse la máscara de protección, aun así hayan sido eliminados, tienen que esperar a estar fuera del campo de juego para quitársela.

Cuando termina, pido que mi equipo se acerque a mi lado.

—¡Señores! Necesitamos a escoger un líder, para armar nuestra estrategia. Yo sé muy bien como jugar, ¿me permitirían ser la capitana? —pido su opinión, ante todo la llamada "democracia."

Todos asienten.

—Muy bien. Primero que nada, todos nos cuidaremos y trataremos de esparcirnos para terminar con los elementos del equipo contrario. Nos comunicaremos atreves de señales, si yo levanto el pulgar —les hago la muestra, quiero que quede todo muy claro—. Todos nos agacharemos, hasta nueva señal. Si por el contrario el pulgar es hacia abajo, será momento de levantarnos y atacar. Por favor no gasten sus tiros solo por tirar, sean inteligentes. Si necesitan más balas háganmelo saber y les doy más. ¡Vamos equipo! Y ante todo hay que mantenernos en comunicación, eso nos llevará a llevarnos el juego —los ánimo.

Primero que nada jugaremos a eliminación de elementos del equipo contrario, cuando no quede solo uno, gana el equipo en cuestión. En caso de encontrarnos con un rival a menos metros de lo reglamentario, debemos ofrecerle la opción de rendirse y si este levanta ambas manos, se dará por eliminado del juego.

Hemos decidido que la primera partida sea de cinco minutos. Hay un marcador con los minutos allí, cuando suene significa que la ronda ha acabado.

Ambos equipos nos colocamos en extremos diferentes, pero frente a frente.

El instructor da la señal y comienza a correr el tiempo.

Pronto comenzamos a realizar uno que otro disparo. Todos buscamos un lugar donde ocultarnos, unos detrás de una hilera de llantas, mientras Edward y yo nos ocultamos detrás de dos árboles.

Veo a la señorita mosa correr despavorida, y calculando perfectamente mi tiro, le apunto y disparo. Veo que su traje se tiñe en una mancha verde. Como bien quedamos al principio levanta las manos y sale del campo, de inmediato le hago una señal a mi equipo para que nos movamos, ya que el equipo adversario se acerca. A cuclillas Tía y yo vamos hacia una trinchera que vemos cerca, mientras que Edward y Benjamín corren hacia extremos opuestos, siendo que el señorito da un tiro acertado y elimina a uno más del equipo contrario. Veo a Vicky seguir muy de cerca al señor Rooney, parece que ambos tienen un juego ajeno al resto.

Atreves de una pequeña rendijilla veo como el equipo contrario comienza a pedirse uno a los otros más tiros, porque parecen que todos lo han perdido en tirar sin conciencia. Es el momento cuando Tía se asoma y tira a uno de los cocineros, este logra esquivar y por ende solo le salpica, no es eliminado, porque directamente la bala lo debe impactar. Ambas debemos abandonar y es así como Edward lo advierte con la señal que les marque al principio. Es así como el cocinero aprovecha de nuestra huida e impacta a Tía, quien levanta la mano, y sale del campo.

Logro llegar hasta donde Victoria y Rooney están tonteando, y tomando desprevenido a mi compañero lo impacto y huyo despavorida de ahí, con Victoria siguiéndome los pasos y lográndonos refugiar en una hilera de llantas.

Benjamín da un tiro acertado hacia uno de los lavaplatos y sale del campo eliminado. Veo como del equipo contrario quedan solo cuatro participantes, mientras estoy analizándolas me doy cuenta que uno de ellos está muy cerca de nosotras, le hago una señal a Vicky y poco a poco nos vamos moviendo, hasta tenerlo rodeado y dándole la oportunidad de rendirse, a lo que se niega e intenta correr, pero la pelirroja es más astuta que lo impacta y esta fuera.

Solo quedan dos minutos de juego.

Me vuelvo a encontrar con el señorito y nos unimos para cuidarnos las espaldas, ya que de pronto dejamos de ver a los que quedan del equipo opuesto. Ambos nos movemos buscando a nuestro alrededor, Benjamín lo noto oculto detrás de la trinchera donde hace rato estuve con Tía.

Un minuto más…

Benjamín sale de su escondite porque vemos donde está el resto del equipo. Muy mala estrategia chicos, todos andando en una gran bola. Apunto y disparo a uno de ellos, que le da en todo el tente de su máscara y esta eliminado. A su vez Edward elimina a otra chica del equipo contrario, dándole en el brazo.

Suena el cronometro y nosotros somos los ganadores.

Corro hacia Edward y lo abrazo, el me sostiene con fuerza, haciéndonos girar en medio del campo y contentos de haber ganado.

No me queda dudas, Edward y yo somos el mejor equipo.

Después de descansar unos minutos, decidimos jugar una más de las modalidades del juego y que necesita mayor estrategia. El juego por las banderas, donde el objetivo es llevar hacia nuestro bando la insignia contraria.

Es ahora Edward quien nos lleva a la victoria. En los hombros de él, sostengo entre mis manos la bandera del equipo contrario, así festejando con el resto de los chicos. Y siendo solo Bella, una chica mortal que se divierte con sus amigos.

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—Chicos, queremos invitarlos Benjamín y yo a nuestra casa por una buena comidita, bebidas y música. Todos son bienvenidos, los que quieran venir pueden ir en nuestro auto o si lo prefieren seguirnos en los suyos o de sus amigos —invita Tía a todos nosotros.

Sigo sobándome un moretón que me hice en el brazo derecho, pero sé que son los mínimos riegos que se toma por el juego. Y más que válidos, por la cantidad de diversión que tuve.

Salimos de Dragón, donde nos despedimos de todos, agradeciendo las atenciones y la tarde divertida que pasamos.

—¿Señorita Cullen?

El instructor hace que me detenga.

—Oh, ¿pasa algo? —frunzo el ceño confundida.

—Para nada, señorita. Solo queríamos entregarle estas fotos, son para que recuerden la buena tarde que pasaron —me tiende un sobre manila, el cual tomo con gran agradecimiento.

—¡Muchas gracias! Por favor, envíeme el costo de este servicio extra —le pido muy contenta de pagarle.

—No se preocupe, señorita. Es nuestra forma de agradecerles su visita, esperando que pronto vuelvan hacerlo. Estaremos más que encantados de recibirlos de nuevo —sonríe con amabilidad.

—Téngalo por seguro, volveremos. Gracias de nuevo —le tiendo la mano y la estrecha con fuerza.

El señorito le da las gracias y estrecha igualmente su mano. Ambos nos damos media vuelta y caminamos hacia su camioneta. Como ya lo dicta el ritual, me abre la puerta del pasajero, ofreciéndome su mano para subir, la cual acepto agradecida por su caballerosidad, cierra la puerta. Me acabo de poner el cinturón de seguridad cuando él está sentado a mi lado.

Arranca el auto, detrás de Tia y Benjamin. Prendo la radio y comienza a sonar "She loves you." Sin pensarlo comienzo a cantar, los primeros versos.

She loves you, yeah, yeah, yeah

She loves you, yeah, yeah, yeah

She loves you, yeah, yeah, yeah, yeah…

You think you lost your love,

When I saw her yesterday.

It's you she's thinking of

And she told me what to say.

She says she loves you

And you know that can't be bad.

Yes, she loves you

And you know you should be glad.

Oh!

Noto sonreír al señorito Edward, y lo escucha cantar con voz baja la siguiente parte de la canción. Dejándome muda, por tan buena voz que tiene, a pesar de que no se está esforzando del todo para que suene mejor.

She said you were to know

That she almost lost her mind.

And now she says she knows

You're not the hurting kind.

She says she loves you

And you know that can't be bad.

Yes, she loves you

And you know you should be glad. ooh!

She loves you, yeah, yeah, yeah

She loves you, yeah, yeah, yeah

And with a love like that

You know you should be glad.

Eventualmente la canción llega a su fin. Y el resto del camino continuamos cantando, sin decir nada más. Las palabras no hacen falta en estos pequeños momentos.

.

.

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Tía tiene un gran banquete para todos nosotros. En su gran jardín, ya trabajaba todo un equipo de organización de fiestas. Incluso con una pequeña tarima para bailar, con bocinas a nuestro alrededor y sonando algunos temas de moda para amenizar el bufet.

La mayor atracción son los tacos de carne y distintos guisos, típicos de la comida mexicana. El señorito Edward se ve atraído por ellos, pero parece no decidirse. Mi plato está lleno de los ricos taquitos, tomo uno y lo levanto a la altura de la boca de corderito, quien hace unos lindos sonidos de apreciación. Por supuesto que le han encantado, toma su plato y se forma a la fila.

Veo un sillón desocupado y me siento. Me limpio las manos y la boca y dejo mi plato en una pequeña mesa que hay frente a mí. Tomo mi bolsa y saco el sobre, el cual lo abro con mucho cuidado y saco el montón de fotos. Voy pasando una a una, donde veo a todo el equipo muy feliz, una de Tía y Benjamín besándose después del juego frente a frente donde ambos se eliminaron uno al otro, sin duda son una pareja muy apasionada. Victoria y Rooney tonteando en el primer juego, trato de estudiar su mirada y me sorprende que vea tensión sexual a su alrededor, ese par parece que quiere devorarse al otro. Me detengo cuando veo una foto de Edward y yo, con el haciéndome girar en sus brazos y yo aferrándome a él, con mi cabella cayendo hacia atrás y riendo a carcajada, él con una gran sonrisa en el rostro y los demás mirándonos con curiosidad o simplemente otro ignorándonos por completo.

Edward se sienta a mi lado y se siente atraído por la foto. Tanto que deja de comer su taco y deja su plato junto al mío, limpiándose las manos, antes de tomar la imagen entre sus manos. Yo continuo pasando las fotos, me veo más sorprendida cuando veo que el resto son solo imágenes mías junto a Edward, mientras yo le ayudaba a colocar su cubre cuello o él me amarraba las cintas de mi peto protector, escondidos detrás de los árboles, la trinchera, atacando a la par a nuestros rivales y festejando con la bandera del equipo contrario, mientras yo estoy montada sobre sus hombros.

Le paso las demás fotos a el señorito, todas las estudia a profundidad pero sin dejar de sonreír, ante lo que yo pienso es el recuerdo de cada una de ellas. Tomo la primera imagen que le enseñe y la coloco en la mesa de madera, entre nuestros platos de comida. Saco mi celular y tomo una foto de la imagen entre nuestros platos; Edward parece demasiado lejos de aquí como para notar lo que he hecho. Le modifico un poco la iluminación, quedando un efecto muy bonito.

Abro mi Instagram, el cual solo tiene acceso mi familia y algún otro amigo. Quiero compartir con ellos lo divertido que fue esta tarde, y presumir de mi flamante chef y ante todo nuevo amigo.

Con la inscripción de "El sabor de la victoria, es maravilloso cuando tienes a alguien con quien compartirla. Amistad, la fórmula ganadora. La vida es bonita." Hago un clic y subo mi foto número cien, siendo esta con el mensaje más positivo, después de tantas fotos y frases llenas de dolor y angustia.

Guardo de nuevo mi celular y veo al señorito Edward, viendo las últimas dos fotos. Donde ondeo la bandera, encima de sus hombros y otra donde estoy yo sonriendo con las manos llenas de pintura.

—Podrías ayudarme a selecciona una playlist, Bella —me grita Tia, ondeando sus manos para que la vea.

Asiento y dejo al señorito mirando ambas fotos.

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POV Thomas.

El embarazo de mi preciosa esposa, está por llegar a su fin en unas pocas semanas más. Ese tema me tiene muy ilusionado, tanto que en mis tiempos libres me dedico a pintar el cuarto de mi princesa en nuestra nueva casa, la cual será una sorpresa para mi Kate. Espero que todo quede listo pronto, este será el lugar donde traiga a mi familia después del parto.

Tomo la jarra de agua fresca y me sirvo un vaso. Hoy parece ser una mañana muy cálida, tanto que me está haciendo sudar. Me acerco hasta donde mi teléfono se está cargando, siempre estoy al pendiente de él por cualquier eventualidad que se pudiera presentar y me encuentro con varias notificaciones, una de ellas es de mi amada esposa.

"¡Buenos días, mi sol! Siento tanto que no pude despedirme de ti esta mañana, pero últimamente estoy con muchísimo más sueño de lo normal. Te enviamos muchos besos tu hija y yo. Te amo, cariño. Te amamos, papito lindo. K."

Rápidamente envió una respuesta:

"Mi amor, no te preocupes. Es normal que te suceda eso, recuerda que nuestra princesa está por venir. Lamento que no pueda convencerla para que coopere un poco y deje dormir a su mamita durante la noche. Así que descansa mucho. Yo te amo, yo las amo más. T."

Reviso el resto de las notificaciones, donde está un correo de la empresa, informando de que próximamente se hará una junta teniendo a Bella presente vía satélite. La fecha está por confirmar, pero dice que se necesita de mi presencia en la reunión. Estoy por regresar el correo electrónico cuando por error me salgo del programa y presiono el icono de Instagram, estoy por regresar al menú principal cuando veo una nueva publicación de "Isabella Cullen." Le doy clic y ante mi aparece una imagen de una mesa, donde se encuentran un par de platos con tacos y una servilleta por ahí, donde en medio hay una fotografía de Bella, con las piernas de ella aferrándose al cuerpo de un hombre que la sostiene de la cintura a su cuerpo. Por el filtro que le puso a la foto no puedo ver la cara del tipo, ni identifico quien pueda ser. Lo que me llama la atención del pie de foto es una palabra y una frase.

"… Amistad. La vida es bonita."

¿Pero de que me estoy perdiendo?

Veo que algunos de sus amigos han señalado que les gusta la foto. Otras chicas más hacen comentarios bastantes extraños y de mal gusto, según mi percepción.

¿Quién es ese guapo nena?

¿Amigos? Ay aja… No importa, me gusta verte sonreír.

Un chico que me abrace así, ¡por favor!

Ya se les llaman así a los chicos que una se tira. PD: Esta bien guapo.

No dejo de actualizar constantemente la foto, que hasta ahora lleva más de cuarenta likes. Me veo atraído por un par de comentarios, son los del matrimonio de Benjamín y Tía, cabe de decir que esta última parece odiarme por algún motivo que no entiendo. Él es más educado, pero no por ello dejo de sentir que yo tampoco le agrado del todo.

Benjamin: ¿Díganme que toman para ser ganadores siempre? Par de chicos dotados, son invencibles en todo rubro que los pongan. Excelente tarde de juego, debemos de repetir. ¡Los quiero!

Tía: Benjamín56 Yo tampoco lo entiendo mi hombre. Ese par tienen poderes extraños, que los hacen acoplar de una manera extra normal. Pero está bien, nosotros también ganamos. Gracias por tan bonita tarde de juego. Sigamos divirtiéndonos en nuestro "convivio". Lol. Te amo, Benjamín. Te quiero, bicho. Te quiero, dulzura. Más días como este, por favor."

Veo todos los comentarios, pero ninguna contestación de Bella a ninguno de sus amigos. Sigo actualizando la publicación y veo un par de comentarios más. Son de sus papás, Carslie y Esme.

Carslie: Oh que bonita se ve mi niña preciosa. Sigue manteniendo esa sonrisa en tu rostro. Puedo sentir tu emoción hasta aquí, la otra parte del mundo. ¡Esa es mi chica! Te amo, hija.

Esme: Bella, luces tan bonita. Me alegro que tú y ese amigo tuyo se estén divirtiendo mucho. Dile al chico que le encargo a mi muñequita, necesita a alguien que la cuida, pero creo que no es muy necesario. Eso me deja más tranquila. Amo verte rodeada de gente de tan bonito corazón, es lo que mereces. ¡Te amo, Bells."

¿Esme sabe quién es el chico que la abraza?

Sacudo mi cabeza y me obligo a dejar de espiar los comentarios. Y sin pensarlo mucho, le escribo un comentario.

Thomas: Me hace feliz, verte contenta. Siguete divirtiendo con tus amigos. Me gustaría estar ahí, contigo, como los viejos tiempos. ¿Recuerdas? Donde solo éramos Thomas y Bella, un par de niños y adolescentes, que pasaban el rato juntos. Crecer apesta un poco. Te extraño, Bells. ¡Te quiero!

Cierro la aplicación, demasiado intrigado y melancolico. Me doy cuenta que estoy celoso de ese chico, celoso de ese pie de foto y celoso de esa sonrisa. Niego con una sonrisa ironica, porque tenia razón. Nuestros caminos se están separando poco a poco. Ya no somos Thomas y Bella, el par de amigos inseparables de toda la vida y la dupla favorita de Carlo's. Bueno, esto último es lo que subsistirá cuando ella regrese. Seguiremos siendo equipo y el pavor de la competencia.

Sonrió, la competencia siempre ha tratado de tentarme para que abandone a la chef Cullen. Tratando de lavar mi cerebro, diciéndome que detrás del éxito que se jacta tener Bella soy yo. Ofreciéndome obscenos sueldos y ser yo mi propio jefe, el papel que ocupa Bella aquí en la cadena. A lo cual yo me niego rotundamente, Bella será siempre mi partner en la cocina.

Esta, Bella me sigue intrigando. Las respuestas que yo buscaba por mi lado, no las puedo obtener. Hace unos meses que pedí un informe completo sobre lo que era Bella, después de mi compromiso con Kate y este simplemente no pudo encontrar nada. Solo algunas tomas de cámaras de seguridad, cerca de Carlo's, donde ella se ve llegar y salir.

¿Pero dónde está el resto?

Yo sé que hay más que esto.

¿Qué escondes, Bella Cullen?

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POV Bella.

Estoy acostada sobre el pasto. Ha sido un muy divertido, pero agotador. Necesito con urgencia mi cama.

—¿Bella? —es la voz de corderito.

—¿Edward?

Esa pequeña conversación, se está haciendo una costumbre y me gusta.

—¿Es-es-tas bien? —Me levanto, estando sentada ahora a su lado.

—Claro, corderito. Solo que ya me canse, la edad —me encojo de hombros.

—Bien.

Ambos nos quedamos sentados en el pasto, mientras veo como Tía y Benjamín se mueven de una manera escandalosa al ritmo de la música. El resto hace lo mismo alrededor de la melosa pareja. La canción acaba y todos aplauden.

—¡Bella Cullen! ¡Edward Daniel Masen Gale! Muevan sus traseros hasta aquí —grita una achispada Tía, creo que las cervezas la están poniendo muy lengua floja.

Edward se levanta y me tiende una mano, con dificultad me levanto de mi cómodo lugar. Me paro a lado de Tía y Benjamín.

—¡Vamo chicos! Esto es una fiesta, a bailar —nos anima mi amigo.

Comienza a sonar una canción movida, para ser más concretos es Mambo No. 5 de Lou Bega.

Corderito me toma de las manos, y comienza a moverlas, animándome a que me mueva.

—Edward, no se bailar. Soy capaz de hasta pisarte —le aviso, no muy segura de que hacer.

—Vamos, tu-tu pue-pue-des ha-ha-cerlo —me anima.

Comienza a moverse más, mientras la canción sigue. Todos hacen lo mismo, divirtiéndose con el sonido divertido y alegre de la música.

Everybody's in the car, so come on let's ride

To the liquor store around the corner

The boys say they want some ginger juice

But they really don't wanna

Here boys ...

I must stay deep his talk is cheap

I Like Angela, Pamela, Sandra and Rita

And as I continue, you know they're gettin' sweeter

So what can I do, I really beg you my Lord

To me it's fun, it's just like a sport

Anything's fly, is all good.

Let me drop here, let's say, my trumpet.

Me hace dar una vuelta, me siento muy tonta, pero la sonrisa de Edward me anima a seguir haciéndolo. Comienzo a moverme sin pena, mientras el mueve los hombros y comienza a moverse alrededor de mí, Coloco mi mano derecha sobre su hombro y la otra la ondeo en el aire, mientras el abre los brazos como dejándome ser.

Jump up and down and move it all around

Shake your hand to the sound

Put your hand on the ground

Take one step left and one step right

On to the front and one to the side

Clap your hands ones and clap your hands twice

And if it look like this you're doing it right

Todos comenzamos a chasquear los dedos al ritmo de la música, hasta que comienza a cantar de nuevo y nos movemos de un lado a otro. Todos muy animados y ondeando las manos de un lado a otro.

I do, I do fall in love with a girl like you

You can't run and you can't hide

You and me are gonna touch the sky

Mambo No. 5

All Right!

Y acaba la canción, todos muy contentos aplaudimos.

Puedo decir que este es el mejor día en muchísimo tiempo.

Y concluyo que el señorito Edward es un gran bailarín, no sé cómo sentirme al respecto.

Mamá siempre dice que no hay que confiarse de un hombre que sepa bailar.

Pero ella ha confiado siempre en Carslie.


¡Hola! Parece ser que los deseos de navidad, existen.

¡Muchas gracias por su paciencia!Espero que este capítulo las pueda compensar en algo, créanme que me llevo mucho tiempo tenerlo listo.

La relación de Edward y Bella parece ir avanzando poco a poco, ahora son formalmente amigos. ¿Que les ha parecido? Y Thomas, parece que alguien no le parece que este muy abrazada del corderito. ¿Que piensan de esto?

Las leo a todas, gracias por regalarme valiosos minutos de su tiempo.

¿Merezco un review? En mi biografia pueden encontrar mis links en facebook, en el grupo estaré informando de las actualizaciones.

Pasen una hermosa navidad y feliz año 2016. ¡Éxitos!

Slank.