Crónica 12. El dolor del Santo. Despierta, Guardián de Almas

Gabriel, viendo lo tensa que estaba la situación, optó tomar a Esmeralda y a Zoe del brazo y alejarlas del lugar.

-Hay heridos, vamos-dijo Gabriel.

El tono autoritario del moreno le indicó a Esmeralda que debían seguirlo. Ella misma se llevó a Zoe, quien miraba atónita a los dos hombres midiendo sus fuerzas cósmicas.

La amenaza era latente en ambas cosmoenergías. Esta vez, Hyoga no tenía pensado evadir los ataques de Shun, o de abrazarlo para calmarlo, esta vez haría lo que fuera necesario para detenerlo. La furia por ver al menor transformado en otra cosa completamente diferente a lo que él solía ser, cegó al rubio.

El Shinigami cargó contra Hyoga, pero éste lo evadió fácilmente y tomó la otra katana que permanecía clavada en el suelo justo a tiempo para detener una estocada que venía hacia él con el propósito de cortarle la cabeza. Luego, usando su fuerza obligó al Shinigami a retroceder para hacerle espacio y lanzarse contra él. El choque de las espadas, envió latigazos de dolor a sus brazos y llamó la atención del grupo que atendía a los heridos. Zoe aun estaba demasiado asombrada para reaccionar.

-¿Cómo es posible? ¿Es ese el mismo chico que me sonríe y se sonroja casi por todo?-pensó.

-Ni se te ocurra intervenir-advirtió Gabriel, sin mirarla-Es un choque de titanes.

Las espadas volvieron a chocar con tanta intensidad que las hojas se encendieron y los cosmos destruyeron todo a su paso. Hyoga estaba dominado por la rabia y la impotencia. Sus ataques eran tan agresivos que Shun terminó retrocediendo, lo que hizo que se enfureciera aun más. Sin embargo, Hyoga no estaba dispuesto a permitir que la pelea continuara. En otro choque de las katanas, la de Hyoga quedó debajo de la de Shun, pero éste no pudo superar la fuerza del rubio, quien levantó su espada y la mandó a volar junto con la del peliverde, quedando estas a metros de distancia. Luego, durante un segundo de descuido del Shinigami, Hyoga lo golpeó fuertemente en el hombro herido, elevándolo en el aire y cegándolo de dolor. Lo tomó por la chaqueta negra y lo lanzó contra el suelo que estalló debajo de él.

El grupo que quedaba cerca de ellos, entre ellos, Zoe y Gabriel tuvieron que cubrirse cuando una nube de humo se elevó y volaron piedras y tierra. Cuando volvieron la vista, el humo se había disipado y Hyoga se detuvo junto a Shun. Éste estaba inconsciente y el tatuaje ya había regresado a la normalidad.

De nuevo su piel era nívea y su cabello conservaba su color. Hyoga se agachó y acarició su mejilla.

-Esto es tú culpa, Hyoga. ¿Tenias alguna maldita duda antes? No puedo dudar más. No voy a permitir que esto siga avanzando, Shun, te lo prometo-Pensó Hyoga.

Luego, el rubio levantó a Shun del suelo y se dio la vuelta, cuando el equipo médico lo alcanzó. El negó con la cabeza, tampoco preguntó por los heridos.

-Dile a Gabriel que se encargue de todo. Sé que lo hará bien-dijo Hyoga.

Caminó para entrar al edificio, pasó entre el gentío que ni se atrevió a dirigirle la palabra y caminó en silencio hasta que llegó a la habitación de Shun. Lo revisó, después de acostarlo en la cama, pero como él esperaba, sus heridas no eran graves. Luego, se sentó en el suelo, apoyando la espalda al borde de la cama. La puerta de la habitación se abrió de golpe, dejando entrar a Misha, quien corrió a abrazar a Hyoga.

-Aron y los otros no me dejaron salir de la sala-Misha.

-Hicieron bien-respondió Hyoga.

El tono vacío y monótono del rubio asustó a la princesa. Ella lo soltó y tomó su rostro entre sus manos.

-¿Qué pasó, Hyoga?

-Es el Shinigami. Cada vez está tomando más el control. A este paso…

Apretó la mandíbula, apoyó los brazos en las rodillas y hundió la cabeza en ellas.

-Y todavía se me ocurre dudar-dijo Hyoga.

-No te culpes por esto, Hyoga.

-No importa eso. Si no hago algo ya, voy a perderlo, Misha-dijo Hyoga.

Misha sintió su corazón encogerse al ver al rubio caer en la desesperación.

-Entonces tendremos que movernos rápido. Vamos a usar al guardián de almas, Hyoga.

-No estoy seguro de que Zoe se acerque más a él, la asustó mucho.

-Yo confío en que algo más está trabajando por nosotros, no te preocupes-dijo ella, sonriendo- Iré a ver lo que sucede en la plaza, quédate con él.

Hyoga asintió y bajó la mirada. No entendió el comentario de la rubia, pero tampoco deseaba hablar más. Ella se levantó y salió de la habitación. Él se levantó, fue hasta el baño y humedeció algunas toallas pequeñas. Luego, regresó hasta la cama, se sentó y le quitó la chaqueta y la camisa a Shun, después de quitarse la suya. Revisó la herida, aunque los puntos no se habían abierto. Pasó las toallas húmedas por la frente del peliverde, mientras trataba de no recordar los ojos negro y amarillo y la salvaje furia del Shinigami.

Mientras tanto en Canadá…

Los doce poderes estaban discutiendo lo que acababan de ver, todos emocionados por el despliegue de fiereza de Shun.

-Muy bien, Sansa, dime qué viste en él- dijo Fallen.

Sansa, la chica de cabello castaño, rizado asintió y comenzó a hablar.

-Tiene varias fracturas soldadas, todas viejas. Algunos músculos también sufrieron desgarramientos, pero, en general tiene una condición física casi sobre natural, su musculatura es sorprendente.

-Los Santos nunca fueron hombres corrientes. Continua.

-Aun así, tiene un punto débil bastante grave. Su corazón, tiene una fisura, es como si estuviese roto, como su alma. Hablando de eso, la ruptura es bastante severa- dijo Sansa.

-Esto confirma que es un Santo-dijo Karin.

La chica le entregó a Fallen una carpeta con los papeles que mostraban la lista de Santos que seguían con vida para el momento de la guerra de los pilares.

-"Hyoga, Santo del Cisne"-leyó Fallen-Entonces sí era uno de los caballeros de Athena. Y el Shinigami se llama Shun. ¿Dices que tiene una fisura en el corazón?

-Sí.

-Creo saber por qué. Sabemos que todos eran medio-hermanos, pero aquí hay un sujeto que aparece como hermano de Shun, hijos de la misma madre. Asumiendo que éste tipo esté muerto, fue a él a quien perdió nuestra oveja descarriada. Interesante-dijo Fallen, sonriendo.

-¿Y ahora qué vamos a hacer?-preguntó Brom.

-Lo pensaré ahora, y les diré mañana-dijo Fallen.

Dicho esto, el grupo entendió que debían retirarse. Sólo Karin se quedó con él.

Fallen dejó la carpeta abierta en el escritorio, pero no apartó la vista de las fotografías del peliverde. Karin sonrió.

-Estás realmente interesado en él-dijo ella.

-Por supuesto, ¿Acaso no lo viste? Está lleno de dolor y rabia, no sé cómo ha aguantado tanto tiempo, debe tener una fuerza de voluntad enorme para no dejarse llevar por la sed de sangre que tiene- dijo Fallen.

-¿Vas a decirme que no has pensado en qué debemos hacer todavía?

-Me conoces lo suficiente-dijo Fallen, sonriendo de forma pervertida-Por supuesto que lo he pensado, pero vamos a necesitar algo de tiempo. Gracias a las hermanas, sabemos exactamente la ubicación del distrito que él maneja.

-¿Qué haremos con "dos"? ¿Vas a dejarla con él?

-Sí, ella cumplirá su papel más adelante. Ahora vete, quiero estar solo- dijo Fallen reclinándose en el asiento, para mirar las fotos detalladamente.

La chica se encogió de hombros y salió de la oficina, dejando al moreno solo.

-¿Qué has hecho para aguantar todo este tiempo? ¿Qué o quién te mantiene en este mundo, muchacho?- se preguntó Fallen.

Luego, el poder Alpha se levantó y con un control abrió una compuerta que dio paso a la sala de reunión de los doce poderes. Allí reposaba la burbuja que contenía a la chica pelirroja dormida. Se acercó hasta la esfera y le puso la mano sobre ella, luego le dio un tierno y pequeño beso.

-Pronto, Mi princesa, pronto…

Mientras tanto, Mithrandir…

La noche los recibió mientras ellos apenas terminaban de atender a los heridos. Zoe y Gabriel se dejaron caer en un mueble, agotados por el ajetreo del día. No volvieron a ver ni a Hyoga ni a Shun, pero ambos sabían que pensaban en lo mismo.

-¿Tú sabes algo, Gabriel?-preguntó Zoe-No entiendo que fue lo que pasó.

-Lo siento, pequeña, no sé mucho sobre ellos. Sé que el poder que tiene Shun es muy peligroso y difícil de controlar si no se tiene la voluntad suficiente.

-Eso que vimos no era Shun.

-Pienso lo mismo.

-¿Quiénes son ellos? Hyoga y él.

-Como te dije, no sé mucho de ellos. Sé que pertenecieron a la orden más grande y fuerte de la historia. La orden de Athena. Se hacían llamar Santos, sé que ellos son los sobrevivientes de la guerra que dejó al mundo como lo ves ahora. Nos protegieron de aquellos que amenazaban con alterar la paz de la humanidad. Cuando llegaron aquí, estaban completamente solos. Lamentablemente, no sé nada más… pero eso va a cambiar ahora-dijo Gabriel.

La pelinegra vio la expresión de determinación en el rostro moreno del español. El la miró y el par de ojos dorados se encontró con la misma expresión en el otro: ella había tomado la misma decisión.

Juntos se levantaron y después de preguntar a varias personas, lograron localizar a Hyoga, quien estaba en uno de los balcones del castillo, tan sumido en sus pensamientos que no notó la presencia de aquellos dos hasta que los tuvo detrás de él.

-¿Qué sucede?-preguntó Hyoga.

-Eso lo que nosotros queremos preguntarte-dijo Gabriel-Me pediste que te ayudara con él, pero necesito saber qué paso, Hyoga, porque eso que vimos hoy no es el Shun que yo siento que conozco. No reconocí ni su mirada, ni su cosmos. Ambos queremos saber.

Hyoga vio a Zoe y endureció el semblante. No terminaba de aceptar a la chica, ella aun no se había ganado su confianza.

-Pensé que te había espantando. Temblabas como una hoja en medio de una tormenta- dijo Hyoga.

A Zoe se le antojó grosero el tono del rubio, pero tenía que resistir. Sabía que Hyoga era un muro de concreto que protegía fieramente a Shun y ella no tenía permiso para pasar. Actuó como leyó alguna vez que lo haría un cachorro de león frente al rey de la manada: bajó la mirada y adoptó una actitud sumisa.

-Lo hizo, pero…quiero ayudar. No quiero volver a verlo de esa forma. Por favor, déjame acercarme a él.

-…ya veremos. Muy bien, se los contaré.

Hyoga relató la historia completa de la orden de Athena, la pequeña Saori y los días entrenando en la gran mansión. Cuando él perdió a su madre. Cuando conoció a los hermanos y al resto del grupo de huérfanos. Cuando entrenaron, a qué edad, el momento en que le tocó regresar de Siberia por orden del Santuario y verlos a todos como traidores a la Diosa, incluido el peliverde. El enfrentamiento contra Ikki, su muerte y como afectó a Shun. Cómo fue éste que, con su amistad terminó de convencerlo de lo contrario. Las guerras santas, Hades y sobre todo la guerra de los pilares.

Gabriel y Zoe estaban demasiado impresionados y aturdidos como para decir algo. Los grandes guardianes de la tierra tenían un pasado doloroso e inmerecido.

-Lo peor vino después- dijo Hyoga- yo me llevé a Shun a un pequeña cabaña cerca del sitio de la pelea. La pareja de ancianos que vivía en ese sitio atendió nuestras heridas, pero como Shun no despertaba, fui hasta Japón, a la mansión Kido. Tatsumi casi se muere cuando se enteró de que Saori ya no estaba, pero parece que ella tenía todo planeado por si eso sucedía así que él preparó los papeles para que se ejecutara el testamento que ella dejó. Decía que al santo o santos que quedaran con vida y que gozaran de salud y estabilidad mental y física se les concedería absolutamente todo el imperio Kido, pero debían presentarse ante al abogado. Lo más lógico que es que Shun y yo fuéramos, pero él no despertaba así que antes de que se cumpliera el mes regresé a la cabaña.

Shun había abierto los ojos, pero no hablaba ni se movía, no expresaba ninguna emoción. Estaba como un estado de Shock del que yo no podía sacarlo. No sabía qué hacer, yo tenía 18 años, era un menor de edad todavía.

Si regresaba a Japón con Shun en ese estado, teniendo él 17 años, lo más seguro es que me lo hubiesen quitado. Lo hubieran internado en algún hospital. Para cualquier humano, tal vez eso hubiese servido, pero para un niño que fue el envase del Rey del Inframundo, que vio su rostro atacando a sus amigos y que vio a sus hermanos morir, no le ayudaría ningún médico. Él odiaba pelear, odiaba lastimar a la gente, fueran sus enemigos o no, tener que vivir todo eso, fue tan terrible que se encerró en su mundo. Yo le había prometido a Ikki que siempre estaría con él así que lo único que pude hacer fue regresar solo a Japón y decir que fui el único sobreviviente. Recibí el dinero y me largué de una vez, no supe nada más de Tatsumi después que le pagué por sus servicios. Busqué a Shun y regresé a Siberia donde lo cuidé durante varios meses. No tenía la menor idea de qué hacer con él, así que lo único que se me ocurrió fue llamarlo con mis cosmos.

Después de lo que pasó en la casa de libra, él y yo tenemos una conexión bastante fuerte, así que la aproveché para tratar de alcanzarlo, donde sea que estuviese, pero era muy difícil. Apenas sentía su cosmos, es como si fuera un cascarón vacío. Aun así, lo abrazaba todas las noches, lo llamaba hasta el cansancio.

Shun pasó meses en el mismo estado. Afortunadamente, me hacía caso, si le pedía que se levantara, él obedecía, a veces, pero era lo único que me mostraba que estaba vivo, porque de resto, no se movía para nada más.

Los meses siguieron pasando, el mundo se volvió un caos, y yo perdí las ganas de luchar. Muchas veces cuando él dormía, yo me acostaba con él, tratando de no sentirme tan miserablemente solo.

Una noche, simplemente colapsé. Él estaba sentado, mi cosmos estaba completamente agotado, creo que pasé días sin comer, durmiendo todo el tiempo.

Le pedí que me abrazara y lloré como no lo había hecho en casi todo un año. Lloré por todo lo que había perdido y lo que sentía que se me iba de las manos porque Shun simplemente no mejoraba. Le rogué que me llevara a donde fuera que él estuviera porque no soportaba más la desesperación, la soledad. Si eso no fue una terrible crisis de depresión, no sé qué lo sería. En ese momento, fue cuando él reaccionó. Su cosmos se encendió e hizo el mío reaccionar. Lo primero que hizo fue preguntarme por qué estaba llorando, decirme que él estaba ahí, que no me preocupara. Por mucho tiempo, fue una carga, pero ahora saber que estaba ahí, fue lo único que me mantuvo con vida, así que muchas veces no supe quien salvaba a quien.

Sólo cuando se aseguró que yo no me iba a ningún lado, justo cuando iba a preguntar por los demás, los recuerdos vinieron de golpe. Jamás olvidaré esa expresión en su rostro, el dolor más grande que jamás haya sentido alguien, él lo estaba viviendo. Enterarse que llevas casi un año en coma y que has perdido a tus seres queridos… no sé cómo no murió en ese momento.

Sin embargo sí enloqueció por completo; tuve que usar toda mi fuerza física para retenerlo porque estaba completamente fuera de control. Lloraba y gritaba, rompió cualquier cosa que tuvo en su camino. Cuando logré dominarlo, quedamos los dos en el suelo, yo lo tenía entre mis brazos, sosteniéndolo por las muñecas y él no expresaba nada, sólo las lágrimas corrían y corrían por sus mejillas. Me partía el corazón verlo de esa manera. Lloró por horas hasta que se quedó dormido. Lo acosté en la cama y me quedé con él. Después vinieron las pesadillas, cada vez eran peores así que me mudé definitivamente a su habitación.

En el pueblo donde yo estaba, en medio de todo el caos, tuvieron las santas agallas de mirarme como un pervertido. Muchas veces Shun no respondía y se quedaba parado en medio de la calle, así que yo lo tomaba de la mano y lo llevaba conmigo a todas partes. La gente empezó a hablar, a decir que era mi pareja. Todavía existía la policía, y como Shun realmente parecía un niño, muy delgado y frágil, la gente del pueblo llamó a las autoridades y tuve que salir de ahí, volando prácticamente. Al menos ahora él estaba consciente, pero las pesadillas eran terribles, lo destrozaban.

Así empezó a olvidar. Cada noche repetía "no quiero recordar, quiero olvidarlo todo". Lo repetía como si la vida dependiera de ello. Mientras me rogaba que no lo dejara solo y se quedaba dormido abrazándome. Su mente comenzó a bloquear los recuerdos. Ahora tiene lagunas mentales, sabe que los recuerdos están ahí, pero no los ve.

Tampoco recuerda todo el año que pasó en ese "coma" en el que estuvo. Ese trauma afectó tanto su cuerpo como su alma. Su corazón se dañó y su alma se partió casi en dos. Claro está, yo no sabía eso hasta que llegué aquí y conocí a Misha y a Selene. Fue ella quien me dijo lo que estaba pasando con Shun, y lo primero que pensé fue en alejarlo lo más posible de todo lo que fuera doloroso para él. Ahora cualquier cosa relacionada con nuestro pasado es un tema prohibido.

Pero, eso también fue un error.

Ahora, para evitar que Shun se convierta en eso que vimos que hoy tengo que llevarlo hasta el borde del dolor y la tristeza y hacerlo que enfrente esos recuerdos que tanto le duelen.

-¿Qué tienen que ver los recuerdos con eso?-preguntó Zoe.

-él tiene un poder cuya naturaleza es diferente a la de los Ángeles. Al Shinigami no le interesa proteger a nadie, es un asesino.

-Pero, ¿no es Shun el Shinigami?

-Sí y no. El Shinigami es como una segunda identidad, tiene una inteligencia propia, pero cuando es usado por alguien, el Ángel negro forma parte de esa persona, quien lo domina. Esa persona debe tener una fuerza de voluntad inquebrantable y mantener su identidad, ya que el Shinigami se fortalece con las debilidades de Shun y con sus deseos más oscuros. Él está lleno de rabia y dolor y si sigue olvidando todo su pasado, pronto el Shun que conozco y aún el que ustedes conocen dejará de existir. El Shinigami, tratando de proteger a su "huésped", por decirlo de alguna manera, desatará y drenará toda esa rabia, matando a quien se interponga en su camino. El Shun de hace más de cinco años jamás habría matado a esa mujer. A éste ni siquiera le tembló el pulso.

-Por Dios-dijo Gabriel, en voz baja.

-Es terrible. Ahora entiendo por qué dijo que él entendía mi dolor, aunque no lo ha enfrentado. Él también perdió un hermano-dijo Zoe.

-Perdió tres hermanos. Todos somos hijos del mismo hombre, aunque con madres diferentes, a excepción de Ikki. Por eso Shun es como es ahora, no se deja tocar por nadie y si lo hace es por pocos minutos; no muestra sus emociones, no sonríe casi. No es ni la sombra del chico dulce y tímido que era antes, se ha endurecido. Así que ayudar no será tan fácil, no puedo lazarlo al vacío y esperar que se levante él solo. Confía en mí ciegamente, pero sólo en mí, si Gabriel quiere ayudar es tratando en lo posible de acercarse, aunque como ya sabes es él quien decide hasta qué punto te acercas. Y tú, sólo puedes ayudar con tu poder, eres el guardia de almas, puedes curar personas cuya alma está rota como la de él.

-Bueno, vamos a hacerlo-dijo Zoe.

-No es tan fácil, Zoe, necesito tener mucho cuidado con los recuerdos que desbloquee. No tienes idea de lo que difícil que es-dijo Hyoga, endureciendo el tono-¿Qué crees, que no tengo nada que perder intentando? Te equivocas, yo vi morir a mi madre, a un gran amigo, a mis maestros y mis hermanos. Todas las personas importantes para mí. Un paso en falso y Shun puede morir. Lo pierdo todo, Zoe. Tú le temes, ¿Cómo vas a acercarte a él, crees que no lo va a notar? No lo conoces.

-No quiero temerle-dijo Zoe- Creo que él no se merece eso.

-Pero claro que no se lo merece, como nada de lo que ha vivido, pero así son las cosas y no hay vuelta atrás-Exclamó el rubio, furioso- Así que ¿Están conmigo sí o no?, porque con o sin guardián, igual lo haré recordar.

Gabriel y Zoe no dudaron un segundo en apoyar al rubio.

-Bien, espérenme en el salón del piano entonces. Gabriel, por hoy no podrá hacer nada, pero tú sí puedes. Misha y Selene estarán aquí pronto, cuando lleguen, vayan al salón del piano.

-¿Qué haremos allá?

-Despedirse del piano, primero, curar aunque sea un milímetro de su alma será lo segundo.

Hyoga fue hasta la habitación de Shun. Él ya se había levantado y acababa de salir de la ducha. El rubio notó como el menor bajó la mirada, completamente avergonzado. Sonrió con ternura, le dolía la situación, pero haber hablado con Gabriel y Zoe alivió un poco su dolor, lo que lo ayudó a decidirse aun más a llevar a cabo su plan. Se acercó hasta Shun y lo abrazó. Éste, como siempre, no ponía ningún obstáculo entre él y el rubio.

-Sé que no eras tú-dijo Hyoga-Necesito que me acompañes a un sitio.

-Donde quieras, lo que quieras-dijo Shun.

Hyoga sabía que Shun le obedecía y que estaba dispuesto a hacer cualquier cosa por él. Trató de convencerse de que no estaba de traicionando esa confianza.

-Escúchame-dijo Hyoga, tomando el rostro de Shun entre sus manos-Pase lo que pase, estoy contigo, no lo olvides nunca.

-Te metí en un problema ¿Verdad?

-Claro, desde siempre-dijo Hyoga, sonriendo divertido-Vamos.

Shun se puso los zapatos y la camisa y siguió a Hyoga hasta el salón del piano.

Gabriel y las cuatro chicas ya estaban ahí.

-No sé qué debo hacer-dijo Zoe.

-Haz lo que te indique tu corazón-dijo Misa-déjate guiar por él, es el más sabio.

En ese momento los chicos entraron, aunque Shun se tardó varios segundos, Hyoga tuvo que tomarlo de la mano para que entrara. Se topó con las miradas de los otros cuatro, pero rápidamente se enfocó en Hyoga. Se sentía incómodo con ellos ahí, no le gustaba Misha con esa cara de inocencia y amabilidad que él detestaba y veía completamente falsa; Selene con su chocante sinceridad. Sabía que probablemente Gabriel no se le acercaría más y no podía culparlo. Después estaba ella, Zoe. Estaba completamente seguro de que lo había arruinado todo con ella, así que en definitiva no quería verle la cara a nadie y menos a esos cuatro.

Cuando enfocó la vista en el cuarto, se dio cuenta de que había un piano de cola, negro en el centro. Su corazón dio un pequeño brinco cuando el instrumento le pareció demasiado conocido.

-Ven, acércate-dijo Hyoga.

Shun se mordió el labio inferior, pero caminó hasta el centro, mientras Hyoga se alejaba un poco de él. Tocó las teclas suavemente.

-Es bonito ¿no?-dijo Hyoga.

Shun asintió.

-Tiene un tiempo aquí, pero casi nadie entra en esta habitación. Sólo Misha y yo, a veces y ella lo toca. Me trae recuerdos-dijo Hyoga.

Shun tensó la mandíbula. Nada que tuviera que ver con la palabra "recuerdos" era una buena noticia para él. Se apartó un poco del piano.

-¿A ti no te trae recuerdos?

-…No-dijo Shun.

-Yo creo que sí- dijo Hyoga.

Shun se tensó aún más.

-¿De qué va todo esto?

-Voy a decirte algo-dijo Hyoga, mirándolo fijamente-Necesito que lo soportes.

Shun volvió a tocar las teclas pero esta vez sus dedos temblaban.

-Este es el piano que estaba en la casa de Japón, en la mansión…

De pronto, Shun hundió la mano en las teclas, haciendo que las notas estallaran en el aire.

-No vayas ahí, Hyoga, eso no-siseó Shun.

Hyoga endureció el semblante.

-¡Es ridículo, Shun! ¿Qué vas a hacer?-dijo Hyoga, levantando el tono de la voz-¿Vas a odiar cada cuadro, cada silla, cada cosa que se te parezca a las que estaban en esa casa? ¿Vas a odiar cada copa o vestido que te recuerde a Saori Kido?

-¡Cállate!-estalló Shun.

De pronto, el peliverde encendió su cosmos, sus ojos volvieron a oscurecerse y de un tirón estrelló el piano contra la pared como si fuese una copa de cristal. Los cuatro testigos, por instinto se echaron hacia atrás, aunque estaban a una distancia segura. Hyoga fue el único que no se movió un milímetro.

-¡No menciones a esa… esa mujer en mi presencia!- rugió Shun.

-Esa voz doble… ¿Dónde la he escuchado?- sepreguntó Zoe.

-¿Por qué? Ella era Athena ¿No? Juraste seguirla aunque eso significara la muerte.

-¡Es una mentirosa! ¡Ella juró proteger a la humanidad pero, no, se largó cuando más la necesitábamos!

Los recuerdos y la rabia emergieron como el magma que brota hacia la superficie. Se llevó las manos a ambos lados de la cabeza, tratando inútilmente de detener el torrente de emociones e imágenes en su mente. Nada de lo que hiciera daba resultado, aun recordaba perfectamente la sonrisa y el cosmos cálido de la Diosa. Cayó de rodillas y su piel se erizó al sentir esa energía como si la tuviera a su lado, pero ahora la detestaba, no la quería cerca de él y el cosmo negro y violeta lo ayudaba, por lo que se encendió aun más y una esfera de energía terminó por cubrirlo.

Tanto Selene como Zoe se alarmaron.

-Se está quebrando… ¡Hyoga, detente!-gritó Selene.

Sin embargo, el rubio seguía sin moverse. Aunque su corazón se lo pidiera él no podía hacer nada, Shun tenía que enfrentarlo y salir solo de eso.

-Ustedes no lo conocen-susurró Hyoga-Él puede con esto.

Los otros no pudieron escucharlo, la potente ruido y la fuerte corriente de viento que volaba en la habitación se los impidió, pero Shun sí lo escuchó perfectamente. Como en aquella ocasión, cuando se dio cuenta de que estaba envuelto en una profunda oscuridad, lo único que escuchó fue la voz de Hyoga, llamándolo, rogándole.

-Me siento seguro aquí, en medio de esta oscuridad, donde ningún dolor puede alcanzarme. De nada sirve si sé que lastimo a los que amo. Sé lo que intentas hacer, Shinigami. Pero tú y yo llegamos a un acuerdo, ¿recuerdas?, sólo existes para protegerlos a ellos, los humanos y sobre todo a él… la única familia que me queda…

La esfera se abrió lentamente y Hyoga supo que era Shun luchando para no ser derrotado por su propio sufrimiento.

Zoe estaba demasiado asombrada como para moverse. De pronto vio a Shun retorcerse de dolor en el suelo.

-La ruptura se está ensanchando-dijo Selene-A este paso…

Zoe no logró escucharla, su cuerpo se movió por sí mismo, corrió hacia él. Por un instante sintió que lo perdería y algo en su corazón le gritó tan fuerte que obligó a su cuerpo a moverse.

-"Un paso en falso y Shun puede morir"

No quiero… ¡No quiero que muera!

Antes de darse cuenta estaba agachada, abrazándolo. No sabía qué debía hacer y le aterraba la idea de que, para cuando lo descubriera, fuera demasiado tarde.

-Por favor… detente…

Su cosmos se encendió y llenó la estancia con un suave color blanco. Hyoga y los demás pudieron sentir una calma que invadía sus corazones.

-No quiero que sufras más… Por favor…

El cosmos color perla de la chica cubrió el cuerpo de Shun. Éste respiraba agitadamente y el dolor en su pecho era simplemente insoportable.

De pronto escuchó en su mente la voz de la joven, rogando por ayudarlo. Sintió de nuevo esa brisa fresca que lo acariciaba y que aliviaba su dolor. Pronto le entró mucho sueño y se quedó dormido en los brazos de Zoe. Ella lo abrazaba, aun sin entender el sentimiento que dominaba en su corazón cuando lo hacía. Éste palpitaba desbocado y su piel se erizaba al estar tan cerca de Shun. Acariciaba su mejilla y trataba en lo posible, aún con su escasa fuerza, de acercarlo más a ella.

Hyoga miró a los otros tres, quienes lograron acercarse después de que el ventarrón desapareció.

-Es impresionante-dijo Selene-La ruptura se detuvo, es como si no hubiese pasado nada.

-Para ser la primera vez, sin saber qué hacer, hizo un buen trabajo-dijo Misha, viendo a Zoe.

Hyoga sólo asintió. Zoe no le prestaba atención a ninguno, estaba demasiado embelesada viendo la expresión calmada del rostro de Shun y concentrada en lo que sea que estuviese haciendo para evitar que su vida se perdiera entre sus brazos.

-Hemos perdido el piano-dijo Hyoga, rascándose la nuca y mirando hacia el montón de madera y cuerdas que hasta hace unos minutos era un hermoso piano.

-Era tuyo después de todo-dijo Misha, sonriendo.

-Pero a ti te gustaba-dijo Hyoga.

-Me gusta más poder ayudar en algo-respondió ella, sonriendo tímidamente

Hyoga se sonrojó inevitablemente, estaba un poco conmovido por el deseo de la rubia de ayudar y le dolía que Shun no se llevara bien con ella. Tampoco podía juzgarlo, a él no le gustaba Zoe y eso que ella acababa de llegar.

-Bueno, si no me necesitan más, me retiro-dijo Selene.

Hyoga asintió y la peliplata se fue. Luego miró a Gabriel, pero éste parecía distraído.

-¿Preparado para salir corriendo?-preguntó Hyoga, sonriendo-Lo entendería.

- ...No, al contrario. Ahora más que nunca… realmente quiero ser su amigo- dijo Gabriel.

La seriedad de Gabriel sorprendió a Hyoga.

-Me recuerdas mucho a alguien-dijo Hyoga, sonriendo.

-¿Eso es bueno?-preguntó Gabriel, mientras sonreía y se rascaba la nuca.

-Sí, lo es.

-Bueno, supongo que te quedarás con él esta noche ¿No?, en caso de que pase algo- dijo Misha,

-No creo, debo ver qué fue lo que pasó con Ariel.

Luego se agachó frente a Zoe, llamando su atención.

-¿Quieres quedarte con él esta noche? Puedo ver que no quieres separarte de él-preguntó Hyoga.

-¿En serio, puedo?- preguntó ella, emocionada.

-Sí, yo tengo otra cosa que hacer. Pero sólo por hoy-dijo él, enarcando una ceja.

Ella sonrió y asintió.

-Gabriel ¿Puedes acompañar a Misha hasta su habitación? Yo llevaré a Shun y a Zoe.

-Seguro-dijo Gabriel.

Hyoga miró a Misha y ésta se sonrojó y sonrió, antes de salir escoltada por Gabriel.

Luego él tomó a Shun en brazos y un par de minutos después, Hyoga y Zoe estaban en el cuarto del peliverde y éste en su cama.

El rubio sonrió al ver la expresión de calma en el rostro del peliverde; pocas veces lo había visto así. Zoe, por su parte, estaba encantada con el cuarto de Shun.

-¿Qué es eso?-preguntó ella.

-Es una guitarra, ¿nunca habías visto una?-preguntó Hyoga.

-No.

-Ya veo… esa prisión donde estuviste-dijo Hyoga- Es una guitarra española, Gabriel le estaba enseñando. Quizás logres convencerlo de que la toque para ti. Si acaso lo he visto un par de veces, así que te advierto que no es nada fácil.

-Me esforzaré-dijo ella, sonriendo.

-Con él nada es fácil, Zoe. Pero, si le das la oportunidad, verás que detrás del muro de hierro hay un peluche-dijo Hyoga, sonriendo.

-… ¿Y tú, me darás la oportunidad también?-preguntó ella.

-… Tal vez-dijo él, caminando hacia la puerta-Dudo que despierte, debe estar agotado. Tienes tiempo de ir a tu habitación y buscarte ropa, aunque yo te voy a pedir que duermas bien… cubierta. Él no es de madera, ya sabes. Buenas noches.

Luego Hyoga se retiró, dejando a la chica confundida.

-¿Qué habrá querido decir con eso?, yo sé que no es de madera- dijo ella, detallando a Shun.