¡Hola a todos! Aquí estoy con un nuevo capi. Sé que me retrasé una semana, pero ingresaron a mi padre en el hospital y hasta que salga, nos estamos turnando para estar con él. Así que si vuelve a pasar ya sabéis, disculpas por adelantado.
Pero algo más alegre ¡Ya llegamos a 60 review! (Se pone a dar saltos de alegría y a tirar confeti) Soy tan feliz ^^ Nunca pensé que llegaría a tanto.
Disclaimer: Hetalia no me pertenece.
Contestación a los review:
Hinata uzumaki: Gracias por preocuparte, me salieron todos los exámenes de perlas y no te preocupes, estamos a principios de año ¡Quedan dos evaluaciones! Seguro que recuperas ^^
Raito: ¿Puedo acompañarte? (Se empieza a dar cabezazos a su lado) ¡Por qué soy tan cruel!
Aquí está el capítulo que fue escrito tras ver En llamas, acabar el libro de la casa de Hades (Grito de fangirl, dios como amo el percabeth, si es que estar en el tártaro une a las personas) y visitar a mi padre en el hospital (Todo en distintos días, que no tengo el don de dividirme); lo cual ninguna de las tres cosas era como para tirar cohetes de la alegría... ¡Os espero abajo!
Capítulo 14
Cuando Feli cayó al suelo con un ruido sordo no pensé en lo peligroso, inconsciente y precipitado que serían mis acciones. Solo salté fuera de la pequeña habitación al pasillo.
-Feli, bitte...- Me arrodillé a su lado, revisando su cuerpo en busca del lugar del impacto. Suspiré aliviado, aunque la herida impactó en la cabeza, solo había sido un rasguño en términos de naciones; nada que en unas horas no pudiese curar. A pesar de ello, seguía sin despertar. Pero estaba vivo, sumido en la inconsciencia, pero vivo.
-Nunca pensé que te conocería.- Comentó una voz áspera. Recordé la situación en la que me hallaba, la misma persona que había disparado a Feliciano podría hacer lo mismo conmigo.
Giré la cabeza. El ángel de la muerte se encontraba enfrente mío, con una sonrisa fría y cínica en el rostro y los ojos, crueles, inhumanos, brillantes de la expectación de un nuevo conejillo de indias.
Un escalofrío me recorrió, me observaba como si fuera un experimento. Me obligué a mirarle y aguantar estoicamente su mirada.
-Nunca pensé que te conocería.- Repitió tranquilamente como si fuese una conversación con un amigo ausente los últimos años. Obviamente olvidando la parte en la que una pistola me apuntaba directamente a la cabeza.- Os he estudiado durante años, una especie básicamente inmortal, unida a una nación, a sus habitantes. Siempre ansié conocerte, pero nunca me imaginé de este modo. Rescatando a esa inmundicia que no puedo diseccionar en paz por ser "Demasiado importante". La gran Alemania en compañía de... eso- Señaló a Italia con un ademán de su mano libre. Me enfurecí ante sus palabras, nadie despreciaría de ese modo a Italia. Nadie.
-No.
-¿Perdona?- Preguntó.- No te he oído bien.
-Él no es una inmundicia. Es mucho mejor que cualquiera de nosotros.
-¿De verdad? ¿Un ser tan inútil? ¿Incapaz de valerse por sí mismo? ¿Un asqueroso desviado?- Embozó una sonrisa llena de desprecio.- Y tu idea es salvarle ¿No? Me encantaría saber cómo lo harás. Ya me encargado de los otros dos. El traidor y el polaco.
Andrejez y Ulrich. Busqué con la mirada al menor de los dos. Él nunca se hubiese apartado de la puerta.
Solo me bastó un vistazo para localizarle. A unos metros por detrás de Mengele, tirado en el suelo boca abajo. Se agarraba con una de sus manos el costado de donde la sangre había mancahado de rojo su mano. LA herida no le impedía arrastrarse por el suelo despacio, asegurándose de que Mengele no se diera cuenta. Todo para alcanzar la pistola tirada unos metros por delante de él. Intenté decirle "No" con la mirada, mas no me hizo caso. Apretó los dientes y se dispuso a acometer la ardua tarea que se había autoimpuesto.
-No te preocupes, este sigue vivo.- Me informó al notar mi preocupación. Afortunadamente sin darse cuenta de que el origen de dicha preocupación era sus movimientos, no la falta de ella.- No iba a dejarle morir. Nos ha traicionado, debe ser juzgado como el criminal que es.- Su sonrisa desapareció.- Pero nunca imaginé que sería un traidor, aunque debí suponerlo: Siempre fue distinto a los demás, negándose a castigar a los prisioneros infractores o a trabajar en la selección. Pensé que era un niño malcriado de algún general importante, pero ha resultado ser todo lo contrario ¡Hijo de un miembro de las SS! ¡Ja! Dudo que sea quien dice ser. Ya da igual, solo espero que tras el juicio me permitan experimentar con él.
-El otro sigue en la puerta, pero a estas alturas ya habrá muerto. Solo era un polaco más.- Hubiese replicado, pero el arma que me apuntaba me mostraba que era una mala idea. No me importaba quienes eran; Andrejez y Ulrich se habían convertido en los últimos meses en lo más cercano que unos humanos podían ser mis amigos.
Pensé en todas las formas de contraatacar. Era inútil, antes de poder moverme me dispararía. Y ambas pistolas (La de Ulrich y la mía) estaban lejos de mi alcance. Una tirada dos metros por delante de joven alemán. La mía a los pies de Mengele.
-Te gustaría tenerla ¿Verdad?- Exclamó al notar a donde se dirigía mi mirada.- Una pistola para dispararme y acabar conmigo. Toda esa rabia, todo ese odio concentrado en una bala ¿Por qué no permitirlo?
Soltó una risa desgarradora y de un puntapié, me acercó la pistola hasta mis pies. El chirrido del metal al desplazarse por encima del piso resonó por todo el silencioso complejo. Ambos vigilando las acciones del otro cada uno en un extremo del pasillo. Yo sin decidir si agacharme, permitiendo quedarme en una posición aún más vulnerable o seguir de pie impertérrito, sin dar muestras de debilidad. Mengele, en la misma posición con la que le encontré, con una macabra sonrisa que helaba la sangre.
Al fin me decidí. Sin apartar la vista del otro hombre, me incliné despacio hasta la fría pistola. Con una rápida inspección me aseguré del buen estado del arma; no había sido modificada de ninguna forma ¿Por qué me había dado un arma en perfecto estado?
Sin olvidar lo extraño de la situación, levanté el arma hasta apuntar al corazón del otro. Un tiro limpio, que acabaría con su vida al instante. Mengele no sería capaz de reaccionar a tiempo si le disparaba; impediría que dañase a más inocentes; vengaría a Andrejez, Ulrich, Feliciano, a todos los asesinados por sus manos... Entonces... ¿Qué me detenía?
-¿Qué sucede? Dispárame, si lo haces podréis escapar ¿No es lo que deseas? Pero antes de matarme, déjame decirte algo: ¿Acaso has olvidado que si me asesinas, vivirás mi vida? TÚ serás el que dañe a tu amigo, el asesino de esas patéticas criaturas... ¿Serás capaz de vivir con ello?
Intenté apuntar, pero mi mano temblaba demasiado, balanceando la punta de la pistola de un lado a otro. Sujeté con la otra mano la pistola, aun así no conseguí nada. Temblaba demasiado.
Dispararle podía significar nuestra salvación, pero era incapaz de ello. Revivir todo lo que él había hecho en este campamento, transformar a Italia en lo que le habían obligado a convertirse, las torturas, las decisiones, las muertes, los experimentos... ¿Me sacrificaría de ese modo por Feliciano?
-¡Imagínate! Serás quien le dañe, le humille, le maltrate... Tendrás la vida de tanto seres en tus manos ¡Mátame! ¡Descubramos que sucederá si lo haces!- Volvió a reír tétrica, estruendosa y grotescamente. Detrás de él, Ulrich se acercaba poco a poco a su arma, poniendo en peligro su vida para ayudarme.- ¡Transformémoste en la verdadera Alemania! ¡En la Reichskriegsflagge!
Dispararía. Por Feliciano quien había sido torturado, por Ulrich que nunca debió a ser obligado a participar en la guerra y por Andrejez quien había dado su vida en una misión que nunca le incumbió. Por Jakub, Dawid y Adam quienes por mis actos luchaban en estos mismos momentos fuera. Por todos los sonderkommandos cuyo levantamiento había permitido este rescate. Por todos los demás que habían sufrido en la guerra por mi culpa. Por todos los que se habían sacrificado desde el inicio de mi viaje para que llegase hasta aquí.
Si los recuerdos me cambiaban no importaba, si con ello salvaba a Feli y a Ulrich. Sería un precio más a pagar desde el inicio de este viaje.
Cerré los ojos, así con fuerza la pistola entre mis manos...
BANG!
No había recuerdos que revivir, cambios, visiones... ya que yo no había disparado. Mi pistola no había sido la autora del sonido ¿Entonces quién...?
Abrí los ojos al mismo tiempo que el ángel de la muerte caía, con los ojos muy abiertos, incrédulo, sin creerse que realmente le hubiesen disparado. Su caída mostró al artífice del tiro...
-¡ANDREJEZ!
-Por supuesto muchacho. Prometí ser tu guardaespaldas.- Embozó una sonrisa para acto seguido caer al suelo al lado de Ulrich quien a duras penas había conseguido levantarse.
Dudé unos segundos si acercarme o no, no quería dejar a Feliciano solo; pero sabiendo que su herida no era grave y que aquellos dos humanos me habían ayudado demasiado me aproximé a ellos, preocupados por su estado.
-¡No! ¡Iros!- Me paré al oír el grito de Andrejez, instándome a marcharme.- ¡No tenéis mucho tiempo y sé perfectamente que mis heridas son mortales! ¡Ni te moleste en acercarte!
No hice caso a sus palabras, arrodillándome en frente de él. Ulrich, apoyado en la pared y resoplando ruidosamente, nos miraba.
-Nein. Encontraremos la forma de curarte. No has llegado hasta aquí para rendirte.- Mascullé inspeccionando las heridas. Una parte de mí me decía que era inútil, la gravedad de su estado era tal que hiciese lo que hiciese moriría en una o dos horas a lo mucho. Ignoré los pensamientos mientras pensaba en alguna forma de que los cuatro sobreviviésemos.
-Ludwig, déjalo.- Alcé la vista para observar a Ulrich.- Es inútil y lo sabes. Al menos cumple su última orden.
-Hazlo, Ludwig.- Le miré asombrado, él nunca me llamaba por mi nombre humano. Para él era "Muchacho", aunque superase su edad por mucho.- Déjame morir luchando, no desangrándome sabiendo que estoy retrasando a mis compañeros.
"Es la verdad" Resuena una voz en mi mente. Hasta yo mismo lo sabía, solo que no quería reconocerlo. Retiré las manos de la herida y me levanté, quedándome de pie enfrente de él.
-Lo siento. Perdóname por no haber podido salvarte.- Murmuré.
-No es tu culpa muchacho. Todos decidimos nuestro camino. Elegí ayudarte, no como nación, sino como amigo.- Amigos... Nunca pensé que tendría amigos humanos, y sin embargo en este viaje había conocido a muchos que podía considerarles así.- La muerte no es una enemiga, solo un paso más si con ello consigues reunirte por fin con los tuyos. Al igual que tú yo me cegué tanto con la guerra que no me fijé en lo que les sucedía a los que quería y cuando quise darme cuenta era demasiado tarde. No dejes que las decisiones de otros guíen tu vida.
-Lo intentaré.- Contesté. No podía prometerlo, la vida de las naciones dependía de su pueblo, pero nunca más dejaría que me gobernasen como a un títere.
-Eso es lo que quería oír. Y tú, chaval.- Gruñó recostándose en la pared y señalando con un dedo al joven alemán a mi lado.- Me confundí contigo. Pudiste entregarnos o traicionarnos y no lo hiciste. Y ahora ¡MARCHAOS! ¡Voy a enseñarles a esos kraut que hasta herido, un polaco es peligroso!
Cogí a Feli entre mis brazos, alegrándome al notar que su herida había dejado de sangrar. Sin parar a despedirnos, Ulrich y yo corrimos por las galerías dirigiéndonos a la puerta trasera de la instalación, en dirección contraria desde donde entramos.
Si me hubiese quedado un poco más o hubiese agudizado el oído, podría haber oído las últimas palabras de Andrejez, el lobo de Varsovia "Powodzenia, narody. Halinka, mi querida esposa. Anna, mi pequeña princesa. Marek, mi valiente soldado. Pronto me reuniré con vosotros."
Media hora más tarde
No recuerdo todo el trayecto hasta el bosque. Solo que no paramos en ningún momento; alejándonos cada vez más de los barracones, de la revuelta de los sonderkommandos, del humo, fuego y gritos provenientes del interior del campamento; del peso de Italia entre mi brazos; de las indicaciones del joven alemán que nos guiaba...
Tras media hora de correr por el bosque, paramos unos minutos para descansar. Ulrich, agotado, se desplomó apoyando la espalda en un árbol. Yo, por mi parte, al ser una nación mi capacidad de aguante era mucho mayor, seguí de pie, negándome a soltar a Italia un solo segundo, aunque fuese para descansar.
-Sabes que nos siguen.- Asentí, no había que ser muy perspicaz para oír el ruido causado por quienes nos perseguían. No eran muy sutiles. Había sido ingenuo al pensar que Mengele no había avisado a algunos guardas de adónde se dirigía. Debieron ir a investigar al notar que Mengele no regresaba.
-Me alegra saberlo porque yo me quedo aquí.- Contestó cerrando los ojos un momento y apoyando la cabeza en el tronco del árbol. ¿Quedarse? ¿De qué hablaba?
-¿Qué estás diciendo? Levántate, nos alcanzarán pronto.
-Nein. Me quedo.- Abrió los párpados, sus ojos azules llenos de decisión y resolución.- Además, estoy herido. No aguantaré mucho más.- Se pasó una mano por su cabello rubio, tiñéndolo de rojo haciendo hincapié en sus palabras.
Me maldije interiormente al olvidar que estaba herido. Pero si había aguantado hasta aquí, aguantaría hasta el final del trayecto.
-Ulrich, levántate.- Le ordené. Un soldado alemán siempre debe obedecer a su superior- Puede que en esos instantes llevase el mismo uniforme que él, pero seguía siendo su superior y él lo sabía perfectamente.- Ahora.
-Lo siento, herr Kapitän, pero esta vez no puedo.- Sacó su pistola de la funda. Por un momento temí que me apuntase para obligarme a seguir sin él. Fue mucho peor. Apoyó el cañón en su propia sien.- Por última vez, vete.
-Solo dime por qué.- Estaba desesperado, no quería tener más cargos de conciencia. Menos aún, uno que podía ser evitado.
-Tú...-Dudó un momento antes de continuar.- tú entraste en Auschwitz para rescatar a tu amigo. Por la misma razón, no puedo irme. Hay alguien aquí a la que amo.
Recordé nuestra primera conversación, donde mencionó a una chica de la que estaba enamorado.- ¿La chica de la que me hablaste?
-Ja.- Contestó tras dudar unos momentos. Lentamente bajó su arma, alerta por si fuese una trampa y pensase quitarle el arma. No lo haría, con Feli en brazos era imposible lanzarme contra él.
-¿La amas?
Me miró sorprendido por la pregunta, pero contestó sin dudar.- La amo. La protegería con mi vida si hiciese falta. Y eso es lo que haré. No puedo abandonarla.
Sus palabras eran sinceras. Recordé las palabras de Andrejez "Todos decidimos nuestro camino". Era su decisión. Yo nunca hubiese abandonado a Feliciano. Y él a esa chica tampoco. Aunque no la conociera, podía percibir que era importante para él.
-Cuídate.- Me sonaron vacías mis palabras ¿Pero qué más podía decir? Las posibilidades de que sobreviviera eran mínimas y no intervendría en su decisión.- Y si la ves dile que la amas, merece saber la verdad.- Otra frase que tampoco podría cumplirse y tan irónica al ser yo el que pronunciase esas palabras. Sin embargo, este viaje me había enseñado muchas cosas y entre ellas era no dar nada por supuesto.
-Ella me odiará al saber lo que he hecho. Es mejor que nunca lo sepa.
-Si te ama no lo hará. Si Feliciano no perdió la esperanza conmigo, ella tampoco la perderá. Y no debes culparte por las acciones de otros, vosotros me convencisteis de que no debía culparme por la guerra. Tú tienes todavía menos culpas de todo lo que ha sucedido.
-Si... si la vuelvo a ver se lo diré, gracias por el consejo. Y ahora iros, no hemos retrasado demasiado.- Me di la vuelta sin saber hacia donde dirigirme.
-¿Qué sendero cojo?
-Hacia delante. Encontrarás allí a los miembros del AK que te esperan. Mach's gut!- Se despidió.
-Mach's gut!- Respondí de vuelta. Di la vuelta y eché a correr. Abandonando a otro amigo por el camino.
:::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::Fin del capítulo:::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::
A partir de este capítulo ¡Ya no habrá más muertes! Es más, ya vamos acabando el fanfic. Deben quedar unos cinco o seis capis... Y para todos aquellos seguidores de nuestro prusiano favorito... ¡El próximo capítulo es el del awesome Gilbert! No podía faltar ; P
¿Review, tomates, favoritos, más tomates...? Acepto de todo, mientras que mi integridad física no peligre.
Clases de historia:
-Por mucho que me decepcione, nadie disparó a Mengele en 1944. Y aunque desearía que Andrejez le hubiese matado, sigue vivo. La historia está basada en un conflicto histórico, no puedo cargarme a alguien que sé que sigue vivo (Por muchas ganas que tenga...)
-Esto es medio histórico, medio ficción. Los nombres de la familia de Andrejez están totalmente inventados, pero en la Varsovia ocupada por los alemanes, numeroso polacos fueron asesinados (Muchas veces familias. Con tener una pequeña sospecha de que estabas del bando rebelde te valía la muerte, de ti y tu familia). Como miembro del AK, numerosos días estaba fuera de casa y un día, tras un soplo, toda la familia fue asesinada. Cuando llegó solo encontró los cuerpo (Ok, esto es la biografía de Andrejez, pero me hacía ilusión escribirla) y desde ese momento solo se centró en la venganza. Lo del lobo de Varsovia, era por la falta de piedad contra sus enemigos, luchando a veces como un lobo salvaje.
-Aunque en la revuelta de los sonderkommandos muchos fueron asesinados, dejaron a otros vivos para que los demás aprendieran de ello. Tras sofocar la revuelta, mataron a uno de cada tres sonderkommandos. Lo que lo sucedió a Jakub, Adam, Dawid y Ulrich os lo dejo a vuestra imaginación. Aun conociendo las pocas probabilidades de que sobrevivieran, soy incapaz de matarles; dejaré su destino en manos de cada lector.
Traducciones:
- Powodzenia- Buena suerte.
- Mach's gut!- Adiós y buena suerte.
