Capitulo 14.
Con lentos pasos sus piernas le llevaban en un recorrido de vuelta a las puertas de su hogar, sus ropas tocadas por la lluvia, húmedas en algunas zonas estratégicas que no pudieron salir ilesas cuando sus cuerpos se movieron a buscar un refugio temporal. Midorima se daba cuenta que caminaba de forma mecánica entre la aglomeración de personas bajo sus sombrillas, siguiendo sus propias vidas al igual que como él hacía mientras recordaba perdidamente las palabras que marcaron su día, el momento exacto en que su existencia volvió a separarse del destino de Akashi y que ahora creaba un torbellino de ideas sin un real objetivo en su cerebro, sólo ahí presentes, inútiles como muchas de las cosas que le acontecían, nada que fuese a brindar una solución grata a sus problemas actuales. Los labios de Akashi articulando palabras que nunca quiso escuchar, revelándole información que esperaba fuese una mentira y no algo real.
«Esto ya no depende de mi o Takao, aún así te prometo hacer lo posible por mantenerlo al margen de todo esto... pero, si él decide involucrarse, todo habrá terminado...»
Lo sabía, sabía de lo que el otro Akashi era capaz y no eran sus intenciones negar su existencia luego de todo lo que sucedió, no le temía y estaba dispuesto a enfrentarlo si era necesario, jamás había escatimado cuando de aferrarse a su valor dependía, aún sí Akashi volviera a ser consumido por su poder de comando no retrocedería nunca. Se había prometido no permitir que otra desgracia ocurriera en ellos como la desmantelada Generación Milagrosa aunque era tan difícil cuando había otros sentimientos de por medio, creando una barrera entre ellos y la lógica, destrozando senderos que podrían llevar al lecho de paz mientras Akashi decía sus revelaciones con una sonrisa amarga, aunque destrozada amable
«Jamas haría algo que dañase a Takao o a ti... si tan sólo pudiera controlarlo nos evitaríamos más presiones. He intentado hablar con él pero no ha servido de mucho, me considera inferior... creo que le he dado razones para ello»
Considerar a Akashi como una persona débil era algo que estaba fuera de conversación, era inaudito pensar en Akashi como un sujeto de fortalezas fácilmente derrocables, él sabía cuántas responsabilidades y presiones era capaz de sostener a la vez sin cometer errores irreversibles, había rivalizado con él tantas veces que podía asegurar lo mucho que valía como persona pues, a pesar de todo el estrés acumulado durante el día y de todos los lazos echados alrededor de su cuello que le dificultarían a cualquiera la respiración, nunca lo había visto abandonar su sonrisa y su trato amistoso, nunca lo vio encogerse al momento de brindar su apoyo y consejos; jamas se había mostrado dependiente de cualquier cosa o con algún limite determinado en su sed de victoria, en su sed de un sencillo cariño natural.
«No me gustaría hacerte una petición tan degradante, Shintaro, más lo considero mejor opción que Takao no lo sepa, si él no lo sabe no necesitará exponerse, aunque ambos sabemos que no es esa clase de hombre...»
Midorima golpeó con fuerza la pared, casi enterrando su puño entre el duro concreto humedecido, sintiendo rabia de su impotencia al respecto, molesto de que a pesar de su conocimiento era Akashi quien más difícil la tenía de ellos tres; luchar contra los sentimientos de Takao, su indecisión y los impulsos pasionales de dos mentes dentro suyo, debatiéndose entre conseguir lo que quiere o seguir la hipnosis de alguien más moviendo los hilos desde algún lugar en las sombras. Shintaro apretó la mandíbula, ignorando las escasas miradas que se detenían a verle maldecir en voz baja contra el muro, olvidando que la lluvia lo empapaba y dejándose llevar por sus emociones disparatadas mientras continuaba odiándose por permitir que a causa de su inexperiencia todos los sucesos descendieran de un mal estado hacia algo peor. ¿Cuándo se había vuelto tan inservible? Akashi y Takao no eran culpables de su propia ineficiencia porque era a ellos quienes les debía su cordura, sin ellos quien sabe cuál sería su estado actual, quizás se habría convertido en alguien aburrido de su entorno y la convivencia hacia otras personas le pareciera una pérdida de tiempo porque si bien él actuaba como un hombre indiferente no era reflejo de lo bien que sentía la cercanía de otras personas ni de lo gratificante que le resultaba luchar también por estas. Akashi le había enseñado a tener dignidad mientras que Takao junto a su equipo le mostraron que apreciar la amistad no era complicado, igual que como el trabajo en equipo, pero ya no habría algún modo de que el resultado fuera como debió estimarse, no cuando aquel que nació de las carencias y el miedo de Seijurou volvía hacer de las suyas lentamente. Midorima no podía hacer nada ahora, no podía elegir sin lamentar su decisión, los riesgos a ello eran demasiados y causar daño a dos personas importantes en su vida no estaba establecido en sus objetivos actuales ni tampoco en los próximos, se daba cuenta que amaba demasiado y esto mismo era lo que lo hacía retroceder.
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Al día siguiente la vida diaria recordó a los estudiantes sus tareas recurrentes. Takao y Midorima se enfocaron en el estudio hasta llegado el receso, ambos se encaminaron hasta la azotea donde un gran número de alumnos se distribuían para almorzar. Midorima no estaba especialmente callado pero el más bajo sintió el silencio usual como algo forzado, la mirada de Midorima lo estuvo evitando desde que se encontraron y aquello no podía significar otra cosa que malas noticias para Kazunari quien, valiéndose de su actitud relajada, guió las cortas conversaciones hacia diversas direcciones que se mantuvieron a salvo de roces emocionales o ataques dramáticos pues -aunque pareciera que no- Takao sabía cuándo hablar de su confusa relación con Shin-chan o de aclarar odios entre él y el no presente pelirrojo. Las cosas marcharon tan bien que Takao no sintió necesidad de quejarse por la falta de participación del peliverde pero ambos llegaron a un punto en que la encases de palabras intercambiadas causó que se incomodaran por la compañía contraria. Takao se encogió un poco en su sitio, preguntándose si estaba cometiendo un error al no ayudar a Midorima integrarse a su convivencia, le aterraba la idea de obrar mal y era por eso que no mencionó la llamada de Kise Ryouta dentro de la platica, ¿deberían separarse para que volviera todo a la normalidad? Él estaba haciendo su mejor esfuerzo por cambiar la situación, ¿acaso era insuficiente para ese simple trabajo? Sin duda su convivencia con él no lograría compararse a la misma que tenían antes de que los sentimientos de ambos quedasen expuestos. Shin-chan ya no era sólo Shin-chan para él, al igual que para Midorima no era sólo Takao
—Creo que... debo ir al laboratorio antes de que termine el receso— dijo para enseguida levantarse, caminar lejos de Midorima, darse a si mismo un tiempo para acostumbrarse al rechazo de sus auras y de su obvia química incompatible pero una mano invisible le tomó de las ropas, guiada por una voz plagada de inquietud, aquella que provoca el temor a la soledad espontanea. Takao se detuvo cuando escuchó su nombre ser pronunciado por los labios que tanto amaba, contagiándose con su acento firme y aún así tembloroso por lo que podría provocar que ahora mismo se marchara a un lugar en el que no serían capaces de verse a los ojos nuevamente, en donde sin importar lo que hicieran no se cruzarían sus ideas una vez más
—Takao... quédate
—¿Ehhh~? Pero el profesor enserio me pidió que fuera a verlo antes de que entrara a clases— rió de manera juguetona, manteniéndose equilibrado con la urgencia dividida que lo abordaba
—No te meterás en problemas por no hacer asistencia una vez
—Jeje, Shin-chan, sabes bien que sino voy con esta estaría contando un total de cuatro casos de ausencia y desinterés
—Los números par no son vehículos de la mala suerte, yo me preocuparía si con esta contaras cinco o tres
—Oh, cierto...— aceptó sin borrar su sonrisa, queriendo continuar su camino tanto como volverse hacia el hombre que -por primera vez en su vida- le pedía algo sin comportarse autoritario. En verdad era irónico, ahora que buscaba un pretexto para alejarse de él, Shintaro le estaba solicitando quedarse a su lado no habiendo necesidad de comentar nada ni de poner sobre la mesa un asunto de importancia, ¿qué hacer en casos como ese? Kazunari no lo sabía —Bien, me quedaré pero te advierto que me meterás en problemas, ¿estas dispuesto a enfrentar las consecuencias conmigo?
—¿Qué dices?
—Solo bromeo— dijo y se volvió al peliverde con aparente indiferencia más, por dentro, siendo victima de la conmoción que esto le provocó. Midorima estaba seguro de que quería sentir a Takao cerca, en esos momentos lo único en lo que pensaba era en sentir su calor emanando de él, a salvo. Fue un sentimiento vivo que no redució ni dentro de los partidos seguidos que enfrentó su equipo terminada la escuela, su equipo se había encaminado al estadio y luchado con fiereza contra sus oponentes. Sus lanzamientos perfectos, sin una pizca de duda, tomando el balón entre sus dedos con la misma seguridad de Takao para enviarle los pases, era maravillosa la sensación que se respiraba, ya no había pensamientos negativos invadiendo su juicio porque sus objetivos estaban en el sitio correcto, podía notarlo porque su cuerpo se sentía ligero a diferencia de los últimos partidos en que con cada jugada su mente yacía gobernada por una sola interrogante, la misma que al fin había sido respondida pero que al mismo tiempo necesitaba mantenerse en secreto. Inocente hasta probar lo contrario.
Una vez más, el balón -su balón- entró a la canasta y con ello se propició el sonido de la corneta, la cual anunció satisfactoriamente una nueva victoria para Shutoku cuya realidad trajo sonrisas y alabanzas, gestos que Midorima disfrutó en silencio, acomodando sus gafas con la esperanza de que nadie lograra percibir la pequeña sonrisa que se dibujó en sus labios, misma que se desvaneció el instante siguiente cuando el recuerdo del último partido que tuvieron en Teiko se hizo presente en su mente pues, aunque aquella realidad ya fuera lejana y antigua, un desecho de fabricación, no evitaba la nostalgia, la angustia que su oscuro recuerdo causaba, sobre todo porque en aquel entonces el equipo entero estaba roto, gobernado por un ideal tergiverso, comandado por el mismo hombre que los guió pero con otra mentalidad.
—Es hora de irse— exclamó Takao dentro de los vestidores donde su único habitante era Midorima, el resto había salido hacía un tiempo soportando el capricho de su lanzador estrella que explicó necesitar un momento a solas, por supuesto que Takao siempre ignoraba sus peticiones con tal de «molestar» su ego. Sin embargo, el pelinegro no esperaba ver al peliverde tan sumido en lo que fuera pensaba, más bien sintió cierta reticencia cuando plantó su cuerpo frente a él y besó sus labios sin pedirle permiso, mismo que fue un antídoto efectivo para devolverlo al mundo. El cuerpo de Midorima se puso rígido cuando se percató de ese par de ojos azules a su altura, cerrándose cuando sus labios entraron en contacto y negándose a mirarlo cuando volvieron a distanciarse, la atmósfera de desolación reinando a su alrededor
—¿Takao... ?
—Te lo diré ahora, Shin-chan, enamorarme de ti fue lo peor que me ha sucedido en toda la vida— Shintaro guardó silencio, extrañado de la repentina revelación que el pelinegro le hacía, pareciese que justo ahora no fuesen más que dos desconocidos queriendo sentir sanación a lado de un extraño —Y aún cuando lo acepté no tenía idea de que fuera tan difícil caminar a tú lado... confieso que eso no me importaba hasta hace poco cuando...
Takao no terminó la frase, hundido en los mares de su pensamiento por milésimas de segundo, recordando la triste mirada de Midorima al posarla sobre la figura de Akashi y de su sonrisa altanera. Recordó las ocasiones que lo observó aislado dentro del salón, sujetando los curiosos artículos de la suerte, ese modo tan serio y educado que tenía para comportarse hasta que llegaba él y lo sacaba de quicio; no negaría que ir conociéndolo fue agradable, pasar tantos momentos juntos cuando al fin dejó de evitarlo, aquellos días en que todo era tan perfecto que ninguno necesitaba preocuparse por sus pasados. Cerró los ojos, su rostro relajado por el ambiente silencioso y el toque cálido de los dedos de Midorima contra los suyos, además de la superficie rasposa de las vendas que cubrían los izquierdos, provocando un cómodo cosquilleo entre ellos cuando se movían un poco. Tomó esa mano y la besó con suma suavidad, marcando en ese sólo beso su lealtad hacia este amor irracional que le tenía junto a la promesa de una traición de morderla si la situación lo requería.
Habia oído a la gente llamarlo su esclavo y le causó enojo pero ahora lo sería con gusto, es más, sentiría la gloria de ser nombrado por esa etiqueta hasta que el destino decidiera separarles y hacerle conocer que no era el hombre adecuado para cuidar de él o que debiera apartarse para brindarle camino a quien si lo fuera más aquello no significaba su rendición total. No monopolizaría a Midorima ya que no era su estilo comportarse como un acosador o un individuo posesivo pero sí establecería algo y era que su corazón ya tenía propietario, uno digno, si así Midorima lo prefería, si resultaba que los sentimientos de Midorima hacia Akashi eran menos fuertes que los que le entregaba a él. Apostaría, lo apostaría todo a este último movimiento, ¿de qué otro modo podría ganar algo improbable e incierto sino era así? La vida se trataba de apuestas, de perseverancia y también de resignación, aunque esa última palabra consiguiera revolverle el estomago, se oía tan cruel
—No tenías por qué decirme eso— las palabras en forma de reproche por parte de Midorima a Takao le inspiraron una sonrisa, como siempre no se esforzaba en utilizar al menos un poco de tacto dentro de una conversación emotiva, pero Takao así le quería
—Te equivocas, esta vez tenía que decirlo a como diera lugar
—Era innecesario
—No lo era
—Oye— Midorima replicó pero sus palabras pronto fueron frenadas por el movimiento de Takao al levantarse. Los ojos azules lo miraron desde arriba ya que el peliverde no había decidido ponerse de pie enseguida, esperando una acción especifica de Takao hacia él, la cual llegó en forma de una sonrisa poco comprensiva, de esas que tanto sabotearon la lógica de Midorima
—Pero te advierto que no permitiré que esto se te suba a la cabeza— puntualizó señalandole en un gesto de superioridad —No porque te quiero significa que siempre correré hacia ti así que suprime tus planes de verme como una de esas chicas que no pueden vivir sin la persona que quieren
—No eran esas mis intenciones en todo caso— Midorima ajustó sus anteojos un grado incomodo por el comentario de su amigo, y se encontró a si mismo admirándolo en secreto, ¿cómo podía ser tan fuerte? Shintaro no podría tomarse a la ligera algo tan complicado como la situación en la que se encontraban, ¿cómo podía Takao comportarse con tanta madurez en el momento propicio y por qué para él todo era tan difícil? Comenzaba a creer que entre ellos tres él era el único problema
—Al menos finge que estas conmovido o algo, no te afectará en nada que muestres tus sentimientos, oh, gran prodigio...— a su treta no hubo otra respuesta que el silencio, nada más la mirada un tanto severa de Shin-chan a su innecesario comentario pero aquello no le impidió a Takao proseguir —Eres un insensible
—Gracias...
—No me vengas con eso, no estoy tratando de...— la queja del chico terminó frenándose a mitad de la trayectoria, impactado por lo que había escuchado. Miró a Midorima tratando de verificarlo pero sus ojos yacían detrás de dedos ofreciendo empuje a los gruesos anteojos, como si realmente hubiese callado su agradecimiento, rastros de ternura de los que el Ojo de halcón casi se sintió indigno por unos instantes, una fachada delicada tan poco común como un eclipse o una lluvia de estrellas, algo que hizo que su corazón doliera sin existir sentimientos reales de tristeza, sólo aceptación, comprensión pero sobre todo cariño y debilidad emotiva
—Recuerdo que Oha-Asa profetizó un acercamiento provisional entre un escorpio y un cancer, ¿no es así?— los hombros de Shintaro se tensaron perceptiblemente y el pelinegro no pudo evitar reír de los nervios —Descuida no es como si me molestara, sucede que tuve la bondad de escuchar el programa de Oha-Asa el día de hoy, solo para saber la clase de objeto que traerías al partido así que no lo malinterpretes, yo no...
—Takao...— interrumpió
—¿Hum?
—Yo... creo que he elegido a uno de ustedes...— lo dicho heló la sangre de Takao, paralizandolo, sintiendo al pánico abordarlo desde adentro —... pero decirlo ahora es complicado, han pasado ciertas cosas
—... ¿Se lo has dicho a Akashi también?— Midorima no respondió su pregunta, Takao tragó saliva —No seas tan negligente Shin-chan, si lo continuas negando, nunca habrá una respuesta clara para ninguno de los dos
Midorima consideró sus palabras, reflexionandolas, aceptándolas
—Lo intenté— admitió sintiendo regresar la sensación de vacío en su interior, la misma revolución de emociones que experimentó al perderse dentro de las pupilas carmesí ligeramente alteradas por un color dorado, el mismo que incitó al pelirrojo marcharse de su lado sin decir otra palabra a esa conversación de su época en Teiko bajo la lluvia, recordando los años inocentes y acciones irracionales de su adolescencia, los cuales migraron a desechos que servirían de alimento para un baúl que no desempolvarían hasta que las polillas carcomieran la cubierta de madera y el oxido botara los cerrojos de modo que fuera imposible cerrarlo de nuevo
—Con intentarlo no basta— aseveró sin pensar, despertándose a si mismo de un sueño que aparentemente había elegido seguir por voluntad, uno donde él era una especie de polluelo gentil y que sentaba cabeza sin importar lo severos que fueran los tiempos; se rió reconociéndose como realmente era pues había olvidado por completo lo divertido que era hablar con Shin-chan sin que hubieran ideologías que lo detuvieran de cometer errores, movimientos que arruinaran un retorcido plan de juego. Takao no era ningún estratega obsesionado con la perfección, y si lo era, no lo aplicaría en algo que debía disfrutar como un videojuego o un postre después de una comida —Olvídalo, Shin-chan
—¿Takao... ?
—Hoy debo llegar a casa temprano, hay una consola aguardando por mi y no quisiera llegar tarde a la cita
—¿Una consola... ?
—Ya sabes, sobre la que te conté una vez, mi vecino me la prestó para que revisara un nuevo videojuego de la NBA. ¡Los partidos son magníficos! La última vez que lo jugué estaba sudando, esos americanos son una molestia hasta en los personajes 3D
Midorima estaba sorprendido por este cambio de ambiente entre los dos, la tensión se había esfumado de las facciones de Kazunari y ahora sólo quedaba aquel muchacho activo y relajado, el mismo ruidoso por el que aprendió a estar en un espacio con innumerables sonidos en diversas direcciones y leer un libro sin errar el significado de los párrafos escritos. El lanzador de Shutoku se levantó llevándose su mochila al hombro, dispuesto a caminar mientras dejaba a sus labios sonreír levemente por unos breves instantes. Kazunari le había devuelto los ánimos como nunca lo creyó posible.
Continuara...
