Título: The way that things have been
Autora: eminahinata
Fandom: Naruto
Palabras: 1,290 aprox.
Pareja/Personajes: Namikaze Minato; Hatake Kakashi; Uchiha Obito; Nohara Rin; Uzumaki Kushina; Uchiha Fugaku; etc.
Resumen: La vida nunca volvió a ser la misma.
Notas de autora: ¡Hola! Han pasado más de dos meses, pero aquí está el último día, jajajaja. Esto me salto porque estaba viendo parte del anime y me da tristeza que no hubiera un punto de vista de Minato de la muerte de dos de sus alumnos. Y como nadie más lo escribirá, pues ni modo, le toca a uno.
Todo es mi headcanon (tengo muchos de esos) y pues todo muy triste.
Día 14 Libre.
The way that things have been
Minato recuerda el día que llegaron a la Aldea y Kushina los esperaba en la puerta, su cuerpo vibrando por las noticias de la guerra que giraban a favor de Konoha y su gente. Minato recuerda como al acercarse, los ojos de su amada esposa brillaron alegres para un segundo después moverse frenéticamente, buscando al cuarto miembro de su equipo, aquel que con su entusiasmo y calidez los volvía mejores personas, lo supieran o no.
Minato recuerda como cuando estuvieron frente a frente, Rin y Kakashi muertos en sus pies detrás de él, Kushina lo abrazó y escondió su rostro rojo y mojado en su hombro, olvidando al resto que los esperaba para victoriar su logro. Jóvenes y adultos guardaron silencio y después de ese día la vida no fue la misma.
Sus recuerdos se pierden por unas horas después, lo último siendo ver al Tercero sentado en su silla, la simpatía en todos sus cansados rasgos, permitiéndoles que regresaran a sus hogares y lamieran sus heridas. Minato había asentido, tomando de las muñecas a sus dos alumnos (sólo dos, ya no un tercero con una brillante sonrisa que iluminaba su vida, que lo hacía sentir poderoso, que lo cambiaba poco a poco, sólo le quedaban dos, dos, dos, dos) y los guio hasta su pequeña casa, donde pasaron la noche y los siguientes días. Él no los perdería de vista, nunca más.
Aprendió su lección muy tarde.
Una semana después Rin fue ascendida a Jounin —pero la chica sólo veía el espacio con ojos aún muertos— y Minato presento sus respetos al Jefe del Clan Uchiha. Fugaku lo vio por un largo momento, ambos sentados en la oficina del hombre mayor, y fueron las palabras que siguieron algo que lo marcaron para siempre.
—Tal vez fue mejor —dijo Fugaku, desviando los ojos con algo que Minato no pudo identificar.
—¿Qué?
El Uchiha suspiró y enfrentó su acerada expresión—. Obito… tal vez fue lo mejor para el chico, morir como un héroe.
El pecho de Minato se contrajo con ira —dolor y dolor y más dolor— y mostro sus dientes en un gruñido, dispuesto a gritar porque su alumno…
Fugaku alzó su mano y sus ojos se volvieron más pesados, más tristes, más letales—. Obito es- era el bisnieto de Uchiha Madara, Minato. Cuando la verdad se revelara, no sólo cargaría con el odio del Clan, sino con todo el odio de la Aldea.
Minato parpadeo (¿escucho bien?), desviando el rostro y dejando que sus ojos se perdieran en la madera del piso, las palabras vagando en su conciencia sin comprenderlas, sin entender la gravedad de esa revelación (la sonrisa de Obito, su sueño de ser mejor, su amor por la vida). Fugaku lo observó mientras analizaba las palabras que cambiaban su mundo a algo más oscuro, y soltó un suspiro cuando comprendió que su antiguo compañero de escuadrón necesitaba más información.
—El Sharingan de Obito, ¿cuántos tomoe despertó?
Minato vio desde la esquina de sus ojos al otro hombre y frunció el ceño—. Kakashi dijo que fueron dos.
Fugaku asintió y tomo de su taza de té, repasando todo en su cabeza—. Cuando Obito nació, lo hizo con el Sharingan activado. Nunca antes había sucedido en el Clan, no hay registro de ello. Así que los ancianos decidieron sellar su chakra…
Minato apoyo su codo en la mesa, usando su mano para despeinar su rebelde cabellera cuando la paso desde su frente hasta la parte trasera de su cabeza, sintiendo como un dolor se formaba en la sien y en los costados. ¿Qué significa todo eso? Su cerebro tenía dificultades para procesar todo.
—Todo este tiempo sabotearon a Obito.
—Si —dijo sin emoción Fugaku—. Los ancianos querían casarlo joven dentro del Clan para que la verdad no saliera a la luz. Su gran parecido físico con Uchiha Madara los inquietaba, así que mientras menos talentoso fuera, mejor.
—Pero… —apretó los dientes el rubio—, vivía fuera del complejo Uchiha, aislado de todo.
—Mikoto y yo pensamos que sería lo mejor para él —en su tono sólo había determinación, creyendo firmemente que fue lo mejor—. Creíamos que podría crecer lejos del odio del Clan.
Guardaron silencio nuevamente y Minato replanto todo lo que creía hasta ese momento. Su alumno, su pequeño alumno, lleno de optimismo, de alegría, de ingenuidad e inocencia, con un sueño tan grande como su sonrisa…
—Él… ¿lo sabía? —alzó los ojos y los clavo en el Jefe del Clan Uchiha.
Fugaku asintió lentamente después de un minuto, el corazón de Minato rompiéndose un poco más, y con suavidad le deslizo una llave sobre la mesa.
—Ustedes tienen el derecho legal de recuperar las pertenencias del chico —Minato tomó la llave y la guardó en su chaleco, parándose y despidiéndose del hombre con un movimiento de cabeza, necesitando salir lo antes posible de ahí porque no creía poder controlar sus ganas de gritarle a todos los parientes de su fallecido alumno. (¿Cómo se atrevían? ¿Cómo se atrevían a seguir vivos cuando su alumno ya no estaba? ¿Cómo se atrevían?)
Cuando llegó a casa, lloró en los brazos de Kushina mientras le narraba todo. Esa noche ninguno concilio el sueño, sus recuerdos analizados desde una nueva luz muy reveladora (¿esas sonrisas fueron reales? ¿era su sueño real, deseado desde lo más profundo? ¿por qué no les dijo? ¿por qué sufrió en silencio?).
Al día siguiente los cuatro fueron al pequeño cuarto donde Obito vivió toda su vida, la vecina anciana del joven Uchiha recibiéndolos con un rostro cansado y amargo, un gato descansando a sus pies que los juzgaba con sus ojos dorados. El cuarto estaba polvoriento y tan organizado como el chico había sido en vida, su cama ordenada a la carrera y una pequeña caja envuelta en papel azul descansando en el escritorio bajo la ventana.
Ese fue el día que Kakashi lloró por primera vez desde el trágico accidente, abrazando la caja contra su pecho y los brazos de Kushina a su alrededor. Esperaron por un rato, Rin recostada en la cama y los ojos fijos en el marco de fotografía de la mesita vieja al lado de esta, la foto que retrataron luego de su examen Chunnin guardada orgullosamente entre la madera y el vidrio.
Fue Minato, entre tanto, quien descubrió el primer cuaderno de dibujo en la librera torcida (que luego descubriría fue un regalo del señor Akira, un anciano agradecido del joven que siempre estaba dispuesto a ayudarlo en todo) entre todos los libros de teoría que Obito había ido coleccionando con la ayuda de otros ancianos y vecinos amables.
Curiosamente la primera imagen fue un gato muy mal proporcionado que logro sacar una pequeña sonrisa del Namikaze, los dibujos que siguieron cada vez más detallados, más precisos, más reales. Unas manos, unos ojos, unas bocas que se convirtieron en rostros cada vez más sombreados, con expresiones que le robaron el aliento al rubio y escenarios que Minato sentía que podía hasta sentir el viento en su piel y el aroma de las flores de cerezo de la imagen que le presentaba.
Kushina se acercó y tomo el cuaderno mientras el miraba el siguiente y media hora después todos se encontraban en el suelo, revisando cada cuaderno, cada línea y cada letra del Uchiha. Las pinturas habían estado escondidas en el armario junto con todos sus utensilios de pintura y armas de repuesto, la poca ropa colgada sin gracia y un cofre pequeño —todos los secretos— hasta el fondo.
Era de noche cuando salieron del cuarto, los vecinos de Obito despidiéndose con pequeños regalos de comida, y sus nuevos tesoros resguardados en cajas y pergaminos para ser apreciados en el futuro.
La vida nunca volvió a ser la misma.
