Eclipse
Capitulo 14 – Estrategia y sacrificio
Harry seguía aferrándole las muñecas y miraba fijamente la cara sucia de sangre y tierra. Trataba de procesar lo que había oído. ¡No podía ser cierto! Draco no podía haberle estado ocultando algo como eso. Tenía que tratarse de una broma o quizá de una alucinación.
Pero las muñecas de Draco se sentían sólidas bajo sus dedos, no estaba alucinando. Y en vista de la expresión de espanto y de las arrugas tensas en el rostro de Draco, tampoco se trataba de una broma.
¿Me voy a morir? Resonaba la pregunta una y otra vez en su mente. No estaba seguro de haberla pronunciado en voz alta.
Draco también lo miraba fijamente y terminó bajando la cabeza y apoyándosela sobre el hombro. Algo tibio y húmedo –sangre– le estaba empapando la remera. La voz amortiguada de Draco le alcanzó el oído.
–No lo sé, Harry. No lo sé.
Las palabras parecieron hacerle añicos la consciencia. El mundo parecía girar a su alrededor. Era demasiado para poder creerlo. La garganta se le cerraba y el corazón le latía irregularmente.
¿Tres días? ¿Sólo… me quedan tres días? No… es imposible. Voldemort no puede alcanzarme aquí. Escapamos. Estoy seguro… Draco me lo habría dicho antes si fuera cierto… ¡Ay, Dios!... tres días…
Soltó las muñecas de Draco y dio un paso inseguro hacia atrás, vio desolación en el rostro de Draco, sucio de tierra y sangre y ahora también surcado de lágrimas. Se dio vuelta y empezó a caminar, el mundo parecía temblar con cada uno de sus pasos.
–Tiene mi sangre. –mascullaba– Mi sangre. Es lo que necesita para la poción. Tiene mi sangre. Tres días. Me voy a morir dentro de tres días… –cayó de rodillas.
–¡Harry! –Draco corrió hacia él.
–Me voy a morir. –repitió, ni siquiera sentía que las palabras salieran de su boca, de repente sentía mucho frío y se sentía muy mareado, se puso en cuatro patas para sostenerse mejor pero la tierra seguía oscilando de un lado para el otro.
Las manos de Draco lo sostuvieron de los hombros. –Harry, ¡oíme! ¿Podés oírme? ¡Vamos, Harry, hablame!
–Yo… –podía oírlo pero no podía responderle, la revelación había sido como un golpe físico y todavía le era imposible reaccionar.
–Harry, sentate y mirame.
Draco lo ayudó a sentarse, lo miró a los ojos. El contacto visual fue devolviéndolo a la realidad, Draco le estaba apretando los hombros con fuerza, si bien sus manos temblaban. Draco tenía miedo… eso lo aterrorizó aun más.
–¡No quiero morir! –gritó conteniendo un sollozo– ¡No quiero morir!
–¡No te vas a morir, Harry!
–Pero… si vos dijiste… tiene mi sangre… no podemos detenerlo…
–Pensaremos en algo… o Snape o Dumbledore… ¡para eso mandé a Biddy!... para que le buscaran una solución…
Harry dejó escapar una risa forzada. –Por eso era que todo el tiempo insistías en que nos diéramos prisa… ¿por qué no me lo dijiste antes? –hundió la cara en las manos y se frotó los ojos bajo las gafas.
Draco le soltó los hombros. –No… tengo una explicación para eso. No tenía el derecho de ocultártelo. Debería… habértelo dicho antes.
Harry lo miró, tenía la expresión apesadumbrada y la frente apoyada sobre una mano. ¡Cómo se atrevía a mostrarse tan abrumado? ¡No era su vida la que se iba consumiendo con cada minuto! Estaba furioso de que no se lo hubiera dicho. Siempre le habían ocultado cosas. Y cuando le ocultaban cosas alguien terminaba muriendo. Y esta vez el que se iba a morir era él.
–¡La gran puta… claro que deberías…! ¡Recién ahora te das cuenta? – apretó los puños, Draco se echó hacia atrás intimidado.
–Traté de decírtelo… de verdad… vos no me dejaste… y yo no insistí… no era algo de lo que quisiera hablar… debería habértelo dicho… –apartó la mirada.
–¡Y por qué carajo no lo hiciste? –aulló Harry– ¡Tendrías que habérmelo dicho igual… sin importarte lo que yo te dijera! ¿Para qué tenés esa cabezota de Slytherin!
–Creo… pensaba que teníamos tiempo… que llegaríamos a Hogwarts antes y que Snape tendría alguna solución… él es el mejor… yo… no quería asustarte…
–¡Oh… qué plan excelente! –Draco hizo una mueca de desagrado ante el tono de sarcasmo.
–¡No es que lo haya planeado…! Las cosas que planeé no dieron resultado…–hundió la cara en las manos.
Quizá estaba llorando, pero a Harry no le importaba. Estaba fastidiado, furioso, frenético…
–Había planeado usar las pirámides como trasladores pero Biddy no pudo conseguirlas. Había planeado que escapáramos antes de que Voldemort te sacara la sangre, pero se me adelantó. Y se suponía que avanzáramos más rápido… pero pasaron tantas cosas que nos demoraron. –se estremeció– Te lo iba a decir el primer día… pero vos estabas tan débil. Y después estábamos escapando de los mortífagos y no quería preocuparte más. Y no quería hablar de eso… me hacía pensar en lo que le podía haber hecho a mi madre… y lo hacía parecer real. Y después nos empezamos a llevar bien… y no quería arruinarlo. –se golpeó el muslo con el puño– Igual lo arruiné todo… esperé demasiado… ¡es mi culpa!... y quizá no lleguemos a tiempo… y aunque llegáramos a tiempo, no es seguro de que haya solución… ¡y vos te vas a morir!... ¡y es todo mi culpa! –empezó a golpearse las piernas con saña– ¡Soy tan imbécil! ¡Es todo mi culpa!
–¡Draco, pará! –gritó reteniéndole las manos– Lastimarte no va solucionar nada…
–¡Pero es que no hay nada que pueda solucionarlo! ¡Que acaso no te das cuenta todavía?
Al verlo así, entrando en pánico, Harry se obligó a recomponerse, por lo menos uno de ellos debía mantener la mente despejada. Tenían algo de tiempo… algo podrían hacer.
–Pensá en lo que me dijiste recién… todavía podemos llegar a tiempo… Snape sabrá qué hacer. –trataba de convencerse a sí mismo, la alternativa era demasiado terrible– ¿Draco?
–Pero es que no sabemos cuánto nos falta… eran ciento cincuenta kilómetros en línea recta… pero tuvimos que subir y bajar… y desviarnos… y tuvimos que detenernos varias veces… no sé cuánto pueda faltar todavía…
–Todavía podemos hacerlo. Tenemos que ponernos en marcha y no parar… correremos si hiciera falta. Vamos a llegar a tiempo… y Snape podrá solucionarlo…
Draco lo miró desolado. –No hay antídoto, Harry.
–¿Cómo!
–No hay antídoto, ni contraconjuro. Tenía el libro. La versión original de la poción Eclipse del alma. Mi padre me la hizo estudiar, se suponía que yo iba a asistir a Ya Sabés Quién en la preparación. Memoricé esa parte del libro de atrás para adelante y de adelante para atrás, Harry. No mencionaba nada que pudiera contrarrestar el efecto. Claro que Snape podría haber encontrado uno…
Harry había estudiado sobre terremotos en la escuela, sabía que ocasionalmente las réplicas podían ser más violentas que el temblor original. Esta segunda revelación lo sacudió más que la primera. El mundo parecía desmoronársele. –¿Y Snape podrá…?
–Snape es el que más sabe de Pociones, nadie mejor que él…
Harry dejó oír un susurro seco. –Quisiera creerlo más que nada en el mundo… pero no puedo.
Draco vaciló un momento luego se inclinó hacia él y lo tomó de los hombros. –Te hice la firme promesa de que te iba a llevar de vuelta… y así tuviera que venderle mi alma al diablo te aseguro que la voy a cumplir y me voy a asegurar también de que vivas lo suficiente para que pueda vencerte en el próximo partido de quidditch.
–¿Se supone que eso tenía que hacerme sentir mejor?
–Quizá… ¿dio resultado?
–No sé… pero tenemos que ponernos en camino. –se puso de pie– ¡Tenemos que movernos ya…! –empezó a alejarse a grandes pasos.
–¡Ay…! ¡Esperame, Harry…! – Draco lo siguió rengueando un poco… ese agujero donde había metido el pie rato antes… –¿Estás seguro de que ésa es la dirección correcta?
Harry sacó la varita. –¡Orientame! – tuvo que modificar un poco la dirección. –Por acá.
–Te sigo.
Harry partió sin demora y a gran velocidad, no iba corriendo precisamente, pero no le faltaba mucho para eso… no podía pensar, no quería sentir… lo único que importaba era que tenían que llegar a Hogwarts a tiempo.
Harry perdió la noción del tiempo y los detalles del paisaje se le borraban. Pasaron por áreas de árboles abigarrados, bordearon colinas, escalaron riscos y volvieron a descender al valle, cruzaron varios arroyos serpeantes. A mitad de camino de una escalada le llegó la voz de Draco.
–Harry, ¡pará un momento!
Se dio vuelta. Draco se esforzaba por alcanzarlo, estaba sin aliento. Harry también… pero tenía demasiada adrenalina en la sangre como para haberse dado cuenta. Sacudió la cabeza. –No podemos detenernos… no tenemos tiempo.
Draco llegó finalmente a su lado. –Harry, si no te detenés siquiera unos minutos te vas a matar antes de que podamos llegar. ¡Sé razonable y paremos un rato! –sacó el frasco del bolsillo y lo llenó con un golpecito de varita.
–No puedo tomar nada… siento el estómago raro.
Draco le puso el frasco en la mano. –¡Tenés que beber!
Harry no quería ponerse a discutir. Se bebió el contenido de un solo trago y le devolvió el frasco. Draco volvió a llenarlo y bebió él también. Respiró hondo y lo miró serio. –Ahora tenés que comer algo.
–Ni lo sueñes… lo único que me faltaba… que te pongas a hacerme de madre.
–Quizá eso es lo que te hace falta. –dijo Draco enjugándose con un dedo una gota de agua que le caía por la barbilla– ¿Sabés la hora que es?
–No, lo único que sé es que estamos perdiendo el tiempo hablando cuando bien podríamos estar avanzando.
–Harry, deben de ser las cuatro. ¡Estuvimos caminando sin parar durante tres horas! Si es que se le puede llamar "caminar", en realidad estuvimos casi corriendo. Me costó muchísimo poder seguirte el ritmo.
–No iba tan rápido… ¿y por qué no dijiste nada hasta ahora?
–Con lo mal que estás reaccionando ante este descanso para tomar agua. No quiero ni saber cómo me habrías contestado si te pedía que fueras más despacio.
Harry se apoyó contra el tronco de un árbol y se dejó caer deslizándose hasta al suelo, recién entonces reparó que las piernas le temblaban y que los músculos protestaban doloridos. –No se me ocurría ninguna otra cosa que hacer… tenía que moverme.
Draco se dejó caer a su lado con un resuello de dolor. –¿Y tu intención es seguir caminando toda la noche?
–Si es preciso, sí.
–En algún momento tenés que parar.
–Cuando lleguemos a Hogwarts.
Draco suspiró profundamente. –Por lo menos comé algo… todavía quedan galletitas de chocolate. Vamos… comé una. –se la depositó en la rodilla.
Harry la tomó y le dio un mordisco. Por reflejo su estómago reaccionó con un gruñido de hambre.
–¿Ves? –dijo Draco señalándole la panza– Está de acuerdo conmigo.
La pincelada de humor le hizo soltar lo que había estado conteniendo todo el tiempo. Dejó oír un sonido…medio grito, medio sollozo. –¡Cómo puedo estar comiendo en un momento como éste?
Draco se sobresaltó ante el arranque repentino. –¿Harry?
–¡Mirame acá… en medio de ninguna parte… me voy a morir dentro de tres días y estoy sentado comiendo una maldita galletita!
Draco se removió incómodo. –Bueno… podrías comer un sándwich… la energía te vendría bien…
–¡No es eso a lo que me refería!
–Harry… ¿a qué te referías entonces? –Draco lo observaba con expresión desolada e impotente. Fue como si un dique hubiera cedido de repente.
–¡Está ocurriendo OTRA VEZ! ¡Voldemort está tratando de matarme otra vez! Y esta vez no puedo pelear, ¡no puedo detenerlo! ¿Qué se supone que pueda hacer? ¿Quedarme acá sentado viendo como se me acaba el tiempo? ¡No lo puedo soportar! –dio duramente con el puño contra el tronco y se laceró los nudillos– ¿Cómo me puedo quedar sentado siquiera un minuto, si un minuto puede significar la diferencia… de que él me venza o no? ¡No puedo detenerme! ¡Necesito moverme… o pelear… o algo! ¡Pero necesito hacer algo!
–Estás haciendo todo lo posible, pero no podés reventarte del esfuerzo… sin comer ni beber… vas a terminar matándote antes.
Harry replicó con un hilo de voz. –Prefiero matarme yo mismo antes de que me mate Voldemort.
–No hables así, Harry.
–¿POR QUÉ NO? –le espetó Harry medio histérico– ¿Por qué carajo no? –se puso de pie de inmediato y empezó a caminar ida y vuelta– ¡No le voy a permitir que me agarre, Draco! Fueron muchas las cosas que me quitó… ¡a mí no me va a tener! No me voy a entregar sin presentarle lucha.
–En ningún momento sugerí lo contrario.
–¿Y qué es lo que sugerís entonces? Ya que parece que sos el experto…
–Harry, no conviene que te pongas histérico…
–¡Es demasiado tarde! ¡Ya es demasiado tarde!
–Tenemos tres días… muchas cosas podrían ocurrir en tres días.
–-¿Cómo qué?
Draco empezó nervioso a enrollar el dedo en la manga. –Bueno… podríamos llegar a Hogwarts y Snape podría tener algo listo…
–¡Eso si llegamos a Hogwarts…! Y vos dijiste que no hay contraconjuro, así que lo más probable es que Snape no tenga nada…
–Snape es el mejor de los expertos en Pociones de Gran Bretaña, si alguien puede…
–Snape me odia tanto como odiaba a mi padre, incluso si pudiera ayudarme, ¡seguro que fingiría que no puede! –Harry apretó los puños tratando de contener el vendaval de emociones. ¡A Snape le importaba un rábano si él vivía o no! ¡Qué conveniente para Snape y cuán repugnantemente irónico para mí! ¡Tengo que arreglármelas solo! ¡Cómo siempre!
–Puede ocurrir algo que detenga a Ya Sabés Quién, Harry, quizá…
Harry sintió como si un gran tendón interno que lo estaba conteniendo se hubiera soltado de repente. –¡Yo soy el único que puede detener a Voldemort! ¡Eso es lo que me dicen! ¿Sabés qué? Quizá debería ir a enfrentarlo en lugar de estar escapando… ¡Ja!... Quizá yo pueda detenerlo. ¡Eso es! ¡Me cuelo en la fortaleza de noche y lo asfixio con una almohada! O quizá lo podría desafiar a una competencia de pulseadas, ¡el que gane dos de tres pulsos se lleva todo! Claro, algo así podría resultar… ¡porque es tan fácil detenerlo!
–No, ¡ésas son boludeces que sólo a un Gryffindor se le podrían ocurrir! ¡Si hasta puedo imaginarte intentando insensateces como ésas! Vamos, Harry, ¡sé razonable!
–¿Querés que sea razonable? –tiró de la cadena del deslocalizador y lo sacó de debajo de la ropa– Quizá debería dejar que me agarre. –susurró con aspereza– Quizá debería darte el deslocalizador para que puedas escapar corriendo. Y luego pelearía con él. Podría ganarle. No puede matarme si yo lo mato primero. –retomó su ir y venir.
–¡Esperá! No fue eso lo que quise decir, yo…
–¿Por qué no? –dijo Harry con un tono calmo muy inquietante– Podría matarlo. Podría ganarle. Le he ganado antes.
–Harry, escuchame…
–No, escuchame vos. ¿Se supone que sea él o yo? Siempre fue así, nunca tuve un recreo. Quizá si estoy muerto pueda tomarme un segundo de descanso. ¡Ja! Debería haber pensado en eso hace mucho. ¡Mierda! Los últimos quince años han sido tiempo prestado, así que… ¿por qué no? ¡Desaparecería para siempre pero bien a lo grande!
–¡Todo lo que decís no es más que una sarta de insensateces!
–No, Draco, lo que digo es perfectamente cuerdo, es el mundo el que se ha vuelto loco. Pero eso no es nada nuevo, a estas alturas ya debería estar acostumbrado, ¿o no? Un enfrentamiento con mi mortalidad todos los años. Éste no sería sino un episodio más en la fascinante aventura que es mi vida.
–¿Te querrás callar por un momento y…?
–¿Es que no entendés? Todos los años estuve a punto de morir, Draco… desde los once a esta parte. ¡Y ahora está volviendo a pasar! En primer año fue Voldemort mismo… y en segundo, la pelea a espada con el basilisco. En tercer año, los dementors. Nada mejor que que te aspiren el alma, ¿verdad?
–Harry…
–Ah… y ésta es mejor aun… cuarto año: un duelo con Voldemort. ¡Un duelo real! ¡Usó Avada Kedavra! ¡La única razón por la que no me mató fue porque tenemos varitas hermanas! Pero tuve que ser testigo de cómo mataban a Cedric… ¡Oh sí! ¡Eso fue maravilloso! Y quinto año… en el Ministerio… contra Voldemort y los mortífagos…
Se detuvo frente al árbol y volvió a darle un puñetazo violento. –Todas las veces podría haberse evitado, pero alguien siempre me había mentido, ¡todas las putas veces! –otro puñetazo contra el tronco y un gruñido de dolor– Y todos me dicen que es para protegerme… ¡y terminan casi matándome! –retomó el ir y venir– pero cuando pasó a su lado, Draco lo agarró de la manga y lo hizo detener.
–¡SENTATE!
Quizá fue por lo perentorio y violento de la orden, pero Harry no protestó. Se dejó caer sentado a su lado. –Eh…
Draco lo miró fijo a los ojos. –No le vamos a permitir que te agarre. Y vos no te vas a matar para impedirle que te mate… incluyendo comportamientos suicidas insensatos como sacarte el deslocalizador… ¡volvé a guardártelo bajo la ropa!
Harry obedeció de inmediato.
Draco asintió aprobador. –Así está mucho mejor. –trataba de aparecer calmo y controlado, pero no le salía del todo bien, algo de miedo se le seguía notando.
Harry se dio cuenta. –Pero en realidad no mejora nada, ¿o sí?
Draco vaciló. –Todo va a salir bien…
Harry sacudió la cabeza. –Draco… ¿y si no llegáramos a tiempo?
–Vamos a llegar.
–Pero, ¿Y SI NO? –Harry dio ahora un puñetazo contra el suelo– ¿Tenemos algún plan? ¿Algo que podamos hacer?
Miró a Draco con esperanza, necesitaba una respuesta… cualquier respuesta.
Draco apartó la vista. –Yo… tuve una idea… pero no serviría… empecé a juntar cosas… plantas… pero no resultaría… Tenés razón, tenemos que seguir caminando. Snape va a tener todo lo necesario cuando lleguemos a Hogwarts… y sé que vamos a llegar.
Se puso de pie tambaleante y le indicó a Harry que hiciera otro tanto. Luego hizo un floreo con la mano y dijo –Te sigo.
Harry controló la dirección con la varita. Y se puso en marcha, pero no llegó muy lejos.
–¡AAYY!
Harry se dio vuelta de inmediato. Draco estaba doblado agarrándose el tobillo y maldecía a diestra y siniestra.
–¿Qué pasa?
–Nada… una maldita inconveniencia.
Harry retrocedió hasta él. –¿Qué te hiciste?
–¡Cómo puedo ser tan boludo! –Draco estaba tanteando apoyar el peso sobre el tobillo crítico.
–Draco… –Harry no disimuló una arista amenazante en el tono.
–Debe de haber sido esta mañana cuando estaba corriendo… metí el pie en un pozo, creo que me lo torcí.
Harry frunció el ceño. –Pero si estuviste caminando durante horas…
–¡Brillante observación! Y me estuvo doliendo todos y cada uno de los minutos.
–Y entonces… ¿por qué recién ahora…?
–Se puso peor, más tenso ahora que paramos… pero no es nada… seguro que se vuelve a aflojar cuando me ponga a caminar. Tenemos que ponernos en camino… aunque quizá no tan rápido.
Harry asintió intranquilo y se volvió para reiniciar la marcha, pero hubo otro chillido de dolor y el sonido de Draco cayendo en tierra. Giró de nuevo, Draco estaba enrollado sobre el suelo, agarrándose el tobillo y maldiciendo otra vez.
Harry estuvo a su lado en una fracción de segundo. –Creí que habías dicho que estabas bien.
–Bueno, mentí. –aulló Draco.
–Dejame ver. –dijo Harry estirando una mano, pero Draco apartó el pie.
–¡No lo toques! ¡Ayyy! ¡Mierda! ¡Mierda! ¡Mierda! –apretó los dientes y respiró hondo sacudiendo la cabeza– Creo que debo de haberme desgarrado algo.
–Debe de ser una broma…
–¿Te parece acaso que estoy bromeando!
Harry intentó alcanzarle otra vez el tobillo. Draco lo apartó de nuevo. –¿Qué creés que vas a hacer?
–Trato de ayudarte… pero no estoy seguro del proceso…
–Te dije que no lo toques. Me duele.
Harry apretó las mandíbulas y le dirigió una mirada seria. –Pues lo lamento. –a pesar de las protestas de Draco le desató la zapatilla y se la sacó y luego la media. El tobillo estaba horriblemente inflamado, casi al doble del tamaño normal y la piel había adquirido una coloración morada espantosa.
–¡Oh Jesús! –susurró para sí.
–¿Quién?
Harry sacudió la cabeza con los ojos fijos en la articulación dañada. –No, nada… no importa… creo que ni Él podría ayudarnos en un caso como éste.
–¿Cómo se ve? –Draco trató de incorporarse para sentarse, se miró el tobillo– Creo que voy a vomitar.
–Por favor, tratá de aguantarte. ¿Qué encantamientos conoces para curar tobillos… esguinces… o como quiera que se llamen…?
Draco gruñó irritado. –Nada tan específico. Sé encantamientos para curar raspaduras, pequeños cortes, moretones y cosas así… ah… y uno muy bueno para dolores de cabeza, que vengo usando seguido desde que estoy con vos.
–La verdad es que deberías mostrarte más amable conmigo… ¡porque estoy tratando de ayudarte!
Draco se apoyó sobre los codos para sostenerse. –¡Bueno, perdón! ¡El tobillo me duele como un infierno… no estoy de humor como para muchos cumplidos!
–¡Y tener sólo tres días más de vida no es precisamente algo que me fascine o me ponga de buen ánimo… que no se te olvide!
Draco le puso freno a su berrinche. –Está bien, está bien… los dos estamos muy nerviosos… razones nos sobran… Decía que no conozco ningún encantamiento específico para esto. Sólo algunos de primeros auxilios… no soy un sanador. –su expresión cambió– En realidad… se me ocurre… quizá podrías intentar algo como lo del otro día cuando me curaste las manos.
Harry trató de recordar esa noche, parecía tan alejada en el tiempo… se le antojaba más como una ilusión que como un recuerdo.
–No… no sé si pueda hacerlo… –dijo inseguro.
–Pero por supuesto que podés. –Draco intentaba convencerse al mismo tiempo que trataba de convencerlo– Te salió de primera sin que siquiera supieras lo que estabas haciendo. Sólo Harry Potter podría hacer parecer que la magia sin varita es algo muy fácil.
Para Harry el uso de su nombre y apellido fue como una cachetada; y el tono y el contexto lo pusieron furioso, las mejillas se le encendieron. –¡Pará con eso! No sé de dónde es que todos sacan que yo tengo todo tipo de habilidades especiales, ¡porque no es cierto! Todos esperan que obre milagros porque soy el Maldito Harry Potter, Salvador del Mundo. Mi nombre no me otorga ningún tipo de privilegios; a menos que consideres como tal el que me codeé con Voldemort y que nos llamemos entre nosotros por el nombre de pila. Ah… y en caso de que te lo estés preguntando… se llama Tom. Y es posible que yo te curara las manos, pero vos me curaste todo el cuerpo… así que, ¿por qué no te curás vos mismo?
Draco lo miró apretando los labios y con ojos vidriosos. Sacó la varita y pronunció algunos encantamientos básicos apuntándola al tobillo. La inflamación cedió apenas pero la lesión seguía siendo tan seria como antes. De poco sirvió que los repitiera.
Harry se sintió culpable por haber reaccionado tan bruscamente y con impaciencia. –¿Por qué no intentás la curación sin varita? –dijo con un tono que buscó que sonara más razonable.
Draco pareció no haberlo escuchado, siguió repitiendo inútilmente las mismas fórmulas, se había puesto lívido y la varita le temblaba en la mano.
Harry se empezó a sentir peor. –¿Te sentís bien?
–¿Sabés algo sobre magia sin varita, Potter? –preguntó con un hilo de voz.
Incómodo, Harry negó con la cabeza.
–Consume mucha energía y hace falta una emoción muy fuerte. Furia, rabia, pánico, pasión… cosas así. La mayor parte de las veces que vi a alguien haciéndola… fue algo no intencional… y el resultado fue casi siempre muchos vidrios rotos. En este momento estoy exhausto… y aunque deteste admitirlo… bastante fastidiado también. No podría hacerlo… por mucho que tratase… por eso fue que te lo pedí.
–Yo… –Harry no sabía qué decir, el dolor era manifiesto en el rostro de Draco– …puedo probar.
Draco asintió. –Eso es todo lo que pedía. Porque lo creas o no, yo tengo tantos deseos como vos de volver… y no quiero que te demores por mí… si es que vale la pena que te demores por mí.
Harry reaccionó exasperado. –¡Eso no es justo!
Draco apartó la mirada. –Perdón… no fue mi intención que sonara así.
Harry se quedó estudiándole la cara. Sí, quería… necesitaba a todo costo regresar cuanto antes, pero nunca se le hubiera cruzado la idea de dejar a Draco atrás. Sin embargo él lo había sugerido… Draco era el que lo había metido en todo ese lío… bueno, eso ya estaba olvidado, saldrían juntos del lío… Y si lo dejaba atrás, Voldemort lo capturaría… no podía hacerle eso a nadie… y a Draco menos que a ninguno porque… no sabía bien por qué y tampoco quería ponerse a pensarlo en ese instante.
–¿Qué pasa?
–No… nada… –dijo Harry y pasó a ocuparse de la lesión.
Sintiéndose torpe, Harry apoyó las palmas en la parte peor del área inflamada. No pasó nada, bueno… tampoco había esperado un resultado instantáneo sin hacer un poco de esfuerzo. Se concentró y trató de imaginar la luz, intentando hacerla aparecer con la fuerza de su voluntad. Pero nada ocurrió. Quería acordarse de lo que había hecho esa noche… pero no podía… no le venía a la mente…
Empezó a entrar en pánico. Necesitaba hacerlo pero no lograba esa especie de conexión mental de esa noche junto al río. Sus manos sólo eran manos, sin ningún atributo especial y él no era un sanador. Y aunque pudiera acordarse de lo que había hecho, no podía acordarse de cómo lo había hecho. Trató de forzar la magia apretando con las manos.
–¡Aayy! –Draco sacudió la pierna– ¿Qué fue eso?
Harry se miró las palmas como si las contemplara por primera vez. –No tengo la menor idea. –miró a Draco. No estaba enojado pero tampoco complacido.
–No es culpa tuya.
–¿Y de quién es la culpa? –intervino Harry– Ya lo hice antes… debería poder hacerlo de nuevo. Debo de ser incompetente o algo así… ¡no entiendo por qué no da resultado!
–No pudiste hacerlo porque no tenías la atención centrada en lo debido.
–¡Pero sí! –protestó Harry– ¡Estaba concentrado en curarte! Tengo que hacerlo para que podamos volver, porque si no lo hago me voy a morir y a vos te van a capturar… ¡y no puedo permitir que eso pase!
Draco sonrió melancólico. –A confesión de parte…
Harry quedó boquiabierto cuando comprendió. –Oh…
–No es culpa tuya, Harry.
–Puedo arreglarlo, dame un momento y pruebo de nuevo… –se frotó las manos tratando de imaginar la magia entre ellas, pero era inútil, era una ilusión… igual estiró las manos hacia el tobillo. Draco lo hizo detener.
–No va a resultar, Harry.
–Claro que sí. –Esto es estúpido, Draco no puede pretender que me dé por vencido. –Draco, tenés que dejarme que pruebe otra vez.
–No va a resultar.
–¡Eso ya lo habías dicho! Me niego a aceptarlo.
–Sí que sos terco. –dijo con tono divertido.
–Es un rasgo muy propio de Leo.
–En realidad, no. Es una característica más propia de Tauro. Siempre sospeché que debías de ser pésimo en Adivinación.
–Como vos digas.
Draco forzó otra sonrisa. –Vos sabés que no va a resultar, hay cosas que simplemente hay que aceptarlas.
–¿Y qué se supone que haga entonces? ¿Darme por vencido? –se puso de pie de inmediato– Dame la mano.
–¿Cómo? ¿Para qué?
–No hay tiempo de explicar o discutir. Dame la mano. –Draco tomó la mano que le extendía y Harry lo hizo poner de pie con un impulso repentino. Draco dio un grito de sorpresa y quedó saltando en un pie. Un segundo después, Harry le hizo pasar un brazo por sobre sus hombros.
–Esto debe tratarse de una broma… –dijo Draco incrédulo.
–Te voy a llevar cargado así tenga que hacerlo durante todo el camino.
–Potter, ¡estás loco!
–¿Y recién ahora te das cuenta?
–Esto no va a resultar.
–Te estás repitiendo, o acaso estoy escuchando un eco. Ya te había dicho que no iba a aceptarlo. ¿Desde cuándo te volviste tan derrotista? ¿Te vas a dar por vencido sin siquiera intentarlo?
–¿Estás seguro de que ésta es la única posibilidad?
Harry ladeó la cabeza como si pensara. –Podría desmayarte y llevarte levitando hasta Hogwarts…
–No serías capaz…
–A menos que quieras confirmar esa teoría… te sugeriría que te apoyes en mí y que nos pongamos en marcha.
–Sabés… quizá no es preciso que lo diga… pero la sensación de déjà vu es tan… sólo que ahora…
–Tenés razón… no es preciso que lo digas… Vamos, no tenemos tiempo que perder.
Una hora después los dos estaban sudorosos, sin aliento y con la sensación de que les hubieran dado una paliza. Y lo peor era que habían avanzado muy poco.
–Potter, así no podemos seguir. –resolló Draco.
–No pienso detenerme ahora.
–Potter… Harry… esto no está dando resultado.
–Cuando tu agudo cerebro de Slytherin logre arribar a una mejor idea… me lo hacés saber.
Harry no quería oír objeciones. Si bien tener que soportar el peso de Draco le producía un dolor martirizante en la zona lumbar. En varias oportunidades había estado tentado a usar un encantamiento de ingravidez. Pero no se había animado. Una vez, Ginny Weasley le había dicho que usar un encantamiento de ingravidez sobre una chica se consideraba algo muy insultante, por alguna razón no determinada Harry pensaba que eso también se aplicaba a Draco. Aunque ya había decidido que si seguía rezongando un ¡Silencio! no sería una mala idea.
–Harry, ¿cuánto pensás seguir con esto?
–Lo que sea necesario… tengo que hacerlo.
–Harry…
–¿QUÉ!
–Pará.
–¡NO!
Draco lo obligó a detenerse. –Tenés que escuchar razones.
–Razones… ¿razones?... dejarte atrás está fuera de cuestión… y si vos no tenés un plan mejor…
Draco torció los labios. –Puedo intentarlo. –se agachó con un gruñido dolorido y empezó a bajarse la media– Harry, así no vamos a llegar nunca… tenemos que considerar alternativas.
A Harry la idea de perder siquiera un segundo no le gustaba para nada, pero se dio cuenta que tenían que detenerse un rato al menos, el tobillo de Draco estaba peor y él mismo ya no daba más. Se le agachó al lado.
–¿Alternativas? ¿Como cuáles? –preguntó incisivo– ¿Qué más podríamos hacer que no se nos haya ocurrido hasta ahora?
–Bueno, yo estaba pensando… a estas alturas debemos de estar más cerca de Hogwarts que de la fortaleza de Ya Sabés Quién. Quizá si uno de los dos se dejara ver… Dumbledore podría encontrarlo antes que Ya Sabés Quién. No es algo seguro… pero es mejor que ninguna posibilidad en absoluto. Y si Dumbledore fuera el primero en encontrarlo sería fácil venir a buscar al otro.
Harry lo miró entrecerrando los ojos, tenía la sensación de que Draco no estaba sugiriendo que fuera Harry el que corriera los riesgos. –¿Qué es todo esto de uno y el otro? No creo que me esté gustando lo que estás sugiriendo…
Draco empezó a torcerse las manos mientras respondía. –Yo… lo que quiero decir, Harry, yo no me puedo mover rápido, estoy dispuesto a correr el riesgo. Si Dumbledore me encuentra puedo guiarlo hasta vos. Y si fuera Ya Sabés Quién el primero… al menos dejaría de retrasarte.
Los ojos de Draco se veían enrojecidos y húmedos. Apartó la mirada y se aclaró la garganta para tratar de disimularlo.
Harry no podía creer que estuviera oyendo eso. Draco había asumido muchos riesgos al encarar esa huida, pero lo que proponía en ese instante… era como un ratón saltando en la boca de la serpiente que esperara que alguien lo salvara antes de que lo mordiera. –¿Te volviste loco? Eso no es una opción. Si Voldemort te agarrara… ¡estás lastimado! Ni siquiera podrías tratar de defenderte. ¡Ni pienses que voy a permitirlo!
Draco giró de golpe la cabeza y volvió a mirarlo. Los ojos estaban secos pero muy congestivos. –¡Tratá de pensar sensatamente, Potter! ¡Sabés muy bien lo que pasaría si no podés llegar a Hogwarts a tiempo! Cerró los ojos apretados durante unos segundos y volvió a abrirlos, habló más contenido. –Harry, lo he estado considerando toda la mañana… y sobre todo después de que mi tobillo dijo basta. No veo que haya otra opción… ¿vos sí?
Harry lo miró más incrédulo que antes, si cabe. Tragó ostensiblemente. –¿Dónde quedó el Slytherin que yo conocía que sólo pensaba en sí mismo?
Algo forzadamente, Draco se encogió de hombros. –Lo dejé en los calabozos de Ya Sabés Quién. –inclinó ligeramente la cabeza hacia un lado– ¿No me irás a decir que estás extrañándolo?
–¡Si estuviera acá no estaría urdiendo planes suicidas!
Draco dejó caer los hombros. –Fui yo el que te metió en esto, Harry. Y me juré que te llevaría de vuelta. No me obligues a quebrar ese voto.
La novedad había tomado a Harry desprevenido. –¿Un voto…?
Draco alzó apenas una comisura. –La noche que nos escapamos… vos ya te habías dormido. O te habías desmayado… no sé bien cuál de las dos cosas. Hacía mucho frío esa noche y vos estabas hipotérmico… quizá a punto de entrar en shock circulatorio… Lo que sea que haya sido… yo quería mantenerte abrigado… y mientras trataba de lograrlo, juré un voto. Que iba a devolverte a Hogwarts, sano y salvo. –Costara lo que me costase… fue lo que me juré… y hablaba en serio.
Harry quedó perplejo unos momentos buscando qué responder. Sacudió la cabeza. –No, Draco… no podés. No así. Ya hay muchos que murieron por mí… no voy a permitir que te pase lo mismo.
–Harry, vos no me estás obligando. –dijo con tono sorprendentemente calmo– Es mi decisión.
–¡Vos querés hacerlo ahora mismo? ¡Sí… lo querés hacer ya! – Harry se desplazó hasta su lado en una fracción de segundo y le aferró la ropa. –¡No vas a hacerlo! ¡No te voy a dejar! Dumbledore me dijo que había sido la decisión de Sirius…haber ido al Ministerio… ¡y Sirius terminó muerto esa noche! ¡pero no le hubiera pasado nada de no haber sido por mí! ¡No voy a permitir que vos hagas lo mismo! ¡Entendelo… no puedo vivir con otra muerte más en la conciencia!
Draco no se arredró, replicó con firmeza. –¿Y si Ya… si Voldemort gana…? ¿cuánta gente va a morir? Empezando por vos… y yo seguramente voy a ser el siguiente en la lista.
Sobresaltado por la lógica del argumento, Harry lo soltó. Draco prosiguió: –Yo tuve una audiencia privada con V…Voldemort. Sé cómo es… fue por eso que me decidí a escapar. No cejaría ni en segundo en matar a un adepto que no respondiera a sus expectativas de total sumisión y obediencia. Su proceder no tiene nada que ver con el asunto de la pureza de sangre. Y estaba convencido de eso, porque estaba de su lado y si él ganaba yo iba a obtener muchas ventajas… poder, riqueza, reconocimiento de mi superioridad… y no me importaba lo que le pudiera pasar a cualquier otro… no me afectaba en lo absoluto. Ahora estoy del otro lado… y aunque así lo quisiera, ya no puedo ignorarlo.
–Draco…
–Oíme… Dumbledore y todos sus beatíficos y buenitos acólitos siguen sin gustarme… todavía no estoy listo para ponerme a abrazar a sangresu… a nacidos de muggles… –respiró hondo– pero si se parecen al menos un poco a vos… son infinitamente mejores que Voldemort. El destino de mi vida quedó sellado en el momento en que abrí la celda para dejarte escapar. Todo lo que tengo desde entonces… es tiempo extra. Vos tendrás un reloj que va descontándote los minutos… yo ya estoy viviendo de tiempo prestado, Harry. Y si tengo que morir… quiero que sirva de algo… o al menos que valga como un buen intento.
–No…
Draco sonrió triste. –Estos últimos días que pasamos juntos… no los cambiaría por nada… quería que lo supieras.
Harry percibió claramente el "adiós" implícito. –No. No ahora.
–De nada serviría esperar… sería peor, Harry. Vos lo sabés.
–¡NO! ¡Ya se nos ocurrirá algo! Basta que nos pongamos a pensar con lógica…
–Lo lógico en este instante es que agarres la mochila, des media vuelta y te pongas en marcha… corriendo a la mayor velocidad posible.
–¡No lo voy a hacer!
–¿Te vas a quedar sentado acá durante tres días esperando que se te acabe el tiempo?
–Tampoco dije que fuera a hacer eso. Pero debe de haber otra forma. ¿Estás realmente seguro de que no podés aparicionar?
Draco no pudo evitar una risa. –Creo que al respecto ya habíamos hablado. Un desagradable incidente de desgaje en mi primer intento. Me niego a reintentarlo… necesito aprender mucha más teoría antes, no tenía la menor idea de lo que estaba haciendo. De hecho… el sólo considerar la posibilidad ya me está haciendo entrar en pánico.
–Nunca me dijiste qué parte se te había desgajado… –acotó divertido Harry.
–No trates de cambiarme el tema.
Harry se puso serio de inmediato. –Por ahora quiero pensar… hay un arroyo al pie de esta colina y más allá hay un lago. Te voy a llevar hasta allí. Deberías poner en remojo el tobillo, el agua fría va a calmarte el dolor y bajará la inflamación.
–Estás tratando de demorar las cosas.
–Así es. –le extendió una mano para ayudarlo a incorporarse– Y vos vas a tener que darme el gusto.
Era evidente que Draco estaba disconforme, pero no objetó, aceptó la mano que le ofrecía.
Tenía los pies en el agua, helados, no podía sentir los dedos, pero tampoco el dolor del tobillo.
–¿Estás seguro de que no podés transfigurar una escoba? –preguntó Harry.
–Lo repito… por segunda vez. No una que pudiera funcionar. –Draco suspiró y pateó el agua con el pie sano– Las escobas son tan caras por una razón. Los encantamientos de vuelo son secretos celosamente guardados por los fabricantes. Si no fuera así, cada quien terminaría transfigurándose su propia Firebolt.
–Está bien, entiendo. –agarró un guijarro y lo arrojó rasante al arroyo para que hiciera sapitos– ¿Y una alfombra mágica?
–Harry…
–Sí, ya sé. –se recostó y empezó a golpetear rítmicamente el suelo con el pie izquierdo– Puedo transfigurarte un par de muletas. No sería lo mismo que caminar… pero podrían servir.
–Seguiría significando un retraso… ¿estás dispuesto a correr el riesgo?
Harry se incorporó de inmediato. –¡Por la barba de Merlín, SÍ! El único riesgo que no estoy dispuesto a correr es dejarte expuesto para que te capture Voldemort.
–Harry, tarde o temprano vamos a tener que tomar una decisión.
–Ya sé. Y quiero tomar una decisión con la que los dos podamos vivir… literalmente.
–Estamos dando vueltas sobre lo mismo.
–Bueno, mis disculpas si te estoy aburriendo… quizá debería agregar una canción o hacerte unos pasos de danza para que te entretengas.
Draco suspiró y sacó el pie del agua. Lo sentía mucho mejor pero seguía inflamado. –Lo que estoy diciendo es que ya discutimos todo dos veces y que siempre terminamos en punto muerto.
–Y vos seguís obstinado en que la única alternativa es la más suicida de todas. –interpuso Harry con aspereza.
Draco gruñó para sus adentros, Harry no le facilitaba las cosas. –Esto no es temeraria nobleza de Gryffindor… sino la alternativa más sensata. Y no podemos seguir demorándonos.
–Repasemos de nuevo las alternativas.
–¿Cómo?
–Dame el gusto, repasémoslas de nuevo.
Draco sacudió la cabeza exasperado. No tenía sentido… iba a ser totalmente inútil… pero concedió resignado.
–Podemos seguir andando y rogar que lleguemos a Hogwarts a tiempo. Pero lo más probable es que no lo logremos. Por otro lado yo podría exponerme…
–Eso está descartado desde el vamos…
Draco lo perforó con una mirada seria. –…podría exponerme, decía, y existe la posibilidad de que Dumbledore me encuentre primero. Y aunque no fuera así… vos vas a poder desplazarte mucho más rápido.
–De eso podés olvidarte ya. –dijo Harry con una risa ronca– No nos vamos a separar, muchacho heroico.
Draco levantó una ceja divertido. –Estupendo. Esto prueba que he pasado demasiado tiempo con vos. Sos contagioso.
Harry se golpeó la frente con la mano y luego sepultó la cara en la palma. –Voy a repetírtelo, –dijo con un tono de voz que iba creciendo en exasperación con cada palabra– no te voy a dejar atrás. No me importa cuáles sean los riesgos. No te voy a abandonar.
–Qué curioso Harry, –dijo Draco con voz neutra– no sabía que me tuvieras tanto afecto.
Harry se descubrió la cara. –Pero así es. –dijo sin titubear– Oíme bien, dos semanas pueden parecer muy poco tiempo para que se produzcan cambios radicales. Pero convengamos que las dos últimas no han sido precisamente semanas normales. Por lo que a mí concierne, vos sos mi amigo, estamos juntos en esto y no voy a abandonarte. Así que dejá de jugar al mártir, de ésta vamos a salir juntos.
Draco decidió recurrir al sarcasmo para la réplica. –Voy dejar de jugar al mártir si vos también dejás de hacerlo. Merlín, es cierto que sos contagioso.
Harry no respondió con acritud como Draco se lo esperaba. Le dirigió una sonrisa triste, tensa… pero genuina. Draco le devolvió una igual. No iba a haber otra pelea. Sin embargo… era imperativo que tomaran una decisión. –Harry, el tiempo no se detiene, a menos que…
–Estaba pensando… –lo interrumpió Harry con voz distante– Vos había mencionado que tenías una idea… para contrarrestar el efecto de la maldición, el conjuro, la poción… o de lo que puta se trate… ¿cuál era tu idea?
Draco frunció el ceño. –Es que en realidad no era una idea… había empezado a juntar los ingredientes de la poción Eclipse del alma… pero no con un fin determinado… sino más bien para tener algo que hacer… que me distrajera. Una forma de negación… creo que se podría considerar así. Sé cómo preparar la poción… ¿pero de qué podría servirnos? Snape sabe cómo crear pociones y antídotos, yo no. Yo sólo sé seguir las indicaciones y el procedimiento de recetas preestablecidas.
–Esta poción que Voldemort va a usar… ¿actúa como un veneno?
Draco iba a responder de inmediato que no, pero se contuvo. No era un veneno que fuera a dañar el cuerpo físicamente… pero los venenos mágicos raramente actuaban de esa forma. Los venenos mágicos iban dirigidos a mermar o a contaminar la magia de la víctima. –Creo que podríamos considerarlo como tal.
–No puedo creer que no se me haya ocurrido antes… –la expresión de Harry había adquirido un aire enigmático– Draco… ¿cuál es la fórmula básica para un antídoto? No pienses en este caso específico… sino de manera general.
–Bueno… para venenos simples, la base es el propio veneno. Y luego hay que agregar ingredientes que inviertan o neutralicen el efecto deletéreo. Los ingredientes a veces son neutralizantes físicos, en otros casos crean un efecto mágico opuesto, ocasionalmente puede hacer falta una energía mágica antagónica que no viene provista por un ingrediente sino por la magia del que prepara el antídoto. ¿A qué se debe la pregunta?
Harry no respondió pero una sonrisa empezó a dibujársele.
–Parecés el kneazel que se comió al snidget. ¿Adónde querés llegar, Harry?
La sonrisa de Harry se intensificó. –¿Cuán compleja es la poción Eclipse del alma?
–El procedimiento no es precisamente sencillo… pero tampoco es de los más complicados. Los ingredientes son hierbas muy comunes, como en casi todas estas pociones tan antiguas. Hay cierta variabilidad respecto de…
–¿Y qué hay respecto de la parte venenosa? –la voz de Harry sonaba cada vez más entusiasmada– Quiero decir… ¿se trata de un ingrediente en particular?... o es una combinación o algo así… ¿Cuál sería?
Draco se rascó la nuca tratando de acordarse. –Bueno… sería… –y fue entonces que se dio cuenta, la revelación lo golpeó como una bludger certera, lo dejó sin aire por un instante… se incorporó un poco y trató de recomponerse… –¡Oh Merlín!
–¿Qué! –lo instó Harry ansioso.
Draco no contestó de inmediato. Se le había abierto un abanico amplio de ideas.
La mayoría de los componentes de la poción eran catalizadores, facilitadores de la transición de la magia durante el eclipse. Ninguno de ellos proveía la magia dañina. Solamente uno de los elementos podía considerarse el veneno propiamente dicho. Era tan simple… incluso alguien no muy experimentado se hubiese dado cuenta… y solo hacía falta invertirlo.
Estudió el rostro de Harry, tan entusiasta en ese momento. Durante mucho tiempo había sido el rostro de un rival, de un enemigo. Ahora era, sin dudas, la cara de un amigo. La cara de alguien con quien había sorteado situaciones dificilísimas y peligrosas. La cara de alguien en quien confiaba. Alguien que le tenía afecto. Y Draco también le tenía afecto… Si su teoría se confirmaba… eso era todo lo que hacía falta. La pregunta era, ¿alcanzaría el afecto?
Tendría que alcanzar. –Sí, tengo una idea.
Ya avanzada la tarde, Harry caminaba ida y vuelta en el nuevo lugar en el que acampaban. Durante una hora se habían desplazado lentamente siguiendo el arroyo, buscando los ingredientes y un lugar adecuado para instalarse y montar la contraofensiva. Draco había declinado amablemente la oferta que le había hecho Harry de ayudarlo a caminar, había optado por una rama que le sirviera de bastón. A Harry, verlo desplazarse así, le había suscitado una imagen muy vívida de Lucius, pero se había cuidado muy bien de comentárselo.
Draco le había dado la lista de las hierbas que necesitaban. Una lista muy corta, Harry estaba seguro de que no tendrían problemas en conseguirlas, pero durante esa hora sólo había obtenido artemisia, lo cual había dado lugar a que Draco maldijera por lo bajo durante un largo rato a "la maldita víbora". Para cuando llegaron al lago, el tobillo de Draco volvía a estar muy dolorido, tuvieron que detenerse allí.
Mientras Harry se dedicaba a montar el campamento, Draco se había sentado bajo un gran roble y se había puesto a escribir gran cantidad de notas. Harry le había transfigurado pergamino, pluma y tinta. En varias ocasiones Harry se había acercado para espiar lo que escribía pero había sido sumariamente echado antes de que pudiera haber ojeado nada. Bueno… Draco ya se lo mostraría en su momento. Cuando terminó con el campamento se puso a hacer lo único que le permitía calmar un poco los nervios… caminar de un lado al otro.
–Me vas a volver loco si seguís moviéndote así. –le llegó la voz de Draco.
Harry lo miró, seguía escribiendo y no parecía haber levantado la vista para hacer el comentario. –Bueno, podría ir a dar una vuelta al lago para dejar de importunarte… pero no creo que sea sensato.
–Touché. –replicó Draco sin alzar los ojos ni dejar de escribir.
Harry se quedó parado mirándolo. Draco estaba muy concentrado en lo que hacía, tenía la frente arrugada y apenas parpadeaba. Sólo la mano se movía… y los labios… murmuraban silenciosos mientras escribía. De pronto le habló en voz más alta.
–¿Nunca nadie te enseñó que es de muy mala educación quedarse mirando fijo a alguien? Y no sólo es grosero… también me estás sacando de quicio. –Draco alzó la vista y se apartó una mecha platinada de la cara, le regaló una sonrisa cansada. –Pero igual algo pude hacer, vení a sentarte acá.
Harry se sintió como un alumno, fue a arrodillársele al lado. No preguntó nada, sabía que Draco le explicaría todo lo que hiciera falta cuando lo considerara conveniente.
–Bien, –dijo Draco finalmente– ésta es tu última oportunidad de echarte atrás.
–¿Cómo?
–Dije que…
–Oí lo que dijiste. ¡Pero cómo me salís con eso! Ya tomé una decisión y no voy a cambiarla… no me lo vuelvas a preguntar. ¿Me vas a contar sobre el plan de una buena vez o voy a tener que arrancarte el pergamino y deducirlo por mi cuenta?
Draco no se alteró pero alejó el pergamino de su alcance. –Ya sé lo que me habías dicho, Harry. Lo que te estoy diciendo es que si una vez que hayas escuchado el plan decidieras que preferís probar alguna otra cosa… yo no voy a recriminártelo.
Harry se limitó a mirarlo incrédulo pero no agregó nada más. Draco sonrió.
–Antes que nada tenés que saber que todo esto es muy incierto. No hay garantías de que pueda resultar. Soy bastante bueno para el análisis de encantamientos… la parte teórica siempre me gustó mucho, hay que estudiar pero no implica demasiado esfuerzo… pero que quede claro que sigo siendo un alumno… talentoso quizá… pero no un experto. Básicamente… lo que hice fue analizar la poción original y esquematicé una forma… hipotética, podría agregar… para invertir el efecto.
–Todo eso ya lo sé –intervino Harry impaciente– ¿Por qué no pasás directamente a explicarme….?
Draco lo interrumpió alzando una mano. –Como estaba tratando de explicarte, hay diferentes maneras de enfocar la cuestión. Lamentablemente la más obvia y directa, hacer lo mismo que quiere hacer Voldemort pero en sentido inverso, no es posible. Cuando él… eh… la noche del… eh… quizá sea mejor que te explique primero cómo actúa la poción, eso podría facilitar las cosas.
Harry asintió con expresión un tanto irritada. Dejá de dar tantos rodeos y encará el tema de una buena vez, le dijo sin palabras con la mirada.
Draco estaba demasiado reconcentrado en sus pensamientos como para notar sutilezas tácitas. Cuando empezó a hablar sonaba vagamente como un profesor y Harry se sintonizó de inmediato en modo receptivo de alumno.
–Podemos considerar a esta poción como una llave que abre un conducto entre el agresor y la víctima. Es un canal con desplazamiento en un solo sentido, por el cual se absorbe la magia y la vida de la víctima. El proceso requiere ingentes niveles de energía, por eso debe coincidir con el eclipse que es el que provee los potenciales mágicos necesarios. Cuando el eclipse comienza…
–Sí, esa parte ya la sabía.
–Harry, por favor… estoy haciendo un gran esfuerzo… ¿podrás escucharme unos minutos sin interrumpir? ¿aunque repita algunos conceptos?
Harry asintió y se calló. Draco prosiguió.
–A lo que iba, si tuviéramos una muestra de la sangre de Voldemort, podríamos simplemente reproducir la poción y vos podrías tomarla. Eso crearía un conducto pero con desplazamiento posible en ambos sentidos, a través del cual ustedes dos pugnarían el uno contra el otro. –hizo una pausa– Teóricamente, el mago más poderoso "ganaría", prevalecería… el más débil moriría. Sería, en otras palabras, un duelo mágico en el que no se pondrían varitas en juego.
–Una cinchada…
–¿Cómo?
–Una cinchada o tirasoga… o tirar de la cuerda. –Harry sonrió– Es un juego muggle. Hay dos equipos y una soga, un equipo en cada extremo y los dos tiran en sentidos opuestos, el objetivo es desplazar al contrario hacia delante hasta hacerlo pasar por encima una línea predeterminada… o a veces es un charco barroso en el que hay que hacerlos caer. Obviamente, el equipo más fuerte es el que gana.
Draco consideró críticamente la descripción. –Una analogía muy tosca… pero válida.
Harry volvió a sonreír, mentalmente se hizo la imagen de una cinchada entre los equipos de Slytherin y de Gryffindor, de inmediato hizo a un lado el pensamiento, los Slytherin tenían unos cuantos mastodontes. Se dio cuenta de que Draco lo estaba mirando con expresión extrañada.
–¿Qué pasa?
–Harry… ¿quién dirías que odia más, vos o Vol…Voldemort?
Harry pestañeó varias veces, la pregunta era inesperada. –Este… yo… no estoy seguro. Quiero decir… los dos nos odiamos… Originalmente no creo que me haya odiado más que lo que odia a otros… yo era un blanco por la dichosa profecía… Ahora es distinto, está rabioso… es algo personal… yo lo "vencí" en varias oportunidades… fue ganando resentimiento… una inquina particular. –su expresión se oscureció– En cuanto a mí… él mató a mis padres… y vos ya conocés el resto.
–Humm… –fue todo lo que dijo Draco con un breve asentimiento.
Harry arrugó la frente. –Pero no tenemos la sangre de Voldemort… ¿por qué estamos hablando sobre esta posibilidad? No tendríamos que hablar de lo que no vamos a hacer, ¡tendríamos que hablar de lo que vamos a hacer!
Draco lo miró de una forma que lo hizo acordar de Snape. –Tenía que explicar eso para que vos entendieras el concepto. Vos no vas a poder enfrentarte a él en una pinchada tradicional.
–Cinchada.
–Como sea… pero no sería posible porque nos falta un elemento. Pero sigamos sacándole provecho a la analogía. Tenemos dos equipos y una soga. ¿Qué pasaría si sólo se le permitiera tirar de la soga a uno de los equipos?
–¡Eso sería una estupidez…! –una mirada desaprobadora de Draco– Eh… bueno está bien, consideremos la hipótesis. Es claro que el equipo que puede tirar es el que va a ganar… lo que no nos resuelve el problema original… no sé adónde querés llegar con…
Draco suspiró y empezó a masajearse las sienes. –Vos no podés tirar… pero… ¿qué si te ancláramos en un punto para que por más que Voldemort tire no pueda desplazarte? Y como otra alternativa… ¿que alguien tire por vos?
–Eh… ¿cómo?
Sin decir palabra, Draco le pasó el pergamino. Harry lo tomó.
La hoja estaba cubierta de símbolos esmeradamente dibujados y de anotaciones, todo estaba diagramado de manera exasperantemente elegante. En la esquina superior izquierda estaba la lista de los ingredientes; debajo, a lo largo del margen izquierdo, una descripción detallada, paso a paso, del procedimiento; en la esquina superior derecha había un diagrama de las fases lunares y una serie de runas; en la parte de abajo había algunas notas referidas a algunos de los ingredientes en particular. Pero lo que más se destacaba era la imagen del centro de la hoja, Harry estaba seguro que era eso lo que Draco quería mostrarle realmente.
Era el diagrama de un encantamiento, Harry había visto algunos similares en oportunidades anteriores, en los textos de Transfiguración y de Encantamientos. Nunca los había entendido, era algo que, creía, se veía en séptimo año. Al parecer Draco sí los entendía.
Una de las mitades estaba dibujada con tinta negra, el blanco del hechizo, ése era él. El símbolo para el que profería el hechizo, representaba obviamente a Voldemort. El flujo de potencia estaba representado de manera rara, Voldemort ejercía el control y atraía para sí el poder que fluía de Harry. Harry cerró los ojos unos segundos, la imagen le había producido un escalofrío. Había algunos croquis más alrededor de la imagen pero parecían detalles de importancia secundaria, y Harry no los entendía tampoco.
Pasó a concentrarse en la otra mitad, que estaba en tinta roja. Representaba a otro individuo profiriendo un hechizo, estaba unido al blanco con una línea que presentaba un ojal en cada uno de los extremos. Y no estaba indicado el sentido del flujo de poder. Harry presumió que este segundo individuo sería Draco y que la línea que los unía representaba el "anclaje" que le había mencionado.
Alzó la mirada y dijo tratando de no sonar demasiado estúpido. –¿Vos actuarías como una ancla mágica para mí?
Draco asintió brevemente. Harry suspiró aliviado. Menos mal, al menos algo capté. Luego frunció el ceño. –Un momento… ¿cómo es que funciona?
Draco sonó algo aprensivo al contestar. –Bueno… por esto fue que te hice la advertencia al principio, de que todavía podías echarte atrás… no, no me mires así… el problema es que no sé muy bien como funciona… y tampoco estoy seguro de que pueda funcionar. Diseñé esto un poco a tientas, combinando lógica con algo de intuición. Identifiqué primero el elemento que actúa como "veneno", el elemento activo que drena el poder… y creo que también identifiqué lo que puede actuar como opuesto. Si… si preparáramos la poción… con tu sangre… y yo la tomo, en teoría… no te drenaría la magia y la vitalidad… te ayudaría a afianzarla, a consolidarla en tu persona… impediría que te la quiten… Voldemort debería superarnos a los dos sumados para poder ganar. –Draco hizo una pausa, siempre con los ojos fijos en los de Harry– Ésa es mi brillante idea, como teoría es bastante sólida… pero es una teoría… no probada… y si vos no estás seguro y no querés que la pongamos en práctica… sería perfectamente comprensible.
Harry volvió a repasar la plana de pergamino… tenía que decidir. Había muchas cosas que no entendía del mecanismo. En cierto sentido se trataba de un disparo en la oscuridad. Un nuevo enfrentamiento con Voldemort contando sólo con algo de destreza personal, la ayuda de un amigo y algo de suerte, si los hados se mostraban propicios. En otras oportunidades eso había bastado.
O podía morir.
Le devolvió el pergamino a Draco. –Tengo que pensarlo.
–El pergamino… quedátelo. –le extendió la hoja y Harry volvió a agarrarla, se incorporó, se volvió y caminó hasta la orilla del lago. Estaba muy cansado. Todos los músculos y los huesos le dolían por la fatiga. Le estaba empezando a doler la cabeza y no tenía que ver con la cicatriz, aunque sí con Voldemort.
Supuestamente tenía que ponerse a pensar en la nueva posibilidad, pero su mente estaba tan exhausta como su cuerpo y no podía razonar coherentemente. El sol ya se había puesto, sería mejor que descansara… quizá debería dejarlo para pensarlo al día siguiente.
Draco lo observó caminar hacia el lago, se lo veía tan cansado. No era de extrañar… había sido una jornada durísima en más de un sentido. Y a pesar de todo Harry la estaba llevando bastante bien.
Dos días. Sólo dos días.
Muchas cosas que asimilar y en tan corto tiempo. Cualquier otro se hubiera quebrado, Harry, un chico no muy alto y esmirriado, seguía en pie. Esos hombros lucen demasiado frágiles como para poder sostener el peso del mundo. Rió para sus adentros. Los míos deben de dar la misma impresión.
Draco trató de calmarse respirando hondo varias veces y conteniendo la respiración durante algunos segundos. Estaba mucho más que nervioso, estaba aterrorizado y no quería que Harry lo notara.
¡Cómo llegué a meterme en esto?
Tres semanas antes hubiera querido a Harry en una de dos formas: muerto o sufriendo. Ahora era el único que podía salvar al Salvador. Repugnantemente irónico, tanto que casi sentía náuseas.
Deben de ser los nervios.
Y sabía por qué estaba nervioso. Ya que había decidido meterse en eso, tenía que tener éxito. Si fracasaba se quedaría sin nada. Su antigua vida, ya la había perdido. Si perdía a Harry, no le quedaba ninguna posibilidad de empezar una nueva. Todos le echarían la culpa, y con buena razón por cierto, incluso siendo menor de edad terminaría seguramente en Azkaban, ostracismo del mundo mágico, y no se trataría de una injusticia. Y además, el hecho simple, el fracaso significaría perder a Harry, que parecía algo tan malo o peor que lo anterior. Tenía que tener éxito por Harry, se lo debía. Y tenía que tener éxito por si mismo; el éxito, por una vez siquiera, también era algo que se debía a sí mismo.
Bueno, en realidad tuve éxito en una oportunidad anterior. Y fue lo que desencadenó todo esto. Y lo que me trajo aquí.
Aquí.
Draco observó el campamento improvisado. Estaban en una estrecha área cubierta de pasto entre la orilla y el bosque, Harry había instalado la carpa entre dos árboles. La escena supuestamente debía de aparecer pintoresca y pacífica, pero no para Draco, no después de dos semanas de huida y de todo lo que había pasado. Draco no podía disfrutarlo, se le antojaba un campo de refugiados.
El manto de invisibilidad que de los lados y desde arriba no se veía, mostraba algunos signos de desgaste. A pesar de los encantamientos de limpieza sus ropas estaban sucias y raídas. Tanto las de Harry como las de él presentaban agujeros y rasgaduras que no se habían molestado en arreglar. Sus cabellos rubios necesitaban una ducha y sus músculos doloridos precisaban de un largo y caliente baño de inmersión. Y como si todo eso fuera poco, seguramente iba a tener que pasarse varios días en el hospital para que le sanaran el tobillo y otras cosas también probablemente.
Aquí no era casa, aquí era la antítesis de casa. Casa era su amplia cama de caoba de alta cabecera, su baño personal, los jardines, las docenas de habitaciones, los tapices, los artefactos y los misterios de la Mansión Malfoy. Casa era el porte aristocrático de su madre y la presencia imponente, poderosa de su padre. Casa era donde alguna vez había tenido un lugar, un rol, un futuro. Casa era oír a su padre diciéndole: Estoy orgulloso de vos.
Ya nunca podré volver a casa.
La revelación se le hizo totalmente manifiesta en ese instante. Había dejado todo… y para siempre. Su futuro, su herencia y hasta su ropa.
Y sus padres.
Le volvieron otra vez a la mente las palabras de Voldemort. La sangre de los Malfoy se derramará a raudales en mi noche gloriosa.
¿Cómo hubiera podido anticipar lo que el Señor Oscuro les haría a sus padres? Podría también tratarse de un embuste, una patraña para hacerlo volver. Quizá su madre estaba en esos momentos sentada en un cómodo sillón en sus aposentos, profiriendo su nombre con desdén, comentándole a Tía Bella sobre la vergonzosa conducta del hijo al que iba a repudiar.
O podría estar muerta.
Si así era, nada de lo que hiciera cambiaría las cosas para ella… con respecto a su padre, en cambio…
¿Y si no se trataba de un ardid? ¿Y si la vida de su padre realmente estaba en peligro? El hombre que había significado todo para él durante tanto tiempo, la única persona cuya vida había sido más importante para él que la propia. Al respecto sí que podría hacer algo… ¿lo haría? Recordó sus propias palabras:
Puede que no esté fascinado con Ya Sabés Quién, ¡pero eso no tiene nada que ver con mi padre! Yo deserté del Señor Oscuro, ¡NO DE MI PAPÁ! Y él me quiere. Y está orgulloso de mí. Y me lo dijo… que estaba muy orgulloso de mí.
Estaba orgulloso. Ahora no debe de tener mucho de qué sentirse orgulloso. Y es posible que yo esté sentenciándolo a muerte. ¿Deserté también de él? ¡No!... quizá… no lo sé.
Se estremeció y contempló la silueta de Harry junto al lago, recortándose en las luces del crepúsculo. Había presionado a Harry a tomar difíciles decisiones durante todo el día, no había mencionado para nada la decisión difícil que le tocaba tomar a él.
Harry o su padre.
En realidad el haberse ofrecido para que lo capturaran no se había tratado de un desinteresado, altruista sacrificio… no totalmente. De haberlo capturado Voldemort, podría haber aducido que había intentado traer a Harry de vuelta pero que Harry se había negado y le había pegado –tenía la nariz y el tobillo lastimado como prueba– y había escapado. Quizá eso le hubiera dado siquiera la posibilidad de ofrecer su vida en lugar de la de su padre y de aportar algo de honor al apellido Malfoy.
¿Honor? ¿Qué aviesa definición de honor sigo usando? ¿Se le puede llamar honor a eso? ¿Servir a un enajenado? Se llevó los dedos a la cicatriz en la base del cuello. No lo sé. Mi padre lo considera honorable, piensa que está bien. Y mi padre nunca haría nada sin una muy buena razón. Pero yo no sé de qué lado estoy. No estoy del lado del Señor Oscuro… ni del de Dumbledore… pero ¿y qué del lado de mi padre?... ¿y qué del lado de Harry?
Hundió la cara en las manos, hizo una mueca de dolor, la nariz le dolía. La cabeza le dolía terriblemente y estaba seguro de que no a consecuencia del golpe que había recibido en la nariz. No se trataba de una decisión que fuera capaz de hacer. Podía salvar a Harry o a su padre, pero no las dos cosas. No había sido nunca su intención desertar de Harry, pero tampoco había imaginado el curso que podían tomar los acontecimientos. Pero aunque la situación había cambiado… él había jurado un voto. Levantó la cabeza y observó de nuevo la silueta que se iba oscureciendo en la orilla.
Se suponía que salvara a Harry. Lo había jurado. ¿Podía hacerlo? Él que nunca había tenido la responsabilidad de nada, ¿de repente era responsable de una vida? La tarea bien podía superar sus capacidades. Iba a tener que poner todo de sí, cuerpo, corazón y alma. Quizá pudiera hacerlo. Harry se había vuelto importante para él… un amigo… y algo más que no podía determinar del todo pero que le provocaba cierta indefinida inquietud. Quizá fuera que se trataba de Harry Potter, el martirio de su existencia durante años.
Volvió a rememorar cinco años de discusiones, peleas e insultos. Cinco años de clases y de partidos de quidditch. Recordaba haber fijado la vista en su nuca durante las clases de Pociones, desafiando mentalmente a El Niño Que Sobrevivió a que se diera vuelta con el sólo objeto de poder hacerle una mueca desdeñosa. Recordó la infinidad de miradas de odio primal que habían intercambiado. Tuvo un ramalazo de rabia cuando se le cruzó una imagen de la espalda de Potter un segundo después de haberle birlado la snitch. Recordó también la vez en tercer año en la que lo había visto en el campo de quidditch, como un bulto yaciente en el barro, se había quedado observándolo como en un trance presa de una emoción intensa que no habría sabido definir. Recordó el primer día, cuando le había ofrecido la mano, y la desagradable, quemante sensación interior que le había dejado el rechazo.
Sí, debía de ser por todo eso que sentía esa indefinida inquietud. O quizá se debía a que había dejado a un lado todas esas emociones acumuladas durante cinco años. O quizá se debía a que Harry se había transformado en algo demasiado importante para él.
Independientemente de todo, la misión que tenía entre manos terminaría siendo suicida de una forma u otra. Voldemort terminaría encontrándolo y matándolo, ya fuera que Harry viviera o no. La pregunta que debería estar formulándose era: ¿Cómo quiero morir? ¿Morir deliberadamente intercambiándose con su padre o morir luchando por Harry?
Bueno, cuando uno lo pone de esa forma…
En realidad había una sola posibilidad… junto a Harry. De nada valía seguir dándole vueltas a la cuestión. Tenía que pasar a cosas más prácticas. La poción. Miró los tres ingredientes que ya había conseguido. Artemisia, se acordó de la víbora y la maldijo mentalmente. Las semillas de membrillo, tenía más de las cinco necesarias. Y la raíz de cálamo. Necesitaba conseguir todavía las ramitas de tejo, las espinas de majuelo, la vinca pervinca y el muérdago. No iba a ser difícil encontrarlos, se habían cruzado con ellos en días anteriores… excepto el tejo, el tejo no crecía en todas partes, quizá les daría un poco más de trabajo.
Cerró los ojos, el dolor de cabeza arreciaba. Sí, seguramente encontrarían los ingredientes… pero hacía falta algo más, contrarrestar el componente emocional. Eso le iba demandar un gran esfuerzo y no estaba seguro de que llegara a bastar.
Guardó los ingredientes. Tenía que resultar. No iba a perder a Harry. Volvió los ojos a la silueta. Tomó el bastón, se puso de pie y marchó lentamente hasta donde estaba sentado Harry. No sabía bien qué podía decir, pero Harry habló primero.
–Draco, si querés sentarte conmigo, no hace falta que pidas permiso. –se desplazó un poco haciéndole lugar en la piedra– Vení.
Tomó asiento. –Yo… sólo quería…
–¿Hablar?
Sintió que se sonrojaba, por suerte estaba ya muy oscuro para que se notara. –Sí… eso.
Harry suspiró. –No creo que haya mucho que hablar… lo que tenemos que hacer es encontrar los ingredientes, preparar la poción y rogar que dé resultado.
–Va a dar resultado. –se apresuró a intercalar tratando de sonar más seguro de lo que realmente se sentía.
–Tratá de repetirlo como si realmente lo creyeras.
–¡Estoy convencido de que será así!
–Mirame a los ojos. –dijo Harry girando hacia él la cara.
Draco obedeció, los iris verdes eran apenas distinguibles. –Harry… por favor… es realmente lo que creo… pero no puedo prometértelo… no quiero mentirte.
–Prefiero que no me mientas. Aunque las mentiras suenen mejor. Está bien… sé que no debería esperar milagros.
–¡Vos deberías estar convencido de que vas a vivir! –replicó Draco algo irritado.
–He aprendido que no es conveniente forjarse demasiadas esperanzas. Las decepciones suelen ser muy penosas.
–No deberías pensar así.
–Demasiadas expectativas tienden a acarrear angustia y miseria.
–No nos vendría mal que pensaras de manera más positiva.
–Entiendo lo que me querés decir. Estoy tratando… en serio… es sólo que… durante buena parte de mi vida estuve rodeado de muerte, especialmente estos últimos años… de alguna forma siempre supe que indefectiblemente me tocaría el turno.
–No, tarado. No hables así… no es tu turno.
–No lo puedo evitar, es la impresión que tengo…perdón… estoy confundido… no sé bien qué pensar.
–Todavía cabe la alternativa de que salgas corriendo hacia Hogwarts… –pudo sentir, que no ver, la mirada fastidiada de Harry taladrándolo– Está bien… está bien… yo decía nada más… no me hagas caso.
–Todo parece estar tan mal…
–¿Qué querés decir?
–Quiero decir… no estoy seguro de qué quiero decir… Siempre me imaginé que el final iba a ser un gran duelo, y que él o yo pereceríamos entre cientos de maldiciones y hechizos surcando el aire… una instancia de gran fragor, donde no hubiera lugar ni tiempo para tener miedo… nunca se me ocurrió que podía llegar a ser como esto…
–Ahora… ¿tenés miedo?
–No en realidad… lo cual no deja de ser preocupante… es como si todavía no alcanzara a asimilarlo en toda su dimensión… esta mañana… fue un golpe tremendo enterarme… y todavía no llego a abarcarlo… ¿suena como una pelotudez lo que estoy diciendo?
–Para nada.
–Creo que hasta que no llegue el momento… me va a seguir pareciendo que no es del todo real… no sé si voy a estar asustado… o furioso… o si voy a lamentar no haber tomado una decisión diferente.
–No voy a preguntarte si querés cambiar de opinión…
–Mejor así. Porque ya me decidí. Vamos a tratar de llevar adelante tu idea… y quiero que me ayudes a sostener esa decisión.
–¿Cómo?
–Si llegara el caso de que entrara en pánico y quisiera echarme atrás… vos tenés que impedírmelo.
–Harry… yo no voy a forzarte a que hagas nada…
–Claro que no. Te estoy pidiendo un favor… porque sos mi amigo.
–Harry… eso podría significar… impedírtelo… si vos no querés… podría significarte la muerte… ¡no fue eso lo que quise decir, en realidad!
–No te preocupes… yo entendí lo que quisiste decir.
Hubo una larga pausa, Draco se sentía cada vez más incómodo.
–Creo que ésta es nuestra mejor oportunidad, la noche del eclipse nos tiene que encontrar lo mejor preparados posible. Confío en tu plan, Draco. Confío en vos y en tus manos confío mi vida.
–Harry…
–Pero hay algo más… necesito que me prometas algo.
–¿Que sería..? –a Draco no le gustaba el rumbo que tomaba la conversación.
–Te aseguro que confío en que esto va a resultar… pero por si el destino decidiera que no resulte… debo tener un plan alternativo, por las dudas.
Cada vez le gustaba menos. –¿Qué clase de plan?
–No puedo permitir que Voldemort gane. En ningún caso podemos permitirlo… y si me quita la vida, gana.
–Harry… no lo digas… por favor, no.
Harry lo agarró del brazo y lo hizo girar para que las caras quedaran una frente a la otra. –Draco… si en el último minuto… si pareciera que el plan no va a dar resultado… necesito… –apretó los labios, le sacó la daga del cinturón y se la extendió por el mango– Ya te lo había dicho una vez… antes me mataría que dejarlo ganar… en incluso dejaría…
–…que yo te matara. –completó con un susurro– Harry… no puedo… vos tenías razón… incluso cuando estábamos en los calabozos… cuando todavía te odiaba… cuando pensaba que quería… no hubiera podido hacerlo… y ahora, menos que menos… no podés pedirme… yo no…
Harry lo hizo callar posándole un dedo sobre los labios… Draco dejó escapar un gemido.
–Es por eso que tenés que hacerlo, porque sos mi amigo… no lo vas a dejar que me mate… si yo no puedo ganar, él tampoco tiene que ganar.
–Harry… no…
–Prometémelo. –lo obligó a tomar la daga y luego le rodeó la mano con la suya– Prometémelo, que si llegado el momento… vemos que no va a resultar… que vos lo vas a hacer.
–Pero es que va a resultar… prometeme que no vas a pensar que no puede resultar… porque te juro que va a resultar.
–Yo confío en vos… te lo prometo.
Temblando, Draco apretó su otra mano alrededor de la de Harry. –Entonces yo también te lo prometo.
Los dos se quedaron mirando hacia el oeste las últimas luces del día que todavía pintaban las nubes más altas. En el este la luna se había levantado por encima de las montañas, para Draco ominosa en su brillo… casi completa.
Guardó la daga. Harry había vuelto la cabeza hacia la luna.
–Luce tan inocente, ¿no?
–No, en realidad. No, si uno ha leído como yo sobre su oscuro influjo mágico. Deberíamos ir a dormir, mañana nos espera un largo día.
–Vos creés que yo podría irme a dormir ahora. –replicó Harry.
–Supongo que no… no puedo culparte.
Harry asintió y volvió la vista al lago. Draco permaneció a su lado, perdió la noción del tiempo, trataba de apartar de la mente el miedo que sentía… ¡tenía que poder lograrlo! Harry sentado a su lado, sus brazos se tocaban, Draco podía sentir su imponente presencia, su poder único, su aura tan característica.
No puedo fracasar. No puedo perderlo.
Harry le apoyó la cabeza sobre el hombro. Lo tomó de sorpresa. –Harry, ¿estás bien?
Lo sintió asentir suavemente en su cuello. –Sólo… un poco… y por favor, no vayas a contar nada de esto cuando volvamos.
Draco se limitó a asentir, era tan agradable, sentir la cabeza sobre su hombro. Le rodeó la espalda suavemente con un brazo y lo sintió distenderse en el abrazo.
–Gracias. –susurró Harry.
No te preocupes. –lo apretó contra sí– Está todo bien, estás conmigo.
–Lo sé.
oOo
I walk through the gardens of dying light,
And cross all the rivers deep and dark as the night,
Searching for a reason why time would've passed us by.
With every step I take the less I know myself.
Every vow I break on my way towards your heart.
Countless times I've prayed for forgiveness.
But gods just laugh at my face.
And this path remains.
(HIM)
Camino por los jardines de luz agonizante
Cruzo todos los ríos profundos y oscuros como la noche
Buscando la razón de por qué el tiempo nos había dejado atrás
Pero con cada paso que doy, menos puedo entenderlo.
Por cada voto que quiebro en el camino hacia tu corazón
Incontables veces rezo pidiendo perdón
Pero los dioses sólo se burlan de mí
Y todavía me falta mucho para llegar.
(HIM)
