LA CULPA LA TUVO EL AMOR

Por Mary Martín

CAPITULO 14

MUERTE

En la actualidad

Le pareció sentir el cosmo de Shun por un leve instante y corrió desesperado a aquel sitio sintiendo como su corazón se aceleraba por la sola idea de perderlo a él también. Estaba tan ensimismado que no notó en que momento dejó de estar solo. Se detuvo en seco al notar que Hyoga iba al mismo lugar que él, se veía extraño pues parecía buscar algo alrededor.

– ¿Estás perdido o sólo viniste a buscar florecitas al bosque?

El otro se sobresaltó al escucharlo pero entendió la razón por la que aquella mujer había desaparecido momentos antes. Pareció pensar su respuesta mientras lo miraba con desconfianza.

– ¿Qué haces aquí?

– ¿Que carajo te parece que hago? Intento salvar a mi hermano cosa que a ti y a Saori al parecer les tiene sin cuidado

– ¿Cómo puedes decir eso? Shun es mi hermano también y he hecho más por él en este tiempo que tú que te fuiste de vacaciones mientras él sufría

– No me obligues a romperte la cara, Hyoga

– No te tengo miedo y lo sabes

Repentinamente sintieron un cosmo lleno de maldad que lanzó un ataque directo hacia ellos. A pesar de que evitaron que les diera de lleno quedaron golpeados sobre la tierra.

– Lamento interrumpir su amena charla pero tengo algo importante que hacer y ustedes me estorban... ¡Rápido, encuéntrenlo lo antes posible! Esta herido y será presa fácil

– ¡Sí, mi señora! – varias guerreras se dispersaron en los alrededores

Hyoga se asombró del parecido de sus armaduras con las de aquella mujer. Eso esta a pensando pero al ver que fénix se incorporaba, hizo lo mismo.

– ¿Quién eres? – colocándose en posición defensiva y encendiendo su cosmo de fuego

– Me ofendes Ikki, parece que te olvidaste de mi... ¿O acaso lo que pasó aquel día fue tan traumatizante que preferiste borrarlo de tu mente? – sonrió altanera mientras sus ojos centellaban

– ¿Qué?

– ¿No la reconoces? – preguntó Hyoga extrañado por lo que el fénix lo miró muy confundido

– ¿Por qué habría de reconocerla?

– ¡Vaya! Es en serio que no sabes quien soy. Me imagino que la culpa que sientes es demasiada por lo que bloquea los recuerdos, o tal vez el ataque que Shun te lanzó ocasionó que te golpearas la cabeza

– ¡No sé de que diablos hablas! Yo... yo... – en ese momento algunas imágenes confusas comenzaron a pasar frente a sus ojos tan reales como si estuvieran pasando de verdad. Cayó de rodillas mientras se sostenía la cabeza con ambas manos

– ¡Ikki! – Hyoga de inmediato se acercó a él para tratar de ayudarlo

– No tengo tiempo para jugar con ustedes pues mi objetivo principal esta indefenso ahora y no puedo dejar pasar esta oportunidad, así que si me permiten...

– ¡No! No te iras, primero vas a pelear conmigo ¡Polvo de diamantes!

– ¡Que tierno eres! ¿En serio quieres derrotarme con eso? – no tuvo qué hacer movimiento alguno, un simple destello en sus ojos fue suficiente para devolverle el ataque. Fue tan rápido que el Cisne no lo pudo evitar, todo su cuerpo fue congelado en un instante

– ¡Maldita! ¡Ave fénix!

– ¡Tonto! Recibe el castigo que mereces por atacar a un dios – esta vez tuvo que usar un poco más de poder pues Ikki emanaba un cosmo muy poderoso. Pero el resultado fue el mismo, pues se le regresó su ataque logrando herirlo. La deidad rió un poco – Sigues siendo el mismo insensato de siempre, fénix... y como veo que de verdad no tienes idea de lo que pasó, con gusto te ayudaré a recordarlo todo… – Ikki tragó saliva mientras intentaba incorporarse y Perséfone se disponía a comenzar su relato.

10 MESES ANTES

A pesar de que la sangre brotaba alarmantemente de sus heridas, se incorporó lo más rápido que pudo sintiendo esa terrible angustia que estrujaba su corazón. Instintivamente quiso ir con Ikki, salvarlo como él lo había hecho tantas veces... pero se frenó casi de inmediato, su pie trazando un surco en la tierra al hacerlo. En ese momento no lo supo pero esa fracción de segundo en que titubeó fue decisiva. No quería dejar morir a su hermano pero tampoco quería abandonar a June, estaba desesperado pues no sabía qué hacer... más de pronto algo inesperado sucedió.

– ¡Mami! – sintió que todo se derrumbaba a su alrededor al ver que su pequeño hijo corría hacia June con la carita empapada, estaba muy débil pero aún así hizo el esfuerzo de ir con ella

– Yeiden ¡No!

– No... no vengas, bebé – June entreabrió los ojos pero el niño estaba muy asustado y siguió avanzando hasta llegar con su madre.

– Perdóname – le dijo a Ikki en un susurro, lo vio ahí tendido una vez más... y luego cerró los ojos con fuerza para luego dirigirse en dirección contraria, las lágrimas ya escurriendo por sus mejillas.

Yeiden extendió sus manitas e intentó proteger a su mamá, pero estaba tan cansado por el esfuerzo de hace unos momentos que ya no tuvo energía. June lo abrazó con fuerza y aún en medio de su desesperación, hizo un esfuerzo descomunal para encender su débil cosmo, colocó al niño detrás suyo mientras veía como esa esfera se dirigía hacia ellos. Shun pareció adivinar sus pensamientos

– ¡No lo hagas, June!

– Perdóname... pero debo hacerlo... – lo mira un segundo con esa expresión de tristeza

Ella sabía que si no lo intentaba, su bebé podría morir en la explosión, así que reuniendo las pocas fuerzas que le quedaban extendió ambas manos para tratar de detener el ataque

– ¡No!

Shun corrió desesperadamente hacia ellos. Miró de reojo a su hermano y luego a las enormes esferas que pronto chocarían con ellos, así que estando a escasos metros de June y sintiendo que el tiempo se le acababa, saltó tratando de alcanzarla a ella... pero con su cuerpo orientado hacia donde Ikki, simplemente no podía dejarlo morir, nunca se perdonaría no intentar salvarlo, así que extendiendo su mano izquierda haciendo algo que Perséfone no esperaba...

– ¡Vapor nebuloso!

– ¿Qué rayos...?

La Reina del inframundo no creía lo que estaba viendo. Una fuerte corriente de aire nebuloso chocó contra el poder que había lanzado. En ese mismo instante, la otra esfera impacto en las manos de June que logró detenerla unas milésimas de segundo y a pesar que sentía que su cuerpo se desgarraba en mil pedazos no quiso darse por vencida. Shun se giró en su dirección y trató de protegerla con su cuerpo al tiempo que lanzaba una pequeña ráfaga de aire con una mano para alejar al niño lo mas posible pero sin lastimarlo. La abrazó como pudo quitándola del camino, pero recibiendo ambos un gran daño ya que cayeron violentamente sobre las piedras, derraparon hasta formar una gran brecha en la tierra tras la gran explosión que dejó un gran cráter en el lugar del impacto. Finalmente, del otro lado, la colisión del vapor y la esfera provocaron una gran explosión en la que Ikki quedó envuelto.

– Vaya que eres noble, Andrómeda, hasta el último momento trataste de protegerlos a ambos arriesgándolo todo. Admiro profundamente la nobleza de tu corazón... desafortunadamente en este juego no había forma de ganar.

Contrabajo respiraba, ahogado por su propio llanto. Todo había acabado, cerró su puño con fuerza, reflejo del dolor que estaba sintiendo, no se atrevió a mirar hacia el otro lado porque bien sabía que no encontraría más que muerte. Esto era demasiado… demasiado dolor… soltó un gritó al cielo que hubiera estremecido a quien sea que lo escuchase. Sus lágrimas empapaban el frágil cuerpo debajo de él. Pensó que su hermano había muerto en esa terrible explosión y le pidió perdón mientras sostenía a June y miraba al niño tendido boca arriba sobre el lodo.

– ¿Verdad que no fue tan difícil escoger? Porque a pesar de que no quisiste abandonar a ninguno, a June la protegiste arriesgando tu propia vida... no así con Ikki... pero no te preocupes por él

– ¿Qué?

Se da cuenta de que el vapor logró su objetivo e impactó sobre el cuerpo del Fénix lanzándolo varios metros lejos de donde iba a estallar la esfera de energía salvándolo en el acto.

– Bien hecho, lo lograste, le salvaste la vida... lástima que no puedo decir lo mismo de June

– ¿Qué... quieres decir? – Entonces se da cuenta de que ella esta muy pálida y fría. La llama un par de veces sin obtener respuesta.

– Debo admitir que fue muy valiente al proteger al niño de ese modo, nunca pensé que tuviera el poder suficiente para hacer eso, aunque solo fue un breve instante, sin embargo recibió mi poder directamente y eso le costará la vida.

– No – susurró negando levemente con la cabeza – no... – volvió a decir al ver esa herida tan profunda que no dejaba de sangrar.

– Como es ella lo mas importante para ti, pues la protegiste arriesgando tu vida... entonces será ella quien muera y así perderás a lo que mas amas en este mundo. Pero sabes que la muerte es algo tan tajante y definitivo y en realidad deseo verte sufrir todos y cada uno de los días de tu vida así que haré algo mas interesante aún, ella ira muriendo muy lentamente, ahora caerá en un profundo sueño y así seguirá para siempre hasta que su corazón deje de latir. Cada día sera para ti una agonía que no acabará nunca, porque sabes que no va a volver pero siempre tendrás la esperanza de salvarla y no podrás.

Shun intentaba digerir todo lo que la deidad le decía. Con temor, la miró de nuevo.

– Por favor, June, resiste... – tratando de detener la hemorragia con la mano

– Yeiden... – se interrumpió al sentir un líquido espeso con sabor metálico resbalar por entre sus labios

– Tranquila, él estará bien, tú lo salvaste, evitaste que ese poder lo golpeara de lleno al detener el ataque con tus manos, realmente lo hiciste

– ¿En... serio? – Shun sólo asintió con la cabeza mientras miraba toda la sangre que había perdido. Ella hizo un esfuerzo para sonreírle y habló débilmente – ¿Ves? Te dije que sí podría... y tu de terco que no... te gané...– le sonríe de vuelta agradeciéndole con la mirada su intento por reconfortarlo – cuida mucho a nuestro pequeño

– Lo haré... y tú lo harás conmigo por que no te vas a morir ¿oíste? No te vas a morir... – acariciando su rostro y dejándole sin querer una mancha de su misma sangre.

– Te amo...

– Yo también te amo... pero por favor no lo digas como si fuera la ultima vez – se inclina un poco sobre ella, casi con temor besó sus labios fríos con un tierno roce

– No estés triste Shun, Yeiden y tú son lo más increíble y hermoso de mi vida y me hicieron muy feliz... lamento que ya no voy a poder estar con ustedes.. y que no podré ver crecer a mi pequeño... – empezando a llorar sin darse cuenta de en qué momento las lágrimas comenzaron a caer. Eso fue suficiente para que Shun se quebrara por completo. Quiso decirle algo pero el nudo en la garganta se lo impedía – No llores – levanta su mano temblorosa para acariciarle la mejilla – tienes que ser fuerte por Yeiden... se que tú lo cuidarás bien... pero... los voy a extrañar...

La abrazó con todas sus fuerzas mientras lloraba con ella, el dolor que sentía no se podía comparar con nada, la estaba perdiendo y no podía hacer nada para evitarlo. Trataba de no llorar y ser fuerte para ella pero simplemente no podía contener ese sentimiento. El viento azotaba sus cuerpos mientras una ligera llovizna empezaba a empaparlos. June miró al niño una vez más con ternura mientras se aferraba a Shun y luego... cerro los ojos. Él seguía diciéndole que estuviera tranquila, que todo iba a estar bien... pero se separó levemente al sentirla demasiado quieta entre sus brazos.

– ¿June? – pronunció apenas en un hilo de voz, mirándola detenidamente, buscando algún indicio de que lo estaba escuchando – ¿June?... – volvió a llamar aún sabiendo que no recibiría respuesta – no... por favor... por favor... – Su cabeza se ladeó ligeramente muestra de que había perdido toda fuerza. La abraza apoyando su frente contra la de ella – no te puedes morir, te necesito aquí conmigo, despierta por favor... ¡June!

EN LA ACTUALIDAD

Una lágrima cayó desde su mejilla hasta la tierra. Se encontraba de rodillas apoyando sus manos en el suelo sintiendo su corazón estrujarse de tan sólo imaginar lo que Shun debió haber sentido en ese momento al perder a June y al niño al mismo tiempo. Fue entonces que entendió su proceder y por qué aquel día le dijo que el que debería haber muerto era él. Eso le había dolido en el alma pero no lo culpaba por reaccionar de ese modo. Sintió hervir la sangre al ver a la deidad sonreír disfrutando su sufrimiento.

– ¿Cómo fuiste capaz de hacerle eso tan cruel?… obligarlo a decidir entre ella y yo… – dijo enfurecido a pesar de sus lágrimas y encendiendo su cosmo de fuego – …y aunque no renunció a ninguno e hizo todo lo posible por salvarnos… ¡Aún así te la llevaste!

– Si me preguntas, no sé porque rayos se empeñó en salvarte – dijo ella mirándolo con desprecio – estás vivo ¿Y qué? Lo primero que hiciste fue dejarlo sólo sin siquiera despedirte de él, sin importarte lo que estaba sufriendo ¿Y dices que la cruel soy yo, Ikki?

– ¡Cállate! Nunca te perdonaré por haber jugado así con sus sentimientos – sin pensarlo la enfrentó sin medir las consecuencias

– ¡Espera Ikki! – Hyoga se levantó como pudo e intento detener al fénix

– Tú nunca aprendes ¿Cierto? Tendré que matarte entonces ¡Prepárate para sufrir!

Sus ojos centellan mientras prepara su ataque, Ikki estaba muy herido pero eso no le importaba, iba a concentrar todo su poder para acabarla… más de pronto sintieron un enorme cosmo provenir de algún sitio. Ella sonrió...

– Lo encontré – Sin decir más desapareció.

– ¿Que está pasando? – dijo Hyoga mirando a las guerras dispersarse en dirección al sur.

– Ese cosmo… – susurró Ikki tratando de recordar – ¡Yeiden!

Sin pensarlo corrió en dirección de donde provenía esa energía pero alguien se plantó frente a él de repente y lo atacó para detenerlo.

– ¡Espera, fénix! No dejaré que lo hagas… no sin haberme escuchado antes

– ¿Tú? – siseó con desprecio mientas se ponía en pie

– Nemain ¿Qué es lo que está pasando? ¿Porque me trajiste aquí y luego te fuiste? – cuestionó Hyoga poniéndose a la defensiva un tanto desconfiado. Ikki se sorprendió.

– ¿Cómo es que la conoces? ¡Es una maldita!

– Tranquilos – sacando el dije que solía ser del fénix – quiero ayudarlos.

Continuará…