¡Feliz día de Pascua!

Parte I

Noche

Sólo unas cuantas horas faltaban para pascua y la noche se sumergía en un profundo letargo. Invadida por el silencio, vigilada por la luna y las estrellas, nada ni nadie se atrevería a romper su calma, ni siquiera el pequeño y travieso Jack quien meditaba sentado en la barandilla de uno de los balcones. Todo el polo se extendía frente a él, sintiéndose tan pequeño pero tan feliz a la vez.

Dos años; dos años desde la caída de Pitch, desde que se convirtió en guardián, desde que encontró una nueva familia y… dos años desde que por fin fue reconocido y pudo saber que existía.

Mañana sería un día bastante especial, cargado de sentimientos y memorias, no podía evitar que su estomago se revolviera un poco con tanta presión, pero aún así se sentía tranquilo, sentía que el tiempo se detenía en aquel momento y podía tomar las cosas con calma.

-¿Jack? – sintió llamar a sus espaldas. Su meditación se quebró y enseguida volteó

Era Aster, con una postura tranquila, se encontraba apoyado en el umbral. La luz tras de él delineaba su figura, y el contraste oscurecía su rostro, no impidiendo que el vibrante verde hierva de sus ojos atravesara la oscuridad.

-¿Sucede algo Bunny? – No tenía idea del por qué, pero no emergieron sus habituales nervios ante la presencia del conejo, aún así su voz no fue de indiferencia, sino de una infinita tranquilidad.

-Todos se encuentran en el salón, hay algo de los que les debo hablar.

-Está bien, enseguida voy – respondió el joven, sin cambiar su actitud y volviéndose al paisaje.

-¿Tienes algo que hacer? – Jack noto un leve tinte de ofensa en la voz de Bunnymund, no quería provocarlo, pero sentía que estaba exagerando.

-No- volvió a dirigirle la mirada, esta vez con una sonrisa – Enseguida voy.

-Vamos- habló demandante.

-¿Me estas obligando?

-No tienes nada más que hacer ¿Verdad? ¿Algo más importante que yo?

Jack quiso decirle que muchas cosas, pero eso no sería más que una mentira y mañana era su día, no quería pelear con él ahora.

-¿No deberías estar preparándote para mañana? – preguntó al ya estar a su lado.

-Sé que no es una novedad, pero hoy estas extraño ¿Te pasa algo? – devolvió la pregunta el conejo.

Ya iban caminando hacía el salón y Aster posó su mirada en él mientras le preguntaba. Jack no supo cómo responder, ya que ni el mismo sabía lo que en su interior estaba sucediendo ¿Tal vez era todo y nada al mismo tiempo?

-¿Ya sabes quién es el dueño de tu corazón? – Eso sonó de lo más extraño, pero Jack ya no podía arreglarlo, espero que Bunny entendiera que se refería al chocolate.

-No es algo que importe en estos momentos – Bunny ya intuía que no sacaría nada del niño si seguía preguntándole acerca de su actitud, así que decidió ser él el abierto y responder sus preguntas.

- ¿Granny te lo dijo?

-Dijo que no me lo diría hasta que yo quisiera saberlo.

-¿Por qué no quieres saberlo?

-Porque hay cosas mucho más importante en estos momentos, y necesito que tú me ayudes a cumplirlas – Fue lo último que dijo antes de abrir la puerta del salón, todos se encontraban sentados en los mismos sillones de siempre.

-¿A qué te refieres?- Su pregunta no fue respondida. Aster se acerco a sus compañeros.

- Me costó sacarlo de sus cavilaciones – comentó risueño

- Ha estado ahí desde el almuerzo, y no lo juzgo, mañana es un día bastante especial – Respondió Norte agitando la copa de whisky en sus manos para luego darle un sorbo.

- Si…haha…un día especial…para todos… - Agregó Bunny con una débil risa y sus patas en la cintura, sus ojos se posaron en el albino. – Norte, necesito llevarme a Jack esta noche, sé que no debo pedirte permiso, pero es para que sepas dónde está –

- A mí me parece bien pero… ¿Ya le informaste a Jack?- Norte rió del rostro de incredulidad del menor, Aster lo acompaño con su risa.

-No… pero sé que no se negara…- fue tanta la seducción en sus palabras que Jack no negó lo dicho, se quedó petrificado en su lugar con un ligero rubor en sus mejillas.

-¿Y qué era lo que tenías que decirnos, Bunnymund? – preguntó Tooth algo incomoda por la sugestión del conejo.

-¿No ven algo diferente en mi?

Los guardianes recorrieron con minucioso descaro el cuerpo del Pooka, extrañados por la pregunta, hasta que al terminar todos gritaron al mismo tiempo: - ¡Tus Tatuajes!-

-Exacto – respondió el conejo sin exaltarse como sus compañeros, acercándose al mini bar de Norte y sirviéndose también una copa de whisky- Se han borrado, y es porque exactamente mañana, se cumplen 900 años desde que me convertí en guardián y desde que mi raza fue aniquilada… ¡Mañana un nuevo ciclo comienza para la raza Pooka! – clamó alzando la copa con orgullo, pero sus amigos guardianes no podían despertar de su impresión, mirándolo sin siquiera pestañear.

-No es que se tengan que emocionar conmigo, tampoco – declaró con ironía el Pooka

-¡Aster! ¡¿Cómo es que no nos lo dijiste?!- Chilló Toothiana

-Se los estoy diciendo ahora – Se excuso algo enfadado

-¡Esto es algo muy importante, Bunnymund!- vociferó Norte levantándose de su asiento.

-¡Por eso mismo se los estoy diciendo! ¡Si no lo fuera no me molestaría en contároslo!-

-¡Pero…! ¡¿Cómo…?! ¡Ahora….! Aster….- Tooth se apretó el puente de la nariz con furia. En su interior bailaban un montón de emociones entre la tristeza y el enojo. Finalmente, comenzó a llorar.

Bunnymund soltó inmediato su trago y se acerco al hada preocupado.

-Vamos Toothiana- Bunny apartó la manos de Tooth de su rostro y las estrecho contra las suyas -. Mírame - el hada lo miró con lágrimas en los ojos - No tienes porque llorar ni sentir tristeza, mañana una puerta se abre y un nuevo sol nace…. Se fuerte conmigo, los necesito más que nunca mañana… ya que…en ese instante… debo tener la suficiente fuerza para superar la nostalgia, la catástrofe que revivirá ante mis ojos…Tooth no llores…-

El hada no entendió bien a lo que el Pooka se refería pero si comprendió que debía mantenerse tranquila.

-Mañana los espero antes amanecer, en cuanto los huevos tomen sus rutas yo me tomaré un tiempo para hacer el ritual, como ya les dije….necesito de su fuerza…los espero…-

Y sin decir más tomó a Jack de la mano y se hundió junto a él en el agujero.

Jack no podía comprender, su cabeza no daba el suficiente abasto para procesar tanta información o siquiera darle una explicación. Quería llorar, quería llorar al igual que Tooth y que se lo explicaran todo como a un niño chiquito, la siquiera mención de la muerte lo había dejado desconcertado.

Jack volaba tras de Aster por unos de sus túneles de paso lento, sin percibir la vigilancia del conejo para con él. Sus parpados no podían cerrarse, su mandíbula se apretaba fuertemente, igual que sus manos alrededor de su callado, y su ser…su ser entero temblaba.

-Hace 900 años…- comenzó a hablar Bunnymund, Jack despertó de su crisis – En una mañana de primavera...

Todo había comenzado como siempre, un día cualquiera en su hogar, sus hermanos menores se habían levantado un poco antes que él y habían salido a jugar, él tenía que cuidar a los pequeños Pookas de las otras familias en su primer día de entrenamiento guerrero, y se encontraba muy emocionado por ello.

Fue una clase hermosa, más de alguno lloró por el duro trabajo de saltar y esquivar obstáculos, pero sus ojos no dejaron de brillar al recordar los orgullosos que estarían sus padres al ver que se convertían en grandes guerreros. "¡Quiero ser como tú!" fue lo que más escucho durante ese día, y el tampoco pudo dejar de sentirse orgulloso, no sólo de sí mismo, sino también de su familia, de su raza en general, que a pesar de vivir ocultos bajo las tierras de Australia se mantenía unida ante cualquier adversidad.

Pero al caer el Sol, con sus rayos dorados y rojos quemando el cielo, el fuego se presento sobre los verdes pastizales de la tierra Pooka. Nadie supo quién lo provoco ni de dónde vino, él sólo arraso con todo a su paso, devorando, carcomiendo, asesinando todo lo que alguna vez llego a tener vida. Muchas madrigueras se derrumbaron y Pookas quedaron atrapados entre los escombros, muriendo de asfixia o por la guerra con otras Pookas por poder salir.

El fuego cubrió el suelo de sangre, y Aster veía como se alimentaba éste del líquido rojo carmesí. Buscó a sus hermanos, a sus padres, a sus amigos, pero no hacía más que encontrar cadáveres. No sabía porque el fuego no lo alcanzaba, pero en ningún momento se quemó. Aster buscó y buscó hasta que las llamas se apagaron -"Alguien debe estar con vida, alguien debe estar con vida"- era lo único que se pasaba por su mente. Pasaron días, meses enteros en los que él buscó entre ruinas de madrigueras… de casas….y nada…sólo cadáveres y más cadáveres.

Los enterró a cada uno sin siquiera poder reconocer sus rostros, y sintió la misma tristeza como si cada uno de ellos fuera su amigo, su hermano o incluso su madre. Rezó a su dios cada día, hasta que una mañana entre un montón de madera, una pequeña criaturita se movió y encontró a un pequeño conejo blanco.

No era un Pooka, de eso estaba seguro, pero no se encontraba solo, habían muchos más, montones de ellos. Fue entonces cuando Aster entendió que aunque era el último de su especie, y ahora se encontraba solo en el mundo, en aquella tierra desolada otra raza venía a revivir los valles, a volver su hogar el que alguna vez fue el suyo

-La vida nunca acaba, compañero, y aunque la tristeza y el dolor te azoten, nunca debes olvidar que mientras sigas vivo siempre habrá un nuevo comienzo. Para ti, para todos…-Aster había estado hablando sin tomar en cuenta el estado en el que colocaba al chico, cuando volteo, Jack era un mar de lágrimas.

-Al igual que tú Jack, desde el comienzo siempre le pedí explicaciones a la Luna, le exigía que me dijera por qué yo, por qué fui el único en sobrevivir, por qué yo como guardián justamente de la esperanza…y él nunca me respondió…tal vez porque las respuestas eran demasiado obvias…no sé- entrelazo su mano con la de Jack y lo acercó a él, limpio sus lágrimas y lo abrazo, luego, un beso largo y suave sobre la comisura de sus labios – Hoy, la tristeza del pasado se aleja de mí y lo que me ha enseñado se vuelve parte de mi futuro, "un nuevo sol nace " y te necesito para ello.

Siempre he sido un niño, morí como uno y no creo que cambie nunca, por ello siempre creí que nunca entendería la muerte, pero si me la pintan como Bunnymund lo hace "como un nuevo comienzo, lleno de esperanzas y sueños" creo…que puedo dejar de tenerle tanto miedo.

En la madriguera…

-Toma- le enunció Aster a Jack mientras le entregaba un recipiente de madera con un oscuro y viscoso líquido en su interior.

-¿Para qué es? – Preguntó el joven sentado en la alfombra junto a la chimenea

-¿Te gusta dibujar?

-¿Puedes dejar de responderme con preguntas?- Bunny río y se arrodillo frente a él

-Sólo respóndeme.

-No es que lo odie…

-Entonces ¿Puedes dibujar en mi espalda?

-¡¿Qué?!

-Necesito que lo hagas, dibuja lo que quieras, no debe ser perfecto, pero si debe venir de tu corazón-

Jack no podía creer lo que el conejo le pedía, era totalmente un disparate ¡¿Pedirle a él?! ¡¿Qué le dibujara?! ¡¿En la espalda?!

-Y si mejor…- trato de excusarse, pero fue cortado al momento.

-Jack… si te lo estoy pidiendo a ti, es porque confío en que lo harás bien-

Ante esas palabras no pudo seguir negándose, la convicción del mayor era demasiada y no podía negarlo…parte de su confianza le había dado valor para seguir adelante.

Aster se volteó y apoyó sus codos en sus rodillas en la posición del indio, extendiéndole su espalda como un lienzo, cerró los ojos.

A Jack se le escapó el aire ante este acto, que a pesar de ser tan simple, se encontraba tan cargado de belleza y elegancia. Se atrevió a posar su mano sobre su espalda con un poco temor, hundiéndola con lentitud entre su pelaje, delineó con extrema devoción su columna, y luego, con las dos manos se dedico a sentir sus omoplatos.

Bunnymund suspiraba embriagado por el placer, cada toque del menor era un choque eléctrico en su interior que lo mareaba y lo llevaba a un estado desconocido para él hasta ese entonces.

Luego el frío tacto de la pintura contra su cuerpo, fue un choque de sensaciones que le hicieron dar un respingo, los dedos de Jack paseándose por su espalda dibujando figuras que él no podía reconocer eran un deleite, una sensación que nunca antes había sentido.

Un copo de nieve, fue lo primero que se le vino a la mente, luego unas florituras que se escapan desde el copo, un Sol justo debajo de su cuello y más flores cayendo de él. Jack estaba hipnotizado, la pintura chorreaba y manchaba el suelo, ya no sabía qué era lo que dibujaba, pero también rayó sus brazos, incluso sus orejas, y cuando no hubo más pintura se dejo caer agotado, repasando los costados de Bunny con sus manos, hasta enrollarse en su cintura en un abrazo.

-E-Estas cosas…- habló Bunny con dificultad, tomando la mano de Jack sobre su estomago- las hacían las parejas al casarse en mi clan…sé que nosotros no nos vamos a casar, pero… en estos últimos tiempos te has vuelto muy importante para mí – seguía agarrando aire para respirar bien, apretando cada vez más la mano de Jack -. Los chicos se enojaran conmigo… pero no podía evitarlo.

Se volteó con una sonrisa, y tomando el mentón del extasiado Jack, beso sus labios.