Pueeees... Ni que decir. Una enorme disculpa... Pero ENORME. Entre falta de inspiración, cosas personales, escolares... Se pasó el tiempo... Afortunadamente llegó el verano que quien sabe por qué me hace escribir...
De nuevo una disculpa a todos los seguidores de esta historia. Muchas gracias por leer... Y pues, aquí esta el siguiente capitulo.
Helga Pataki disfrutó unos segundos de aquel abrazo.
-¡No te emociones tanto, viejo!-dijo apartándose bruscamente.
Arnold sonrió.
-Me alegra que vineras, Helga.
-¿De verdad? Quiero decir, ¿Qué rayos haces aquí solo, cabeza de balón?-preguntó cruzándose de brazos.
-Necesitaba un tiempo así-dijo sentándose nuevamente en el pórtico, ella lo imitó.
-¿Para qué?
-Pensar… ¿Puedo abrirlo?-preguntó señalando el regalo.
-Eh…supongo, Arnoldo
Retiró la envoltura lentamente como si no quisiera ni romperla. Helga volteó hacia otro lado sin saber por qué.
-Helga… Esto… Wow… ¡No-no sé qué decir! ¡Muchas gracias!
-De nada…-contestó incómoda viéndolo a él de nuevo.
-¡De verdad! Es maravilloso…Pero, ¿cómo?
-Pues tengo mis contactos, cabezón.
-Nuevamente gracias, Helga.-dijo sin apartar la vista de ella.
Ese era el momento, lo sentía…
-Felicidades, Arnold… Si alguien realmente merece felicidad eres tú…
Él sonrió, de una forma sincera ya que las palabras no serian suficientes. Estaba feliz.
Y eso hizo que Helga se sintiera igual. Había logrado sacarle una gran sonrisa después de que prácticamente por su culpa lo habían lastimado.
Estuvieron un par de minutos ahí sentados, observando la fotografía de la bonita familia de Arnold. Octubre apenas llevaba una semana y ya se sentía su frío. No había ni una sola nube en cielo. Era una noche muy agradable.
La puerta de la casa se abrió.
-Arnold, te estamos esperando para partir el past… ¿Helga?
-Amanda…-los dos chicos se pusieron de pie.
-Creí que habías dicho que no vendrías- dijo la chica tomando la mano de su novio y mirando con curiosidad el objeto que este llevaba en la mano.
En ese momento Helga se dio cuenta de que no iba vestida de la mejor manera para la fiesta del chico que tanto quería. Amanda tenia puesto un lindo vestido blanco con holanes, el cabello lo llevaba suelto con algunos mechones rizados. Arnold llevaba un pantalón de vestir, y una camisa azul. Mientras que ella vestía un pantalón deportivo negro con una playera rosa muy sencilla.
-Pasé por aquí y quise felicitar a Arnold. Pero ya me iba-respondió cortante.
-¿Por qué no te quedas un rato?-le preguntó el chico con una sonrisa.
-Eh…No creo que…
-¡Anda, Helga, quédate!-dijo Amanda con una sonrisa tan amplia que no parecía real.
-Eh…Pero…
-No te vamos a rogar ¿Eh? Quédate un ratito- dijo Amanda disminuyendo su sonrisa.
Pero la sonrisa de Arnold a su lado era sincera.
-De acuerdo… Me quedaré un momento.
Después de esperar a Arnold, para que dejara su regalo en su habitación, subieron hasta la azotea de la casa de huéspedes, que era donde se estaba llevando a cabo la fiesta.
Lo primero que Helga hizo fue buscar a Phoebe. La encontró hablando con Gerald en una esquina donde podía verse la calle iluminada.
-Hola Phoebe…. Cepillo…
-¡Helga!-saludó su amiga.
-¿Qué haces aquí, Pataki? Habías dicho que no vendrías-dijo Gerald.
-No te emociones, que no vine a verte a ti.
-Uy tan ilusionado que estaba…-replicó el moreno.
-Basta los dos-ordenó Phoebe- Helga, ¿Por qué no viniste con Jason?
-Tengo que hablar contigo, Phoebs. A solas.
-Como sea… tengo que traer el pastel de Arnold-dijo Gerald para después irse.
Helga volteo alrededor para comprobar que no hubiera nadie cerca.
-Terminé con Jason.
-¡¿Qué tu qué?! Pero… ¿Qué pasó?
Su amiga le relató lo que había pasado aquella noche.
-Helga…no puedo creerlo…
-Es un idiota.
-¿Pero por qué haría algo así? Ustedes prácticamente no se conocían en ese entonces…
-Pues precisamente por idiota lo hizo. Ese mañana en la cafetería el notó como yo molestaba Arnold… Y no sé, supongo que quiso hacerse el listo o algo. ¿Sabes el coraje que me dio y lo mal que me sentí por el pobre cabeza de balón?-preguntó volteando hacia donde el estaba.- Él no merece eso.
-Pues no, definitivamente no.
-¡Maldita sea! No puedo dejar de sentirme culpable- dijo sin apartar la vista de Arnold quien en ese momento volteó y le dedico una sonrisa. Ella le sacó la lengua por pura costumbre.
-Se nota- comentó Phoebe.
-Hoy le di la foto.
Su amiga sonrió emocionada.
-¿Y qué dijo?
-Que gracias… Bueno, sí se emocionó. Le gustó mucho… era lo menos que podía hacer…
-Vamos, Helga. No te culpes. Tú llevas portándote así con él desde hace mucho tiempo ¿Cómo ibas a saber que Jason era ese tipo de persona? Tú no hiciste nada malo.
En ese momento la música se detuvo. Al igual que la mayoría de las luces. Gerald había subido con el pastel y todos se acercaron mientras cantaban "Feliz cumpleaños" a Arnold, todos menos Helga quien se había acercado solo a observar.
Al final de la canción Arnold apagó sus velas y hubo muchos aplausos.
-Bueno... –comenzó Amanda-ahora llego el turno de…
-¡De comer pastel!-exclamó Harold con entusiasmo- ¡Lo mejor de los cumpleaños!
-Pues… eso será en un momento. Se me ha ocurrido que cada uno le deseemos algo a Arnold esta noche. Gerald ¿Qué tal si empezamos contigo?
¿Qué? ¿Desearle algo lindo a Arnold? Qué estupidez. Ella no iba a desearle cosas buenas frente a toda esa bola de zopencos. No tenía ganas de portarse mal con él esa noche, pero la grandiosa idea de su noviecita tenía que arruinar todo…
-Pues, viejo sabes que eres mi mejor amigo-comenzó Gerald- No podría sentirme más afortunado de contar con alguien como tú. Eres una gran persona, y sabes que siempre te he deseado lo mejor en todos los aspectos. Feliz cumpleaños.
Todos aplaudieron. Después de Gerald le siguieron Phoebe, Harold, Stinky, Lila, Nadine...Uno a uno fueron expresando sus buenos deseos a Arnold. Después de Sid sería el turno de Helga. No quería portarse así con él pero no podía mostrarse de otra manera frente a todos…
Aplausos.
-Bueno… creo que es el turno de Helga…
-¿Helga? ¿Buenos deseos a Arnold?- se burló Rhonda.- Ella no es así.
-¡Se va a acabar el mundo si lo hace!-comentó Sid
-¡Quizás si lo hace después empiece a repartirnos flores a todos!-exclamó Harold lo que provocó una carcajada.
Dudó un momento. Quizás debía mostrarse buena con el frente a todos… Quizás…
No, no podía.
-¿Qué le puedo desear a un tonto cabeza de balón…?-empezó
-Helga… tú ya no necesitas decirme nada. Gracias.
Hubo un breve silencio.
-Inteligente respuesta de Arnold… Nadie necesita insultos en su cumpleaños- comentó Rhonda.
Helga no supo que decir. Se quedo sorprendida observando a Arnold mientras la siguiente persona hablaba.
Pero un instante después notó como el festejado le guiñaba un ojo.
