Como un No muerto has vivido, como un Elegido fuiste seleccionado por tus defectos y virtudes, como Cazador te adaptaste al ambiente y como un Héroe serás recordado por tus acciones desinteresadas a lo largo del trayecto.
¡Ohayo!, bienvenidos todos a un nuevo capítulo de esta historia. Estoy consciente de que casi un mes fue la ultima actualización, pero créanme que si hubiera tenido oportunidad lo hubiera subido antes pero no se dio la oportunidad. De cualquier manera perdónenme y le mando un gran saludo a "jimsop098" que comentó en el anterior capitulo.
Tambien le mando un saludo especial a "konohasharingan" y que por favor a todos los que no lo conozcan, háganse el favor a ustedes de leer sus historias que sencillamente son fantásticas, créanme que no se arrepentirán. Un salido y Animo con tus historias.
1)*(LUGAR-TIEMPO)*
2)-Dialogo-
3)*Pasamiento o acción*
4) (Pensamiento de Masasin)
Disclaimer: Fairy Tail y sus personajes son propiedad de Hiro Mashima, por lo cual escribo sin lucro alguno.
CAPITULO 13: Distintas Metas
A penas Erza abrió las puertas del gremio de Mermaid Heels con una leve sonrisa emocionada para luego ser recibida por un grito.
-¡ERZA-NEE!-, exclamó Milliana con emoción y alegría mientras se lanzaba a brazos de la pelirroja que consideraba una hermana mayor tomándola por sorpresa. La castaña como si fuera un gato restregaba su cabeza en el pecho de Erza mientras que esta le sobaba la cabeza con calma.
-Hola Milliana, ¿Cómo estás?-, preguntó Erza con una sonrisa calmada y serena mientras veía a su buena amiga, la cual levantó la mirada con una gran sonrisa alegre.
-¡Ahora muy bien, vine con la maestra Diana y ahora tengo la oportunidad de enseñarte el gremio!-, respondió Milliana con mucha emoción mientras se separaba de Erza y señalaba todo el interior de Mermaid Heels con los brazos extendidos.
Ya antes el gremio de chicas era muy lujoso, pero cabe decir que a causa de la importante cantidad de ingresos que habían obtenido como premio en los grandes juegos mágicos, se amplió el tamaño del gremio, la calidad de todos los muebles y el ambiente en si se había hecho más refinado y caro para las señoritas que lo integraban.
Erza veía algo asombrada el refinado ambiente del gremio de chicas, podía afirmar sin duda que superaba en elegancia y clase al gremio de Blue Pegasus. Luego de inspeccionar lo suficiente, Erza dirigió su mirada hacia su querida amiga Milliana.
-Bueno, es cierto que nunca he venido a Mermaid Heels, pero eso tendrá que esperar, necesito hablar con la maestra Diana-, dijo Erza con calma mirando a Milliana dejando cualquier asunto a parte y nada más enfocándose en comenzar su entrenamiento con Diana lo más pronto posible.
-Ella está en su oficina en estos momentos, está en el segundo piso-, contestó Milliana algo extrañada mientras apuntaba al segundo piso del gremio.
Erza sonrió con emoción para después dirigirse hacia las escaleras no sin antes sobarle el cabello a Milliana.
-Gracias, nos vemos después Milliana-, se despedía la pelirroja con una mirada amable y calmada para después seguir su camino hacia el segundo piso del gremio. Milliana por su parte se despidió con la mano en alto para después volver a su mesa con sus amigas.
*En la Oficina de Diana*
Una vez que Erza subió al segundo piso del gremio, se aceró a la puerta de la oficina de la maestra pelinegra y con leve suspiró para tranquilizarse decidió entrar.
-Buenas maestra Diana, ¿está aquí?-, preguntó Erza con sutileza y una leve sonrisa mientras abría un poco la puerta y asomaba su cabeza adentro solo para quedarse impactada.
Dentro de la oficina estaba Diana en su asiento reclinable con un peluche con apariencia de Natsu entre sus brazos abrazándolo con cariño y aprecio como si fuera su tesoro.
La pelinegra al oír la voz de Erza se detuvo en seco para después fijar su mirada en la entrada donde se podía ver a la pelirroja amiga de Natsu. Erza con una sonrisa nerviosa saludó con la mano a Diana mientras que esta tan solo soltó un suspiro fastidiada.
-Uff, ¿Por qué nadie se molesta en tocar la puerta?-, se preguntó así misma Diana con notable molestia e irritada con esas repentinas intrusiones a su oficina sin primero avisar. Luego con calma se recompuso en su asiento mientras guardaba su peluche Natsu en una de las gavetas de su escritorio.
-L-Lamento la interrupción, ¿v-vuelvo más tarde?-, dijo Erza con algo de nervios y leve sonrojo en sus mejillas mientras que en una pequeña parte de su mente deseaba tener ese peluche de Natsu.
-Ya no importa, pasa de una vez y cierra la puerta-, ordenó Diana con una mirada desinteresada e irritada mientras que entrelazaba sus manos sobre el escritorio esperando que la pelirroja tomara asiento.
Erza algo incomoda por la tensión entró por completo a la oficina, cerró la puerta tras de sí y luego se sentó en una silla delante del escritorio de Diana, la cual se encontraba viéndole con una mirada seria y minuciosa.
-¿Qué necesitas Erza?, no creo que hayas venido aquí sin un propósito-, preguntó Diana de manera directa yendo de una vez al punto de la visita de Erza. La pelirroja por su parte se calmó y luego suspiró para estar tranquila como usualmente era.
-Pues me preguntaba si me podía entrenar lo suficiente como para tolerar el entrenamiento de Kagura-, respondió Erza con tranquilidad viendo a Diana, la cual al escucharla levantó una ceja intrigándose ante tan absurda petición.
-¿A qué viene esa petición?, ¿no es muy rebuscado ese procedimiento?, quieres que te entrene para un entrenamiento-, interrogaba la maestra pelinegra con algo de incredulidad mientras que trataba de encontrarle sentido a la cuestión.
-Es que Kagura me dijo que si quería entrenar con ella debía hacerme más fuerte para soportar su enseñanza, por lo que me recomendó venir con usted-, contestaba Erza con relativa calma y un semblante tranquilo mientras estaba quieta en su silla mirando a Diana.
Diana al oír a Erza cambió su expresión a una irritada y enojada mientras miraba hacia otro lado bufando leves insultos. La pelinegra se cruzó de brazos mientras seguía mascullando distintas palabras en voz bajas que no eran audibles para Erza que le veía con una gota en la nuca.
-Esa niña, piensa que me puede mandar a la competencia para acá para que las entrene?-, se preguntaba Diana con notoria irritación mientras insultaba a la mocosa pelimorada que no tenía suficiente con tener a Natsu y Zoe, sino que le mando a una de las aspirantes para que le entrenara.
Erza se intrigó ante las palabras de Diana y ladeó la cabeza levemente hacia un lado.
-¿Competencia?, ¿A qué se refiere?-, preguntó Erza con intriga mirando a Diana, la cual al recordar que la pelirroja estaba allí le volteó a ver con enojo y fastidio.
-No te hagas la tonta, es evidente que te quieres hacer fuerte para llamar la atención de Natsu en los grandes juegos mágicos-, acusó la maestra Diana cruzada de brazos dando justo en el blanco sorprendiendo a Erza, la cual se quedó paralizada con su cara tornándose roja para que después de sus orejas salieran altas cantidades de humo.
Se quedó así unos segundos hasta que por fin despertó sacudiendo un poco sus manos en su regazo mientras que le sonreía con nervios a Diana, la cual le veía con una expresión pasiva y calmada sabiendo perfectamente que sus sospechas eran acertadas.
-¿P-Pero qué le hace pensar eso?…-, preguntó Erza con una sonrisa nerviosa y temblorosa mirando a Diana tratando de aparentar que lo dicho no era cierto, cosa que causó que la maestra sonriera de lado mientras que posaba su mentón sobre sus dos manos.
-Ya tu reacción lo admitió todo, no es necesario que lo ocultes, no se lo diré a Kagura-, dijo Diana con una leve sonrisa maliciosa y divertida de lado disfrutando de la vergüenza y nervios de la gran Titania, la reina de las hadas de la cual Natsu ha contado muchos halagos y cumplidos relacionados con su presencia y calma.
Erza se relajó un poco reconociendo que era inútil ocultarlo ya, pero era un alivio que la pelinegra no le fuera a contar a Kagura, Erza no estaba para nada preparada para esa situación si llegaba a ocurrir de verdad.
-¿C-Como lo supo?, ¿es muy evidente?-, preguntó Erza con más calma y algo de vergüenza mientras que miraba con algo de disimulo a la maestra Diana.
La pelinegra tan solo asintió levemente para después recostarse en su cómodo asiento de cuero que se inclinó un poco para atrás.
-Vaya que si, por lo menos para mí que siempre estoy detrás de Natsu, a decir verdad no eres la única que va a por él-, contestó Diana con una leve sonrisa divertida viendo a Erza mientras se cruzaba de brazos pensando en el número de chicas que estaban interesadas en su amado Natsu.
Erza al oír las palabras de Diana ensanchó los ojos y algo dentro de ella hizo se activó haciendo que su atención se desviara hacia esas supuestas chicas que también estaban enamoradas de Natsu.
-¡¿En serio?!, ¡¿hay más chicas?!-, preguntó Erza sorprendida y muy intrigada mientras se paraba de su asiento para poner sus dos manos sobre el escritorio exigiendo respuestas a Diana, la cual se divirtió al ver su reacción y cubrió su risa con una mano sutilmente.
-Las cosas son así, estoy yo de primera siendo la más cercana a conseguir su amor- dijo la pelinegra con una sonrisa orgullosa y con aires de importante mientras se cruzaba de brazos y cerrada los ojos. Erza por su parte se sentó en su silla mientras veía con una leve sonrisa y una gota de sudor en la sien a Diana.
-Después están las aspirantes como tú y otras cuatro de tus amigas, aunque antes me fije que una se había rendido, puede que algo le haya pasado-, prosiguió Diana abriendo los ojos y apuntando a Erza para después tornarse pensativa recordando cuando vio por última vez a esa chica castaña que bebía mucho.
Si no mal recordaba ella se llamaba Kana, de cualquier manera desde que llegaron de Tenrou ella había estado viendo muy seguido a Natsu pero después de algunos días su mirada cambió a ser más nostálgica y deprimida que enamorada como había sido antes. Eso solo podía significar para Diana que ella que se había rendido con Natsu y que trataba de lidiar con eso.
-¿Entonces tres de mis amigas están enamoradas de Natsu?-, se preguntó así misma Erza con seriedad mientras miraba su regazo y se tomaba el mentón con una mano tratando de pensar en cual chica estaría interesada en el pelirosa con morado.
La verdad es que ahora que se daba cuenta, varias del gremio podrían estar interesadas en Natsu a excepción de Levy y Juvia que ya tenían pareja. El pelirosa desde siempre ha sido el alma apasionada y expresiva de Fairy Tail, era normal que atrajera la atención de algunas hacia él.
-Bueno, también hay que contar a varias chicas de Mermaid Heels y una gran cantidad de chicas en todo el continente, pero era de esperar de alguien tan fuerte y guapo como lo es Natsu como el primer mago santo-, comentó Diana con una sonrisa fantasiosa y con un brillo en sus ojos pensando en Natsu, esto captó la atención de Erza quien ahora también consideraba eso.
No había que olvidar que Natsu bien podría ser el maestro de un gremio más joven del continente y también era el primer mago santo, o por decirlo con más impacto era el dios de Ishgar más fuerte e influyente. Era cosa fácil para la prensa el hacer que todas las jóvenes del país lo pusieran en un altar y cayeran hechizadas.
-S-Supongo que tiene sentido si lo pone de esa manera-, dijo Erza con un poco de enojo controlado y con los ojos cerrados sin poder tolerar que toda esa cantidad descomunal de chicas tengan sus ojos puestos en su Natsu, es decir… es su mejor amigo.
-Bueno, pues ya puedes irte-, decía Diana con una leve sonrisa tranquila mirando a Erza mientras que se recomponía y apuntaba la salida para sorpresa de Erza.
-¡Espere!, aun quiero que usted me entrene-, exclamó Erza con decisión en su mirada mientras miraba a Diana, la cual le veía con una leve sonrisa calmada y divertida.
-¿Por qué debería entrenar a una rival en el amor?, eso solo me traería problemas a mí-, respondió Diana con sencillez y con su leve sonrisa superior mientras que comenzaba a enredar su sedoso y suave cabello negro con un dedo. Era estúpido pedirle ayuda a alguien de la competencia que buscaba lo mismo: el amor de Natsu.
-Independientemente de que quiera enamorar a Natsu, quiero participar en los grandes juegos mágicos para dejarle en claro a todos que yo y los demás de Tenrou hemos vuelto con la cabeza en alto-, replicó Erza con cierta enojo y firmeza mientras que formaba un puño al frente suyo con una mirada determinada, cosa que solo causó que Diana con una leve sonrisa diera un flojo silbido pretendiendo estar asombrada.
-Algo muy noble sin duda, pero tendrás que decir algo mejor si quieres convencerme-, dijo Diana con calma y una mirada expectante mientras que con una mano en su mejilla miraba con condescendencia a la pelirroja, la cual apretó los dientes y agachó la cabeza.
-Y-Yo…yo…-, decía Erza con algo dificultad mientras miraba hacia abajo con sus ojos siendo cubiertos por la sombra que hacia su cabello y sus puños recogidos contra su pecho como si tratara de decir algo importante.
-¡Quiero demostrarle a Natsu y al resto del continente que Erza Scarlet ha vuelto para ganar!-, exclamó Erza con fuerza y levantando su mirada revelando sus hermosos ojos ardiendo en convicción y seguridad mientras que apretaba sus puños hacia el suelo sacando a relucir su objetivo.
Ella quería entrenar y hacerse fuerte no solo para proteger a sus amigos de otro posible ataque de Acnologia, sino para demostrarle tanto al continente entero como a Natsu que Erza Scarlet había vuelto para ganar, ya sea en una competencia con sus amigos o en el amor del maestro pelirosa.
Diana al oír la respuesta de Erza sonrió con emoción y sin malicia mientras que se paraba de su asiento captando la atención de Erza.
-Eso está mucho mejor, no vale la pena luchar contra alguien que no tiene sus objetivos claros-, dijo la pelinegra con cierta emoción y alivio viendo a Erza mientras ponía ambas manos en su cintura. No iba a ayudar a alguien que a simple vista no parece tan decidida, sin embargo ahora que vio la determinación de Erza podía permitirse la molestia de entrenarla por unos cuantos días.
-¿Entonces eso significa que acepta entrenarme?-, preguntó Erza con una alegre sonrisa viendo a Diana recibiendo un leve asentimiento de esta.
-Pues supongo que sí, pero solo por unos pocos días, si en ese tiempo mejoras o no depende de ti-, respondió Diana con una sonrisa de lado mientras le extendía la mano derecha a Erza, la cual vio esto con una sonrisa decidida y segura.
-Muchas gracias Diana-Sensei-, agradeció Erza con una mirada feliz y agradecida mientras le estrechaba la mano a la maestra de Mermaid Heels que a partir de ahora sería su maestra. Ambas chicas se quedaron viéndose por unos segundos hasta que Diana recogió su mano con calma.
-Comenzamos ahora mismo en el bosque, quiero ver cuánto aguantas el primer día-, declaró Diana con una leve sonrisa serena mientras que comenzaba a rodear su escritorio para dirigirse a la salida. Al llegar a la puerta volteó a ver a Erza con una sonrisa de lado esperando que la pelirroja cumpla con sus expectativas.
-No la decepcionare, puede apostarlo-, respondió Erza con una leve sonrisa determinada mientras que apretaba un puño al frente suyo con convicción y seguridad en sí misma.
Luego siguió a su nueva maestra afuera de la oficina para ambas encaminarse hacia el lugar donde antes Kagura entrenó su magia Dragon Slayer y donde Natsu entrenó su magia de Gravedad. Básicamente irían a ese campo de entrenamiento improvisado que actualmente era toda una planicie algo quemada por culpa de la pareja.
*Con Laxus en su entrenamiento*
Volviendo a Magnolia, nos encontramos en el bosque de las cercanías de la casa de Natsu. El cielo se mantenía algo despejado mientras que el imponente sol era cubierto por una gran nube pasajera.
En la sombra de un inmenso árbol estaba sentada Yui con calma mientras que comía sutilmente un panecillo de chocolate que había traído consigo en su cesta. La peliverde se encontraba apreciando el hermoso paisaje que se le presentaba mientras que a su lado estaba un cansado y terco rubio inconsciente.
Ese no era otro que Laxus, el cual en su entrenamiento con Yui se había llevado más allá de sus límites y cayó rendido presa del cansancio físico y agotamiento mágico. Sorpresivamente sus prendas solo estaban algo rasgadas y sucias, puede ser a causa de que no había tenido que enfrentarse contra la joven peliverde alumna de Natsu.
Luego de unos segundos la nube que cubría al sol se trasladó revelando a la incandescente luz de la estrella. Ese aumento de luminosidad golpeó el rostro del dormido Laxus que no estaba acobijado por la sombra del gran árbol, puesto que Yui lo arrastró allí apropósito.
El rubio con algo de dificultad se fue despertando hasta que volvió en sí y comenzó a inspeccionar su entorno con calma.
-Entonces ya estas despierto-, dijo Yui con una linda sonrisa viendo a Laxus mientras terminaba de masticar el panecillo de chocolate que le dejó unas pequeñas migajas alrededor de su boca.
El rubio con calma le vio y se señaló la boca indicándole a Yui que tenía migajas allí, la peliverde al notarlo se avergonzó un poco y se limpió mientras que Laxus se recomponía sobándose la cabeza algo adolorido.
-¿Qué fue lo que pasó?-, preguntó Laxus con algo de dolor mientras volteaba a ver a la adolescente peliverde, la cual le volteó a ver con una mirada algo molesta e irritada.
-Te excediste como sueles hacerlo y caíste sin energías, de verdad que no escuchas a la razón-, respondió Yui con algo de enojo mientras desviaba la mirada recordando que antes le había ordenado al rubio que no se excediera con el consumo de su magia. El resultado por desgracia no fue que el rubio acató la orden y se detuvo, por el contrario tan solo se esforzó más y se desmayó abruptamente.
Laxus al recordar la sucedido se quedó con una mirada seria y pensativa hacia el césped en el cual estaba sentado mientras que pensaba en el esfuerzo que ha estado poniendo en sus nuevos ataques y en la nueva forma de transportarse que había aprendido de Yui, pero que aún era muy difícil asimilar para él.
-Sabes, la forma en la que has estado transportándote hasta el momento no es muy diferente a como lo hago yo o Natsu-Sensei-, comentó la peliverde con calma mientras miraba de reojo al rubio que tenía las manos en su cabeza sumergido en sus pensamientos. El rubio al escuchar a Yui observó atentamente una de sus manos.
-Si es diferente, antes utilizaba mis rayos para movilizarme como cuando aparecí frente a Hades en la isla Tenrou para ayudar a los demás, pero ahora no sé cómo explicarlo, es como si yo fuera los rayos en sí-, explicó Laxus con una mirada seria viendo su mano derecha para después hacerla un puño causando que leves rayos le rodearan levemente para luego parar.
-Es porque la diferencia es que nos mentalizamos para ser nuestro elemento y que cualquier ataque sea una extensión de nuestro cuerpo, tenemos más control sobre nuestros cuerpos que sobre un ataque independiente-, explicaba Yui con una leve sonrisa mientras alzaba la mirada al radiante sol que formaba parte de la magia que controlaba. Su relación con la luz solar es esencial en su desempeño en combate, por lo que debía de estar profundamente familiarizada para sacarle su máximo provecho a esa luz.
Laxus se sorprendió ligeramente ante las astutas palabras de la chica peliverde. Captó la idea de lo que le quería decir Yui y tan solo la volteó a ver con tranquilidad llamando su atención.
-Eres muy lista a pesar de que no lo parezca, ¿Acaso Kagura se encargaba de enseñarles a ustedes?-, preguntó Laxus con una leve sonrisa serena viendo a Yui mientras que se hacía a la imagen de que la esposa de Natsu era quien le enseñaba a los cinco alumnos en el ámbito intelectual mientras que Natsu los entrenaba físicamente.
-Pues diría que principalmente era Natsu-Sensei quien nos enseñaba lo que sabemos actualmente, siempre nosotros cinco teníamos competencias por ver quien sorprende a Kagura-Sensei con nuestros avances por lo que no le pedíamos ayuda-, respondió Yui con una sonrisa nostálgica mirando el suelo mientras recordaba las clases que les impartía su maestro y como los cinco se esforzaban para sorprender a Kagura con su conocimiento adquirido.
Eran buenos momentos aquellos, principalmente Nidus, Thria y Yui eran los que más resaltaban en ese aspecto mientras que Selene y Zeth se esforzaban por no quedarse atrás. En momentos como las comidas o descansos cada uno le contaba a Kagura lo que habían aprendido y esta les felicitaba con una cariñosa sonrisa. De alguna forma todos ellos buscaban el reconocimiento de una madre, y esa misma aura era el que emanaba de la esposa de su maestro que podían considerar como un padre para ellos.
-Aun así ella siempre que podía nos apoyaba y explicaba las cosas que no entendíamos, hasta en una ocasión regañó a Natsu-Sensei por darnos temas muy complicados, jeje-, prosiguió la peliverde con una sonrisa divertida para después cubrirse con una mano unas leves risas recordando la vez en que Kagura al ver uno de sus exámenes se quedó algo confusa sin entender del todo. Ante esto confrontó a Natsu regañándolo por hacer que ellos siendo tan pequeños vean temas tan difíciles para su edad.
-Seguro deben atesorar todos esos recuerdos, son algo muy valioso que los une-, comentó Laxus con una leve sonrisa mirando a la peliverde para después recordar algunos momentos de su pasado. Momentos que paso con su abuelo, situaciones en las que Natsu y Gray peleaban mientras que Mirajane y Erza se insultaban como era usual en aquel momento.
Si bien era algo así como el mayor de entre ellos, recordaba todas esas cosas con alegría debido a que los consideraba todos ellos como familia. Ya ni entendía que demonios estaba pensando cuando organizó esos estúpidos juegos para tomar el control del gremio. Da igual el reconocimiento que tuviera Fairy Tail con tal de que siguiera siendo el mismo gremio que atesoraba.
Fue un alivio que con todo lo que sucedió y todo lo que hizo antes de que su abuelo Makarov le llegara a expulsar, llegó Natsu rodeado de las vendas y yesos de su batalla. Entró balbuceando incoherencias que no eran entendibles, hasta que llegó Gajeel de traductor y tradujo que Natsu perdonaba a Laxus por todo lo ocurrido, él tan solo quería ayudar al gremio con su estúpida manera pero sus intenciones en el fondo eran buenas. Estas palabras conmovieron a Makarov y con algo de duda decidió suspender a Laxus por unas semanas hasta que recibió permiso para volver en los exámenes de clase S donde sería un evaluador.
-No sé si es un buen momento para preguntar, pero… ¿Cómo fue que conociste a Natsu?-, preguntó Laxus con algo de intriga mientras miraba a la alumna de Natsu que se encontraba viendo el hermoso cielo. Yui al escuchar al rubio le volteó a ver algo incrédula para después mostrarse algo nerviosa.
-Huh, n-no sé si vale la pena escucharlo, es algo muy aburrido la verdad-, decía Yui con una sonrisa nerviosa mientras que sudaba un poco tratando de que el rubio pierda el interés. No es que fuera algo humillante pero hablar de su infancia no era algo de lo que le gustaría hablar, más que nada porque su versión pequeña era muy tímida e inocente.
-Me interesa saber, no es como si me fuera a burlar o algo parecido-, dijo Laxus con calma y una sonrisa de lado mirando a Yui para que esta le contara su historia. Ella se lo pensó por unos segundos con algo de duda para después suspirar resignada.
-S-Supongo que contarlo no hará daño… está bien-, accedió Yui con algo de inseguridad mientras que se relajaba y cambiaba su expresión a una más serena mientras elevaba su vista hacia el cielo azul.
-Todo comenzó hace 7 años…-, dijo Yui con calma y una leve sonrisa comenzando con el relato mientras que Laxus le escuchaba atentamente con una expresión tranquila.
Flashback
Hace 7 años en un prado o planicie verde algo quemado a mitad de la noche, nos encontramos con una pequeña Yui de 9 años de edad. La pequeña niña con su largo cabello verde suelto vestía un bonito vestido de encajes blanco algo sucio mientras sollozaba triste en completa soledad.
La pequeña peliverde acababa de despertarse allí en un lugar desconocido para ella sin la compañía de su querida madre, la cual era la dragona del sol Seliaris que le había criado desde que tenía memoria.
De un momento a otro se despertó y al buscar a su madre dragón sin ningún resultado comenzó a llorar. Lo único que llevaba consigo era una pequeña bolsa de tela que adentro contenía una libreta extraña.
-*Sob sob*, Mama…¿Dónde estás?-, preguntaba Yui con tristeza viendo a su alrededor mientras que las lágrimas seguían saliendo de sus lindos ojos verdes para después llevarse las manos a la cara.
-Seliaris, p-por favor vuelve conmigo, *Snif*-, imploraba la niñita peliverde con toda su alma mientras que tallaba sus ojos y recogía sus piernas contra su pecho esperando volver a estar acobijada en el caliente pelaje de su madre dragón.
Así pasaron los minutos, que después se convirtieron en una hora. La pequeña Yui ya parecía haber expulsado toda lágrima de sus ojos y ahora estos estaban algo rojos junto con la nariz de la pobre niña.
Se levantó de donde estaba sentada para volver a echar un vistazo a su alrededor logrando visualizar que a lo lejos había un bosque algo tenebroso a causa de la oscuridad. Antes de decidir quedarse donde estaba su estómago soltó un pequeño gruñido exigiendo alimento.
-Tengo hambre-, decía Yui con algo de incomodidad y con unos ojos tristes mientras se llevaba sus pequeñas manos hacia su estómago. Luego levantó su vista al cielo decepcionándose de que sea de noche, pues no podría comer los rayos del sol.
-No es de día, v-voy a tener que buscar comida-, dijo la pequeña niña con algo de inseguridad y miedo mientras volteaba a ver el bosque tenebroso en cual posiblemente haya comida.
La peliverde tomó la bolsa que le dejo su madre y con miedo comenzó a caminar hacia el bosque que había avistado. Se adentró con temor y prudencia estando atenta ante cualquier movimiento o sonido que sus sentidos pudieran percibir.
Su trayecto no fue largo, puesto que a los pocos metros de haber entrado logró ver que en la rama de un árbol colgaba un jugoso fruto rojo de gran tamaño. La pequeña niña aun con temor se acercó al árbol para tratar de escalarlo resultando inútil, puesto que no tenía habilidad alguna para hacer esas cosas, si acaso podía efectuar unos pocos ataques de Dragon Slayer del sol.
La niña peliverde temerosa se ubicó debajo del gran fruto rojo para dar unos pequeños saltos tratando de alcanzarlo. Se le ocurrió la idea de impulsarse con su magia, por lo que sus pies descalzos se iluminaron con un tono rojizo y al saltar la pequeña se excedió y termino golpeando su cabecita con la rama del árbol.
La niña se quejó ante el dolor y antes de caer logró agarrar el fruto rojo llevándoselo consigo al suelo. Al momento de la caída ella cayó sobre el jugoso fruto causando que su jugo terminara manchando su vestido blanco y también recubriendo sus piernas y un poco de sus brazos.
-Ow, m-mi cabeza-, se quejaba una pequeña Yui adolorida tocándose la cabeza para después recomponerse viendo como el jugoso fruto estaba aplastado y su vestido manchado por su jugo.
La pequeña estaba por llorar de la frustración mientras apretaba sus puños e inflaba sus cachetes pero un sonido de unos arbustos llamó su atención de inmediato. La pequeña niña dio unos pasos para atrás observando como del arbusto salía un gran lobo negro con una mirada salvaje y enseñado los colmillos.
-P-Perrito, c-cálmate por favor-, pedía Yui con unas leves lágrimas de miedo saliendo de sus ojos mientras que terminaba con la espalda contra el tronco del árbol dado que el lobo le estaba arrinconando.
El lobo negro que fue atraído por el aroma del jugo abrió sus fauces con agresividad para después morder el tobillo izquierdo de la pequeña con fuerza causando que la pequeña niña chillara del dolor para después comenzar a llorar y gritar.
Lágrimas y lágrimas corrían por sus mejillas mientras trataba con esfuerzo que el lobo negro dejara de morderle el tobillo, pero era inútil dado que era un animal salvaje carente control que tan solo buscaba alimentarse.
A los pocos segundos apareció un hombre en la escena que le dio una fuerte patada al lobo en su costado sacándole un chillido de dolor y mandándolo a volar contra un árbol. El hombre pelirosa con puntas moradas veía con furia al lobo para después apreciar que este se largaba cojeando y dolorido.
Natsu con más calma voltea a ver a la niña peliverde que había oído gritar hace nada. Ella estaba llorando desconsoladamente mientras que de su tobillo salía una pequeña cantidad de sangre a causa de la mordida del lobo.
-¡WUAAAAAA!-, lloraba la pequeña Yui a lagrima suelta mientras que tenía sus manos contra su cara presa del dolor de su tobillo. Natsu con preocupación se arrodilla frente a la pequeña peliverde para tratar de tranquilizarla.
-Oye oye, ¿estás bien?, ¿te lastimó mucho?-, preguntó Natsu atentamente y con un tono amable tratando de calmar a la niña mientras estudiaba la gravedad de la herida de la pequeña, la cual asintió con la cabeza sin dejar de llorar.
-Calma no llores, solo mira-, dijo el pelirosa con una sonrisa gentil y alegre mirando a la pequeña para después rodear su tobillo con ambas manos y comenzar a liberar un aura roja carmesí con toques negros que comenzaron a curarle la herida rápidamente dándole a Yui una sensación de protección y calidez.
La sangre cada vez se reducía hasta que dejó de salir dejando ver el pequeño pie de la niña con una pequeña cicatriz en su tobillo. La peliverde ya no estaba llorando y tan solo veía sorprendida su tobillo que ahora no estaba nada lastimado.
-*Snif*, M-Mi pie…-, decía Yui asombrada y con alivio mientras que con una mano se limpiaba las pequeñas lagrimas que tenía en sus ojos. Natsu por su parte al ver que dejó de llorar, sonrió con alegría y satisfecho de haber ayudado a la pequeña.
-Ya está bien, ¿verdad?-, preguntó Natsu con un tono amable y gentil mientras que captaba la atención de la pequeña Yui, la cual levantó su vista hacia él para asentirle con algo de timidez que a ojos de Natsu fue tierno.
-¿Estás sola?, ¿y tus padres dónde están?-, preguntó el pelirosa con un poco de intriga y una leve sonrisa mientras que con un dedo limpiaba una lagrima en la mejilla a la peliverde que ya se estaba calmando.
-*Snif*, N-No encuentro a mi mama, e-ella desapareció-, respondió Yui con algo de tristeza en su tono mientras que veía al hombre que le acababa de salvar y parecía liberar un aura caliente y protectora al igual como lo hacía su madre Seliaris.
-No te preocupes, cuéntame como es y te ayudo a buscarla-, dijo Natsu con una alegre sonrisa llena de calidez mientras se paraba del suelo y se señalaba así mismo con un pulgar, causando que Yui se aliviara de haber conocido a alguien tan amable que le ayudara en la búsqueda de su madre.
-E-Ella tiene unas largas y bonitas alas, es muy grande y-y también puede comer los rayos del sol-, describía Yui con un pequeño brillo en sus ojos mientras que se paraba sin dificultad dado que su tobillo no le dolía nada. Natsu le fue oyendo con calma mientras que ambos caminaban hacia el despejado prado en el cual la pequeña había despertado.
-Espera un momento, ¿tu mama es una dragón?-, preguntó Natsu con una sonrisa alegre y calmada viendo a la pequeña peliverde a su lado, la cual al recordar esa palabra señaló al hombre mientras asentía rápidamente.
-S-Si, Seliaris la dragón del sol, ¿la has visto?-, preguntaba Yui con mucha intriga y con los ojos iluminados esperando que el pelirosa con morado conociera el paradero de su madre dragón.
Natsu le miró con nostalgia y una leve sonrisa para después arrodillarse frente a ella para sobarle con delicadeza su verde y lacio cabello. Sentía una fuerte presión en el pecho cada vez que encontraba a otro niño en las mismas condiciones que él hace años, él comprendía la preocupación y el miedo que ellos deben tener y lo que les hacía falta era alguien en quien confiar y apoyarse.
-Me gustaría decirte que si pero me temo que no-, respondió Natsu con una mirada gentil y una sonrisa reconfortante causando que la pequeña Yui agache la cabeza decaída y decepcionada.
-Si te hace sentir mejor no eres la única que perdió a su padre dragón, yo también-, comentó Natsu con calma mirando a Yui mientras se señalaba así mismo captando la atención de la niña peliverde que se sorprendió.
-¿En serio?, ¿Cuándo te pasó?-, preguntó Yui con curiosidad mientras que levantaba la vista sorprendida al pelirosa que ahora que se daba cuenta tenía un aroma familiar similar al de un dragón. Natsu con una leve sonrisa divertida le asintió mientras paraba de sobarle la cabeza.
-Fue hace varios años, también a dos amigos míos y a uno de mis estudiantes-, respondió Natsu con calma y tranquilidad mientras que se refería a sus amigos Gajeel y Wendy con sus padres Metalicana y Grandeeney, y también a su alumno Zeth y su padre Diamondia.
Yui se quedó pensando en las otras personas que estaban en la misma condición que ella. Ahora se preguntaba dónde pueden estar todos esos dragones y sobre todo si su madre Seliaris estará bien donde sea que este.
-No tienes por qué preocuparte por ellos, estoy seguro que algún día los encontraremos, hasta ese momento debes hacerte fuerte para mostrarle lo bien que has estado-, dijo el pelirosa con una gran sonrisa emocionada y alegre para darle valor a la pequeña niña que necesitaba su incentivo para seguir adelante.
-N-No se utilizar bien mi magia Dragon Slayer del sol-, respondió Yui con algo de tristeza mientras inflaba sus mejillas y agachaba la mirada recordando los pocos entrenamientos de su magia.
-Lo único que tengo de recuerdo de Seliaris son estos papeles-, dijo Yui con algo de tristeza mientras buscaba en su bolsa la libreta que le dejó Seliaris para mostrársela al hombre pelirosa que le salvó.
Natsu ya había vivido esto 4 veces anteriormente, ya sabía perfectamente que esa libreta tendría información con respecto al debido entrenamiento de la pequeña. Ahora había unas dudas, ¿acaso Igneel, Grandeeney y Metalicana eran los únicos que no se molestaron en prepararles algo como eso?, ¿o es que acaso la coincidencia hace que los 5 niños que se ha encontrado tuvieran esos padres planificadores y anticipados?.
-Entonces tú también eres una maga Slayer, ¿quieres que yo te entrene?-, propuso Natsu con una leve sonrisa gentil y alegre mirando a la peliverde. Ya si tenía cuatro no tenía problema con tener cinco, eso de ser maestro le calzaba bien y la satisfacción de ver su avance era inigualable.
Poco a poco en el horizonte se comenzaban a visualizar los primeros rayos del amanecer que comenzaban a iluminar la zona de entrenamiento de Natsu y Kagura en el bosque cerca de Mermaid Heels.
-¿E-Entrenar?-, preguntó Yui con algo de timidez y nervios mientras se encogía de hombros sin saber que responder ante la repentina proposición. Natsu sonrió feliz y divertido mientras le asentía a la pequeña Yui.
-De esa manera no estarás sola, tengo unos cuatro alumnos que estarían encantados de tenerte como amiga-, contestó el pelirosa con alegría y emoción pensando en que todos sus alumnos le recibirían con gusto. Todos se habían adaptado bien y se llevaban bien entre ellos, no tendrían problemas en tener una compañera nueva.
-¿E-Está bien que yo sea su alumna?-, cuestionó Yui con inseguridad y duda en su tono pensando en que no era merecedora de recibir tanta amabilidad por el amable pelirosa que le había salvado la vida.
Natsu le asintió con emoción para después agachar la cabeza y estirarle la mano como si estuviera ante una princesa causando que la pequeña niña se confunda y se ponga nerviosa.
-Por supuesto, de esa manera todos nos ayudaremos para que algún día encontremos a nuestros padres, ¿me permites el honor de darte un hogar y una familia en quien confiar?-, preguntaba Natsu con un tono educado y cálido mientras que aún tenía la mano extendida hacia la niña peliverde, la cual con alegría y felicidad le dio la mano al pelirosa aceptando su generosa oferta.
-¿Cuál es su nombre señor?-, preguntó Yui con una linda sonrisa viendo a Natsu, el cual se puso de pie con una gran sonrisa alegre soltando la mano de su nueva alumna peliverde.
-Mi nombre es Natsu Dragneel, ¿y el tuyo pequeña?-, respondió Natsu señalándose con un pulgar para después preguntar el nombre de su nueva alumna.
-Mi nombre es Yui Kuroshi, Natsu-Sensei-, respondió Yui con una feliz y linda sonrisa a la generosa persona que sería su maestro a partir de ahora. Tenía suerte de haber sido salvada por él y que este le ofreciera un hogar y amigos, seguramente se llevaría bien con su madre Seliaris que era muy amable también.
-Es un bonito nombre-, dijo Natsu con una deslumbrante sonrisa mirando a su alumna para después darle la espalda a ella y dar unos pasos hacia adelante intrigando a Yui.
Luego Natsu se agachó mientras que ponía sus manos detrás de su espalda causando que Yui no entienda que estaba haciendo. Natsu con una leve sonrisa mira por encima de su hombro a su alumna peliverde.
-Ven, vamos a casa, estoy seguro que debes estar cansada y hambrienta-, comentó el pelirosa con gentileza y calma mirando a Yui causando que esta se sorprendiera. Luego con timidez y algo de pena se acercó a la espalda de su maestro para después ser cargada por él, ya el sueño le estaba ganando y el hambre tan solo le agotaba más pero la espalda de su maestro liberaba un calor similar al de Seliaris que le calmaba.
-¿Segura que no te duele el tobillo?-, preguntó Natsu con calma mirando de lado a su alumna en su espalda mientras caminaba en dirección al gremio de Mermaid Heels en el cual estaban Kagura y sus alumnos esperándole, pues habían quedado la noche anterior en llegar al gremio temprano para comer y luego irse a Magnolia.
-Segura, ya no me duele más… ahora estoy bien-, respondió la pequeña y tierna Yui con una leve sonrisa y con los ojos cerrados mientras que poco a poco caía dormida en la cálida espalda de su maestro.
-Me alegro mucho-, dijo Natsu con una leve sonrisa cálida y gentil para después seguir caminando con su nueva alumna dormida en su espalda.
Menos mal que había salido del hotel a dar un paseo nocturno y allí había podido escuchar los gritos de Yui para salvarla, quizás las coincidencias que hacían que encontrara a un nuevo alumno eran demasiado convenientes, pero a quien le importa con tal de que todo termine bien.
Fin del Flashback
Una vez que la peliverde terminó de contar tanto ella como Laxus se quedaron en un cómodo silencio acompañado por el sonido de las hojas del árbol siendo movidas por la refrescante brisa de esa soleada tarde.
Yui veía el cielo azul con una mirada melancólica y nostálgica mientras que internamente agradecía el hecho de haber podido conocer a su maestro, a Kagura, a sus mejores amigos, a los miembros de Fire Tail y Mermaid Heels y por supuesto a los magos de Tenrou que habían vuelto.
Laxus por su parte estaba con una leve sonrisa mirando el césped pensando en cómo Natsu, a quien consideraba un hermanito pequeño haya sido el motor que cambio la vida de sus cinco alumnos tan drásticamente a como lo es actualmente, y no solo a ellos, también a todos en el grupo de Tenrou y la gente a su alrededor, no era una exageración decir que Natsu tenía esa habilidad para cambiar las cosas a mejor.
-Ese seguro que es el Natsu que conozco, siempre se ha guiado por su corazón-, comentó Laxus con una sonrisa de lado mientras levantaba su mirada al cielo captando la atención de Yui, la cual con una linda sonrisa le asintió concordando.
-Supongo que Natsu-Sensei siempre ha sido así, eso me alegra debido a que gracias a eso yo pude conocerlo a él, a Kagura-Sensei y a mis amigos-, apoyó Yui con calma mirando como el sol era cubierto por una pequeña nube mientras pensaba en que le debía tanto a su maestro que nunca se lo podría llegar a pagar.
-Bien dicho, ahora si te parece ya podemos seguir-, dijo Laxus con una sonrisa emocionada mirando de reojo a Yui para después ponerse de pie con nuevas energías para reanudar su entrenamiento donde se había quedado.
-¿Estas decidido a participar en los grandes juegos mágicos, verdad?-, preguntó Yui con una leve sonrisa divertida viendo la determinación del intimidante rubio que en realidad era más amigable de lo que parecía.
-Pues claro, estoy ansioso por demostrarles a todos que nosotros estamos de vuelta, y que lamentaran menospreciarnos o meterse con nosotros-, respondió Laxus con una sonrisa de lado llena de convicción y algo de agresividad ante aquellos que osen alzarse contra su gremio y su familia.
Yui se quedó viéndole algo sorprendida por el hecho de que esas palabras hayan salido de su boca. Laxus al ver que la peliverde se quedó callada se comenzó a sentir algo ridículo y le volteó a ver un poco avergonzado.
-Eres tal cual como Natsu-Sensei nos contó, aunque no lo parezca siempre antepones a tu familia ante todo-, dijo la peliverde con una sonrisa divertida y alegre mirando a Laxus recordando los cumplidos que decía su maestro sobre el rubio que consideraba un hermano.
Laxus se apenó al oír esas palabras y tan solo chasqueó con la lengua mientras desviaba la mirada tratando de evitar que la alumna de Natsu le viera la cara. Luego apretó los puños y se dirigió caminando hacia donde entrenaba dándole la espalda a Yui.
-D-De cualquier manera continuemos de una vez-, decía Laxus algo molesto dándole la espalda a la peliverde queriendo continuar con su entrenamiento para hacerse más fuerte para los grandes juegos mágicos.
Yui asintió con determinación y se paró del césped no sin antes tomar dos panecillos de chocolate de su cesta. El rubio quizás tenia bien clara su meta por hacerse fuerte por su gremio, por lo que le ayudaría en lo posible para también mejorar ella, ambos tenían algo en común y es que ambos lucharían por proteger a sus seres queridos.
La peliverde se le adelantó a Laxus no sin antes dejarle algo en la mano al rubio, el cual miró que en una de sus manos había un panecillo de chocolate. Luego alzó la mirada para ver como la peliverde seguía caminando hacia la zona de entrenamiento. Laxus sonrió de lado y le dio un mordisco al postre para después seguir a la alumna de su amigo pelirosa.
*Con Natsu y Kagura en un Parque*
En otro lugar en la zona central de la ciudad de Magnolia, nos encontramos en un hermoso y amplio parque familiar bien cuidado y hermoso. El césped estaba bien cuidado, los arboles daban cobijo a las familias en su sombra, el resplandeciente sol permanecía en el cielo y algunos niños jugaban felices en la zona de juegos.
Allí en ese parque estaban Natsu, Kagura y su hija Zoe en un pequeño paseo. Los dos padres se encontraban sentados en un banco mirando felices como su pequeña niña estaba jugando con su pelota rosada, o más concretamente la elevaba en el aire con magia de gravedad.
-La ciudad está tranquila como siempre-, dice Natsu con una leve sonrisa feliz viendo el panorama del parque a su alrededor. No había signos de alborotos ni destrucción por parte de ladrones, contrabandistas, caza recompensas ni tampoco un gremio oscuro, era completamente apacible.
-¿Y tú que esperabas?, es la ciudad donde está el primer mago santo y maestro de Fairy Tail-, comentó Kagura con una linda sonrisa algo divertida mientras volteaba a ver a su esposo. Había que ser muy valiente o muy estúpido para ir a causar problemas en la ciudad de Natsu Dragneel.
Natsu al oír a la pelimorada comenzó a reír un poco apenado mientras se rascaba la cabeza pensando en que la fama de mago santo que no deseaba al final se volvió ventajosa a su favor.
-No pensé que obteniendo esa fama causaría que no hubieran casi problemas-, respondió Natsu con una leve sonrisa y con sinceridad viendo a Kagura mientras pensaba en las muchas veces que rechazó el puesto de mago santo. Menos mal que el consejo había insistido, puesto que sin ese título quizás las cosas en Magnolia podrían ser más caóticas.
-Pues para suerte de nosotros es así, de esa manera Zoe puede crecer sin problemas-, dijo Kagura con una expresión contenta y cariñosa mientras giraba su vista hacia su pequeña Zoe alegre que estaba elevando su pelota rosa en a varios metros del suelo siéndole mucho más fácil que una gran roca.
-Eso no significa que no deba preocuparme por tu sabes quienes-, dijo Natsu con una mirada seria y fría mientras que dirigía su mirada hacia su pequeño milagro pensando en unos enemigos de los cuales todo el tiempo debía estar atento, dado que están en todos lados.
Kagura al escuchar a Natsu se mostró algo afligida y preocupada mirando a su pequeña recordando momentos que han marcado a Natsu y a ella muy profundamente.
Ahora con la pequeña y tierna Zoe en la zona de juegos. La linda niña había dejado caer su pelota por un descuido y esta se alejó un poco llegando a los pies de un niño pelinegro que estaba cerca de los columpios.
-¿Me pasas mi pelota por favor?-, preguntó Zoe con una linda sonrisa y con las manos detrás de su espalda mientras se acercaba al niño desconocido, el cual al verla se sorprendió y luego observó la pelota rosada a sus pies.
-C-Claro, tómala-, respondió el niño con una sonrisa algo nerviosa mientras que le daba la pelota a la tierna Zoe que la tomó con calma.
Luego Zoe con felicidad estaba a punto de darse la vuelta para ir con sus padres pero de la nada se acercan otros dos niños emocionados.
-Oye, ¿quieres jugar con nosotros?-, preguntó uno de los niños con cabello café con una gran sonrisa queriendo jugar con la linda niña de cabello bicolor. Zoe al escucharle le prestó atención con una expresión curiosa.
-Sí, nos hace falta un jugador-, apoyó otro niño pero con cabello rubio mientras se acercaba a Zoe con los brazos en el aire queriendo que Zoe se una a su juego de las atrapadas. Zoe que tenía su pelota rosa en sus manos se mostró algo dudosa mientras hacia un mohín e inflaba las mejillas pensando.
-¿Están seguros?-, preguntó la linda y tierna Zoe a los tres niños que insistían en que se uniera al juego. Luego los tres niños se quedaron paralizados con expresiones de terror en sus rostros mientras miraban a alguien detrás de Zoe.
Ese no era otro que Natsu que estaba de brazos cruzados y las piernas algo separadas en una posición imponente e intimidante mientras que tenía una sonrisa macabra y sádica. Sus ojos reflejaban la locura, la desesperanza y el miedo además de destellar instintos asesinos mientras emanaba un aura de muerte alrededor de si solo perceptible para los pequeños niños.
Kagura al ver a Natsu allí, se giró a ver a su lado en el banco preguntándose en qué momento fue que se movió. Luego volvió a girar a donde estaban Natsu y Zoe y se percató de que los 3 niños estaban temblando de miedo ante Natsu.
-¡M-MAMAA!-, gritó uno de los niños mientras se largaba llorando desconsoladamente con su mami. Los otros dos no se quedaron atrás y le siguieron corriendo con todas sus fuerzas mientras lloraban de miedo.
La linda e inocente Zoe por su parte ladeó su cabeza hacia un lado preguntándose porque los niños le alejaban corriendo mientras que su padre veía orgulloso como los mocosos se alejaban de su pequeña ángel.
Kagura no pudo evitar reír un poco ante esto mientras se cubría la boca con sutileza. Luego se paró de su asiento para dirigirse caminando hacia su esposo sobre protector y su angelical hija.
-Parece que hace un momento te referías a otros peligros-, comentó Kagura con una linda sonrisa divertida mientras se acercaba a su esposo e hija atrayendo la atención del mayor que le volteó a ver.
-No dejare que nadie me quite a mi pequeña-, respondió Natsu con una mirada molesta y decidida dispuesta a proteger a su pequeña niña de quien sea del género masculino que no conozca él. No permitiría ni en un millón de años que alguien tuviera el descaro de acercarse a su pequeña para corromperla haciendo que ella comenzara a decir mentiras, que comenzara a ocultarle secretos a papa, a mostrarse rebelde, a odiar a papa cuando el solo se preocupa por ella, a robar y al final su pequeña será solo un ángel caído por culpa de un estúpido mocoso que no conoce su lugar.
-Papa, ¿por qué esos niños se fueron corriendo?-, preguntó Zoe con inocencia y con unos tiernos ojos curiosos mientras que se giraba a ver a su papa que estaba detrás suyo. Natsu se mostró feliz e inocente mientras se inclinaba para sobarle el cabello a su niña.
-Eso es porque no sabían cual es su lugar cariño, aun estas muy pequeña para comprenderlo-, respondió Natsu con una gran sonrisa alegre mirando a su hija pelirosa con morado. Luego Kagura con una leve sonrisa tomó de la oreja a Natsu mientras miraba a Zoe.
-También es porque papa es demasiado sobre protector, acuérdate de que en algún momento va a tener que hablar con otros niños que no sean Romeo-, dijo Kagura en un susurró en el oído de Natsu mientras que este le seguía sobando el pelo a Zoe.
-Nuuuuncaaaa…-, respondió Natsu sonriente en un susurró solo audible para el súper oído de su esposa Dragon Slayer y no para el normal oído de Zoe que aún no tenía los súper sentidos de un Dragon Slayer.
-Papa es gracioso, ¿quieres jugar conmigo papa?-, preguntó Zoe con una linda y deslumbrante sonrisa llena de pureza mientras que le estiraba su pelota a su padre pelirosa, el cual le sonrió con cariño y alivio de que aun sea su pequeña niña.
-Me encantaría, ¿te parece si mama se une al juego?-, preguntaba Natsu con una sonrisa paternal y cariñosa mientras que acercaba a Kagura rodeándole la cadera con un brazo tomándola desprevenida.
-Sí, si ella se une será más divertido-, aceptó la pequeña Zoe con una adorable sonrisa mirando a sus dos padres para después ir dando saltitos al césped donde jugaría con sus padres.
Tanto Kagura como Natsu se quedaron observándola con unas cariñosas y felices sonrisas preguntándose si de verdad merecían tener a tal milagro como hija. Desde el día en que ella nació sus vidas habían estado llenas de sonrisas y un amor incomparable, esa pequeña les había hecho los padres más felices del mundo con una sola sonrisa en el momento en que nació.
-Que papa más aterrador le tocó a Zoe-, comentó la hermosa Kagura algo divertida ante la actitud de su esposo con respecto a que un inocente niño se acerque a Zoe. Seguir de esa manera tan solo causaría que todos los niños le temieran a ella para no encontrarse con Natsu.
-Eso ni se acerca a lo que puedo llegar a ser si alguien la hace llorar-, contestó Natsu con una sonrisa aterradora rechinando los dientes mientras se sonaba sus puños y despedía un aura intimidante y amenazadora dispuesto a matar al desgraciado que se atreva a hace llorar a su pequeña.
Kagura con una cariñosa sonrisa viendo a su esposo le abrazó con fuerza tomándolo desprevenido.
-Lo sé, y por eso es que te amo-, dijo la hermosa y amorosa pelimorada con una linda sonrisa para después besar la mejilla de Natsu, el cual sonrió con calma para después darle un beso en la frente a Kagura.
Zoe a lo lejos les llamaba a ambos mientras que elevaba y bajaba su pelota rosada con magia de gravedad. Natsu y Kagura al verla sonrieron felices para después mirarse con amor.
-Nos está esperando nuestra pequeña ángel, ¿vamos?-, decía Natsu con una sonrisa alegre y emocionada a su esposa mientras le ofrecía la mano. Kagura sin esperar ni un segundo le dio la suya con una leve sonrisa amable.
-Si-, aceptó ella con alegría para luego ambos ir en dirección hacia su pequeño milagro que les esperaba con una gran sonrisa emocionada y entusiasmada por jugar con sus padres.
Puede que hubieran varios peligros amenazando esos momentos que podían pasar en familia. Pero Natsu y Kagura harían todo lo imposible para conservar una sonrisa en el lindo rostro de Zoe. Ya sean niños, ladrones, asesinos o desquiciados genocidas de otras especies, no habría cosa que ellos no combatirían por asegurar que su niña tuviera un hermoso futuro.
*En un lugar Desconocido*
En un gran salón de paredes y techo hechos de ladrillos negros, nos encontramos ante 5 siluetas misteriosas que eran visibles dentro. En medio del gran salón había una larga mesa elegante con 6 sillas a su alrededor, más adelante habían unos escalones que llevaban hasta un trono en el cual estaba un ser allí sentado.
De los altos y visibles ventanales de los laterales entraba la luz del sol iluminando todo el recinto a excepción de la zona del trono dejando la apariencia de quien estaba sentado en completo misterio.
4 de los seres que estaban en el salón estaban sentados alrededor de la gran mesa mientras que uno se encontraba recostado contra una de las paredes con los brazos cruzados. Los seres en el salón no eran ordinarios y menos podían ser considerados humanos a pesar de que su apariencia así lo sugiriera.
-Ese inútil está tardando demasiado-, dijo un joven de cabello azul de puntas hacia atrás con un tono egocéntrico y burlón mientras estaba sentado con los pies encima de la mesa y con ambas manos detrás de su cabeza.
Expresión arrogante y pedante, tez pálida, unos ojos azules y los colmillos prominentes, vestía un pantalón de mezclilla azul, una apretada camisa negra con azul mientras que encima llevaba una chaqueta de cuero negro que le llegaba nada más hasta el ombligo, además de que lleva unas botas de cuero con púas. En su cuello tenía un collar de espinas de acero y desde su mentón hasta debajo de su yugular tenía una evidente cicatriz vertical que pasaba por encima de su cuello.
-Déjalo en paz, sabemos perfectamente que él es el más lento del grupo-, dijo un joven pelimorado sentado del otro lado de la mesa con seriedad y una mirada centrada mientras se arreglaba los lentes.
Era un chico pelimorado con el cabello largo que le llegaba hasta el cuello, uno de sus mechones descendía sobre su nariz como una "V". Sus ojos son morados y lleva unos lentes simples de lectura. Su expresión es analítica y seria, viste de un elegante pantalón blanco, unos zapatos elegantes del mismo color, una camisa de botones de color blanco mientras que llevaba encima un saco del mismo color con bordes y detalles morados, también lleva unos guantes de seda blancos, tiene el cuello levantado y una servilleta morada en el cuello bien acomodada de manera elegante.
-¡Independientemente de eso, le avisamos con antelación que debía presentarse puntual!-, reclamó un viejo sentado en una de las puntas de la mesa mientras se paraba furioso para luego golpear la mesa maldiciendo la tardanza de uno de sus compañeros causando que el joven peliazul sonriera divertido.
Era un hombre de edad avanzada y de alta estatura, con un largo cabello blanco que le llega hasta por la espalda amarrado de una cola inferior mientras que tenía una poblada barba blanca. Tenía unas cuantas arrugas en su rostro y su expresión se mostraba madura y diligente, vestía de un hakama gris, unas medias blancas y unas sandalias de madera, también de un Haori negro que desvelaba un poco el fornido torso del hombre, el cual parecía no tener un brazo izquierdo dado que su manga izquierda estaba completamente suelta y vacía.
-Ya cierren la boca todos ustedes, son demasiado escandalosos-, dijo una hermosa y joven chica peliverde con fastidio y desinterés mientras que acostaba su cabeza sobre el estómago de un peluche de un conejo negro sin rostro.
La chica tenía un hermoso cabello verde oscuro ondulado que le llegaba hasta el cuello mientras que dos mechones a los laterales de su rostro descendían hasta por sus pechos y su flequillo tenía un perfecto corte horizontal. Sus ojos eran verdes del mismo color que su cabello, tenía unos pendientes con forma de calavera de color rojo y llevaba un collar de pequeñas cruces plateadas.
La chica tenía una expresión aburrida y desinteresada con su entorno, vestía de unas botas negras hasta por encima de las pantorrillas, unas medias negras que le llegan hasta los muslos, una falda de color negro, una camisa verde oscuro ajustada resaltando sus pechos copa D junto con una gabardina negra de plumas que le llegaba hasta las pantorrillas, también tiene un guante verde en su mano izquierda.
-Concuerdo-, dijo con frialdad y sencillez un hombre misterioso y encapuchado que estaba recostado contra la pared cruzado de brazos captando la atención de los 4 que estaban en la mesa.
Su rostro era imposible de ver como si una gran oscuridad le estuviera ocultando. Vestía unas botas café oscuro de cuero, un pantalón café claro sencillo aunque algo sucio y desgastado, tenía puesto una túnica que le llegaba hasta sus rodillas que cubría sus prendas superiores y su rostro, tenía unos guantes de cuero marrones que le cubrían hasta los antebrazos por encima de un saco de café claro de la misma tonalidad que el pantalón.
La sala se quedó en silencio unos segundos hasta que todos pudieron oír como en el pasillo afuera del salón se escuchaban unos pasos apresurados junto con unos lamentables jadeos de cansancio.
El peliazul se bufó de eso con arrogancia. El pelimorado solo suspiró con seriedad mientras se arreglaba los lentes con los ojos cerrados. Al viejo se le hinchó una vena mientras que su expresión se mostraba más furiosa. La chica no le prestó atención y restregó su cabeza contra la suave textura de su peluche. El encapuchado no hizo ningún movimiento en absoluto.
Por su parte la persona que estaba sentada en el trono entre las sombras levantó una mano con calma para después chasquear los dedos causando que las grandes puertas principales que conectaban con el pasillo fueran abiertas revelando a un chico que al entrar se tropezó torpemente para luego caer contra el suelo.
El chico se veía en realidad joven, no era muy alto, parecía algo torpe a simple vista, además de retraído y tímido. Tiene un cabello rizado de color gris oscuro que le llega hasta el cuello mientras que un mechón resaltaba sobre su cabeza como una antena. Tenía unas pocas pecas en sus mejillas y en su mejilla izquierda tenía una pequeña cicatriz vertical.
El chico peligris vestía de unos zapatos deportivos negros, un pantalón negro elegante, una camisa de botones blanca arrugada, un saco negro con unos parches blancos en los codos, una corbata mal arreglada y un ojo era gris oscuro mientras que el otro era notablemente más claro.
El chico nervioso se paró del suelo rápidamente con movimientos torpes y absurdos para finalmente quedar frente a la mesa sudando un poco y con notorios nervios.
-S-Siento la espera, o-ocurrieron algunos cambios importantes-, decía el chico peligris con nervios y con un tono respetuoso mientras caminaba y se arrodillaba ante su líder que estaba centrado en el trono del salón.
-¡No te atrevas a llegar así frente a Ryuram-sama!-, exclamó el viejo con molestia y furia mientras se paraba de su asiento causando que el chico se asustara un poco y se viera algo intimidado.
-Déjalo pasar Chruz-, ordenó una voz masculina que provenía de las sombras con calma siendo el jefe identificado como Ryuran. El viejo ahora identificado como Chruzle volteó a ver incrédulo y algo nervioso.
-P-Pero Ryuran-sama…-, trataba de responder Chruz algo incrédulo mientras señalaba al chico peligris. Era una ofensa que se mostrara así ante su líder después de haber llegado tarde, por lo que debía ser propiamente castigado, que Ryuran-sama le defendiera era incomprensible.
-Informa Ghio, ¿qué ha ocurrido?-, ordenó Ryuran con su imponente y calmada voz infundiendo poder y respeto en todo el salón mientras miraba al chico peligris identificado como Ghio.
Este con nervios le asintió para después pararse con las manos entrelazadas con inseguridad mientras recordaba el informe que se había memorizado de camino. La antena de cabello en su cabeza se movía de un lado al otro como si reaccionara a los nervios del chico.
-E-Este… ya cumplimos todos los requisitos para que seamos aceptados y n-nuestra participación en los juegos mágicos está prácticamente asegurada-, informó Ghio con timidez y nervios mientras que miraba al lugar del trono que estaba cubierto de sombras.
-Di algo que yo no sepa-, dijo la voz Royuran con serenidad y calma causando que el chico peligris comenzara a sudar temeroso mientras asentía rápidamente.
-L-Los cambios que comente antes son respecto a la alianza de Fairy Tail y Mermaid Heels-, prosiguió Ghio con su informe mientras tocaba las puntas de sus dedos mirando con nervios a su líder mientras que su antena se mostraba agitada. Este comentario atrajo la atención de todos en la sala, la que se mostró más disimulada fue la chica peliverde que tan solo se giró a ver a Ghio.
El peliazul con un chasquido de su lengua se paró de su asiento para después encaminarse hacia un temeroso Ghio. Cuando llegó frente a él con una expresión enojada le tomó del cuello de la camisa para levantarlo con fuerza y rabia
-¿Qué está haciendo ese maldito Shinigami?-, preguntó el peliazul en un gruñido y con molestia mirando a Ghio, el cual sudaba y tartamudeaba patéticamente mientras su antena se movía descontroladamente.
-S-Según mi contacto no han decidido su plantilla debido al regreso de unos miembros que habían desaparecido, b-básicamente que no van a ser sus alumnos completamente como las anteriores veces-, respondía Ghio con notorios nervios decepcionando al peliazul que lo soltó con molestia y un gruñido para después irse a su asiento con las manos en los bolsillos.
-Eso no hace ningún cambio en nuestros planes, da igual quien sea les mataremos con facilidad-, dijo la chica peliverde con indiferencia y aburrimiento también decepcionada de la información con respecto a ese Shinigami pelirosa que no salía de su mente desde hace cinco años.
-Aun así es un factor a tener en cuenta, si estos son más fuertes que sus alumnos entonces pueden presentar un problema-, dijo el chico pelimorado con seriedad y con una mirada analítica mientras tenía una mano en su barbilla pensando en las probabilidades de algún error en su plan con este nuevo factor.
-¡Da igual esa mierda!, ¡hemos esperado 5 malditos años para recuperarnos de las heridas que nos causó ese maldito!, ¡no dejare que nada nos detenga ahora!-, exclamó el impulsivo y enfurecido peliazul con fuerza mientras que golpeaba la mesa con un puño causando que esta se agriete un poco. Aun le dolía la cicatriz que ese maldito le hizo aquel día hace 5 años, todos menos Ryuran habían sido marcados de por vida con alguna perdida o cicatriz a causa de su enfrentamiento con el pelirosa.
-Todos entendemos cómo te sientes Nazgrel, ahora solo podemos esperar la decisión de Ryuran-sama-, dijo el pelimorado con su mirada calculadora y seria mirando al peliazul mientras se llevaba una de sus manos hacia su pecho sintiendo que le dolía enormemente como si hubiese sido ayer su combate contra el Shinigami.
El peliazul al escuchar a su compañero chasqueó con la lengua mientras desviaba la mirada enojado y resignado a contener su descontento. Luego todos en la sala dirigieron sus miradas hacia su líder que permanecía en las sombras en silencio.
-Proseguiremos como lo planeamos, nuestra venganza no se puede prolongar más tiempo-, declaró Ryuran con calma y su voz resonó en todo el salón causando que el peliazul sonriera de lado, el pelimorado se acomodó sus lentes con una leve sonrisa, el viejo asintió con calma, la chica peliverde por unos leves momentos se mostró feliz, el encapuchado no hizo nada y Ghio tan solo se mostraba nervioso.
-Evolucionaremos y gobernaremos así como mi hermano una vez lo deseó-, dijo Ryuran con un tono imponente y autoritario a pesar de su calma mientras que en las sombras se llevaba su mano derecha a su corazón recordando la voluntad de su hermano mayor.
-Tienen permiso para actuar como os venga en gana, al fin y al cabo eso no arruinara la sorpresa-, comentó el líder con un tono calmado y una leve sonrisa en las sombras mientras veía a sus siervos.
Ante esto el peliazul con una sonrisa salvaje apretó los puños ardiendo en emoción por hacer de las suyas a ese maldito Shinigami, la chica por su parte no lo mostró ante todos, pero internamente pensaba en hacer una pequeña visita a ese pelirosa.
Ghio con nervios y duda por su parte presentía que esa venganza contra el Shinigami pelirosa que les dejó vivir era innecesaria. Los 6 siervos con el antiguo líder le habían confrontado hace 5 años y el resultado no fue otro que una derrota con unas grandes pérdidas para ellos.
*Con Erza en su Entrenamiento*
Ahora nos encontramos en el bosque de Crocus donde alguna vez entrenaron Natsu y Kagura y donde actualmente está entrenando Erza bajo la tutela de Diana, la quinta mago santo y maestra del gremio Mermaid Heels.
Desde que Diana aceptó en la mañana entrenar a Erza, han estado entrenando arduamente sin descanso alguno para la pelirroja. Los ejercicios eran completamente físicos para mejorar la resistencia, velocidad y fuerza de la pelirroja.
No hubo piedad ni bondad alguna por parte de Diana y luego de estar horas entrenando ahora estaba Erza acostada en el suelo viendo el cielo de tonalidad naranja y amarillo. Estaba completamente exhausta pero feliz, vestía su hakama rojo y las vendas blancas alrededor de su pecho.
A su lado se acercaba Diana completamente limpia e impecable puesto que no había hecho ni un solo esfuerzo desde que comenzó el entrenamiento. Tan solo daba las instrucciones y las órdenes para que la pelirroja las acatara sin preguntar.
-Aguantas más de lo que esperaba, honestamente pensé que te rendirías a la mitad-, dijo Diana con una leve sonrisa calmada viendo a Erza en el suelo, la cual se encontraba dando bocanadas de aire recuperando el aliento con una sonrisa en su rostro a pesar del sufrimiento que debe estar sintiendo su cuerpo.
-Haa Ahaa, L-Le dije que no le decepcionaría, ¿verdad?-, contestó Erza con una sonrisa alegre y realizada mientras veía a la pelinegra que era su maestra. En solo unas horas había llevado su cuerpo hasta más allá del límite y a pesar de que su cuerpo casi no le respondiera por el dolor, podía asegurar que se sentía satisfecha al solo pensar que se estaba fortaleciendo con semejante entrenamiento.
-Tienes que tener algo en claro, tu principal fortaleza es tu gran determinación para superar tus límites, por lo que asegúrate de no descuidar ese aspecto-, aconsejó Diana con una mirada seria e instructiva mientras apuntaba a Erza. La pelirroja era alguien que sin duda mostraba una determinación inamovible cuando tocaba, si no descuidaba ese aspecto podría lograr lo que sea.
-Gracias por el consejo maestra, créame que estoy muy decidida a seguir superándome-, respondió Erza con una mirada decidida y con una leve sonrisa mientras que con todas sus fuerzas trataba de sentarse con dificultad y dolor en todo su cuerpo.
Diana le miró con una leve sonrisa y con las manos en su cintura para después sentarse con elegancia y delicadeza sobre el césped al lado de Erza que se estaba terminando de acomodar.
-No pienses que por solo tener espíritu vas a enamorar a Natsu, si acaso solo llamarás su atención-, comentó Diana con un tono burlón y juguetón mientras miraba de reojo a Erza causando que esta se sonroje y se ponga algo nerviosa ante sus palabras.
-E-Es algo incómodo hablar de esto con usted-, dijo Erza con un leve sonrojo en sus mejillas mientras que jugaba con sus dedos. Ahora ya no parecía la segura y firme Titania que contaba Natsu, ahora solo parecía otra chica enamorada que se avergonzaba con tonterías.
-No es como si fuera a ser tu cupido ni algo parecido, la que le quitara a Kagura el pelirosa seré yo-, aclaró la pelinegra con una sonrisa de lado mientras sacaba su abanico en un rápido movimiento de manos para después llevárselo a la cara cubriendo su boca con elegancia y porte sereno.
-Entonces ¿Por qué me dijo eso?-, preguntó Erza algo incrédula e intrigada viendo a su maestra sin comprender porque mencionó repentinamente a Natsu y sus chances de enamorarlo.
-Porque no quiero que te hagas ilusiones tan fácilmente, tus tres amigas están dando todo de sí para volverse fuertes pero seguramente piensan en su propia manera para acercarse a Natsu-, respondió Diana con una expresión seria y analítica mirando a Erza mientras cerraba su abanico de golpe para golpear levemente la frente de la pelirroja con este.
Erza se quedó pensativa agachando la mirada hacia su regazo mientras que pensaba detenidamente en lo dicho por Diana. Tres de sus amigas estaban planeando sus propias maneras para enamorar a Natsu y ella por su parte estaba casi en blanco.
-¿Quieres saber quiénes son?-, preguntaba Diana con una leve sonrisa maliciosa y burlona viendo a Erza recibiendo una negativa por parte de esta que tan solo sacudió la cabeza de un lado a otro con calma.
-No, es mejor que no lo sepa, de esa manera ellas y yo estaremos en igualdad de condiciones-, contestó Erza con una leve sonrisa calmada y una mirada tranquila mientras alzaba su vista al hermoso atardecer que estaba aconteciendo. Diana se asombró un poco ante la madurez de la pelirroja y con una leve sonrisa también comenzó a ver el cielo.
Así ambas chicas se quedaron en silencio por unos minutos apacibles y tranquilos. En algún punto Erza bajó su vista para ver disimuladamente a la pelinegra al lado suyo que también buscaba el amor de Natsu.
-¿Cómo es que te enamoraste de Natsu?, si bien recuerdo Kagura nos contó que en un principio te disgustaba-, interrogó Erza con curiosidad e intriga llamando la atención de Diana, la cual al oír la pregunta se puso pensativa por unos segundos hasta que desvió su mirada nostálgica hacia el cielo.
-Bueno, eso era porque no me gustan los hombres en general debido a que son vulgares, bruscos, impulsivos, idiotas y un gran etcétera-, respondía la pelinegra con una leve sonrisa alegre mientras que enumeraba con los dedos de su mano izquierda los defectos de los hombres. Desde siempre había sido alabada por esos simios a causa de su gran belleza y su gran poder como maga, eso causó que su imagen de los hombres se deteriorara mucho.
-No permitiría que una miembro de mi gremio saliera con uno de esos monos, por lo que le rete a una batalla para ponerlo en su lugar-, prosiguió Diana con una leve sonrisa divertida recordando el alboroto que armó para retar a ese mocoso pelirosa que se presentaba como el novio de la pequeña Kagura.
Aun podía recordar como la niña pelimorada le suplicara que parara mientras trataba de contener a Natsu que en el mismo momento había aceptado el duelo sin alguna pizca de miedo o duda.
-Para mi sorpresa él logró vencerme a pesar de que yo fuera un mago santo, eso en definitiva sacudió mi mundo-, comentó la maestra con un tono gentil y suave mientras llevaba su mano a su pecho recordando su sorpresa al ser vencida con algo de facilidad por el pelirosa, el cual al vencerle le ofreció la mano mientras se volvía a presentar como novio de Kagura con una deslumbrante sonrisa que sacudió su corazón.
-Esa extraña sensación que descubrí cuando Natsu me ganó fue muy cálida, por lo que cada vez que iba a visitar a Kagura yo le retaba para verificar si esa sensación era genuina llevándome el mismo resultado-, continuó Diana con una mirada cariñosa y fantasiosa mientras que su sonrisa se hacía más cálida para sorpresa de Erza. Cada derrota que sufría hacia que esa presión en su interior fuera más fuerte y que al ver a Natsu su corazón comenzara a latir rápidamente.
-Sucedió que en algún momento me fije en cómo se comportaba Natsu con Kagura y me di cuenta de que era muy diferente a los demás hombres-, dijo la pelinegra con calma mirando a Erza mientras recordaba el momento en que ella espió a Natsu y a Kagura en una de sus citas en Crocus.
-Era atento, amable, gracioso, caballeroso, honesto y cálido con ella, poco a poco me sentía más celosa por la relación que ellos tenían y me di cuenta de que Natsu es único-, explicaba la maestra de Mermaid Heels con una cálida y gentil sonrisa mirando el cielo mientras que tocaba su pecho pensando en la gran variedad de cosas que hacen a Natsu ser el único hombre que logró robarle el corazón.
-Desde que me ganó por primera vez supe que era diferente a todos los demás hombres que caían enamorados a mis pies como animales, él en cambio solo tenía ojos para Kagura-, dijo Diana con una leve sonrisa agachando la mirada recordando como en toda insinuación que le hacia él le rechazaba sutil y amablemente alegando que su amor era solo para Kagura, puede que esa fidelidad y confianza fueran otros aspectos que le hicieron enamorarse más del pelirosa.
-Creo que sumando todo eso y el hecho de que en más de una ocasión ayudó a salvar mi gremio causaron que cayera enamorada de él-, concluyó la pelinegra con una leve sonrisa feliz mientras que se giraba a ver a Erza que estaba conmovida por la bonita historia de su maestra.
-Entonces es así, casi suena como que ansias tener la misma felicidad que Kagura al lado de Natsu-, opinó Erza con una leve sonrisa mientras que ella se identificaba con lo que acababa de decir, estaba consciente de que sentía celos y que ansiaba estar en la posición de Kagura para disfrutar cada día de la compañía de su radiante y amoroso Natsu.
-Es justamente así, aunque no te confundas, actualmente estoy más feliz que nunca-, aclaraba Diana con una mirada feliz mirando el cielo captando la atención de la pelirroja. Si bien quería tener la misma felicidad que Kagura, aun así no podía negar que sus experiencias vividas eran irremplazables.
-Gracias a Natsu pude abrirme un poco a los hombres y me di cuenta de que aunque eran bruscos e idiotas pueden ser amigables y confiables-, dijo Diana con una leve sonrisa divertida viendo a Erza recordando las muchas veces en las que estaba en un aprieto y Macao, Jet, Droy o Alzack se ofrecían para ayudarle en lo que necesite sin pedir nada a cambio y sin intenciones ocultas.
-También hizo que nuestros gremios estuvieran llenos de risas y peleas en los cuales me divertí mucho-, comentó la pelinegra con alegría recordando las muchas fiestas en las cuales miembros de ambos gremios se reían entre sí con un aura familiar y amigable de camaradería y amistad.
-No puedo decir todo pero si de algo estoy segura es que la presencia de Natsu nos hizo bien tanto a mí como a Mermaid Heels-, concluía su explicación la maestra del gremio femenino mientras que cerraba los ojos atesorado cada uno de sus buenos recuerdos y las gratas experiencias que había vivido gracias a Natsu.
Erza estaba notablemente contenta de haber escuchado todas esas cosas. Ya sea antes o ahora, su amigo pelirosa siempre había mostrado esa capacidad de animar a las personas a su alrededor, que lograra cambiar a mejor la mentalidad de Diana y la relación entre ambos gremios era algo que solo él podía hacer.
-Es sin duda Natsu el único que puede hacer ese cambio en las personas-, comentó Erza con una leve sonrisa feliz y cálida mientras dejaba de ver a Diana para luego elevar su mirada al rojizo cielo.
-No entiendo algo, Bisca me contó que tu amabas a Jellal, ¿Qué fue lo que sucedió?-, preguntó Diana con cierta intriga mientras dirigía su vista hacia la pelirroja amiga de Natsu, la cual al oírle se ruborizó un poco pero se mostraba algo molesta.
-Bisca debe aprender a no decir esas cosas a otras personas-, dijo Erza con una sonrisa molesta mientras se sonaba los puños pensando en que debería darle una pequeña lección a la peliverde. Diana por su parte sonreía con algo de culpabilidad, pues no contó que ella le había sacado la información a base de cosquillas.
-Entonces?…-, llamó Diana a Erza con una sonrisa burlona causando que la pelirroja vuelva en sí y se avergüence un poco.
-L-Lo que sucede es que ya no veo a Jellal de la misma manera, yo le aprecio y admiro mucho dado que lo conozco desde niña y sé que tiene un buen corazón, pero…-, comenzó a responder la pelirroja con un poco de nervios y las mejillas algo rojas mientras que tenía su mirada en su regazo recordando el momento en que Jellal le dio el apellido Scarlet por su cabello.
-Puede que ese amor que yo pensaba que tenía fuera solo una ilusión, puede que porque confiaba mucho en él y porque le admiraba llegue a pensar que lo amaba-, continuó Erza con algo calma y una leve sonrisa mientras recordaba las cosas sucedidas cuando era una esclava junto con Jellal, Milliana, Simón, Wally y Sho. Era sencillo saber que Jellal era el líder y el que protegía a todos allí, era amable y alegre y todos confiaban en él y le admiraban.
-Creo que el cambió sucedió cuando descubrí la relación de Natsu con Kagura, me sentí extraña y empecé a dudar sobre mis propios pensamientos que cada vez eran más confusos y cambiantes-, dijo la pelirroja con una leve sonrisa afligida y vulnerable mientras que sus ojos se humedecían un poco recordando el duro golpe que fue para ella el saber que su mejor amigo todo el tiempo haya estado amando a Kagura.
-Luego recordé todas las cosas que Natsu hizo por mi desde pequeños, me alegró en mis peores días, me retaba a peleas para animarme, luchó por mí en la torre del cielo para salvarme y hacerme entender que tenía que vivir-, continuó Erza con una sonrisa cálida y contenta mirando el cielo mientras recordaba cómo Natsu para salvarla luchó contra Jellal aun si significaba luchar contra un mago santo, puede que Natsu estuviera ocultando su poder pero la intención de salvarla no era ninguna farsa.
-Hemos compartido muchos momentos bonitos y significativos que me es imposible decirlos todos, pero creo que me di cuenta de lo mucho que hizo por mí y lo poco que le reconocí esas cosas-, comentó Titania con una expresión calmada y tranquila recordando lo mucho que había hecho el pelirosa por ella y él nunca pidió reconocimiento, ella por su parte nunca le dio las gracias apropiadamente causando que a día de hoy se arrepintiera.
-Ver que Kagura recibía esa radiante sonrisa y el completo amor de Natsu me dolía en el corazón, no quería ver y me sentía muy triste y después de pensar mucho me di cuenta de que lo que sentía por Natsu era amor, siempre fue amor pero no me di cuenta-, concluyó Erza con una cálida y amable sonrisa recordando el momento en que en la isla Tenrou se había percatado de que lo que sentía por el pelirosa no era otra cosa que amor.
Siempre lo fue y nunca se dio cuenta, desde niños con los pequeños detalles que él le daba, con las continuas peleas que él provocaba para alegrarle, con las veces que él arriesgaba su vida para salvarla, todo el tiempo fue amor.
-La pregunta no era para saber todas esas cosas, pero fue bonito escucharlo-, dijo Diana con una sonrisa juguetona mirando a Erza poniéndola algo nerviosa al ver que se había dejado llevar en su respuesta.
Diana se mostró feliz por la pelirroja y luego se paró del césped llamando la atención de su alumna.
-Párate, vamos a seguir entrenando-, ordenó Diana con una mirada decidida y segura extendiéndole la mano a la pelirroja que seguramente podría por lo menos moverse mejor que antes a causa de ese pequeño descanso.
Erza por su parte se quedó viendo a su maestra y luego esta sonrió de lado con una mirada desafiante.
-Tanto tú como yo tenemos nuestra historia con Natsu y nuestras propias razones para enamorarlo, por lo que demos lo mejor de nosotras para ganar sin resentimientos-, declaró la maestra de Mermaid Heels con emoción y seguridad mientras le seguía ofreciendo la mano a su alumna pelirroja, la cual coincidiendo le asintió para después tomar su mano.
-Sabe maestra, creo que venir a entrenar con usted fue una gran idea por parte de Kagura-, comenta Erza con una leve sonrisa feliz y amable mirando a su maestra mientras esta le ayudaba a pararse.
-Esa mocosa va a tener que cuidar bien de Natsu, porque si no en un descuido cualquier se lo podría quitar-, contestó Diana con una sonrisa de lado mirando a Erza mientras pensaba en que si Kagura ayudaba sin saberlo a las aspirantes entonces eso causaría que cualquiera de ellas tuviera la oportunidad de quitarle a Natsu.
-Estoy lista para continuar maestra-, dijo Erza con una sonrisa decidida y emocionada mientras apretaba sus dos puños preparada para preceder con el difícil entrenamiento de la mujer que tenía como maestra.
*FIN DEL CAPITULO*
Y ese fue el capítulo de esta ocasión, espero que les haya gustado y que dejen un Review con su opinión.
Dure un "poquito" en subir este capítulo pero por desgracia se volvió normal en mí. Dejando eso de lado ya comencé a introducir a los enemigos principales que amenazan la paz, estos participaran en los juegos mágicos en lugar de Raven Tail que fue desintegrado por Natsu.
Ya termine con todos los flashbacks de los alumnos de Natsu. En un principio no pensé que me tardaría tantos capítulos en terminarlos pero ya quedo y a continuar con la historia. La parte que más me gusto escribir fue la de Natsu como papa sobre protector, sin duda yo sería algo parecido si llegara a ser padre y eso es lo que me da gracia.
Espero que la historia hasta el momento sea del agrado de todos y espero que sigan leyéndola hasta el final, yo por mi parte me esforzare por terminarla sin bajar el nivel de la narración, sin más me despido de todos…¡SAYONARA!.
