hOLAAAA!
Pido mil disculpas. Estuve complicada por algunas cosas y el jueves pasado debí haber subido este capítulo. El próximo va a subirse en la fecha estipulada (espero). Lamento la demora D:
Capítulo 12
Algo ha cambiado.
Cuando Nikolai despertó, se encontró con los ojos verdes de Stefan observándolo con atención.
—Roncas cuando duermes—dijo el búlgaro, sonriendo burlonamente. Se relamió los labios, con los ojos fijos en los del otro.
—Es mentira—se defendió Nikolai, sonrojado. Aunque dudaba que el sonrojo se debiera a eso... más bien se debía a la forma en la cual el otro lo contemplaba.
—Pero es igualmente muy atractivo —soltó el azabache, y el rumano creyó por un segundo que el otro seguía borracho. Pero no lo estaba, el sol de la mañana entraba por la ventana—Además, te queda muy bien esa camiseta.
El rubio observó su torso... no llevaba camiseta ni nada que se le pareciera.
—Pero si no... —balbuceó.
—A eso me refería—ronroneó Stefan, guiñándolo un ojo. Nikolai no sabía si reírse o hiperventilar, así que se tapó con una manta.
El búlgaro se levantó de la cama con decisión, y al rumano casi le dio un infarto, porque Stefan se había acostado con ropa y ahora no la tenía. Y no es que estuviera en ropa interior, no, es que estaba completamente desnudo.
Intentó no fijarse en lo que le colgaba entre las piernas, pero es que no pudo evitarlo. Casi suelta un gritito entre la sorpresa y la envidia.
—Qué rayos... —murmuró el rubio, atónito. El búlgaro le sonrió de forma un tanto felina, y se posicionó encima de él, acorralándolo contra el suelo. A continuación, apoyó una rodilla en la entrepierna de Nikolai, moviéndola con tortuosa lentitud.
El dueño de la casa se cubrió la boca para no gemir. No podía hacer esos ruidos, ¡su familia estaba en casa! Maldijo a Stefan internamente, pero quería dejarse llevar, maldición, desde la noche anterior en el maldito baño del bar tenía ganas de perderse con el búlgaro.
Y es que se sentía real, pero a la misma vez algo parecía no cuadrar. Ya sea el cambio de actitud repentino, o que su amigo fuera tan jodidamente lanzado...
...O que el ruido de la puerta cerrándose fuertemente lo hiciera salir de aquella ensoñación.
Porque cuando Nikolai despertó, súbitamente (y ésta vez en serio, hasta los ojos le dolieron por la repentina luz), se dio cuenta de que Stefan continuaba durmiendo exactamente en la misma posición en la cual cayó rendido la noche anterior (otra curiosidad interesante para la recopilación de datos mental del rumano), y afortunadamente, vestido.
Respiró hondo, intentando calmarse. Todo había sido un sueño, podía quedarse tranquilo. Ni la erección que se le había formado era su mayor preocupación.
Más bien se dedicó a insultar mentalmente al imbécil que interrumpió su sueño, golpeando la puerta tan fuerte. Inmediatamente escuchó el auto salir, y cayó en la cuenta que "el imbécil" era en realidad su familia. No era creyente, pero estaba seguro de que terminaría en el infierno.
Gateó hasta la puerta (porque no tenía ganas de incorporarse), y salió silenciosamente del cuarto, dispuesto a bañarse. Ya había tenido demasiado para una sola mañana.
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Al volver, con un tazón de cereales y una toalla en la cintura, Stefan seguía exactamente en la misma posición de antes (de costado, con el rostro apuntando hacia Nikolai y no a la pared; con la boca entreabierta y las sábanas a medio caerse).
—Es increíble—dijo en voz baja el rumano, sentándose en la silla de su escritorio, mientras desayunaba contemplando a su amigo.
Recordó su sueño, más con humor que con lujuria. Había sido muy estúpido, y el modus operandi de aquél Stefan en nada coincidía con el del mundo real. No era tan lanzado, y si lo era, no podría mantener la compostura y la seguridad de un Casanova por más de 6 segundos. Claro que Nikolai no lo conocía de esa forma, pero como amigo, podía asegurar de que no se comportaría así ni conociendo al amor de su vida.
Hizo una mueca ante ése último pensamiento. No le había dado muchas vueltas al tema, pero ahora se le venía a la cabeza. ¿Estaría Stefan interesado románticamente en alguien? Podía asegurar que no era de los que sólo buscaban revolcarse con alguien en una noche, ¿pero y si se equivocaba? Además, con toda probabilidad el azabache era heterosexual. No tenía idea si le iban los hombres de una forma u otra. ¿Y si encima era asexual, y ni siendo mujer hubiera tenido la oportunidad de estar con él? Siempre le quedaría la amistad como premio de consuelo, pero los premios de consuelo solían ser un asco (aunque mejor que nada).
Y encima empezó a sentirse mal consigo mismo por asociar la amistad suya y de Stefan con un asqueroso premio de consuelo.
—Soy terrible—chasqueó la lengua, llevándose una cucharada de cereal a la boca. Le supo menos delicioso de lo habitual.
Al parecer, sus palabras generaron un movimiento en su cama que lo alarmó. A eso le siguió un ruido sordo. Stefan se había dado vuelta... sólo que en vez de girarse hacia el lado de la pared, lo hizo hacia el lado opuesto.
Y así se cayó de la cama.
El rumano no pudo reprimir sus carcajadas. Stefan yacía tendido en el suelo, girando la cabeza hacia todos lados. Al ver al rubio, pareció entender qué hacía allí en vez de estar en su casa, en una cama de la cual no se caería normalmente.
—Amaneciste bien, ¿no? —se burló Nikolai, todavía con una gran sonrisa en su rostro.
—No estoy de humor para que te burles de mí—se quejó el de ojos verdes—Dime que me dormí en el suelo y no me acabo de caer. Ya no quiero pasar más vergüenza—suplicó, aún sabiendo que era en vano.
El rumano no dejó de sonreír. He ahí el Stefan que él conocía, y no el Playboy de sus sueños. Aunque doliera, prefería a éste. Y como lo prefería, sería honesto con él acerca de cualquier cosa...excepto acerca de sus sentimientos por él.
—Lo lamento, Stefan, pero dormiste en la cama—aunque su espalda lo lamentaba más que él.
El nombrado lo observó con cierta acusación en su mirada, pero a continuación la suavizó.
—Nikolai, quiero agradecerte por... —la gratitud del búlgaro fue interrumpida cruelmente por los gruñidos de su propio estómago.
—¿Por no alimentarte? —rió el rumano otra vez. Hacía tiempo que no gozaba de tan buen humor por las mañanas.
—Por dejar que me quede aquí—finalizó, sonrojado. Se incorporó (y Nikolai notó que un mareo pareció invadirlo) y estiró un brazo hacia el rubio. Éste último lo observó con curiosidad.
—¿Te sientes mal? —interrogó Nikolai. El otro negó, y con la cabeza gacha, le dio unas palmaditas en el brazo. Luego, para disimular, se dedicó a observar los libros que tenía el rumano allí.
Nikolai interpretó todo esto como una forma de agradecimiento.
—Por nada—sonrió el dueño de la casa—Ahora sí, vamos a darte de comer—y salió de la habitación dando un silbido, como si estuviera llamando a un perro.
Stefan lo observó con el ceño fruncido.
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Nikolai había leído que a los búlgaros les gustaba el Yogurt. Decidió comprobar ese hecho dándole uno a su amigo.
Y el estereotipo parecía ser cierto, ya que la cara de Stefan se iluminó y devoró el dichoso alimento con ansias. El de ojos carmesíes lo contemplaba, muy interesado.
—Parece que el yogurt es más efectivo que las aspirinas a la hora de curar la resaca, ¿no? —comentó Nikolai.
—A veces sí—admitió Stefan—Al menos, a mí me funciona—giró la cabeza hacia la puerta—¿Dónde está tu familia?
—Salieron a pasear con mi hermano—explicó.
—O sea que... ¿estamos solos?
—¿Y a ti qué te parece? —respondió sarcásticamente, resistiéndose a las ideas tentadoras que se le venían a la cabeza.
—Sólo era un comentario—el búlgaro lo fulminó con la mirada al decir esto—Quería sacar un tema de conversación—masculló.
Nikolai dejó escapar una pequeña carcajada. ¡Cómo se habían dado vuelta los papeles en cuestión de unos meses! Porque así se había sentido él al principio de todo.
—Qué intento más adorable—comentó el rumano.
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Ambos pasaron una mañana muy agradable. Nikolai hasta se puso triste cuando Stefan decidió que era hora de volver a su casa.
—Vuelve pronto—le dijo, aunque para sus adentros fue más bien un "le pidió".
—Lo haré—prometió el búlgaro—Además, quiero seguir estudiando contigo.
Nikolai estuvo a punto de sugerirle que fueran a casa del búlgaro (que nadie lo culpara, sentía curiosidad, ¿quién no?), pero recordó la incómoda conversación la noche anterior acerca de la familia de su amigo.
Así que antes de que pudiera decirle sus últimas palabras (de momento, claro), Stefan se acercó a él espontáneamente y lo abrazó.
Y las piernas del rumano casi fallan en la constante misión de sostener el peso de su cuerpo, porque le tiemblan levemente como gelatina. Su incómodo interés amoroso y probablemente mejor amigo, lo estaba abrazando y sin alcohol en la sangre, lo que lo hacía todavía más sorprendente.
—¿Stefan? —atinó a decir, mientras el nombrado lo apretaba cariñosamente contra sí mismo.
—Muchas gracias por todo. De verdad. Eres... —apretó rápidamente la playera que Nikolai se había puesto—Un muy buen amigo... y una persona muy especial. Perdona los problemas que te causé.
—N-no pasa nada—tartamudeó el más bajo, un poco aturdido (aunque sumamente contento) ante aquella muestra de cariño.
Apenas se separó, el de cabello negro se despidió con un escueto "Adiós", aunque eso no rompió la ensoñación del menor. Permaneció ahí parado, observando a Stefan hasta que lo perdió de vista al girar en la esquina. Luego, replicó ante nadie en particular:
—Agrega esto a mi lista de razones por las cuáles me gusta este tonto.
Más tarde la cambiaría a "razones por las cuáles me enamoré de éste imbécil", pero necesitaba un poco más de tiempo para espabilarse de aquél abrazo y aquellas palabras tan encantadoras.
Todavía me rio cuando leo la primer parte JAJAJAJA Sorry, not sorry.
