―¿Cómo a qué hora dijo el Comandante que te iba a mandar los refuerzos? Porque ya ha pasado mucho tiempo ―preguntó Ichigo a Byakuya, estando aún ambos detenidos en la cuesta, luchando contra manadas de Hollows.

―Cállate y pon más atención a tu guardia ―replicó Byakuya, mirando de reojo los descuidos de Ichigo y lanzando Fuego Azul en varias direcciones. De entre todas las ráfagas de kidou una se notó diferente, era como un fuego azul... en forma de flecha.

Ichigo miró hacia el camino. Ishida se encontraba de rodillas a la orilla de la carretera, haciendo las de francotirador, mientras Chad y Orihime lo flanqueaban, atrayendo la atención de algunos Hollows.

―¡Muchachos! ―les dijo, acercándose―. ¡Ya era hora!

―¿Cómo que "ya era hora"? ―protestó Ishida―. Nosotros no podemos teletransportarnos ni usar el paso instantáneo, así es que tuvimos que tomar el autobús. No teníamos suficiente dinero, así es que debimos regatear con los choferes hasta que uno aceptó traernos, sólo porque ajustó los retrovisores para ir mirando a Inoue...

―Casi nos volcamos en una curva ―confirmó Chad, ya revestido su brazo en la armadura y machacando Hollows a puñetazos. Orihime los miraba con rostro confundido, pues parece que esa parte de la historia no le era familiar.

―Inoue, ¿sabías de esto? ―se volvió Ichigo hacia ella. Ella se limitó a mover la cabeza de lado a lado, azorada.

―Además, el autobus nos dejó en la boca del túnel, a tres kilómetros de aquí, tuvimos que trotar hasta acá ―declaró Ishida, poniendo atención al campo de batalla―. En cualquier caso... Ya estamos aquí. ¿Un resumen de lo que está pasando?

―Pues... ―Ichigo no dejó de destazar Hollows mientras hablaba y miraba de reojo cómo se las apañaba Byakuya para pelear, usando el kidou sin demasiada potencia o golpes secos de espada, luchando incluso con ella dentro de la vaina―. La nueva esposa de este tipo fue raptada por un shinigami y un grupo de Hollows...

―¿¡ESPOSA!? ―se espantaron todos. Se miraron unos con otros y no pudieron menos que imaginar una mezcla entre el Buda de la Bondad y la Virgen del Perpetuo Socorro como la mujer que aceptaría la carga de ser la esposa de un tipo así.

―Kuchiki-kun, no sabíamos que se había casado, felicitaciones ―dijo Inoue, mientras Tsubaki hacía su trabajo prácticamente solo.

―Parece que hace mucho tiempo que no vamos a la Sociedad de las Almas, ¿no? ―apostilló Ishida.

―... Y que Rukia habla muy poco acerca de su vida familiar ―agregó Ichigo―. No se saben los motivos del rapto, o el "señor comunicativo" no me los ha dicho y Rukia fue a dar a las manos de los mismos captores, pues su reiatsu ha desaparecido.

―Oh, no, Kuchiki-san ―dijo Inoue, preocupada por ella, pero acto seguido divisó a un par de ciclistas en la cuesta, hacia los cuales se dirigía un Hollow bastante grande a toda velocidad―. ¡Tsubaki!―ordenó.

―Estoy ocupado, mujer, ¿que no lo ves? ―le replicó su gruñón compañero, bastante entretenido con dos Hollows

―¡Sado-kun! ―dijo entonces la muchacha.

Eran una madre y su hijo, montados en mountain bikes, con todos los implementos.

―¡Mamá! ―decía el niño.

―Vamos, apresúrate, a este paso nunca serás capaz de ganar la competencia. ¡Ah!, desde que construyeron el túnel, casi no andan autos por la cuesta, está perfecta para entrenar ―le decía su madre, pero entonces algo le avisó al niño que debía mirar hacia el lado.

―¡Mamá, un monstruo! ―dijo el niño, cayéndose de la bicicleta.

―¿Pero qué tonterías estás diciendo? ―se volvió la madre a mirarlo. Al verlo en el suelo, paró, se bajó, dejó la bicicleta tirada y caminó hacia él.

―¡Mamá! ―gritó el chico en el momento en que el Hollow, más grande de lo necesario para encajar en ese trozo de la ruta, chocara su cabeza contra la ladera del cerro.

―¡Sado-kun, corre! ―gritaba Inoue, desde la curva de la ruta de más abajo, mientras Chad escalaba hacia la curva superior. ―¡Ishida-kun! ―gritó al ver que Chad no lo lograría a tiempo, pues con el cabezazo del Hollow se había desprendido una gran roca que iba hacia la madre y el niño.

Ishida no pudo apuntar a tiempo, pues otro Hollow se interpuso.

―¡¿Terremoto?! ―gritó la madre y sólo atinó a abrazar al niño, esperando un golpe que nunca llegó.

Cuando la madre abrió los ojos, la roca venía hacia ellos, pero vuelta polvo.

―¿¡Byakuya!? ―gritó Ichigo, al ver que fue el shinigami el que destruyó la roca antes que llegara a destino.

―Mamá, un samurai ―señalaba el niño, pero la madre permanecía helada, abrazándolo maquinalmente.

Fiel a sus últimos movimientos, Byakuya enfrentó al Hollow usando una mínima porción de su fuerza. Lo empujó utilizando la empuñadura de la espada y le disparó algunas ráfagas pequeñas de kidou, mas no acabó con él. El Hollow escupió fluidos contra los humanos, pero una barrera de bakudo reaccionó frente a ellos.

―¿Qué diablos le pasa a este tipo? ―dijo Ishida.

―Algo escuché, acerca de que no puede... mancharse de sangre. Por eso no ha desenvainado ―dijo Ichigo en voz alta, mas en su fuero interno trataba de digerir la reacción de su antiguo enemigo. El nunca lo habría visto capaz de proteger humanos, por más que su trabajo como shinigami fuera precisamente ése. Algo había en el hecho de que se tratara de una mujer y de su hijo... Algo había...

―¡Cuidado, Samurai-san! ―gritó el niño y Byakuya se vio obligado a sacar la espada de su vaina. Dio un corte y aun así la última ráfaga del Hollow consiguió arrancarle la máscara. La sangre del Hollow iba hacia él, cuando fue Inoue, arrojada como arma de largo alcance por Chad, la que interpuso su escudo. Byakuya tuvo un instante de confusión al ser protegido por una mujer, mas pronto se despabiló, se agachó a recoger la máscara y miró al niño, quien podía verlo perfectamente.

―Cuida de tu madre, niño ―le dijo, serio como siempre. Extendió una mano hacia ellos y aplicando un bakudo, los teletransportó, antes que se preguntaran qué eran esas explosiones, esas personas que hacían cosas tan raras y que a otro Hollow se le antojara un niño que podía ver fenómenos metafísicos―. Gracias, Inoue-san... ―dijo lentamente, en un tono bien estudiado, una vez que volviera a incorporarse, con la máscara puesta.

―¿Byakuya protegiendo humanos? ¿Luchando a mano desnuda? ¿Molestándose en sudar para despachar a un triste Hollow? ¿Usando una máscara? ¿Siendo protegido por una mujer? ¿Agradeciendo? ¿Nombrando a Inoue por su nombre? ―todas estas preguntas rondaban la mente de Ichigo.

―No puedo acercarme a mi hijo que viene en camino con las manos manchadas de sangre. Menos sangre de Hollow ―dijo el capitán en el mismo tono estudiado.

―¿¡HIJO!? ―exclamaron todos.

―¿Esa es la razón por la que no está peleando en su cien por ciento? ―preguntó Inoue.

―¿Guarda energía? ―preguntó Ichigo. Era verdad. Byakuya podía perfectamente esquivar la sangre utilizando el shunpo, destruir cientos de Hollows con un solo kidou y a otros miles con su shikai, pero nada de eso había hecho. Estaba ahorrando al máximo sus energías, seguramente porque consideraba que la batalla que se avecinaba era muchas veces más importante que esta.

―¿Qué tal si nos deja a nosotros aquí y usted se adelanta a rescatar a su familia, Kuchiki-kun? ―preguntó Orihime con una sonrisa―. Se le nota preocupado y estaríamos felices de ayudarle, ¿no, chicos?

―Tanto como felices... ―murmuró Ishida.

Byakuya miró a Ichigo un momento, luego a Inoue y la palabra mágica fue pronunciada una vez más.

―Les agradezco ―murmuró sin mirarlos y desapareció a fuerza de pasos instantáneos. Los Hollows más rápidos le siguieron, pero tanto Ichigo les plantó cara por aire, como Ishida cubrió su retirada a manera de artillería antiaérea.