Aquí estoy de nuevo. He utilizado la letra de la canción "se fue" de Laura Paussini (es una canción preciosa), para entremezclarla con fragmentos de la historia.
[ Disclaimer: Digimon es propiedad de Bandai, Toei animation y Akiyoshi Hongo. La canción tampoco me pertenece.]
…
Sin ti (I)
P.O.V. Sora
Ya no responde ni al teléfono, pende de un hilo la esperanza mía,
Yo no creí jamás poder perder así la cabeza por él.
Aunque en aquel momento pensé en aceptar la decisión de Yamato, era demasiado doloroso, lucharía por él, por recuperarle. Pero poco a poco mis esperanzas fueron diluyéndose, cuando intentaba acercarme a él en el instituto me trataba con indiferencia y si insistía me trataba como una molestia, eso era más de lo que podía soportar, por eso en cuanto tomaba tal lacerante actitud, me alejaba de él. Cuando le llamaba por teléfono, al principio respondía, pero con el transcurso de los días dejó de hacerlo, ni siquiera podía escuchar su voz a través del teléfono.
¿Por qué de pronto ya no me quería? ¿Por qué mi vida se quedo vacía?
Nadie contesta mis preguntas, porque nada me queda, sin él.
¿Cómo habíamos llegado a esa situación? Desde aquella vez que le dije que cortásemos … desde aquel momento algo había dejado de funcionar. ¿O tal vez eran otras circunstancias las que minaban nuestro camino? Podía sentarme a divagar sobre los motivos externos que habían debilitado nuestra relación, pero en cada palpitar de mi corazón cada vez existían menos dudas, menos neblina recubriendo la verdad, o al menos lo que yo consideraba que era la "verdad". Era mi culpa, aunque no sentía un abrumador pensamiento de autoculpa catastrófica, sino que sabía que yo había sido la detonante de nuestra ruptura, me había comportado como una niña malcriada, me había dejado arrastrar por la corriente de los celos irracionales, esos sentimientos me habían cegado por completo. Había dicho cosas irreparables, había herido a Yamato y él me apartaba de su vida con toda la razón. Sin querer apartar de mí ni una pizca de la merecida responsabilidad, en mi fuero interno estaba convencida de que aquella chica estaba enamorada de Yamato, y creía firmemente, que no podía confiar en ella. Su mirada, la forma en que me habló aquel día de la competición, sus lagrimas, lloraba por Yamato, o eso creía … todos esos factores me asustaban en cierta forma, no me parecía que fuese una admiradora más u otra chica del montón que se sintiese atraída por Yamato … porque Yamato había bajado la barrera ante ella, su protección casi sin esfuerzo y eso, sin género de dudas, le daba una potencial mano de cartas para poder jugar. Quizás era eso lo que me sacaba de quicio, el motivo por el cual mi corazón se encogía con solo recordarla.
¿Cómo de cerca estaba ella del corazón de Yamato? ¿Cuánta distancia había entre Yamato y yo? Tenía tantas dudas atenazándome, rodeándome tan fuerte que me nublaba el pensamiento, pero algo tenía claro, sin Yamato, sin su amor me era inconcebible vivir. Cuando el dolor se hacía insoportable, cerraba férreamente los ojos y evocaba su recuerdo, imaginando que estaba a mi lado, pero la realidad era otra bien distinta.
Se fue, el perfume de sus cabellos,
Me dolía el no poder acariciar su cabello, no poder aspirar su olor, el característico aroma de su cabello, ese champú que inundaba toda su cabellera. Era una fragancia perturbadora y tranquilizadora al mismo tiempo, dando la paz, pero a la vez condenando a su adicción.
Se fue, el murmullo de su silencio,
Su silencio, a Yamato le encantaba permanecer en silencio, sin decir nada, simplemente observar al cielo o hacer cualquier otra actividad en silencio, como si la ausencia de palabras transmitiese sus mensajes sin la utilización de palabra alguna. No era un silencio incómodo, sino un silencio reparador, realmente gratificante, me hacía sentir que nos complementábamos incluso sin tener que hablar.
Se fue, su sonrisa de fábula,
¿Qué podía decir de su sonrisa? Aquella con la que derretía a cualquiera que le mirase. Su sonrisa me cautivó desde la primera vez que le vi sonreír así, fue uno de los primeros días tras haber ingresado en la secundaria, incluso aunque esa sonrisa no iba dirigida a mí, impactó en mí de tal forma que estaba atrapada por su magnetismo. Yamato era más que físico sin dudas, pero eso no significaba que no fuese atractivo.
Se fue, la dulce miel que probé en sus labios.
El sabor de sus besos era único, bueno, nunca había besado a otro chico así que no podía, pero tampoco compararlo, yo estaba convencida de que sus besos ostentaban la categoría de la delicatesen suprema. Sus labios eran firmes, sus besos delicados por una esfera y por otra, apasionados hasta dejarme sin aire, sin posibilidad de respiración. La sola idea de que Yamato compartiese con otra sus labios me arañaba el alma.
Se fue, me quedo solo su veneno, y mi amor se cubrió de hielo,
Se fue, y la vida con él se me fue y desde entonces ya solo tengo lagrimas.
Encadenada a noches de locura.
Solamente dejaba para mí su frialdad, su indiferencia, era como si me hubiese echado de su vida y hubiese vallado las entradas y cualquier recoveco. Con el paso de varias semanas me fui convenciendo que el amor que sentía Yamato por mí se había esfumado. En el instituto seguía manteniendo una actitud de seriedad intrínseca a su personalidad, pero tampoco mermó su actitud afable, de cada uno de esos comportamientos tomaba medidas equilibradas. Sin embargo, cada vez era más popular y destacado, siempre estaba rodeado de gente, y sobre todo, de chicas, y él les sonreía y trataba con amabilidad, mientras que a mí me trataba con indiferencia … Lloraba religiosamente cada noche en el más estricto silencio, preguntándome cuál era la solución al caos en el que se había sumido mi vida. Me hacía la fuerte incluso ante Taichi, no quería compartir con nadie mi dolor. Mi madre sabía de mi sufrimiento, pero se limitó, al menos al principio, a darme espacio, realmente agradecí su actitud.
Toda una vida no basta, sin él.
En esta vida oscura, absurda sin él,
Siento que se ha convertido en centro y fin de todo mi universo.
Los días, las semanas fueron avanzando desde aquella competición. Tuve que dejar el club de tenis, no había solución de continuidad para mí en el club, no por el hecho de haber perdido, sino por haber agredido a Kurumisawa, pese a que aquella santurrona no había presentado queja alguna ni a la federación del campeonato, ni al centro. Las burlas de muchas alumnas no se hicieron esperar, se mofaban e incluso escribían insultos hacia mi persona en los cuartos de baños femeninos, el más "leve" era perdedora. Mi rendimiento académico disminuyó, aunque no suspendí nunca asignatura gracias a la ayuda de Taichi, él se estaba esforzando mucho más en clase, en parte, para ayudarme con los apuntes y explicaciones, ya que me costaba concentrarme durante las explicaciones de los profesores. "Yo seré tu apoyo, Sora" me había dicho, "Aunque puede que los apuntes tengan algunas erratas" había añadido de forma divertida, yo esbocé una tímida sonrisa y mi semblante volvió a cubrirse con el manto gris que acompañaba a mi herido corazón, como el humo sigue al fuego, como el polen a las flores, como las nubes al cielo.
El reprimir mis sentimientos, la frustración que sentía por las constantes negativas de Yamato y la creciente necesidad de volver a refugiarme entre sus brazos, hacían que todos esos sentimientos se tradujesen en más presión, tanto, que volví a perder la poca cordura que conservaba. Se me ocurrió una idea completamente absurda, ¿darle celos a Yamato? Era una buena idea o eso pensaba. Pero si intentaba salir con un "buen chico", no conseguiría despertar su lado protector, si es que aún sentía algo por mí, debía hacer algo arriesgado y eso se conseguía relacionándose con la gente equivocada. Estaba hecha un lío absoluto y rotundo. ¿Un plan así funcionaría? ¿O sería una caída estrepitosa? Tenía que comprobar si los sentimientos de Yamato habían cambiado realmente o es que él había vuelto a esconderse tras su coraza. ¿Por qué ya no era capaz de distinguir su verdadero yo de la barrera protectora que él creaba? ¿Tanto se había apartado de mí? Deseaba con todas mis fuerzas que no fuese demasiado tarde.
..
No podía creer que Yamato estuviese saliendo con Kurumisawa, ¿eso era lo que yo le importaba? ¿tan poco había durado su amor por mí? ¡Incluso había conseguido que ella fuese al digimundo! ¡A ese lugar tan especial! Al lugar donde a veces nos escapábamos, donde nos besábamos, donde habíamos pasado tan buenos momentos. Ella había usurpado mi lugar en la vida de Yamato … mi rabia, mi profundo dolor me hacía sentir así. Esa había sido su intención desde el principio, pero cómo olvidar que yo había ayudado a acercarla más a él, por mi falta de seguridad, por mi intolerancia. Mis decisiones me habían llevado a un abismo del cual no podía salir. ¿Cómo subir de nuevo a la superficie?
Entre divagación y divagación escuché uno estrepitoso ruido, ¡brrrum, brrrum!, me tapé los oídos, había varias motocicletas y estaban acelerando, creo que intentaban formar alboroto, o al menos, hacerse notar. Aceleré mi paso, aunque escuché como uno de ellos me llamaba:
-Shh, eh, pelirroja, ¿quieres subir y dar una vuelta?
Era un chico de mi edad, supuse, o tal algunos años mayor, no más de tres; iba acompañado de otros que también iban montados en motos. La única chica de aquel grupo me fulminó con la mirada.
-¿Para qué? Si seguro que es una mojigata, déjala que se marche Ibuki. Él ni la escuchó, se acercó a mí y volvió a preguntarme con arrogancia:
-Ignórala, Kohana es una amargada. ¿Qué me dices? ¿Quieres volar?
Debería haberme negado, pero ¿qué importaba nada en ese momento? Yamato … su amor … le había perdido, había perdido mi razón de vivir, ¿qué importancia tenía el resto del mundo? Así que decidí seguirle el juego.
-¿Es que tu moto se eleva por los aires?
El chico alzó una ceja y se cruzó de brazos mientras sonreía ampliamente:
-Mirad a la listilla, puede que no vuele en sentido literal, pero si montas conmigo vas a flipar porque parece que viaja por los mismos cielos.
-Demuéstramelo –dije devolviéndole la sonrisa, una sonrisa falsa, una máscara para tanto sufrimiento, una fachada prefabricada para un edificio en ruinas. Me ayudó a montarme en su moto, me dijo que me agarrase fuerte a su cintura, pero no lo hice hasta que puso la moto en marcha y tuve que obedecer, sino habría salido volando. La sensación era única. Seguro que estaba pasando el límite de velocidad permitido, pero ¿a quién le importaba? El paisaje se volvía borroso a cada metro que avanzábamos y el sonido de las motocicletas arrasaba mis oídos. Me hacía olvidar, no recordar ni mi dolor, ni su imagen ni mi propia identidad. Era como si me fundiese con el aire, con mi alrededor, era como sentirse liberada.
Cuando por fin paramos, dieron un grito de júbilo al que yo me uní sin pensarlo.
-¿Ves como era divertido?
-Supongo –respondí con diversión, diversión falsa, pero necesitaba ese balón de oxígeno. Era como intentar tapar el Sol con una dedo, pero al menos, provisionalmente funcionaba.
-Me llamo Ibuki, ¿y tú, pelirroja? ¿Cuál es tu nombre?
-Sora –respondí segura de mí misma.
-¿Quedarás otro día con nosotros?
-Ibuki, ¿vas a invitar a ésta?
-Sí –respondió triunfante el chico – y si no dejas de incordiarla te daré un puntapié que llegarás directa a Canadá, ¿me entiendes?
La chica hizo un mohín de desagrado, se cruzó de brazos y no dijo nada más. ¡Cómo me hubiese gustado que Yamato hubiera tomado esa actitud! ¡Cómo habría deseado que Yamato hubiera mantenido alejada a Kurumisawa! Pero él no lo había hecho. En cambio este chico sí. Me importaba muy poco, en realidad, lo que pretendiese para mí era irrelevante. Sin Yamato, me encontraba absolutamente desorientada.
-Entonces, ¿volveremos a vernos?
-Depende.
-¿De qué?
-De si me das tu número de teléfono.
Aquel chico sonrió ampliamente e hizo lo propio, intercambiamos los número y antes de que se marchara le detuve.
-Oye, ¿por qué no me acompañáis a casa? Este lugar está muy lejos de donde vivo.
-¿Hay que llevar a la princesa a la puerta de su castillo?
-Me conformo con llegar al barrio donde vivo, ya sigo el resto del camino a pie.
-Como ordene la princesa de pelo pelirrojo –sentenció Ibuki haciendo una reverencia cómica.
Al llegar a mi casa, no encontré a mi madre, suspiré con alivio, no quería sentir su mirada de preocupación, no quería que me hiciesen recordar mi situación actual. Su preocupación me hacía sentir culpable, culpable de su dolor, del mío propio, del rumbo que había tomado mi vida. Entré en mi habitación y saqué del cajón de la cómoda una fotografía de Yamato y mía:
-No sabes cómo me gustaría recuperarte. ¿Sabes? Hoy un chicho me ha tirado los tejos, pero no me importa, no me atrae, ni él ni ningún otro. Nadie puede sustituirte. Nadie puede tener mi corazón, porque éste sigue siendo tuyo.
Era ridículo hablarle a una fotografía, pero era mi única vía de escape, Yamato no quería hablar conmigo, no habría podido transmitirle mis sentimientos aunque hubiese querido hacerlo. Me tumbé en mi cama, olía a lavanda, a Yamato le encantaba, siempre que venía a mi casa decía que le gustaba mucho ese olor.
.
Los días continuaban su curso, el tiempo no se detenía, ni ayudaba a calmar el vacío que se había apoderado de mi alma. En el instituto cada vez iba más justa con los exámenes y declinaba la ayuda de Taichi y otras compañeras de clase.
-Sora, por favor, tienes que reaccionar – me decía desesperado Taichi – si necesitas más ayuda para concentrarte podemos pedir un tutor de apoyo, y de los apuntes no te preocupes.
-No es necesario, de verdad – no quería que insistiese, no iba a aceptar su ayuda, no quería preocupar a nadie, si Yamato no iba a estar conmigo, viviría la vida a mi manera, no quería más preocupaciones, ni problemas. Solamente deseaba evadirme.
-Oye, Sora. He oído algunos rumores …
Le miré con desgano, esperando que no hablase de mi nuevo "grupo de amigos":
-Entiendo que estés triste por lo que ha ocurrido con Yamato y que no tengas muchas ganas de salir ni conmigo ni con ningún otra persona, aunque eso no sea lo que más te beneficie. Pero no comprendo cómo sales una pandilla de potenciales delincuentes. Había escuchado cosas, pero no les había dado crédito, hasta que ayer cuando volvía de la práctica de fútbol, vi que unas cuantas motos paraban en el parque que está cerca de nuestro edificio y que tú ibas en una de ellas con un tío, cuya pinta no es la más deseable. Le sonreíste pícaramente y despreocupadamente … esa gente no son de fiar. Y tú … no sé, ¿estás saliendo con él? No es que quiera meterme … pero, entonces, ¿ya no sientes nada por Yamato? No lo creo, Sora. No te precipites, ni hagas nada de lo que puedas arrepentirte …
-Taichi, no necesito ni quiero tus sermones, así que ahórratelos, ¿vale? –le espeté de mala manera. Él me miró extrañado y preocupado a la vez. Me marché del lugar dejando a Taichi con la palabra en la boca. Sé que no estuvo bien, pero sentía un dolor insostenible en mi pecho. ¿De qué podía arrepentirme? De haber dejado escapar a Yamato. Pero desde ese gran error nada podía hacer que me arrepintiese porque no me importaban las consecuencias de mis actos. Aunque tal vez debí haberle aclarado que yo no estaba saliendo con nadie, no podría, Yamato es el único para mí. Sin darme cuenta había salido del instituto, la siguiente clase ya habría empezado, por lo que decidí no volver. Me dirigí a la zona de la ciudad donde sabía que encontraría a "mi grupillo de nuevos friends". Allí estaban en un pequeño almacén del este de la ciudad, tomando unas cervezas y riendo. Al verme allí se sorprendieron.
-Vaya, pero si es el periquito –dijo Kohana - ¿se ha quedado tu jaula abierta y vienes a la boca del lobo?
-Me encanta el peligro –le contesté haciéndome la interesante, aunque mi tono mostraba mi desgano, así que tuve que ocultarlo hablando sobre el instituto – me he saltado algunas clases, son tan aburridas y … con este frío, no me apetecía.
-Bien dicho –premió Ibuki – siéntate con nosotros, ¿quieres? –preguntó señalando el botellín de cerveza que sostenía.
Negué con la cabeza: -No, gracias. Pero si tenéis algo de picar no lo rechazaría.
-Tenemos pizza de hace un par de semanas, aunque estará algo fría, ¿la quieres? –sugirió Kohana con sorna.
La miré con cara de pocos amigos, pensé literalmente "¿ésta quiere matarme o qué?" Ella rió.
-Era broma, toma unas patatas fritas, tranquila, están buenas.
Hice una mueca de burla y todos reímos. Sí, reía, pero el eco resonaba en mi alma haciéndome saber de nuevo que sin Yamato nada sería igual, me sentía profundamente vacía, como si me hubiesen extraído la capacidad de ser feliz.
-¿Sabéis? Mañana por la noche hay una gran fiesta y carrera de motos cerca del puerto. Os apuntáis todos, ¿no? –cuestionó Shigure.
-¿Princesa? ¿Te vemos allí?
-Claro, caballero.
Ambos reímos y volví a sentir la mirada inquisitiva de Kohana. No la entendía, a veces pensaba que le caía mal y otras percibía ciertas muestras de simpatía. Definitivamente no la comprendía.
Al llegar a casa mi madre me estaba esperando con los brazos cruzados y con una expresión que en otra época me hubiera aterrorizado, aunque ese momento ya no me infundía miedo, no iban a afectarme sus regañinas.
-Sora, ¿no tienes nada que decirme?
-Sí, estoy muy cansada, me doy un baño y después a dormir.
-¡SORA! ¡DEJA DE IRTE POR LAS RAMAS! ¿DÓNDE HAS ESTADO TODO EL DÍA? … -suspiró intentando calmarse – he estado muy preocupada, hija.
Entendía lo que ella quería decirme, pero ningún sentimiento llegaba a mi corazón, era como hubiese dejado de sentir desde que Yamato me dejó. ¿Qué me estaba pasando? Me había vuelto alguien pasota. Mi madre lloraba y yo seguía inerte, mirando a cualquier lugar menos a ella. Solamente quería volver a mi habitación. Solo quería estar sola. Al notar mi indiferencia, la voz de mi madre se endureció:
-¿Te parece normal tu actitud? … Además, sé que no has estado yendo al instituto.
-Eso no es cierto –me defendí.
-¡Te saltas la mitad de la clases cuando te viene en gana! ¡Y para colmo sé que te estás relacionando con gente turbia! Sora, hija, todo el vecindario te ha visto con esa pandilla de moteros.
-¿Eso es lo que te preocupa? ¿Lo que opinen los demás? No has cambiado nada.
-Eso no es cierto, la que has cambiado eres tú … esa no es la forma de aliviar tu zozobra, escondiéndote, huyendo, intentando olvidar a quien recuerdas a cada instante del día.
Mi madre había dado en el clavo, pero no entendía que si no lo hacía las pocas fuerzas de vivir que tenía se esfumarían, comencé a llorar, aunque intenté limpiar las lágrimas:
-Tú no lo comprendes. Si no me comporto así, de esta manera, saltaré de cualquier edificio o me dejaré llevar por la corriente del mar. ¿Cómo se puede vivir cuando siento el fuego por dentro? Parece que algo me ahoga, que un fuego eterno me consume por dentro sin terminar de acabar conmigo. Agonizo sin remedio, pero no muero. Vivir así es más que un castigo, es una maldición.
Mi madre me miró con preocupación, pero en seguida recuperó su tono severo.
-Sora, entiende que tú relación con Yamato no puede ser lo único que exista en tu mundo.
-No lo es, pero él era la base de todo …
-Vamos, hija, aún eres tan joven, tienes que reponerte.
Dejé de escucharla, por lo que se puso furiosa:
-¡YA ESTÁ! SE ACABÓ. Vete a tu cuarto, mañana quiero que vayas a todas las clases del instituto y cuando éste se termine vuelve directa a casa. Vas a estar castiga un buen tiempo.
Entré en mi cuarto y tumbé sobre la cama, ¿qué importaba que me castigase? Al día siguiente se celebraba aquella fiesta. No me apetecía ir, pero era mejor que quedarse en casa. Aunque si madre montaba guardia no podría salir. Si tenía la oportunidad iría. Olvidaría por unas horas o al menos, lo intentaría.
..
Al día siguiente en el instituto, cuando estaba sentada a la hora del almuerzo en el patio, en una zona alejada, sentí que alguien se acercaba a mí, no me di la vuelta, pero hablé, sabía quién era:
-Taichi, déjame tranquila, no quiero que me sermonees, para eso ya tengo a la pesada de mi madre.
-No soy Taichi y … tu madre se preocupa por ti, Sora, no deberías pagarle con indiferencia tanto amor como el que ella siente hacia ti. Es tu madre …
La voz, aquella tonalidad, me giré para encontrarme con aquella mirada oceánica que me atravesaba por dentro. Me miraba con una expresión de seriedad, pero en su mirada había preocupación, ¿amor? No era posible que me siguiese amando … él estaba saliendo con Kurumisawa, ¿no?. Eso me enfureció. Sentía tanta impotencia, tanta culpa. ¿Cómo le había perdido?
-¿Qué quieres, Yamato? –le pregunté en un tono osco, no pretendía hablarle así, pero intentando contener mis lágrimas, ese fue el resultado.
-Sora, deberías intentar asistir a todas las clases, los exámenes son importantes. Recuerda que necesitas buenas notas para acceder a una universidad de calidad, eso es fundamental para el futuro.
No podía creerlo, después de tanto tiempo sin hablarme o tratándome con indiferencia, él simplemente venía darme lecciones, ni siquiera su tono de preocupación me confundió. Mi madre había hablado con él, estaba segura.
-¿Ha sido mi madre?
Él me miró haciéndose el sueco, yo volví a insistir en la pregunta y él volvió a evadirme:
-¿Qué si ha sido tu madre? ¿A qué te refieres?
-Has hablado con ella, ¿verdad?
-No.
-Entonces, ha sido Taichi …
Dudó en responderme, su mirada chochó con la mía y luego respondió un débil sí:
-Sí, me comentó que has tenido problemas últimamente. Pensó que tal vez podía echarte una mano.
La decepción golpeó todo mi cuerpo. Ni siquiera había venido por iniciativa propia, había sido Taichi quien se lo había pedido. Era tan estúpida, ¿cómo pude creer que Yamato se preocupaba por mí? ¿cómo pude tener la ilusión que tal vez se había acercado a mí para buscar una reconciliación, a darme una oportunidad de estar a su lado?
-Gracias por tomarte la molestia de preocuparte por mi vida, pero te agradecería que no te metieses, ya no formas parte de ella, déjame a mí en paz, si no quieres que mi novio te deje las cosas claras.
Su rostro expresaba confusión, sorpresa y ¿dolor? No era posible, ¿existía alguna posibilidad que lo que le había dicho le hubiera afectado? ¿Aún me amaba? ¿Por qué le había mentido? Tenía que justificarme, pero cuando quise hacerlo él ya había roto el silencio y mostraba de nuevo todo su armamento de frialdad. Sonreía con sorna:
-Felicidades, has encontrado un novio motero y delincuente, felicidades de verdad. Y si quiere venir y dejarme las cosas claras, por mí encantado. Así practicaré con él un poco del kárate que he aprendido en estas semanas.
Le observé, definitivamente Yamato se había vuelto más fuerte, hacía más deporte y ejercicio, y supongo que Kurumisawa le estaría dando clases. La sola imagen de ellos dos juntos me revolvieron las entrañas.
-No lo conoces, así que no hables de él de esa forma. En vez de preocuparte por las parejas ajenas, céntrate en tu novia, la manipuladora del cosmos.
-¿De qué hablas?
-De tu adorada Kurumisawa, ¿o es que tienes más de una novia?
Él me miró con decepción y negó con la propia mirada:
-Kumiko no es mi novia, es mi amiga.
¿De verdad no era su novia? No era posible. Yo había escuchado la conversación que Yamato tuvo con unos chicos poco después de nuestra ruptura. Además, había un rumor muy fuerte que afirmaba que Yamato estaba saliendo con una joven. Y yo sabía que la única candidata era Kurumisawa.
«Flashback»
-Tío, muchas gracias por pasarnos estos apuntes, gracias a ti hemos aprobado –le decían varios chicos a Yamato. Él se limitó a quitarle importancia. Yamato guardó los apuntes en su mochila y se disponía marcharse cuando uno de los muchachos lo interrumpió:
-Era realmente guapa.
Yamato lo miró con cara de "perdona, ¿de qué me estás hablando"?
-Oh, vamos, de esa chica tan increíble con la que ibas el sábado, rubia y de ojos amberinos, no estaba nada mal. ¡Estaba como un tren! ¡Para comérsela!
Yamato le miró con cara de pocos amigos. Y ni corto ni perezoso salió en defensa de su "amada".
-Deberías aprender a referirte a otras personas con un poco más de respeto. Al menos, en mi presencia no vuelvas a referirte a ella de esa manera, ¿lo entiendes? Ni te atrevas a nombrarla o te destrozo la mandíbula de un puñetazo.
El chico que había palidecido asintió torpemente, tras ello, Yamato se marchó.
-Te has pasado, ¿cómo se te ocurre decirle que su novia está cañón? –le susurró otro de los jóvenes.
-Yo pensaba que te iba a partir los dientes, ¡qué genio sigue gastando Ishida-san! –añadió el tercero de ellos.
«Fin del Flashback»
-¿De verdad no estás saliendo con ella? ¿No habéis estado como novios nunca? –pregunté con un hilo de voz.
-No.
Tras su respuesta el silencio se interpuso entre ambos. Él no pensaba añadir nada más y yo simplemente no terminaba de asimilar que Yamato era libre, que no estaba con ella. Intenté rectificar mi farsa, decirle que yo tampoco estaba saliendo con otra persona, que era mentira, pero Yamato prácticamente no me dejó hablar:
-Tengo que irme ya, espero que te vaya bien.
-Espera, Yamato, yo …
-Lo siento, tengo prisa. Dale recuerdos a los señores Takenouchi de mi parte. Adiós, Sora.
No podía dejar que se marcharse así, sin aclarar la situación:
-Yamato, por favor, escúchame, yo no estoy saliendo con nadie …
Yamato se giró y me miró. Por un instante creí que iba a abrazarme, que iba besarme, pues vi en su mirada amor. ¿Esos sentimientos iban dirigidos a mí? Abruptamente él cambió su expresión y sonrió con sorna.
-¿Acaso piensas que me importa si tienes citas? No tienes que mentirme, Sora. Adiós.
Se marchó. No le seguí, no podía. Su pregunta rebotaba una y otra vez en mi mente "¿Acaso piensas que me importa si tienes citas?". ¿Yamato no quería volver conmigo? Era demasiado arduo de aceptar. ¿Quién tenía el corazón de Yamato? Yo estaba dispuesta a luchar por él, pero en esos momentos un muro infranqueable nos separaba. Me encontraba en un laberinto del cual era incapaz de vislumbrar salida. Sentía que la cabeza me iba a estallar.
..
Lo veía realmente crudo poder salir de casa, mi madre estaba apostada cerca de la puerta como un perro guardián. ¿Es que no entendía que me estaba asfixiando? El teléfono sonó y a los pocos minutos mi madre entró en mi cuarto, su semblante desprendía tranquilidad.
-Sora, hija … papá regresa hoy de Kioto, ¿no te alegras?
-Sí, mucho – no era mentira, era feliz por saber que vería a mi padre, pero por otro lado, no, porque no quería que viese mi estado.
-Hija, tengo que ir a buscarle al aeropuerto, ¿por qué no le preparas algo mientras?
-Claro, mamá –dije intentando sonreír.
Sinceramente tenía en mente cocinar algo para mi padre, pero en cuanto mi madre cerró la puerta mis ideas volvieron a arrastrarme al mar del olvido, buscaba el no pensar, el no recordar, el no ser consciente de esta zozobra que clava puñales en cada rincón de mi alma, esta tristeza que paraliza cada sentimiento, cada respiración. Me cambié de ropa y salí corriendo de mi hogar. Tomé un taxi, el cual me dejó bastante cerca del puerto, justo en el almacén donde se reunía la pandilla. Todos se alegraron de verme, menos Kohana, aunque eso no era una novedad. Subimos en las motos y nos acercamos a la fiesta. Había mucha gente, moteros, en realidad; mucha bebida, música con los decibelios por las nubes y muchas risas. ¿De verdad esto me ayudaba a olvidad? Empecé a sentir grandes remordimientos por mis padres, ni siquiera les había dejado una nota, me había vuelto una persona insensible. Sin embargo, ya era tarde para echarme atrás.
Los minutos avanzaban y seguía sin divertirme, sin evadirme, estaba apartada del grupo hasta que Ibuki me llamó:
-Eh, princesa, ¿quieres algo de beber? ¿Birra o agua? Quizás haya algún refresco.
-¿Un zumo? –pregunté por fastidiar. Él rio descaradamente y se marchó con los demás. Nos quedamos vigilando las motos Kohana y yo. Ella me miraba de reojo con recelo, hasta que se decidió a hablar.
-Tengo una duda y necesito que no te andes por las ramas, ¿qué sientes por Ibuki? ¿Te gusta? ¿qué piensas de él? ¿Si te pide salir le rechazarás o le aceptarás?
-Eso son varias dudas y no una sola, ¿no? –respondí con una observación que la sacó de quicio. La antigua Sora le habría respondido sin tanta parafernalia, ni tanta chulería. ¡Cómo añoraba ser como antes! La farsa de mí misma que estaba creando se derrumbaba como una figura de barro cuando se encuentra a merced de la lluvia.
-No te hagas la lista, pajarillo.
-No me gusta Ibuki en absoluto.
-Sí, claro, ¿por eso coqueteas con él?
Suspiré con resignación:
-No pretendía filtrear, es que … mi novio cortó conmigo y vosotros habéis sido mi único aliciente entre tan oscuridad. Ibuki es simpático, a su manera, y no ha intentado nada extraño conmigo. Es por eso que acepto sus cumplidos y le doy cuerda.
-¿Aún le amas? –preguntó en un tono mucho más dulce que el que solía usar para dirigirse a mí:
Esa pregunta no necesitaba respuesta, ¿es que alguna vez podría dejar de amar con todo mi ser a Ishida Yamato? Eso sería imposible, antes caerían a la Tierra las estrellas, antes la vela del Sol se apagaría, antes los océanos y mares se evaporarían.
-Sí, y lo peor, es que estoy convencida que jamás podré olvidarle.
-¿Qué fue tan grave para que no hayáis vuelto? Porque imagino que habrás buscado la reconciliación.
Asentí y por primera vez me sinceré con alguien sobre mi ruptura con Yamato, sobre mis propios sentimientos. Le hablé sobre Kurumisawa, sobre cómo había ido ganando terreno con Yamato y que yo, simplemente, le había dejado la puerta con mi actitud pueril. Kohana me miró sorprendida, pero con mucha ternura a la vez. Me acarició el cabello y juntas sonreímos tímidamente. Me hizo una confesión, ella amaba a Ibuki, pero él siempre la ignoraba, la ponía en último lugar y pese a haber mantenido relaciones alguna vez, para Ibuki no significaba nada. A Kohana esa indiferencia que mostraba el chico con ella le producía un dolor indescifrablemente profundo. ¿Quién lo iba a imaginar? Kohana y yo haciéndonos amigas, sin miradas hostiles por su parte, ni comentarios lacerantes, ni amenazas. Ella me atisbaba, ese pálpito en sus ojos … ¿eran remordimientos? Se mordió el labio inferior y empezó a jugar con su cabello.
-Sora … -era la primera vez que pronunciaba mi nombre y lo hizo a secas, sin añadir sufijo alguno – por favor perdóname … por mi comportamiento …
-No te preocupes –dije intentando calmar a la apurada muchacha, la cual había empezado a llorar.
-No lo entiendes, colega … una chica fue a ver a Ibuki hace un par de meses, justo antes de que "nos encontrásemos", ¿sabes? Yo flipé cuando Ibuki lo contó al grupo, no era normal que alguien que no pertenezca a este mundillo se pase a dar una ronda por estos barrios y estas zonas. Nos contó que por lo visto esa chica se acercó a un grupo de motoristas en el que estaba Ibuki, preguntó por él, y claro, éste hizo alguna de sus bromas, ya sabes lo pícaro de su personalidad … bueno, en fin, le encargó un "trabajillo", debíamos hacer que te unieras a la pandilla, que cada vez estuvieses más aislada de tu gente … las pandillas tenemos ese efecto. Bueno, ella le dio instrucciones de cómo actuar, nos dio datos sobre ti … quería que Ibuki te camelase … ya sabes, que ligase contigo … nos ofreció mucha pasta, necesitábamos el dinero … lo siento … al principio era todo trabajo, pero Ibuki y los demás te fueron cogiendo cariño, sobre todo Ibuki, él quería besarte de verdad, querías que fueses su novia, aunque no te iba a prometer amor eterno … pensó que sus sentimientos no eran incompatibles con el trabajo …
Yo la miraba anonadada, no podía procesar toda la información que me había transmitido Kohana, ¿aquella chica que les había solicitado tal acción era Kurumisawa? Pero cómo se podía ser tan rastrera. Yo tenía razón, Kurumisawa no era trigo limpio.
-¿Cómo era esa chica? –pregunté desalentada.
-No sé … yo no la he visto nunca, pero Ibuki dijo que era muy guapa, aunque claro, a Ibuki todas les parecen hermosas, menos yo … en fin, colega, podemos preguntarle … Joder, ¡qué mal, colega! Me siento fatal … Ibuki dijo que no abriésemos la boca, pero yo no puedo seguir mintiendo, ni ocultando porque cuando alguien es amigo mío no le traiciono, a menos que se vaya con mi chico, bueno … ya entiendes … y no es tu caso –dijo concluyendo torpemente.
Me sentía frustrada, aunque se supone que al principio había sido todo "trabajo" y que después todos ellos había comenzado a apreciarme, no podía olvidarlo. Sin embargo, no podía culparlos de mi debilidad, de mi comportamiento pusilánime. Por eso le di un abrazo a Kohana y le dije que me marchaba de allí, ella se negó en rotundo, me pidió que esperase, que pediría un taxi o algo y que acompañaría fuera del puerto a esperarlo, ya que ningún taxista en su sano juicio entraría en él de noche, y menos, sabiendo que había "juerga esa noche". Me pidió expresamente que no me moviera de aquel lugar, pero en cuanto se perdió entre la muchedumbre, salí en dirección opuesta, no podía seguir allí.
Estaba furiosa, pero no con aquellos chicos, les hacía falta el dinero y cualquier trabajo es bueno, siempre era mejor que robar o hacer algún trapicheo, pero Kurumisawa no tenía perdón, debía hablar con Yamato, debía abrirle los ojos respecto a ella, a aquel demonio con rostro de ángel. Si Yamato no quería volver conmigo no opondría más resistencia, pero no iba a consentir que aquella chica le manipulase, le engañase. Yamato se merecía todo el amor puro del mundo, se merecía una persona que le amase sin engaños, sin mentiras, que diese todo su corazón por él, y por supuesto, que no utilizara trucos sucios. Kurumisawa había sido capaz de contratar a un grupillo de barrio, ¿qué otras cosas había hecho y que aún desconocía? ¿De qué era capaz?
Iba a paso ligero, cuando me choqué con alguien, sentí el frío de una bebida, ¿cerveza? ¡Qué desagradable! Me apresuré a disculparme, pero aquel hombre me agarró por los hombros fuertemente. Me hacía daño, intenté zafarme de sus fuertes manos, pero no pude, todo intentó fue inútil.
-¿Qué te parece si vienes conmigo? –me susurró en tono amenazante y apoyando el filo de una navaja en mi cuello, las lágrimas resbalaron casi automáticamente . Intenté controlar los nervios, no me gustaba ni un pelo aquel hombre. Me arrastró hasta un callejón cercano y me tiró al suelo. El impacto con el pavimente fue brusco, intenté incorporarme, pero me ordenó que no me levantase:
-No se te ocurra ponerte de pie, ni intentar escapar porque te adornaré con esta preciosidad –dijo escupiendo cada palabras mientras movía su navaja de un lado a otro. Reía, aquella risa quebrada por la obscenidad. Aquel hombre me causaba repulsión.
-Así que tú eres la pelirroja del grupillo de Ibuki … se rumorea que van a pillar unos cuantos billetes gracias a ti, así que he decidido retener la gallinita de los huevos dorados, jajaja.
Me observaba maliciosamente mientras daba caladas a un cigarrillo recién encendido. A los pocos minutos llegaron dos hombres más, me miraron con burla, me ataron las manos y los pies y me introdujeron en la parte trasera de una vieja furgoneta. Frío, … sentía mucho frío … no sé cuánto tiempo había pasado desde que se marcharon, pero en todo ese tiempo intente desatarme sin éxito. Tampoco pude incorporarme y mirar por el cristal de las puertas traseras. Cada segundo era más angustioso que el anterior, qué me iba a ocurrir, cómo iba a escapar de ese lugar, necesitaba pedir ayuda, pero amordazada como estaba, mis amagos de grito apenas producían ruido alguno. Clack, clack, clack … ¿qué era eso? ¿gotas de lluvia impactando contra la carrocería de chapa de aquel trasto de ruedas? Uff, comencé a intentar estamparme contra las puertas, intentando llamar la atención de alguien del exterior, quería que viniese alguien en mi auxilio. Mi cuerpo estaba entumido y dolorido. Quería escapar de allí.
Quería mantenerme consciente, pero mis párpados pesaban, estaba congelada, mi cuerpo parecía ser de plomo y tenía la boca absolutamente seca. De pronto, escuché mi nombre, entre el ruido ensordecedor de la lluvia, entre el escándalo de las motocicletas, entre el fuerte latido de mi corazón; sin dudarlo era la voz de Yamato. Escuché que forcejaba con las puertas traseras de la furgoneta, sin éxito. Al final consiguió forzar la puerta de alguna forma, creo que haciendo palanca. Al ver su rostro sentí un alivio infinito. Él se apresuró a desatarme y me abrazó desesperadamente, abrazo al cual yo correspondí con todas mis fuerzas:
-Estaba tan preocupado, pensaba que no te encontraría.
Su voz se quebraba a cada palabra, podía sentir su dolor en mi propia piel. Tomó mi rostro con sus manos y me miró a los ojos, juraría que su mirada gritaba su amor por mí, yo quise besarle, pero no me atrevía, me limité a aspirar su aroma y deleitarme con la cercanía de nuestros rostros. Estar así con él era como ver el arcoíris después de la lluvia, como beber agua fresca tras días de sed, como ver el amanecer tras una infinita noche, como respirar el aire más puro.
-Yamato, tenemos que salir de aquí ya, no es buena idea permanecer durante más tiempo en este lugar –dijo una voz con cierta desesperación. No me lo podía creer, no podía ser posible que ella estuviese allí, era el colmo, el mayor descaro posible. Me incliné un poco y pude distinguir su figura apoyada en una de las paredes del callejón donde estaba aparcada la furgoneta, estaba cruzada de brazos y mantenía la vista hacia el lado contrario de donde nos encontrábamos Yamato y yo. ¿Cómo se atrevía a venir con Yamato? ¿Qué pretendía? ¿Aparentar ser un ángel?
-Tienes razón – habló Yamato – vamos Sora, tenemos que irnos de aquí, agárrate a mí. Hemos pedido un taxi, nos está esperando a las afueras del puerto.
-Yamato … – le interrumpí – tengo que decirte …
-Después, ahora lo primero es salir de aquí –me dijo con una sonrisa cómplice, miró también a Kumiko, ella le observaba con quietud, aunque terminó por bajar la vista y comenzar a andar.
Estaba todo tan oscuro, el eco de nuestros pasos retumbaban entre las sombras. Yo me aferraba al brazo de Yamato, no quería soltarle. De pronto, sentí que alguien se había abalanzado sobre nosotros. Todo ocurrió tan rápido y tenía tan poca visión que no sabría detallar exactamente que ocurrió, lo único que sabía es que alguien me sujetaba. Pude mirar a mi alrededor y Yamato estaba en el suelo inconsciente, ¿sangre? ¿tenía sangre en el cabello? ¡maldición! ¿por qué estaba todo el lugar prácticamente sumido en tinieblas? Me desesperé, intenté liberarme, pero era inútil.
¡Zas! Un fuerte sonido se escuchó de golpe, alguien había caído al suelo como su fuese un saco de patatas. El hombre que me sujetaba y otro que se encontraba a mi lado rieron agriamente.
-Mira la niña, ¿quién diría que sabe patear así el trasero a los mayores?
-Dejad que nos marchemos –dijo Kumiko con voz cauta, pero segura.
-No estás en posición de negociar.
-¿No? ¿Seguros? La policía viene de camino, no tardarán mucho en llegar.
-¿La poli? Esos maderos no se atreven a entrar aquí jajaja.
-La policía no, pero hay un cuerpo especial dedicado a intervenciones en este tipo de suburbios y tugurios.
Ellos la miraron desconcertados. ¿Era un farol? Yo en ningún momento la había visto que utilizase el teléfono. Tal vez los llamó antes de que me encontrasen. Estaba desesperada, Yamato seguía sin moverse ni un ápice. Rezaba a todos los cielos que estuviese bien, sino no podría perdonármelo nunca.
-¡Yamato! ¡Yamato! –grité su nombre, intentando que despertase, tratando que mi llamada le devolviese la consciencia, pero seguía allí, inmóvil. Kumiko miró con preocupación a Yamato, ¿de verdad estaba preocupada por él? Me daba igual, era todo por tu culpa, por sus manipulaciones – ¡Es todo culpa tuya! Ya sé que contrataste a Ibuki y los otros. Por ti, Yamato está así – tuve que callar, pues el hombre que me sujetaba me había tapado la boca con una especie de pañuelo. Ella me miró con incertidumbre, pero sin bajar la postura defensiva.
-¿Qué pasa aquí? –dijo una voz ronca. ¿El hombre que me había llevado a la furgoneta? Era él sin dudas. Parecía sorprendido -¡Vaya! No sabía que el botín había escapado. Y tenemos un chico en el suelo y … -calló al ver a Kumiko para después sonreír ampliamente – y una princesa … y … -frunció el ceño - ¿ qué le ha pasado a Akvavit?
-Lo ha noqueado la "princesa", Arrak – indicó el hombre que me sujetaba. El tal Arrak estaba realmente sorprendido.
-Increíble, ¿habías visto algo así antes, Armagnac? Una princesita-guerrera. Estáis en problemas, sobretodo este rubio –mencionó con burla dándole un toque a Yamato con la punta de su zapato.
-Ni se te ocurra volver a tocarlo –amenazó Kumiko. Por un momento admiré su entereza, pero no sabía qué íbamos a hacer para librarnos de aquella amenaza. Aunque ella era fuerte, no pensaba que pudiésemos escapar gracias a sus habilidades. Si al menos Piyomon estuviese allí, ella podría salvarnos.
-¿Y qué me vas a hacer? ¿Me retas a un combate? Te advierto que no te será fácil ponerme la mano encima como lo has hecho con Akvavit.
-Seguro que no, pero no tengo alternativa.
-Bueno, si nos ganas, os podéis ir, pero si gano yo, seréis mis "invitados". Aunque está claro que va a ocurrir, te daré esa oportunidad.
¿Pelearse con aquel gigante? ¿Estaba loca? Tenía que librarme de mi agarre y llevarme a Yamato de allí, pero eso era misión imposible. Súbitamente él comenzó a asestarle golpes, ella se cubría con los brazos. Él se reía y decía cosas como "nena, sólo defendiéndote no puedes ganar". Ella siguió esquivando y evitando las embestidas. Pero como era evidente, hubo alguno que no pudo repeler, le dio en el hombro, ella hizo una mueca de dolor. Sin embargo, también comenzó a lanzar su ofensiva. Casi no conseguía distinguir quién pegaba a quién, pero me daba la impresión que iba igualado a veces, y otras, que Kumiko estaba más herida. Al final, ella cayó al suelo, aquel hombre le dio la espalda mientras riendo con burla se sacudía ambas manos. Pese a todo, ella había dado la cara por nosotros y no quería le ocurriese nada. Agaché la cabeza en señal de resignación y rabia. ¿Qué podía hacer para ayudarla, para liberarnos, para escapar?
.
.
Bueno, aquí concluye el capítulo. Gracias por vuestra atención.
Quería aclarar que los nombres Akvavit, Arrak y Armagnac son tipos de aguardiente, el primero es escandinavo, el segundo de origen árabe y el tercero, francés. No es que sea un dato significativo, pero me pareció interesante mencionarlo. Hasta el próximo capítulo!
