Wow¡ este capítulo resulto realmente corto¡ espero les guste¡ :D


Kristoff se disfrazaría de guardia para sacar a Anna

Tiana y Rapunzel se infiltrarían entre las sirvientas para crear una distracción

Eugene y los jóvenes de los clanes vigilarían las entradas y salidas del palacio buscando una ruta de escape, estando atentos por si se armaba una trifulca

Mérida iría a encontrarse con los soldados provenientes de Arendelle

Elsa debía esconderse, era ella a quien buscaban, era ella a la que debía mantenerse a salvo.

Como si la reina de Arendelle fuera capaz de tal cosa

Sin que Mérida pudiera evitarlo la siguió hasta las afueras de la ciudad, no podía darse el lujo de confiar en ella pero tampoco era capaz de acallar ese sentimiento que la alentaba a no separarse, era como si quisiera estrangularla y besarla al mismo tiempo. Estaba tan molesta que ignorar su incesante parloteo de que debía quedarse en el palacio era sencillo.

Odiaba sentirse asi, no estaba acostumbrada a la incertidumbre, tuvo que soportar la severa mirada de Kristoff sobre ella, acusándola de no preocuparse por Anna…. ¡como se atrevia¡ todo lo que siempre habia hecho era preocuparse por Anna , cuidarla, protegerla…

-y aun asi termio comprometida con un psociopata…- No estaba segura si Mérida quería hacerla sentir culpable o solamente era imprudente - ¡lo siento pero es la verdad¡ - exclamo la princesa

- bueno yo le adverti que no lo hiciera, le dije que casarse con un hombre que apenas conocía era una locura-

- y después la abandonaste huyendo a las montañas….- una vez mas la princesa de Escocia demostraba su incapacidad para reconfortar a los demás- debemos guardar silencio- susurro acomodándose la capa en sus hombros, la capucha cubria tanto sus rizos como sus ojos azules

-me fui para mantenerla a salvo-

-creí que le habías congelado el corazón – Elsa la miró sin dar crédito - ¡lo siento¡ - se disculpó con rapidez, ocultándose detrás de un puesto de fruta, moviendo a Elsa para que no fuera descubierta- no te sientas mal digo, esas cosas pasan- Mérida no tenía cabeza para el pequeño drama de Elsa, estaba demasiado ocupada escondiéndose, tal vez Kristoff tenía razón y la reina tendía al melodrama.

-¿esas cosas pasan? ¿en serio?- al contrario de Mérida Elsa no parecía muy concentrada en su acción de camuflaje – no creo que le pasen a todo el mundo-

-¿tu crees? Una vez transforme a mi mama en un oso-

El aire se quedo quieto a su alrededor, sin poder evitarlo el preocupado semblante de la reina cambio, comenzando a reir entre dientes

-¡hey¡- se escandalizo Mérida- ¡no te burles¡ fue horrible-

-¿transformaste a tu madre en un oso?- la idea era demasiado descabellada, imaginar a la siempre propia Elinor convertida en una bestia indudablemente era comico- ¿Cómo transformas a tu madre en un oso? ¿En serio? ¿Qué pasa contigo y los osos?-

-le di de comer el pay de una vieja bruja ¿esta bien? – respondió molesta - ¿quieres dejar de hablar? Van a atraparnos por tu culpa- la princesa seguía molesta, irritable y nerviosa

Elsa intento callar pero los nervios la traicionaban

-deberias volver al palacio- le reclamó Mérida acercándosele a una distancia en que no podían fingir ser solo amigas

-No voy a quedarme escondida mientras ustedes se arriesgan- le respondio sin alejarse, respirando su mismo aire-ademas necesito asegurarme de que no hagas alguna locura-

Mérida río, con esa risa inconfundible, casi demasiado alto

-por favor Elsa, vuelve al castillo- suplico – no… - dudo mientras tomaba su mano – puedes salir herida en todo esto, estas… estas prácticamente indefensa –

-te equivocas - exclamó la reina impaciente-estoy contigo y traes tu arco – sus ojos se encontraron de pronto y Mérida volvió a reír- no puedo estar indefensa-

La princesa se mordió los labios y cerro los ojos, pego su frente a la suya y la abrazo con fuerza, con brazos temblorosos

- estoy segura de que no te va a gustar lo que encontremos…- parecía desesperada-¡estoy harta que no escuches mis advertencias¡-

Se dio media vuelta y miro nerviosa hacia la orilla de la ciudad, se suponía que… ¡bingo¡ allí estaban los caballos, ella y Elsa sonrieron aliviadas, se acercaron al pequeño grupo con sigilo.

Elsa seguía a Mérida de cerca, le dedico una sonrisa pero su respiración se aceleró, no reconocía a ninguno de los soldados y tampoco se parecían a alguno de los chicos al mando de la princesa.

-¿de quien se supone que es la tropa?- alcanzo a preguntar pero Mérida desvió la mirada apresurando el paso - ¡Mérida¡- la llamó pero la chica empezó a correr.

La arena hacia mas difíciles sus pasos.

-¿puedes seguir? – le pregunto la princesa desde una distancia considerable

Elsa asintió con la cabeza y con bastante esfuerzo se empeño en no quedarse atrás, por mucho Mérida estaba en mejor forma física. La princesa de Dumbrogh ya estaba de pie frente a los caballos cuando ella apenas si alcanzaba a distinguirlos entre la escasa luz de la mañana.

La sorprendió un poco la limitada cantidad de soldados que integraban la comitiva, pero sobre todo le sorprendió el hombre que la dirigía.

-¿pero que?- grito irritada reconociéndolo, su incipiente cabello pelirrojo sobre su cabeza y el elegante traje blanco - ¿Cómo?-

-¡sujétenla¡- ordeno a los soldados pero los hombres dudaron, se miraron asustados y se quedaron quietos

Elsa levanto los brazos amenazante.

-¿si Elsa tuviera sus poderes porque demonios necesitaríamos tu ayuda?- la voz de Mérida no denotaba sorpresa ni siquiera conmoción.

Hans levanto las cejas escéptico y una cínica sonrisa cubrió su rostro

-¿es verdad? – Acerco la mano a su espada -¿perdiste tus poderes?

-¡no te atrevas¡- grito Mérida adelantándosele, saco su propia espada y se colocó entre él y la reina – No dañamos a Elsa, es la primera parte del trato-

-¿el trato?- repitió Elsa

-¿crees acaso que puedes darme ordenes? – se ofendió el príncipe, sin quitar la sonrisa de su rostro - ¿Dónde está Anna?- demandó agitando la cabeza, separando la mano de su espada, algo estaba mal, estaba demasiado confiado

-capturada- contesto rápidamente – Agrabah nos atacó cuando Elsa no acepto el compromiso con Alí, tienen una magia que neutraliza sus poderes-

-¿¡Que diablos estas haciendo?¡ ¿Qué significa todo esto?- gritó Elsa mas confundida que nunca

-¿tuve un largo viaje sabes? Y discúlpame un momento pero sin tu magia me es difícil tomarte en serio - siguió Hans ignorando la rabieta de la reina - ¡Enciérrenla¡-

Los soldados hicieron por acercarse pero Mérida los amenazo con su espada

-Parece que no me escuchaste – dijo el príncipe muy lentamente, se bajó del caballo aun viéndolas por encima, se acerco a la princesa a una distancia incomoda– dije: enciérrenla – exclamo frente a sus ojos, con ese tono despiadado que lo hacía lucir mayor.

Mérida respiro profundamente, el odio se dibujaba en su mirada, lentamente guardo su espada

-átala y métela al carruaje - siguió el príncipe guiando su caballo por entre las dunas de arena

-¿Qué?- alcanzo a gritar Elsa mientras Mérida la tomaba del brazo y la jalaba - ¿pero que? ¡sueltame¡-

-¡basta¡ detente¡ ¡por favor Elsa¡ ¡basta¡ - no tenía caso, por mucho Mérida era mucho mas fuerte, a pesar del dolor que expresaban sus acciones, la arrojo al carruaje con lagrimas en los ojos.

-¡Mérida¡ ¡Mérida no me dejes aquí¡ - grito sosteniéndose de los barrotes -¡mirame¡ ¡mirame¡ -

Pero la princesa no le dio la cara, en su lugar salio corriendo, cerro el carruaje con candado y azoto la puerta

-¿Cuántas veces Elsa? ¿Cuántas veces tengo que decírtelo?- sollozo – no confies en mi, no puedes… no debes confiar en mi-

Antes de poder responder sus pasos se alejaron apresurados

Se quedo recargada sobre las calientes barras de metal, negada a dejarse llevar por las lagrimas, debia relajarse, calmarse... no sientas, no sientas, se repito varias veces.

Por un momento se sintió pequeña, no podía evitarlo, el incesante calor le recordaba aquellas tardes que pasaba encerrada, con las cobijas y suéteres que sus padres la obligaban a usar por temor a que el frío la enfermara, sola en su alcoba intentando mantener sus sentimientos a raya.

¿cómo es que había regresado a eso? no... No... ¡Demonios NO!

Ella era la reina de las nieves, no debia sentir miedo de sus enemigos, al contrario, aquellos que se atrevían a desafiarla temblarían con el frío del invierno.

Ira... furia... Merida la habia guiado a una trampa, de nuevo, aliandose con una de las personas que mas odiaba en el mundo y encima de todo Anna estaba en peligro, Ali la tenia prisionera, con toda seguridad planeaba utilizarla para negociar su cariño... Aun sentia el frio dentro de ella, angustioso y liberador, el genio dijo que le costaba trabajo controlarla...¡por supuesto que le costaba trabajo¡ ella era una fuerza de la naturaleza, no habia nada ni nadie en el mundo capaz de controlara, eso la incluía a ella misma.

Concentrate

Poco a poco alejo el calor de su cuerpo, se enfoco en la rabia, en el dolor, en la furia, el viento la obedeció, sonrió para si misma, era hora de empezar la tormenta.

Un rugido alerto a los soldados

-¿que fue eso?- grito uno de ellos

Hans y Merida se miraron con angustia, ambos conocían ese sonido.

La criatura rompió la puerta y salto fuera del carruaje, un espeluznante monstruo de hielo, con picos y garras, de un manotazo tumbo algunos caballos y antes de que pudieran hacer algo tomo al principe entre sus afiladas garras.

- Parece que una vez mas a subestimado mi poder - Elsa surgio de entre las escombros, enmarcada en ventisca y hielo, con una fria sonrisa en su rostro.

- !Elsa¡ - Grito sorprendido, asustado - no hay tiempo para esto, Anna esta...-

- !no malgastes tus palabras!- lo interrumpio- eres un pobre y patetico... me quedaria aqui a escucharte suplicar por tu vida, pero tengo otros asuntos importantes que atender-

Levanto sus manos en el aire y con el rostro desencajado fue cubriendo el palacio de hielo, las calles se pintaron de blanco, el aire se arremolino entre las columnas del castillo

-Ya es hora de congelar este infierno-

Mérida intento deslizarse entre algunas dunas, creyendo que Elsa estaba demasiado ocupada para notarlo, unos gruesos picos surgieron del piso formando una jaula a su alrededor.

- tu y yo necesitamos tener una larga y muy seria conversación - dijo con ira, supuso que la princesa reaccionaria con violencia pero su corazón se acelero al ver una radiante sonrisa en su rostro

- necesitaras mi ayuda…- dijo tallándose los brazos, sintiendo el frio a su alrededor, el hombre de nieve rugió furioso – te dije que…-

-Ahórratelo- respondió con lentitud y arrogancia- tengo toda la ayuda que necesito, pero gracias- con otro movimiento y denotando una concentración excepcional levanto otra figura monstruosa – me parece que tu y Hans tendrán suficiente con que entretenerse, hazme un favor y no te mueras- subió a la mano del nuevo gigante, volteo hacia el primero y le hablo como si se tratara de una mascota – cómetelos – le ordeno y sin mirar atrás se dirigió hacia el helado palacio.

Mérida sonrió, no entendia muy bien como era posible pero se sentía aliviada… suponía que después de todo un monstruo gigante de hielo era lo menos que podría esperar después de sus estupideces… y Elsa le había pedido por favor que no muriera, no podía decepcionarla.

Pocas veces se veía mas hermosa que enmarcada por la nieve, un suspiro salio de sus labios justo antes de empuñar la espada, al menos ya no tenia que soportar el agobiante calor.

Con un movimiento corto los cristales de hielo que la aprisionaban, se divirtió viendo a la gigantesca criatura tratando de meter al aterrado príncipe dentro de su boca, parte de ella se debatio en si salvarlo o no… pero la razón le gano al final, después de todo el príncipe Hans era el unico que podía darle señas de su madre.

Corto parte del brazo del monstruo y para su sorpresa ( o no) Hans salió corriendo en dirección al desierto, alejándose del peligro

-¡eres un cobarde¡- le grito molesta, concentrándose en cómo seguir con su ataque, intento esquivar los fuertes brazos de la criatura, tenía que alejarse si quería poder dispararle, pero las flechas comunes y corrientes no podían herirlo.

-¡y tu eres una estúpida¡- le grito el príncipe de vuelta mientras que desde la distancia le arrojaba rocas a la criatura intentando llamar su atención - ¡hay que alejarlo del hielo¡-

Mérida entendió lo que el príncipe intentaba hacer y a regañadientes lo siguió a las dunas de arena, dejando atrás el piso que Elsa había congelado. El indomable calor del desierto podría derribar a la criatura por ellos.

Debía darle cierto crédito al príncipe, podría ser un manipulador, mentiroso, despreciable, chantajista, cretino y en general un ser humano repulsivo, pero al menos sabía manejar una espada.

Escucharon las alarmas sonar, notaron que los guardias se movilizaban. Apenas acabaron con la criatura de hielo corrieron hacia el castillo, casi no prestaron atención a la alfombra que volaba por encima de ellos.


Antes de que la gente empiece a criticar a Mérida recordemos que Hans tiene secuestrada a su madre y que les advirtió varias veces que dejaran de confiar en ella y absolutamente nadie toma en serio sus cosas de "no confies en mi", digo, ya habia demostrado varias veces que se traía algo entre manos y.. y.. ¡miren el plot¡

Hans vuelve, es tan increíblemente fácil escribir a Hans, no tienen idea de lo mucho que quería llegar a este punto, estoy ansiosa por el siguiente capitulo, fue de lo primero que escribi al empezar a esbozar este segundo fic :D.