Hola

Creo que voy a llorar antes de terminar de escribir esto, ya que es mi despedida adelantada.

Gracias por estar ahí.

Gracias por tus reviews, cada uno de ellos me levanto el ánimo.

Gracias por tus "actualiza pronto".

Gracias por agregarme a favoritos.

Gracias por seguir esta historia hasta el final.

Este es el último capítulo, el próximo será un mini- epilogo pero el capítulo final, es esté. Espero que lo disfruten y lloren tanto como yo cuando lo estoy escribiendo y que me perdonen de antemano.

Finalmente, los dejos que lean tranquilas, pero les aviso, las que estén metidas en esta historia, tengan a mano unos pañuelos de papel o tela porque os aseguro que los necesitaran mucho.

También, durante el casamiento hay parte de una frase de la biblia cristiana, 1ra de Corintios, capitulo 13.


Hermicienta

Capitulo 12: Campanadas de Boda


Había sido perfecto, nunca se había imaginado que su primera vez sería tan hermosa. Aun luego de una semana, Hermione pensaba en esa noche en la biblioteca, junto a Draco, porque aunque se casara con Astoria, ambos eran del otro.

Luego de esa primera vez y ultima, ellos apenas se miraban en los pasillos para no levantar sospechas, pero cuando lo hacían: la tierra temblaba y los cielos se abrían. Los ojos no se despegaban de su amante prohibido mientras tenían que seguir con sus vidas como estaba establecido.

La boda era ese mediodía pero Hermione no se sentía mal, ni por ver el hermoso vestido de Astoria o los ricos decorados, porque sabía que Draco era suyo.

Justo mientras pensaba eso, fue atrapada por unos brazos que la metieron en la habitación más cercana que tuvieron. Unos brazos muy musculosos que la acunaron con ternura y la dieron vuelta hasta enfrentarla con unas orbes grises que la miraban con un amor inmenso.

-Hola, mi bella, quiero que sepas que te amo –le dijo Draco antes de besarla suavemente.

Una congoja se asoma en el alma de ambos, un saber que era casi su maldición.

-Yo también te amo, Draco –susurro Hermione, quien había pegado las frentes de ambos y se miraban a los ojos, mientras las lágrimas se deslizaban por el rostro de ella.

-¿Por qué debo hacer esto, amor mío? –Continúo hablando Draco, con una voz rota y cerrando sus ojos, tratando de evadir la cruel verdad-. No la quiero, te amo a ti.

-Lo sé, pero no la puedes lastimar, mi huroncito –le contesto tratando de alivianar el ambiente, que se había vuelto escalofriante por su pronta separación.

Una mueca apareció en el blanquecino rostro de Draco, pero al darse cuenta que Hermione solo bromeaba, una sonrisa le reemplazo.

De pronto, un grito entro a la habitación, el cual procedía desde el comedor. Asustados, Hermione y Draco corrieron hasta el lugar, encontrando a una eufórica Astoria con su vestido de bodas en los brazos, demostrando así que este era el último día antes del casamiento.

-¡Draco, sal de aquí! –le grito Astoria entre sonrisa y sonrisa, por fin se cumpliría su sueño y se casaría con su príncipe Malfoy, era como una ilusión, por lo que con miedo de despertar, abrazo fuertemente el vestido mientras lagrimas de felicidad caían por su rostro.

Tratando de compartir esa felicidad que la embargaba, se dirigió al despacho, donde Narcisa charlaba con un trabajador, solo que cuando por el afán de estar presentable ante su suegra, se demoro limpiándose las lágrimas, oyó una frase se la conversación:

-Entonces, ¿La sangre sucia es la heredera legítima? –dijo la voz de Narcisa, solo que era mucho más fría y anti personal.

-Sí, mi señora, Hermione Granger es Jane H. Chadman, la heredera de un imperio y la legítima prometida de su hijo, es una ley y la hare cumplir –respondió una voz masculina, mientras una oleada helada recorría a Astoria de pies a cabeza. Eso no podía ser cierto, porque entonces, ella no podría ser la esposa de Draco por ley.

-No. Mi hijo ya está enamorado y es de Astoria.

-Mentira, señora, he podido observar muy bien como su hijo quiere a Hermione Granger, y, si no fuera así, igualmente no se puede casar con la señorita Greengrass porque el compromiso que hizo su marido con el difunto señor Chadman, no es cualquier contrato matrimoniar, prácticamente por sangre ya están casados, y si se casa con la Srta. Greengrass, se convertiría en bígamo –volvió a decir la voz, haciendo que Astoria se sintiera enferma. Pero la curiosidad pudo mas, por lo que asomándose por una rendija de la puerta vio como Narcisa se aproximaba a un hombre castaño que le daba la espalda a la puerta.

-Estoy muy segura que podemos llegar a un acuerdo que nos dejara… satisfechos a ambos –le propuso acariciando el pecho tapado por un saco gris.

-Si, señora, y ese será cuando le cuente la verdad a su hijo, porque se muy bien que no sabe la verdad –dijo el hombre-. Igual que se sobre el embarazo falso y el supuesta enfermedad terminal de esa chica, la cual es totalmente mentira.

Los ojos de Narcisa se estrecharon mientras levanto de golpe la varita sobre la garganta del hombre y susurro:

-Adiós, señor abogado de los Chadman, nos vemos en el infierno –susurro esa frase antes de que un rayo verde saliera de su varita al convocar el hechizo mortal-. ¡Avada Kedavra!

El cuerpo sin vida quedo tirado en la alfombra ancestral mientras Astoria corría hacia su cuarto temblando.

Narcisa había matado un hombre, le había escondido la verdad y había mentido, era peligrosa pero quería que Draco se casara con Astoria por culpa, ese pensamiento hizo que unas lágrimas se deslizaran por sus mejillas.

¿Y qué pasaría si…

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La noche paso lentamente, sumida en el insomnio de dos personas que me amaban como nunca pero que no podían estar juntas.

Draco revivía una y otra vez esa gloriosa mañana que había despertado con su ángel entre sus brazos, con su cabellera entre los dedos y su cuerpo desnudo contra el suyo. Recordaba como se había entregado a él en cuerpo y alma, haciendo que Draco también se entregara a ella.

Esas habían sido las mejores horas de su vida, no solo por el hecho de que por primera vez había hecho el amor, si no porque había sentido la respiración de Hermione, la había abrazado y amado más que nunca.

Poco a poco, el sol comienza a salir justo cuando Draco rendido al no poder dormir, decide irse a dar una ducha.

Mientras el agua cae sobre él, ruega un milagro, algo que suceda y detenga ese casamiento o que la novia se transforme en la mujer que el ama, Hermione.

Al final, luego del baño y sin saber adonde dirigirse hasta las once cuando se fuera a vestir para la boda, camina hacia la biblioteca.

Aunque cuando abre la gran puerta se encuentra una sorpresa…

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Eran las doce y media, el abogado encargado de la boda ya se estaba cansando y miraba el reloj cada menos de un minuto, igual que Hermione, quien temía que Draco hubiera dado marcha atrás.

Bueno, más que temor era regocijo, aunque también mucha pena por Astoria que estaba sentada en una silla, aunque su cara estaba extrañamente sombría y sin vida, era como si supiera que eso podía suceder y que la boda no se llevaría a cabo. Esa mañana había ido a buscar a Hermione a su cuarto con un vestido blanco muy bello.

-Hola, quería preguntarte algo, ¿Podrías ser mi dama de honor? –pregunto con voz baja y neutral, extraño en ella pero hasta remilgada y arrepentida.

-¿Qué?

-Mi hermana, Daphne, no ha podido venir porque su embarazo está demasiado adelantado y no tengo a nadie más que lo haga.

-Eh… Creo… Digo, sí, claro que sí.

Así que allí estaba Hermione, siendo la dama de honor del casamiento que más había odiado sobre la faz de la tierra, vestida con un caro vestido blanco junto a la mujer que le estaba por robar a su amado, pero que extrañamente no odiaba, y a Anastasia, quien había modificado uno de sus vestidos con magia involuntaria, o en su caso demasiada coincidencias para ser involuntaria.

Los niños estaban sentados en la primera fila de sillas, todos vestidos de gala y portándose como angelitos, incluso Elladora, quien estaba algo enojada porque su hermana mayor demostraba aptitudes de una gran transformista (incluso puede que animaga porque varias veces había estado dibujando una zorra colorada) y decidía transformarla a ella, haciéndole trajes de conejita o princesa, lo que llevaba a que se escondiera todo el tiempo.

Mientras pensaba en eso, las puertas del salón se abrieron, dejando paso a Draco, con un rostro frio y escalofriante. No miro a Hermione ni una sola vez, y no dejo que su madre le arreglara el corbatín que llevaba torcido, solo se paro frente a Astoria y la abrazo.

-Gracias, Astoria, gracias.

Y un grupo de hombres entraron en el salón también, todos vestidos de morado y con una gran A sobre el pecho. "Aurores", pensó Hermione, antes que se abalanzarán sobre Narcisa y la detuvieran.

-Detenemos a Narcisa Malfoy bajo los cargos de injurias, falso testimonio y asesinato intencionado –empezó a leer un acta el hombre que parecía ser el cabecilla.

Las pocas personas presentes jadearon de horror mientras conducían a una furiosa Narcisa fuera de la sala, sin dejarla decir una palabra al estar bajo un hechizo silenciador, pero eso no fue nada cuando Astoria se retiro del altar y se dirigió a donde estaba Hermione.

-Ahora, ve a decir el sí –dijo dándole el ramo de rosas blancas y dándole un empujoncito hacia donde la esperaba Draco, quien sonreía radiante.

-Pero… ¿Qué significa esto, Draco –Pregunta perdida Hermione, quien ahora se había transformado "mágicamente" en la novia, ya que Astoria era ahora la dama de honor y futura testigo de su enlace.

-Es muy largo, larguísimo, de explicar, solo cabe decir que eres Jane H. Chadman, una sangre pura, heredera de una de las mayores fortunas de Gran Bretaña y mi prometida desde tu nacimiento –susurro Draco con una sonrisa de oreja a oreja-. Proceda, por favor.

El abogado, con cara de aburrido, empezó hacer los honores, los cuales Hermione ni los escucho porque estaba concentrada tanto de decidir si esto era un sueño o algo por el estilo. Pero esta idea se esfumo completamente cuando empezó un discurso dado por la dama de honor, Astoria:

-El amor es sufrido y considerado, nunca es celoso. El amor nunca es jactancioso o engreído, nunca es grosero o egoísta, nunca se ofende ni es resentido. El amor no haya placer en los pecados de los demás y se deleita en la verdad. Siempre está dispuesto a excusar, confiar, esperar y soportar todo lo que venga –empezó a decir Astoria mientras las lágrimas se deslizaban por su rostro, haciendo llorar también a Hermione-. El amor nunca termina, porque por más que los corazones estén separados físicamente sus espíritus estarán juntos, porque el amor no se ve, el amor se siente…

Hermione no podía creer lo que estaba escuchando, era tan sentido y real como lo que sentia por Draco, quien le había tomado la mano mientras empezaba sus votos.

-Yo, Draco Lucius Malfoy, te tomo a ti, Jane Hermione Chadman Granger, como mi legitima esposa, para honrarte, amarte, venerarte y adorarte, en la salud y en la enfermedad, en la riqueza y en la pobreza, por el resto de mi vida –dijo Draco con la voz quebrada.

-Yo, Hermione… perdón, Jane Hermione Chadman Granger, te tomo a ti, Draco Lucius Malfoy, como mi legitimo esposo, para amarte, honrarte, venerarte y adorarte, en la salud y en la enfermedad, en la riqueza y en la pobreza, por el resto de mi vida –cuando Hermione termino de decir estas palabras, un lazo mágico ato las manos de ambos y formo una alianza dorada en el dedo izquierdo de amos, cerrando así la legalidad del casamiento.

Lo próximo que supo Hermione es que estaba en los brazos de su amor, mientras una cena se desarrollaba en nombre de su casamiento porque en menos de 24 horas había pasado de Hermione Granger a Jane Hermione Chadman Granger, a nuevamente cambiar su nombre a: Jane Hermione Chadman de Malfoy.

-En serio, pido perdón por todo lo que he hecho y te ha herido…

Era la voz de Astoria, quien le había contado todos los detalles de los descubrimientos, de cómo le había contado, esa mañana, lo que había escuchado en el despacho y como había sido imposible para ella esconder la verdad.

Un hombre se acerco a Astoria invitándola a bailar justo en ese momento, dándole a Hermione la oportunidad de huir a un lugar solitario para poder procesar toda esa información.

Se dirigió al jardín, apoyándose luego en uno de los pilares, allí se permitió cerrar los ojos y respirar profundamente.

-¿No disfruta de la fiesta, señora Malfoy? –la sorprendió una voz susurrante en su oído, la de su apuesto esposo.

-¿Esto es un sueño, amor mío? –le contesto Hermione con lagrimas en los ojos, era tan increíble casi de novela como se habían arreglado las cosas para que su unión fuera legal frente a la nueva ley de Voldemort, sangre pura-sangre pura.

-No, no lo es, si quieres te pellizco… O hago algo más placentero –dijo Draco, quien la había abrazado y ahora le mordía suavemente el cuello.

-Sí lo es, no quiero que acabe nunca –dijo Hermione antes de besarlo en la comisura de los labios, mientras los gritos de la fiesta llegaban a donde ellos estaban.

-No lo hará, nunca acabara nuestro amor.

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Ocho años después.

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Su escape estaba listo, esa noche saldría de Azkaban y tendría su ansiada venganza, se dijo Narcisa Malfoy desde el fondo de su calabozo en la prisión de magos. Luego de que su hijo la hundiera en el juicio, había estado ocho años encerrada ahí, en esa cloaca mal oliente que era Azkaban. Aunque estar entre cuatro paredes no impedía que se enterara de las noticias, como que su hijo se había casado con la sangre sucia, que Astoria estaba comprometida con el hermano de ese hombre al que Narcisa había matado, que tenía un nieto de seis años y que esa noche era el aniversario de la boda de su hijo.

Pero también seria la noche que Narcisa Malfoy mataría a Astoria, si lo haría, la muy perra malagradecida había declarado en su contra con el falso testimonio del médico, había puesto sus recuerdos al servicio del juez, los que involucraban el asesinato de ese detective.

Ella y la ex sangre sucia la habían arruinado por completo, pero ya verían.

Justo en ese momento fue cuando una sombra empezó a tocar la reja.

-Salga rápido, los dementores están con un condenado y… Bueno, se puede imaginar lo que está pasando –susurro el hombre temblando por el miedo, mientras miraba a una loca vestida con andrajos-. Ahora, deme mi dinero.

Narcisa salió de la celda y recibió su varita mientras convocaba con ella parte de su fortuna para el desconocido, quien había cerrado los ojos porque desde algún rincón de la prisión se oyó un grito de ayuda espeluznante, seguido por una serie de succiones. Francamente, eran unos sonidos del mas allá, pero Narcisa, en su locura, no sentía ni pena ni miedo por ese pobre humano que estaba sufriendo el poder del infierno en manos de los seres más desalmados del planeta.

Luego, el desconocido la guio por unos pasillos hasta la entrada de una ventana, justo al costad habían unas escobas para salir de la isla.

-Hasta nunca.

Esas fueron las palabras del desconocido cuando salió volando hacia el atardecer sin mirar atrás, en cambio, Narcisa, siguió con su mirada al hombre antes de estar segura que había cruzado la barrera de la isla y salir ella al encuentro de la libertad.

El aire en su rostro luego de ocho años de cautiverio era una delicia, aunque nada comparado con el gusto dulce que les estaba dando su futura venganza, tenía planes especiales para todos, en especial para su amado hijo.

Cuando toco tierra, tiro la escoba y corrió hacia el bosque, seguramente nunca habían descubierto la entrada secreta a las mazmorras de la mansión, nadie más que ella y Lucius sabían de esa entrada. Por allí era por donde de escapaban de chicos y cuando estaban prometidos, corrían hacia el bosque donde fue la primera vez de ambos bajo una luna llena. Como extrañaba a su Lucius, seguramente que de vivir, haría lo mismo que ella estaba por hacer.

Cuando llego a las paredes de piedra, empezó a correr la maleza sin preocuparse de los rasguñones que se hacía en los brazos, hasta encontrar una piedra algo salida, la cual apretó con fervor y, que a pesar de que hacía décadas sin uso, anduvo perfectamente cuando abrió una puerta secreta hacia las cocinas.

La casa había cambiado, todo parecía más brillante y limpio, menos lúgubre. Había alfombras nuevas y de colores, las cabezas de elfos decapitados habían desaparecido y habían unas habitaciones para ellos, al descubrir eso Narcisa hizo una mueca de asco pero siguió avanzando hacia el comedor, donde a sus cercanías se escuchaban risas y golpes de vidrio.

Asomándose por una rendija, Narcisa vio lo que esperaba, tan predecible y fácil: Draco sentado en la punta más alejada, donde antes se sentaba Lucius, con Astoria ¿Rubia?, que mal gusto, a su izquierda y a su lado un tipo de traje, muy parecido al hombre que Narcisa mato, y a la derecha de su hijo, su nuera.

Todos festejaban, y cuando Astoria empezó a decir con palmas:

-¡Beso! ¡Beso!

Los rostros de su hijo y la ex niñera se acercaron, haciendo lo que iba a ser un toque de labios, un beso apasionado e íntimo, pero que hizo que la otra pareja aplaudiera con fervor.

Y allí fue cuando entro Narcisa, aplaudiendo con ironía.

-Que escenario tan conmovedor, lástima que mi propio hijo, carne de mi carne, al que lleve nueve meses en mis entrañas, no fue capaz de avisarme… -dijo Narcisa con cara de ofendida, mientras las caras de los presentes se horrorizaban por la sorpresa.

-Hola, Narcisa –dijo la sangre sucia inmunda, mientras saliendo de la sorpresa, Draco se ponía frente a ella y el otro frente a Astoria, ilusos, solo una de ellas corría verdadero peligro y era Astoria.

-Lamentablemente, tendré que castigar a ese desconocido por no conocerlo, ¡ Desmaius! –y el desconocido quedo aturdido a los pies de Astoria que empezó a sollozar-. Y tu hijo, ¿Por qué no avisaste a tu madre que había tenido un nieto? ¡Sectumsempra!

Draco cayó al suelo mientras múltiples cortes aparecían en su cuerpo y comenzaban a sangrar, su grito de dolor penetro hasta en los cimientos de la antigua mansión pero Narcisa se volvía para mirar a su nuera que se mantenían en pie mirando a su esposo de tanto en tanto aunque con la mirada clavada en su suegra.

-Y tu, nuerita, ¿Cómo te atreviste a casarte con mi hijo? ¡Crucio! –rugió antes que Hermione pudiera lanzarle una maldición, esta empezó a gemir de dolor en el suelo del salón pero sin quitar la mirada de su esposo que se estaba tratando de curar a sí mismo.

-Ahora, ¿Dónde está la perra que me mando a prisión? Ah, Astoria, ¿Cómo estas, querida? ¿Dispuesta a recibir tu muerte, madrina de mi nieto? –Pregunto Narcisa con ironía, antes de gritar por última vez-. ¡Avada Kedavra!

Y un hechizo le dio de lleno en la espalda, el prometido de Astoria había reaccionado, pero no lo suficientemente rápido porque Hermione estaba pechando a Astoria para un costado.

Draco, curado, vio como Hermione, quien se creía en deuda con Astoria, se interponía entre esta y el hechizo mortal, haciendo que Jane H. Chadman Malfoy o mejor conocida como Hermione Malfoy, viera por última vez los ojos de su esposo, mirándolo como diciendo perdón, antes de que un rayo de luz verde la golpeara en el pecho.


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