hey, gracias por la reviews, aquí un nuevo capítulo, menos acción, un poco más de romance

todo de JKR excepto algunas cosas... pero eso ya lo saben

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14. Cosas de Muggles

Chocolates con zarzamora, qué barbaridad. Era más absurdo aun porque Severus había perdido una tarde entera buscando esas golosinas. En Honeydukes y otras tiendas de dulces del mundo mágico no pudo encontrarlos, comenzó a creer que eran invención de Dumbledore.

Pero pronto recordó esas extrañas costumbres muggles que Audrey solía tener; ahí estaba la respuesta, tal inverosímil producto sólo podía ser creación de la gente no mágica.

Qué más le quedaba, andar por Londres en busca de esas pequeñas gotas oscuras y deliciosas. Algunos días después decidió emprender su búsqueda, después de todo eran su golosina predilecta y lo que quería es hacerla sentir bien, aquel consejo indirecto por parte de Dumbledore le había ayudado a decidir una buena forma de disculparse.

Era casi medio día de ese domingo, la gente muggle acostumbraba a salir ese preciso día, con la familia, amigos o incluso en soledad, así que las calles estaban especialmente ajetreadas y llenas de gente, cosa que desde luego molestó a Severus. Pero tenía que conseguir los dulces a toda costa.

Los centros comerciales eran un montón de ruido, las calles parecían al borde de la histeria, pero Severus se abría paso de entre toda la gente. Había visitado ya alrededor de cinco confiterías sin mucho éxito, aunque ahora estaba seguro que iba por el camino correcto, muchos de los dependientes de aquellos negocios había asegurado que tales cosas como chocolates con zarzamora existían, pero eran en extremo raros, ya que las zarzamoras venían directo desde Québec, así que no sólo eran difíciles de conseguir sino también costosos.

Qué complicados eran los muggles, hacían dulces con frutas que ni siquiera se daban en el país, además aprovechaban eso para incrementar los precios de los mismos. Por qué se estaba tomando todas esas molestias, fue la pregunta que siguió, Severus no sabía la respuesta y decidió ya no preguntarse, ni preguntarse como consecuencia por qué estaba disfrutando mientras buscaba las golosinas que, sabía de antemano, encantaban a Audrey, a pesar del río de gente y lo difícil que estaba resultando todo.

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-No, a ver... –Tonks pausó –repítelo porque no te creo –dijo.

-Severus y yo... nos besamos –Audrey afirmó, haciendo pausas en cada palabra para que quedara todo claro.

-Eso es imposible –la joven metamorfomaga se negaba a creerlo, pero a juzgar por la expresión de su amiga, sus ojos con un brillo especial y su sonrisa que reflejaba una alegría absoluta, eso no podía ser más que una verdad.

Ambas charlaban en el apartamento que ambas compartieron y que ahora era ocupado sólo por Audrey, quien se puso de pie en ese instante y se divirtió con la expresión atónita de su amiga.

-Ya sé que va suceder luego –confesó – se retractará o algo... –dijo, eso de cierto modo logró hacer que en Tonks todo tuviera sentido, pues era bastante fácil de predecir que eso sucedería.

La chica que aun estaba sentada le envió una mirada de apoyo a su amiga, más al ver que cuando dijo eso era como si regresara a la realidad tras haber estado navegando en un sueño imposible.

-Espera un momento... tengo que alimentar a estos dos –Audrey dijo apuntando a sus mascotas, Tonks asintió.

Mientras la dueña del apartamento estaba en la cocina alguien tocó a la puerta.

-Abre por favor –se escuchó la voz de Audrey desde la cocina, Tonks se puso de pie y se dirigió a abrir.

De entre toda la gente en el mundo, esos dos no esperaban encontrarse de ese modo, Tonks alzó las cejas y abrió bien los ojos para confirmar lo que estaba viendo, por su parte, Severus tuvo que mantenerse serio a pesar de que se encontraba igualmente sorprendido, torpemente llevó ambas manos hacía su espalda, la chica sólo pudo notar que llevaba consigo dos paquetes.

-Audrey, es para ti –Tonks decidió que era mejor avisar cuanto antes –pasa –después invitó al sujeto frente a ella.

Él arqueó una ceja, pero a Tonks le pareció sumamente divertido ver aquello y sonrió, cómo deseaba arrojar uno de sus comentarios sarcásticos, pero en definitiva Severus no estaba en una posición favorable para hacerlo.

De la cocina, Audrey salió desentendida pero al observar al visitante se detuvo abruptamente. Ella y el sujeto se miraron por algunos segundos, pese a haber confesado tal vez no poder mirarla de nuevo a los ojos, él disfrutaba observando el azul intenso en la mirada de la niña.

-Este... –Tonks interrumpió la escena –creo que me tengo que ir.

-Claro –dijo con sobresalto Audrey, acompañando a su amiga hasta la puerta, Severus se quedó de pie y se sintió mal al descubrirse a si mismo tratando de captar algo de lo que estuvieran diciendo las dos chicas.

En la puerta, Tonks le sonrió a su amiga y levantó un pulgar, el mensaje implícito fue "todo saldrá bien". La dueña de la casa cerró la puerta y aquel sonido hizo que Severus diera media vuelta. Era hora de enfrentarse.

-Creo que necesitamos hablar –dijo él.

-No te preocupes –dijo ella y él se sorprendió de escuchar eso –ya sé que es lo que me dirás –y él arqueó una ceja-. Que beso muy bien –finalmente ella bromeó.

De pronto a él se le olvidó que estaba por decir, sonrió, casi rió ante la broma. La niña había conseguido eliminar cualquier tipo de tensión y se sintió aliviado.

-Bien –finalmente dijo –yo... bueno... -¿por qué se estaba poniendo tan nervioso? –Quería darte esto –dijo y estiró una mano con una caja rectangular en ella.

La chica lo miró sorprendida pero feliz, tomó el presente, que por supuesto no estaba envuelto ni nada parecido.

-Chocolates con zarzamora –dijo ella -¿cómo...? –pero no pudo terminar su pregunta.

-Digamos que... me lo dijo un fénix –dijo Severus y sorprendentemente sonreía con amabilidad-. Ah, y tengo algo más... –continuó y extendió la otra mano, era una caja un poco más grande.

-¿Qué es? –dijo la chica recibiendo el otro regalo, él no respondió.

Abrió aquella caja y descubrió un florero delgado de cristal transparente azul verdoso.

-Quería que fueran unas flores –dijo él, se estaba poniendo más nervioso aun, no entendía por qué ese sudor en sus manos –pero recordé que te quedaste sin florero... así que no tendrías donde ponerlas –estaba hablando sin razonar mucho y se sintió verdaderamente estúpido.

La chica rió discretamente, eso era en extremo tierno, esa torpeza al hablar y esos detalles tan amables eran completamente enternecedores.

-Gracias –dijo ella.

-Creo que no lo pensé muy bien –continuó él, aquello era indiscutiblemente divertido –ahora no tienes flores que colocar ahí.

Esta vez no lo pudo evitar, Audrey rió, Severus de verdad se sentía como un idiota, nunca antes le había sucedido algo similar, nunca antes había hablado sin pensar en sus palabras con detenimiento, siempre calculaba todo fríamente, esta ocasión las palabras parecían brotar de su boca una tras otra producto de unos nervios incontrolables.

Era sorprendente la madurez que mostró Audrey ante lo sucedido, su reacción, la broma, disfrazaba una actitud totalmente mesurada. Era un alivio.

Era mejor mantenerse como amigos, como buenos amigos. Era una chica que lo apreciaba porque él, en incontables ocasiones, de un modo u otro, la había sacado de algunos aprietos, las circunstancias en las que se conocieron no fueron las mejores, pero fue un indicio de cómo se desarrollaría su relación.

Lo hacía sonreír, lo hacía creer que de verdad él no era un mortífago, incluso lo cuidaba, no podía seguir intentando alejarla, porque alejaría para siempre a la persona que le demostraba que estaba listo para iniciar finalmente una nueva vida. Pero tampoco podía enamorarse, porque ese no era él... a pesar de tener unas incontrolables ganas de volverla a besar, a pesar de querer protegerla para siempre, a pesar de eso... era mejor ser sólo amigos.

Porque ser amigos era estar cerca pero sin riesgos. No quería salir herido, pero mucho menos quería herirla, imaginársela sufriendo era una imagen que lo atormentaba.

Y pese a eso, pese a quererla cerca, pese a ese sentimiento bello y cálido, él quería seguir creyendo que no se enamoraría... o (peor aun) que ya estaba enamorado.