Capítulo 14:

Día de furia.

No puedo creerlo. Llevo muchísimo rato aquí. Sentado en la cuneta. Sin importarme nada más que la rabia y la impotencia. Pateé y golpeé con los puños, todo lo que se puso en mi camino y al menos por un rato la cantidad creciente de andrógenos que circulan en mi sangre parecen haberse calmado.

Sé que he hecho una rabieta de campeonato, recuerdo con vergüenza.

Todos estos días, sobreviviendo en este cuerpo con la esperanza de volver pronto, muy pronto a mi forma normal… se me ha caído el mundo en pedazos.

"Debes asumir tu género de momento, hasta que podamos hacer algo"

¡Maldito anciano obsoleto! ¿Cree que es muy fácil? ¡Tanto esperar al viejete para que luego me dijera tan calmado que no había precedentes, por tanto, ¡debería "quedarse e investigar mi caso"!

Ardientes lágrimas de ira y de angustia se me escapan sin poder contenerlas.

La gente al pasar me mira con curiosidad, pero al ver mi expresión feroz de animal peligroso herido, se alejan con rapidez. Es lo mejor. Hasta yo sé que en este estado no soy buena compañía.

Pateo un contenedor de basura y este se tambalea y rueda, volcando su contenido.

Recuerdo la cara de los Kou. Taiki, incrédulo de que su "ídolo" no supiera que hacer; Yaten, ausente de todo, a lo más, una ligera sorpresa en el alzamiento de una de sus cejas; Seiya… ella sufriendo en silencio ser la culpable y no poder hacer nada… ¡nada!

Tal vez fui muy duro con ellos. Supongo que en mis primeras misiones como Sailor Moon también metí la pata. ¡Pero nunca convertí a nadie en un fenómeno! ¡Deberían tener más cuidado con los poderes esos que tienen! Al menos ella no ha corrido tras de mí. Sé que no la habría tratado bien, y me avergüenza un poco, tan sólo pensar en la posibilidad de haberla lastimado.

Seiya…

Miro mis manos. Los nudillos están sangrando.

-¿Tienes problemas, amigo?

Dirijo la vista hacia arriba y la persona que menos esperaba ver siguiéndome, está frente a mis ojos. La brisa agita un poco su coleta. Su figura algo delicada y menuda a veces despierta algunas burlas, que suele compensar con un carácter de perros o simplemente pasar de todo.

Su rostro es harina de otro costal. Demasiado hermoso para ser hombre. ¡Es guapísimo! Sus enormes ojos del color del musgo húmedo, su nariz respingada y su barbilla pequeña le dan un aire de ensueño, si no fuera por su eterna expresión fruncida, como de estar sintiendo olores molestos o pasando un aburrimiento mortal.

Sin embargo ahora, una leve sonrisa pugna con dificultad por asomar a su rostro. Termino por calmarme, tan conmovido y sorprendido estoy por su preocupación.

-Supongo que no quieres volver al departamento para que te laves "eso", rezonga.

Después de un rato, sacando un pañuelo, se sienta a mi lado y me venda la mano con él.

Yo miro para otro lado, intentando esquivar la incomodidad natural de este cuerpo de ser tocado por otro hombre.

-Gracias. Musito. Mi garganta está enronquecida y reseca.

Yaten no habla demasiado. Sólo lo he visto soltar discursos cuando está demasiado molesto por algo. Son pocos los temas que lo entusiasman en realidad. Por ello me extraña tanta cortesía.

-¿Porqué…?

-Mira, Tsukino… No voy a juzgarte por la bronca de hace un rato... Sólo quería pedirte que no trates mal a Seiya. Ella es muy sensible, tú sabes, como son, las chicas y sus cursilerías…

Debo haberlo mirado con cara de pocos amigos, porque se corrige.

-O sea, tú eras chica y todo eso, pero la enana es un caso especial, no sé si me entiendes… se desdice, manoteando – Ella cree que hay algo bueno en el interior de cada persona, que todos los problemas tienen solución, siempre está alegre y rebotando como una insoportable pelota de colorines, pero… A pesar de que Taiki y yo tratamos de aterrizarla todo el tiempo, generalmente, es ella la que nos contagia su entusiasmo, y desde que cometió ese error contigo, ella…

En resumen, (trata de explicar, mesándose los cabellos plateados) no queremos que su entusiasmo se apague, ¿entiendes eso?

Todas las estrellas brillan, pero de una manera compleja de explicar…

-…Ella brilla aún más. Completo la frase, sorprendidos ambos, sobre todo yo mismo.

-No se lo digo nunca, pero la quiero mucho, agrega, incómodo. Mientras se pone de pie, concluye: ¡Si le cuentas algo de esta conversación, iré por ti y te mataré!

-¿Tú y cuál ejército? Me ha logrado sacar una sonrisa. Hace el amago de lanzarme un golpe y yo, gracias a la práctica con mi hermano, lo esquivo con facilidad, seguimos por un rato, hasta que rodamos por el pasto y decidimos dejar las cosas en un empate pacífico por un momento. Tumbándonos a contemplar las nubes de cara al cielo en medio del Parquecito.

Yaten no es mal tipo. Gruñón, quejón, inconformista y todo… pero ahora puedo ver lo mucho que quiere a la estrellita boba. A su manera. Y a mi manera, yo también la aprecio.

-Muero de hambre... filosofa el tipo de pelo plateado a mi lado, con la cabeza apoyada sobre los brazos. ¿Quieres ir por una pizza? Hacen unas bastante pésimas, pero comestibles, en un bistró por aquí cerca.

Con extrañeza, descubro que hace un buen rato hay un agujero negro del tamaño de Tokyo en medio de mi estómago.

Y contrario a sus presagios, las pizzas están riquísimas. De pollo, nueces y crema la una, y mozarella, aceitunas y champiñón la otra. Hasta competimos por quien come más.

-¡Si hubiera estado Seiya aquí, seguro te gana!

-¡Imposible! ¡Si yo le ganaba a todas mis amigas!

-¡La enana es un pozo sin fondo! Come más que Taiki… replica con la boca medio llena.

-¡No te creo! Le doy un codazo intentando coger la última rebanada.

En eso nos quedamos mudos al ver a Mina pasar por fuera del local y mirarnos alucinada. Lleva un bonito vestido celeste de vuelos y fruncidos que le llega a las rodillas, sandalias de medio tacón y el cabello recogido con una cinta, con es su costumbre. Se queda pegada como mosquito en el vidrio con la boca medio abierta, luego, recomponiéndose, saluda y sigue su camino ruborosamente.

-Creo que le gustas, me da un codazo con malicia.

-¿¡A Mina!? ¡Pero si nos conocemos de toda la vida! ¡Es una de mis mejores amigas!

-Pero antes no eras chico, me replica con cara de hablar con un discapacitado mental.

-¡Qué lío! Me revuelvo el cabello con preocupación, sacudiendo mi coleta rubia. -¿Y si eres tú el que le gusta? Pregunto esperanzado.

-No es mi tipo, dice Yaten con una mueca.

-Dudo que alguien sea "tu tipo" ¿Una diosa, tal vez?

Rie un poco ante mi ocurrencia.

-No lo sé, tal vez no he conocido a la indicada.

-Alguien que te cure la amargura… una chica con una dulzura tan infinita que tenga suficiente para los dos, le musito batiendo las pestañas con fingida coquetería.

-¡Otro comentario de esos y te parto en dos! Dice lanzándome un golpe de karate al hígado.

En eso veo que las meseras nos miran sonrojadas con ilusión, como si fuéramos una parejita de chicos de esas Yaoi. ¡Jesús! ¡Nada más equivocado! Me digo apartándome un poco del platinado hermano de Seiya.

-Bueno… no la pasé tan terriblemente mal contigo… me siento culpable de haber rezongado tanto cuando Taiki me lo propuso, Él debe haber sufrido más en este rato, atendiendo al Supervisor Estelar y consolando a la muñeca, dice Yaten rascándose la nuca.

-A estas alturas ya debe estar de apoyapiés del viejo, desviviéndose por atenderlo… sonrío de mi propia ocurrencia, - lo que me recuerda ¿Podrías darles mis disculpas? Creo que mañana después de clases me dejaré caer por su casa para que el Anciano me estudie, agrego levantando los hombros con resignación.

-Ok, Tsukino. No vemos en la escuela.

-Hasta mañana.

Un movimiento de mano y una sonrisa leve que queda flotando en el aire, mientras se aleja con la coleta al desgaire.

Algo tienen esas estrellas Kou que se hace difícil detestarlas por mucho rato, incluso a Yaten.

Continuará ^_^