Playlist
Rolling In The Deep - Adele
Littlest Things - Lily Allen
Try - Nelly Furtado
Kiss Me - Jason Walker
Don't Forget - Demi Lovato
It's Time - Imagine Dragons
Born to Die - Lana del Rey
Still Into You - Paramore
American Woman, English Man
14th
Water
RPOV
Kristen me miraba despavorida, almenos lo que podía ver dentro de lo oscura que estaba la sala. Sus ojitos brillaban tanto que al parecer estaba que explotaba en llanto. No sabía si abrazarla o seguir reprochando alguna respuesta sobre mi perro ... pero es que ¿Por qué cuidaba a mi perro? No estaba enojado, o no sé, solo quería una respuesta. No me podía enojar con ella, ella era demasiado frágil.
- Victoria me pidió cuidar a Bear. - Dijo ella casi en llanto. - Y no ... no te enojes. - Su voz era apenas notoria, quise abrazarla. De todas maneras, era un buen gesto.
- ¿Intentas algo? - No quise sonar duro, pero al parecer ella lo tomó de esa manera.
- Yo no ... no intento nada. - Sabía que ella estaba que lloraba.
- ¿Entonces por qué me besas? - No era que no me había gustado como ella besaba. Besaba como los dioses, era perfecta. Pero necesitaba respuestas lógicas.
- Porque ... - Ella dijo algo entre dientes pero no le entendí. - No sé, solo me deje llevar.
- Lo siento, yo también. - No podía ser cruel con ella.
¿Por qué actuaba así con Kristen? Era extraño, recién llevaba dos días conociendola y ella me hacía sentir cautivado, aunque Linda también tenía ese efecto en mí, con la diferencia de que no me podia zafar de ella si estaba cerca suyo, era más impulsiva que Kristen y yo juntos. Oh, "Kristen y yo" sonaba bonito. No sé, tampoco tenía que darle explicaciones a Linda si hacia algo, y a Kristen menos, pero no negaba que esta ultima me provocaba algo extraño, esa necesidad de protegerla, de apapacharla cada vez que se empequeñecia en si misma.
- ¿Tienes a Bear en tu casa? - Le pregunté mientras buscaba su mano, pero ella la alejó.
- Sí. - Ella suspiró. - Es mejor que me vaya, no tengo nada más que hacer acá.
- Kristen, no te vayas. - Era bastante el estar hablando de temas serios dentro de la oscuridad. Sabía que sus ojos me miraban, la tenía cerca mío aun. - No quiero estar solo, no conozco a nadie.
- Puedes quedarte con Lizzy. - Dijo ella un tanto seria. Quizás se había molestado por mis extraños cambios de humor.
- Lizzy estaba con un chico.- Dije.
- Sí, con mi hermano. - Dijo sin importancia y sentí que caminaba hacia un costado, como si se quisiera ir.
- No te vayas, en serio. - Tomé ambas manos de Kristen deteniéndola.
- Quiero estar sola. - Dijo, su voz sonaba quebrada. No quería que estuviese mal.
- Puedo acompañarte a estar sola.
- No, de verdad, no. - Si algo sabía de lo muy poco que la conocía era que era una mujer dificil de convencer.
La agarré por la cintura y la detuve. Su cintura era pequeña y muy curvilínea, mis manos cabían de manera perfecta. Su piel era suave, y olía genial. La besé como hambriento de besos, no fue lo mismo que besar a Linda, esta vez había un toque de sensualidad que en mí prendió todo. Ella era demasiada mujer para un hombre como yo sin memoria. Kristen era inteligente, hermosa, tenía buen humor y tenía demasiada gentileza, en cambio yo, era un manojo de nada ... y aun así ella estaba ahí, cuidando a mi perro. Ansiaba que ella fuese mi amiga, pero se me estaba haciendo complicado, ella me hacía sentir bien.
- ¿Te puedo pedir un favor? - Pregunté poco esperanzado.
- Sí. - Ella respondió mientras seguía en mis brazos.
- ¿Me llevas a ver a Bear? - Lo había visto en la mañana y por eso me explicaba el hecho de que él corriera hacia mi.
- ¿Ahora?
- Sí, nadie extrañara nuestra presencia. - Repuse.
- Uhm, mejor mañana. - Dijo ella.
- Pero yo quiero ahora. - Eso sonó igual a un reproche infantil.
- Robert, no me siento bien.
- ¿Te duele algo? - Me preocupé.
- Es algo anímico, creo que me quedaré a dormir acá. - Eso era bueno, la vería por la mañana y ahí me podría llevar a ver a mi perro.
- Pero conversemos otro rato más ...
- No quiero. - De repente en mi mente algo hizo click. Quizás todos esos impulsos que ella tenía conmigo era por la perdida de su novio, y la comprendía, no debe haber nada peor que perder a la
persona que se ama.
No quería estar con ella por lástima, pero algo me hacía buscarla por más que no quisiera. Ella era mucha carne para el gato moribundo que era yo, debía convencerme de eso. Además, estaba Linda, ella me recordaba mucho a la visión de mi mente.
- Me iré a dormir. - Dijo en un tono apagado. Pobre criatura.
- Es muy temprano. - Dije.
- Ya son pasada las una de la madrugada. - Dijo ella tratando de salirse de mis brazos, pero me puse firme. - Suéltame, Robert.
- No. -Sus uñas se enterraban en mis brazos al momento de la negativa.
- ¡Dejame! - Siguió forcejeando conmigo.
- No quiero. - La apreté más hacia mi y ella dejo caer su rostro en mi hombro.
Las luces se habían encendido levemente, y todo se mantenía muy festivo alrededor nuestro, gente bailando, bebiendo y festejando ... nunca supe a qué se debía esta fiesta, pero en
fin, sea de quien hubiera sido la idea, había sido brillante.
- Kristen, mírame. - Pedí, pero ella negó con la cabeza sobre mi hombro. - Solo mírame. - Esperé unos segundos y ella levantó la mirada, aunque sus ojos no me miraban.
- ¿Me veo muy fatal? - No se
veía fatal, se veía divertida. Sus ojos estaban un poco manchados con el maquillaje a causa de unas lágrimas revoltosas, y sobre su labio inferior tenía manchas negras, eso debía ser la tintura del lápiz que Victoria había ocupado para hacerme los bigotes de ganster.
- Estás manchada. - Pase mi pulgar sobre su labio para limpiarla, y sus ojitos verdes me
miraban compasivos.
No me mires así, pequeña Kristen.
- Que vergüenza. - Ella se tapó su rostro con ambas manos. Pero las saqué de su rostro.
- Está bien. - La volví a abrazar y nos mecimos un rato más junto al ritmo de la música. - Eres muy bonita, Kristen. - Otra vez yo siendo impulsivo.
- No digas estupideces. - Dijo sobre mi hombro.
- No digo tonteras, eres muy hermosa. - Le di un beso en la frente, a lo que ella sonrió.
- Ahora si déjame ir, por favor. - Ella me miró suplicando con la mirada.
- Bailemos esta última canción. - Justo había comenzado un tema nuevo, y era lento.
- Solo esta canción y me voy a dormir. - Reprochó ella.
- Lo prometo. - Tomé su cintura, matadora parte de su cuerpo, y ella se volvía a abalanzar a mi cuello.
Me gustaba esta conjunción entre ella y yo, nos movíamos al mismo compás. Ella dejaba su cuerpo sobre el mío y eso me permitía guiarla con más facilidad, por un momento sentí que solo eramos ella y yo en la pista, danzando sin parar. Deje que mi nariz cayera a su cuello, era algo que no me podía permitir hacer, pero lo hice de todas maneras. Hice una línea
con la punta de mi nariz sobre el borde de su cuello, ella solo lanzó su cabeza hacia atrás y me dejo el espacio libre ... ¿Si ella y yo nos sentíamos culpables de actuar así el uno con el otro, por qué lo seguíamos haciendo? Tenía una respuesta en mi cabeza, ella era una droga.
Volví a mi postura inicial y ella volvió a dejar su rostro sobre mi hombro, y agarró mis hombros fuertemente. En cambio, yo agarré su cintura con firmeza.
La canción estaba por terminar, y no quería que eso sucediera, me sentía muy bien junto a Kristen, era como si la conociera desde siempre, aunque no la recordara ni supiera quién era ella en mi vida.
- Ahora si me voy. - Dijo ella soltándose de mi al momento en que la canción había terminado.
- Te dejaré en la habitación de Lizzy. - Dije. No dejaría de ser un caballero por más que me hubiese aprovechado de la belleza de Kristen esta noche.
- Okay. - Ella caminó entre medio de la multitudinaria gente y yo la seguí.
Subimos las escaleras, todo estaba oscuro en el segundo piso. Kristen encendió la luz del pasillo y nos dirigimos hacia la puerta de Lizzy. Kristen se quitó los tacones y los llevó en sus manos, abrió la manilla y su mirada se alarmó.
- ¡Perdón, perdón! - Dijo ella tapándose la vista. - Juro que no vi nada. - Se escucharon unas risas desde adentro de la habitación, asi que Kristen cerró la puerta.
- ¿Quién estaba allí dentro? - Pregunté entre risas al ver que Kristen se sonrojaba por lo que había visto.
- A Lizzy, creo que estaba con mi hermano. - Dijo ella impactada. - Y quiero dormir.
- Uhm, duerme en mi habitación. - Robert, no debes actuar así, la espantaras.
- No, cómo se te ocurre tal idea.
- Victoria tiene su habitación llena de cajas, Lizzy está ... ocupada y las otras habitaciones deben estar cerradas. - Dije.
- ¿Y la habitación de huéspedes?
- Están las cosas de unos invitados. - Dije esperando a que durmiera en mi cama. No dormiría junto a ella, sería mucho el atrevimiento, aunque ya la hubiese besado y tocado. - Dormiré en el sofá que está en mi cuarto, por si acaso, tu duerme en mi cama. - Le aclaré.
- Bueno, ya que no hay de otra. - Dijo ella encogiéndose de brazos. - Ay no, mi bolso está dentro de la habitación de Lizzy.
- Uhm ... - Tenía una idea, pero también era algo precipitado. ¡Llevas dos días conociéndola, Robert! - Te puedo prestar algo de mi armario.
Era de esperarse, a Kristen se le cayó la mandíbula al suelo. - No, no es necesario.
- ¿Dormirás con el disfraz puesto? - Ella se miró asi misma y yo también aproveche de hacerlo. Su disfraz era una miniatura, pero en ella quedaba perfecto. No sé si ella lo sabría, pero aquel disfraz hacía resaltar todos sus atributos. Sus pechos eran ... no debería estar fijándome en eso cuando recién la estaba conociendo, pero era
inevitable no mirarla. Bueno, sus pechos eran atractivos, resaltaban bajo el metal que los soportaba y los levantaba. Pecaminosamente, quise apretarlos. ¡Para, Rob, para! Bajé otro poco la mirada y ahí estaba su cintura, desde que la agarré supe que podía perderme allí. Y claro, sus piernas largas eran fascinantes, eran una perdición y su trasero, su redondo trasero que algo pude tocar, esa parte de su cuerpo si que me había vuelto loco, alcancé a apretarlo y se sentía bien.
Había una diferencia entre Linda y Kristen; la primera me causaba ternura y su alocada juventud me hacía revivir, en cambio la segunda, me producía ternura, me alocaba, y sobre todo me encendía. Tenía que controlarme.
- No dormiré con esto, me asfixiaría. - Dijo ella.
- Entonces ven. - Tomé su mano y la llevé a mi habitación.
Encendí la luz y la deje entrar a ella primero, si alguien nos veía entrar a mi habitación, pensaría de inmediato que quería aprovecharme de su inocencia. Aunque muy en el fondo si lo ansiaba, podría haber tenido toda mi memoria corroída, pero mis deseos carnales seguían siendo los mismos. Cerré la puerta y ella se dio la vuelta esperando a que dijera algo.
- Uhm. - No tenía mucho que decir cuando mi mente estaba nublada pensando en esa criatura hermosa.
- ¿Me prestarás algo para dormir? - Dijo ella despejándome un poco.
- Sí. - Me apresuré a buscar en las gavetas de mi armario. Ella al parecer se quitaba las plumas del disfraz.
- ¿Me ayudas con esto? - Ella estaba intentando quitárselas pero no podía.
- Claro. - Su aroma me llegaba fuerte a mi nariz. Su cuello tan estilizado y sus mechas desordenadas que caían sobre su piel blanca llena de pecas. Quise hacer algo, pero no debía.
Había quitado la primera pluma y yo ya estaba agonizando por tocarla. Saqué la segunda pluma, a lo que ella seguía inmóvil y en silencio. Me quité la chaqueta, estaba acalorado, necesitaba un balde de agua fría.
- ¡Oush! - Sin querer había enterrado una de las puntas de la pluma en su espalda.
- Lo siento, lo siento. - Dije exasperado.
Seguí sacando las plumas y su aroma seguía llegándome como un gas tóxico que me mataría, solo quedaban dos plumas, la agonía estaría por terminar, pero mis ansias por dentro me alentaban a hacer algo de lo que mañana me sentiría arrepentido, pero ... pero la deseaba.
Quité la última pluma y la tiré al suelo, al igual que las demás. Ella siguió delante mío, de pie y en silencio ... y no pude aguantar más.
La agarré por la cintura, y aunque ella me daba la espalda no me detuve. Besé su cuello por el mismo borde en donde hace unos minutos atrás había dejado pasear mi nariz. Su piel era suave, era tan exquisita, sin contar ese atractivo color cremoso que tenía. Seguí humedeciendo su cuello con mis besos, y ella buscó mis manos que las entrelazó con las suyas alrededor de su cintura. Besé con más fiereza su cuello, esperando a que ella tomara la iniciativa, quería probar sus labios otra vez.
- No hagas esto por sentir lástima de mi. - Dijo reteniendo un suspiro.
Eso me alarmó. - No lo hago por lástima. - Besé detrás de su oreja y en ese mismo instante ella se volteó. No esperó ni dos segundos y me besó en la boca, sus exquisitos labios otra vez. Me perdí en ellos otra vez, sin delicadeza alguna, la ansiaba, era como esto siempre hubiese sido lo que me calmara ... ella me calmaba ¿Por qué? No sé, solo sabía que quería perderme en ella. Solté su moño y solté su largo cabello que cayó sobre su delicada espalda.
- No me hagas daño. - Dijo entre besos.
- No pretendo hacerte daño. - Me detuve y observe su semblante. Se veía apenada, no como yo, que estaba expectante.
- Mejor no sigas. - Dijo ella casi quebrándose.
- Me gustas, Kristen. - Sí, me gustaba, más de lo que me gustaba Linda.
- ¿Qué? - Si sabía, mis impulsos siempre la asustaban.
- Es raro, porque recién te estoy conociendo y siento algo, me gustas. - Me había sincerado.
- También me gustas. - Dijo ella ocultando su rostro entre su cabello enmarañado. - Pero esto no esta bien.
¿Qué no estaba bien? ¿El que quisiera devorar centímetro a centímetro de su cuerpo? Si, eso si estaba mal, debía ir más lento ... ¿Y si Kristen era virgen? Quizás era eso.
- Tienes razón, perdón. - Dije abrazándola. Ella no quería ser lastimada como antes, a veces olvidaba que ella había perdido a su novio. Ella merecía ser querida en todos los sentidos, y yo no estaba actuando como tal. - Toma, ponte esto. - Era una de mis poleras del ejercito. Tenía mi apellido a un costado.
- ¿Puede ser otra polera? - Algo la había inquietado. - Es que parece delgada, no quiero pasar frío.
- Claro. - Busqué algo más adecuado. Era una polera más gruesa y un poco más larga. - Esta te puede servir.
- Gracias. - Sonrió. - Uhm ...
- Sí, estaré en mi balcón. - Ella quería privacidad para cambiarse de ropa y luego acostarse.
Me fui al balcón y cerré las cortinas, aunque estas eran blanquecinas, un tanto transparentes, quizás podría verla desnuda. ¡Para, Robert! De verdad, debía contenerme.
Pero ¡Agh! A quien engañaba, ahí estaba urgueteando entre las cortinas esperando a ver su tersa piel desnuda. Kristen se quitó su vestido de metal, no llevaba brassiere, solo una tanga bastante provocativa. Ella me daba la espalda, asi que solo pude ver su eterna espalda acabar en el inicio de sua nalgas. Kristen era hermosa, y no pararía de decirlo hasta que algún dia ella fuese mía por completo. Se colocó mi camiseta y se acostó. Todo eso había sido un espectáculo para mí.
- Puedes entrar, Robert. - Su melodiosa voz.
Me demoré un poco, disimulando que la había estado mirando, y de que había fantaseado con ella.
- Duerme. - Dije mientras cerraba las ventanas.
- ¿Te recostarías a mi lado? - Ella estaba a un rincón de la cama completamente tapada con las sábanas y frazadas.
- Uhm ... - Ella decía que había que ir despacio.
- No me harás daño, solo que tu cama es muy grande y me siento pequeña. - Oh que ternura.
- Está bien. - Ella se ladeó dándome la espalda. Quité mis zapatos y mis pantalones, solo quede en mis boxers y en una camiseta.
- Que duermas bien, Rob. - Dijo ella volteándose a hacia mi lado, yo me volteé hacia el suyo.
Esto estaba mal moralmente, y tanto ella como yo lo sabíamos. Dos días y ya la deseaba, como si siempre la hubiese deseado ... ¿Y si ella era mi novia antes de que perdiera la memoria? No, no creo, yo era poco al lado de ella, y si lo fuera me lo habría dicho. Mierda, odiaba ponerme a pensar y llegar a nada. Mientras tanto los ojos de Kristen caían pesadamente, se quedaría dormida en cualquier momento.
- Buenas noches, Rob. - Ella se acomodó mejor en la almohada, en cambio yo la seguí mirando hasta quedarme mirando.
Lizzy POV
- Ejem. - Había buscado a Kristen por toda la casa, y no la encontraba. Si sus cosas seguían en mi habitación era porque seguía en casa, pero jamás pensé que la encontraría en la habitación de Robert y menos en su cama.
- Oh, Lizzy. - Kristen sintió cuando carraspeé mi garganta. Robert en cambio seguía durmiendo profundamente, y lo más extraño en que tenía agarrada a Kristen por la cintura. ¿Acaso la había recordado?
- Te andaba buscando. - Dije ente murmullo. - Pensé que te habías ido.
- No, mis cosas estaban en tu cuarto, y estabas con mi hermano. - Rayos, eso se lo tendría que contar después, ya habría tiempo. Ahora ella debía darme explicaciones.
- Luego te cuento eso, ahora cuéntame sobre esto. - Hice un gesto hacia Rob, para que entendiera el mensaje.
- Bajemos a la cocina. - Ella de deshizo cuidadosamente del brazo de Robert, este solo se movió un poco y siguió durmiendo como un hurón.
Oh santo Dios, Kristen llevaba una camiseta de Robert, era de color gris y le quedaba bastante ancha. Le alcanzaba a tapar el trasero por suerte … oh, eso quería decir que ellos anoche … debía saberlo todo, no pensaba que el plan de la pequeña Stew llegaría tan lejos.
- Espera, déjame taparlo, no quiero que se resfríe. - No había nada más tierno que ver como Kristen se preocupaba de mi hermano, aún sabiendo de que él no recordaba que era su novia y de que la amaba.
Esperaba tener un amor de esos algún día.
Salí de la habitación y Kristen me siguió, estaba descalza, pero seguía con la polera de Rob.
- Sacaré algo que ponerme. - Dijo ella.
- No, quédate tal como estás, solo colócate algo en los pies. - Ella me quedó mirando con cara de '¿Qué mierda?'. - Si Robert baja a desayunar le causaras una buena impresión el verte con su ropa y casi desnuda.
- Oh. - Ella exclamó. Entró a mi cuarto y sacó sus alpargatas. Se las colocó mientras sonreía como idiota.
- Quiero que me cuentes todo con lujo de detalles. - Dije bajando las escaleras. Ella iba detrás de mí.
- Lo besé. - Dijo de súbito. Me hizo entrar a la cocina, no sin antes mirar en dirección a la escalera. Cerró la puerta y me hizo sentarme al frente suyo.
- ¿Él te besó o tú a él? - Esto era un gran avance, quería rodar por el suelo de imaginarme ese momento. De seguro había sido cuando Victoria apagó la luz.
- Solo se dio, fue a mismo momento, fue especial. - Ella se despegó del taburete y comenzó a preparar el desayuno. - Estábamos asando la carne, al rato estábamos fumando juntos y en eso me pidió bailar.
- ¡Awwwwwwwwww! - Salté en mi asiento, casi me caí.
- Controla tu emoción, no sé como le he hecho, pero aun me estoy conteniendo. - Me imaginaba como estaba Kristen por dentro, muriendo porque en parte había conseguido tener a su hombre cerca.
- Deberías darme las gracias, le dije que estabas sola, y por eso te busco. - Robert había estado conversando con algunas personas cuando la fiesta había comenzado.
- Con razón. - Dijo Kristen. - Él me busca por lástima, Lizzy. - La emoción de Kristen había cambiado por un rostro triste y desolado.
- ¿Cómo? - Pregunté.
- Anoche … estábamos de lo mejor bailando, y se acordó de Bear.
- Sé que es tu perro, pero … ¡¿Cómo mierda se acuerda de tu perro antes que tú?! - Era el colmo.
- No lo sé, lo mismo pensé, me preguntó por qué era yo la que cuidaba a su perro, atiné a decirle que me habían pedido que se lo cuidara, pero … pero siento que al comienzo se había molestado.
- ¿Molestarse? Tu deberías ser la molesta, él es el pavo que no se acuerda de ti. - Era mi hermano, llevaba mi misma sangre, habíamos crecido juntos, pero odiaba que tuviera esa enfermedad y que no pudiera reconocer a los que quería.
- Sí, de hecho me molesté, envidié a mi propio perro. - Ella se había parado en medio de la cocina, reclamando sobre aquel momento.
- ¿Y qué pasó luego de eso?
- Me sentí rara, sentía que me trataba así por saber eso de mi hermano y de mi súper novio muerto. - Ella sonaba indignada, sacó las tostadas y las trajo al mesón. Yo en cambio traje la mermelada y la margarina.
- ¿Quieres café? - Le pregunté.
- Quiero leche. - Dijo Kristen.
- Quiero lo mismo que ella. - Era hora de que yo me esfumara, Robert había llegado a la cocina, y quería lo mismo que ella.
- Yo les sirvo. - Él la saludó con un beso en la mejilla, y ella solo sonrió, me había quedado como tonta viendo como se sonreían. Desperté de mi ensoñamiento de ellos dos, y comencé a preparar leche y un café para mí.
- ¿Dormiste bien? - Él le había preguntado a ella.
- Sí, ¿Y tú? - Ella sonaba nerviosa.
- Bien, aunque eres muy movediza para dormir. - Oops, no quería escuchar detalles de esa noche, aunque un poquito de chismes no vendrían mal.
- Lo siento. - Dijo ella.
Mientras esperaba que el agua hirviera me senté junto a ellos, Kristen seguía comiendo, mientras Robert la miraba con ternura. ¿Cómo es que no la recordaba? De todas maneras, algo era cierto, siempre terminarías llegando a la misma persona, porque estabas destinado a amar a ciertas personas. Robert estaba destinado a amar a Kristen.
- Lizzy, ¿Me llevas a casa después? - Ella me preguntó, pero no quería ver a su hermano aún.
Habíamos tenido un peculiar encuentro, no había pasado a más, pero nos la habíamos pasado besándonos y toqueteándonos, a ciencia cierta no sabía si él me gustaba, aunque se comportaba muy caballero conmigo, y era tierno. Ambos estábamos solos, necesitábamos compañía, y el alcohol hizo de las suyas. Pero para verlo otra vez, debería dejar pasar unos días.
- No puedo, que Robert te acompañe. - Dije.
- Robert aún no sabe como venirse de vuelta. - Reprocho Kristen.
- ¿Puedes venirte solo? - De verdad no quería encontrarme con Cameron.
- Uhm, ¿Y si vamos en auto? - Dijo él. - Además debo ver a mi perro.
Kristen me quedó mirando, y yo a ella.
- Mejor en auto. - Dijo Kristen. - Me iré a bañar.
Kristen se terminó su bocado y corrió hacia el segundo piso. No estábamos más que los tres en casa, así que todo estaba en silencio, y bastante sucio y desordenado. Victoria se había ido a casa de su novio, así que solo mi hermano y yo tendríamos la honorable misión de dejar todo limpio.
- Lizzy, ¿Tu sabes si Kristen tiene algún pretendiente? - Oh, él si estaba interesado en ella, ¿Qué le decía? Si le decía que no sería mucho más fácil, le diría que si, para que esto se pusiera sabroso.
- Hay un chico que anda detrás de ella, aunque Kristen no lo toma mucho en cuenta. - Dije tomando de mi café.
- Ow, ¿Es de su edad? - Preguntó interesado en la respuesta. Debía encontrar a alguien para poder comparar, alguien que tuviera las características típicas de un macho … ¡Sebastian! Ya había sido parte del plan de anoche, y ahora lo volvería a ser.
- Tiene tu edad. - Dije como si eso no importara.
- ¿Es muy atractivo? ¿Qué hace? - Sí, los celos lo estaban carcomiendo.
- Uhm, no es de mi gusto, pero tiene lo suyo. Es alto, rubio y tiene buen cuerpo, si es que eso entra en el calificativo de atractivo. - La cara de Robert se caía a pedazos. - Es músico.
- ¿Músico? Me la imagino con un músico, es como muy bohemio, Kristen es historiadora, no sé, entran en el mismo saco, ¿No? - Dijo desanimado.
- Han salido un par de veces, pero nunca ha pasado a nada. - Dije como para calmar la tensión.
- ¿Entonces a Kristen no le gusta? - Parecía un niño preguntando por la chica que le gustaba.
- No sé, Rob. - Dije tomando otro sorbo de café. - ¿Te gusta Kristen?
- Algo. - Dijo tocando su cabello, un tic que tenía desde que yo tengo memoria.
- ¿Y si la conquistas? - Debía darle un empujoncito a esto.
- ¿Y Linda? - Diablos, esto si que era descabellado.
- Robert, no puedes jugar a dos bandos. - Si se le ocurría hacer eso, podría ir advirtiéndole que mataría a esa mocosa.
- Si sé, pero es que … Kristen me confunde. - ¡Bien!
- Entonces deberías jugártela por ella. - Era algo bastante simple y él se complicaba más de lo normal.
- Es que Linda también me gusta.
- Apenas la has visto un par de veces. De hecho anoche la vi con otro chico. - Mi ampolleta se prendió, si le decía a Robert que había descubierto que el chico que estaba con Linda era Sebastian entonces tendría una razón para decirle a Kristen de que Sebastian no era un buen hombre para ella, pero que él estaba dispuesto a hacerla feliz.
- Lo sé, a Kristen también la he visto un par de veces. - Era cierto, pero ya habían recorrido más que un simple beso.
- ¿La besaste? - Le pregunté.
- Dos veces anoche. - Él se sonrojó, vi como quiso taparse la cara, pero no encontró nada con qué tapar su nerviosismo.
- Linda uno, Kristen dos. - Dije como si esto fuese un partido de fútbol.
- Solo dejaré pasar los días, debo pensar.
- Lo sé, solo espero que decidas bien. - Dije terminando mi café.
- ¿Sabes? Linda es tierna, pero Kristen es tierna y mucho más, es extraño, a veces siento como si la conociese de antes. - Eso Robert, recuérdala. - Pero luego recuerdo la visión de mi mente y …
- ¿Qué visión?
- Pues hay una silueta de una chica, y se parece mucho a Linda. - Jodido hermano mío, tu silueta es Kristen.
- ¿O sea que tienes visiones?
- Sí, pero nunca puedo divisar los rostros, a veces tengo pesadillas, ante noche soñé que estaba con una mujer y ella me tenía en sus brazos, pero no recuerdo su cara. - Oh, Robert sueña con Kristen, esto era demasiado para mí, ella debía saber esto.
- ¿Y te duele la cabeza?
- Mucho. - Maldito metal que cayó sobre la cabeza de mi hermano y mató todo.
- Kristen me dijo que habías recordado a Bear.
- Sí, fue extraño, de repente vino a mi cabeza, no me preguntes por qué, al principio me enfadé con Kristen siendo que ella no tenía la culpa de nada.
- De hecho, ella hace mucho por ti.
- Sí, se preocupa mucho, creo que eso hizo que me gustara. - No sé si era mi idea, pero Rob se ponía a hablar de ella y su voz cambiaba, hasta sus ojos brillaban. O quizás yo era la paranoica que pensaba eso solo por querer verlos juntos otra vez.
- Sé su amigo, así se comienza, peor trata de comportarte, debes ir lento, apapacharla, hazla sentir bien, sé caballero. - Lo aconsejé.
- Eso intento, pero es complicado, ella es demasiado hermosa.
- Sí que lo es, por eso, mímala, no la obligues o apresures las cosas.
- Estoy tan confundido. - Dijo agarrándose la cabeza. - Me iré a duchar.
- Está bien, luego nos iremos a dejar a Kristen a su casa. - Dije.
Robert se fue por la cocina, claramente él estaba muy confundido, había un cincuenta por ciento de probabilidades de que eligiera a Kristen y la otra mitad de que eligiera a la perra, como le decía mi pequeña cuñada. Al menos habían cosas que salieron de la boca de Robert que al momento que las supiera Kristen caería desmayada al suelo, él soñaba con ella de repente sin saber que era ella. Le gustaba, pero era cierto, sentía que le gustaba por el hecho de que Kristen estaba sola, sin su hermano y sin su novio, que a la larga era él, y Kristen no quería que Robert cayera a sus pies por compasión, sino que por amor, por lo que eran antes.
En algún momento echaría a andar mi plan de Sebastian con Linda, un culebrón único.
Limpié todo en la cocina, y algo de la sala. Claramente me pasaría todo el día limpiando, para dejar la casa impecable antes de que mis padres volviera de Isla de Wight. Kristen al parecer ya había terminado de ducharse, y Robert debía seguir allí arriba, si es que no se habían encontrado arriba y estaban conversando, u otras cosas.
- ¿Nos vamos? - Kristen había bajado junto a Robert, y este le traía el bolso. Quise morirme de amor.
- Sí, claro. - Saqué las llaves y salimos de casa.
- Traeremos a Bear. - Dijo Robert abriéndonos la reja de la entrada.
- Genial. - Celebré. Muy pocas veces había estado con Bear, era un animal simpático, y Robert lo adoraba, como si fuera un hijo.
- ¿Puedo conducir? - Preguntó Robert. Primero me reí yo, luego Kristen.
- ¿Recuerdas como se conduce? - Preguntó Kristen.
- Umh, creo. - Dijo él poniendo cara de derrotado. - Está bien, no quiero morir tan joven, maneja tú Kristen.
- No hay problema. - Kristen se fue al puesto del volante, Robert se sentó en el de copiloto y yo detrás.
El trayecto fue corto, no vivíamos muy lejos. El estomago comenzó a darme vueltas cuando recordé el ver a Cameron otra vez, no quería verlo, anoche había actuado muy desinhibidamente para verle la cara como si nada ahora, además era hermano de mi cuñada. Robert todo el momento miró el camino, si no me equivocaba se estaba aprendiendo el camino de ida a casa de Kristen, claramente era para ir a verla.
- Kristen, ¿Vives con tus hermanos? - Preguntó Robert cuando estábamos pegados en una luz roja.
- Sí, y con mis padres. - Kristen me miró por el espejo retrovisor, ¿Sería por lo de Cameron o por ocultar el departamento de Robert?
- Genial. - Luego de eso nos quedamos en silencio hasta llegar a casa de Los Stewart.
A los cinco minutos estábamos en el jardín, y Robert se reencontraba con su perro, era como en el momento en que había recordado a mamá. Le había pedido perdón por no recordarlo, en cambio, Bear se lanzaba sobre el cuerpo de Rob, era un bonito momento. El día en que recordara a Kristen si que le debería dar disculpas y pedir perdón hasta cansarse. Kristen miraba a esos dos y sus ojos se llenaron de lágrimas, tomé su mano para que se tranquilizara.
- Todo estará bien, pequeña. - Ella sonrió, había esperanza en sus labios, pero sus ojos estaban tristes. Kristen llevaba tres días con Robert, pero antes de eso había agonizado dos meses sin él, y tenerlo cerca sin que se acordara de ella era mil veces peor. - Debo contarte algunas cosas.
- Llámame por teléfono. - Kristen de verdad se veía mal. - Me siento mal, quiero descansar.
- Está bien. - Dije abrazándola, mientras Robert seguía en lo suyo con Bear.
- Rob, nos vamos. - Dije a modo de orden.
Bear corrió hacia donde Kristen, ella solo hizo una leve sonrisa en sus labios, un tanto forzada.
- Pórtate bien, pequeño. - Dijo ella sabiendo que ya no estaría con su perro.
- Adiós, Kristen. - Dijo él dándole un pequeño beso en la mejilla a Kristen.
- Adiós. - Dijo Kristen. - Adiós, Lizzy. Gracias por todo.
- No te preocupes, ah, y espero que tu hermano no diga nada de mí.
- Le preguntaré un par de cosas. - Dijo ella un poco sonriente. La verdad el ánimo de Kristen había caído al suelo muy de repente.
Nos subimos al auto con mi hermano y volvimos a casa con un nuevo amigo a la casa. A la larga también debía tenerle envidia a Bear, Robert tampoco se acordaba de mí aún.
KPOV
No sé si lo que había ocurrido anoche era bueno o malo, no me explicaba la manera tan repentina de cambiar de Robert, me besó como si nunca hubiese pasado nada. Cuando me besó en el cuello al momento de quitarme las plumas recordé las innumerables veces en que me besaba por las noches cuando me quedaba dormida y me despertaba para comer algo o solo para regalonear. Eso hizo que lo detuviera, no tenía intenciones de ser su affair de noche y al otro día que no dijera nada, por más que se comportaba caballero conmigo, de que me quería besar, de que decía que le gustaba, había besado a Linda, y había recordado a Bear antes que a mí. Eso me hizo sentir mal, me hizo sentir que por más que hubiera conseguido mi objetivo de la noche, no me había dado nada, no me recordó por más que lo besé. Era alguien más, nada especial. Yo no quería palabras, quería hechos. No niego que aproveché los momentos de anoche, el que me acurrucará cada vez que me destapaba, porque muy poco dormí, solo me quedé despierta mirándolo y cuando notaba que el se movía mucho me hacía la dormida. Tampoco pude soportar que al comienzo me entregara su camiseta con su nombre, cuando esa misma polera la ocupaba noche y día en nuestro departamento. Me sentía confundida, ansiaba mucho que en la noche anterior pasara algo, de que me dijera algo como "Creo que me acuerdo de ti", pero nada, no sabía cuanto tiempo iba a soportarlo y eso que llevábamos tres días desde su alta. Terminaría arrancándome los pelos.
- ¿Lizzy te vino a dejar? - Era Cameron apareciendo en la puerta de mi cuarto. Yo estaba tirada en mi cama, mirando el techo como muerta.
- Sí. - Dije sin mirarlo.
- ¿Te dijo algo de mí? - No estaba para escuchar historias de amor. Lo sentía por Lizzy, pero ya habría tiempo. Quería dormir, en lo posible muchos meses, despertarme y encontrar a Robert al lado mío diciéndome un "Kristen, te amo".
- Solo dijo que lo había pasado bien anoche, nada más. - Dije jugando con mis dedos. - Ahora vete, quiero estar sola.
- Okay, okay. - Salió y cerró la puerta.
No sé por qué me había dejado tan desgastada la noche, no era algo físico, sino que mental. Estaba agotada, y todo por él. Debía sentirme agradecida de tanta suerte, le gustaba a Robert, me besó dos veces, y con deseo, como yo lo deseaba, pero … maldita sea, quería que lo hiciera sabiendo que era su Kristen, no la Kristen amiga de su hermana. Durante la noche pensé que lo mejor sería alejarme por unas semanas, quizás así algo se arreglaba, el tiempo servía, siempre, y esta no sería la excepción.
3 semanas después
- Kristen, Lizzy te llama por teléfono. - Me avisó mi madre.
- Dile que estoy ocupada, que me disculpe. - No quería hablar con nadie de la familia Pattinson, había tomado una seria reticencia con ir a esa casa.
- Le vienes diciendo eso hace dos semanas, Kristen. - De verdad me había alejado del mundo, había caído en un hoyo profundo y sin fondo. Me había vuelto una ermitaña, no salía porque podía encontrarme con Robert y no quería verlo, no quería ser víctima de su piedad.
- Dile que me siento indispuesta, que apenas pueda la llamaré. - No sé cuanto tiempo más estaría con esto de esconderme, al menos hasta el día en que él llegara a buscarme.
- Está bien. - Mi madre se molestaba por mi nuevo estilo de vida, el único ser que me acompañaba en mi soledad era Bernie, si, le había colocado un apodo para no recordar de dónde provenía su original nombre. Amaba a Robert, y Dios lo sabía, lo amaba de una manera pura, que nadie nunca comprendería, pero me hacía daño estar cerca de él, no era sano vero y hacer como si nada, si en el fondo quería abrazarlo y besarlo cuando se me antojara, no solo cuando la oportunidad se daba.
El otoño había llegado, habían días muy bonitos y otros horribles, mis hermanos me alentaban los días soleados pero nada me motivaba, había bajado unos tres kilos, y solo en tres semanas. Mi madre me hacía comer a la fuerza y me daba platos abundantes, pero aparte de eso no me daba gustos como antes, si él no estaba no necesitaba vivir cosas buenas, porque él era todo lo bueno que tenía. Ogh, no sé en qué momento me volví tan dependiente de él, con Michael no era así, aunque tampoco lo amé como amaba a Robert, mi hombre británico era distinto, él estaba hecho para mí, y era el ser más puro que pisaba esta tierra.
Me quedaba dormida por las noches soñando su carita, sus ojitos azules que por las mañana se veían más celestes que nunca, podría colocar su retrato con el cielo de fondo y podían combinar muy bien. Soñaba con escuchar su risa, su humor tan alocado que me hacía lamentar a veces ciertas bromas ridículas que salían de él, pero eso me gustaba. Soñaba con discutir con ese niño empedernido que había dentro suyo. Extrañaba tantas cosas que prefería soñarlas, cerraba mis ojos y soñaba, y era hermoso, nunca antes pensé que soñar podía ser un pasatiempo tan espectacular.
Iba en mi día veintitrés sin ver a Robert, sin saber nada de Lizzy y sin ser recordada. Decidí que lo mejor sería quitarme el DIU que llevaba puesto, no servía de nada protegerme de algo que no pasaría, oh, mi corazón se detuvo al pensar que esa proyección de tener a un pequeño de mechones rubios en mis brazos no se cumpliera. De verdad, el suicidio cada vez me parecía una idea tentadora, habían noches en que tenía pesadillas, pero Robert me detenía, me recordaba que me amaba y que sin mí no podría vivir. Creo que esos oníricos pasajes me hacían negarme a la posibilidad de darle un sí a las sobredosis de pastillas.
Venía llegando del ginecólogo, sentía una extraña molestia luego de que me hubieran retirado el dispositivo, así que me prepararía un té y luego me iría a mi cama a dormir. No tenía nada que hacer, no me importaba si Inglaterra caía en la guerra, si la Segunda Guerra Mundial seguía avanzando, si otros humanos morían, no estaba atenta a nada. me estaba volviendo loca.
- ¿Kristen no quieres ir a dar una vuelta conmigo? - Preguntó mi madre.
- Vengo recién llegando, estuve dos horas esperando a que me atendieran, otro día.
- Hija, te estás muriendo en vida, ¿Te has mirado al espejo?
- No me importa como luzco, mamá. - ¿Mi aspecto? Era lo de menos.
- Hija te ves fatal, te estás consumiendo sola. - Hice caso omiso y subí las escaleras. - Kristen, te estoy hablando. - No hice caso, seguí subiendo. - Si te quieres matar o algo, hazlo ahora, es desagradable verte esa cara todos los días, jurando que lo único bueno en la vida es Robert, tampoco hiciste mucho porque se acordará de ti.
- ¡Lo hice! - Le grité.
- ¿Sí? Entonces, ¿Por qué no lo veo acá?
- Porque es un tarado, no me recuerda a pesar de que lo besé, no le importo, y lo que pasó no fue nada, de lo contrario me habría venido a ver, le habría pedido a Lizzy traerlo.
- Hija, sigue tu vida, te bañas, comes algo a la fuerza y te vuelves a acostar, ¿Te acuerdas al menos como eran los atardeceres?
- No me interesa.
- Kristen, por Dios, has algo por tu vida, deja de depender de Robert, ¿Qué pasa si no te recuerda en tres o cinco años? ¿Seguirás así?
- Me muero, de verdad que sí.
- No, tu seguirás tu vida, y lo harás por ti. Puedes seguir amando a Robert, y tratar de tener esperanza de que te recordara, pero no dejaré que te sigas muriendo aquí como una planta sin agua.
- Oh, cómo desearía ser una planta. - Dije sarcásticamente.
- ¿Te escuchas a si misma?
- No, no me importa. - Nada tendría caso, no saldría de mi casa, no quería hacer nada.
- Mañana me acompañarás a buscar un trabajo para ti, quiero que mantengas tu mente enfocada en otras cosas, no en la mierda de tu depresión.
- Lo que quieras. - Subí a mi habitación arrastrando mis pies.
Llegué a mi cuarto y me volví a lanzar a mi cama, Bernie me siguió, le acaricié el lomo mientras me miraba compasivamente. - No me mires con esa cara de compasión.
El timbre de la casa sonó y escuché la voz de Lizzy, ay no, sabía que no se detendría, habían pasado muchos días ya, y ya era hora de que llegara para saber como estaba. Los pasos de ella se escuchaban, hablaba con mi madre, esta le decía que parecía un muerto viviente, de poco me faltaba para ser un esqueleto.
- Hola, Kristen. - Lizzy apareció por la puerta abriendo sus brazos en forma de saludo.
- Ay no, Lizzy no me veas así, mejor vete. - Dije escondiéndome con una almohada.
- Kristen, no seas tonta. - Ella se acercó a mi cama y se sentó en frente mío. - ¿Sabes cuanto te he extrañado? ¡Demasiado! Pero te he respetado, no he dejado que Robert venga, porque la última vez que hablé contigo me dijiste que no querías verlo.
- Con razón no venía. - Dije haciéndome un capullo.
- Tu lo pediste, tonta. - Lizzy se veía todo lo contrario a mí, feliz, resplandeciente y brillante. Necesitaba verme así, pero no tenía ánimos de verme así.
- Nah, no importa. - Nada me importaba, siempre decía lo mismo.
- Sí, importa, vine porque tu madre ayer me llamó. - Dijo sentada sobre sus piernas. No había notado que llevaba el pelo liso, se le veía bonito.
- ¿De verdad? Ogh.
- Me dijo que estabas muy mal, que estabas en los huesos y de que no salías.
- Ni siquiera me veo al espejo, porque se que me debo ver muy mal. - No tenía remedio.
- Mira, vine por varias cosas, primero porque te quiero mucho y eres mi amiga, y te ayudaré a salir de esto, ya respeté por muchas semanas tu silencio, pero ya que veo que estás casi muriéndote debo sacarte del hoyo. - Ella sonaba muy convincente.
- ¿Y qué piensas hacer?
- Pues, mañana iremos al lago con mi familia, y estás invitada, Cameron también irá.
- ¿Cameron?
- Como se nota que ni con tus hermanos hablas, hace dos semanas estamos saliendo, no somos novios ni nada, pero nos divertimos mucho, me habla mucho de ti, y también le afecta verte triste. - ¿Lizzy y Cameron? Nunca me los imaginé saliendo.
- No pienso ir a ninguna parte, Lizzy. - Con mi aspecto espantaría hasta a un espanta pájaros.
- ¿Salgamos a caminar ahora? - Dijo ella un tanto alegre.
- No quiero, de verdad solo quiero dormir. - Dije.
- No, señorita, iremos al salón, ese que está al lado del Little London Coffee, te haré un cambio de look, y mañana irás con tu hermano al paseo. Y si me dices que no te llevaré arrastrando hasta el lago. - No había caso de negarse ante Lizzy, no tenía escapatoria.
- Okay, vamos. - Dije levantándome de la cama.
- Hagamos el intento, mírate a espejo. - Lizzy me tomó de la mano y me encaminó a mi toalet, y me vi. Estaba más delgada, pero no tanto para parecer un esqueleto, mi rostro si se veía demacrado, me veía seca, sin vida, ni siquiera mi cabello brillaba … lo que podía llegar a hacer la pena.
- Okay, tienes razón, debo arreglarme. - Dije levantando mi dedo pulgar hacia arriba y sonreí … no sé hace cuanto tiempo no sonreía.
- Te maquillaré un poco los ojos y te colocaré un poco de base para que no te veas tan pálida. - Asentí, yo me senté en la sillita del toalet y me arregló un poco para salir.
- ¿Qué es de él? - Tuve miedo de saber las respuestas, pero quería saber de todos modos.
- Uhm, pasa día y noche con Bear.
- Ow, eso es muy bonito.
- Sí, y bueno … me recordó. - Oh, que suerte tenía Lizzy. - No me odies, de verdad no me odies, Kristen.
- No te odiaré, Lizzy, supongo que algún día será mi turno. - Obviamente sentía una pequeña molestia, pero bueno, n era culpa de Lizzy.
- ¿Y pregunta por mí?
- Uhm, sí, es que …
- ¿Es que … ?
- Está con Linda. - Lizzy hizo un gesto de culpabilidad, esta era una mala noticia. - Con Victoria intentamos de todo para que eso no ocurriera, pero él decía que era asunto suyo, y nos regañaba cada vez que decíamos algo en contra de Linda.
- Esa maldita perra … - Maldije.
- De hecho, Rob está algo molesto contigo. - ¿Qué?
- Sí, o sea un día me dijo que tenía sentimientos encontrados contigo, volvió a decirme que le gustabas, pero estaba muy confundido, y como dejaste de ir, se sintió decepcionado.
- ¿Decepcionado? ¿De verdad el tiene la desfachatez de sentirse decepcionado? Qué patudez.
- Es cosa de tiempo, créeme, está con Linda por aburrimiento según yo. - ¿Por aburrimiento? Me recordaba a cuando Rob me encontraba que se metía con chicas por no estar solo … y que las usaba para … Ay no, si llegaba a saber que algo había pasado con esa puta me iba directo a un rincón.
- ¿Tu sabes si ellos …?
- No, no ha pasado nada de eso, Kristen, Robert nunca se ha quedado afuera en las noches, y ella tampoco se queda en casa, mi madre no lo permite. De hecho mi madre la ha tratado de la peor manera, y aún así nada, la chiquilla se trae de las suyas.
- Eso es un alivio, si supiera que Robert llega a hacerle el amor a otra mujer, te juro que me voy a otra parte, eso si que no se lo perdonaría por más que este fallado de la cabeza.
- No, eso no pasará, cada vez que la perra va a la casa me quedo cerca, no dejaré que pase nada Kristen, te lo juro. - Lizzy era una gran amiga, y sentía que ella protegería a Robert de tal víbora.
- Tengo plan además, uno mucho mejor que tu disfraz y tus plumas locas. - Mis plumas, esa noche había sido buena, pero en conclusión, una mierda. - Oh sí, un día Robert me dijo que esa noche él tuvo intenciones de llevarte a su cama, pero encontró que era muy precipitado.
- ¿Qué? ¿De verdad?
- Sí, ahora que me recuerda me cuenta todo, también dijo que soñaba con una mujer a veces, pero no sabía quien era, pero lo que contaba eras tú.
- Oh santo Dios, o sea que …
- O sea que en el fondo estás ahí, Kristen, aunque no sepa que eres su mujer.
- Creo que iré mañana, entonces. - Una chispa se había activado en mí. Tenía que estar ahí.
Me cambié el vestido y me coloqué otro más cómodo para dar unas vueltas por el centro, eso de saber que Robert soñaba conmigo sin saber que era yo despertó un poco de esperanza. Ago era algo, lo triste era que había caído en las garras de la perra, algo debía hacer respecto a eso, y Lizzy tenía un plan.
Nos pasamos a tarde en el centro, había teñido mi cabello a un tono más acaramelado, dejé las ondas atrás e hice que me alisarán el cabello permanentemente y que lo desflecarán un poco. Me veía bonita según Lizzy, mi pelo mantenía su largo, pero las capas le daban un look rejuvenecido, lo que necesitaba. Era increíble lo que las palabras de Lizzy podían causar en mí.
Nos fuimos a sentar a esa banca en el muelle del Tamesi, ese mismo que me había enseñado Robert, el mismo en donde venía su padre y su abuelo. Nos sentamos con Lizzy mientras tomábamos un café, miramos el paisaje y nos dejamos embriagar por el cálido y extraño sol en medio del otoño que amenazaba con acabarse pronto.
- Mi idea es la siguiente. - Propuso Lizzy. - ¿Recuerdas a Sebastian?
- Sí, claro.
- Pues, él irá mañana, la idea es que coquetees un poco con él, los celos siempre dan resultados, y sé que a Robert eso le picará el bichito. - ¿Yo provocando celos? Esto era extraño, aunque suponía que lo podía hacer.
- ¿Le pagas para que él haga este tipo de trabajos? - Ella se rió ante mi pregunta.
- No, solo que siempre nos hemos hecho favores, y siempre está disponible.
- Ya veo. Bueno, espero él no se tome atribuciones y sepa hasta donde puede llegar.
- Claro, si le explique, solo deja que haga lo suyo. - Esperaba todo saliera bien. Quedaba un mes y ago para navidad, y no quería pasar esa fecha siendo una desconocida.
«- ¿Pediste algún deseo, mi amor? - Robert me tenía en sus brazos cuando veíamos el espectáculo de los fuegos artificiales en el cielo. Era año nuevo, el primero de muchos que pasaríamos juntos.
- Sí, pero si te digo no se cumplirá tonto. - Dije golpeando su mano que rodeaba mi cintura.
- ¿Dime, sí? Y luego de eso me haces un pastel. - Yo moría de la risa cuando me decía cosas incoherentes. ¿Qué tenía que ver un pastel aquí?
- No te diré, a menos que tu me digas tu deseo. - Dije dándome la vuelta. Mientras al lado nuestro estaba mi familia y la de Robert.
- Pedí que estuvieras cerca de mí siempre, que nada me separara de ti. Porque eres lo más quiero en esta vida. - Dijo dándome un beso tierno en los labios.
- Eres tan tierno, amor. - Lo abracé y deseé que este momento jamás se terminara. - Yo pedí que volvieras de la guerra.
- Entonces volveré, si tu lo pediste sé que si. - Dijo él aún abrazándome.
- ¿Pediste algo más? - Pregunté deseosa de saber.
- Sí. - Dijo sonriendo hermosamente.
- Dime. - Pedí.
- Que me des un hijo. - Abrí los ojos como platos, pero él no bromeaba, lo decía en serio.
- ¿De verdad?
- Sí, y que sea como tú. - Ow, qué ternura.
- No, mejor que sea cómo tú, como esa fotografía en que sales con tu fotografía.
- Bueno, lo que sea que venga, pero quiero algo que sea tuyo y mío y que nazca de nuestro amor. - No necesitaba otra cosa, porque lo tenía al frente mío, tenía a Robert y era feliz.
- Oh, cariño, te amo. - Lo becé, nuestro primer beso apasionado del año. Si ese retoño llegaba este año llegaba este año o el próximo daba lo mismo, lo importante es que sería, cómo mi novio dijo, fruto de nuestro amor.»
Todos en casa se habían percatado de mi nuevo look, decían que al fin había abierto los ojos y que debía preocuparme más de mí. Cameron me dijo que iríamos al paseo, y al fin me contó sobre esa relación con Lizzy, me alegraba por ella y por él. Llegué a mi habitación y me lancé sobre la cama, menos cansada y entristecida que en la mañana, un poco más esperanzada.
.
Cameron y yo nos fuimos caminando a casa de Los Pattinson junto con Bernie. No negaba que mi cuerpo se retorcía al volver allí, había pasado tiempo sin tocar suelo otra vez ahí. Tendría que ser fuerte para no decaer al ver que Rob le tomaba la mano a la puta, o si le daba algún beso, debía mantenerme fuerte. Cameron estaba al lado mío y eso me hacía sentir más segura. Lizzy estaba afuera de la casa, y se lanzó a los brazos de Cameron, vi un tierno beso entre ambos, me extraño pero al parecer me debería acostumbrar, hacían una bonita pareja.
- Kristen, que rico que hayas venido. - Dijo Lizzy abrazándome.
- Fuiste la que me convenció así que debía venir.
- Kristen, tanto tiempo. - Era Clare. Me abrazó con cariño. - Tenemos a la zorra al límite.
Sonreí por eso. - Gracias.
- Aunque igual irá, pero no te preocupes. Recuerda el plan. - Dijo Lizzy.
- ¡Pero que bella se ve mi nuera! - Era Richard. Lizzy lo hizo callar, Robert lo podía escuchar. - Nah, no me callen, Kristen merece este cariño. - Él me abrazó. - Esa mocosa no merece a mi hijo, es muy frívola.
- Gracias, Richard. - Todos estaban alrededor mío, como si fuera la guinda de la torta. Pero todos desviamos la mirada cuando sonó una asquerosa risa, quise matarla con la mirada. Ella estaba colgada al cuello de Robert, aunque él no parecía muy contento. Él no me vió porque Richard me ocultaba detrás suyo, solo alcancé a ver cuando esta se colgaba como mono sobre él.
- Suéltame un rato. - Le dijo Robert bajito a Linda, aunque creo que todos escuchamos eso. Si te molesta tanto, Robert, ¿Por qué mierda estás con ella?
- ¿Listo? - Preguntó Richard.
- Sí. - Él me vio y mi corazón quiso latir. Él quedó impresionado por verme, recordé que él estaba enojado conmigo.
- Hola, Robert. - Saludó mi hermano a Rob.
- Hola, Cam. - Dijo él. Richard mientras se subía al auto con Clare, asegurando que llevaban todo lo necesario para la tarde en el lago.
- Tanto tiempo, Kristen. - Dijo Robert, quise salir corriendo al notar su frialdad. Lo bueno es que en vez de saludarme con un beso en la mejilla me abrazó tan fuerte, era como si me hubiese extrañado. Oh mi Robert, te extrañaba.
- Sí, estaba … enferma. - Dije por decir.
- Estabas triste, que es distinto. - Por tu culpa, tonto.
- ¡Hola! - Ogh, tenía que aparecer ella.
- Hola. - Dije educadamente.
- ¿Le dijiste que somos novios? - Dijo ella saltando como una maldita pendeja. Maldita ya lo sé, no me lo restriegues en la cara.
- Uhm, no sé si sabías … - Dijo él como si se lamentara.
- No sabía, pero que bien por ti. - Más bien, que mal por ti.
- ¿Y tú no vienes con tu novio? - Preguntó ella. Qué niña más desagradable.
- No seas desubicada. - Le dijo él. - Kristen, no …
- Está bien. - Dije antes de escuchar como se disculpaba por ella.
- ¿Dije algo malo? - Esta si que era tonta, cero neuronas en el cerebro.
- ¿Vamos? - Cameron tocó mi hombro.
- Sí, por favor. - Dijo irónicamente. Esperaba Robert hubiese entendido ese tono de molestia mía.
Robert se fue con Linda en su auto, Clare y Richard en otro, y yo en el auto de Lizzy junto a mi hermano. Victoria no iría ya que estaba viendo los últimos preparativos de su boda, y eso le quitaba todo el tiempo del día.
- ¿Y Sebastian? - Pregunté.
- Está allá al parecer, en el lago, con unas amigas mías.
- Genial, siento que debo provocarle celos rápidamente a Robert. No entiendo como está con ella si se nota que no son compatibles.
- Porque tu ex novio es muy estúpido.
- Sí, lo que hace la falta de memoria a alguien.
- Revertiremos eso, Kristen. - Añadió Lizzy.
Si ella lo decía, podía tener un poco de fe. El viaje fue de unos cuarenta minutos, era en las afueras de Londres, un lugar bastante campestre. Estaba más nublado que en Londres, y yo había traído traje de baño para nadar un rato, pero bueno, al menos sería una tarde entretenida. Me quedé media dormida en el trayecto, mientras escuchaba como Cameron cantaba una canción que al parecer se la dedicada a Lizzy. Nunca había visto a mi hermano tan prendado de alguien, debía ser la sangre que corría por los Pattinson que embrujaba, y lo entendía.
- Ven, allá está Sebastian. - Lizzy lo apuntó, él estaba junto a otras dos chicas. Estaban preparando comida al parecer, ya era la hora de almuerzo. Caminé junto a Lizzy, y Cameron tomo la mano de esta. Era adorable.
- ¿Y ellas quienes son? - Pregunté.
- La de pelo rubio es su hermana, se llama Suzie, y ella, la de vestido negro, es amiga de Suzie. - Nueva gente al círculo, pensé.
- ¡Sebastian! - Lizzy corrió a los brazos de él.
- No te pongas celoso, Cam, conozco a Lizzy. - Al parecer a Cameron no le gustaba esa amistad que tenía Lizzy.
- Lizzy, ¿Cómo estás? Te presento a Scout y a Suzie. - Las chicas estaban preparando ensaladas, debían de tener la misma edad que yo, parecían simpáticas.
- Hola, chicas. - Dijo Lizzy, Cameron también saludó. Yo era la única en silencio.
- ¿Tú eres Kristen cierto? - Me pregunto Sebastian.
- Sí, soy yo. - Lo saludé, y para mala suerte mía llevaba el mismo perfume que Robert ocupaba.
- Eres la chica del plan. - Dijo él con gracia.
- Sï esa misma, aunque si no quieres actuar no lo hagas. - Dije de antemano.
- No te preocupes, soy actor, suelo hacer estas cosas.
- ¿De verdad? - Me impresioné por la soltura con que lo decía.
- Sï, aunque esta niñita. - Dijo en dirección de Linda. - Fue difícil de convencer.
- Me imagino, es muy desagradable y estúpida.
- No se nota que la odias. - Dijo Sebastian. Al menos el tipo me caía bien, eso haría las cosas más fáciles.
- Para nada. - Dije.
- ¿Eres norteamericana? - Preguntó Scout.
- Sí, de California. - Dije orgullosa, extrañaba a mi país.
- Nosotras también. - Dijo Suzie.
- Vamos a ayudar en unas cosas y volvemos. - Interrumpió Lizzy tomando a mi hermano por el brazo.
- Okay. - Dije. Me senté en una de las bancas mientras ellas picaban vegetales.
- Soy media hermana de Sebastian, él si es británico. - Dijo Suzie.
- Oh, ya veo. - Dije. Sebastian se sentó al lado mío, dándome una naranja. - Gracias.
- ¿Y por qué te viniste a Inglaterra? - Preguntó la más pequeña, Scout. Era muy risueña, y parecía tener un ánimo chispeante.
- Pfff, larga historia. - Dije suspirando.
- ¿Recuerdan la historia de la chica con el novio sin memoria? - Les dijo Sebastian a ambas, a lo que estas asintieron. - Bueno, es ella. - No supe si sonreír o llorar por eso.
- Oh, lo siento, cariño. - Dijo Scout. - Debe ser muy crudo.
- Bastante. - Dije dándome la vuelta y buscando a Robert. Estaba con la perra, la tenía tomada de la mano.
- ¿Está aquí? - Preguntó Suzie.
- Sí, con esa mosca muerta que se menea de un lado a otro.
- ¿Son novios? - Preguntó Scout aterrorizada.
- Sí. - Dije apenada por eso.
- Por eso la ayudaré a sacarle celos al patán. - Dijo Sebastian.
- Los celos son una arma de doble filo, Kristen. - Dijo Suzie.
- Lo sé, pero es la única manera de lograr algo. - Dije .
- Te ayudaremos, si es que quieres nuestra ayuda. - Dijo Scout. - Además somos compatriotas. - Dijo sonriente.
- Gracias, de verdad.
Seguimos un buen rato conversando, las ayudé a hacer unos platos de entrada para el almuerzo. Sebastian había arreglado la carne en un asador bastante artesanal, a ratos me llamaba para que le ayudara en algunas cosas. Me decía cosas al oído, aunque eran solo una pantalla, porque según él Robert miraba hacia nuestro lado, por lo tanto había que actuar. Si Robert miraba era porque estaba pendiente de mí, a pesar de que tenía a una boba como novia. Luego, comenzamos a servir la comida, y al final me había quedado con ellos a almorzar. En un plato corté carne para mi Bernie, ella lo aceptó gustosa.
El sol comenzó a salir un poco, quizás si se despejaba más podría colocarme mi traje de baño y hacer de las mías. Lizzy también había traído uno asi que no sería la única.
- Sea como sea, eres muy bonita. - Me dijo Sebastian mientras dábamos vuelta por el campo.
- Gracias. - Dije esbozando una sonrisa.
- ¿De verás esperarás hasta que el se acuerde de ti?
- Sí, lo amo. - Dije muy segura.
- ¿Y si no te recuerda? - Me dolía pensar en esa opción.
- No hablemos de eso, por favor.
- Como quieras, Kristen, si algún día te cansas, yo te puedo dar mucho amor. - Oh, creo que él lo decía en serio. En fin solo me reí ante eso.
Nos sentamos a la orilla del lago y me quite mis alpargatas, para poder mojar mis pies en el agua. Sebastian hizo lo mismo y comenzamos a chapotear, hasta mojarnos un poco la ropa. Fue divertido, olvidé por un momento que todo era para causarle celos a Robert y me deje llevar por el momento. De repente un pequeño cuerpecito de animal empujo mi espalda, me di la vuelta y vi que era Bear.
- ¡Bear! - Lo tomé por su cuello y le hice cariño. - Te extrañaba, pequeño.
- ¿De quién es el perro? - Me preguntó Sebastian.
- Es mío. - Dijo Robert apareciendo con Linda. Qué asco esto.
- Lindo perro. - Dijo Sebastian, cruzando su brazo por mi hombro.
- ¿Podemos sentarnos junto a ustedes? - Preguntó la perra.
- Claro. - Dijo Sebastian.
Robert se sentó a mi lado y la tonta al lado suyo, era extraño. Él con ella, y yo con Sebastian. Era muy bizarro, era como si en un mundo paralelo nunca nos hubiéramos gustado y ahora fuésemos amigos y cada uno con sus respectivas parejas.
- Te extrañé. - Me dijo Robert acercándose a mi oído. Sebastian alargó su brazo a lo que Rob se alejó.
Creo que estaba funcionando.
- Bien por ti. - Dije haciéndome la interesante. Él me miró extrañado, quise revertir lo que dije.
- ¿Kristen no te bañarás? - Preguntó la perra.
- Creo que más rato. - Dije pendiente de la reacción de Robert.
- ¿Robert nos bañamos? - Le preguntó ella a él, y Robert accedió. Debe haber aceptado por mi forma de actuar.
Robert se levantó del pasto mirándome feo, si, se había molestado. Los celos de algo funcionaban, aunque él se hubiese molestado. Robert fue a dejar a Bear a donde estaba Lizzy con Cameron, pero esto comenzó a escaparse de un lado a otro. Mientras Linda se quitaba la ropa, no era la gran cosa, era demasiado flacucha y tenía mucho busto, lo que la hacía ver deforme. Comenzó a probar el agua con la mano, por lo tanto estaba semi inclinada. Bear andaba como loco, estaba feliz, yo lo sabía, conocía a mi perro. En eso, vino corriendo hacia donde Linda y la botó al agua. Linda cayó de boca, quise explotar de la risa. La muy perra ni siquiera sabía nadar y se puso a chapotear tan fuerte que todos se dieron cuenta de que un perro la había empujado.
¡Bien, Bear! Mi perro había hecho lo que yo encantada habría hecho. Hubiera retratado ese momento, ella con su trasero al aire probando el agua, Bear alocado lanzándola al agua. Eso Bear, defiende a tu madre y mata a esa perra.
Bernie había llegado al lado de Bear, se restregaron el uno con el otro, se habían extrañado. Como me gustaría ser Bernie y que Bear fuera Robert.
- ¡Robert! - Gritaba ella desde el agua. Sebastian y yo mirábamos casi explotando de la risa.
- ¿Cómo tan torpe? - Le dijo Robert alzando su mano para que ella la alcanzara. Esta la tomó y por poco se puso a llorar.
- Tu maldito perro me empujó.
- No le digas así a mi perro. - Dijo Robert.
- ¿Vas a defender a tu perro? - Ella estaba desconcertada, humillada y empapada. Era una idiota sin cerebro y bien merecido se tenía esto, ¿Por qué no te quebraste una pierna, imbecil?
- Sí, es como mi hijo, así que ubícate. - Dijo seriamente Robert. Quise aplaudir la forma en que él la había tratado. De verdad no comprendía por qué estaba con ella.
- Iré a columpiarme. - Le dije a Sebastian.
- Sí, no hay problema, bonita. - Ambos hablamos en voz bien alta para que Robert nos escuchara.
Pase al lado de Robert, sentí su aroma y quise desfallecer. Caminé con mis pies descalzos hasta llegar al árbol que sostenía un columpio. Bear me había seguido, y Bernie había seguido al pequeño de manchas grises, ambos se pusieron a jugar. Me quité el vestido, y me quedé con mi traje de baño de verde, el sol resplandecía justo ahora, quizás luego de columpiarme como una niña me lanzaba a nadar un poco en el agua. Me senté en el columpio y comencé a balancearme. El viento golpeaba mi cara, cerré los ojos dándome un respiro por un rato, creyendo que Robert me recordaría. Soñando en ese bonito reencuentro. Aumenté la velocidad del balanceo y el viento alocaba más mi cabello, la vista era hermosa, el lago eran lo bastante grande, para crear una fina alfombra de agua, que reflejaba el sol.
- Hola, bonita. - Era él. Abrí los ojos y Robert estaba a mi costado. Traté de disminuir la velocidad del columpio, para saludarlo. Me demoré, hasta que pude y di un salto hacia adelante. Casi caí al agua, pero él me agarró del brazo.
- Hola, Rob. - Dije. - Gracias. - Al contrario de Linda, él no me había dejado caer al agua como a Linda.
- ¿Cómo estás? - Dijo sonriendo. De verdad los estados de ánimo de Robert me matarían.
- Bien, ¿Y tú? - Pregunté cuando noté que él llevaba unas bermudas y una camiseta del ejercito.
- Bien, bonita. - Ow, me decía bonita.
- Bear te extrañaba al parecer. - Bear daba unas vueltas locas a mi alrededor. Estaba desesperado por verme.
- Parece, lo cuide mucho tiempo, le tomé cariño a tu perro. - Dije.
- Hola, Bernadette. - Él se sentó en el pasto y se cruzó de piernas mientras saludaba a Bernie.
- Dile Bernie, se acostumbró a ese nombre. - Le dije mientras me sentaba tomando la misma postura de él, pero al frente suyo.
- Oh, hola Bernie. - Esta le sacó la lengua y se dejó caer.
- ¿Por qué te fuiste tan de repente? - Me preguntó él.
- Me sentía apenada, Rob. - Dije jugando con mis manos. - Estaba mal, de verdad, no quería ver a nadie ni traerle problemas a nadie.
- Te extrañé, ¿Sabías? - Solté una sonrisa de suficiencia mirando el pasto.
- ¿De verdad? - Le pregunté sin mirarlo.
- Sí. - Respondió certeramente.
- También te extrañé. - Aproveché de decir.
- ¿Te bañarás? - Preguntó. - Digo, como andas con traje de baño.
- Tú también andas con traje de baño. - Dije.
- ¿Quieres bañarte? - Bañarme en el agua con él, sonaba bien.
- Bueno. - Obvio que accedí, él no me trataba como trataba a Linda.
Robert se quitó la camiseta y quedé boba al verlo, hace mucho tiempo que no veía su firme abdomen. Ansiaba acariciar su espalda como antes, perderme mientras contaba sus lunares. Él tomó mi mano y entramos al agua.
- Oh, está tibia. - Dije nadando un poco.
- Está perfecta. - Dijo él. - Como tú.
- No digas eso, tienes novia. - Le recordé, aunque estábamos lejos de los demás, nadie lo escucharía.
- Me da lo mismo, si tú estás cerca, eso se me olvida. - Mejor olvídate de que no me recuerdas, y ¡Recuérdame!
Robert se acercó a mi y tomó mi mano, hizo que nos adentráramos más en el lago, hasta que yo tocara el suelo. Tomó mi cintura y me pegó a su cuerpo.
- ¿Qué haces? - Le pregunté.
No me respondió, solo se acercó a mí y me besó, ¿Por qué me besas, Rob? Me haces daño, pero a la vez esto me gusta. Tomé su cabello mojado e hice que nos hundiéramos en el agua. Muchos recuerdos viajaron por mi mente, contando la vez en que estuvimos juntos en el Tamesi. Rodeé su cintura con mis piernas, y lo besé olvidando si después me sentía como la mierda, al menos ahora tenía sus labios. Lo tenía junto a mí, y Linda no podía disfrutar de esto.
Solo esperaba que este beso ayudara a la cabeza de Robert a recordarme.
Volvimos a la superficie.
- No me preguntes por qué, no suelo tener respuestas para muchas cosas desde que estoy mal, pero me vuelves loco. - Creo que con eso podía desfallecer.
Sus labios mojados, su cuerpo pegado al mío y el hecho de que me dijera que lo volvía loco era la mejor combinación. No quería que esto se acabara, lo tenía en mis brazos, y era mejor que aquella noche en la fiesta.
Perdón por actualizar tan tarde, pero las promesas son promesas, y debía actualizar hoy en la noche. Gracias inmensas por la paciencia, como siempre. Espero les haya gustado el capítulo, espero sus opiniones como siempre:) Un beso, y abrazo gigante, Mary:)
