Los lazos se entrelazan y jamás son cortados, desde el momento que había visto aquel sujeto albino, nuestro encuentro estaba predeterminado, parecía un juego del destino, sabía que aquel sujeto frio y calculador, también era humano, que Makishima Shougo tenía sentimientos, aunque a pesar de todo sus manos estaban manchadas aunque todo era para una buena causa, la liberación del sistema sybil. Una noticia tenía que darle a mi esposo, después de tanto tiempo él estaba volviendo a planearlo todo para comenzarlo, algunas "herramientas" seguidores de él seguían haciendo estragos en la ciudad arriesgando sus vidas, siendo juzgados por ese sistema y desaparecido en una explosión "Como los fuegos artificiales la vida humana tiene un límite ante todo su esplendor" aquellas palabras siempre salían de los labios de Makishima, una sonrisa cínica que mostraba a todo el mundo, diferente a mí, que mostraba una sonrisa inocente diferente a la personalidad que mostraba a los demás.

Había una noticia que quería darle cuanto antes, pero él no estaba en casa, mis sospechas parecían ser ciertas y al ir al médico fueron confirmadas, nadie sabía de ello, solamente yo, quería decirle que esperaba un hijo de él.

¡Shougo! - voltee a verlo cuando entro por la puerta solo.

¿Qué sucede Shiori? - su cara denotaba sorpresa dejando escapar una sonrisa inocente, puesto estábamos solos.

Tengo algo importante que decirte – me sonroje ante ello.

¿Qué sucede?- me miraba curioso.

Seremos padres – mencione alegremente, sus ojos se sobresaltaron, para luego poner una sonrisa conmovedora.

Es una gran noticia – me abrazo fuertemente - ¿nadie más lo sabe? – pregunto curioso.

No, solo nosotros - respondí melosamente.

El esplendor más grande en la vida es procrear y criar a alguien sano – comento al viento- supongo que algunas cosas cambiaran – su voz sonaba descontenta.

Después de eso se separó de mí, y nos sentamos a comer, llego Choe, todo parecía ameno, no sabía cómo decirle la noticia, prefería que Shougo se encargara de ello, tarde o temprano se daría cuenta, era mejor que lo supiera.

Nos vemos luego pequeña - Choe siempre me trataba como su hermana, por esa razón quería que supiera.

No te preocupes Shiori, yo le diré - aquel albino parecía despreocupado.

Me fui a la habitación, después de un rato al no ver a Shougo decidí ir a buscarlo, caminar por aquellos pasillos, estaba aburrida y deseaba que él me recomendara algún libro, había muchos y todo aquel que me llamaba la atención lo leía, pero de tantos necesitaba una opinión extra y era la de él, pase por el despacho y con la curiosidad de escuchar lo que decían, realmente era una chica sin educación.

Realmente piensas dejarlo - Choe parecía algo furioso- todo este tiempo trabaje en vano para que al final decidas tirarlo todo - grito aquel castaño.

Tengo mis razones Choe - su voz siempre era serena.

Pues dilas, quiero escucharlas, no puedo consentir que por lo que has luchado tanto, por lo que hemos luchado todos, algunos han muerto por tu diversión, inclusive Shiori ha sufrido por tu culpa, hagas esto – su voz era imponente y furiosa, Choe realmente se estaba desahogando.

Ya te lo dije tengo mis razones – comento el albino sin dar alguna explicación.

¿Es por Shiori? - la voz de Choe se había tranquilizado.

Solo quiero descansar, ya me he cansado de todo esto – menciono Makishima como si no importara nada.

¿Entonces no te importa Shiori? - pregunto Choe con dolo. No podía aguantar esta discusión, y el silencio de Makishima me dolía en el alma, abrí la puerta y entre rápidamente.

Choe estoy embarazada – grite con felicidad, los ojos del castaño estaban sorprendidos – era momento que lo supieras - sonreí aunque por dentro me dolía aquel silencio que había dejado el albino, si respondía seguro seria doloroso y su mirada denotaba algo de enojo al decirlo espontáneamente.

Felicidades pequeña – me dio pequeñas palmadas en la cabeza, le sonreí con algunas lágrimas en los ojos mientras se retiró del lugar.

El silencio permaneció, Makishima tenía una mirada seria, una mirada que me daba en cierta forma miedo, no fuimos a la habitación, luego se abalanzo a mí abrazándome fuertemente, dejando que acaricie su cabello blanco y largo tan suave entre mis dedos.

¿Por qué le dijiste? – su voz era demandante.

Porque él también tenía derecho a saberlo vive en la casa – fui interrumpida.

Pero no por eso debe saberlo.

Es alguien importante para mí – respondí con tranquilidad.

¿Entonces no soy el único? – me miro algo enojado.

Claro que lo eres, solo que él es como mi hermano mayor - le sonreí.

Eso espero - menciono como si nada – sé que algún día me remplazaras - hablo de nuevo en el abrazo apretándome fuerte.

Eso jamás, las personas son irremplazables - conteste con unas lágrimas al recordar a mis padres.

Las personas siempre remplazan a otras - comento seriamente mirándome a los ojos.

Yo nunca las remplazo, una vez unido los lazos, jamás se rompen – dije en una sonrisa - ¿Tú me remplazarías? – le mire algo triste.

No- contesto tajante para seguir con aquel abrazo.

El tiempo paso y aquel bebe nació sano, era una hermosa niña bajo el nombre de Kichi Makishima, su nombre significaba fortuna, ya que era nuestro ángel, una fortuna haberla traído al mundo, era muy parecida a su padre, cabello blanco, piel blanca como la de ambos, pero con mis ojos aquel color café oscuro en ellos, aquella niña era nuestra bendición, en nuestra vida.

El criarla era difícil pero Makishima me apoyaba en todo, había dejado su objetivo principal por nuestra hija, una vida feliz quizás era lo que necesitábamos, Choe por su parte se acostumbró a ella, para Kichi Choe era su único tío, así pasaron 4 maravillosos años con nuestra hija alegrándonos cada día.

Mientras cuidaba de Kichi, Choe le había regalado una Tablet, se la pasaba jugando en ella, cualquier juego interactivo para niños, yo estaba leyendo algún libro recomendado por mi esposo atento a lo que hacia nuestra hija, Makishima llego con un libro en mano, como era la primera vez que la veía con la Tablet le miraba curioso, al observar lo que hacía, estaba leyendo un pequeño cuento que el mismo Makishima tenía en la biblioteca, era gracioso, no sabía que mi hija ya leía tan rápido, tal vez el hábito de leerle cuentos era bueno y como esta vez estábamos leyendo, ella no quiso molestarnos.

Kichi es mejor el libro en físico – menciono Makishima algo indignado.

Déjala Shougo, di que tan siquiera lee algo a su corta edad - reí ante la expresión de mi esposo.

Padre eso es para viejos – contesto Kichi con aquella voz tierna de una niña mientras seguía leyendo.

¿Quién te regalo eso?- comenzó a platicar con su hija aquel albino.

Mi tío Choe – no despegaba la vista de la pantalla.

Ya vera, le está inculcando cosas malas a mi hija - dijo aquel hombre albino, me pare y lo detuve en un abrazo por detrás.

No hagas nada, está bien - comente graciosa – deja tus celos para otro momento - comencé a reírme en su cara.

Kichi era una niña muy inteligente, desde los 3 años y medio comenzó a leer aunque no sabía muy bien hacerlo hasta los 4 años, el hábito de la lectura era gracias a nosotros, siempre nos miraba leyendo además que yo le leía cuentos cuando me lo pedía, inclusive Makishima lo hacía, tenía su propio cuarto, se había vuelto cercana a Choe, realmente parecíamos una familia feliz, pero las cosas no siempre pueden ser solo felicidad, eso lo sabía bien y aunque pudieran suceder cosas malas, a pesar de que Makishima había dejado de lado su ambición por nosotros, mostrando esa sonrisa sincera e inocente, había algo que era cierto, los lazos ya se habían forjado y no habría nada que pudiera romperlo.