Disclaimer: todos los personajes son propiedad de S. Meyer, pero la historia es invención mia. Y solo hago esto para desarrollar mi imaginación y mejorar mis facultades como escritora, por supuesto sin animo de lucro.
Capítulo XIII
~~~~ Las ventajas de tener un don ~~~~
~Rosalie POV
Durante la hora del almuerzo no había podido evitar el sentirme intrigada por lo que pasaba un par de mesas más allá. Vi que Jasper estuvo hablando durante toda la comida con dos chicas y con sus habituales amigos, Edward Masen y Emmett -el estúpido- McCarthy. Parecía que mantenían una discusión bastante acalorada, pero las carcajadas de McCarthy se escuchaban por toda la sala, a pesar de las caras de seriedad e incomodidad de sus compañeros de reunión.
Traté de hablar con Jasper en varias ocasiones a lo largo de la mañana pero no encontré el finalizar las clases estuve esperándole quince minutos en la entrada del instituto para irnos juntos a casa, y empecé a mosquearme al ver que tardaba tanto. Creía que se habría parado a charlar con algún profesor después de clase o algo similar.
Mientras tanto mi nerviosismo aumentaba, y mis ganas de saber de qué habían hablado aún más. En medio del enfado recordé que era miércoles y que ése día Jasper salía una hora antes de las clases porque por la tarde tenía entrenamiento. Genial. Miré mi reloj nerviosa: debería haber cogido el autobús escolar hacía diez minutos. Genial, de nuevo. Ahora tendría que volver a casa andando.
Comencé a andar, calle abajo, y no había recorrido más de doscientos metros cuando empezó a diluviar. Genial, ahora se me encresparía el pelo por la humedad. Rebusqué en mi bolso suplicando que aquella mañana me hubiese acordado de coger el paraguas, pero... no. Definitivamente no iba a tener tanta suerte. Comencé a correr, pegada lo máximo posible a los muros de los edificios, procurando pasar bajo los balcones o toldos para no mojarme -al menos no mucho-.
Supliqué al cielo que parase de llover, para al menos llegar sana y salva a mi casa, pero obviamente el cielo no respondió, y por el contrario siguió encapotado y regando a la ciudad con sus torrenciales aguas. Que pena que mi reciente cualidad no fuese capaz de beneficiarme en esos momentos. O, ¿qué narices...?
Un coche pasó a mi lado justo en ese momento y tuve que apartarme para que no me salpicara entera de arriba a abajo. Estaba a punto de abrir la boca para gritarle cuatro verdades a aquél imbécil que había pasado con tanta prisa, cuando el coche se paró en seco y empezó a dar marcha atrás. No sabía si correr en dirección contraria o gritar, pero debido al susto me quedé con los pies clavados al suelo.
El coche se detuvo delante mía y el conductor bajó la ventanilla. Tras el cristal descendente fue apareciendo, poco a poco, la cara sonriente de Emmett -el estúpido- McCarthy. Por mi interior fluyó una oleada de tranquilidad que hizo que se me relajaran todos y cada uno de los músculos del cuerpo. Menos mal que era él. Una sonrisa boba amenazó con aparecer en mi cara, pero me recompuse, atemorizada por mis propios sentimientos, y bajé apresuradamente la comisura de mis labios, poniendo cara de indignación.
-¡Qué haces estúpido! ¿No ves que casi me empapas entera? -le solté enfadada.
Él respondió a mis quejas con una estridente carcajada de las suyas, que reverberó en mis oídos durante un rato.
-¿No crees que ya es un poco tarde para eso? ¡Pero mírate! Estas empapada Hale.
Yo cerré un poco los párpados, estrechado mi mirada, y fruncí los labios, intentando que, si no era por mis gritos, al menos se diera cuenta de lo enfadada que estaba por la expresión de mi cara.
-No te enfades barbie, ¡que te saldrán arrugas!
-¡!Y tu deja de reírte o te quitaré tus bonitos dientes de un puñetazo! -yo estaba a punto de llorar de frustración por lo ridículo del momento.
McCarthy me miró, primero sorprendido y después compasivo.
-Esta bien, veo que en Barbielandia hoy no ha sido un buen día. Súbete anda, que te llevo.
Me sorprendió su amabilidad -porque sí, aquello había sido un gesto amable, a pesar la broma-; pero seguí parada bajo la lluvia durante unos segundos, tratando de reaccionar a aquello. McCarthy no me dejó más opción.
-¡Ey! ¿Tanto te tardan en llegar las órdenes al cerebro, Hale?
-Ya voy, estúpido -le dije, evitando sonar demasiado borde.
Rodeé la parte delantera de su enorme coche -un Jeep- y me monté en el asiento del copiloto, no sin alguna que otra dificultad, pues los tacones no ayudan para subir a un coche. Me volví en el asiento para dejar mi abrigo y mi bolso en la parte trasera del Jeep y me puse el cinturón de seguridad. Alcé la vista y vi como McCarthy me observaba, sin perder detalle de mis movimientos. Sonreí malévolamente, regodeándome por dentro por ser tan atractiva y un imán para los hombres.
Me eché hacia atrás el cabello y le dije con altanería a McCarthy:
-Ya sabes donde vivo ¿no? Pues vamos, que mi tiempo es oro.
A éste se lo quitó la cara de embobamiento y volvió a poner la de siempre, la de socarronería.
-¿Desde cuando soy tu chófer rubia?
-Desde el momento en el que te ofreciste a llevarme a casa. ¡Vamos, en marcha! -le insté.
Arrancó el coche de nuevo, mirándome de reojo de tanto en tanto y sin perder la sonrisa ni un minuto.
Yo mientras le observaba conducir seguía pensando en la conversación que se había dado en la cafetería aquella mañana. Recordaba perfectamente la cara de tensión de mi hermano mientras hablaba con aquellas chicas en la cafetería. Bueno, en realidad hablaba sólo con una de ellas pues la otra apenas participó en la conversación. Conocía a mi hermano, y sabía reconocer su estado de ánimo y sus pensamientos según sus gestos y expresiones y, por lo que había visto, lo de la cafetería no había sido una charla casual entre amigos.
¡Estaba deseando llegar a casa y preguntarle! Miré el reloj del salpicadero del coche. ¡Oh, no! Jasper debía de estar para salir ya de nuevo al instituto, para los entrenamientos... No llegaría a tiempo y tendría que esperar a la noche para hablar con él.
Y si...
-McCarthy, ¿te puedo hacer unas preguntas?
Lo sé, soy mala. Pero estoy de vacaciones y mi imaginación vuela.
En el próximo capítulo, ya sí la conversación de Edward y Bella.
¡Nos leemos pronto chicos!
