Capítulo 13: Aléjate

El sol radiante anunciaba una mañana de domingo especial para la familia Dupain-Cheng. Marinette había disfrutado la velada del sábado y aunque había llegado un poco más tarde de su horario habitual sus padres lucían felices al ver que el empresario era quien la fue a dejar hasta las puertas de la panadería.

Había conocido a tantas personalidades, todos habían alabado su diseño incluyendo a Gabriel Agreste quien además de presentarla como aspirante a diseñadora bajo su tutela. Bridgette quería hablar de tantas cosas con ella, pero no era el momento y mucho menos el lugar, por lo tanto lo rogó que no contara nada a sus padres pues iría a la panadería alrededor del mediodía.

Cuando la fiesta acabó pensó que Adrien sería quien la llevaría de regreso a casa pero tenía asuntos pendientes con su padre, por lo que Félix quien exclamaba que como administrador de la empresa lo suyo eran cuestiones financieras y no asuntos sociales, se ofreció a llevar a las chicas a sus respectivas casas como causante del retraso. Marinette quería hablar acerca de la pequeña conversación que su prima y él habían tenido, pero si era algo más íntimo sólo interferiría por lo que tuvo que morderse la lengua para no hablar del tema.

En cuanto a la reunión con el periodista, Marinette trató de hacer que su amiga declinara el trato, pues no pretendía engañar o hacer que su prima le contara sus asuntos profesionales, por lo que Alya le comentó que primero vería si el material en verdad valía tanto de lo contrario no sería necesario.

Esa mañana la ojiazul se levantó temprano y comenzó a hacer los quehaceres hogareños, ansiaba dejar todo limpio y presentable para su prima. Al asear su alcoba decidió quitar las fotografías de Adrien de las paredes y de su fondo de pantalla aún no estaba lista para contarle sobre lo que sentía por él pues era una incógnita hasta para ella misma.

- Marinette en verdad estas muy animada incluso te levantaste a las 6 de la mañana y eso que llegamos a medianoche. –Comentó Tikki ayudando a su portadora en el aseo.

- Tikki, sé que no conoces a mi prima pero créeme la vas a amar. ¿Escuchaste lo que dijo el periodista?

- Si… -contesto la kwami con un hilo de voz apenas audible.

- No quería que Alya fuera a verlo pero Nino va a ir con ella, eso me hace sentir un poco segura. –dijo la ojiazul. –Te imaginas una entrevista con Ladybug, siendo sincera tengo demasiada curiosidad por eso.

- ¿Y si no te gusta lo que veas o escuches?

- No lo creo Tikki, es como una cápsula del tiempo un mensaje de mi antecesora. Estos días han sido una locura, todo inició con la llegada de Félix…

Era cierto, con la llegada del empresario habían cambiado muchas cosas, se enteró de los anteriores héroes, Félix comenzó a ayudarla con clases de etiqueta y criticando sus diseños, incluso se planteó sus sentimientos hacía el modelo y este trataba de acercarse a ella, ahora la cereza del pastel era el regreso definitivo de su prima a París. Cuando terminó el aseo le dijo a Tikki que permaneciera en la alcoba y se escondiera en caso que Brid subiera, le dejo un platón con toda variedad de galletas pues no sabría cuánto tardaría la visita.

La hora se había cumplido; Marinette bajó a la panadería a ayudar a sus padres quiénes estaban intrigados ante las acciones de su hija. Sabine estaba haciendo el corte de caja mientras Marinette acomodaba algunos croissants en el mostrador. Una figura femenina entró a la panadería…

- ¿Es cierto? Dicen que en este establecimiento puedo probar las delicias más exclusivas de París.

La mujer de ascendencia china levantó la mirada para ver a un rostro conocido, una chica con enormes ojos azules, una larga cabellera azabache con destellos azules atada en una coleta alta, vistiendo un blusón blanco ajustado con un cinturón negro así como unos leggins obscuros y botas altas. Parecía una versión adulta de su propia hija pues tenían rasgos similares, era su amada sobrina quien no había visto desde hacía dos años y de quién no había tenido noticias.

- Tom… cariño ven ¡Tom! – gritó Sabine.

Tom Dupain salió preocupado de la cocina aún con el delantal puesto y rastros de harina en el rostro para ver a la chica que aún estaba en la puerta. La pareja corrió hacia ella y la abrazaron tan fuerte que parecía que la chica se rompería ante tantas atenciones. Su prima permaneció detrás del mostrador observando esa conmovedora escena por la cual no pudo contener un par de lágrimas. Una vez que sus tíos la soltaron, Bridgette extendió los brazos en señal para que Marinette corriera a abrazarla como cuando era niña y así pasó. Por la fuerza con la que Marinette se lanzó hacia su prima hizo que retrocediera un par de pasos para que no cayeran al suelo.

- Mi amor, ¿Cuándo llegaste? ¿cuánto te vas a quedar? ¿tienes hambre? –preguntaba Sabine.

- ¿Tus padres saben que estas aquí? ¿Has comido bien? Estas muy delgada pero te ves hermosa Bridi –dijo Tom.

- Woah, woah tranquilos –exclamó Brid sin soltar de su abrazo a Marinette. –Primero llegué el viernes, mis papás aún no saben que estoy aquí y… bueno será mejor que les diga a todos al mismo tiempo. ¿Creen que podamos ir a la sala unos momentos?

Marinette soltó a su prima y la pareja cerró la panadería, era la primera vez que estaba su sobrina en la ciudad después de un largo tiempo y debían aprovechar cada minuto de su estancia, que solía ser muy corta. Una vez en la sala familiar Brid conectó su Tablet a la pantalla de televisión para hacer una video-llamada a sus padres que de inmediato contestaron. Los padres de la chica eran el hermano mayor de Sabine Cheng y la hermana mayor de Tom Dupain, a quienes veían cada fin de año.

- ¡Hola papá! ¡hola mamá! Antes que otra cosa perdón si no los he llamado tan seguido pero el trabajo me absorbió por completo. –explicó la chica. –Ahora como pueden ver estoy en la casa de mis tíos y el motivo es… ¡regreso a vivir a Paris!

Ambas parejas estaban rebozando de alegría, después que la joven había hecho sus maletas hacía Nueva York su estancia en Francia no era mayor a quince días.

- Ah pero eso no es todo, esta vez será definitivo. –comentó Bridgette quien era abrazada por su tía. –Conseguí trabajo aquí como diseñadora y de hecho ya estoy instalada en un departamento a unas cuadras de la Torre Eiffel.

Los padres de Bridgette estaban felices, pues podrían visitarla más seguido y viceversa; no era lo mismo una hora hacía París que atravesar el océano para poder verla. Mientras que sus tíos y prima estaban un poco tristes ante la noticia que no se quedaría con ellos. La mayor explicó que con sus rutinas de trabajo no tenía un horario fijo para diseñar, bien podía levantarse a las 3 de la madrugada a dibujar o coser algo tanto como volver a dormir a las 9 de la mañana y por eso no quería arruinar la tranquilidad familiar, pero sin duda estaría más cerca de ellos.

La video-llamada duro casi una hora, entre explicaciones de la diseñadora de a qué países había ido para aprender más estilos de moda, los nuevos idiomas que sabía, las personas que conocía. Para Marinette era difícil imaginarse todas las cosas que debía aprender para poder ser una diseñadora de Alta Costura, cuya meta tenía. Si con su vida como heroína apenas y podía darse abasto con las clases; sin duda le faltaba un gran camino por recorrer y el tiempo se le acababa pues no quería vivir siempre a la sombra de su prima, si en verdad quería que la reconocieran como "Marinette Dupain-Cheng" debía ponerse seria y aprender más.

La familia comenzó a hacer los preparativos para la comida, Bridgette pidió que la dejaran cocinar algo pues sería como un presente y celebración de su regreso a Paris. Marinette la ayudó pero solo la hizo sentirse inferior a ella: la diseñadora cocinó un platillo italiano y lo hacía como si fuera una chef profesional incluso la presentación del platillo era impecable y digna de un restaurante de 5 estrellas. Eso no fue todo, preparó un mousse de mango que incluso su padre le había pedido la receta.

La desconfianza de Marinette regresó: jamás sería como ella, en su mente comenzaban a formarse nebulosas de incertidumbre, baja autoestima, temor, dudas; tal vez su meta era demasiado alta y los comentarios de la velada anterior eran piedad o interés para quedar bien ante el diseñador Agreste y su prima. Otra vez una voz sonaba en su mente "quien albergue sentimientos negativos no es digno de tener un Miraculous", eso era cierto, ella era Ladybug un honor que su prima jamás tendría: ser amada y necesitada por todo París.

Una vez terminada la comida, Brid subió a la habitación de Marinette pues la invitó para tratar de hablar en privado de su tema favorito: el diseño.

- Wow, este lugar sigue tal cual lo diseñamos. –comentó Brid al entrar a la recámara. –Aunque antes de jugar, señorita quiero ver tus diseños, veamos que tanto has avanzado.

Marinette extendió todos los cuadernos donde estaban sus diseños, inmediatamente la diseñadora tomo un paquete de post-it del escritorio de su prima, un bolígrafo y un marcador negro. Comenzó a hacer anotaciones en los recuadros de papel y los pegó a las hojas; cuando veía un diseño que no le agradaba lo rayaba con el marcador hasta que el dibujo fuera imposible de distinguir. Marinette trató de convencerla que no era necesario que lo hiciera, si no eran de su agrado que arrancara la hoja pero que no los rayara.

- Niña, debes de entender algo. Las cosas se hacen bien a la primera de lo contrario no se hacen. –argumentó la diseñadora. –Si no son perfectos deshazte de ellos. Aún eres joven pero en el mundo de la moda no hay segundas oportunidades.

A la chica de coletas le dolió que su prima hiciera eso, al menos Félix había escrito una nota de "no viable, favor de ignorar" antes que rayarlos. Brid continuó en su labor, desechando un 70% de los diseños hechos, hasta que se topó con los últimos que su prima había realizado. Se veía claramente un avance, eran más equilibrados y acorde a las reglas de la moda, eran juveniles y contaban con un toque de innovación.

- Todos estos son más aceptables aún tienen errores pero son aceptables –dijo Bridgette

- Gracias. –exhalo aliviada la chica de ojos color cielo. –Me guie a partir de las recomendaciones de Félix.

Ese era otro asunto que debía zanjarse y si era posible arrancarse de raíz, la modista debía enterarse que tanto su prima se había involucrado en "ese imbécil" como lo llamaba Brid, que clase de enfermo se liaba con una niña de dieciséis años y lo más importante como era posible que el matrimonio Dupain-Cheng lo permitiera.

- Ok cambiemos de tema, quiero ver las fotos del evento en el que mostraste mi más querida creación. Muéstrame tus fotos con mi vestido.

Marinette busco en su computadora todos los videos y fotografías que Alya había tomado. Se las mostró a su prima llena de felicidad y curiosidad en la espera de su reacción, Brid trató de simular una sonrisa pero era obvio que estaba furiosa, en todas aparecía Félix y la gota que derramó el vaso fue la dedicatoria con canción y el baile del final. Era más que notorio que el empresario había influido demasiado en Marinette y eso entorpecería los planes que Brid tenía.

- Mari, ¿no tienes un pretendiente o un novio?… ¿de tu edad? –exclamó Bridgette tratando de conservar la calma.

- No, la verdad es que no. Han pasado tantas cosas en los últimos meses que creo que el amor está un poco muerto para mí.

- Bueno, es que veo que te dejaste impresionar por Félix, ¿desde cuándo lo conoces?

- Ah, pues es hermano de mi compañero, hace poco fue la primera vez que lo vi y también vino a la panadería un par de veces, analizó mis diseños y me hacía observaciones de los mismos. –dijo Marinette.

- Momento ¿te insultó? o ¿alguna vez se comportó como patán? Espera… ¿mis tíos aprueban que venga aquí?

- El jamás me diría algo ofensivo y por supuesto que mis papás lo aceptan, creo que le tienen un cariño especial desde que era tu amigo en la Universidad.

- Él no era mi amigo, sólo compartíamos algunas clases. – exclamó Brid tratando de fingir una sonrisa. –Pero sígueme contando que te ha dicho.

- Bueno pues comenzamos a hablar y notamos que tenemos muchas cosas en común. Me ha invitado al cine, me ha dado clases de etiqueta, incluso me llevó a una presentación privada de accesorios.

- Mari, te pido que te alejes de él. –expresó Brid.

- ¿Por qué? Él me ha enseñado tanto, yo lo quiero mucho y no es mala persona. –trató de justificarse la menor

- Debes entender algo, él siempre busca su beneficio a partir de otros. Aléjate de él.

- Pero…

- Es que no lo entiendes, te hace creer que es buena persona para que cuando dejes de servirle te deseche de su vida. –interrumpió la artista de moda.

- Eso no debe ser verdad, ¿por qué hablas así de él? Cuando el habla de ti lo hace como si fueras un lindo recuerdo.

- Marinette no discutas, Félix Agreste es una persona que te hace creer que eres una parte importante de su vida y cuando te lo crees ya no le eres de ayuda, ¡boom! te bota a la basura.

- Eso no es verdad Brid, no podemos hablar del mismo hombre.

- Está bien, no me creas el tiempo se encargará de mostrarte la verdadera y horrible naturaleza de Félix Agreste. Bueno vamos a jugar. –exclamó Brid al ver el semblante que puso su prima.

La noche cayó en París, las luces comenzaban a encenderse para no dejar paso a la obscuridad, esa noche Ladybug no patrullaría pues su prima se quedaría en su habitación para seguir conversando de todas las cosas que había vivido.

A la mañana siguiente Brid acompañó a Marinette a las puertas de la escuela, cuando vio bajar a un chico de cabellos rubios y ojos verdes seguido de su hermano mayor, quien no pudo ocultar su sorpresa al ver a la diseñadora en ropa casual, solo había una palabra para definirla y era: perfección.

- Buenos días Marinette. –Comentó el modelo. –No sabía que conocieras a Lady Julianne.

- Oh creo que anteayer no te la presente como debía. Adrien ella es mi prima Bridgette Cheng también conocida como Lady Julianne.

- Así que el gatito es amigo de mi hermana, -exclamó la diseñadora quien explicó el tropiezo que habían tenido en la fiesta.

Ambos chicos entraron a la escuela, Félix ofreció llevar a Bridgette a la oficina, pero esta se negó. Acababa de encontrar el punto débil de Félix. Si Marinette era todo para la diseñadora, Adrien sería el talón de Aquiles de Félix. Por lo que se encargaría de destrozar lo que más amaba, lo quebraría a un punto donde no quedara un solo fragmento del menor de los Agreste, esa sería su mejor venganza que estaba a punto de iniciar.