CAPÍTULO 14
MAS QUE UNA PRIMERA VEZ
Era sábado, pero la reina prácticamente había madrugado, el aroma del café recién preparado se podía oler por todo el departamento Blue&Mills, parecía que quien desayunaría esa mañana sería un ejército de soldados y no un par de amigas; huevos revueltos, panqueques, tostadas, pan, yogurt y frutas eran algunas de las cosas que llenaban la pequeña mesa del comedor.
Azul, aún adormilada y en pijama apareció en la cocina, el aroma del café terminó por despertarla, observó la mesa y cada uno de los alimentos, sorprendida por la cantidad, hasta que la voz de Regina la sacó de su asombro.
- Buenos Días - sonrió, el hada giró para observarla.
- Buenos Días.
- ¿Desayunamos?, hice un poco de todo, no sabía exactamente qué es lo que querrías desayunar, así que...
- Somos solo dos, Regina, esto, todo esto - señaló la comida - es como para un ejército.
- Sí... Pero mejor que sobre a que falte ¿no crees? - el hada rodó los ojos imitando a su amiga - Azul, yo...
- Lo sé - contestó tajante la ex madre superiora - Pero primero desayunemos - la morena asintió y se sentó, el hada hizo lo mismo. El desayuno transcurrió en un silencio incómodo, la morena observaba de reojo a su amiga, esperando que terminara para poder conversar y pensando en cómo empezar.
- Regina, sé que ayer me comporté pésimo - la morena levantó la vista de sus huevos revueltos...
- Yo también - interrumpió la morena - debí haberte contado, haberte dicho sobre David y yo... Pero... - el hada resopló, dejando su taza de café en la mesa.
- Regina, no es el hecho de que no me hayas contado - dobló una servilleta - bueno, tal vez un poco - admitió - al fin y al cabo, yo hice lo mismo al no contarte que mantenía contacto con él, desde que salimos de Storybrook; el hecho es que no quiero que sufras - tomó la mano de su amiga sobre la mesa - He dejado de ver a David como el príncipe Encantador desde su comportamiento contigo allá en del pueblo... Sé que en este mundo él es sólo David, pero no voy a olvidar su cobardía y falta de juicio para contigo... Y verte encariñada a él, y luego pensar en lo que hizo y en lo que podría hacer...
- No Azul, él no va hacer nada... O por lo menos no creo que intencionalmente...
- ¿Estás tan segura?
- He hablado con él, sí, se equivocó, no lo voy a justificar porque me lastimó, pero puedo entenderlo, estábamos en una situación complicada, algo que ninguno de los dos lo vio venir y bueno él reaccionó de la peor manera, pero es porque tenía una familia, una relación estable, se vio acorralado y... Bueno hizo y dijo lo primero que pensó.
- Lo estás justificando Regina
- No Azul No; sólo me he puesto en su lugar y he tratado de entender desde su perspectiva. Él también ha sufrido, también ha llorado, también se vio impotente con la pérdida del bebé - se le quebró la voz.
- Regina...
- Yo sé, sé todo lo que está en juego al empezar algo con David, ambos venimos de acabar con lo que se decía era nuestro final feliz - se llevó el pulgar de la mano derecha al rostro y se secó una lágrima solitaria que había resbalado - No soy una adolescente, ni mucho menos la tonta Regina que creía en el polvo de hadas. Tengo miedo sí, te mentiría si dijera que el sólo pensar en una herida más no me asusta, pero el latir acelerado de mi corazón cuando lo veo - suspiró y se llevó una mano al pecho - me hace pensar que tal vez en esta ocasión si puedo ser feliz. No es así cómo describen en las más bellas obras literarias los primeros signos y síntomas de un gran amor?
- Regina, amiga... Son solo libros... Una vez ya creíste en uno...
- Lo sé, pero esta vez iré con cautela, no quiero apresurar nada, tal vez suene extraño lo que diré... pero David y yo nos estamos conociendo, recién - una sonrisa tímida esbozó - hemos estado juntos en muchas batallas... Pero nunca, nunca estuvimos juntos de esta manera, conociéndonos o ayudándonos en cosas simples y sencillas de la vida. Quiero ver que pasa y que resulta de esto.
El hada la observó unos instantes, tratando de interiorizar todo lo manifestado por su amiga...
- Regina, no tienes que explicarme todo esto, ni mucho menos debes pensar que tienes que pedirme permiso para tomar tus decisiones
- Lo sé Azul, pero eres mi amiga, la única que tengo y en quien confió, no quiero que hayan secretos entre nosotras, y es muy importante para mí, que me apoyes en esta decisión, que apoyes esto que estoy empezando con David - apretó la mano del hada.
A la castaña se le empañaron los ojos por las lágrimas contenidas.
- OK - dijo y sonrió Azul.
- ¿Cuánto tiempo llevan saliendo? - la morena soltó la mano de su amiga, se acomodó en la silla y con las mejillas ligeramente sonrosadas y una gran sonrisa contesto:
- Hace tres semanas aproximadamente - se mordió el labio inferior.
- ¿Y?
- ¿Y qué? - el hada sonrió al verla nerviosa.
- ¿Que han hecho? - maliciosamente el hada levantó una ceja.
- Anduvimos por ahí...
- ¿Solos?
- Sí solos - la morena frunció el ceño, y fulminó a su amiga con la mirada - ¿A dónde quieres llegar con este interrogatorio Azul? - el hada soltó una carcajada.
- A nada... sólo simple curiosidad.
Regina se puso de pie, recogió las tazas sucias y se dirigió al lavaplatos...
- Azul ¿ya olvidaste todo lo que te acabo de decir? - rodó los ojos, el hada aun riendo se puso de pie y fue hasta donde estaba ella, se recostó en la isla aún con un vaso de yogurt en la mano - dije que quiero ir con cautela... Que nos estamos conociendo... - abrió el caño y empezó a lavar las tazas...
- Te creo... Pero no creo que solo anduvieran por ahí conociéndose...- rio - vas a decirme que no hubo besos? - la morena sonrió y negó con la cabeza mientras continuaba fregando los trastes.
- Sí hubo besos - sonrió mientras sus mejillas se tornaban rosadas al recordar los labios del príncipe sobre los suyos.
- ¿Y... Sólo besos?
- Bueno, alguna que otra caricia
- ¿Y que sientes? - la reina suspiró.
- Ahh me siento como si estuviera en otro mundo - suspiró - él es tan tierno y protector que... - suspiró nuevamente - Ay Azul, él es tan encantador... - dijo mientras secaba las tazas y platos con una franela amarilla.
- ¿Te excitas?
- Tal vez un po... ¿QUÉ DEMONIOS AZUUUL? - arrojó la franela amarilla en la cara del hada, quien no paraba de reír - Cállate - estaba roja de furia y de vergüenza - No sé en qué momento terminamos hablando de esto...
El teléfono de Regina sonó indicando un mensaje de texto, rodando los ojos al hada que no paraba de reír, la morena fue hasta la mesa y tomó su teléfono, desbloqueó la pantalla y leyó el mensaje.
- ¿David? - Preguntó el hada, mientras calmaba su risa.
- Sí - respondió mientras digitaba algo.
- Puedes decirle que venga si quieres, no se preocupen por mí... Yo tal vez salga por ahí...
- No es necesario Azul, ¿Qué tal si almorzamos los tres aquí? - Azul levantó una ceja.
- Ayy Regina... No querrás que abrace a David y lo reciba como un gran amigo.
- No Azul – rió - sólo quiero que almorcemos - el hada lo pensó un poco y luego aceptó.
- Está bien... - resopló
- Voy a avisarle a David - Regina sonrió y fue a sentarse al mueble más cercano, mientras Azul se dirigió a tomar un baño a su habitación.
Horas más tarde…
Se miró en el espejo una última vez y fue a abrir la puerta.
- Hey Regina!
- Hey David, pasa... - la morena besó la mejilla del rubio y se hizo a un lado para que el príncipe entrara, Él así lo hizo, pero permaneció detrás de ella, mientras Regina cerraba la puerta.
La morena sonrió, mientras tomaba la mano del rubio y trataba de llevarlo hasta un mueble cercano, pero él la detuvo.
- Regina
- ¿Si? - preguntó ella mientras se giraba para verlo.
- ¿Y Azul?
- Debe estar... No sé... Cambiándose seguro - levantó los hombros, y se giró para seguir caminando con él de la mano, pero él la detuvo nuevamente.
- Regina... - tragó en seco - ¿has hablado con ella, me refiero a... sobre nosotros? - la morena frunció el ceño.
- Sí…
- ¿Y cómo lo ha tomado?
- Bueno... - lo pensó un poco - ella...
- ¿ASÍ QUE ANTIPÁTICA HADA EHH? - dijo Azul, apareciendo detrás de Regina, con una sartén en mano mientras golpeaba la otra con la misma. El rubio tragó en seco, y Regina soltó una carcajada al observar el miedo en la cara del príncipe.
- Ella sólo está jugando David! - dijo entre risas.
- ¿Quién dice que estoy jugando Regina? - dijo sin apartar la vista de David.
- Azul, ya basta! - el hada miró a David, luego a Regina, luego nuevamente a David y soltó una carcajada.
- Ojalá y pudieras ver tu cara principito - reía, mientras se llevaba una mano al vientre debido a las arcadas producidas por la risa.
- Vamos a almorzar - dijo Regina aun riendo y arrastrando al príncipe hacia la mesa - Azul, ven a ayudarme a servir y deja de molestarlo - Entre risas las dos mujeres se dirigieron a la cocina, dejando a David un poco incómodo y rojo por la vergüenza que acabara de pasar.
El almuerzo transcurrió tranquilo, charlaron de diversas cosas, incluyendo el trabajo de David y el cómo había dejado al pueblo antes de venir a Burlington, hasta que Regina dijo:
- David...
- ¿Si Bonita? - Respondió el príncipe con una bella sonrisa, Azul rodó los ojos, mientras bebía su jugo de manzana.
- Me gustaría hablar con Henry, hace tiempo que no sé de él y lo extraño - suspiró triste - me podrías dar su número y conectarme para verlo... igual que la última vez?
- Por supuesto - dijo el príncipe - este es su número - la reina digitó en su teléfono y lo guardó - Ahora hagamos la vídeollamada, pero préstame tu portátil - la reina asintió y fue por su computadora a su habitación.
- Llevo meses en esta ciudad - gritaba eufórico por teléfono a quien quiera que fuese su receptor al otro lado de la línea - esperando tu señal para actuar... No te parece que ya fue suficiente? - renegaba mientras caminaba de un lado a otro - Sí, claro que le dejé tu advertencia. No no lo sé, no sé si la leyó... no pude hacer mucho, en cualquier momento podría haber salido él y no podía permitir que se complicaran las cosas. Esto es una estupidez en lugar de estar jugando con papelitos, deberíamos actuar de una vez por todas. Estoy cansado. Por ti estoy acá, por ti la he vigilado todo este tiempo... ¿Acaso has cambiado de parecer, después de la forma tan perra como te traicionó?
- Ya te pregunté una vez y ahora lo vuelvo a hacer. ¿Me dirás cómo actuar? ¿O yo decido cómo y cuándo? - se rascó la cabeza frustrado por lo que sea que le dijeran... -
Regina y David estaban sentados uno al lado del otro en uno de los confortables muebles del departamento. Henry apareció en la pantalla del teléfono
- ¡Abuelo, Mamá!
- Henry, cariño, ¿cómo estás? - preguntó emocionada y feliz la reina.
- Bien mamá, estoy bien, en la escuela voy bien...
- Así? - Regina levantó una ceja - ¿Y las matemáticas?
- Ahí... - se hizo el desatendido
- ¡Henry Daniel Mills! ¿Qué quieres decir con "ahí"?
- Mamá, ya sabes que odio las matemáticas... Pero no voy tan mal... Violet me ha estado ayudando a estudiar...
- ¿Violet? ¿Sigues con esa niña? - los celos de la reina se evidenciaron de inmediato.
- Mamá...
- Regina, Por favor... - El príncipe apretó la mano de la reina con la suya. Ella respiró un par de veces y prosiguió...
- Lo siento cariño, yo solo, ya sabes... Aún no supero el hecho de que ya eres un chico grande... - resopló - mejor dime ¿cómo están todos por allá?
- Todos en la misma rutina de siempre... Aburridoooooo - el adolescente rodó los ojos... Mamá, Violet y yo queremos visitarte, aún tenemos un almuerzo pendiente, recuerdas? Tú podrías hablar con sus padres o Emma lo podría hacer...
Regina se giró para mirar a David, quien acariciaba su mano, tratando de decirle con la mirada que sino quería no debía responder nada. Ella se giró hacia la pantalla nuevamente...
- Cariño lo voy a pensar, tú sabes que para Violet no sería fácil salir del pueblo... además no tenemos los ingredientes necesarios para preparar la poción para que no pierda sus recuerdos, ni allá en SB y mucho menos aquí... Es una poción muy difícil de preparar...
- Pero tú puedes hacerlo mamá, eres la mejor en eso...
- Henry...
- Henry, ¿Cón quién hablas…? Oh lo siento, no quería interrumpir - dijo la rubia cuando ingresó a la habitación de su hijo.
- Emma, son mamá y el abuelo, estábamos... - su móvil sonó - Oh no, olvidé por completo que quedé en acompañar a Violet a sus clases de pintura - dijo colocándose la mochila a la espalda... Mamá, te parece si hablamos después?
- Si claro Henry, hablamos después...
- Ok. No olvides la poción, busca la manera de poder prepararla, por favor. - Regina asintió - Te amo.
- También te amo hijo, no olvides tu bufanda...
- Está en la mochila mamá, Adiós... - el adolescente desapareció tras la puerta de su habitación.
Emma, con las manos en los bolsillos de atrás del pantalón, rodeó la cama de su hijo, y se sentó en ella, frente a la computadora prendida, hace tiempo no veía a su padre y a Regina, sabía por Henry que estaban bien. Pero nunca les había hablado como en este momento.
- David, Regina, ¿Cómo están? ¿Qué dice el mundo exterior?
- Emma hola - saludó el príncipe - Bien, bien todo tranquilo.
- Hola Emma - saludó Regina un poco incómoda, David se dio cuenta y rápidamente preguntó.
- ¿Cómo estás, y Hook? - la rubia se encogió de hombros
- Supongo que en la comisaria, desde que nos dejaste él me ha estado ayudando allá - respondió con un toque de resentimiento en la voz - Hablando de eso, ¿Cuándo piensas regresar? - miró a Regina y luego nuevamente a su padre, esperando una respuesta. David percibió el nerviosismo de la reina ante la pregunta y acarició su muslo tratando de tranquilizarla, acto que no pasó desapercibido por la rubia.
- Conseguí trabajo en esta ciudad Emma, por lo menos debo esperar que termine mi contrato.
- ¿Y tú Regina?, Mamá asumió nuevamente la Alcaldía... pero tengo que admitir que tú eres la única que sabe cómo dirigir este pueblo, ¿Cuándo regresas?
- Emma... yo también tengo trabajo aquí. No creo que regrese pronto o por lo menos no en un tiempo próximo.
- Si ya veo - respondió la rubia intercalando miradas entre la morena y su padre - Bien, tengo que ir a la comisaría. - Se puso de pie y se acercó a la pantalla tratando de desconectar la vídeollamada.
- Está bien. Cuídate Emma - dijo el príncipe, la rubia asintió y desapareció de la pantalla.
La morena respiró aliviada con el final de esa conversación. Agradeció que fuera Emma quien la finalizó. Recostó su cabeza en el hombro del príncipe
- ¿Estás bien, Bonita? - preguntó acariciando su mejilla mientras tomaba su mano con la otra.
- Uhum - sólo dijo Regina, mientras se dejaba consentir y apapachar con las caricias de David, a pesar de que su mente estuviera muy lejos de ese lugar.
Un mes y medio había pasado, desde que ella había aceptado al príncipe en su corazón y lo había dejado entrar en su vida, cursimente podría decir que ahora veía la vida con un toque color de rosa. Estaba enamorada. Sí que lo estaba, amaba a ese guapo príncipe como jamás pensó que podía llegar amar a alguien, todo era tan perfecto a su lado... Él no perdía la oportunidad de decirle y repetirle cuanto la amaba y lo enamorado que estaba de ella y ella aunque no se lo decía "aún", tenía que admitir que le gustaba todas las veces que él se lo susurraba al oído.
Esa tarde la habían pasado en su lugar secreto, aquel en donde podían estar solos sin ser observados por el resto del mundo. Si bien ellos sabían que a estas alturas los que los conocían ya sabían sobre su relación, ese hermoso claro, escondido en el bosque seguía siendo su lugar perfecto para verse.
David se encontraba sentado y recostado en la base de un Pino gigante, abrazando a Regina por la cintura. La morena estaba entre las piernas del rubio con la espalda recostada en su pecho, riendo de vez en cuando con las ocurrencias y chistes del príncipe, mientras él disfrutaba del aroma a manzana del cabello de su reina.
- Me encanta escuchar tu risa, Bonita - le susurró apretándola un tantito más, mientras recorría el cuello de la morena con la punta de su nariz. Ella volvió a reír y se encogió un poco, aquellos pequeños roces erizaban su piel por completo y la hacían suspirar y pensar en lo que tal vez un toque más íntimo podría provocarle.
- Y a mí me encanta que me hagas reír - dijo sonriendo y girándose para quedar frente a él.
David sonrió y llevó su mano derecha al mentón de la morena, levantándolo lo suficiente para poder capturar su labios en un tierno y apasionado beso, ella correspondió y llevó sus brazos alrededor del cuello del príncipe y acomodó sus piernas de tal manera que resultaron sobre las de él. El apuesto príncipe llevó sus manos a la fina cintura de la reina y la atrajo un poco más, de modo tal que podía sentir su cuerpo junto al de él.
Un sexy gemido escapó de sus labios, cuando Regina, aún sobre las ropas sintió el roce de su intimidad a la de él, el príncipe al darse cuenta de lo sencillo que había sido regalarle ese pequeño momento de placer, se excitó al instante, llevó sus manos a las caderas de la reina y la volvió a empujar hacia delante, sensación que provocó que Regina volviera a gemir y esconder su rostro en el cuello del rubio.
-¡David! – Susurró, mientras besaba detrás de su oreja.
Sonriendo, el príncipe volvió empujar las caderas de la reina hacia él, una, dos, tres veces más; hasta que fue ella misma quien se movía a un ritmo lento, sexy y constante. El contoneo de las caderas femeninas sobre la entrepierna del príncipe, lo hicieron endurecer a tal punto que no pudo evitar rugir en su oído y respirar profundo para no venirse en sus pantalones. Buscó sus labios y la besó de nuevo.
-Eso Baby, eso…- murmuró el rubio.
Mientras sus bocas seguían saboreándose, las manos del príncipe viajaron hasta el botón delantero del jean de la reina, haciéndola saltar y separarse de sus labios debido a lo inesperada de la acción, el rubio la miró unos segundos, tratando de encontrar un "No" en su mirada que lo hiciera desistir lo que tenía planeado, pero al no encontrar esa respuesta y por el contrario, verla divinamente sonrosada a la luz de la luna llena, y tratando de recuperar el aliento que sus besos le habían robado, acercó sus labios nuevamente a los de ella y continuó desabotonando el pantalón y liberando enseguida la blusa roja de seda que se encontraba dentro y ahora sí pudiendo acariciar la suave piel de su cintura, espalda y vientre bajo la blusa. La sintió abrazarlo e impulsarse un poco más hacia delante, lo que lo motivó a dejar los labios de la morena, para besar sus mejillas, su mentón, y la piel expuesta que el cuello de la blusa dejaba ver, regresó a su boca y mordió suavemente su labio inferior, haciéndola soltar unos cuantos suspiros y jadeos que no hacían otra cosa que volverlo loco de lo tan excitado que ya se encontraba.
Ella estaba en otro mundo, disfrutando de la placentera fricción que había descubierto mientras se balanceaba y restregaba sobre el endurecido miembro del príncipe, cuando sintió de pronto las manos masculinas en el botón de su pantalón, lo cual la hizo sobresaltar y alejarse un tantito, no por miedo, ni por rechazarlo, sino por lo arrebatado del acto. Tratando aún de recuperar el aliento, lo miró a los ojos, a ese azul océano en que le encantaba nadar y decidió que tal vez era el momento de sumergirse un poco más al fondo, allá donde las aguas eran calmas y el azul, era aún más azul. Sus pensamientos se vieron interrumpidos, cuando las manos de David continuaron su tarea, se abrazó a él y se impulsó hacia delante para sentirlo aún más cerca, sintió de nuevo el sabor de sus labios y unos cuantos besos más mientras sus manos la acariciaban bajo la blusa, hasta que sintió un leve tirón en su labio inferior y un húmedo beso en su pecho, haciéndola estremecer y jadear por las sensaciones provocadas.
Las manos del príncipe, aún bajo la blusa recorrieron la suave piel de la espalda femenina, desabrocharon el sujetador, y sin quitárselo, rápidamente sus pulgares comenzaron un delicioso jugueteo con los ya endurecidos pezones.
- ¡David! - susurró y enterró nuevamente su rostro en el cuello del rubio.
- Sólo siente y disfruta Belleza - jaló levemente los pezones.
- Mhhh - mordió el lóbulo de su oreja, y él sonrió.
- Hey, quiero escucharte, Déjame escucharte, no intentes acallar tus gemidos. Me encantan...
Él descendió una mano hasta el cierre del pantalón de Regina y lo bajó.
- Ahh - jadeo al sentir sus dedos sobre su ropa interior.
- ¡Oh Baby, estás mojada! - dijo el príncipe acariciándola y jalándola levemente del brazo para descubrir su rostro.
Ella lo miró, rogándole con sus ojos que continuara, algunos mechones castaños le cubrían el rostro hermosamente enrojecido, él colocó un par de ellos detrás de sus orejas y la besó, mientras su dedo pulgar empezaba a trazar patrones circulares sobre su botón de placer, aún por encima de la prenda femenina que se empapaba cada vez más de sus fluidos.
¡Cielos! Esa sensación de tener sus dedos sobre su intimidad, era maravillosamente perfecta y deliciosa, pero ella quería más, quería mucho más, y al parecer David lo notó, pues de inmediato sintió los grandes dedos masculinos abrirse paso debajo de la ropa interior.
- ¡Oh Nena! Eres tan suave - dijo el príncipe al tocar la piel sin ningún rastro de vello púbico. Maldición, al sentirla así, su miembro dio un tirón en anticipación y contuvo las ganas de desgarrar esa prenda, bajarle los pantalones, colocarla de espaldas y poseerla en el pasto. Pero no, ese momento era de ella.
- Daviddd
- Ok Bonita, tranquila. Te daré lo que quieres - dijo extendiendo sus dedos por toda su zona íntima y regresando a su clítoris para masajearlo con la yema de su pulgar. Sus caderas comenzaron un ligero movimiento hacia delante y hacia atrás, en busca de esa deliciosa fricción que sólo esos grandes dedos le proporcionaban, pero de la nada David paró y sacó sus dedos de entre su ropa... Ella gimió en disgusto y él sonrió.
¡Cielos! Se estaba comportando como una estúpida chiquilla con las hormonas revueltas, pero el príncipe no podía dejarla así, ¿la dejaría? No, No, eso no podía ser cierto, tenía que terminar con lo que había empezado, no podía dejarla con esas ganas, de lo contrario...
- Lo siento Baby, sólo quiero que estés más cómoda - sonrió - Ven... - envolvió su cintura con un brazo y la jaló un poco hacia su muslo derecho - siéntate de costado y sujétate de mi cuello - ella así lo hizo, feliz de que el príncipe no la dejaría a puertas de ese orgasmo - Muy bien Bonita - besó sus labios - Ahora abre las piernas y sólo disfruta - ella obedeció, abrió sus piernas y se propuso disfrutar...
Nuevamente la mano del príncipe viajo entre su blusa, pellizco el pezón derecho, luego el izquierdo y descendió más hasta llegar a esa zona que se encontraba tibiamente encharcada...
- Mmmh
- Ok ok, sólo relájate y disfruta - se mordió el labio inferior, respiró y asintió.
El pulgar del príncipe empezó de nuevo un torturante y delicioso movimiento sobre su clítoris, haciéndola soltar toda clase de gemidos y suspiros, mientras su dedo índice tanteaba su pequeña entrada.
- ¡Ahhhh David! - exclamó cuando sintió el dedo índice del príncipe introducirse por completo, él sonrió y comenzó un vaivén dentro y fuera.
- Oh Dav - David...
- Así Baby, así, disfruta... - Dijo mientras esta vez introducía un dedo más - Oh Eres tan apretada Cariño - susurró en su oído al sentir esas paredes apretar sus dedos, y sentirla mover sus caderas al ritmo de sus embestidas.
- Más, más rápido por favoooor David - él así lo hizo, aumentó la velocidad de sus dedos y sintió que se vendría en sus pantalones de sólo verla en el estado en que se encontraba, sus cabellos marrones se pegaban a su rostro pero a pesar de ello veía los ojos fuertemente cerrados de la reina, mientras su respiración era entrecortada.
- Vente Belleza, vente - la reina escondió nuevamente su rostro en el cuello del príncipe y gimió alto, mientras su cuerpo convulsionaba de placer y su intimidad latía apretando los dedos del príncipe.
- Eso es Hermosa, eso es - repetía el príncipe mientras la ayudaba a bajar de su orgasmo sin dejar de acariciar su botón de placer. Pasaron unos minutos y la sintió respirar tranquila sobre su hombro.
- Regina, ¿estás bien? - preguntó al sentirla relajada en su hombro - ¿Bonita? - Ella desenterró su rostro del hombro de David y lo miró unos segundos...
- David, Yo… - dijo con sus mejillas rojas por la vergüenza – Estoy muy avergonzada por lo que pasó - apartó la mirada de los ojos azules - Debo haber parecido una tonta adolescente hormonal - el príncipe soltó una carcajada - ¡No te burles David, en serio estoy muy avergonzada! - se cubrió el rostro.
- Hey Regina, Bonita, Tranquila - descubrió su rostro - Sé que no eres una adolescente, al contrario, veo en ti a una Hermosa, Perfecta y Bella mujer. Y Te Amo - le dio un piquito, mientras subía el cierre y abotonaba el pantalón de la morena. Ella, aun desviando la mirada de él, sonrió y se dio cuenta de algo.
- ¿David y tú? - dijo la reina mirando la entrepierna del príncipe, donde se observaba claramente su bulto excitado, mientras él terminaba de abrochar su sujetador y acomodarle la blusa.
- Nada que un baño de agua fría no pueda relajar - sonrió - Vamos, te llevaré a tu departamento.
- David...
- ¿Sí?
- Yo - se despejó la garganta - A mí, me gustaría poder ayudarte con eso - dijo volviendo su vista a la entrepierna del príncipe y luego mirándolo a los ojos.
- No Bonita, no tienes que hacerlo...
- David, en verdad quiero hacerlo...
Él nunca le negaría nada a la reina, mucho menos esto, "esto" que él también deseaba, pero no quería que ella se sintiera presionada o comprometida por lo que acababa de suceder... Y mucho menos quería que se arrepintiera después...
- Regina... - llevó una mano a su mejilla y la acaricio suavemente... - No tienes que...
- David por favor, quiero hacerlo... - susurró y se acercó a su oído diciéndole: ¡Quiero hacer el amor contigo!
Él tragó en seco sintiendo su cuerpo estremecer ante aquella solicitud.
- ¿Estás segura?
- Completamente - susurró y se acercó para besar sus labios, se separó lentamente y lo miró unos segundos, esperando que él aceptara su propuesta.
- ¿Te gustaría visitar mi departamento? - preguntó, mientras sonreía y acariciaba su nariz con la suya, ella correspondió con el mismo gesto y sonrió.
- Me encantaría.
Ok, Sí. Estaba muy muy nerviosa, no era una adolescente y no sería su primera vez, pero no podía evitar no estarlo. Tendría sexo con el príncipe Encantador, con el hombre que su corazón quería y su cuerpo deseaba.
Observó el departamento, era la segunda vez que lo visitaba, pero era la primera vez que se tomaba el tiempo para observar todo a su alrededor. Era mucho más sencillo que el de ella, pero confortable. El parqué le daba un toque casi rural, las paredes pintadas de un amarillo cobrizo y los muebles en tonos marrones eran el juego perfecto, se puso de pie y abrió las cortinas, encontrando lastimosamente nada más que el edificio del frente, cuyas ventanas estaban frente a donde ella estaba.
- Ya sé lo que dirás, es una pésima vista comparada a la tuya, pero el lugar es confortable, queda no tan lejos del trabajo y me he acostumbrado aquí. - dijo el príncipe mientras la abrazaba por detrás y dejaba un beso en su hombro - Vamos a cenar Belleza - tomó su mano y la dirigió a la mesa.
- Su Majestad - dijo retirando la silla e inclinándose para que ella se siente - esta noche usted tendrá el agrado de degustar una de mis especialidades, así que prepárese, un minuto por favor - se inclinó de nuevo y corrió a la cocina haciéndola reír, lo vio colocarse los guantes y abrir el horno, y ese inigualable y característico aroma invadió el departamento. El príncipe se acercó con la fuente en la mano y Regina levantó una ceja.
- ¿Lasagna, David? ¿En serio?
- Sé que es tu favorita
- Sí lo es...
- Bien, no se diga más, A cenar señorita. - el príncipe colocó una porción en el plato de la reina y otra en el de él, cuando Regina llevó el primer bocado, David la miró expectante.
- ¿Y?
- No se compara a la mía, pero nada mal Encantador, te daré unas cuantas clases de cocina - el príncipe la miró ofendido, haciéndole soltar una carcajada
- ¿Y todavía te ríes, Regina? Eres mala, yo que me había esforzado tanto... - ella volvió a reír.
- Que resentido principito - besó su mejilla - Está delicioso - el rió feliz ante el cumplido y juntos disfrutaron de la lasagna.
- No sé si exista pero esto parece un Deja vu invertido - dijo la reina recogiendo la vajilla sucia y dirigiéndose al lavaplatos.
- La mejor Lasagna que he probado. Realmente sabes cómo hacer magia – La reina sonrió.
- No es necesario que laves mis platos Regina - dijo el príncipe imitando las palabras de la reina de hace algunos años mientras se paraba detrás de ella con una copa de vino en mano. La reina rodó los ojos.
- Me salvaste de tener que llamar a la grúa y ahora lavas mis trastes?
- Ya Basta David, no es gracioso - dijo seria la reina mientras continuaba lavando la vajilla. El príncipe rió.
- Después de eso me contaste como me salvaste la vida cuando me encontraste...
- Era una mentira David, en ese entonces lo único que quería era vengarme y...
- Luego trataste de besarme – besó su mejilla - Y yo te rechacé - colocó la copa de vino en el lavaplatos, y llevó sus manos a la cintura de la reina... - Desde que puse un pie fuera de tu mansión, me arrepentí por no haberte besado. Quise besarte. Quise besarte tanto como quiero hacerlo ahora - dejó un besó en su cuello - ¿Por qué no dejas eso para mañana? - besó detrás de su oreja - Uhmm?
- David! - suspiró, haciéndolo reír.
- Deja eso, Bonita - Regina se secó las manos, se giró hacia él y se vio sorprendida por el apasionado beso con el que David la recibió.
¡Oh Cielos! Cada vez que la besaba de esa manera. Ella siempre perdía, las veces anteriores había podido controlarse, pero esta vez no, No podía y No quería. Se abrazó de su cuello y se dejó devorar los labios, con esa mezcla de ternura, pasión y lujuria que sólo los besos de él le regalaban.
No supo en que momento pasó, pero sólo se dio cuenta que estaba sobre uno de los banquitos de la isla de la cocina cuando sintió su enorme mano derecha sobre su trasero y la otra tirando de su muslo hacia arriba, permitiéndole encajarse a empujones entre sus piernas. A esa altura del torneo su ropa interior estaría hecha un desastre, podía sentirla extremamente húmeda.
El sabor del vino en sus labios y lengua, los empujones en su entrepierna, su miembro duro restregándose en su vientre eran el combustible que la habían encendido a tal punto que sólo quería desnudarse ahí mismo y entregarse por completo al apuesto príncipe, las delicadas manos de la reina bajaron hasta el comienzo de la camiseta del príncipe y trataron de levantarla, sólo trataron porque él no se lo permitió. Ella se separó de sus labios y lo miró interrogante, pero el príncipe solo sonrió y dijo:
- Aquí no Preciosa - besó su frente - Quiero que tu siguiente orgasmo sea en mi habitación, no en una cocina. Quiero que sea mi cama el lugar donde te vea retorcer de placer - ella gimió ante esas palabras.
¡Cielos! El príncipe la excitaba tanto.
La hizo descender del banco, colocó sus brazos bajo sus muslos y la cargó, la besó y la dirigió a su habitación, mientras le susurraba al oído lo hermosa que era.
Ni bien pusieron un pie ahí, David la sentó con cuidado en el borde de la cama, mientras se quitaba la camiseta y la arrojaba al piso.
Los ojos chocolate miraron la prenda y subieron encontrándose con su erección haciendo una carpa en sus pantalones, siguió subiendo y se encontró con su torso desnudo.
¡Cielos! ese guapo pastor se ejercitaba. ¡Era obvio, era más que obvio que se ejercitaba! Pero... ¿Cómo, cuándo que nunca se enteró?. Wow, sus perfectos brazos, hombros anchos y pectorales, siempre ocultos en esas horribles camisas de franela a cuadros ahora se encontraban frente a ella en su máximo esplendor.
- Oh, Baby - gruñó en anticipación - deja de mirarme así o vas hacer que esto termine pronto. La reina se mordió el labio y sonrió.
El príncipe se hincó en una rodilla y la tomó del tobillo derecho para quitarle la bota marrón y luego la izquierda, acarició sus piernas sobre el pantalón, luego sus muslos, su cintura y la besó mientras desabotonaba uno a uno los botones de la blusa de seda roja, dejando de esta manera al descubierto su sujetador de encaje negro, se sentó a su lado y terminó de quitarle la blusa, para luego ponerla junto a su camiseta. Besó sus labios, mientras dirigía sus manos al broche detrás de su espalda, se separó otra vez de ella y deslizó la prenda por sus hombros, dejando al descubierto sus senos con sus ya endurecidos pezones.
- Son Perfectos Cariño, como Tú, como toda Tú - dijo el príncipe fascinado con lo que veía.
Regina estaba roja de vergüenza, él era encantador, pero en cierto modo se sentía algo vulnerable al ser observada por esos hermosos y lujuriosos ojos azules, llenos de deseo por ella.
- ¿Estás bien? – preguntó el rubio, ella tragó pesado pero asintió y David besó la punta de su nariz y luego sus labios.
La reina se encontraba apoyada con ambos brazos en la cama, un poco inclinada hacia atrás, pero cuando los labios del príncipe estuvieron sobre los suyos, ella llevó su mano derecha a su mejilla, acariciándolo y profundizando el beso, sintiendo como su lengua frotaba la suya, mientras enroscaba sus castaños cabellos entre sus dedos.
El príncipe la besó una vez más y luego descendió hasta su mandíbula, su cuello, lamiendo y besando hasta encontrar su lugar de pulso, mordió quedito haciéndola soltar un suspiro entrecortado y luego lamió para aplacar el ardor. Mientras jadeaba, la reina dejó caer su cabeza hacia atrás, dándole más acceso a su cuello y disfrutando de todo lo que él, solo él le hace sentir, fue en ese momento que sintió el pulgar de David en su pezón derecho, y luego su mano acunando su seno por completo, acción que lanzó un rayo de lujuria entre sus piernas, haciéndole soltar un gemido placeroso.
- ¿Te gusta eso, Bonita? - murmuró y volvió a mirarla, mientras que sus dedos seguían jugueteando con el sensible pezón.
- Sí - respondió bajito y con los ojos cerrados, mientras disfrutaba de las caricias del príncipe - Me gusta! - él sonrió al verla en ese estado, con los ojos cerrados y los labios entreabiertos, dejando escapar de vez en cuando uno que otro jadeo.
Al escuchar la respuesta que había estado esperando, David abocanó el pezón derecho y empezó a masajearlo con la lengua, mientras que su mano izquierda continuaba jugueteando con el otro. Regina llevó su mano derecha a la cabeza del príncipe para mantenerlo en esa posición. El príncipe dio el mismo trato al otro pezón y finalmente dejó un beso en el valle de sus senos y poco a poco fue subiendo hasta encontrar de nuevo sus labios y besarla con urgencia.
La reina correspondió abrazándolo por el cuello y jalándolo hacia ella, mientras se acostaba en la cama.
Las manos del príncipe fueron a la entrepierna de la reina y presionó ahí, haciéndola lanzar un audible jadeo y arquear levemente la espalda.
- Daviddd! -dijo al sentir el miembro del príncipe sobre su ropa, lo que motivó a que las manos varoniles se dirigieran a quitar los botones y bajar el cierre del pantalón, para luego arrastrarlo por sus caderas junto con la ropa interior y finalmente arrojarlos a algún lugar del dormitorio
El rubio se alejó lo suficiente para observarla, la tomó por la cintura y la subió un poco más hasta colocarla al centro de la cama.
- Eres Hermosa Regina - susurró con la voz ronca de deseo al verla completamente desnuda y preciosamente sonrosada ante sus palabras. Ella se sentó en la cama y se cubrió con las sábanas blancas.
- No Cariño, no te cubras - dijo desenroscando las sabanas de sus dedos - Tienes un cuerpo Precioso, no te avergüences, déjame observarte y maravillarme con tu belleza, Eres una Diosa Baby - la reina apartó la mirada un poco abochornada por las palabras del príncipe, se sentía expuesta y sólo quería que él se desnudara de una vez, volvió a levantar la mirada...
- Tú, tienes mucha ropa... - dijo tímidamente colocándose un mechón de cabello tras la oreja, mientras su corazón latía veloz y sus mejillas se teñían mucho más.
- Tienes razón Cariño - respondió él, luego de sonreír.
Apresurado y sin apartar la vista de la hermosa reina y casi comiéndola con la mirada, se quitó los pantalones y los arrojó por ahí, para acomodarse sobre ella y restregar nuevamente su miembro sobre la intimidad de Regina, la cual mojó de inmediato el bóxer azul del rubio.
- David por favor - él sonrió ante la súplica.
- Aún no estás lista Cariño, déjame prepararte un poco más... Y te daré lo que deseas, Sí? - ella asintió en respuesta, el príncipe se arrodillo a su derecha, colocó su mano bajo su espalda y la levantó para colocarse atrás de ella.
- Arrecuéstate en mí y abre tus piernas...
Regina así lo hizo, recostó su espalda en el pecho del príncipe, y abrió sus piernas, mientras sentía la dureza del rubio encajarse entre sus nalgas, él dejó un beso en su hombro derecho y llevó su mano a los pliegues de la reina.
- Ahora sólo siente, Belleza... - susurró en su oído.
Él acarició primero el interior de sus muslos y luego lentamente empezó a dar pequeños pero placerosos masajes circulares a su clítoris hinchado, ella gemía suavemente y empujaba sus caderas en dirección a su mano, mientras David mordía ligeramente el lóbulo de su oreja para distraerla, siguió estimulándola y suavemente deslizó uno de sus dedos en su entrada, comenzando a meter y sacar ese grande dedo, mientras su otra mano continuaba masajeando su pequeño botón...
- Oh Baby, te sientes tan bien - dijo con una voz ronca en su oído - tan húmeda, tan suave, tan cálida... - Regina suspiró ante sus palabras y llevó sus manos a los brazos de David, mientras el continuaba regalándole placer.
- Eres Sexy Cariño, me encantas - susurró el príncipe mientras sacaba y volvía a deslizar su dedo más profundo y fuerte, haciéndole gritar y apretar los ojos...
- Daviddddd - mhhhh... - gemía mientras clavaba sus uñas en sus brazos y claramente pudo sentir cuando un segundo dedo la invadió hasta el fondo...
- Ahh
- Regina, Amorrrr, estás tan apretadaaaa - rugió en su oído...
- Más Davidd por favorrr... Quiero más...
- Sí cariño, sí... lo que desees te daré, abre más tus piernas - Regina así lo hizo, mientras los ojos de David nunca salían del rostro de la morena. Él la observaba, ansiando conocer cada parte sensible de ella.
Los dedos del rubio se curvaron tocando un punto muy sensible, haciéndola retorcerse y gritar...
- Davidddd..
- ¿Es ahí Baby?
- Siii, siii, dameeee másss - gritaba mientras clavaba sus uñas en los brazos del príncipe - Dios Daviddd, estoy estoy... - decía la reina mientras movía sus caderas hacia delante y hacia atrás, aumentado la fricción en su clítoris y soltando pequeños lloriqueos.
- Quiero verte venir alrededor de mi dedos - ella jadeaba y gemía al escucharlo, ¡Cielos! La voz de ese pastor es tan sexy... que el solo escucharlo la volvía loca.
- Quiero verte a los ojos mientras te hago esto, abre los ojos cariño, Ábrelos - decía el príncipe al ritmo en que movía sus dedos aún más profundo y ella soltaba pequeños alaridos mientras abría los ojos y lo miraba con la boca entreabierta y las mejillas rojas de pasión. Pero no dijo nada... No podía decir nada, estaba tan entregada al placer...
- Quiero probarte después...
- Davidddd...
- Quiero poner mis labios sobre ti y comerte hasta que te vengas en mi boca...
La reina gritó de nuevo, sus caderas empezaron a moverse de manera descontrolada y él pudo sentirla cerca, muy cerca...
- Me quieres dentro de ti, Preciosa uhmm? - preguntó el príncipe mientras volvía a morder el lóbulo de su oreja...
- Cielos David, sii siii...
- Mirame, mírame y vente para mí... - La reina gritó y se apretó en sus dedos, él la sintió tensarse, y empujó más, capturó sus labios en un beso devorador, mientras la abrazaba y ella convulsionaba en sus brazos, sintiendo el orgasmo estremecerla de pies a cabeza.
- Eso es Baby, eso es, eres un encanto - dijo el príncipe mientras lentamente deslizaba sus dedos fuera de ella, y disfrutaba de verla gloriosamente divina con las mejillas tan rojas y una ligera capa de sudor en su piel, lentamente acarició su vientre, con los dedos aun impregnados de su esencia. Al ver que Regina lo observaba mientras recuperaba el aliento, el llevó sus dedos a sus labios y los lamió, ella se quedó sin aliento al observarlo y él sonrió.
- Eres deliciosa, Cariño - susurró y la vio ponerse extremadamente roja, el príncipe soltó una carcajada, salió detrás de ella y la abrazó mientras los cubría con una de las sábanas, la reina ríó también y escondió su rostro en su pecho... mientras descansaba.
Unos minutos después en los que Regina yacía acurrucada y entretenida dibujando figuras en el pecho de su príncipe, mientras él acariciaba su espalda y dejaba tiernos besos en su cabeza, David se pronunció.
- Te Amo Regina, Te Amo tanto... que siento mi corazón desbordar cada vez que te veo, te amo tanto que siento que muero y revivo con cada sonrisa tuya, me siento muy muy afortunado con tenerte a mi lado, sin duda alguna eres lo mejor y más hermoso, que los cielos, la vida y el destino me ha regalado, nunca te separes de mí, mi amor... Porque enloquecería...
La reina besó el pecho del rubio y levantó el rostro con los ojos llenitos de lágrimas.
- David - susurró entrecortadamente.
- Tú también eres maravilloso, gracias por nunca alejarte de mí a pesar de mi terquedad, gracias porque estos días a tu lado han sido los más felices de mi vida y todo porque tú has estado en ellos, gracias porque en cada palabra, en cada beso, y en cada caricia tuya encuentro mi paz. - respiró profundo - David Nolan, estoy locamente enamorada de ti y te amo, TE AMO, como jamás creí que podía amar a alguien, y esto... esto me asusta… - dejó caer unas lágrimas.
- oh mi Amor - dijo el príncipe sonriendo feliz y besando su frente conmovido con lo último mencionado - No tienes que temer... yo...
- David... - dijo secándose unas lágrimas - la última vez que amé me lastimaron, él me rompió el corazón y a pesar de que nunca lo demostré, a pesar de que nunca dejé que ustedes me vieran así... Por dentro me sentía morir, y me prometí que no me enamoraría, ni confiaría mi corazón a nadie, me cerraría al amor, esta vez para siempre, para no volver a sufrir más, no de la manera tan estúpida como lo estaba haciendo por él... pero cuando tu apareciste aquí, diciendo que me amabas y que querías estar conmigo - acarició su pecho desnudo - ...a pesar de estar resentida por todo lo que pasó; esa tarde mi estúpido corazón no pudo evitar emocionarse de nuevo y latir feliz con tus palabras. La verdad es que yo ya venía sintiendo algo por ti desde que estábamos en Storybrook y me empeñé en negarlo - dijo llevándose una mano al pecho y respiró frustrada - Yo había decidido no creer en el amor, pero ya era demasiado tarde, tú sonrisa ya había hecho efecto en mí, y ahí estaba nuevamente yo, después de jurarme que no me enamoraría...- respiró pesado - contigo estaba pasando David, me estaba enamorando y estaba dejando que mi corazón se emocionara con todo lo que hacías y con todo aquello que estuviste dispuesto a hacer por mí - elevó sus ojos chocolate para mirar a los azules - Tú David, te fuiste metiendo en mi corazón de una manera que me asustaba, aún me asusta - se secó una lágrima - Me fuiste demostrado que puedo confiar en ti y espero no confundirme, porque Te Amo, te Amo mucho y te estoy confiando mi corazón y con él mi vida - llevó una mano a su mejilla - No me mientas nunca David, por favor... No quiero salir herida de nuevo - soltó un sollozo - Duele, duele mucho...
Sólo con amor
Abrirás las puertas, de mi corazón
Si me convences que no estás de paso
Jamás te faltarán mis brazos.
Hazme en ti confiar
No me mientas nunca, no me hagas llorar
Nada vale decir que me amas
Si no escucho la voz de tu alma
Asegurándome
Que al fin me puedo enamorar.
- Regina, Hermosa - besó su sien - Te amo más que a mi propia vida - llevó su mano hasta su mentón y lo inclinó un poco para que ella pueda mirarlo a los ojos - Mírame y escúchame Cariño - la abrazó, pegándola a su pecho - Nunca, nunca te haría daño, por lo menos no intencionalmente ¿Cómo podría, si me parte el alma verte triste o llorando? Estoy aquí para hacerte feliz, y haré todo lo que está en mis manos para que cada día que pasemos juntos sean sólo felicidad, haré de todo para sólo dibujar sonrisas.
La reina levantó su rostro y lo miró a los ojos, había tanta verdad y amor en ellos, que la hicieron sonreír y besarlo, besarlo tan apasionadamente, que se subió a horcajadas sobre él y devoró sus labios.
Sí antes, aún existían dudas de querer entregarse a él en cuerpo y alma, hoy después de esta conversación las dudas habían desaparecido, quería estar con él Hoy, quería amarlo y demostrarle con cuerpo y corazón todo su amor.
- Hazme el amor David - susurró mientras besaba la comisura de sus labios, su cuello y sus hombros.
El príncipe la volvió a colocar sobre la cama y empezó un lento y placeroso recorrido de besos por toda su anatomía, cada curva fue acariciada y adorada, cada centímetro de su piel fue besada mientras con su propio fuego encendía a Regina, regresó a sus labios y la besó sin soltar su peso sobre ella, no quería lastimarla, llevó su mano derecha entre las piernas de la reina y al sentirla nuevamente húmeda, deslizó su dedo índice para dilatarla, pasados unos segundos, cuando la sintió empujarse por sí sola a su dedo, cuidadosamente salió de ella, se quitó el bóxer y humedeció su miembro con los fluidos femeninos, haciéndola dar un brinco sobre la cama, ante el roce de sus intimidades.
- Daviddd... - suspiró ella. El príncipe que se había entretenido besando su cuello, regresó sus labios a los femeninos y la besó dulce y tiernamente, mientras se acomodaba y enredaba sus dedos a los de ella a ambos lados de su cabeza.
- Te amo - susurró el príncipe - eres mi vida, mi adoración, mi todo - la reina gimió ante las dulces palabras y lo besó otra vez, mientras lentamente el príncipe fue introduciendo la punta de su miembro erecto en la pequeña entrada femenina.
- Davidd - gimió un poco incómoda, mientras apretaba los dedos del príncipe.
- Shh, shh, lo sé Bonita, lo sé, puedo sentirlo, iré despacio, pero si quieres que pare, sólo dilo y me detendré.
La reina asintió, y contuvo el aliento cuando sintió una porción más del grueso miembro abrirse paso entre su intimidad.
- Mmmmh - se quejó, pero él la distrajo mientras la besaba e introducía por completo su longitud palpitante.
Permaneció quieto unos minutos, esperando que se acostumbre a su tamaño, se sentía extremadamente cálida y apretada, suave y húmeda, sensaciones únicas que lo incitaban a querer embestirla fuerte y duro. Pero No, ella era primero, quería que "esta vez" fuera especial, quería que ella recordara siempre la primera vez que se entregaron mutuamente, quería que fuera perfecto y si para eso él tenía que resistirse a sus impulsos Él lo haría; pero cuando la vio abrir los ojos, asentir y empujarse a él, como diciéndole "continúa", él sonrió, besó la punta de su nariz y empezó a penetrarla, fuera y dentro, fuera y dentro, muy lentamente, conociéndola por completo, amándola íntimamente.
¡Cielos! No había estado con nadie desde, desde... ÉL mismo y tal vez por ello fue que se sintió un poco incómoda al principio, no podía negar lo bien dotado que era el príncipe, lo sentía completamente profundo, era una sensación Maravillosa tenerlo dentro, mientras sentía su respiración entrecortada en su cuello, junto a todos los besos que él depositaba ahí...
- Davidd - lo llamó, su voz salió casi como un ronroneo.
- Amor - dijo el príncipe, mientras besaba su mandíbula y continuaba penetrándola.
- Daviddd, Qui - quiero - ahhh - quiero poder tocarte - ahh - dijo mientras acomodaba sus piernas y le apretaba las caderas con las rodillas - Davidd
El rubio soltó sus manos y ella se permitió acariciar su espalda, sus hombros, apretar sus nalgas incitándolo a ir más profundo y luego lo abrazó mientras lo besaba y gemía en su boca con cada embestida.
- Cariño, eres hermosa, Te amo tanto, tantooo
- Yo también David, Te amo - dijo la reina mientras cruzaba sus piernas alrededor de la cintura del príncipe - más, más Siiii… Siii. ¡Oh Dios! Eres Maravillosooo Ahh!
Regina mordió el hombro del príncipe, quien empezaba a asumir un ritmo constante al penetrarla, mientras ella lo ayudaba yendo en dirección y soltando gemidos y gritos placerosos.
El príncipe no podía describir el placer que sentía al estar ahí, "haciendo el amor" con la mujer que amaba, con su reina, por quien estaba perdidamente enamorado. Se sentía en el cielo. Las embestidas se hacían más fuertes y profundas, y Regina lo besó...
La reina gimió contra su boca, sintiendo que su tercer orgasmo de la noche se acercaba.
- Amor, estoy cerca - dijo entre gemidos - Más rápido.
El príncipe al sentirse al borde de derramarse, realizó su deseo y fue más rápido tal y como se lo pidió su reina. Encontró el ángulo exacto, y el punto perfecto en donde rozar, no demoró mucho y Regina ya estaba desfalleciendo bajo él, temblorosa y relajada, sintiendo cada gota de placer dominar su cuerpo. David embistió dos veces más y se liberó en su interior.
- Oh, mi amor, oh mi amor Eres fantástica - decía el príncipe mientras dejaba caer su cuerpo sobre su amada mientras besaba el cuello de la morena y ella se relajaba y aún contraía sus paredes vaginales, haciéndolo suspirar, quiso salir de ella, pero la reina no se lo permitió.
-Aún no David, te quiero aquí conmigo un momento más. Él sonrió y besó su mentón – Te Amo – apretó su miembro, mientras lo abrazaba y lo hacía ronronear de placer.
No demoró mucho, para que un orgasmo más siguiese a este y luego otro.
Hicieron el amor varias veces durante la noche. Hasta que por fin exhausta Regina se durmió en los brazos del príncipe. Este por su lado permaneció observándola dormir, mientras recordaba cada momento vivido en las últimas horas.
"El placer más hermoso, es regalar placer a alguien"
Jean de la Bruyére
Si me pidieran describir todo lo que viví la noche pasada, tal vez no tendría las palabras para hacerlo. La llegada de David Nolan a mi vida ocurrió de la manera más inesperada posible. Ni en un millón de años me podría imaginar que aquel hombre al que había odiado y detestado por el simple hecho de cuidar y proteger de mi hijastra, hoy estaría compartiendo la cama conmigo. Obviamente no por primera vez, más bien por segunda, pero bueno esta vez era mucho más que una primera vez, David estaba remendando partes de mí que yo creía imposibles de ser reparadas. ¿Si aún tengo miedo? No voy a negar que sí, aún tengo miedo, no como antes, pero aún lo tengo. Cada vez que creía estar a punto de tener un final feliz, esta me era arrebatada. El miedo de salir herida, aún está aquí, pero puedo decir que esta vez lo siento menos asustador, David me da una seguridad tan grande que les soy sincera, yo no imaginaba volver a sentir.
Hoy, cuando desperté y vi el bello hombre a mi lado, en toda su gloriosa desnudez, hasta me olvidé de ver la hora en el reloj. Me permití después de mucho tiempo esbozar la típica sonrisa boba de quien está enamorada. Su cuerpo me calentó mientras dormía, y no solo lo hizo con mi piel, sino también con mi corazón.
Okkkkk Ustedes seguro se han de estar preguntando... ¿Dónde está la Regina Mills de Storybrook? ¿Dónde está la fría Evil Queen que destruyó ciudades y ciudades en búsqueda de una princesa? Pues bien, aquí estoy. Sí, soy yo, la misma Regina Mills de hace unos años, pero ahora soy amada, amada por un hombre de hermosos ojos azules, que ha prometido hacerme feliz.
Fueron con eso pensamientos en mi cabeza y una sonrisa idiota en el rostro que David me llamó:
- Regina?, Amor?
- Buenos Días - respondió la reina aun sonriendo.
- Todo bien?
- Si, si, muy Bien! - dijo ella, mientras se acercaba a picotear los labios del príncipe.
- Uhmm, hermosa forma de despertar - dijo el príncipe, mientras respondía al beso y empezaba a levantar la sábana para apreciar su hermoso cuerpo desnudo.
- David - reclamó la morena, mientras se cubría. El príncipe rió, la volvió a besar y la recostó en su pecho. No pasó mucho y Regina soltó un pequeño, pero sonoro suspiro de frustración.
- ¿Amor, que pasa?
La reina no respondió, pero esta vez no pudo evitar reír...
- ¿qué es tan gracioso? - preguntó de nuevo el príncipe.
- Es que no avisé a Azul que no llegaría a dormir a casa, y aunque sé que a estas alturas ya debe intuir el porqué, sé que me va a atormentar todo el día, pidiéndome que le cuente sobre nuestra noche - respondió mientras acariciaba los pectorales del rubio.
- Bueno... No me imagino a esa hada sabiendo de nuestras intimidades, pero si tanto te insiste, supongo que me elogiarás, ehh Amor? - la morena golpeó el estómago del príncipe, dejándolo sin aire al instante
- ¡Aushhh Regina! - dijo el príncipe mientras se sobaba la barriga.
- Te lo mereces por presumido - respondió ella entre risas, mientras se levantaba de su abrazo.
- ¡OH NO! ¿Tuvimos sexo con las ventanas y cortinas abiertas? - exclamó la reina dejando de reír, mientras se cubría el busto con la sábana, el príncipe rio.
- Anoche no te importó mucho.
- No me di cuenta que es otra cosa – se quejó mientras le golpeaba el hombro - Sólo espero que la ventana de en frente no sea la del dormitorio de un menor de edad – decía mientras se cubría el rostro con ambas manos – David, porque no me avisaste
- Amor, deja de preocuparte, al frente no vive nadie, ese departamento está completamente vació.
- Oh ¿En serio? – Dijo mientras se descubría el rostro - Me quitas un gran peso de encima - respiró aliviada.
Aún envuelta en la sábana blanca, bajó de la cama, asomó la cabeza fuera de la ventana para comprobar que las de al frente estaban cerradas, miró a la derecha, luego a la izquierda, cerró la ventana y luego las cortinas. Recogió la camiseta del príncipe que yacía en el suelo, se sentó de espaldas a David, quitó la sabana de su cuerpo y se colocó la prenda del príncipe, se puso de pie y se dirigió al baño...
- Wow esa camiseta te queda muy bien - la interrumpió el príncipe a mitad del camino, la reina se giró hacia él, mientras se observaba.
- ¿Tú crees? - preguntó sonriendo. El príncipe soltó una carcajada.
- ¿De qué te ríes David? - frunció el ceño enojada.
El príncipe sin parar de reír respondió:
- Es que te queda como un vestido - continuó riendo, la reina rodó los ojos.
- ¡Basta David! - dijo mientras comenzaba a reírse también y luego entró al baño
No pasó mucho y el príncipe escuchó el agua de la ducha.
Unos minutos después, al mismo tiempo que el príncipe entraba a la habitación usando apenas un pantalón y con una bandeja con desayuno para dos, la reina salió del baño envuelta en una toalla limpia.
- ¿Lista para el desayuno? - el olor del café recién preparado y el pan recién tostado, hicieron a su estómago rugir.
- Uy sí, estoy hambrienta! - el príncipe rió - ¿Has visto mi ropa? - preguntaba mientras recorría la vista por todo el cuarto.
- Oh cierto! - David dejó la bandeja del desayuno sobre la cama y se dirigió al cajón de su cómoda - Aquí tienes - dijo extendiendo unas prendas femeninas a Regina.
La reina lo miró sorprendida, pero más sorprendida aún, cuando se dio cuenta que era su propia ropa, un vestido y ropa interior.
- La dejaste el día de la tormenta. - la reina sonrió, era verdad, ella le había devuelto su ropa al príncipe, pero nunca le había pedido que le devuelva la suya, lo había olvidado por completo. La reina se puso de puntillas para besar los labios del príncipe y se dirigió al baño a cambiarse.
- Sólo espero que no hayas hecho cosas raras con mi ropa interior.
El príncipe no pudo evitar soltar una carcajada mientras se dirigía a arreglar la pequeña mesita que había en el cuarto para que luego pudieran desayunar.
DISCULPAAA POR LA DEMORA CHIC S
ESPERO AÚN LEAN LA HISTORIA Y ME DEJEN ALGUN COMENTARIO
