Capítulo 13

La madre de Sesshomaru, Ashura, era un tanto peculiar, toda su vida fue modelo y de hecho, y hasta casi sus cincuenta años ejerció esa profesión, pero eso no era lo malo, no, lo malo es que en cada foto ella lo hacía aparecer así no quisiese –que era la mayoría del tiempo ya que siempre odió las cámaras por el mundo en el que se desenvolvía su madre-.

Ahora que se ponía a pensarlo, no ve que le pudieron ver a esa mujer tan plana que casi parecía un hombre, es más, pasaba fácilmente por uno si no fuese sus largos cabellos, tan largos que podían llegar al suelo fácilmente, y su rostro que a pesar del tiempo no ha perdido esa delicadeza, esas facciones tan frías, y esa mirada tan perversa que sólo Ashura Kinoshita podía tener.

Cuando se separó de su padre tan sólo tenía cinco años, pero entendía perfectamente porque lo hacían, eran dos seres totalmente iguales: igualmente encerrados en ellos mismos, igual de tercos y testarudos, igual de fríos; y como bien aprendió en secundaría en física eléctrica, polos iguales se repelen, cosa que no hay que ser un genio para deducirlo.

Al principio estaba bajo la custodia de su madre que se casó rápidamente, con una persona muy amable llamado Yasha, demasiado amable, tan amable que sinceramente le provocaban ganas de vomitar, pero aunque sea –se decía a si mismo- por primera vez veía a su madre reír genuinamente, por felicidad y no por compromiso, y todo hubiese estado bien si tan solo no hubiese nacido el mocoso que tenía como medio hermano. Si bien apenas era capaz de soportar a su padrastro y a su madre con su nueva cara, todo empeoro gracias al insecto llamado también Ashura –que era una replica exacta de su madre-, insecto que se vio obligado a golpear cuando él tenia doce años y el otro siete, acto que hizo que su madre lo mandara desde Kioto a Tokio directo a donde se encontraba su padre, casado ya con Izayoi con una niña –a la que sin querer le tomo cariño- de cuatro años y su odioso hermano que apenas gateaba.

Y ahora que recordaba esa foto databa exactamente del día en que se vio obligado a golpear al necio de Ashura. En esa foto salía su madre sonriendo nerviosamente mientras veía la escena que desencadenaría su ira: Ashura montado en un hombro de su padre Yasha, mientras que aprovechándose de su altura agarraba el cabello del peliplateado –que ya era largo en ese entonces- de forma de que quedaran dos colas. Si, definitivamente ese acto temerario merecía un buen golpe en recompensa y él no estaba arrepentido por hacerlo, pero recordaba haber botado esa foto y no fue así, la tenia su hija y Kagome quería verla, y eso, no lo podía permitir, así que de forma astuta usando como ventaja su estatura la sacó del alcance de la chica, pero no contaba con que ésta se iba a resbalar "accidentalmente" y usando el momento en que la tomó para no se cayera, y aprovechando la cercanía ocasionada por el momento, le dio un pequeño beso en la nariz haciendo que se aturdiera por un momento, perdiendo así la foto de sus manos, pero su momento de confusión no duraron mucho ya que las muy escandalosa risa de la pelinegra lo sacó de su mundo.

Jajaja ¡que tierno te ves en esta foto!

¿Verdad? es la mejor foto que tengo de mi papa –dijo la niña inocente al tono de burla de la pelinegra-.

Mmm –y alzó a ver al peliplateado que aparentemente no estaba ni molesto ni nada y luego volvió a ver la foto- Seisshira, ¿me haces un favor?

¿Dime?

Toma la foto –dijo entregándosela en las manos a la pequeña niña mientras se acercaba a su oído- guárdala por mi muy bien y no dejes que tu padre la encuentre –se paró- anda ve.

Sí mamá –dijo la niña encerrándose en el cuarto en un instante dejando así a una muy confundida pelinegra-.

Primera vez que se empeña en que alguna mujer que conozco sea su madre –dijo el peliplateado con voz ronca haciendo que a Kagome le recorriera un escalofrío por su espalda al sentir la cercanía de su profesor a esta- ¿Por qué le dijiste que si querías ser su novia al necio de mi hermano? –preguntó mientras retiraba el cabello de la chica de su cuello para así acariciarlo con más libertad-.

P-pues porque le debo un favor –respondió mientras se giraba dando un paso hacia atrás para alejarse de aquel roce que la estaba atormentando- deje ya de jugar conmigo –dijo en casi un susurro lo suficientemente audible para los ojos dorados que miraban su sonrojo con interés-.

No estoy jugando, pero en tal caso, ¿por qué debería dejar de hacerlo? –volvió a preguntar mientras acortaba la distancia impuesta por la chica-.

Porque, sos muy mayor –dijo para ella misma mientras miraba para el suelo, pero repentinamente subió la mirada para ver a aquellos ojos dorados- ¡podrías ser mi padre! –casi gritó pero se arrepintió cuando vio la cara de asombro de su maestro, quizás de un momento a otro se iba a echar a reír como si hubiese dicho la cosa más absurda del mundo, así que se apresuró a acomodar todo- es decir, mi madre tiene casi su misma edad y tenía casi dieciséis años cuando me tuvo y mi padre también era alguien del…

Entiendo –contestó tajante mientras se daba la media vuelta- dentro de un rato las llamarán a cenar, estén pendientes, dile a Seisshira que estaré en el despacho –y comenzó a caminar rumbo al primer piso no sin antes toparse con su medio hermano quien obviamente estaba viendo lo que había pasado- ¿Qué haces espiando insecto?

Nada, simplemente veía como usas a mi sobrina para atraer a Kagome, menos mal que ella te puso en tu lugar, ¿Qué? ¿te sentiste un viejo? –dijo en tono burlón-.

Callate imbécil, tu no sabes nada –y siguió su camino-.

Claro con ese carácter, hasta anciano pareces –y se calló al escuchar un gruñido de su hermano- o quizás una bestia –dijo para si mismo-.

Sesshomaru siguió caminando hacia su despacho, o debo decir, el de su padre, mientras intentaba calmarse un poco, pero el ruido incesante del timbre al sonar realmente no ayudaba para nada. Al principio pensó dejarlo así, pero al ver que su inútil sirviente no se aparecía decidió él mismo abrir la puerta, encontrándose detrás de ésta con un dolor de cabeza extra.

Mientras Kagome estaba apoyada en la pared al lado de la puerta de la habitación de Seisshira, preguntándose el por que del cambio de actitud de su profesor al decirle que quizás sería su padre, no creía que se lo iba a tomar tan textual sería ridículo, aunque sinceramente cualquier hombre entre los 30 y 35 años era muy posible candidato a ser su padre, no lo conocía, nunca ha escuchado hablar de él, sólo sabe que su carácter se parece al de su padre porque una vez a Souta se le escapó el decirlo, y sinceramente ese vacío en su vida le estaba comenzando a pesar en la conciencia. Iba a seguir en sus cavilaciones cuando Inuyasha las interrumpió.

Hey Kag –dijo después de chasquear sus dedos frente a la cara de la chica y ver que había reaccionado- el almuerzo está listo, baja mientras yo llamo a Sesshira.

Pero si yo puedo hacerlo –protestó-.

No, tienes cosas en que pensar y esa niña no te ayudará, anda, ve bajando.

Siguiendo el consejo de Inuyasha se dispuso a bajar, ya había casi llegado al final de las escaleras que casualmente quedaban justo frente a la puerta principal, cuando al levantar la vista se quedo viendo curiosamente al visitante que estaba parado en la puerta y que al parecer su presencia no le agradaba a Sesshomaru: era más o menos de la misma estatura del peliplateado, sólo por un centímetro o dos no le alcanzaba totalmente, estaba vestido totalmente de negro lo que le hacía contraste con su blanca piel, con un suéter manga larga de cuello de tortuga y unos jeans negros mientras que en su mano izquierda agarraba algo que caía por su espalda, aparentemente una gabardina de color beige, tenía el cabello largo pero no tan exagerado, agarrado con una coleta alta dejando así que algunos mechones de cabello sueltos traviesamente por su rostro que era tapado parcialmente por unos lentes oscuros.

Kagome quería seguir detallando al extraño cuando repentinamente perdió el equilibrio, y se había preparado para recibir el golpe seco contra el suelo, pero ese golpe nunca llegó, al contrario se sentía curiosamente protegida por unos fuertes brazos que estaban alrededor de su cintura. Abrió sus ojos lentamente fijándose que tenia su rostro en el pecho de alguien que obviamente era un hombre, y llevaba por cierto una cadena de plata con un dije en forma de cruz. Vio el color de la camisa negra y recordó al sujeto que hasta hace unos instantes estaba inspeccionando así que se apresuró a levantar su rostro para verle la cara al chico que la sostenía, maravillándose de la perfección de su rostro pero a la vez con la decepción de no poder ver sus ojos. Al parecer el chico se percató de eso por lo que empezó a hablar.

¿Estás bien? –preguntó con un deje de preocupación dejando oír así su voz, de un tono ronco pero a la vez juvenil que simplemente le encantó a la pelinegra-.

Sí, lo siento, estaba distraída –dijo Kagome apenada "¿Cómo demonios llegó tan rápido hasta aqui?, bueno, no es como si quedara la puerta tan lejos"-.

De eso me pude dar cuenta –dijo el chico dibujando así una sutil sonrisa en su rostro, observando en la privacidad el tono carmín que había tomado las mejillas de la chica- siento no presentarme –dijo para quitarse los lentes oscuros y dejar ver los ojos de un color dorado tras ellos- soy Ashura Nakamura ¿y tú?