Capítulo 14
-Candy-
Por fin logre terminar la pequeña cena y con un poco o mejor dicho un mucho de esfuerzo hice algo comestible, es nuestra pequeña cena de despedida para Anthony y mía, hoy es mi última noche con él, me siento triste por ello, es como si dejara ir una parte importante de mí, estos días que compartimos se me fueron como un suspiro, es un niño maravilloso, sincero, sensible y lleno de amor a sus semejantes y el amor que le prodiga a las rosas como el más preciado recuerdo que tiene de su madre, me impresiona su dedicación.
-¡Anthony! le llamo y voy directo a su habitación, abro la puerta y solo está iluminada por una pequeña lámpara, todo en orden.
-¿Dónde estará?, recorro la casa lugar a lugar, hasta que llego a la habitación de Albert, contemplo la enorme cama y un sentimiento de nostalgia se instala en mi corazón, doce largos días sin verlo, tocarlo, sentirlo, besarlo, lo hecho tanto de menos como no imagine que fuera posible, nuestras últimas conversaciones telefónicas han sido distantes desde la noche en que menciono que quería dejarme mis últimos días de vacaciones libres, sé que lo hizo con la mejor intención pero ¿Quién le dijo que deseaba irme?, si será impertinente, eso debió preguntar antes de tomar acciones.
No quiero irme en estas condiciones, lo extraño tanto, con pasos cautelosos me dirijo a la gran cama y me recuesto en ella, tomo en mis brazos la almohada donde ha dormido, la que aún conserva un ligero aroma de él, ese aroma a fresco y limpio que es lo segundo que me viene a la mente cuando cierro los ojos, porque lo primero que me viene son sus preciosos ojos azules que parecen el cielo y el mar en uno solo, de pronto tan azul claro y en un segundo se pueden tornar más oscuros y profundos, abrazo con fuerza la almohada deseando que el este aquí.
Suspiro por ese maravilloso hombre que parece que se está llevando cada día un pequeño pedazo de mi corazón y no se en que momento sucedió esto, hasta el momento no he pensado en la propuesta de Terry y sé que pronto tendré que darle una respuesta o confesarle todo lo que ha sucedido, él tampoco me ha llamado, tal vez solo fue un arranque de locura lo sucedido en esa cena con él, probablemente ya esté en brazos de la señorita Marlow en este momento.
Mi móvil que está en la mesita de noche empieza a sonar, me estiro por el y veo su nombre, el corazón me da un vuelco porque hasta parece que lo llame con el pensamiento.
-Terry.
-Hola Candy, ¿Cómo estás?
-Bien gracias, -titubeo un poco en mi respuesta, espero no me llame para nada que no sea saludarme
-Sé que estas de vacaciones y no me quisiste decir a donde ibas, pero de verdad te echo de menos y me gustaría mucho poder verte.
Me quedo sin palabras por lo que me dice, jamás imagine tener esas palabras para mí de parte de Terry.
-Yo… yo me encuentro bien Terry, no te preocupes por mí.
- ¿Quieres que vaya por ti? –me pregunta Terry en un tono tan bajo y casi doloroso que no sé qué pensar.
-Mañana ya estoy de regreso, gracias por la oferta.
Puedo escuchar como suspira en la línea y me quedo en espera de sus siguientes palabras.
- ¿Has pensado en mi propuesta? –y ahí está la tan temida pregunta.
-Para ser sincera mi mente se siente tan confundida por lo que me pides que no tengo la más remota idea de que hacer, mi vida está aquí Terry, no me imagino lejos de este lugar, lejos de las personas a quienes quiero.
-Candy, sé que si nos das una oportunidad seré capaz de hacerte sentir tan feliz y por supuesto que regresaremos, solo es una gira, no un vivir lejos para siempre.
-Yo, de verdad no sé qué decir, necesito tiempo.
-Lo comprendo –me responde, pero puedo percibir cierta duda en su voz, como si algo supiera que yo no.
- ¿Sucede algo Terry? –le pregunto porque no pienso quedarme con la duda.
-Solo quiero que nos des una oportunidad Candy, sé que he sido estúpido, engreído, egocéntrico y que pensé que esperarías por mí siempre, pero bueno, ahora creo que eso no es así.
-Bueno, yo no podría haberte descrito mejor –Le digo con tono sonriente.
-Vamos pecosa, ten piedad de mí, que mira que esto no lo admito a cualquiera, pero promete que nos darás una oportunidad.
-Terry, creo que es mejor que lo hablemos en persona, en cuanto este de regreso te llamo.
-De acuerdo, no tentare mi suerte, -me responde algo resignado y eso me hace sentir fatal porque no quiero lastimarlo, porque lo quiero, lo he querido por tanto tiempo.
-Hasta pronto Terry.
-Hasta pronto pecosa, piensa en mí.
Cuelga la línea sin darme tiempo a replica, si supiera en lo que pienso, y de pronto recuerdo que estaba buscando a Anthony, salgo a prisa de la habitación.
No lo encuentro por ninguna parte de la casa y salgo al inmenso jardín, Dios me tiene con el alma en un hilo ¿Dónde está?, ¿Habrá salido de la casa?, no creo que sea capaz.
Me dirijo a la pequeña colina donde destaca un enorme árbol, desde esa posición la vista del alba y ocaso se puede contemplar de una manera impresionante, lo descubrí hace algunos días.
Al empezar acercarme puedo ver su pequeña figura encorvada, está sentado con las piernas dobladas y los brazos alrededor de las mismas, la cabeza hundida en sus piernas, mientras llego puedo escuchar un tenue sollozo.
-Anthony, cariño.
Él se sobresalta por mi presencia y levanta la cabeza, la impresionante luna y las brillantes estrellas en el firmamento me permiten ver con su tenue luz sus ojos llorosos, me acerco a él cautelosamente, mientras el suelta sus piernas y se deja caer sobre el césped con los brazos cruzados detrás de su cabeza, en esa pose, puedo contemplar sus finas facciones y recuerdo sus azules ojos, es una viva imagen de Albert, sin duda el chico puede pasar perfectamente como su hijo.
Me siento a su lado y levanto los ojos, contemplo las estrellas que adornan el cielo nocturno y me siento tan pequeña e insignificante.
- Candy, ¿cuál es tu deseo más grande? Me pregunta Anthony de repente.
No sé qué responder a esa pregunta, creo que nunca me la he hecho a conciencia, me quedo meditando y suspiro porque no sé qué decir en realidad, de pronto recuerdo a los niños del hogar, sus caras sonrientes cuando es navidad y sonrío para mi misma.
-A decir verdad, creo que la felicidad de los niños del Hogar de Pony, quiero que ellos sean felices.
- ¿Qué es el Hogar de Pony? –Me pregunta Anthony.
-Es un lugar donde llegan los niños que no tienen mamá y papá y que desean tener uno, que desean tener pronto un lugar para llamar hogar por tiempo indefinido.
-Entonces yo debería de estar ahí.
-Claro que no, tú tienes a tu papá, Albert y sé que él te ama con todo su corazón.
-Y yo lo amo, pero deseo tanto tener una mamá, deseo su abrazo, su cariño.
Lo escucho hablar de una forma tan triste para su edad y siento como si mi corazón fuera un papel el cual está siendo arrugado.
-Este lugar es el favorito de papá y mío y cada que puede y cuando hay muchas estrellas venimos a contemplarlas, a pedir un deseo.
Me enternece saber a qué se dedican en su tiempo libre, Albert es tan dedicado a Anthony a pesar de su trabajo y que su tiempo es limitado.
- ¿Y cuál es el deseo de tu papá? Le pregunto con cierta curiosidad.
-No lo sé, jamás me ha dicho, siempre dice que aún no encuentra su deseo y que tal vez no existe un deseo para él, pero que quiere que yo tenga muchos deseos, que la vida me inspire a seguir siempre adelante y para ello necesito tener mis deseos siempre presentes y si es necesario él se convertirá en mi genio para hacerlos realidad.
Vaya, no me esperaba esa respuesta.
- ¿Y cuál es tu deseo, Anthony?
-Que él tenga a una persona que lo quiera mucho, mucho, este deseo nunca se lo he dicho a él; sabes, él siempre está solo y la única persona que conocí fue a Alayna, pero ella nunca lo hizo sonreír tanto como tú, ella me daba miedo, aunque nunca se lo dije a papá.
Definidamente Anthony sabia como dejarme sin habla, me entristece saber que Albert puede estar solo o sentirse solo, con lo generoso y amable que es, con lo apasionado e intenso, pero también me da un inmenso coraje que no sé de donde sale, solo de saber de esa tal Alayna, imagino que fue alguien importante en la vida de Albert.
De pronto Anthony rueda sobre el césped, se para y se lanza a mis brazos, apenas y logro atraparlo y le correspondo a su abrazo.
-Gracias por cuidarme Candy, te voy extrañar mucho y la verdad no quiero que te vayas.
-Cariño, yo también me la pasé muy bien contigo, me divertí mucho y también te voy a extrañar, pero nos vamos a seguir viendo, eso tenlo por seguro.
Él me sonríe y sus ojos azules se iluminan a la tenue luz de la luna, me besa en ambas mejillas y se levanta de mis brazos.
Yo me levanto a la par –Bueno, creo que es hora de cenar y cerrar con broche de oro estas vacaciones.
Anthony me toma de la mano y nos dirigimos a la casa para poder cenar.
Charlamos de todo lo que hemos hecho en estos días, lo divertidos que son sus amigos y el me platica de los cuidados que deben de tener las rosas, nos reímos a mares al recordar las lecciones de trepar árboles y como el pequeño y fashonista Archie nada más no daba una entre cuidar su ropa e intentar subir.
Terminamos de cenar y Anthony me ayuda a limpiar y al concluir con la tarea de limpieza lo acompaño a su habitación se cambia y lo arrompo, al contemplarlo sobre la cama lo envuelvo entre su edredón, de pronto siento un deja'vu, sin duda me gustaría poder ser madre de un niño tan hermoso como él, le doy las buenas noches y salgo de su habitación solo dejando una pequeña lámpara encendida.
Al llegar al cuarto de Albert, lo siento tan enorme y solo, voy directo a la pared de fotografías y las contemplo una a una, acaricio su rostro por encima del cristal y siento extrañarlo tanto, recorro con la vista cada rincón de la habitación y mis ojos se detienen en la cama, oh si, si la cama hablara, que tantas cosas no podría decir, por el momento los recuerdos son mi único consuelo, me dirijo a ella y tomo mi ropa de dormir, Dios, de verdad no puedo más, creo que me hice adicta a él y definitivamente no sé si esto tendrá una solución.
Me cepillo el cabello con los dedos después de lavarme los dientes, me cambio la ropa por un sencillo camisón de algodón con tirantes y pequeñas flores en cada tirante, me acuesto en la cama y abrazo su almohada, es la única cosa que no he cambiado de esta cama pues aun huele a él, me siento por lo menos una milésima cerca de Albert; los recuerdos me invaden hasta que por fin el sueño me vence.
Su aroma lo percibo más intenso, mi nariz me engaña, esto es un sueño, no puede ser, la calidez de unas manos acaricia mi muslo hasta colarse a mi ropa interior.
¡Mmm!, que sueños, parecen tan reales, y de pronto unos dedos traviesos, largos y delgados, no, esos no son mis dedos, abro los ojos de pronto y salto de la cama, aun la pequeña lampara está encendida y yo entre la conciencia y la inconciencia intento reaccionar.
- ¡Albert! -pronuncio su nombre en un suspiro.
Él se levanta y me sonríe.
- ¡Shhh!, Jamás he sido tan feliz de regresar como en este momento.
-Yo, yo ¿Por qué no me avisaste que llegabas?
Me silencia con su dedo índice sobre mis labios.
-Solo déjame venerarte, por favor.
Me dice esas palabras y parecen más una súplica que un deseo, pero al percatarme que se encuentra descalzo, sin camisa y solo en jeans olvido cualquier cosa, mis ojos lo contemplan con anhelo y debo decir que también excitación.
Sus labios forman esa sensual sonrisa que me derrite y ese derretimiento llega hasta mis neuronas, no pienso pues las sensaciones ocupan todos los rincones de mi cuerpo y mi cerebro, acorta la distancia que nos separa,
-Te extrañe como un loco, mi dulce Candy. -Hunde su cabeza en mi cuello y puedo sentir su respiración, así como el aspirar que hace de mi cabello.
Sus manos se posan en mis pechos y con un movimiento lento abre el broche de mi sostén, me levanta para que enrede mis piernas en sus caderas, me sostiene de las nalgas, sus ojos me tienen atrapada, cuanto lo extrañe, no sabía que se podía extrañar tanto, pero sin duda Albert me ha demostrado que con él muchas cosas son posibles.
-Quiero impregnarme de tu aroma, grabarte en mi piel, quiero saber que donde este con solo respirar pueda olerte, con solo estirar la mano puedo acariciarte, con solo desear puedo estar en tu cuerpo.
Sus palabras son tan suaves que erizan mi piel, su respiración se agita a la par que la mía, su boca seduce a la mía de una forma lenta y a veces feroz, pero este beso se siente tan distinto a los anteriores, no solo nuestros cuerpos participan, el corazón se involucra o por lo menos el mío y tengo miedo, mucho miedo de perderlo en el camino, y que en ese camino también Albert se desvanezca.
Separa su cuerpo del mío y puedo sentir frio, a pesar de la noche calurosa que se siente, la pequeña distancia que interpuso él, me causa frio, me contempla con una mirada llena de tantas cosas que no logro descifrar, por momento creo ver un atisbo de dolor, pero rápidamente cambia por ternura, amabilidad, deseo y algo más de lo cual no quiero ilusionarme.
-Ven conmigo, quiero memorizar tu cuerpo.
Me dice en un susurro y yo le extiendo mi mano para que me guíe a donde lo desee.
Nos vamos a su inmenso cuarto de baño, veo como llena la tina con agua, el vapor empieza a expandirse por todo el lugar, observo de pie cada movimiento de Albert, sus músculos ondularse con cada movimiento, su cabello dorado cubrirse por la humedad del agua, su andar seguro al moverse en cada espacio del baño, y cuando por fin creo que termina se acerca a mi sin apartar su mirada de mí y por supuesto que lo único que consigo es respirar porque es algo vital, veo como se deshace de su jeans junto con su bóxer, me ruborizo al verlo totalmente desnudo, Dios, me siento como una quinceañera, peor, una hipócrita porque conozco ese cuerpo, lo he sentido, tocado y disfrutado, mejor aún, ese cuerpo me conoce mejor a mí.
Toma mi mano y nos dirige a la tina, me invita a sumergirme en el agua y así lo hago, después él se coloca a mi espalda y con movimientos lentos pone champo en sus manos y empieza acariciar mi cuerpo con una delicadeza infinita, mientras a mi oído me canta.
¿Qué día es? ¿Y de qué mes?
Este reloj nunca pareció estar tan vivo
No puedo mantener el paso y tampoco puedo retroceder
He estado perdiendo mucho tiempo
Porque somos tú y yo y toda la gente
Sin nada que hacer, nada que perder
Y somos tú y yo y toda la gente
Y no sé por qué
No puedo apartar mis ojos de ti
Todas las cosas que quiero decir
Simplemente no están resultando bien
Se me traban las palabras
Tú haces que mi cabeza de vueltas
No sé hacia dónde ir desde aquí
Tiene una voz melodiosa y sensual, estoy perdida en las sensaciones, esto es más de lo que creo poder soportar, mientras me sigue cantando.
Porque somos tú y yo y toda la gente
Sin nada que hacer, nada que perder
Y somos tú y yo y toda la gente
Y no sé por qué
No puedo apartar mis ojos de ti
Y yo y toda le gente sin nada que hacer
Nada que probar
Y somos tú y yo y toda la gente
Y no sé por qué no puedo apartar mis ojos de ti
¿Qué día es? ¿Y de qué mes?
Este reloj nunca pareció estar tan vivo (1)
Me pierdo en su voz, sin darme cuenta él me ha girado y ahora estamos frente a frente, sigue recorriendo cada parte de mi cuerpo, conociéndolo mejor que yo misma y este placer es sublime, es el nirvana y eso simplemente me hace llorar, porque mi cuerpo esta siendo esculpido por Albert, de una manera tan irreal que tal vez si abro los ojos esto sea solo un sueño, pero no puede ser, mis lagrimas inundan mis ojos porque esto es tan diferente, hay más que una entrega carnal y siento que algo se me está escapando.
-Vamos cariño, déjame llegar contigo.
- ¡Oh! Albert, yo, no sé, llévame.
Mis palabras se pierden en la inconciencia del placer y creo que él me ha escuchado porque me arrastra a construir nuestro clímax final.
-Continuara-
N.A
(1)You and Me /Lifehouse
